El cielo comenzaba a abandonar sus colores cálidos para fusionarse con la nostalgia y frialdad del anochecer. Las estrellas eran opacadas por las luces amarillas y blancas de los edificios de la ciudad.
Ya era momento en el que varias jornadas de trabajo terminaban y otras comenzaban. En el edificio del canal ShB, gran parte de los trabajadores se alistaban para poder marcharse pero en la oficina de una chica azabache se encontraban las luces prendidas con dos personas habitando aquel espacio.
—Que pesado. — se quejó Uryu mientras frotaba sus ojos con las palmas de sus manos. Su vista ya se había cansado de tener frente a él la pantalla de su computadora, celular o cualquier aparato electrónico necesario para seguir modificando los preparativos de la presentación y que estos estuvieran en perfecto estado.
Rukia, quién la acompañaba, se levantó de su asiento para poder estirar un poco los músculos de su cuerpo delgado y decidió salir unos segundos de su oficina. Ella se encontraba igual de cansada y fastidiada que su colega. Las oficinas que estaban en el mismo piso que el suyo, en su mayoría, se encontraban deshabitadas, permitiéndole apreciar el silencio del lugar, cerró los ojos y llenó con oxígeno sus pulmones. Sintiéndose más revitalizada regresó a su oficina.
—Terminemos este guion y marchémonos a nuestras casas. — le ofreció Uryu con la mirada puesta en el monitor.
La azabache se volvió a sentar en su silla para seguir con su trabajo.
—Entendido.
De pronto, entre los sonidos de las teclas, emergió el tono de llamada de un celular. Rukia lo reconoció al instante y sin distraerse demasiado de su labor, contestó la llamada.
—Hola ¿Cómo te va? ¿Podré pasar por ti?
El corazón de Rukia dio un pequeño brinco al reconocer la voz tan áspera y varonil que estaba del otro lado de la línea.
—Cuantas preguntas. — se burló ella. Su cuerpo se llenaba de gozo al escucharlo.
—Pe-perdón, soy pésimo con esto de… — el DJ soltó un suspiro de abatimiento y prosiguió — Fijarme en las necesidades de mi pareja.
¿Pareja? Sí, lo había escuchado perfectamente. No había duda. Shiba y ella estaban saliendo, era una relación formal y ella estaba enamorada de él, sólo faltaba saber si los sentimientos eran recíprocos.
Durante unos segundos la azabache dejó de teclear y cuando salió de la impresión provocada por la palabras del varón, siguió trabajando. El actuar de la joven no pasó desapercibido por Uryu quien la veía de reojo cada vez que podía.
—Me apresuraré. Cuando termine te vuelvo a llamar. — segundos después colgó la llamada y una sonrisa se dibujó en su rostro durando varios minutos.
Rukia sabía que tenía que hablar con Uryu acerca de su pronta salida con el DJ sin embargo no sabía cómo abordar el tema con él, todavía no había desarrollado la misma confianza que tenía con Shiba, su jefe. Se aclaró la garganta dando un pequeño carraspeo y giró su silla hacia el lugar donde se encontraba su compañero de trabajo, se veía tan concentrado que se sintió más insegura de plantearle el tema al sentir que turbaría el estado del chico.
—U-Uryu…
—Si necesitas irte, no hay problema. — dijo el ejecutivo sin separar la vista de la computadora.
—¡Oh! No, no, de hecho, estoy apunto de acabar. — volvió a tomar aire para seguir hablando con firmeza. — Lo que quiero comentarte es… — en ese momento, Ishida le prestó toda su atención, dejando de lado su trabajo, provocando que los nervios de la chica aumentaran — Si podría hacer home office este fin de semana.
El chico se recargó completamente en el respaldo de su silla, cruzó los brazos a la altura de su pecho y bajó la cabeza. Rukia sintió que esa no era una buena señal.
—Claro, has demostrado ser extremadamente responsable. Te doy el voto de confianza. — dijo Uryu adoptando una postura más relajada hacia la chica.
La azabache le agradeció con alegría y efusividad el permiso, para después seguir con su trabajo y tener más razones para terminar con este velozmente. Pasó una hora más, ambos habían terminado con lo establecido en el cronograma y decidieron que ya era momento de irse de ese lugar. Mientras que bajaban al recibidor por el ascensor, Rukia aprovechó para mandarle un mensaje a su pareja.
Rukia:
Ya voy de salida.
