Miradas llenas de desconcierto y asombro se intercambian los adultos. Las palabras les fueron arrebatas por los demás invitados que ignoraban completamente la incómoda escena. Yuzu se acercó al varón y le comentó con una dulce voz.

—Desde hace tiempo te buscaba mi…

—Disculpen. — fue lo único que dijo Kaien, interrumpiendo a la chica con descortesía. Impidiendo que alguien más dijera otra palabra, se llevó a Rukia a otro lado alejado de la familia Kurosaki.

En pocos segundo le habían dado tantas impresiones: las jóvenes que había conocido esa misma mañana eran hermanas de Ichigo, la familia Kurosaki se encontraba ahí, Kaien y ellos se conocían. Paulatinamente fue uniendo algunos recuerdos: Ichigo la había invitado a pasear por el parque cercano a su casa, entrada la noche, se encontró al DJ sentado en una de las bancas, tiempo después leyó el mensaje que le había dejado Ichigo diciéndole que la esperó en una banca; ahora, él la había llevado a un evento donde se encontraban los padres de aquel niño.

Sin dudarlo más, antes de que se siguieran alejando de Masaki e Isshin, se zafó del agarre del chico con brusquedad. Kaien se dio la media vuelta, el miedo lo estaba consumiendo y a ella la ira.

—¿Tú eres…?

—No sé qué estés pensando pero detén tus irracionales pensamientos. — ordenó despóticamente, sorprendiendo a la fémina.

Inhaló y exhaló, no podía permitir que sus emociones lo gobernaran, era un adulto. "Si fuera un adulto le habría dicho la verdad desde la primera vez que la vi con él", se acercó a Rukia más tranquilo, no quería armar una escena aparatosa, disminuyó la distancia que los separaba y le dijo casi susurrando, temiendo que alguien los escuchara. — Cuando estemos a solas te diré todo lo que quieras saber.

Kaien trataba de hacer contacto visual con ella pero desviaba su rostro.

—Caminaré unos minutos, necesito pensar.

Fue lo único que pronunció la fémina, se separó de él y comenzó a caminar por la playa. Dejó que el sonido de las olas inundaran sus pensamientos, que la brisa se llevara la voz de la familia Kurosaki y en la arena se pudiera enterrar su pasado. Nuevamente había sido engañada por un hombre ¡Qué había hecho en su vida pasada para merecerse esto!

Regresó su mirada a la reunión, más personas iban llegado, saludaban con alegría y entusiasmo a los jefes de su madre pero Kaien se mostraba alejados de ellos ya que, al parecer, hablaba con una mujer de cabello oscuro pero parecía que él no se encontraba a gusto con aquella charla. Decidió regresar, tenía que afrontarlo, tal vez no en ese lugar pero él tenía que saber que se encontraba molesta. Tenía que afrontar a Kaien, bueno a Ichigo.

De pronto, vio como una figura masculina se acercaba a ella, mientras más cerca se encontraba, más rasgos podía distinguir de aquel sujeto con anteojos.

—¿Uryu?

—¿Rukia? Que sorpresa verte aquí. — expresó con cierto entusiasmo el joven Ishida se acercó a ella para poder conversar con mayor comodidad. — ¿Con quién has venido? ¿La empresa te invitó? No me sorprendería, eres una mujer extra capacitada. — prosiguió ignorando el estado de sorpresa de la chica.

—No, los ejecutivos de ShB no me enviaron nada. He venido con Kaien, el DJ. — aclaró con sorpresa de encontrarlo ahí — ¿Y a ti quién te ha invitado?

—Pues soy amigo del festejado de este pre-cumpleaños — dijo haciendo unas comillas con sus dedos, su mirada se perdió en las olas del mar —, además mi familia es uno de los inversionistas más importantes en la empresa de la familia Shiba — hizo una breve pausa para poder escuchar como las olas se rompían en las piedras lejanas — o también conocidas como la familia Kurosaki.

Cuando la fémina escuchó la mención de aquellos apellidos, puso más atención a las palabras de su colega, cada vez se sentía más perdida: ¿La familia Shiba y Kurosaki eran la misma? El presidente y su novio DJ eran Shiba pero no pertenecían al mismo linaje ¿O sí? ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué el universo había conspirado contra ella para encontrarse en aquel sitio que parecía no tener salida?

