Gotas saladas descendían del cielo de sus ojos, aquellas lágrimas se fusionaban con el agua del mar. Por más que lo había intentado, no podía silenciar aquel recuerdo. Sin pensarlo dos veces trató de sumergirse entre las olas pero unas manos la tomaron del torso atrayéndola al cuerpo masculino del sujeto.

Ichigo se aferró al cuerpo de la fémina como si su vida dependiera de ello y pegaba su rostro en el cuello de la chica aspirando un dulce aroma a jazmín y sal. Su piel era tan cálida que podía sentir como sus cuerpos se fundían para convertirse en uno con ayuda de la arena cubriendo sus pies.

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1996

La pareja Kuchiki charlaba seriamente en el comedor. .

—Si es necesaria tu ayuda con la familia Kurosaki, te apoyo. — le dijo Byakuya mientras tomaba suavemente las manos de su esposa.

—Quiero que nuestra hija tenga su futuro asegurado y necesitamos el dinero. Aceptaré. — se decidió su esposa.

Hisana le dedicó una adorable mirada a manera de agradecimiento por el apoyo que le brindaba su esposo. Los Kurosaki la habían colocado entre la espada y la pared; sabía a la perfección las ventajas de tomar el trabajo sin embargo significaba alejarse de su familia, y separarse de ellos le resultaba doloroso.

—Tenemos qué comentárselo a Rukia. — pronunció Hisana mientras reforzaba el agarre de mano con su esposo.

Él se limitó a asentir con la cabeza para después levantarse de la mesa y apoyar a su esposa con la preparación de la cena.

Faltaban unos cuantos minutos para las seis de la tarde y la adolescente de cabellos azabaches llegó a su casa con un buen ánimo, la noticia de tener a su madre para ella sola por la ausencia del "mocoso" la hacía inmensamente feliz.

—¡Ya estoy en casa! — gritó desde la puerta mientras se quitaba los zapatos.

—Estamos en la cocina, hija. — contestó Byakuya.

Ella fue lo más rápido posible hacia ellos.

Se detuvo en la entrada de la cocina para apreciar mejor la escena. Su padre probando la sopa con su mantel azul y su madre, dándole la espalda, picando los vegetales: llevaba su cabello recogido en una coleta alta y tenía puesto el mantel rosa. Ahora se sentía segura de que su madre jamás se separaría de ella, corrió hacia su mamá y le dio un fuerte abrazo. Al principio Hisana se exaltó pero cuando sintió los delgados brazos de su hija rodeándola, se dejó mimar durante unos segundos más.

Una vez que se separó de su madre, sin dudarlo, se acercó al perchero donde estaba su mantel morado y se lo puso para poder ayudar en la preparación de la cena, mientras sus padres hacían las actividades más complicadas ella se dedicaba en la preparación del té, su especialidad.

Estando todo listo, dejaron sus manteles apilados y sirvieron la cena.

—Rukia, tenemos darte un pequeño anuncio. — dijo Byakuya seriamente.

La nombrada volteó a ver a su padre.

—La familia Kurosaki me ha pedido que los auxilie con Ichigo durante un tiempo algo… largo — prosiguió Hisana con el anuncio. Su hija los miró a ambos sin terminar de entender completamente —. He aceptado.

En ese preciso momento, Rukia sintió cómo la imagen que se había creado como una familia unida se rompía en millones de pedazos. Tan sólo habían pasado unos días desde que Ichigo le había dicho sobre su mudanza a otro país, sintiéndose liberada de aquella carga; ahora su madre le decía que se iría con ellos. A partir de ese momento tenía que actuar como una adulta pero quería sumirse en su llanto de niña pequeña.

Se levantó de la mesa, aunque sólo había probado unos cuantos bocados de la comida y se marchó a su habitación. Sus padres decidieron no molestarla, dándole su espacio.

El sol se fue ocultando y la noche hizo su aparición estelar. Hisana estaba preocupada por su hija, así que decidió llevarle la cena a su cuarto y poder charlar con ella tranquilamente. Tocó la puerta y al no obtener contestación, entró. Sobre la cama se encontraba su primogénita en posición fetal, cubriéndose con su sábana favorita de color morado; dejó sobre el escritorio la bandeja con la comida y se acercó a ella.