19:37 horas.
Shiba:
Estoy afuera del edificio desde hace una hora.
19:37
Rukia:
Eres un enfermo ¿Qué clase de chico hace eso?
19:38 horas.
Shiba:
Yo.
19:38
Ante la contestación del DJ, Rukia soltó una corta risa.
Una vez en la entrada del edificio, Uryu y Rukia se despidieron, cada uno tomó un camino diferente. Al azabache con lentes, le habían llevado su auto hasta donde él estaba por lo que no tuvo que hacer el largo recorrido hacia el estacionamiento. Aunque pareciera que él no se daba cuenta de lo que estaba pasando, estaba al tanto y trataba de que nada se le pasara entre las manos. Observó como Rukia corrió lo más rápido que pudo, a causa de sus tacones, hacia un chico con un aspecto físico similar al de su amigo y después lo besaba apasionadamente, en este punto él sabía que ya no se podía inmiscuir más, así que decidió encender su auto y marcharse del lugar.
—Así que eres de las que se matan en el trabajo. — dijo Kaien mientras le abría la puerta del copiloto a Rukia. Los dos rieron al unísono.
—Cuando algo me encanta, pongo mi mayor empeño en ser la mejor. — contestó Rukia una vez que él entró al auto.
Encendió el auto y manejó hacia su destino. Charlaron amenamente gran parte del trayecto sobre temas triviales, Rukia le preguntó sobre sus viajes y Shiba sobre su trabajo en la televisora, su charla parecía que nunca cesaría sin embargo cuando el silencio anunciaba en instalarse en el lugar, hacían todo lo posible para mantener la charla. Ambos sentían pavor al no saber cómo manejar esa situación, la cual deducían que sería incómoda.
Gran parte del trayecto parecía que iban a la casa de la azabache pero él tomó una desviación que no pasó desapercibida por la chica, quién se removió en el asiento ligeramente disgustada por el cambio.
—¿Hacia donde vamos? — preguntó una vez que no reconocía el lugar en donde estaban.
—Vamos a festejar.
—¿Festejar?
—Sí, bueno vamos a comprar unas cosas y después festejaremos. — contestó mientras entraba al estacionamiento de una plaza comercial.
Cuando logró estacionarse cerca de la entrada del lugar, desabrochó su cinturón de seguridad y se acercó peligrosamente a la fémina, exaltándola. Sus rostros estaban tan próximos que podían sentir el aliento de cada uno humedeciendo su piel. Shiba desabrochó el cinturón de seguridad de la chica, en el momento que hizo "clic", regresaron a la realidad por unos segundos, sin embargo sus miradas imploraban probar sus besos. Tomaron una de las decisiones más razonables, degustaron de la saliva de cada quien como si fuera uno de los mejores manjares del mundo, una vez que su cuerpo les imploró aire, se separaron para seguir con el objetivo planteado minutos atrás.
Bajaron del auto y tomados de la mano caminaron por el centro comercial. A pesar de la hora, el lugar estaba lo suficientemente concurrido para distraerse. Se detuvieron al ver una pastelería cuya característica era el aspecto del postre, estos tenían forma de comida.
—Hay que comprar uno con forma de huevo, me gusta el huevo. — expresó Rukia con alegría mientras veía a los ojos de su acompañante y daba saltitos. El actuar de la chica, más el brillo de sus ojos, adquiría un aspecto infantil, lo cual fascinaba con demasía al chico.
Él cedió ante los encantos de ella y compró el pastel que le había pedido. Una vez que salieron del establecimiento, el silencio reinó entre ellos y confirmaron lo que se había sospechado desde un principio, era completamente incómodo.
"¿Por qué no puedo estar igual de cómoda cómo la veces que estoy con la víbora del presidente Shiba?" se dijo la chica mentalmente mientras paseaba la vista por el lugar.
Kaien tomó a Rukia de la muñeca y la llevó cerca de un piano que estaba en la parte central de la plaza, ella lo vio desconcertada y este sentimiento aumentó más al ver como él se sentaba en el banco del instrumento.
Las personas que pasaban por ahí, observaban la escena intrigados.
