Ya me lo esperaba, debido al juego, pero es sobrecogedor ver la destrucción que salpica al Observatorio: columnas caídas, paredes resquebrajadas y pedazos de suelo que simplemente ya no están.

Aprecio estas diferencias mientras sobrevolamos la fortaleza con el Expreso Celestial. El lugar parece solitario, una pequeña congregación orando a los pies de Yggdrasil es la primera en recibirnos.

Le pido a Estela que me acompañe, y Vetustel nos recibe, incapaz de enmascarar su preocupación: de todos cuantos cayeron soy la única que ha regresado tras mucho tiempo. Si mis cálculos no me fallan, algo más de tres meses.

Nubes oscuras rodean el Observatorio, y la comunidad se encuentra diezmada. Si bien Vetustel me ha mandado a orarle al Gran Árbol del Mundo, prefiero primero recorrer la fortaleza. Casi todos los ángeles que quedan se encuentran dentro de la construcción; preocupado por los que cayeron y por esos que fueron en su busca pero que aún no han vuelto, Vetustel ha prohibido a los demás que abandonen el Observatorio.

De todos cuantos veo, Angélica y su aprendiz Cassidy son las únicas con las que compartí varias conversaciones antes de caer al Protectorado. Cassidy incluso empieza a llorar antes de abrazarse a mí; pese a que fue un tiempo muy breve, entrenamos juntas en el pasado, ya que Engel y Angélica son buenos amigos, muy estrictos ambos. Puede ser que parte de sus lágrimas se deba también a mi apariencia; Vetustel mismo me preguntó qué torturas sin nombre había sufrido.

Cassidy está junto a Tristán, otro aprendiz que me urge a presentarme ante Yggdrasil, deseando que me devuelva mi halo y alas.

Aún así, también puedo oír de pasada a otros Celestiales, que gruñen porque el fruto de su labor ha caído al Reino de los Mortales, seres necios que serán corrompidos por el poder de los Yggos.

Estos ángeles se quejan mucho, en mi opinión.

No quiero, realmente, rezar ante Yggdrasil. Me desanima oír las palabras de los Celestiales a mi alrededor. Sin embargo, tengo un deber que me espera, incluso si lo pospongo mientras visito la tumba de Luzbel, o paseando por el bosquecillo que ocupa una parte de la fortaleza; si bien en él no crece nada que pueda alquimizar, es un lugar tranquilo donde sé que ningún otro Celestial vendrá a incordiarme. Después de todo, el único que sabía dónde encontrarme era mi maestro.

Es por él que me decido a llegar hasta la cima; la idea de salvar a Luzbel me da cierta rabia, cuando sé que él tendrán -muy al final- su final feliz mientras que mi maestro acabará muerto.

Quiero salvarle la vida, a Engel que decidió tomarme a mí como su sucesora, que bajó al Protectorado a buscarme después de que cayera. Engel, que se encuentra infiltrado en el Imperio, sospechoso de que son ellos quienes atraparon a Luzbel.

Rezo hasta caer dormida, y recibo visiones que ya conocía, que me refrescan la memoria de los muchos detalles que he olvidado, pero también recibo respuestas que ya había intuido.

En el Observatorio todos me han llamado Nordlys desde que abrí mis ojos aquí, pero cuando Dafne me bendice me llama por un nombre bien distinto; uno que creía olvidado, aunque no sea el caso.

Despierto llorando, mientras todavía me resuena en los oídos la orden de regresar al Protectorado para recoger los Yggos. Ahora bien, me guste o no, esto es el mundo real - por más imposible que parezcan mis hazañas, dado mi cuerpo inmortal. Igual que Petricia siempre mantendrá una leve cojera, estoy convencida de que los cambios que haga en el mundo mientras busque los Yggos tendrán repercusiones, consecuencias de las que no podré escapar; ni yo, ni las personas que se vean afectadas por mi causa.

Es decir, tengo que ser eficiente, maximizar cuanto pueda mis oportunidades, y reunirlos cuanto antes. Por mis recuerdos del pasado tengo una ligera idea -si es que puede llamarse así a la tremenda ventaja que poseo- de dónde se encuentra cada uno, y en qué circunstancias. Tengo al alcance de la mano la posibilidad de hacerme con tres Yggos casi simultáneamente si soy capaz de planearlo bien, incluso si los cuatro primeros tienen que ser divididos en tandas de a dos: los de la Abadía Vocationis y Puerto Cachalote, que me permitirán cambiar de vocación y viajar al continente del este, y el de la representación en piedra de Zere y el de la muñeca, gracias al cual se supone que recibiré un barco.

Un barco con el que podría surcar los mares y visitar la ciudad del desierto, la de la estepa y la Academia antes de hacer nada más. Podría investigar en los tres sitios en busca de los Yggos casi simultáneamente, gracias al conjuro que Dafne me acaba de enseñar -telerregreso-. Es decir, que una vez me haga con ese barco es prioritario que visite esos tres lugares antes que nada.

Por otra parte -ya que estoy fluyente de ideas vamos a aprovecharlo-, es muy probable que antes de que toda esta aventura se termine me vuelva mortal, tal y como pasa en el juego. En algún momento, actividades como el comer y dormir serán necesarias para mí; necesitaré pues un trabajo, un lugar donde vivir. Más que nada porque no voy a ser aventurera toda mi vida si me vuelvo mortal.

Es aquí donde entra en juego lo que puedo hacer: viajar. Viajar por todo el mundo con un simple hechizo, recolectando materias primas difíciles de adquirir para aquellos que no salen de su lugar de nacimiento. Igual que las recolecto para hacer con ayuda de Calderón las alquimizaciones que me son necesarias, también podría hacerlo para venderlas a quienes las necesiten, o también vender el producto finalizado de mi alquimia. De la misma forma que me encargo de repartir cartas, noticias e historias entre ciudades como hago ahora. ¿Querría decir eso que acabaría volviéndome una buhonera? Contando historias y vendiendo cosas útiles; lo cierto es que es una buena idea.

Además reconozco también que me interesa mucho visitar la Academia, ver qué es lo que enseñan allí.

Pero lo que de verdad más quiero es volver a ver a mi maestro. Cuanto antes encuentre los Yggos, antes me lo toparé.

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Informo a Vetustel de la visión que me ha sido mostrada, junto con la orden de Dafne de bajar al Protectorado en busca de los Yggos, y él me da su bendición antes de que regrese al Expreso Celestial.

Me reúno con Estela, que revolotea de un lado para otro hablando para sí misma, y le hago saber que debo bajar al Protectorado en busca de los Yggos. Decidimos viajar juntas, y por el camino le menciono el gran árbol azul que hay cerca de la Abadía Vocationis, donde será más fácil estacionar el Expreso Celestial.

Ya lo esperaba, pero una vez llegamos allí, se perciben los malos humos: aquí hay un montón de gente enojada por no poder cambiar de vocación. No solo eso, ¡también nos reencontramos con Nuria, que está aquí en la posada!

Ella es la primera en verme y saludarme, cuando estoy por la taberna preguntando por el paradero del Yggo que dicen que fue entregado al Abad por alguien que quería cambiar de vocación (cómo no).

Según me dice han pasado unas tres semanas y media desde que nos vimos por última vez en Catacumba. Tardó cinco días en llegar a Puerto Cachalote, en el que sería el último barco que saldría de allí - aparentemente no necesitan salir a pescar, ahora que el dios del mar les proporciona sustento con tan solo una oración.

A Nuria, a quien la vida le ha dado muchos y diversos palos siempre que algo parecía demasiado bueno para ser verdad, eso le olió a chamusquina y se marchó a la primera oportunidad, me cuenta ella. Así que aquí estamos, juntas de nuevo.

ooo

Nuria es la principal interesada en que el Abad Andosín regrese a la Abadía y entonces todo vuelva a la normalidad; con todo el escándalo por su marcha los monjes de aquí no están dispuestos a tomar aprendices. Se nota la poca organización que tienen, actuando como pollo sin cabeza ahora que el Abad no está aquí para dirigirles.

Si bien una parte de mí prefiere abordar primero la situación con el Leviatán, viajar a otro continente y hacerme por fin con mi barco, no está de más que haga esto. Cambiar de vocación siempre que sea necesario sin costo alguno puede probar ser muy beneficioso.

Nos preparamos como mejor podemos; ponemos a punto nuestras armas y armaduras, mejorándolas con alquimia, y una vez nos sentimos preparadas emprendemos el camino a la Torre Vocacional.

ooo

Cuando unas semanas más tarde derrotamos a Andosiniestro en la cima de la misma Torre, reconozco que su final me parece, cuanto menos, anticlimático. La cuestión es que no ha sido un enemigo débil, pero aún así esperaba algo más del primer jefe bajo la influencia de un Yggo.

De cualquier forma, Nuria y yo nos preparamos para descansar tras haberle derrotado esta tarde; mañana ella emprenderá un nuevo camino como sacerdotisa. Yo estoy contemplando la idea de aprender artes marciales: sería tremendamente útil poder canalizar mi tensión por mi cuenta, sobre todo cuando me encuentre sola ante algún otro enemigo.

Regreso a Pedranía para crecer en este camino. Nuria se ha quedado en la Abadía, estudiando con las monjas de allí, aunque probablemente volvamos a vernos pronto.

Mientras entreno logro demostrar que estoy capacitada para convertirme en gladiadora si así lo deseo, aunque en este preciso momento no es un camino que quiera emprender; uno podría decir que no tengo tiempo para ello.

Sin embargo esto es lo que me da pie para encaminarme rumbo a Puerto Cachalote. El viaje es tres veces más largo que el que había entre la Abadía y la Torre Vocacional, pero merece mucho la pena ya que soy capaz de adquirir minerales de hierro y tierra real, materiales que necesito para alquimizar armas y armaduras de acero.

Las indicaciones de Nuria junto con mis recuerdos me permiten llegar fácilmente, la única complicación real el hecho de que es invierno y hace más frío - como la Isla Vocationis es volcánica poca nieve llega a cuajar por más de unas cuantas horas.

Puerto Cachalote es incluso más rústico que Zere, con tan pocos niños e incluso menos ancianos. Son gentes duras, acostumbradas a faenar, y me guste o no el lugar apesta a pescado que tira de espaldas. En el futuro sería incapaz de vivir aquí simplemente por el olor; ni por todo el delicioso pescado fresco que pudiera comer se las apañaban para convencerme de quedarme aquí más tiempo del necesario.

Todo esto solo hace que la situación me horrorice más: me esperaba que la Jonasa fuera joven, pero no una niñita. Que es lo que es. Una niñita, puede que no llegue a ser preadolescente, a la que todo el mundo en este pueblo admira por su don para invocar al Leviatán mientras que a su espalda se preguntan porqué ella es capaz, ¡y eso si no asumen simplemente que es porque el dios del mar le tiene lástima por sus terribles circunstancias!

Creo que eso es, literalmente, lo que más me repulsa de todo esto: como todos han decidido aprovecharse de ella sin tenerle al menos una pizca de respeto.

Por las noches el fantasma de una señora se pasea, preocupada por la gente de aquí, sabedora de que el monstruo que le trae pescado a la Jonasa no es el verdadero Leviatán.