—¿Cómo que los Shiba y los Kurosaki pertenecen a la misma familia?— preguntó Rukia.

El brillo del sol aumentaba, la temperatura disminuía poco pero el interior de la chica estaba ardiendo.

—La familia Shiba tuvo problemas con uno de sus hijos, Isshin, porque se quería casar con la primogénita de la empresa enemiga. Algo así como Romeo y Julieta pero sin muertes. En fin se casaron, Isshin adquirió el apellido de Masaki y se volvió un Kurosaki, tuvieron un hijo… — en ese momento el chico con anteojos dudó en seguir con su historia ya que esa parte le correspondía a su amigo. — Este~ los padres de Isshin descubrieron que ahora tenían un nieto así que trataron de solucionar las cosas con su primogénito y se cambiaron el apellido por Shiba aunque creo que después de esta fiesta podrán decidir qué nombre adoptar. — comentó mientras regresaba su vista hacia el montículo de personas que charlatán amenamente.

A lo lejos pudo distinguir a su amigo cruzando la puerta entre el hotel y el camino hacia la playa. Le ofreció su mano a la chica y le dijo amablemente:

—¿Qué te parece si regresamos? La fiesta está apunto de comenzar?

Rukia le dio su mano mecánicamente pues en su mente seguía armando ese rompecabezas pero sentía que le faltaba una pieza. Ichigo tenía el cabello naranja, ojos avellanas, un poco más bajo que ella: "A menos que siga midiendo lo mismo cuando tenía ocho años, piensa Rukia, piensa. Lo mas seguro es qué ahora es más alto que tú" se reprendió mentalmente mientras se acercaban con las demás personas.

Si en realidad el DJ era Ichigo se tuvo que teñir el cabello pero su color azabache se veía tan natural, incluso su mirada era verdosa con toques azules. Sí, era imposible que él fuera Ichigo pero... Le seguía faltando una pieza.

Una vez que habían llegado con el resto de los invitados Uryu se despidió de ella, diciéndole que tenía que regresar a su mesa asignada. Cuando estuvo sola, buscó con la mirada a Kaien, su acompañante, le tenía que aclarar tantas dudas que las ansias la comenzaron a carcomer por el estómago. Buscó su cabello azabache y se traje azul entre los demás hasta que logró divisarlo.

Caminó hacia él con determinación, llegó por detrás así que el varón se sorprendió momentáneamente al sentir como alguien lo abrazaba por el brazo, al ver a su pareja de ojos violetas se tranquilizó, inclusive se sintió salvado en la conversación.

—Vaya, no sabía que venías con alguien más Kaien-dono. — dijo la chica que había estado hablando con él minutos antes de que Rukia llegara.

El varón se aclaró la garganta y contestó como si estuviera presumiendo.

—Ella es Rukia.

—Mucho gusto Rukia, yo soy Miyako, vieja amiga de…

—Sí, él me comentó sobre ti. — contestó la azabache interrumpiéndola — Kaien y yo nos contamos todo ¿Verdad? — agregó la fémina con un ligero toque de ironía. Sin duda alguna él había captado la indirecta.

—Así que tú y Kaien-dono tienen mucho confianza él uno hacia el otro.

Miyako tenía la intención de seguir con la conversación sin embargo comenzaron a ver cómo cada uno de los invitados comenzaba a tomar asiento, mostrándose más inquietos e impacientes, así que el chico se disculpó y ambos se encaminaron a la mesa central con la mejor cara posible, tenían que mantener la apariencia. Esa había sido una norma no verbal ni escrita pero sí impuesta por la sociedad.

En la alargada mesa, ellos se encontraban sentados en un extremo de esta, justo a lado de la familia Kurosaki quienes estaban más próximos en el centro. Rukia se acercó al oído del chico y le susurró:

—Necesito una explicación… ahora. — la seriedad que había en su voz espantó al chico.

—Te prometo que la tendrás pero todo a su debido tiempo.

—Ese tiempo es ahora Kaien. — mandó molesta.

Ella sintió que había levantado la voz así que vio rápidamente a los demás invitados para saber si alguien había presenciado la pequeña discusión pero todos se veían absortos en sus conversaciones o en la belleza del paisaje, sin duda nadie se había dado cuenta.