Él pasó sus manos durante unos segundos por las teclas del instrumento, las levantó para después comenzar con el frenetismo de la pieza musical. Admiraron la habilidad de digitación que poseía sobre el instrumento, algunos incluso grabaron la breve presentación del chico. En cambio Rukia, reconoció casi al instante la melodía Sonata para piano No.2 en B flat (bemol) menor, Op 35, remitiéndola a un recuerdo: ella enseñándole a Ichigo la pieza. Desechó al instante el recuerdo y la idea de que él podría ser Ichigo.
Al parecer, Kaien decidió tocar sólo la mitad de la sonata, cuando terminó su breve interpretación, se levantó del asiento y caminó hacia Rukia para volverla a tomar de la muñeca y marcharse del lugar. El público comenzó a percatarse de que el pianista era el famoso K.Shiba, quién en numerosas entrevistas presumió estar soltero y ahora huía del lugar con una joven de cabello azabache y baja estatura pero que eso no le restaba belleza. Los flashes de los celulares no se hicieron esperar. Ambos, cómo acto reflejo, se cubrieron el rostro y abandonaron el centro comercial velozmente.
Una vez que entraron al auto, se soltaron a reír como dos pequeños amigos después de cometer alguna fechoría.
Al fin se dirigieron a la casa de la fémina.
Una vez que llegaron a su destino, bajaron el pastel y las cosas de Rukia.
—Sabes, cuando tocaste la melodía de Chopin me recordaste a un niño. — comentó Rukia con toda la naturalidad del mundo mientras observaba milimétricamente la corporalidad del chico.
—Dame tus cosas para que puedas abrir la puerta. — pidió Kaien, ignorando completamente el comentario. Esto se le hizo extraño a la chica.
—Si, creo que se llamaba Ichigo o…
—Vamos, abre, que me muero del frío. — volvió a evadir el comentario tomando las pertenencias de Rukia y mostrándose más impaciente. La pizca de felicidad y pillería que habían caracterizado el estado de ánimo del chico minutos atrás había desaparecido.
La azabache decidió ya no indagar más sobre el asunto y acató las peticiones del varón. Dejaron el pastel sobre la mesa y sacaron los platos para servir las rebanadas.
De repente el celular de Rukia comenzó a sonar sin embargo se encontraba ocupada partiendo el pastel así que le pidió a Kaien que sacara el artefacto de su bolso. Él obedeció rápidamente antes de que se perdiera la llamada y a los segundos, le tendió el celular para que pudiera contestar.
"Víbora"
Estaba escrito en el nombre del contacto, Rukia al verlo hizo una pequeña mueca y contestó.
—¡Querido jefe! Que sorpresa que me llame. Espero y regrese pronto, en la oficina lo extrañamos tanto. — en su voz se podía percibir la falsedad sin embargo su objetivo era cabrear a su interlocutor.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de la chica, llamando la atención de su acompañante.
—Señorita Kuchiki, no sabía que me extrañaba. — contestó su jefe soltando una corta risa — Le agradezco su interés sin embargo a mí me atraen otro tipo de mujeres… — iba a contratacar — con más curvas y por su puesto, que estén a mi altura. Temo decepcionarla y comprendo que usted no haya pedido ser un gnomo.
Estaba bien, está vez el presidente Kaien Shiba había ganado pero para la próxima ella no le tendría compasión. Su gesto de victoria y goce de deshizo, adoptó uno más seria y al mismo tiempo, relajada.
—Muy chistocito Kaien ¿Para qué me hablas? — preguntó mientras abría el cajón donde guardaba los cubiertos.
—Sólo quería saber cómo iban con el proyecto, le marqué a Uryu pero creo que está dormido.
El DJ sintió que su presencia pasó a segundo plano así que se colocó detrás de la fémina y comenzó a hacer gesto extraños y absurdos.
—Vamos de maravilla, ya casi cubrimos la mitad del cronograma. — contestó Rukia dándose la media vuelta encontrándose al chico haciendo bizcos, jalándose los cachetes con ambas manos y su lengua haciendo círculos. La imagen se le hizo tan tierna que le dio un beso en la mejilla y caminó hacia la mesa. Él se sintió ignorado, estaba acostumbrado a que las personas se rieran de sus gestos, al menos eso lo hacía Orihime.
—Aquí las cosas han ido muy bien, así que, creo que regresaré dentro de dos semanas.
Rukia tomó su pastel, le dirigió una cariñosa mirada a Shiba, invitándolo a la sala. Él caminó detrás de ella.
—Me parece perfecto, así podré moles…
No terminó de pronunciar su oración pues su atención se centró en la libreta que estaba sobre la mesa central de la sala, se cercó a ella.
