Los días pasaron con rapidez para la chica de cabellera azabache, una parte se ella no podía creer que estaba apunto de viajar con su nueva pareja. Guardaba la ropa que se llevaría, abrió uno de los cajones de su tocador para sacar el regalo de su amiga Matsumoto, un pequeño paquete con condones. Rukia se ruborizó un poco ante la idea pero ahuyentó aquellos pensamientos indecorosos.
El celular de Kuchiki comenzó a sonar, lo sacó de su bolsillo trasero y contestó la llamada.
—He llegado. — dijo el DJ del otro lado de la línea.
—En unos minutos bajo. — contestó con entusiasmo mientras se apresuraba en alistar todo lo necesario para su viaje. Cerró las ventanas de cada habitación, desconectó los aparatos electrónicos que no eran indispensables, encendió la alarma de su casa y antes de cerrar la puerta, revisó que todo estuviera en su lugar hasta que al final salió de su hogar.
"Igual que mi madre" se dijo mentalmente una vez que hizo consiente que ella hacia el mismo ritual de salida que su madre efectuaba antes de salir de viaje.
Kaien se acercó a ella, le dio un beso en la frente y tomó el equipaje de su acompañante para guardarlo en la parte trasera de su auto. Ambos se adentraron al automóvil y emprendieron una parte del viaje. En el interior da la azabache, sentía una extraña sensación en su estómago. No sabía cómo describirlo con exactitud, tal vez eso sería ¿Ansiedad? ¿Emoción? ¿Nerviosismo? ¿Enamoramiento?
El DJ veía de reojo a Rukia cada vez que podía, llevaba su larga cabellera recogida en una coleta alta dejando su rostro libre ante el ojo humano, gran parte de sus hombros quedaban al descubierto por los finos tirantes que sostenían la blusa blanca que traía puesta y sus delgadas piernas eran cubiertas por una falda larga azul claro. A lado de aquella diosa se sentía como un simple mortal.
—Espero y hayas traído entre tus pertenencias un antiparasitario y antibióticos. — comentó Kaien con diversión.
Rukia lo volteó a ver confundida.
—No ¿Por qué?
La sonrisa del varón creció.
—Al parecer alguien no hizo su tarea — se burló por unos segundos para después continuar — En la isla de Iriomote hay malaria, medusas venenosas y muchas otras peligrosidades.
El gesto de la azabache se perturbó ante las declaraciones del chico.
—Es una broma ¿Verdad?
—Me encantaría pero no, si quieres investígalo.
Debía de admitir que se estaba divirtiendo por el reaccionar de la chica. Ella buscó en internet lo que su acompañante le había comentado con anterioridad, comenzando a sentir como la velocidad de toda su sangre que transitaba por su cuerpo había disminuido, él tenía razón.
—No traigo medicamentos…
—No te preocupes, yo sí. Te cuidaré pase lo que pase.
Aquellas palabras habían sonado tan cálidas para la fémina que sintió como si corazón comenzaba a derretirse.
Se detuvo cuando el semáforo le marcó rojo, se acercó a la chica y le dio un beso en los labios, después siguieron por su camino. Los minutos pasaron hasta que llegaron al aeropuerto de la ciudad. Bajaron su equipaje y entre risas y bromas caminaron a los mostradores para hacer Check-in. La trabajadora vio a aquella pareja tan dulce que decidió entablar una corta conversación mientras ordenaba los datos y los papeles de los viajantes.
—¿Van a tener su luna miel?
Rukia y Kaien se miraron a los ojos con diversión, ella lo tomó del brazo para poder pegar su cuerpo al del varón.
—Claro. Just married. — Contestó Kaien mientas recibía sus papeles, con una pequeña inclinación de cabeza se despidieron de la señorita y caminaron hacia el embarque.
El día era soleado en Japón, el cielo azul estaba completamente despejado sin nubes que estorbaran los rayos del sol proyectadas en la tierra sin embargo, esas eran señales para avisar que la lluvia estaba cerca.