La pareja iba a seguir charlando acerca del tema que perturbaba su relación sin embargo, los gritos de emoción que anunciaban la llegada del invitado los interrumpió. Adoptaron una postura más serena y vieron al frente.

—¡Ha llegado, ha llegado! — pregonaba Yuzu con emoción mientras se levantaba de su asiento y corría a recibir a ese especial personaje junto a las otras personas.

Rukia trataba de ver a quién recibían con tanta emoción y afecto pero lo único que podía apreciar eran a mujeres y hombres entre mezclándose, aturdiendo su visión. De pronto, divisó a un sujeto que conocía casi a la perfección: Kaien, el presidente de la empresa en la que trabajaba se encontraba ahí, saludando a las individuos que lo rodeaban.

El varón venía vestido con un traje color beige que resaltaba sus facciones masculinas, la camisa que llevaba era blanca con todos sus botones abrochados y una corbata color azul claro. La unión de aquellos colores resaltaban el color avellana de sus ojos.

La azabache se sentía cada vez más confundida. "Bueno, si Uryu ha venido siendo un inversionista puede que el presidente también sea inversionista" se contestaba mentalmente mientras veía como él se acercaba a la mesa principal junto con Yuzu, la hermana adolescente de Ichigo. Una idea preocupante se instaló en la mente de Rukia, a comparación a las anteriores, esta resultaba tan imposible para su psique que trataba de desecharlo lo más rápido posible. No, no y no, simplemente no. No podía ser él.

Todos los comensales tomaron sus asientos, incluyendo el presidente Shiba, quién se había colocado en el centro de la mesa. La chica de ojos violetas decidió bajar la mirada y presionar sus propias manos mientras le rogaba al cielo que todo fuera un sueño o que al menos la arena se la tragara para que jamás regresara.

Cuando todos estaban en sus lugares, un hombre de cabello oscuro y unas cuantas canas, se levantó del extremo de la mesa opuesto en qué se encontraba Rukia, caminó hacia el centro de la pista y un empleado le dio un micrófono. Le dio unos golpes al artefacto, se aclaró la garganta y comenzó a hablar.

—Hola, mucho gusto: Me presentaré por si alguno de ustedes no me conoce. — dijo el señor de complexión robusta, los invitados comenzaron a reírse, cuando los sonidos cesaron, prosiguió con su discurso — Yo, Ganju, quiero agradecerles a cada uno de ustedes por estar aquí con nosotros. Para mí es una bendición poder recuperar a mi familia y así pasar tiempo de calidad.

Las personas se veían conmovidas por las palabras. Ganju se dio la vuelta hasta quedar frente a frente con la mesa principal, hizo un pequeño ademán con la mano en señal de que llamaba a alguien; en ese preciso momento, el presidente Shiba se levantó de su asiento y caminó hasta llegar a lado del señor.

—Masaki, Isshin: gracias por darme a un nieto, gracias por traer a Ichigo a este mundo. — prosiguió.

En ese preciso momento, cuando observó a los dos hombres abrazándose, diciendo el nombre de todos sus males, la pieza que ahora faltaba en su rompecabezas había encajado perfectamente pero también había sido la llave de muchas otras preguntas. ¿Qué demonios estaba pasando?

Sorprendida, molesta, contrariada y otras emociones más, volteó a ver a Kaien, quién estaba bebiendo una copa de vino rápidamente, como si sus preocupaciones y nervios se fueran con la misma velocidad en la que desaparecía aquella bebida embriagante. Ella iba a comenzar a protestar en contra de él, sin embargo colocó uno de sus dedos en los labios de la fémina para silenciarlos y él le dijo gesticulando con su boca: tranquila.

Ganju le dio el micrófono a su nieto para que él pudiera agradecerle a los invitados por asistir a la reunión.

—Les agradezco su compañía y quiero decirles que sí están aquí — decía el presidente Shiba, o mejor dicho, Ichigo, mientras trataba de ver a cada uno de los invitados. —, es porque son especiales para nuestra familia.

Pronunciada la palabra "familia" su mirada se topó con la de Rukia, aquel momento fue todo un espectáculo caótico para ambos. Los colores del cielo se habían intensificado más, anunciando que el sol había tocado el mar, la luna comenzaba a brillar con más intensidad y las estrellas comenzaba a resurgir con la noche. Los rayos que desprendían los astros impactaba contra la fémina. El sol avivaba el color amarillo de su vestido, y la luna iluminaba la tristeza de su rostro.