Todo esto preocupa a Estela, y más aún cuando la chiquilla me pregunta mi opinión acerca de vivir dependiendo de lo que le ofrece la criatura. Comprendo a Estela cuando dice que los de pueblo son muy burros, que podrían acabar echándola del único lugar que ha conocido; pero si es necesario me la llevaré conmigo y la criaré yo misma.

Cualquier opción es mejor que dejarla con esta manada de buitres.

Lo peor de todo es que puedo entenderles: después de toda una vida partiéndose la espalda para tener que comer, el tener la opción de simplemente existir sin necesidad de jugarse la vida para comer debe de ser cuanto menos envidiado, elevado a la categoría de divino, justa recompensa por toda una vida de currar sin descanso. Aún así, me parece demasiado descarado el depender de una niña, ¿dónde están el orgullo y la dignidad propios?

ooo

La situación se precipita cuando el Alcalde Pancracio trata de adoptar a Jonasa y también de que siguiera invocando al Leviatán; ya era consciente de la primera parte, la niña misma me había contado lo mucho que hechaba(1) de menos a su padre, y cuanto quería confiar en su promesa de que volvería. Que a mayores el hombre quiera que siga invocando a la enorme bestia sin consideración por los deseos de Jonasa me parece feo y despreciable.

Pancracete es quien me acaba de decir que vio a su padre llevarse a Jonasa hasta el Acantila'o Culta'o, arrastras más que nada. Me siento furiosa al oírlo, de verdad que quiero sacudir al hombre ese un poco, a ver si así se le pasan sus delirios de grandeza y arranques de estupidez.

Una vez llego al acantilado les encuentro, al Alcalde con dos de sus secuaces y Jonasa. ¡Ese hombre está teniendo la desfachatez de pedirle que invoque tesoros del fondo del mar! Menos más que ella misma es la primera en asombrarse de la cara que tiene este señor.

Según él está soltando desvergonzadamente su idea de adoptarla y que ella le considere su padre me pongo a caminar pisando fuerte en su dirección, dispuesta a darle un rapapolvo o dos porque lo que éste piensa es de un insensible que da grima. Sin embargo antes de que llegue yo a él se me adelanta el Leviatán mismo y se traga a Jonasa antes casi de que el imbécil del Alcalde le pida que rece por perlas y demás tesoros.

Sé que la niña está a salvo, pero igualmente necesito el Yggo que ha generado todo esto, así que desenvaino mi espada.

Leviatán es un enemigo más formidable que Andosiniestro a mis ojos, con su dominio sobre el mar y su imponente figura, pero nuevamente una buena preparación junto con un juicioso uso de medicinas y conjuros me permiten derrotarle con cierta facilidad.

Una vez Jonasa se interpone entre la ballena y yo aparece el fantasma de su padre, que nos cuenta lo que le pasó. Se me parte el corazón cuando la niña le dice que ella se quiere quedar ayudando a este pueblo de gorrones. Pancracete también llega corriendo, sudoroso y con la respiración entrecortada, y le promete a Jonás que cuidará de su hija cuando crezca.

Puede ser que se me salte una lágrima mientras el hombre se despide de su hija. Tras consolar a Jonasa, que es más resiliente de lo que esperaba, regresamos al pueblo, donde empezamos a esparcir las nuevas de que Jonasa ha perdido el don para invocar al Leviatán.

Muchos no quieren creernos, pero eso no cambia la situación.

En los días que se suceden ayudo a Jonasa a establecerse tanto como puedo. No, no voy a quedarme con ella, mis obligaciones para con el mundo no me lo permiten, pero eso no quita que la visitaré tanto como pueda. Al igual que visito a Sada y a su abuelo, a Catarrina y Lupus.

Además, el volver sobre mis pasos me permite recolectar plantas y otras materias primas.

Afortunadamente los barcos salen regularmente desde Puerto Cachalote ahora que el Leviatán ha sido derrotado y no tienen ya más excusas los lugareños para no salir a faenar; por eso es que puedo ir a visitar a mis otros conocidos.

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El señor Tido parece apreciar las pieles de malandriles que le llevo - al igual que la piel del Hexatauro son consideradas pieles de animal mágico. Pueden emplearse en la confección de abrigos maravillosos, o prácticos petates para aquellos que viajan por el mundo, y quien sabe cómo, puede fabricarse también buenos zapatos. Si todo marcha según mis planes, venderlos no debería ser demasiado complicado, siempre que haga un buen estudio de mercado.

Sanfrán y el abuelo de Sada ambos tienen cartas para ella, así que me encamino a su posada tras despedirme del señor Tido, con ganas de saber qué es de ella. Cuando llego, apenas unos minutos más tarde, veo que el local está a rebosar, y Petricia me cuenta un poco por encima que sucesos interesantes han acontecido desde la última vez que las ví. Y después de comer me encamino hacia el Palacio Real, para visitar a la Princesa y sus padres, y hacerles saber que me encuentro perfectamente.

Nunca lo habría pensado, pero resulta que ellos, al igual que Sada, se preocupan por mí y se preguntan qué es de mí durante mis viajes. Es por ello que estoy tomando la costumbre de visitarles y declamar -muy dramáticamente, ya que les entretiene- las aventuras que corro, describirles los lugares que visito por vez primera, y mostrarles también alguna planta curiosa que no crece por el reino.

Me invitan a pasar la noche, algo que siempre acepto, y por la mañana, tras haber compartido el desayuno con ellos, me transporto hasta Catacumba, donde descubro que Catarrina ha convencido a Lupus de que sería estupendo el enseñarles a los niños de allí lo que él sabe. Y no sólo niños, hay también jóvenes adultos que atienden a las clases que da el doctor por las mañanas, tan interesados como el que más. Luego por la tarde le hablo de la Torre Vocacional, describiendo lo que pude apreciar de su construcción y también ese extraño espacio donde antiguamente se realizaba el ritual oficiado por el Abad.

Al día siguiente regreso a la Isla Vocationis en busca de piedras volcánicas y tierra real antes de dirigirme a Puerto Cachalote, donde me reúno con Jonasa y Pancracete, inquiriendo acerca de su situación, de si tienen necesidad de algo. Son unos niños muy buenos, y decido pasar el día con ellos, quedarme en la posada esta noche y zarpar en el primer barco.

De hecho, madrugadores que son los dos, bien acostumbrados a las labores del lugar, me despiden en el muelle con un fuerte abrazo poco antes de que alcen la pasarela y leven anclas.

Y así es como Estela y yo viajamos en barco por primera vez, ella sin poder resistirse a refunfuñar un poquito. Durante los siguientes días que dura el viaje -apenas tres, no está mal- concluyo que me gusta viajar de esta forma. El horizonte sin fin ante nosotras, agua hasta donde alcanza la vista, y si bien se huele el mar, es bien diferente al olor a pescado de Puerto Cachalote. Y el mar siempre ha olido bien, con lo que no es un problema. Además es un viaje relajado, pese a la aparición de monstruos marinos - la tripulación está acostumbrada a bregar con ellos y los despacha sin necesidad de mi ayuda y sin desviarse de su rumbo.

Va cayendo la tarde del tercer día cuando Estela y yo desembarcamos en Puerto Limoso, desde donde nos indican cómo llegar a Las Chungueras, y el mismo posadero nos cuenta que alguien de allí tiene un fruto dorado.

Sin embargo, antes de visitar la ciudad aprovecho el viaje para acercarme hasta la cascada que hay más al norte, donde descubro una fuente de agua fresca natural y recojo un poco en unas cuantas botellas. Paso unos cuantos días más campando a mis anchas por el lugar, encontrando néctar y hierbas paliativas, antes de adentrarme en Las Chungueras - y antes de adentrarme mucho más en la ciudad regreso a Pedranía, donde ingreso mi dinero en El Banco de las Mil y Una Noches, por si acaso fueran a intentar robarme.

Una vez estoy lista lanzo otro telerregreso, esta vez en dirección a Las Chungueras, y entro por fin en condiciones, con decisión. Y a la entrada misma me topo con la fantasma de antes, la que apareció justo antes de que el Expreso echara a volar algo más de un mes antes. Y esta vez consigo hablar con ella, preguntarle su nombre y la razón de su vagar.

Me cuenta que se llama Serena y que busca a alguien llamado Luzbel, tal y como ya esperaba. Asimismo, yo le confieso que soy una Celestial que perdió sus alas y halo debido a mi caída hasta el Protectorado desde el Observatorio, y que recorro el mundo en busca de Yggos y otros Celestiales que como yo cayeron pero jamás regresaron. Es decir, que voy a viajar por todo el mundo conocido, incluyendo Draquipoche y Chimbamba, así que le sugiero que busque en zonas que parezcan deshabitadas o quizás prisiones. Le pido también que me haga el tremendo favor de abrirme aquel lugar que encerraba al guardián -o algo así- del camino a Dragris -he ahí otra de las criaturas que con más cariño recuerdo de aquellos tiempos; lloré como una magdalena cuando le mataron-. De alguna manera, accede a mi petición, y yo se lo agradezco profusamente.

Una vez Serena se separa de nosotras, nuevamente en pos de su amado, yo converso con el hombre que vigila la entrada a este lugar de aire desamparado. Es una persona agradable, aún con sus despeinado pelo negro y sus ropajes de presidiario; tiene una bonita piel tostada como el café que resalta su sonrisa, sus ojos oscuros son amables y su voz rasposa pero con un deje educado.

Me advierte del peligro que corro si decido bajar del puente, contándome como le desplumaron por completo cuando él mismo bajó a visitar la ciudad bajo nosotros, y yo le agradezco su preocupación, admitiendo que vengo preparada para ello. Lo más valioso que tengo encima aparte de mis armas y armaduras son medicinas, y si quieren estas últimas con mucho gusto se las daré: lo último que voy a hacer es impedirle a nadie que se recupere de sus males.

De cualquier manera, Las Chungueras es un lugar que parece construido a medias, con uno de sus puentes siendo más cuerda que puente conectando dos extremos. Veo múltiples hogueras encendidas desde las alturas, y paredes con enormes agujeros. Hay también gente bañándose en el riachuelo -poca, dado que el invierno sigue en su apogeo, incluso si tan cerca de la catarata la corriente no permite que se hiele- que recorre el lugar, o tirada al sol con unas cuantas mantas sobre los mismos adoquines. Muchos se reúnen en las hogueras, compartiendo potaje o fumando juntos.

Reconozco que me llama la atención; era un lugar que me gustaba visitar cuando todo esto no era más que un juego. Más que nada por la gente, que parecía tan libre y despreocupada en su mayoría. No es un lugar bonito ni agradable por lo general, demasiado gris y roto a tramos, salvo por la Carpa del Capitán Mínimus, que es llamativa y brillante, y que organiza espectáculos de vez en cuando para los lugareños, según lo aburridos que se encuentren el Capitán y su troupe.

Reprimo un escalofrío que quiere sacudirme al mismo tiempo que una brisa fría recorre el puente en que me encuentro; era obvio por las hogueras, pero sigue mereciendo una mención: Las Chungueras es un lugar frío en su desangelación.

"Las Chungueras es el sitio pa' los que no tenemos donde ir. ¡Olvida todos tus problemas y a empezar de nuevo!" me dice uno de los hombres aposentado sobre el suelo.