Ambas tenían un nudo en la garganta, impidiéndoles hablar. Su madre pasó sus dedos entre los cabellos azabaches. Quería recordar a su hija, a su bebé tan madura y responsable. Las lágrimas descendían por sus mejillas, a pesar de haber luchado contra ella misma para no llorar enfrente de Rukia pero la decisión ya estaba tomada; no lo hacía por ella misma sino por su hija.

—Rukia, te amo. Eres el mejor regalo que el universo me ha dado — le decía mientras le hacía mimos en su cabeza. Rukia no se movía, trataba de simular estar dormida pero su madre era muy perspicaz — y quiero que sepas que siempre estaré a tu lado.

Tanto madre como hija, estaban llorando pero su orgullo no les permitía demostrar sus corazones desgarrándose.

—Solamente me iré durante tres años. Lo prometo.

"Creo que amas más al niño Kurosaki, Hisana" pensó Rukia.

Hisana se quedó durante unos minutos más acariciándola hasta que salió de la habitación.

Los días pasaron y su madre estaba lista para marcharse del país. Sus padres le habían suplicado a Rukia para que los acompañara al aeropuerto y se despidieran de ella junto con la familia Kurosaki, pero la menor se negó rotundamente.

Antes de cruzar la puerta, Hisana se detuvo por unos segundos para observar el lugar; esperaba que los años pasaran veloces y así regresar a su hogar con su familia. Subieron la maleta al auto y una vez preparados, se dirigieron al aeropuerto.

Rukia había tratado de hacerse la fuerte desde un principio pero poco a poco la débil barrera que había puesto entre ella y su madre comenzaba a desboronarse. Estando en su habitación, logró escuchar el motor del carro encenderse y al final alejarse de su casa. Millones de pensamientos pasaban por su mente.

Tan sólo era una niña entrando a su etapa adolescente, por lo tanto, necesitaba a su madre en su vida como si de oxígeno se tratara. No era justo que la alejaran de ella, siempre había sido buena con las demás personas aunque no le cayeran muy bien pero trataba de mostrar su mejor cara, incluso ayudaba con las labores de la casa y otras cosas que una persona de su edad no debería de hacer.

Sin poder evitar callar los ruidos de su corazón, salió corriendo de su habitación en búsqueda de su madre. Tal vez si llegaba con la familia Kurosaki y les suplicaba que dejaran a su mamá, accederían. Bajó la escaleras corriendo, sus lágrimas caían al suelo y los gritos pronunciando el nombre de su única figura materna se escuchaban por las paredes.

—¡Mamá! ¡Mami!

Cruzó la puerta principal y el gélido aire golpeó su cuerpo, desde hace dos días comenzó a nevar por el país. Buscó con la mirada el auto pero ya se habían marchado, aunque corriera nunca los alcanzaría, lo único que podía hacer era mirar al horizonte. Nuevamente, pequeños copos de nieve bajaron del cielo, cubriendo las superficies. Su vida estaba llena de ironías: cuando Ichigo llegó al mundo, estaba nevando y ahora que se marchaba, mas nieve caía. En ambas situaciones, su madre se alejaba mas de ella.

Rukia decidió quedarse ahí hasta que su padre regresó. Cuando él la vio afuera de su casa sin suéter, la piel más pálida de lo normal, los labios moradas y sus ojos enrojecidos, se bajó rápidamente del auto mientras se quitaba el suéter para cubrirla y la metió a su casa para protegerla.

Ahora se encontraban sólo él y ella.

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—Rukia. — susurraba Ichigo.

Poco a poco la chica fue saliendo de su ensimismamiento. Pudo sentir las manos de varón estrechando su cintura, su aliento rozando su cuello y los fuertes latidos de su corazón contra su espalda. Seguía en shock. No lograba asimilar completamente que él era Ichigo.

—Suéltame, por favor.

—No, tengo la sensación de que en el momento qué te suelte podrías ser comida por las olas, alejándote de mí y ahora no pienso perderte — contestó pegándola mas a su cuerpo —. Nunca más. Te soltaré cuando salgamos del agua. — prosiguió al ser consciente del agua rozando su muslos.