—¿Rukia? ¿Sigues ahí?
Ella tomó el diario entre sus manos, desde lejos había deducido el dueño de esa vieja libreta sin embargo le pedía a quien fuera que sólo fuera una pertenencia olvidada de sus amigos o algo por el estilo empero, era de aquel mocoso que despreciaba con ganas.
—¿Rukia? — volvió a preguntar el presidente Shiba.
—Ichigo Kurosaki.
Los varones, tanto el DJ como el presidente, sintieron que su corazón se detenía. Ambos querían saber con desesperación que había dentro de la cabeza de la chica y poder actuar a partir de aquellos pensamientos. El DJ se acercó más Rukia para poder tomarla de las manos sin embargo, ella actuó rápidamente.
—Después te regreso la llamada. — dijo la fémina antes de colgar la llamada. Comenzó a caminar por la sala con impaciencia mientras buscaba entre sus contactos el número telefónico de Ichigo. — Ese idiota me va a escuchar ¿Cómo se atreve a entrar a mi casa sin mi consentimiento? — expresaba con furia.
Kaien sentía que se caía en la desesperación al ver como ella se colocaba el celular cerca de su oído, mostrando que la llamada se estaba efectuando, acortó la distancia que había entre ambos, la tomó del hombro y le arrebató el celular para poder colgar. Rukia lo miraba desconcertada, el violeta de sus ojos estaba ardiendo y sus mejillas asemejaban a las brazas que mantenían las llamas vivas.
—¡Oye! ¿Qué te pasa?
El chico de cabello negro sintió miedo al afrontarla, así que soltó el aparato dejándolo caer sobre el sillón. Rukia intentó tomarlo pero Kaien la tomó de los hombros para poderla ver a los ojos y, tal vez, poderla tranquilizar. Sin decirle palabra alguna, la tomó de la cintura para pegarla a su cuerpo, llevó una de sus manos a la mejilla de la chica y acarició su tersa piel para que al final le diera un dulce beso.
Sus labios se unieron, un cosquilleo recorrió el pecho de los amantes. Ese había sido uno de los besos más tiernos que había dado hasta el momento, cuya acción y sentimiento cautivó a la azabache, se separaron por unos cuantos segundos para verse a los ojos y comprobar que eso no era un sueño. Kaien la percibió más tranquila a comparación de unos segundos después de colgar la llamada con su jefe de trabajo. Pasó ambas manos a los delgados brazos de la chica y trató de justificar la acción tan repentina.
—Disculpa mi acción imprudente sin embargo quiero tenerte sólo para mí está noche.
Ella le regaló una sonrisa y caminaron tomados de la mano hasta el sillón para poder ver una película ya que se encontraba cansada para entablar alguna conversación, además habían comprobado que, una vez que el silencio se instalaba entre ellos, este llegaba a ser muy incómodo. Comieron juntos el pastel que habían comprado y a partir de la mitad del filme, ambos comenzaron a caer sobre los brazos de Morfeo.
El frío del invierno despertó a la fémina, se removió ligeramente en el sillón y sintió sobre su cintura la mano de su acompañante, lo apreció por unos segundos hasta que decidió levantarse para ir por una manta que los calentara e incluso subir la temperatura de la calefacción. Justo cuando se enderezó, sonó el impacto entre el diario de Ichigo contra el piso, observó por unos instantes la portada desgastada de color amarillo y con letras grandes escrito el nombre de su dueño, se inclinó para recogerlo y se dirigió a su habitación.
Buscó lo necesario para calentarse pero la curiosidad de saber el contenido de aquella libreta pudo más que los grados bajo cero de la estancia. Se sentó a la orilla de su cama y comenzó a leer.
14 de enero:
Hoy es el cumpleaños de Kia-chan, no sé qué regalarle pero he encontrado dinero así que se lo daré.
Ella recordaba perfectamente ese día. Ichigo había encontrado dinero de su padre sin embargo, el niño en lugar de tener un cerebro tenía un cacahuate en su lugar, su padre al encontrarlo en las pertenencias de Rukia la castigó anulando el festejo, incluso le dijeron que si ella quería tener su propio dinero, que trabajara. Por consecuencia, ayudó a su madre cuidando de Ichigo, como si verlo de vez en cuando no fuera suficiente.
29 de septiembre:
Mi nana se ha enfermado y su adorable hija me cuida. Ella es muy bonita.