De pronto el varón se cuestionó porqué ella se encontraba en aquel lugar pero su respuesta se encontró en el chico que estaba sentado a lado de la azabache, trató de seguir su discurso. Después hablaría con ella en privado, cuando no estuviera rodeado de tantas personas. Terminado su charla de agradecimiento, regresó a su asiento mientras veía de reojo a Rukia, una parte de él decía que si la perdía de vista desaparecería y no quería perderla de nuevo empero sus acciones ameritaban que ella quisiera apartarse.

Los meseros comenzaron a servir los alimentos, así que el bullicio de conversaciones inteligibles comenzaron a brotar, una tras otras. La chica apenas tenía ánimos para probar la comida así que se limitaba a revolver el platillo y a meterse uno que otro bocado para que no fuera reprendida por su descortesía. Quería comportarse lo más normal posible pero habían sido tantas impresiones aquella noche que le era imposible.

—Oye ¿Te encuentras bien? Te ves pálida. — preguntó Kaien mientras paseaba delicadamente el dorso de su mano sobre el fino rostro de la chica.

—No, tengo náuseas.

—Come algo, no has probado bocado desde la mañana en el hotel.

Los meseros pasaron a recoger los platos y se llevaron el de Rukia casi lleno. La mayoría de las personas ya había degustado su comida, así que ahora se encontraban en la pista bailando animadamente. Rápidamente, separó su cuerpo de la mesa, se levantó de su silla, colocó una de sus manos en su boca y le dijo a su acompañante:

—Iré al baño. — y sin esperar a qué él también se levantará para que la acompañara, se marchó del lugar lo más rápido posible.

Atravesó la pista de baile con dificultad gracias a las personas que se hallaban ahí pero un poco antes de que pudiera salir de entre la gente, sintió como alguien la detenía de la muñeca, se dio la media vuelta pensado que sería el DJ pero en su lugar de encontró al presidente. Su estúpido cuerpo dejó de reaccionar.

—¿Bailarías conmigo?

Rukia no pudo contestar por el efecto de tener frente a ella alguien que pensaba que conocía, su amigo del trabajo, su jefe y el chico con quién casi tenía sexo. Ichigo se acercó a ella, tomando su silencio como un sí. Agarró las manos de la fémina, las colocó alrededor de su cuello, o hasta donde sus delgados brazos alcanzaran, y posó sus varoniles manos en la cintura de ella.

Así comenzaron a bailar lentamente sin importarles que la música que sonaba era más alegre y movida.

—Yo… —comenzó a hablar el chico — no pensaba que te encontraría aquí — comentó, se quedó unos segundos en silencio esperando alguna respuesta de la chica pero no obtuvo nada — Planeaba contarte todo cuando regresara del viaje pero henos aquí, bailando en la fiesta de mi pre-cumpleaños y …

—Lo siento Kaien, digo Ichigo — interrumpió Rukia dejando de bailar y dando un paso hacia atrás pero la confusión la estaba consumiendo — No, presidente Shiba.

Cientos de emociones la estaban consumiendo internamente. Su cuerpo tenía la intención de llorar, lágrimas amenazaron con salir de sus gemas acumulándose pero ella se repetía mentalmente "Eres fuerte, eres fuerte", así hasta que pudiera creérselo, cuando en realidad quería derrumbarse. Sus sentimientos le advertían con desbordarse pero Rukia las reprimía en su estómago, aumentando la sensación de náuseas.

—Me tengo que ir. — dicho esto se dio la media vuelta y comenzó a caminar por el mismo camino por el que había ingresado a su infierno. Al parecer, el presidente no se iba a rendir hasta conseguir estar con ella.

—Necesito hablar contigo. — le decía mientras caminaba detrás de ella.

Ambos comenzaron a levantar la voz, lo suficientemente alto para que algunas personas voltearon a verlos para saber qué era lo que estaba pasando. Rukia se sintió al borde, así que se detuvo, se dio la media vuelta para afrontarlo pero antes de que pudiera comenzar a gritarle al chico de ojos avellanas, el DJ corrió hasta ella para poder abrazarla y amortiguar las hirientes palabras que saldrían de su boca en su pecho.