Yo respiro hondo, empapándome del ambiente de aquí, antes de salir de Las Chungueras. Creo recordar que en lo alto de la cascada más al norte crecía algo interesante. Ya que de todas maneras es un lugar hermoso explorarlo no me resulta tedioso en lo más mínimo. Además, si bien los monstruos de aquí presentan cierto desafío, gracias a la alquimia mi equipamiento está a la orden del día, y ni que decir tiene que me mantengo en forma cuidadosamente, más allá de las capacidades naturales que mi cuerpo celestial me brinda.

Aunque estoy sola mientras avanzo por mi camino, y los días pasan y mi comida se termina, he de decir que me siento muy a gusto. Hasta cazar es entretenido, y el agua del río cuyo curso sigo es fresca y revitalizante. Es así como sin planearlo llego a Moraleja del Soto.

Es un lugar precioso, elegante. El mar se huele ya desde la entrada, y me asombra ver la artesanía en madera que adorna balcones y puertas, y los suelos encerados de la posada. Sin embargo he de admitir que me decepciona la calidad de su equipamiento, incluso si reconozco también que si solamente hay un escudo y una espada que me convencen, al menos no tengo que deliberar acerca de mi elección - dado que decidí ya en Pedranía que no compraría una multitud de armas y armaduras en cada ciudad, sino que ahorraría hasta poder permitirme la más fuerte que hubiera a la venta.

Los ciudadanos me hablan en cada esquina del Orgullo de Moraleja del Soto, el imponente barco anclado en el muelle, al mismo tiempo que no pueden evitar cotillear acerca de su dueña, la señorita Marion Irujo, "mujer súper-generosa que colma de regalos a todos aquellos que se vuelven amigos suyos".

Reconozco que sería estupendo el poder simplemente entrar y pedirle su ayuda, pero antes tengo una cita con el anciano escultor y su obra magna.

Se vuelve un viaje largo, debido a que me pilla la llegada de la primavera, con sus fuertes lluvias y deshielos. Es por eso que el ascenso es tan escabroso y peliagudo, aunque eso sí, ¡las vistas son una gozada! Absolutamente despampanantes, sin duda alguna. Incluso Estela está de acuerdo.

Una vez llego reconozco que me maravillo ante el enorme mausoleo que es esta representación de Zere, todo el cuidado con el que han sido esculpidos los detalles. La visión de Vitruvio, la forma en que fue capaz de plasmar con tanto esmero y realismo la aldea de sus recuerdos...

Es, francamente, conmovedor. Desgarrador también, cuando pienso en que él dejó atrás a su enamorada y ésta acabó casándose con otro - y por su parte, muy bien por ella. No es plan de quedarse esperando a alguien eternamente, especialmente alguien que no dio señales de vida en años ni regresó cuando lo prometió, de acuerdo con las palabras que el artista dejó escritas en el diario de su cabaña.

De cualquier forma, es tal mi asombro ante esta creación que el guardián de ésta me toma desprevenida. Es grande y terrible, y me recuerda a un dragón hecho de piedra, pero es fácil derrotarlo cuando se tiene en cuenta que quiere proteger el Macizo de Zere, y por tanto evita ataques de zona. Mi mejor baza en su contra son los conjuros como helada, aparte de un reiterado uso de mentalización activa.

Una vez es incapaz de moverse, despedazado por mi espada y atrapado en mi hielo, es entonces que aparece el fantasma del escultor, Vitruvio, y tras relatarme su historia recibo el Yggo. Una vez salgo del Macizo, dispuesta a telerregresar a Moraleja del Soto, es que oigo un quejido lastimero. Cautelosamente bajo el segundo tramo de escaleras, donde se encuentra tirado y sangrando un humano.

Su nombre es Cristobal Colicón, me dice después de que recupere la conciencia tras haber tratado sus heridas, y como agradecimiento me entrega un mapa del tesoro e incluso me desvela donde se encuentra la entrada a su gruta. Por mi parte, yo le escolto hasta Moraleja igualmente, donde nos separamos en la posada.

ooo

Tras pasar una semana hospedada en la Casa Rural del Soto, el nombre de la posada de aquí, visitando a los artesanos del lugar y conversando con los habitantes, he de decir que la situación de Marioneta Irujo me da bastante pena. Estaban ella y la niña solas, con tan solo los sirvientes a su lado después de que los padres de Marion murieran.

Y Marioneta simplemente está tratando de cumplir la última voluntad de Marion, que le pidió que viviera la vida que no pudo tener y que hiciera amigos, mientras que aquí todo el mundo está prácticamente riéndose de sus intentos, aprovechándose de ella porque no sabe ver la avaricia que gobierna a quienes la rodean. Es que ella es tan inocente, como es natural.

Es doloroso de oír, como algunos se carcajean de sus curiosas maneras y de su facilidad para desprenderse de todas esas cosas materiales que ellos ansían y que ella, simplemente, no necesita. Es una pequeña alegría saber que no todo el mundo es así; sus criados, que aunque se encuentren trabajando en la posada no pueden evitar preguntarse si estará bien, su nanny, que reza por que sea feliz. El cuidador del barco es quien me manda a la mansión de los Irujo, habiendo visto las miradas de deseo y desaliento a partes iguales que le dirijo al barco amarrado.

El hombre guardando la puerta me permite el paso, y entre las paredes de la mansión hallo a más gente que como yo vienen a hablar con la señorita Irujo. No puedo evitar la forma en que se me tuerce el gesto cuando más de uno menciona que son "candidatos a recibir el favor de la señorita Irujo". De verdad que no puedo creerme la cara que tienen algunos; es despreciable y odioso.

Como no tengo prisa por comenzar, a sabiendas de que mi presencia sólo servirá para estresar a Marioneta, me siento tranquilamente en uno de los sillones, sacando una madeja de lana de cordero que el señor Tido hizo y entintó para mi, y una aguja de ganchillo hecha en hueso con la mejor de mis habilidades, y me pongo a tejer. Planeo hacer una bufanda para Catarrina, con el fin de que se mantenga calentita y que no ande tentando a la suerte con ese nombrecito que tiene. Y si tengo la paciencia para ello, algún día, quizás teja también un jersey de punto - difícil, porque realmente no me gusta manejar esas dos agujas tan largas, pero no imposible.

El tiempo va pasando, y con él la gente entra y sale de la sala de invitados en que Marioneta atiende a sus visitantes; algunos se van contentos y otros no tanto, pero se acerca el fin de la tarde cuando por fin no hay nadie más por delante de mí que quiera reunirse con la señorita Irujo.

Con el fin de ir con la verdad por delante, me he vestido con las mismas ropas con las que caí al Protectorado, siendo mi escudo y espada las únicas cosas diferentes. Me bañé por la mañana y trencé mi cabello expertamente, dejando un poco de flequillo flanqueando mi rostro, e incluso apliqué un sutil toque de maquillaje, y cuando por fin entro a la sala en que se encuentra la muñeca me inclino en una leve reverencia mientras me presento.

"Saludos, señorita Marioneta Irujo. Me llamo Nordlys, Ángel de la Guardia de Salto del Ángel" digo antes de erguirme nuevamente. "Puede parecer difícil de creer, pero he sido enviada al Protectorado por Yggdrasil, el Gran Árbol del Mundo, en busca de sus frutos, dorados y relucientes Yggos que cayeron aquí meses antes, durante el gran terremoto que sacudió tanto al Protectorado como al Observatorio.

"No tengo interés en separarte de tu amiga, la señorita Marion Irujo. Simplemente quiero un barco para poder viajar por el mundo en busca de los Yggos, ya que perdí mis alas y halo para poder caminar entre los mortales. Como mucho, querría que me entregaras el Yggo que te permitió cobrar vida, pero no será necesario por un tiempo al menos, no hasta que haya recuperado los otros tres.

"Quizá hasta querrías venir conmigo a explorar el resto del mundo, conocer a más gente y hacer amigos en otros lugares, pero todo eso está, por supuesto, sujeto a tus propios deseos" es lo que le digo, claramente aunque hable todo casi de corrido, sin respirar. No puedo permitir que no me quiera escuchar, incluso si debo de ser un poco maleducada para que oiga lo que tras varios días de reflexión he decidido hacer. "Esto era todo cuanto quería decir, señorita Marioneta. Muchas gracias por su atención. Estaré en la posada a la entrada de la ciudad. Cuando quiera hacerme saber su respuesta tan solo tendrá que enviarme una nota. Pero por favor" imploro mirándola a los ojos, "piense detenidamente sobre mi propuesta. Es todo cuanto pido".

Tras esto me vuelvo a inclinar, me despido de ella con cierto apremio y me voy de la mansión mientras a mi espalda se queda ella. No la oigo decir nada, ni tampoco moverse, así que sé que no me persigue ni quiere decirme nada en este momento. Ahora tan solo queda esperar por su decisión, es lo que pienso mientras ignoro a Estela, que se pregunta qué me ha pasado y cómo se me ha ocurrido soltarle semejante cuento macabeo a la única posibilidad que teníamos de hacernos con un barco.

ooo

No pasa mucho antes de que Marioneta envía un mensaje con el hombre encargado de guardar la mansión, Marcelino. Apenas un día hasta que recibo su respuesta, invitándome a su casa por la tarde.

Decido vestirme con el hermoso vestido de bailarina que don Ben-Irrie me regaló, recogiéndome el cabello en una coleta alta que muestra mis cabellos ensortijados sin dejar que se conviertan en una desastrosa maraña. Soy, a los ojos de los mortales, una juglaresa, y ya me han oído declamar historias de tierras lejanas en esta ciudad, con lo que a nadie le llama la atención mi ropaje, incluso si es más elaborado y lujoso que los que he llevado en representaciones anteriores. "Es natural", comentan dos mujeres al lado de un puestecillo. "Si va a actuar ante la señorita Irujo es normal que vaya con sus mejores galas".

Cuando me encuentro ante las verjas de la mansión tomo una última respiración profunda. Pase lo que pase, estoy aquí ahora. Si es necesario que construya un barco yo misma, o que se lo encargue a un carpintero para continuar con mi misión, lo haré, porque no quiero aprovecharme de la inocencia de Marioneta. Simplemente pedir sin ofrecer nada a cambio me habría dejado un mal sabor de boca.

El vigilante me abre las verjas y me saluda, yo le respondo de igual forma antes de adentrarme en la mansión, Estela como mi única compañía mientras me encamino hacia la sala en que ví a Marioneta la vez pasada.

Aunque yo estoy algo tensa la muñeca no se siente así. Ella está tranquila, como cualquier niña criada en una familia como la de los Irujo estaría: compuesta y delicada, con una sonrisa para enmascarar cualquier otro pensamiento.

No hay té entre nosotras, aunque sí aparece el fantasma de Marion, que se inclina ante mí al igual que yo me inclino ante ella, extendiendo nuestras faldas para mostrar sus adornos. Sin más dilación proceden a preguntarme por el camino que me llevó a necesitar un barco, buscando por esos hermosos frutos dorados, y yo les cuento mi historia, desde el mismo momento en que mi maestro decidió que estaba preparada para convertirme en el Ángel de la Guarda de Salto del Ángel hasta que llegué a Moraleja del Soto, habiendo oído hablar de un hermoso barco que llevaba años anclado en el muelle.

Las dos jovencitas se encuentran frente a mí, Marioneta sentada en el sillón y Marion de pie a su lado, y cuando por fin termino mi relato se miran la una a la otra, apenas unos instantes, y Marion asiente con la cabeza grácilmente. Marioneta se dirige a mí entonces, la cabeza alta y la postura recta, tan digna como una reina.