Justo cuando bajaron de su vuelo de casi tres horas desde Japón hasta la isla Ishigaki, las pantallas comenzaron a anunciar la suspensión de diversos vuelos y viajes en ferri hacia las islas cercanas a esta, una de ellas era la isla de Iriomote.
—Sé de un hotel cercano, podemos hospedarnos ahí en lo que pasa la tormenta. — ofreció Kaien.
Ambos tomaron su equipaje y se dirigieron hacia el hotel. A pesar de la lluvia, Rukia se estaba divirtiendo, ya necesitaba salir de la ciudad y ese había sido el pretexto perfecto para hacerlo aunque muriera de malaria en el intento.
Una vez que llegaron al edificio para hospedarse, atravesaron el lobby hasta llegar con las recepcionistas quienes estaban perfectamente uniformadas. Las paredes del lugar estaban decoradas con finas líneas doradas formando figuras geométricas para hacer un lindo contraste con la madera oscura, estructuras características del art deco.
—Buenas tardes, sean ustedes bienvenidos a nuestra morada.— dijo la recepcionista con una sonrisa deslumbrante en su rostro.
—Buenas tardes, quisiera do...
—Una, una habitación. — interrumpió Rukia con rapidez a su acompañante, él la vio sorprendido pero decidió no oponerse a la propuesta de la chica ya que también le agradaba la idea.
La mujer que los atendía observó a la pareja.
—¿Les parece la suite de recién casados?
—Perfecta. — contestó el DJ con una gran sonrisa en su rostro.
Les dieron las llaves, les indicaron donde se encontraba la habitación y los dos actuaron con naturalidad hasta que las compuertas del ascensor de cerraron dándoles privacidad, en ese momento estallaron a carcajadas. No podían creer que crear aquella falsa luna de miel había sido tan divertida hasta el momento. Un pitido se escuchó dentro del elevador, anunciando que habían llegado al piso marcado, nuevamente, retomaron sus papeles de recién casados.
Caminaron por el pasillo hasta llegar a su habitación, sus maletas ya se encontraban en la puerta. Cuando entraron, la azabache se fascinó por la vista que se podía apreciar desde el ventanal.
El cielo estaba oscureciendo con rapidez a causa de las nubes de lluvia, el viento soplaba con fuerza y las hojas de los árboles tropicales se movían al compás que éste les marcara. Las olas iban y venían, sus movimientos eran tan rítmicos que hipnotizaban como sirenas cantando.
Cuando sintieron que había sido suficiente de apreciar aquel paisaje caminaron hacia la cama y se acostaron, el viaje había sido agotador a pesar de que todavía no llegaban a su destino. Rukia se giró para poder ver a su acompañante, sus facciones masculinas, cabello negro que al parecer había crecido un poco más, sus ojos azul verdoso y su cuerpo fornido, maravillaban a la chica con extraña demasía.
Él se había percatado de que era observado por la azabache pero dejó que su ego aumentara, aunque sea un poco.
—¿Cómo eras de pequeño? — preguntó Rukia rompiendo el silencio.
Kaien se reincorporó para poder sentarse, recargó sus manos en el colchón y miró hacia el techo, tratando de recordar aquellos momentos de inocencia. Ella también se sentó.
—Era muy curioso y travieso. Mis padres trabajaban demasiado así que me criaron varias nanas, acostumbrándome a lo pasajero. — en ese momento decidió ver hacia el ventanal que mostraba los rayos fragmentando el cielo en varias partes — Pero, cuando estaba con mis padres era muy feliz, una vez me metí a bañar con mi padre.
Rukia apreciaba como el brillo de sus ojos aumentaba y el iris de sus ojos se aclaraban.
—Yo era un pequeño pillo. —soltó unas cuantas risas antes de seguir con su narración. — Una de mis travesuras mientras que tomaba un baño fue… — inhaló exhaló profundamente para tratar de que la risa no le ganara — que me hice popó sobre mi padre ¡Ja, ja, ja, ja! A pesar de que estaba pequeño puedo recordar el rostro de horror y asco de mi padre, era una obra maestra. Le llamó a mi madre a gritos para que viniera a salvarlo, ella entró a baño y una vez que observó la escena también comenzó a reírse, mi papá le pedía que lo ayudara pero mi mamá no podía contestar ya que la risa la dominaba. Pasaron unos cuantos minutos hasta que ella le ofreció la solución más obvia del mundo, lo único que tenía que hacer era mojarse el área afectada y ya. Desde ese momento decidió que nos bañaríamos aparte.