La mirada del DJ Kaien y la mirada de el presidente Shiba Ichigo se encontraron.

—Ichigo, entiende que Rukia no se encuentra bien. — dijo con voz baja para que los invitados no los pudieran escuchar y al ver qué "nada" pasaba siguieran con lo suyo — No haremos un espectáculo.

Cuando sintieron que menos miradas se posaban en ellos, Kaien fue soltando poco a poco a la fémina cuando sentía que su respiración era más pausada. En completo silencio caminaron hasta el lobby del hotel, los dos varones detrás de ella, Rukia se encontraba inmersa en las constantes preguntas con las que era atacada en su cabeza.

—Rukia ¿Podemos hablar en privado? — preguntó Ichigo.

La chica se dio la media vuelta, encontrándose frente a ella a dos sujetos: ambos con cabellos castaño, al parecer de la misma familia y minutos antes, con el mismo nombre, Kaien Shiba. ¿En serio esa era la realidad o había consumido alguna droga que la hacía ver doble? Constantes mareos se hicieron presentes, así que en el momento en que trató de dar un paso hacia adelante sintió como sus piernas dejaban de responderle.

Rápidamente Kaien se aproximó a ella para poder sostenerla.

—No creo que sea el momento indicado para que le digas lo fabuloso que eres Ichigo, al parecer le has provocado tantos problemas que será difícil que escuche al Ichigo del pasado. — dijo el DJ molesto.

El recepcionista veía la escena sorprendido, así que en el momento en el que Kaien le pidió que llamara a su chófer, él no dudó en hacerlo. En cuestión de segundos, ellos metieron el ligero cuerpo de Rukia en los asientos traseros y él se fue en el asiento del copiloto. Ichigo sólo vio como ellos se alejaban de él.

Durante el trayecto, Rukia fue recuperando la conciencia. Una vez que llegaron el sitio donde se hospedaban, Rukia se disculpó por las molestias que le había ocasionado al conductor. En absoluto silencio se dirigieron hacia su cabaña.

Cuando llegaron, la fémina no perdió el tiempo y fue directamente al baño, cerrando tras ella la puerta con seguro. El DJ pudo escuchar perfectamente como vomitaba todo lo que tenía en su estómago. Después de un pequeño silencio, escuchó como abría la llave del grifo, luego distinguió el sonido de alguien que se lava los dientes. No quería separarse de la puerta ya que ella podría necesitar algo y pedírselo o sólo quería asegurarse de que ella se encontraba bien. De repente oyó como el seguro de la puerta era retirado y la manija comenzaba moverse, él dio un paso para atrás, permitiéndole a la chica salir del baño.

Saliendo de ahí, Rukia bebió medio vaso con agua, se le veía pálida y sorprendiendo al chico, comenzó a desvestirse, retirándose el vestido y su ropa interior. Completamente desnuda comenzó a caminar hacia Kaien quién la veía atónito.

—Oye ¿Qué sucede? — protestó mientras ella desabrochaba la camisa del chico y le depositaba pequeños besos en el borde de su quijada. Él se sintió confundido por el actuar tan repentino de la chica: primero descubre que Ichigo era su jefe, luego se desmaya, cuando llegan vomita y ahora quería tener sexo. Eso carecía de lógica completamente.

Una vez que logró quitarle la camisa al chico, prosiguió con su pantalón de ahí a su ropa interior, dejándolo desnudo.

—Rukia qué…

—Cállate y goza.

Fue lo único que dijo, después de esto llevó el chico a la cama, se colocó arriba de él y comenzó a besarlo son ansias y pasión.

—Ru-Rukia, no tengo con… A-ah~

Ambos comieron al unísono al sentir como la fémina introducía el pene del chico en su interior.

—No importa. — contestó mientras daba pequeños sentones contra el cuerpo del varón.

Kaien colocó sus manos en la cintura de ella, tratando de llevar el ritmo de las penetraciones.

—¿Por qué tenemos sexo?

Rukia colocó sus manos en el pecho del chico y le contestó entre gemidos.

—Por el afecto que sen-ti-imos, nuestra complicidad y a-ah~ tu sinceridad. — esta última palabra la pronunció con una voz tan melosa a comparación con las anteriores que Kaien comprendió que Rukia se desquitaba con él.