"Ha sido una historia ideal, muchas gracias" dice con una sonrisa, su suave voz resonando en mis oídos. "Me encantaría viajar contigo, o sea, y visitar los sitios de los que nos has hablado. Marion también ha tenido una idea ideal, ya que en algún momento cuando haya visitado todo, o sea, te entregaré el Yggo y nos reuniremos".

"Cuando ese momento llegue las posesiones de mi familia, o sea, se quedarían olvidadas. La mansión fría y solitaria, el barco inmóvil. Sería muy triste que eso ocurriera, o sea, así que he pensado que lo más ideal sería convertirte en la heredera de mi familia. Estoy segura de que no harías nada para dañar a nadie, o sea, y creo que sería súper-ideal tener a una celestial para cuidar del nombre de los Irujo cuando mi querida Marioneta y yo ya no estemos aquí".

"Pregunté por ti a mis otros amigos, o sea, y todos tenían historias increíbles que contar acerca de tu fuerza y habilidad como aventurera. Creo que serías súper-perfecta para mostrarme todo lo que no he visto aún, y también para cuidar de mí" apostilló suavemente Marioneta. "O sea, que no podríamos haber tenido mejor suerte".

Y es así como, poco a poco, vamos aclarando conceptos, detallando qué curso a tomar. En lugar de llevar a Marioneta conmigo mediante telerregreso directamente a Salto del Ángel lo haremos del revés: la escoltaré desde Moraleja del Soto hasta el Macizo de Zere -qué mejores vistas que esas para comenzar nuestro viaje juntas- y después hasta Las Chungueras y Puerto Limoso, desde donde zarparemos hasta Puerto Cachalote donde le presentaré a Jonasa y Pancracete, exploraremos juntas la Isla Vocationis hasta que lleguemos a la Abadía y después regresaremos a Puerto Cachalote otra vez para llegar a Catacumba, donde no faltará una visita a Lupus y Catarrina antes de dirigirnos a Pedranía, donde visitaremos a la familia real, Sada y Petricia. Y luego Zere, para que aprecie las diferencias entre la ciudad original y su representación en piedra, para terminar nuestro camino en Salto del Ángel donde conocerá al señor Tido, Sanfrán y su hermanita y al abuelo de Sada.

Y después de ver Salto del Ángel regresaremos a Moraleja del Soto, desde donde zarparemos en busca de la Academia, donde Marioneta se enrolará mientras yo voy en busca de Sheba y Batsureg. Más que nada, porque le interesó mucho una vez que le hablé de los dormitorios para estudiantes, de las clases compartidas. Tras oír sobre esto, Marioneta dijo que querría poder estudiar por un curso, ya que nunca antes lo había hecho. Marion misma dijo que sonaba súper-interesante, ya que ella sólo había tenido clases con tutores privados.

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Al igual que yo, Marioneta no tiene necesidad de comer o dormir, con una diferencia: yo puedo hacerlo si quiero, pero ella sigue siendo una Marioneta por dentro y no tiene necesidad de ello ni la capacidad para hacerlo; no tiene un sistema digestivo que le permita comer ni tampoco experimenta el cansancio o es capaz de dormir. Ni siquiera los ataques de los monstruos le hacen efecto; si alguno la rompe de alguna forma, aunque no responda por unos minutos, el mismo poder del Yggo la devuelve al perfecto estado que tenía la primera vez que su poder la afectó.

Esto significa que viajamos más aprisa de lo que lo haríamos si ella fuese mortal; disfrutando libremente del ascenso y descenso por las Cumbres Solitarias. Encuentro adorable su asombro y respeto por el anciano escultor una vez llegamos al Macizo de Zere, admirada por el realismo con que las personas y pajaritos han sido esculpidos. Son como ella, me dice, nacidos de una dedicación incansable que sus creadores tienen. Eso me recuerda que es el juguetero de Moraleja quien creó a Marioneta; es decir, uno podría decir que él es en cierta forma su padre, el único que ella tiene.

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A Marioneta Las Chungueras le parecen super-interesantes; toda la gente de allí son radicalmente opuestos a todo lo que ella había conocido en el pasado. Soy capaz de contrarrestar su inocencia mientras va relacionándose con personas que son tan fundamentalmente diferentes que no puede evitar la manera en que le brillan los ojos. Ahora que ya es primavera, ambas nos damos un baño en el río antes de secarnos junto a una hoguera y dirigirnos al bar, donde me pido un buen cocido caliente.

Ella no puede olerlo, ni saborearlo cuando prueba una cucharada. Es la primera vez que veo un poco de su desilusión a través de la perfecta máscara que Pigmalión el juguetero le dio. No hay mucho que hacer para arreglar eso, así que tras haber pasado unos días aquí salimos en dirección a Puerto Limoso, haciendo un gran rodeo para pasar por ambas, las cascada y la playa, antes de embarcarnos rumbo a Puerto Cachalote.

Le gusta el lugar, con sus rústicas casas de madera y su pequeña playa en el interior mismo de la población, y Jonasa y Pancracete, que son niños tan buenos, son capaces de hacerla sentir muy a gusto, demostrándole sin palabras como funciona la verdadera amistad mientras buscan juntos conchas bonitas y cuentan historias junto al fuego por la noche.

Lo cierto es que me alegro de poder darle una experiencia como esta antes de que, en algún momento en el futuro, ella deba prescindir del Yggo que le permite vivir y entonces vuelva a su ser como muñeca.

Compartimos unos cuantos días con ellos antes de dirigirnos a la Abadía Vocationis, lugar de congregación a donde muchas personas del mundo peregrinan en busca de nuevos aires. Allí se encuentra Nuria, feliz recibiendo las enseñanzas de las monjas y monjes que allí viven, y nos cuenta que ha mejorado mucho desde la última vez que nos vimos, una estación atrás, antes de que llegase siquiera la mitad del invierno.

De hecho, Nuria se siente preparada para acompañarnos una parte del camino, y dado que no le molestan las -muchas- preguntas que le hace Marioneta, nos disponemos a volver a Puerto Cachalote las tres. Lanzo un telerregreso, dado que no es necesario volver a recorrer la isla cuando Marioneta ya la ha explorado a su gusto, y una vez estamos allí nos embarcamos en el primer barco rumbo a Catacumba.

Es la primera vez que realizo este trayecto concreto, dado que la primera vez que pisé Vocationis fue gracias al Expreso Celestial posándose sobre el enorme árbol azul brillante de allí. Tardamos poco más de una semana en llegar hasta el muelle y encaminarnos rumbo a Catacumba desde allí. En plena primavera las praderas de por aquí son preciosas, y los monstruos mismos son capaces de percibir que mi fuerza está muy por encima de la suya, con lo que nos dejan en paz mientras terminamos de llegar a la ciudad.

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Si bien el doctor no tiene paciencia para tratar con todas las preguntas de Marioneta, poco hecho a tantas preguntas de simple respuesta, Catarrina es muy dulce mientras trata con Marioneta y le responde con paciencia. Sinceramente, cuanto más la miro más pienso que ella estaría hecha para la maternidad si algún día quisiese tener hijos. Sería una madre estupenda.

Ha coincidido también que al día siguiente a nuestra llegada Lupus y Catarrina habían invitado a los padres de ésta a cenar, con lo que Marioneta conoció también al Alcalde Lirium Tremens y su esposa, quienes ya nos conocían a Nuria y a mí y nos tenían en buena estima desde que ambas colaboramos, cada una en nuestro lado, a librar Catacumba de la Pestilencia.

Ya que estamos aquí las llevo a ambas a visitar Cuarantumba, ya que Nuria tampoco había visto el templo, y pasamos un día en la playa de picnic. Para cuando por fin llegamos a Pedranía el verano está comenzando, y agradecemos los altos muros de piedra que rodean la ciudad por la sombra que procuran.

Una vez allí la presento inmediatamente a Sada, quien enseguida la toma bajo su cuidado, explicándole lo que va haciendo. Petricia la mira, con sus ojos entrecerrados, antes de dirigirme una mirada llena de curiosidad. Con un gesto le indico que ya se lo contaré más tarde, preferiblemente cuando no haya clientes por aquí cerca, aunque Ginebra se me adelanta. Siendo originaria de Moraleja del Soto, obviamente sabía acerca de Marion Irujo.

Una vez hemos pasado la noche allí, habiendo pasado por el baño y cambiado nuestras ropas, es que nos dirigimos al Castillo, donde como de costumbre los soldados nos saludan con respeto y preguntan por nuestra salud antes de conducirnos a la sala de audiencias del Rey, donde la familia real nos recibe tras ser anunciada nuestra presencia.

No se sorprenden por la visita de Nuria y Marioneta; ya desde el principio siempre les hago llegar una carta con uno de los soldados a la entrada el día que llego, para hacerles saber que recibirán mi visita al siguiente día. En la de ésta vez por supuesto que les he escrito sobre la presencia de Marioneta y Nuria.

La Reina Dora sigue tan maternal como de costumbre, el Rey Pelente se encuentra interesado por las nuevas que le traigo desde el otro continente - cómo son las ciudades, en qué condiciones viven allí, las artesanías que se pueden encargar en Moraleja del Soto. Por supuesto también le informo que en algún momento el Orgullo de Moraleja del Soto volverá a surcar los mares, reabriendo sus rutas comerciales y trasladando a jóvenes curiosos hasta el continente de Niveria, donde se encuentra la excelente Academia Paracelso.

Dado que Marioneta posee modales encantadores, habiendo compartido con la misma Marion sus clases de etiqueta, y que se encuentra entusiasmada describiendo todos los lugares que ha visitado, ella y la Princesa Aldonza disfrutan de un tranquilo paseo por el Palacio junto a Nuria mientras yo informo a los reyes acerca de mis propuestas de negocios.

Ellos ya saben que, por el momento, estoy más interesada en viajar que en establecerme definitivamente en algún lugar, así que pese a que ofrecerme un puesto en la Guardia Real es prácticamente costumbre a este punto, no se encuentran realmente decepcionados tras mi negativa. La de Nuria les toma quizá más por sorpresa, pero lo cierto es que ella va a establecerse en Zere, preocupada por todos los ancianos de allí, dado que sólo hay una monja aparte del sacerdote, y no daban abasto ya la primera vez que pasamos por allí.

Y de hecho es allí, ya en la segunda mitad del verano, que nos despedimos de ella antes de continuar por nuestra cuenta hasta el antiguo Reino de Hado; aún ruinoso y vacío de humanos, invadido por monstruos y con charcos venenosos, constituye igualmente una vista sobrecogedora que seguro ella apreciará, aunque sea en cierta forma macabra.

Tras una última visita al salón del trono en el el Caballero Claro y la Princesa Aldonza bailaron el vals nupcial, tras intercambiar una mirada con Marioneta, nos tomamos de las manos y lanzo un telerregreso hacia Pedranía, desde donde nos dirigimos hacia Salto del Ángel.

Son apenas dos semanas y media de viaje que hacemos a pie con buen ritmo, hasta que por fin avistamos la catarata del pueblo a lo lejos y exhilaradas arrancamos a correr. Cisco es el primero en vernos, y estoy tan contenta por regresar, por una vez a pie en lugar de gracias a un conjuro, que le doy un fuerte abrazo.