La chica sólo asintió con la cabeza, así que el chico en un rápido movimiento logró subir a la fémina a uno de sus hombros, exaltándola.

—¡Oye, bájame! — le pedía a gritos mientras pataleaba. Vio a su alrededor y notó cómo las personas presentes los veían entre extrañados y divertidos — Kai~ ¡Ichigo! No están mirando extraño, bájame.

—Nos ven raro desde que saliste del auto corriendo y te metiste al mar con tu ropa. — explicó con seriedad.

Una vez estando lo suficientemente lejos de las olas del mar, el varón bajó a Rukia de su hombro y la colocó frente a él. Sus rostros estaban casi inexpresivos, sólo sus ojos seguían con la discusión de minutos atrás, mostrando la fortaleza de su comunicación.

—No te comprendo: cuando era Shiba me tratabas de una manera y ahora que sabes que soy Ichigo me tratas de otra muy distinta ¿Por qué? — cuestionó con frustración.

—Tú~ — Rukia desvió el rostro por unos instantes sin embargo Ichigo la tomó de la barbilla y la obligó a verlo a los ojos — Tú me causaste tantos problemas — en el pecho del chico surgió una presión desconocida hasta el momento, al parecer ambos tenían diferentes puntos de vista de su niñez, a pesar de eso no se quería quedar con las manos cruzadas, tenía que saber el por qué, así que se quedó en silencio para permitirle a la chica seguir —; Mi obligación principal era cuidarte, cuando a mi edad debía de ser más importante mis relaciones sociales — una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro — Todos mis logros los hacías trizas con tus famosas ideas magníficas. Deseaba que ya no estuvieras en mi vida.

Durante unos momentos, Ichigo se planteó suspender el discurso de Rukia, ya que una parte de él le decía que le dolería las palabras expulsadas con hiel, sin embargo se quedó escuchándola.

—Y al parecer, mis súplicas fueran escuchadas pero pasó algo inesperado para mi tonta mente — antes de seguir con su historia, tomó la mano del chico que sostenía su barbilla y la apartó de ella pero sin soltar su muñeca, sólo reforzaba más su agarre con la ira y el dolor albergados en su mente durante años —, decidiste llevarte a mi madre. La apartaste de mí por más de veinte años cuando me habían prometido su regreso en tres años.

No pudo evitarlo más y gruesas lágrimas caían de sus ojos, una tras otra. Aunque él tratara de detenerlas o secarlas, sería imposible porque en ese momento ella le estaba abriendo su corazón para que apreciara todas las heridas que había adentro de éste pequeño artefacto apunto de marchitarse.

¿Por dónde debía de empezar? Teniendo la razón de su dolor en sus manos ¿Qué debía de hacer? Por una estupidez y mal entendido en su infancia, le había arruinado la vida a la chica que amaba desde su niñez pero, si hacía un recuento de lo sucedido, él no tenía toda la culpa.

—Se que mis palabras no serán las suficientes para apaciguar tu dolor pero…

La mirada de la chica llameaba por la ira, no lo quería escuchar, no quería estar a lado de él. Su corazón le gritaba que lo golpeara y se marchara pero su mente le decía que fuera una adulta y asumiera su pasado.

—Antes de irnos de Japón, mis padres me preguntaron si quería algo mas. Yo les dije que sí: a la señorita Kuchiki — empezó a narrar nervioso y concentrado en decir las palabras correctas para evitar que la chica lo golpeara o se marchara en el mejor de los casos. Se soltó del agarre de la fémina y se sentó en la arena viendo hacia el mar, con la mano le señaló a Rukia que se sentara a lado de él. Después de dudar unos segundos, tomó asiento viendo hacia la misma dirección —. Entonces les pedí a mis padres que te llevaran conmigo pero al parecer ellos pensaron en Hisana. Yo pensaba: si me voy a casar con Rukia cuando vuelva, debo de llamarla con más respeto.

Sorprendida por las palabras de Ichigo, lo volteó a ver. Ambos se quedaron en un largo silencio. Rukia pegó sus piernas a su pecho y las abrazó; en cambio, su acompañante, mandó su torso hacia atrás y se recargó en las palmas de su mano.