2 de octubre:
Me siento mal, creo que me he enfermado pero no importa porque un ángel me cuida.
Rukia soltó una corta risa sarcástica, junto a una lágrima rebelde que se había escapado de sus gemas violetas. Durante dos días y dos noches cuidó al infante lo mejor que podía pues quería tener el tiempo suficiente para estudiar ya que próximamente tendría un examen pero la noche en qué la fiebre disminuyó, ella se tranquilizó tanto que el cansancio acumulado cobró por adelantado, perdiéndose la prueba y bajando su calificación.
12 de noviembre:
Hoy le he escrito una carta a Kia-chan diciéndole que la amo. Ella es una niña bonita.
Claro, escribió unos garabatos en las hojas donde había escrito su investigación durante días. Todo su esfuerzo se había tirado a la basura cuando el mocoso dibujó sobre estás.
Cada página que leía, su furia aumentaba.
6 de diciembre:
Al fin le he dicho a Kia-chan que la amo y me casaré con ella pero me siento triste porque me tendré que ir.
8 de diciembre:
Mi papá me ha dicho que alguien especial me acompañará, como yo sé lo había pedido. Estoy muy feliz.
En este punto, Rukia no pudo aguantar las lágrimas que martillaban sus ojos y se abrió al llanto, ese niño le había quitado a su madre, le quitó momentos de complicidad, de amistad, cumpleaños juntas, graduaciones, mil y un posibles anécdotas que se quedaron en deseos agridulces.
Entró a su baño para aminorar el sonido de su llanto y que Kaien no la escuchara, una vez que se sintió más tranquila se mojó el rostro con el agua fría que salía por el grifo sin embargo había llorado tanto que no fue suficiente. Al día siguiente estaba segura que tendría la cara más hinchada. Resignada bajó donde estaba su acompañante y se acurrucó entre sus brazos mientras se cubría con las mantas.
Horas después, el sol salió, iluminando cada milímetro que sus rayos amarillos podían penetrar. El joven Shiba se removió con ligereza pero se detuvo al sentir un pequeño peso sobre él, abrió los ojos y se percató de que estaba con Rukia, pasó sus dedos por los mechones oscuros del cabello de la fémina. Ante estos pequeños roces, ella se fue despertando poco a poco, haciendo contacto visual con el varón al abrir los ojos.
—Buenos días, Kia-chan. — saludó Kaien mientras los dos se sentaban en el sillón.
—Buenos días. — contestó mientras se acercaba a él para depositarle un beso en la mejilla.
Kaien percibió que el aspecto de la chica era deprimente a comparación de la noche anterior.
—¿Te encuentras bien? ¿Te sientes enferma? — preguntó alarmado mientras ponía el dorso de su mano sobre la frente de Rukia, su piel estaba caliente a pesar de que estaban bajo cero — Tu pequeño rostro está muy rojo, pareciera que tienes fiebre.
La azabache tomó las manos del DJ, recargó su rostro sobre estás para después soltar un largo y melancólico suspiro.
—Estoy bien, tranquilo.
Él no se sentía muy convencido por su respuesta sin embargo decidió no indagar más.
—Entendido pero si necesitas ayuda con algo, quieres que te escuche o que te acompañe en algo, aquí estaré para ti ¿Quedó claro?
Sus miradas exploraban cada milímetro de sus rostros, como si quisieran grabar ese momento para siempre.
—Por cierto ¿Qué has pensado de mi propuesta? — preguntó Shiba para salir del ensimismamiento en el que se habían introducido y regresar a la cruel realidad.
—¿Sobre la playa?
Rukia soltó las manos del chico, se recargó sobre el respaldo del sillón y miró hacia el techo, como si hubiera escrito la respuesta en aquel lugar.
—Claro.
—Me encantaría ir. — contestó con una sonrisa mientras se acercaba él para abrazarlo por el cuello y regalarle besos en la quijada cuya acción comenzaba a derretir el corazón del músico.
—Pero… — dijo al sentir que en la voz de la azabache no había el suficiente sentimiento de convencimiento que le hubiera agradado escuchar. Rukia se separó sutilmente de su pareja, entrecerró sus ojos para observarlo pero a los segundos volvió a adoptar la postura dulce en la que habían estado.
—No hay ningún pero, quiero estar contigo. — dijo para después darle un beso en el cuello.