Por supuesto que la primera persona que siempre visito cuando llego es el abuelo de Sada; a veces pareciera que ese hombre me haya adoptado a mi también como otra nieta, siempre insistiendo en que le llame abuelo en lugar de darme su nombre. Aunque estoy bastante desacostumbrada últimamente, hoy no le permito que cocine él, encargándome yo en su lugar de ello antes de sentarnos juntos los tres a la mesa.

Y luego después de la sobremesa Frida llega, aporreando en la puerta y llamando mi nombre alegremente, saltándome a los brazos mientras todavía estoy abriendo la puerta y demandando las historias de mis viajes, alegando que "¡Ha sido muchíiiisimo tiempo desde que viniste a verme!". Me siento con ella sobre mi regazo y procedo a relatar, tan dramática y fantasiosamente -pero siendo completamente veraz- como puedo las hazañas que he acometido en los últimos tiempos.

Es una tarde feliz, todo sea dicho. Me alegro de haber decidido dar un salto de fe trayendo a Marioneta conmigo; me alegro de poder darle momentos como este.

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Una vez telerregresamos a Moraleja del Soto, pertrechadas con dos hermosos, bien calentitos abrigos de pieles para cuando emprendamos nuestro viaje rumbo a los mares del norte, y más ropa hecha de lana y cuero para el momento en que pisemos Niveria, Marioneta no pierde el tiempo. No, se va directamente a la Iglesia para hablar con el párroco que la atiende, y hacer una confesión.

A mí me ha entregado las llaves y pedido que vaya abriendo la mansión para descargar nuestro equipaje y poder darnos un baño reconfortante, y en mi caso quizá dormir un poco, ya que según dice mañana será un largo día.

Poco después llega a la mansión y me da las buenas noches, encerrándose en su dormitorio. Cuando a la mañana siguiente me levanto ella ya está reunida con otra gente - los antiguos sirvientes de la familia Irujo, probablemente explicando parte de nuestros planes para el futuro. Sin embargo, es cuando se despiden de mí que me doy cuenta hasta que punto las cosas han cambiado.

"Hasta luego, señorita de Irujo" me dice el mayordomo, sorprendiéndome de tal forma que casi se me cae el plato vacío que llevaba en las manos. Puedo ver como mi reacción le hace cierta gracia, está escrito en sus labios ligeramente curvados, aunque por la forma en que me está mirando dictamino que no es una diversión cruel sino más bien con cierto aprecio como el que se podría tener por la familia.

Incluso si no tengo muy claro el motivo de que ninguno de ellos fuese a mirarme así. Al final es la misma Nanny de Marion quien me lo explica: aparentemente Marioneta les ha contado la situación, con toda la verdad existente por detrás - Marion sin esperanza alguna por recuperarse, y cobrando vida ella en su lugar, siguiendo el último deseo de la verdadera heredera de los Irujo.

Los meses de inseguridad, pensando que la descubrirían como la muñeca que era en verdad, intentar hacer amigos pese a no entender la naturaleza de los humanos, y mi llegada, explicando de dónde provenía el fruto dorado y la misión que tenía encomendada, junto con el acuerdo que habíamos alcanzado, y el hermoso viaje que había emprendido a mi lado y toda la gente nueva con la que había entablado amistad a raíz de éste. Incluso les contó acerca de mí siendo una celestial.

Así que una vez ella les reveló mis planes de reabrir las rutas comerciales, de crear una flota para que otras personas también pudiesen viajar más fácilmente, de permitirle ver tanto mundo como le fuera posible antes de pedirle su Yggo, todos estuvieron de acuerdo con la idea que había tenido ella de instaurarme como parte de su familia para poner sus recursos y contactos a mi disposición.

No puede simplemente darme el nombre 'Irujo', ya que no tengo ninguna conexión sanguínea para clamarlo, pero si puede nombrarme 'Lys de Irujo', demostrando que aunque no tenga relación filial con ella, ella misma me considera una hermana y con tanto derecho a sus posesiones como el que ella tiene.

Cuando meses atrás ella y Marion mencionaron hacerme su heredera, no esperaba que fuese a ser de esta forma, sinceramente. Y no sólo porque repentinamente tengo un apellido después de años siendo simplemente Nordlys, sino también porque formar parte de una familia como los Irujo tiene añadidas una serie de expectativas que no estoy segura de poder cumplir; me gustaría pensar que soy bien educada en público y que mis modales no dejan mucho que desear, pero desde luego no estoy a la misma altura que Marion y Marioneta cuando tiene que ver con gracilidad y delicadeza - soy algo bajita en comparación con muchachas mortales de mi edad, compacta y con fibrosos músculos, incluso si no son excesivamente grandes, y generosas caderas sobre unos muslos que son cualquier cosa menos esbeltos. Afortunadamente no tengo grandes pechos, con lo que una vez me vuelva mortal me libraré de problemas de espalda por esa parte, pero eso también significa que tengo una figura no tan compensada como la de Marion y Marioneta - en otras palabras, ni por apariencia ni por actitud o incluso forma de vestir soy una joven que pueda realmente cumplir con lo que se esperaría de alguien con un apellido tan refinado.

No es mi lugar, aún así, el protestar por estas cosas. Simplemente me esforzaré por completar los estudios en comportamiento que le fueron impartidos a Marion en su infancia; cuanto antes adquiera los modales y disposición que alguien de la categoría en que me encuentro ahora mejor, porque antes entonces podremos emprender Marioneta y yo el viaje a la Academia Paracelso.

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Es a principios de otoño que Marioneta y yo zarpamos desde Moraleja del Soto, habiendo finalizado mis clases de comportamiento y de paso habiendo contactado con una tripulación digna de confianza para ayudarnos a manejar el barco. Reconozco que quizá podría decirse que he hecho un poco de trampa, empleando mis contactos con Petricia y el Capitán Mínimus, pero no me arrepiento de nada.

Comienzan así nuestros días y semanas de vivir en barco, encontrando pequeñas islas desiertas que parecen no haber sido pisadas por mortales en años. Llegamos primero al Desierto Yerto, y tenemos la fortuna de visitar el Reino de Sheba, un hermoso lugar, con una cultura muy diferente a la nuestra que me encanta. No soy la única que disfruta con esto, pues Marioneta está encantada: la gente viste otras ropas, habla de forma distinta, su oscura pigmentación es hermosa. Una noche vamos también a ver bailar la danza del vientre, admirándonos por su dominio sobre su cuerpo y deseosas de repetir la experiencia.

Aún así no oigo rumores de que la Reina haya recibido ningún hermoso fruto dorado, y de todas formas debemos continuar nuestro camino en dirección a la Academia - aunque por Zenus, mira que no podrían haberla situado en algún lugar más accesible para aquellos que estuviesen interesados.

Unas semanas después de haber dejado atrás Sheba y sus calurosos días vemos una tierra cubierta en neblina: los Pantanos Urdus, según los libros: una tierra rica y con cierto encanto pese a su estado deshabitado. A Marion le apetece visitarlos y yo no tengo problemas en acceder, dado que en la zona crecen un montón de plantas de extraña variedad y amplios usos alquímicos.

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La tripulación no estaba convencida de pisar esta tierra, así que les pedí en cambio que echasen anclas y nos esperasen dentro del Orgullo mientras Marioneta y yo explorábamos a nuestras anchas. No es que no haya prisa, es verdad, pero también es cierto que sin medios para medir el tiempo tan exactamente como Antes, sin relojes de bolsillo o un móvil para poner alarmas, se nos va el santo al cielo mientras recorremos el lugar.

Varios días han pasado ya desde que nos separamos de la tripulación, puede que algo más de una semana, cuando nos topamos con un asentamiento nómada que está estableciéndose algo más al norte, en lo que probablemente sea la Estepa Iluugazar. Se trata de Batsureg, nos informa un muchacho a la entrada, algo sorprendido por nuestra aparición. Pasamos la noche aquí, hablando con la gente y contándole historias a los niños sobre nuestros viajes, agradeciendo el sabroso cuenco de comida que nos ofrecen.

Son una población curtida y trabajadora, y reconozco que me fascina su modo de vida, incluso si es duro y no necesariamente el más cómodo o lujoso. Marioneta está de acuerdo conmigo, fascinada por las ropas confeccionadas en piel y su costumbre de vestirse con muchas capas, al igual que por su forma de hablar. Es un lugar apacible, aunque huela a cordero y se les oiga en las noches, y aunque sea arduo es también agradable acompañarles a pastorear por la estepa justo antes de despedirnos para continuar nuestro camino hacia Niveria.

Descubro también que Sarantsatsral lleva con ellos ya muchas lunas; natural, considerando cuánto tiempo me ha llevado el llegar hasta aquí desde que cayeron los Yggos al Protectorado. No he tenido aún la oportunidad de encontrarme con ella, que se encontraba junto al hijo del líder, Batkhaan, al mismo tiempo que le presentábamos nuestros respetos. Aún así ya se empiezan a oír los rumores que dicen que el joven es un cobarde, aunque sean pocos todavía quienes lo digan.

Debido a eso, más casi que a la necesidad de llegar a la Academia, es que nos vamos de aquí tan pronto, ya que quiero ayudarle de verdad. Recuerdo que era un buen hijo, justo en su juicio; no se merece este desprecio incluso si lo está atrayendo él mismo para proteger al monstruo que es su amigo.

Es decir, que me siento responsable por él de la misma forma en que lo hago por el resto de las personas que me he topado hasta el momento: Sada, Catarrina, Jonasa y Marioneta. Puede que Sanfrán también, incluso si es más terco que una mula, y por supuesto su hermanita y el abuelo. Si puedo intentar darles una mejor vida, me gustaría pensar que por supuesto se la daré.

Así que Marioneta y yo avanzamos rápidamente por la estepa y los pantanos hasta regresar al Orgullo, donde la tripulación nos recibe con sonrisas aliviadas y cierto jolgorio, y tras la cena les hablamos en detalle de los que hemos visto, de la enorme extensión de la estepa cubierta de verde, los caballos salvajes pastando en la lejanía y dorados atardeceres.

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Los días van sucediéndose, cada vez más cortos cuanto más nos aproximamos a Niveria. Se acerca el invierno, eso está claro, y el mar es de un azul oscuro, a veces recordándome más a un negro que a las aguas de azul intenso que surcábamos semanas antes, cuando todavía no habíamos pisado el gran Desierto Yerto.

Los monstruos de aquí son más duros también, pese a ser más pequeños; son viciosas criaturas que se acercan percibiendo nuestro calor. Me preocuparía el estado del barco si fuésemos a amarrarlo aquí sin dejarle supervisión alguna, pero a diferencia de los mortales yo cuento con telerregreso. Es por ello que les digo que nos permitan desembarcar y que se orienten de vuelta a Moraleja del Soto, donde les estaré esperando una vez haya dejado a Marioneta bien instalada en la Academia.

No nos quedamos observándoles mientras se van; esta no es la mejor zona del mundo para quedarse quieto incluso con nuestras ropas más cálidas sobre nosotras. Además eso sólo serviría para atraer a cualquier monstruo que pasase por aquí. No, en lugar de eso rocío nuestras ropas con agua bendita, incluso mientras veo como se van convirtiendo en pequeñas esquirlas de hielo sobre nuestros abrigos. Eso sirve para mantenerles alejados de nosotras mientras emprendemos la que probablemente sea nuestra más dura caminata juntas - incluso en el desierto, con el aire caliente y las dunas donde a veces perdía pie, no me parecía tan horrible. Aunque he de admitir que parte sea el hecho de que prefiero el calor al frío.