El DJ trató de sacar su miembro de la cavidad de la chica y detener aquella acción tan lastimera para ambos sin embargo la azabache lo impidió empujando su torso contra el colchón. Se acercó a su oído y le susurró seductoramente:

—Quédese conmigo, Kaien-dono.

Escuchar su nombre con el honorífico, justo como lo llamaba Miyako, había sido la gota que derramó el vaso: primero tenía que aguantar a Orihime llamarlo "Kurosaki-kun" al enterarse de la existencia de su familia, luego Miyako nombrándolo con honoríficos y ahora Rukia la imitaba. No, si ella se encontraba molesta estaba perfecto pero no tenía que desquitarse con él. La tomó bruscamente de las muñecas, se colocó encima de ella y siguió con sus penetraciones pero ahora con más rapidez y fuerza, comenzó a sentir por su cuerpo como estaba apunto de llegar al clímax pero antes de que siguieran cometiendo más estupideces, sacó su miembro y eyaculó sobre el abdomen de la fémina.

Después de esto, se levantó de la cama, comenzó a vestirse y se marchó de la habitación sin decir nada.

Por fin se encontraba sola, era el momento de permitirse derrumbar, pedazo por pedazo. Quería decirle a alguien todo lo que estaba sintiendo en ese momento pero pocas personas asistieron en su mente. Pensó en sus amigos de la oficina pero ellos ignoraban por completo aquellas situaciones de su niñez por lo tanto, contarles lo que estaba pasando significaba contarles todo y no quería tocar temas tan delicados; pensó en el presidente Shiba pero ahora resultaba que era Ichigo, así que quedaba vetado inmediatamente.

Entonces una persona cruzó en su mente, alguien que la había acompañado durante esos momentos tan difíciles y dolorosos para ella. Se cubrió con la sábana que estaba sobre la cama, caminó hacia el buró donde se encontraba su celular y comenzó a buscar entre sus contactos el de la chica de cabellera naranja. Dudó durante unos segundos si debía de marcarle a Orihime pero se convenció así misma que tenía que hacerlo.

Esperó unos segundos hasta que escuchó que le contestaban del otro lado de la línea.

¿Ho-hola? — contestó Orihime con voz adormilada.

—Hola Orihime, soy yo, Rukia.

Pasó un corto tiempo hasta que su ex amiga siguió con la conversación.

—¿Todo bien? ¿Te ha pasado algo? Es raro que me llames ¿Necesitas algo? — dijo esto con tanta rapidez provocándole sorpresa a Rukia, una sensación de calidez y el sentimiento de sentirse protegida por alguien más comenzó a resurgir por su pequeño pecho.

—He… visto a Ichigo. — Fue lo único que dijo la azabache.

Del otro lado de la línea se escuchó como la chica de voluptuosa figura comenzaba a reírse melodiosamente, aquella acción partió en dos lo que estaba brotando. Sin duda había sido una equivocación llamarla.

—¿Y si te propuso matrimonio cómo lo prometió? — preguntó entre risas, ella esperó que su amiga la acompañara riéndose de las locuras de ese niño pero sólo obtuvo silencio por parte de la fémina, en ese momento comprendió que esa llamada no era broma. Dejó de reírse — No puede ser… — comentó con más seriedad — El idiota de Kaien no te dijo ¿Está él ahora contigo?— ahora se podía percibir la molestia en su voz.

—No, ha salido.

—Cariño, ¿Cómo te sientes?

—Siento que mi cabeza va a explotar, han sido tantas cosas que… fue demasiado Orihime. — su voz comenzó a quebrarse.

—Ahora no puedo hacer algo, nos encontramos muy lejos. Lo único que te puedo decir es que aguantes hasta que termine el viaje y una vez que regreses, te prometo un café juntas para que me platiques todo.

—Okay, hasta luego.

Rukia se proponía a colgar la llamada pero el sonido de Orihime la detuvo, volvió a ponerse el celular en el oído y escuchó lo que le dijo.

—Gracias por confiar en mí, nuevamente. — dicho esto, colgó la llamada.

Sintiéndose nuevamente sola, se acostó en la cama y permitió que las lágrimas salieran de su cuerpo.