El lenguaje corporal de Kaien se había modificado notoriamente, mostrándose más relajado y tranquilo, aunque no se podía ignorar la pequeña pizca de nostalgia en su voz. Cuando ella se dio cuenta de qué había terminado con su narración, prosiguió con sus preguntas.
—¿Por qué decidiste invitarme a este viaje?
Él la volteó a ver con una sonrisa.
—Porque contigo me siento tranquilo, imperturbable y pareciera que mi pasado no tiene importancia, sólo el presente y… — se acercó lentamente hacia ella hasta poder rozar sus labios contra los suyos — Tú eres parte de mi presente. — le dio un corto beso y se separó rápidamente — Por eso decidí invitarte a una reunión con mi familia que apenas y soporto. — dijo rápidamente.
Rukia se sorprendió por las últimas palabras pronunciadas por el chico sin embargo no supo que decirle.
—No quiero que tomes esto como una manera de presionarte o algo por el estilo, de hecho voy sólo por la apariencia de que somos una familia unida y tú haces que la marea de mi interior de apacigüe. — prosiguió el DJ con dulzura.
De pronto, su cuerpo le pedía a gritos gozar de los besos del varón. Lo tomó de la mano y le mandó:
—Bésame.
Él acató la orden sin objeciones. Llevó sus manos a la cintura de la chica y estrujó con fuerza la piel de ésta, provocando que Rukia soltara un pequeño gemido. Entre besos acostó a la chica y se colocó encima de ella. Él sabía que no podía perder la cabeza, al menos no en ese momento, así que luchó contra sus impulsos lujuriosos y se separó de ella, dejando a la pequeña Rukia desconcertada.
—Creo que ya abrieron el buffet ¿Te apetece cenar algo? — ofreció Kaien mientras se levantaba de la cama y caminaba hacia la puerta de la habitación.
—¿Eh? Claro.
"¿Hice algo mal?" Se preguntó a sí misma al no poderse explicar el actuar de su pareja. Ella también se levantó de la cama y acompañó al DJ hasta el restaurante del hotel. Durante el camino siguieron hablando sobre temas banales.
A Rukia le alegraba que el lugar estuviera transitado por muchas personas pues sentía la calidez de las familias, novios y de los trabajadores quienes eran extremadamente amables. El restaurante estaba conectado con los jardines del lugar. Mientras más se acercaba la noche, más oscura era la penumbra del cielo. Siguió paseando su vista por el lugar hasta que sus ojos se detuvieron en la larga cabellera castaña clara de una mujer, trató de apreciar el rostro de la adulta sin embargo transitaban tantas personas que no podía apreciar en su totalidad las facciones delicadas.
De pronto, a la mente de Rukia acudieron unos recuerdos de su niñez.
"—Pequeña Rukia, qué alegría verte por aquí. Ven, acércate para que puedas ver a mi hijo. — le invitó la mujer de cabello quebradizo de color castaño, que descansaba en la camilla.
—Sí señorita Kurosaki."
Recordó el día que conoció a Ichigo en el hospital.
Inmediatamente desechó esas ideas de su cabeza, sólo existía una mínima probabilidad de que se volvieran a encontrar entre un millón así que decidió centrar su atención en su viaje con Kaien. A los segundos llegó un mesero que los llevó a su mesa y les sirvió los alimentos deseados por la pareja, ellos cenaron amistosamente. Una vez que se sintieron satisfechos decidieron caminar por los pasillos del hotel gozando de su compañía hasta llegar a su habitación.
Abrieron la puerta y decidieron no encender la luz del lugar, permitiendo ser alumbrados por los rayos que despedía el cielo pareciendo que esté caería a pedazos. La tenue luz que entraba por los ventanales resaltaban las siluetas de sus cuerpos provocando que en su interior se instalara el deseo de observar como se verían sin las molestas prendas.