De cualquier forma, son varias duras semanas mientras vamos cruzando este continente donde aparentemente nunca deja de nevar. Quizá sea porque el invierno ya ha llegado. Además las noches son más largas de lo que las había experimentado antes, y Marioneta y yo avanzamos mucho más a oscuras que con la poca luz solar que se adivina entre los sólidos nubarrones sobre nuestras cabezas.

Hay una parte de mi que compadece al pobre ángel que estuviera encargado de guardar a los estudiantes de la Academia, ya que sólo el viajecito habría sido de lo más desagradable incluso si se hacía volando - al menos, es lo que supongo. Un aprendiz habría estado expuesto a perder más de unas cuantas plumas, apostaría yo, a menos que su maestro o maestra le llevaran recogido en sus brazos con las alas bien plegadas contra su espalda.

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Cuando vislumbramos por fin la gran estructura de la Academia, rodeada por una muralla colosal, Marioneta y yo intercambiamos una mirada de alivio. Pequeñas estalactitas cuelgan de nuestros abrigos, con una dirección casi horizontal debido a las fuertes corrientes de viento.

Nadie nos espera a la entrada, natural debido a que nunca llegamos a concretar una fecha en definitiva para nuestra llegada, pero los vigilantes al otro lado de la verja nos ven y nos permiten el paso, además de conducirnos ante el Director una vez menciono el nombre de Marion Irujo - no es que Marioneta pueda ser conocida así en público.

El buen hombre se acomoda a nuestras peticiones sin gran problema, aceptando que Marioneta empiece las clases en el siguiente término que va a comenzar una vez comience un nuevo año, y acabamos hablando de negocios entre ambos aún sin decir nada: Marioneta me ha deseado, con delicadeza, suerte en mi investigación en Sheba, por lo que ante su curiosidad he admitido que investigo extrañas ocurrencias alrededor del mundo.

Él no admite que ha desaparecido ya por lo menos un estudiante, no es la clase de cosas que se mencionan en entrevistas de este tipo, pero adivino por su expresión que se siente aliviado por saber que cuando comience el término de verano a más tardar vendré a enrolarme yo misma, y eso me dice todo cuanto necesito.

Acompaño a Marioneta hasta la residencia de estudiantes, despidiéndome de ella con un fuerte abrazo, antes de lanzar un telerregreso en dirección a Moraleja del Soto, donde me desprendo de mi abrigo antes de entrar a la ciudad. Lo bueno de mi cuerpo celestial es que no me veo afectada de la misma forma que un mortal lo haría por los elementos del tiempo: yo no estoy en riesgo de congelarme y perder mis extremidades, o de sufrir algún tipo de shock por el repentino cambio de temperatura que acabo de experimentar.

Una cierta clase de ventajas que lamentaré perder una vez me vuelva mortal, pero hasta entonces las disfrutaré tanto como pueda.

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Lo cierto es que la tripulación aún no ha regresado, tal y como esperaba debido a la diferencia entre sus cuerpos mortales y los no mortales que poseemos Marioneta y yo, por lo que tengo tiempo suficiente para comenzar con la siguiente parte de mi plan: contactar carpinteros, aquí y en otros lugares, para la creación de una pequeña flota de barcos que serán empleados para agilizar el comercio internacional y también facilitar el movimiento de personas entre unos lugares y otros.

Es probablemente demasiado ambicioso, especialmente para alguien como yo, pero no puedo evitar que sería beneficioso para los mortales el tener más comunicación entre ellos. O no, pero me gustaría darles ese voto de confianza - de la misma forma que he visto comportamientos horribles, también he podido conocer gente maravillosa que tratan de hacer del mundo a su alrededor un lugar más bonito y agradable.

Mantengo también un ojo sobre Sheba, gracias a telerregreso, hasta que me llegan noticias de un precioso fruto dorado que le ha sido entregado a la Reina Daena, y ayudo a una bella muchacha, Anise-Sabe, a encontrar al dorado lagarto de Su Majestad, Draco. Decido no interponerme entre ella y su precioso baño de Yggo, más una vez Draco cobra la forma de su nombre desenvaino mi espada y comienzo a batallarle en los baños mismos, a cuya entrada me encontraba esperando por este mismo suceso.

Es verdad que trato de no dañarle mucho, preocupada tanto por él como por la Reina. A nuestro alrededor las mujeres guerreras de su guardia han desaparecido igual que sus doncellas, prefiriendo dejarla a su suerte, hasta que la misma Anise-Sabe entra corriendo, gritando preocupada un "¡Lys, no! ¡Por fiavor, no li hagas más daño a Draco! ¡Él es el único amigo di la Reina Daena!".

Anise-Sabe había sido despedida apenas una hora antes, con la Reina convencida de que le debía haber hecho algo horrible a Draco para que él quisiese escapar de su supervisión, y no la había dejado defenderse casi, ordenándole que recogiera sus cosas y desapareciera de su vista inmediatamente.

La pobre doncella tenía lágrimas en los ojos mientras se marchaba, y sin embargo es la única que ha venido hasta aquí para tratar de hacer algo, lo que fuera, por la Reina y su lagarto, y el mismo Draco se lo reconoce, agradecido porque su Daeniña tenga a alguien tan buena como Anise-Sabe preocupándose por ella, y renuncia por sí mismo al poder del Yggo en favor de volver a convertirse en un lagarto para poder quedarse al lado de la Reina, otorgándome a mí, la viaxera celestial, el dorado y brillante fruto.

Menos más que todo ha salido bien, me digo, poco después de despedirme de Anise-Sabe y la Reina Daena para telerregresar a Batsureg. Allí la situación está algo más tensa que cuando dos estaciones atrás pasamos por allí Marioneta y yo, pero cuando cae la noche hago como el jefe me ha pedido, y vestida coloridamente me dispongo a narrar mis aventuras para el disfrute de quienes me ven. Sentados a ambos lados del Jefe Batkhaan se encuentran su hijo Batzorig y Sarantsatsral, quien al día siguiente propone a Batkhaan que me lleve a Batzorig conmigo hasta que termine la estación para inculcarle ese valor del que hablan mis aventuras, para que pueda él asestar el golpe final a la bestia que les tiene atemorizados.

Yo accedo, honrada ante el honor que esto supone, y Batzorig es llamado a la yurta de su padre para ser informado de esta decisión; si bien no me gusta la manera en que se ha llegado a esta conclusión -sin tener en cuenta su libre albedrío- no puedo negar que es un buen desenlace por el momento, y tras soltar un suspiro pesado él asiente y concede ante la orden de su padre.

"Partimos mañana al amanecer" es lo único que le digo cuando cruzamos las miradas antes de que se vaya.

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Batzorig es un joven hombre de pocas palabras, por lo menos conmigo. Normal, supongo, dado que se supone que estoy entrenándole para matar a su amigo. En eso es muy distinto a Estela, querida cabeza de chorlito, y Marioneta, que siempre va haciendo preguntas sobre todo, pero no me disgusta el silencio - es casi un cambio bienvenido en comparación.

No puedo avanzar al mismo ritmo que tenemos Marioneta y yo, capaces de subsistir sin necesidad alguna de agua, comida o descanso, pero al mismo tiempo eso me permite disfrutar incluso más de la brisa sobre piel y el sol calentándome mientras caminamos, sin caballos a nuestra disposición.

Vamos en dirección norte, siguiendo el río curso arriba, ya que la idea es visitar primero las yurtas de los cazadores, preguntar si han avistado a la bestia cerca y como se mueven los monstruos por la zona, pero no le impongo un paso que demande excesivamente de él. No es una sorpresa por tanto que la comida no nos dure hasta llegar a nuestra primera destinación, forzándonos a cazar y permitiéndome observar sus hábitos cuando se trata de esa actividad - después de todo, no es como si pudiera simplemente llegar exponiendo mi conocimiento superficial sobre los motivos que tiene la bestia para atacar su poblado.

Batzorig se mueve grácilmente, sin desperdiciar tiempo o movimientos despachando a sus presas con una mirada serena, demostrando plena confianza en sus propias capacidades. No es como si no lo hubiese sospechado ya, pero no hago mención de ello en los días que pasan hasta que alcanzamos nuestro destino, donde pasamos una noche compartiendo un cuenco de sopa bien caliente, fuertemente especiado. También adquirimos la información por la cual tan ostensiblemente les hemos visitado, antes de continuar al día siguiente en dirección norte todavía, antes de encaminarnos más al este.

Todavía pasan unos cuantos días más desde que dejamos atrás a los cazadores para una noche, antes de que él vaya a meterse en su saco de pieles para dormir, yo empiece a hablar.

"Esa bestia debe de tener algún motivo para visitar Batsureg" es como decido comenzar esto. Por el momento Batzorig no dice nada, pero eso no quita que percibo la tensión que se acaba de aposentar sobre sus hombros. "Uno concreto, ya que no parece hambrienta ni se lanza a atacar a los aldeanos a lo loco.

"No sólo eso", añado. Hasta el momento había hablado mientras miraba hacia el fuego encendido entre nosotros, pero esto tengo que decírselo mirándole a los ojos, "una de las niñas que cuida del rebaño me comentó que Sarantsatsral había curado a uno de los corderos con su magia, pero que ahora el pequeño vive atemorizado. Y eso, sin contar con la extraña manera en que Sarantsatsral actuó una vez mencioné mi peregrinaje en busca de frutos dorados y brillantes.

"Tú, por tu parte, eres un buen cazador, seguro de sí mismo y con manos firmes; dudo mucho que en verdad seas tan cobarde como te pintan". Nos quedamos en silencio, tan sólo el crepitar de las llamas y uno de los palos quebrándose como acompañamiento, antes de que la tensión desaparezca de sus hombros y tome una respiración profunda y temblorosa. Su mirada ahora ha cambiado, menos guardada que antes, casi aliviada.

"Aliviado me siento de esto ver no ser el único" responde. "Atrapado mi pueblo bajo su embrujo entero parecía. También reconfortante es que una viajera ciega a su embrujo no sea".

Me explica entonces que la bestia es en realidad su amigo Monicaco, a quien él y su madre cuidaron en secreto cuando lo encontraron herido. También por supuesto que ningún plan tienen para poder librar a su pueblo de la influencia de Sarantsatsral, pese a sus muchos intentos en conjunto.

Tras escucharle atentamente yo propongo visitar la tumba de su madre; quiero presentarle mis respetos, y también tener la oportunidad de tratar con ella, ya que sin su ayuda hay... algo, importante, que no podríamos conseguir.

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"Por favor te pido, Bayarmaa, tu ayuda y consejo para este mal detener", imploro frente a la cuidada tumba, con Batzorig y Monicaco a mi lado mientras digo esto. Y ella me responde, apareciendo frente a nosotros, sobresaltándose muy levemente cuando la miro decididamente a los ojos, repitiendo mi ruego antes de mirar de soslayo a su hijo y Monicaco, dándole a entender que mis motivos para pedir por su ayuda tienen que ver con la protección de su hijo y su amigo.