El chico aprovechó cada segundo para planear su próximo paso hacia la fémina. Ella tenía razón, por un mal entendido del pasado había sufrido demasiado por la ausencia de su madre. Durante años había pensado en él y en el futuro imaginario con la chica, en el cual ambos estaban perdidamente enamorados, pero la realidad era muy distinta. Ahora comprendía mejor los tratos tan diferentes hacia él, como Kaien o Ichigo.

No le agradaba en absoluto saber los sentimientos de Rukia sobre el niño de ocho años y cabellera naranja pero si tenía que pagar las consecuencias siendo un adulto, lo haría aunque eso significara alejarse de ella por un tiempo.

Ichigo veía de reojo a Rukia; sus lágrimas de dolor seguían fluyendo por su rostro, enojado consigo mismo, acercó su mano a la mejilla de la chica y limpió suavemente una de las gotas.

—Perdón — susurró frustrado —, no tengo las palabras suficientes para poder arreglar el error que he cometido junto con mi familia pero…

Rukia pasó sus antebrazo por su nariz para quitar el exceso de la mucosa y después sorbió para deshacerse del resto, en definitiva le había dado una imagen poco femenina al chico pero eso ya no le importaba en lo mínimo. Luego pasó las palmas de sus manos por sus ojos para borrarse el rastro de las lágrimas, a pesar de que brotaban más.

—Ifiota. — lo interrumpió molesta.

El varón trató de aguantarse las ganas de reírse por la voz gangosa de la chica.

—Me sigues gustando, y mucho — prosiguió él mientras acortaba la distancia entre ellos —. Mírame por favor — ella le hizo caso, incluso ahora, a sabiendas de que él era Ichigo, seguía abriéndole su corazón como si hablara con su amigo Kaien, el presidente —. Sin embargo, comprenderé si ya no me quieres cerca de ti; si me lo pides, me alejaré pero después regresaré nunca me rendiré… — en sus ojos se veía la misma firmeza que las palabras pronunciadas — Siempre estaré a tu lado.

En la cabeza de Rukia se había desatado el caos. Desastre tras desastre. Años esforzándose para mantener su vida en orden y de repente llegaba Ichigo poniendo todo de cabeza ¡No! Peor aún, había sido un tornado que había llegado para quedarse pero si no fuera por él, ella seguiría con su monótona vida, tal vez… sería la presidenta de la empresa y…

—También me quitaste la presidencia de la empresa. — prosiguió.

—Es culpa de mi abuelo y la insistencia de mi madre como la directora de la empresa, en realidad yo no quería. — contestó rápidamente.

Si hacia un rápido recuento, él no tenía la culpa de que su madre Hisana se marchara sino de los padres de Ichigo, también no era su culpa que le quitara la presidencia sino de Ganju y Masaki. Ichigo sólo había tenido la culpa de ser mal criado y eso tenía que pagarlo. Tal vez, sólo tal vez, ahora el rencor de Rukia hacia él no tenía un fuerte basamento pero no sé lo diría, al menos no en ese momento. Sin poder resistirse por más tiempo, le dio un golpe con su puño en el antebrazo del chico.

—¿Ya estás de mejor humor? — preguntó mientras se protegía la zona atacada.

—Sigues siendo un idiota.

—¿Amigos? — Ichigo le ofreció una de sus manos para que la estrechara.

—Por el momento, colegas de trabajo. — cerró su relación estrujando su mano.

—¿Sabías que los colegas se besan en la boca? — se acercó peligrosamente al rostro de la chica con la intención de tocar sus labios contra los suyos.

—Que coqueteo tan horrible. Si tratabas de imitar el estilo de Kaien, te ha salido fatal. — confesó con aires de superioridad.

Aquella declaración molestó al chico, no le agradaba para nada que lo compararan con su primo. Independientemente de eso, ella tenía razón, el fuerte de Kaien eran las chicas y las relaciones públicas, sin embargo el fuerte de él era… ¿El trabajo en oficinas? Ni siquiera sabía cuál era.

—Ahí está de nuevo señoras y señores, la señorita Kuchiki irritante. — exclamó Ichigo con la suficiente fuerza para poder ser escuchado por las demás personas ajenos a su situación.