Rukia tomó de la mano a Kaien y lo guio hasta la cama. El chico de cabello oscuro pasó su mano por los hombros de la chica quitando los delgados tirantes que sostenían la blusa, de ahí llevo sus manos a la cintura para tomar la prenda y quitársela por arriba. Soltó una pequeña maldición al poder apreciar los pechos de la fémina, la desesperación por parte de él aumentó, le bajó la falda y sintió como el vigor de su miembro aumentaba.
Él se quitó su playera y pantalón, ambos quedaron en ropa interior. Se acostaron en la cama, él encima de ella.
El pecho de la fémina subía y bajaba por la adrenalina que despedía su cuerpo, se perdió momentáneamente en las gemas de su acompañante pero un pequeño detalle la detuvo, colocó sus manos en el pecho descubierto del varón y le dijo:
—Espera, faltan los condones. En la bolsa pequeña de mi maleta hay un paquete.
Kaien se separó de ella con una sonrisa y buscó entre sus pertenencias hasta que encontró el objeto. Regresó al lecho, paseó sus dedos por la piel descubierta de la chica desde sus piernas hasta llegar a su ingle cubierta por sus pantis blancas, separó la tela de su piel para bajarla con delicadeza y lentitud, aumentando el deseo en la joven.
—Por lo que veo eres una chica precavida. — susurró Kaien dejando a Rukia totalmente desnuda. Abrió la caja, sacó uno de los condones, abrió el sobre y antes de que él se lo pusiera ella lo detuvo.
—Yo quiero hacerlo.
El varón se sentó en la orilla de la cama, le dio el condón y sólo se limitó a ser tratado por la chica.
—¿Podrías levantarte, por favor?— le pidió ella. Kaien acató las órdenes, colocándose frente a la cama.
Rukia se acercó a él, tomó el boxer entre sus manos, la bajó con rapidez y maestría, sorprendiendo al chico. Agarró la punta del condón entre sus delgados dedos para después colocarlo en la orilla de sus labios y así poder sostenerlo entre estos. El DJ no sabía lo que ella estaba haciendo sin embargo no dijo nada. La azabache se colocó en cuatro sobre la cama, curveó ligeramente la espalda permitiendo que el tamaño de su trasero aumentara visualmente, gateando se acercó al pene de Kaien, con el condón en la boca, logró poner el comienzo de éste en la punta del miembro. Un pequeño escalofrío recorrió el cuerpo del chico.
Con cuidado, Rukia fue cubriendo el pene con el condón, todo con ayuda de su boca, así hasta que estuviera bien puesto. Cuando sintió que su boca no podía más, se ayudó de las manos para cubrir lo que faltaba. Kaien nunca había visto y experimentado algo como eso, era algo totalmente nuevo, soltó unos cuantos gemidos durante el proceso, demostrándole a la chica que había hecho muy bien su trabajo.
Sacó el pene de su boca, se arrodilló sobre la cama para estar cerca del rostro del chico, lo tomó de la barbilla y acercó sus labios a los suyos, degustando de sus lenguas. No importaba que hubiera saliva de más pues, de alguna u otra forma acabarían cubiertos de fluidos corporales.
Kaien llevó sus manos hacia el trasero de la chica y lo amasó con deseo. Recostó a Rukia en la cama, colocó una mano sobre el colchón para tener soporte y la otra en el pecho desnudo de la chica, tomó uno se los rosados pezones, comenzó dibujar pequeños círculos sobre este, algunas ocasiones lo apretaba provocando que ella soltara unos cortos gemidos. Después de atender sus pechos, decidió seguir explorando el terreno, descendiendo por su abdomen hasta llegar a su monte de Venus, en ese preciso momento, alentó sus movimientos por el sexo femenino.
Con sus dedos, índice y medio, se abrió paso entre los labios vaginales, frotando esta área suavemente.
Rukia sintió que perdía el norte por unos segundos.