Tras analizarme por unos instantes, una tenue sonrisa se abre paso en su rostro. "Por los monstruos asediado desde antaño, el pueblo de Gerzuun, al pie de las montañas orientales, de este lugar al este, se encuentra. Un viaje emprendáis quiero para la preciada hierba de bodura recoger. A Batzorig muy útil le será", son las palabras que dice antes de inclinar regiamente su cabeza. Yo inclino la mía también, antes de volverme hacia mi acompañante.

"¿Puede ser que exista alguna concocción que sirva para destapar la magia de Sarantsatsral?". Tras reflexionar por unos momentos me responde que hay una, pero que se prepara con una hierba especial que crece tan solo en un lugar, que cerrado se encuentra desde hace muchos inviernos, pero no se opone demasiado cuando propongo viajar hasta allí. Monicaco, capaz de percibir mi ser Celestial, está de acuerdo cuando le pedimos que se quede cuidando de la tumba. Sabe bien que protegeré a su humano sin falta.

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Una vez llegamos a los pies del Monte Ulzuun donde se encuentra el pueblo caído de Gerzuun Bayarmaa se aparece de nuevo ante nosotros, siendo la única que puede abrirnos el camino, tras rogar por su ayuda. Es una mujer digna y grandiosa, es fácil imaginar cuán respetada debió ser en vida.

Batzorig y yo nos abrimos paso por el lugar, invadido por monstruos aunque sin trazas de ningún cuerpo humano. Las yurtas son obvias, al igual del hecho de que aquí vivía mucha gente y lo hacía bien. No es hasta que encontramos lo que debió haber sido el santuario que Batzorig y yo comprendemos lo ocurrido: si bien en su interior no hay el más mínimo signo de la presencia de monstruos, sí que una gran multitud de esqueletos apoyados contra las paredes, y una gran cantidad de fantasmas conversando los unos con los otros.

Debido a la hierba bodura ningún monstruo entró, pero ellos se murieron de hambre. Resuelvo volver aquí para enviarles a su descanso eterno una vez el asunto con Sarantsatsral sea resuelto, y lanzo telehuida para que Batzorig y yo salgamos de aquí sin necesidad de recorrer el camino de vuelta.

Cuando algo más de una semana más tarde llegamos a las yurtas de los cazadores él y yo cruzamos una mirada: una vez esté preparada la infusión de la hierba bodura estaremos preparados para enfrentarnos a Sarantsatsral.

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Todo marcha según lo previsto, incluso si tan sólo Batzorig, Monicaco y yo somos los que tenemos el valor necesario para enfrentarnos a Larstastnaras una vez su verdadero aspecto ha sido desvelado por la infusión. Estas últimas semanas en que hemos cazado comida y subyugado los monstruos con los que nos topábamos en Gerzuun han hecho que Batzorig y yo tengamos una buena dinámica mientras nos enfrentamos a nuestro enemigo; sin descontar con que él y Monicaco se han criado juntos prácticamente, por lo cual no es de extrañar que entre los tres seamos capaces de plantarle cara y derrotarle.

Incluso ahora, cuando este no es ya un juego en mi Nintendo sino el mundo real, me sigue haciendo cierta gracia el hecho de que Sarantsatsral fuera originalmente una calandraca como esas a las que me enfrentaba en los prados cercanos a Catacumba. Una además que domina el habla humana. Por su parte Batzorig será un jefe justo, estoy convencida, mientras dictamina al final que los días de soledad de Larstastnaras se terminarán, ya que a partir de hoy Monicaco le acompañará.

Debido al shock que los aldeanos habían sufrido al descubrir el verdadero rostro de Sarantsatsral, incluso ahora que la situación ha sido resuelta no se alza el júbilo. No, están todavía muy asombrados como para ello, pero tampoco nos discuten cuando tanto Batzorig como yo decidimos que antes que nada vamos a dormir bien; mañana será otro día, y los problemas podrán esperar hasta entonces.

Y cuando al día siguiente me levanto, se hace evidente que Batkhaan tiene algo importante que decirle a su pueblo: de ahora en adelante su Jefe será Batzorig. No puedo evitar sentirme orgullosa de él, incluso si mi mayor contribución ha sido la posibilidad de encontrar la hierba y apoyarles a él y Monicaco en la batalla final, incluso si toda esa grandeza ya la tenía él dentro de sí.

Una vez termina Batzorig su discurso él y Batkhaan parten hacia la tumba de Bayarmaa, y aunque no quiero entrometerme, Batzorig mismo me invita - él ya sabe que hay algo con respecto a mí que es diferente; lo sabe por la forma en que las puertas de Gerzuun se abrieron con nada más que la plegaria que mandé a su madre. Es por eso cabalgamos durante los siguientes días hasta llegar a su lugar de descanso.

Presentamos nuestros respetos, Batzorig informando a su madre que ya nada debe temer por el pueblo de Batsureg, su padre comentando que se ha convertido en un gran hombre. Yo todavía me quedo un poco más, con el beneplácito de Batzorig, agradeciéndole a Bayarmaa su ayuda y recibiendo de vuelta su agradecimiento por haber protegido y ayudado a su hijo. Recibo de ella un protector de espíritu, un poderoso amuleto que fortalece mi magia, y prometo emplearlo bien en mi aventura.

A la salida de la tumba me esperan Batzorig y Batkhaan, y juntos emprendemos el viaje de vuelta. Cuando llegamos el pueblo ha preparado una gran fogata, que llevará ardiendo en el centro del pueblo varios días ya. Esa noche cantan y bailan alrededor del fuego, y una vez aprendo sus canciones me uno yo también. Es la celebración en honor a Batzorig como su nuevo Jefe antes de que las obligaciones del día a día sean su única compañía, y lo cierto es que me parece una noche memorable.

Al día siguiente me despido de él y su padre, y acepto también las palabras de agradecimiento y suerte con mi búsqueda que me desean los aldeanos, y lanzo telerregreso hacia Moraleja del Soto.

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Si bien la producción de barcos no va tan rápido como podría desear, no tengo penas. A día de hoy el Orgullo ha levado anclas desde aquí en varias ocasiones, transportando artesanías desde esta ciudad hasta el puerto mismo de Catacumba y viceversa, y para finales de otoño dos barcos deberían estar ya listos para ser fletados. Ni que decir tiene que me siento realmente agradecida a los carpinteros por su rápido y esmerado trabajo, y así tal cual -puede que algo más finamente, pero el sentimiento es el mismo- se lo digo.

Una vez he pasado un par de noches en la mansión de los Irujo, recogiendo las cartas que le han escrito a Marioneta los sirvientes, y me he pertrechado con ropa apropiada para el lugar al que me encamino, lanzo telerregreso para llegar a la Academia Paracelso. Una vez llego los vigilantes de la puerta me reconocen, con lo que no tienen problema permitiéndome el paso mientras uno de ellos va a informar al Director de mi presencia.

Una vez nos encontramos en su despacho intercambiamos cortesías y tras varios minutos de conversación él mismo acaba inquiriendo acerca de los casos que, según 'Marion', había tenido que ir a investigar. Sin revelar lo que decidí denominar detalles confidenciales -ser un celestial, la existencia de los Yggos y su origen, entre otros- le comuniqué mi éxito en mi empresa, habiendo identificado al traidor gracias a mis investigaciones.

Fue entonces que él puso las cartas sobre la mesa, admitiendo ante mí la desaparición de dos estudiantes a los que no se les había vuelto a ver; no habían encontrado indicios que apuntasen a sus motivos para marcharse sin dejar recado. Aunque habían tratado de hacer preguntas discretamente, para comprobar si acaso habían regresado a sus hogares, esa línea de pensamiento no había reportado suceso alguno. Parecía que hubiesen desaparecido de la faz de la tierra, y eso era algo que podría resultar ser muy dañino para la reputación de la Academia.

Dado que de todas formas yo iba a enrolarme en la Academia en este término, que comenzaría al mismo tiempo que la estación de verano, y que tenía experiencia investigando otros casos, el Director y yo hemos llegado a un Acuerdo: si antes de que finalice el término he logrado descubrir el paradero de los alumnos desconocidos, la Academia cubrirá mis gastos en matrícula.

Me parecen unas buenas condiciones -esta Academia es tan cara como prestigiosa- así que accedo y procedemos a escribir y firmar un contrato que refleje todas las estipulaciones y cláusulas pertinentes.

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La señorita Penélope Pérez, estudiante de nivel superior y encargada de los dormitorios para estudiantes me acompaña hasta la que será mi habitación. Al llegar, sin embargo, descubrimos que no se encuentra vacía: hay una pequeña pandilla de estudiantes allí reunida, al parecer hablando acerca de las desapariciones - de como los únicos que han desaparecido forman parte de su grupo de amigos. Aunque no le vean, no están solos ellos tampoco: un fantasma, de rígida figura y torcido semblante se encuentra a sus espaldas.

Sin embargo, no presentan ningún inconveniente cuando Penélope les pide que se marchen ya que esta va a ser mi habitación: no serán tan buenos estudiantes como otros, pero no tienen tan mal corazón en mi opinión.

Pasan así unos cuantos días, en los que discretamente voy entablando conversación con diversos alumnos y profesores. También asisto a las clases que me llaman la atención, y procedo a intentar formar parte de la pandilla de Celso, que es básicamente el líder del grupo de estudiantes de los cuales han desaparecido ya dos.

Algo más de una semana pasa, y Celso y sus amigos empiezan a aceptarme. Penélope, Marioneta y yo estudiamos juntas de vez en cuando, y otro estudiante, esta vez una muchacha, desaparece también.

Celso y yo, junto con sus dos mejores amigos, subimos esa noche hasta el balcón en que se encuentra la estatua de Manakel, el Ángel de la Guarda de la Academia, dispuestos a probar que los fantasmas no existen -la ironía más grande de todas, lo sé-, y es cuando vuelvo a ver aparecer la figura de aquel gran hombre de estricto aspecto, que se mete dentro del cuerpo de Celso, poseyéndole y haciéndole saltar desde el balcón mismo - la manera en que se me saltó el corazón hasta la garganta fue horrible; una vez me enfrente a este señor le voy a cantar las cuarenta.

Escribo una pequeña misiva para el Director, y le pido a José y Carlos, los otros dos que nos estaban acompañando a Celso y a mí, que se la entreguen inmediatamente mientras yo persigo a Celso y su secuestrador.

Sé a dónde dirigirme, pero eso no quiere decir que sea fácil esquivar a los monstruos que se interponen entre Celso y yo; gracias al poder del Yggo los demás monstruos les rehúyen, pero no es ese mi caso. Y yo, más preocupada por encontrar a los alumnos perdidos que por enfrentarme a estas criaturas, hago uso de todo mi ingenio para evitar establecer contacto.

Mis esfuerzos se ven recompensados cuando por fin llego, después de pasar por lo que parecen ser unos destrozados dormitorios, hasta un gran aula en que se encuentran el fantasma del hombre y los alumnos desaparecidos, presumiblemente. No sólo eso, ¡el tipo tiene encima la desfachatez de decirme que llego tarde a clase!

Y encima se molesta conmigo, llamándome inútil entre otros adjetivos, cuando remarco que hace mucho que la hora de esta clase en concreto terminó. Veo como el poder del Yggo le rodea, proporcionándole una forma más horrible y poderosa con la cual enfrentarse a mí, mientras exclama que me merezco un castigo.