Ambos rieron brevemente, se sentían tranquilos de poder aclarar unas cuantas situaciones lejanas a su actualidad. Observaron el mar durante unos minutos mas y así gozar de su compañía en silencio: las olas iban y venían pero su magnífico sonido seguía resonando por el lugar. Debían de regresar con el resto de su familia sino comenzarían a preocuparse o crearían situaciones descabelladas. Se levantaron de la arena, se sacudieron un poco y con las prendas todavía húmedas se dirigieron al hotel.

Cuando la familia Kurosaki los vio entrando al hotel se acercaron a ellos caminando, excepto Kaien quién corrió hacia Rukia preocupado.

—¿Salió todo bien? —preguntó el DJ poniendo sus manos en los hombros descubiertos de la chica, después sintió el agua en sus prendas, extrañado, observó a la fémina y a su primo quienes tenían la ropa mojada y con restos de arena.

—Salió todo bien. — contestó ella.

—¿Entonces sí se quedarán por más tiempo? — los interrogó Isshin cuando llegó hasta ellos.

Kaien e Ichigo vieron fijamente a Rukia, en espera de una respuesta pero en la mente del presidente se instaló la idea sobre la incomodidad de la chica. Tan sólo unas horas antes habían discutido.

—En la empresa hay muchas cosas por hacer — intervino seriamente Ichigo — considero que es más prudente la presencia de Rukia en Japón para que todo siga en orden. — todos lo voltearon a ver sorprendidos por la respuesta. Sin duda, de todos ellos, él había sido el más impaciente en ver a Rukia esa misma mañana pero ahora, le pedía que regresara al trabajo. Sus acciones y palabras no concordaban en absoluto sin embargo él era el jefe.

Ellos dos se voltearon a ver y con la mirada se pudieron comunicar: "gracias". Su relación formada durante unos cuantos años como amigos, había cosechado unos buenos hábitos entre ellos.

—Entonces… creo que es momento de despedirnos. — comentó la fémina más tranquila al sentirse librada de todas las situaciones estresantes.

Llamaron al chófer y lo esperaron en compañía de la familia.

—Fue un placer verte de nuevo. — dijo Masaki mientras le daba un abrazo de despedida una vez que había llegado el auto.

—Esperamos verlos antes de que se acabe el año. — prosiguió Isshin. Aquellas palabras habían confundido a la azabache pero decidió no ahondar más en el tema.

Antes de que Rukia subiera al carro, habló durante unos segundos a solas con Ichigo.

—Bueno presidente Shiba, nos veremos en la oficina.

—Regresaré dentro de un mes y medio, todavía tengo asuntos que resolver, tanto familiares como laborales pero te confío la empresa.

Él esperaba un beso en la mejilla o al menos un abrazo por parte de la chica de sus sueños pero lo único que obtuvo fue una reverencia de lo más formal posible. Se sintió irritado por la actitud de la fémina sin embargo no debía de pedirle demasiado afecto cuando su corazón empezaba a sanar. Debía de ser paciente y estar para ella cada vez que lo necesitara, porque eso hacían los amigos y en un futuro, los novios.

Rukia y Kaien subieron al auto, regresaron al hotel donde se habían hospedado para tomar sus maletas y marcharse pero antes de eso, ella tomó un baño rápido pues todavía tenía arena por su cuerpo. Tanto el DJ como la ejecutiva decidieron no cruzar palabra sobre lo ocurrido durante el viaje pues se sentían agotados, física y emocionalmente, el resto lo resolverían una vez que llegaran a sus casas.

El regreso a Japón había sido más rápido de lo pensado. Cuando el avión aterrizó en el aeropuerto nipón, el ocaso comenzaba a caer por el cielo y las luces de la ciudad iluminaban la tierra. Bajaron del avión, buscaron su equipaje e hicieron el papeleo pertinente para entrar a su país. Mientras cruzaban por los establecimientos, las personas los veían sorprendidos, poco a poco los murmullos se convirtieron en bullicio. Al notar como el ambiente se tornaba tenso para ellos, aumentaron la velocidad de su paso para poder tomar un taxi.

Se habían desconectado tanto del mundo durante tres días que ignoraron todos los rumores y fotografías que rodaban por las redes sociales del país en torno a su breve relación.