Ocasionalmente, Kaien sentía la humedad de su pareja, cuando se sintió satisfecho con el resultado decidió introducir su dedo medio en la vagina de Rukia.
—Shiba. — gimió su nombre mientras colocaba sus manos en la espalda de éste.
Ella abrió sus piernas en señal de que estaba dispuesta a recibirlo, él se colocó entre sus piernas, bajó sus dos manos hasta la delgada cintura, luego las llevó hasta sus glúteos y desprendió su cadera del lecho. La vio directamente a los ojos y le preguntó con voz seductora:
—¿Preparada?
—Sí.
Ante la contestación de la chica acercó su pene a la vagina de Rukia, ninguno de los dos rompía el contacto visual, cuando sintió la punta en su entrada, corrientes eléctricas recorrieron su cuerpo. El tiempo pareció caminar con lentitud para la chica, quien esperaba que la penetrara con fiereza, colocó sus antebrazos para apoyarse.
—Rápido. — demandó con desesperación, quería sentirlo dentro de ella en ese momento.
—¿Desesperada? — preguntó con una sonrisa maliciosa asomándose en sus labios húmedos e hinchados por los besos.
—Demasiado y si no te apresuras, te quedarás sin postre.
Decidió no ignorar la amenaza, así que sujetó con fuerza la cadera de Rukia y la penetró limpiamente. Ambos soltaron un gemido pero resonó más fuerte el de la fémina. Ella decidió sentarse. Estando frente a frente, la azabache comenzó a dar pequeños brincos hincada y con el miembro de Kaien dentro de ella.
— Ka-Kai… Kaien. — llamó Rukia entre gemidos.
Él estaba absorto en los pechos de la chica, los cuales subían y bajaban al compás de los sentones.
—Ah… Me encan… ¡Ah! Ah.
En ese momento el músico le dio un golpe en el glúteo de la chica, aumentando el deseo sexual en ambos. Comenzó a depositar besos sobre el cuello niveo, profundizó las penetraciones colocando sus manos en su cintura y sus labios volvieron a unirse. Rukia interrumpió sus seductores movimientos para después volver a poner sus manos sobre la cama y sus piernas flexionadas, cuya posición es conocida por el número 4. En ese preciso momento en el que ella pegaba sus glúteos al sexo de Kaien, sintió que había llegado al paraíso, él no hizo esperar a la chica y comenzó las embestidas contra la vagina de Rukia.
La habitación comenzó inundarse de gemidos, nombres y sonidos semejantes a los aplausos.
De repente sintieron como las extremidades de sus cuerpos comenzaban a contraerse, su vista se volvió ligeramente borrosa y en sus sexos contracciones musculares iniciaron una secuencia en cadena por el resto de su cuerpo, cayendo agotados sobre la cama. Se dirigieron una mirada gozosa, Kaien se levantó para poderse quitar el condón, volviendo a acostarse y acercó el cuerpo sudado de Rukia al suyo para por fin dormir.
Al día siguiente, los cálidos rayos del sol entraban por el ventanal de la habitación, llegando a turbar el sueño de la chica con cabellos azabaches. Se removió en la cama con actitud remolona, abrió los ojos pausadamente para poder asimilar la cantidad de luz que entraba al cuarto, frente a ella se encontraba el chico con el que había tenido sexo esa noche. Observó su espalda y soltó una corta risa.
Se levantó de la cama, tomó un traje de baño completo color azul celeste, se vistió con éste, encima se colocó la falda que había llevado el día anterior y salió de la habitación, no sin antes dejarle una nota a Kaien diciéndole donde se encontraría.
Esa mañana era resplandeciente, contrastando notoriamente con la tormenta de la noche. La alberca del hotel no estaba demasiado concurrida así que Rukia decidió nadar un poco, cerca del lugar se encontró a dos adolescentes forcejeando entre ellas, parecían ser amigas cercanas o hermanas, se acercó a ellas disimuladamente para poder escuchar las palabras que se dirigían.
—Vamos, sólo serán unos minutos y después no iremos. — suplicaba la joven de cabello castaño claro mientras jalaba del brazo a una chica con el cabello negro.
—No, me niego.
Rukia se rio por la escena, le recordaron cuando se llevaba así con Orihime siendo más jóvenes. Ellas voltearon a verla. La chica de cabello castaño soltó a su acompañante, acercándose a Rukia.
—Señorita, a la cuenta de tres diremos al mismo tiempo un número entre el 1 y el 3, si decimos el mismo — hizo una pausa para poder ver a la adolescente —, mi hermana Karin entrará a la alberca con nosotras. —retó la chica con confianza.
Kuchiki alternó su vista entre las dos, aceptando el reto con un movimiento de su cabeza.
—Una, dos, tres. — contó Karin.
—¡Dos! — gritaron las dos al unísono. Las tres se sorprendieron por la coincidencia y comenzaron a reírse para después comenzar a caminar hacia la alberca, antes de entrar dejaron sus pertenencias en las bancas que había alrededor. Una vez adentro comenzaron a presentarse como era debido.
—Yo me llamó Yuzu y mi hermana la aguafiestas se llama Karin. — presentó la castaña con una hermosa sonrisa en su rostro y una gran energía.
—Mucho gusto, yo me llamo Rukia.
Las hermanas sintieron que ya habían escuchado aquel nombre con anterioridad sin embargo le restaron importancia a la situación ya que podrían ser solita divagaciones infantiles.
—Y dinos Rukia ¿Qué te trae por aquí? — ahora era el momento de que Karin hablara.
Ella dudó un poco en qué contestar.
—Pues estoy en mi "luna de miel" — contestó mientras acentuaba las últimas palabras. —, supongo y ¿Ustedes?
El gesto de ambas cambió a uno de felicidad.
—Viaje familiar. — contestaron al unísono.
Charlaron y gozaron de la soledad de la alberca hasta que está comenzó a poblarse por más huéspedes.
Rukia fue la primera en marcharse pues no quería hacer esperar al músico.
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Kaien comenzó a despertarse, cuando fue consiente de la posición en la que estaba se sintió avergonzado al haber dormido dándole la espalda a la chica, se dio la media vuelta esperando que ella no se percatara de la situación sin embargo no encontró su pequeño cuerpo a lado suyo. Comenzó a buscarla con la mirada alrededor de la habitación pero no halló presencia de ella en aquel lugar, se levantó de la cama y tomó su celular que estaba sobre la mesita de noche, pegada sobre la pantalla de este se encontró un post it dejado por Rukia.
He ido a la alberca, no creo tardar en regresar.
Sintiéndose más tranquilo revisó la hora de su celular, 7:18 AM, todavía era temprano así que decidió darse una ducha, después se vistió con unas bermudas color beige y una camisa blanca para poderse dirigir al lugar donde se encontraba la chica de ojos violáceos.
Estaba cerca del ascensor cuando las puertas de este se abrieron de par en par mostrando y saliendo de aquel lugar Rukia. Cuando los dos se vieron se regalaron unas cuantas sonrisas, acortaron la distancia que había entre ellos y se dieron un pequeño beso en los labios.
—Han anunciado que el servicio de los ferris se ha restablecido, así que si ya quieres marcharte y llegar a la isla Iriomote, no tienes impedimento alguno. — comentó Rukia.
—Prefiero que desayunemos y después que nos marchemos. — ofreció Kaien.
Una vez con el estómago lleno, subieron para reorganizar sus maletas y seguir con su viaje hacia la isla.
Una vez que bajaron del ferri, un auto color negro esperaba a la pareja en la entrada de la terminal, abordaron el automóvil el cual los llevó a su nuevo hospedaje. Debía de admitir que ese nuevo destino era más cautivador que el anterior con árboles más altos y en mayos cantidad. No sabía si el verde de las aguas era por el reflejo de la vegetación que abundaba en aquella isla o simplemente de ese color estaban teñidos los cristales del agua.
—Al parecer llegamos con el tiempo justo para estar puntuales en la reunión. — dijo Kaien mientras tomaba una de las manos de Rukia con nerviosismo.