El combate que sigue es terrible; Sir Severo Paracelso era un hombre de gran saber, teniendo varios conjuros a su disposición con los que atacarme, y con tremenda fuerza detrás de sus golpes. Es ciertamente un enemigo más poderoso de lo que fueron Draco el lagarto o Andosiniestro.

Sin embargo, aún tremendamente agotada y con numerosas heridas y magulladuras, soy capaz de derrotarle. En medio de mi tembloroso estado soy capaz de percibir como, muy lentamente, mis heridas internas empiezan ya a regenerarse mientras el poder del Yggo le abandona. Una vez es de nuevo él, sin estar bajo la influencia del fruto, Sir Severo se queda perplejo, mirando la situación a su alrededor.

Les pregunta a los alumnos qué les pasa, cuál es el motivo para que se encuentren tan tristes y desganados, y Celso, que según lo que he visto de él no tiene una gran paciencia, revienta. "¿Está de coña o qué?" le pregunta todo encabronado. "Pues porque nos ha encerrado aquí abajo, viejo fantasma chiflado". Otro de los estudiantes no puede evitar protestar acerca de cuánto necesita ir a un servicio, mientras que rugen varias tripas también. Después de todo, incluso si el poder del Yggo les ha mantenido con vida, eso no significa que sus necesidades mortales hayan sido respetadas.

Tras pedirles disculpas a los alumnos que ha mantenido encerrados todo este tiempo, explica también que incluso en su tan lamentable estado él tan solo quería lo mejor para ellos. "Están llenos de... eeeh... potencial, todos ustedes son un diamante en bruto, pero... eeeh... necesitaban mejorar" les dice, mirándoles serio y de frente, con más carisma del que le creía capaz. Tras agradecerme mi esfuerzo por salvar a mis compañeros de estudios, Sir Severo incluso añade que puede ya descansar en paz, sabiendo que en su academia pueden formarse muchachas de mi talla.

De cualquier forma este embrollo acaba de ser concluido. Varios de los alumnos comentan entre ellos que mola mucho eso de que les llamara diamantes en bruto. Uno incluso bromea, diciendo que igual si fuesen a clase de vez en cuando se convertirían en diamantes en culto, antes de darse cuenta de que pueden por fin moverse libremente.

Alzo la voz, pidiéndoles a todos que se agarren de las manos formando una fila ordenada, y agarrándome a la mano de Celso, que está en uno de los extremos, lanzo telehuida; no es plan de que estos pobres pasen más tiempo aquí abajo del necesario, sinceramente.

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Una vez el Director ha sido informado, y los alumnos han atendido a sus necesidades antes de irse a dormir decentemente por primera vez en mucho tiempo, soy informada de que los instructores de armas han regresado de su conferencia anual. He de admitir que me interesa lo que tienen para enseñar, y ya que sólo dispongo hasta final del término para ello. Una vez finalice este periodo, Marioneta y yo regresaremos a Moraleja del Soto, donde fingiremos que su enfermedad ha regresado mientras se encontraba en la Academia estudiando, se despedirá de los sirvientes y me entregará el Yggo.

Hasta que ese momento llega, sin embargo, Marioneta y yo compartimos clases de música y literatura, y me anima en mis estudios de esgrima. Penélope nos hace compañía, al igual que Celso y el resto de su pandilla de vez en cuando; el grupo nos ha tomado bajo su ala, supongo que como agradecimiento por haber rescatado a sus amigos.

Los días se suceden, siempre repletos de cosas que hacer, hasta que llegamos al final del término. Las despedidas se vuelven algo lacrimógenas, más por parte de nuestros compañeros que por la nuestra, y lanzo un telerregreso en dirección a Batsureg; después de todo, tengo una cita pendiente con los fantasmas del pueblo de Gerzuun, y seguro que a Marioneta le gustará el ver un nuevo lugar - de hecho una vez estuvo todo resuelto me acompañó al interior de la antigua Academia, curiosa por verla.

Sin embargo, una vez llegamos allí los habitantes nos ven, y nos invitan a pasar la noche y contarles qué ha sido de nosotras. Sin poder simplemente decirles que no, Marioneta y yo accedemos y procedemos a presentarles nuestros respetos al Jefe.

Intercambiamos pequeñas noticias y curiosidades, y de hecho me habla del grupo de visitantes que se aproximó hasta el asentamiento hará algo más de una luna, en nombre de los Irujo, proponiéndoles negocios. Me sorprende que hayan llegado hasta aquí tan rápido, cuando iba a ser yo misma quién estableciera este canal, y Batzorig me dice que se supone que deberían volver en unos días.

Ya que de todas formas Marioneta y yo íbamos a ir hasta Gerzuun, decidimos hospedarnos en la posada de aquí; Batzorig cruza una mirada conmigo cuando menciono esa visita en particular, y a su vez le explico que quiero purificar el lugar para que las almas de los que cayeron encuentren la paz.

Comprendiendo esto, Batzorig me ofrece un par de corceles, que le agradezco determinadamente, y al día siguiente Marioneta y yo comenzamos el viaje hasta el antiguo pueblo.

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Una vez regresamos de Gerzuun, varios días más tarde, nos topamos cara a cara con la Capitana Ilham, quien comanda el Orgullo de Moraleja del Soto a nuestras órdenes. Aparentemente después de regresar a la ciudad y enterarse de nuestros planes sobre el comercio y viaje internacionales, habiéndonos escuchado mientras cantábamos maravillas acerca de este sitio que la tripulación no había visitado con nosotras, decidieron someterlo a votación y establecer comunicación, convencidos de que nos agradaría expandir nuestros contactos aquí.

Al final de la reunión se decide que Batsureg estará contento de hacer negocios con los Irujo, pero que agradecerán si se les envía aviso por halcón cuando la tripulación se encuentre cerca, así podrá salirles al paso una escuadra de cazadores para protegerles de los monstruos o hacer el intercambio más a medio camino entre el enclave y el mar. Incluso si el mismo enclave es nómada y a cada estación se encuentra en un lugar diferente de la estepa.

Tras un último intercambio, en el cual apretamos fuertemente los antebrazos del otro antes de desearnos buena ventura, nos despedimos, tanto de la tripulación como de Batzorig, antes de regresar a Moraleja del Soto.

Ya desde que volvimos a Batsureg Marioneta ha ido haciendo uso de un cuidadoso maquillaje para presentar un aspecto más pálido y cansado, habiendo utilizado primero la excusa de los estudios y exámenes finales. Supuestamente el ir a Gerzuun era para proporcionarle un soplo de aire fresco que la hiciera recuperarse antes - esta es una farsa que debemos venderle a todos los que nos conocen salvo a los sirvientes.

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La aparente enfermedad de Marioneta es larga y ardua, presentando los mismo síntomas que en el pasado, y el médico no hace siquiera un esfuerzo por examinarla; ya sabe que no tenía cura entonces y no la hay ahora, sin un dorado fruto brillante a su disposición.

Su entierro se vuelve un asunto privado con poco barullo, atendido únicamente por los sirvientes y yo misma.

Extrañamente, no puedo evitar que se me escapen unas cuantas lágrimas; durante el pasado año Marioneta ha sido una buena amiga, capaz de entender mis dilemas en lo referente a los mortales. Voy a hecharla mucho, muchísimo de menos, sinceramente.

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Ahora que tengo los siete Yggos por fin, tras dejar mis asuntos en orden -los dos nuevos barcos ya han sido fletados, hay varios contratos establecidos entre las tripulaciones y los distintos reinos con los que tratan comercialmente, los criados ya han comenzado a preparar las obras para reconvertir la mansión de los Irujo en una Biblioteca, dado que no me alojaré mucho tiempo allí- y visitar a toda la gente que se preocupa por mí alrededor del mundo, es que Estela y yo emprendemos el viaje al Observatorio.

Me pueden los nervios, a sabiendas de lo que me espera ahora.

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En gran parte, es un alivio ver como mi maestro se encuentra perfectamente. No tiene heridas visibles ni parece incómodo. Se me escapa una leve sonrisa cuando escucho la primeras palabras que me dirige.

"Bienhallada, Nordlys. Hacía tiempo que no nos veíamos". Estela pregunta que quién es este, y no puedo reprimir una pequeña risita. Sin embargo mi maestro es tan estricto como de costumbre, y no le dirige ni una mirada pese a que Estela acabe de saludarle y presentarse. Lo cual la molesta, como es normal.

Una vez me pide que le deje llevar a él los Yggos de vuelta al Observatorio ella y yo cruzamos una mirada. Le respondo negativamente, porque tengo unas apariencias que guardar, tanto la primera vez que me lo pide como la segunda vez que me lo ordena. Puedo notar el peso de su autoridad sobre mí, impidiéndome moverme: un Celestial no puede nunca desafiar a su superior.

Hasta que no conceda no podremos hacer nada más, como bien sé, así que al final acabo entregándoselos. Con esto él me da una alabanza, diciendo que no podría esperarse menos de su alumna, recogiendo siete Yggos del mundo mortal. Pareciera que se dispone a ir hasta el Observatorio, cuando una voz nos interrumpe.

"Lo has hecho sehr gut, Engel, viejo amigo".

Aún esperando esta traición, no puedo evitar la forma en que mi expresión cambia, desalentada. Estela misma está recriminándome el haberle dado los Yggos 'a ese tío calvo', como es perfectamente natural.

Con esto posiciono mi mano sobre la empuñadura de mi espada, aunque no hay nada que pueda hacer antes de que mi maestro lo note. "Pretendes detenerme" dice torciendo el gesto. Yo sé que es inútil, puedo notar ya la presión sobre mi cuerpo impidiéndome el movimiento. Soy incapaz de hacer nada mientras mi maestro me ataca; de un solo ataque me ha cruzado con su espada desde uno de mis hombros hasta la cadera. Pierdo el conocimiento por causa del dolor.

A/N:

(1): En relación con la expresión "hechar de menos".

Nunca he entendido por qué razón todo el mundo lo escribe sin "h". Cuando echas a alguien es que le expulsas. Cuando "hechas a alguien de menos" es que "le haces de menos", porque ya no está tanto tiempo contigo. Siempre lo he escrito con "h" y no voy a cambiar ahora, pero en caso de que a alguien de repente le sangraran los ojos al leerlo, ahí está mi razonamiento. Haced con ello lo que creáis conveniente.

(2): A día 13 de Marzo, habiendo escrito y jugado con desenfreno desde el 9 (habiendo conseguido ya mi quinto Yggo) y viendo el número de palabras que tiene ya este capítulo (8098), bueno, hay una parte de mí que dice, "aún no has empezado el arco de Sheba, y si cortas este capítulo aquí y haces que tenga dos partes?". Pero NO. Soy cabezota y quiero que La Búsqueda de los Yggos esté toda completa en una sola entrega. También es verdad que hay como alrededor de 4k palabras que no deberían haber existido, porque como ya habéis leído todos, me sobrevino la visión de mi primera gran desviación con consecuencias inmediatas y no me pude resistir. Al menos estoy ya a punto de salir en barco desde Moraleja del Soto con Marioneta y poder contar el arco de Draco y Daena, pero madre, que descontrol (y que feliz que soy yo, porque leches, cada vez que me pongo a pensarlo seriamente este juego que tanto adoro es una historia triste tras otra, y al menos escribir esto me está dando la posibilidad de darle un final más feliz a una de mis historias preferidas).

(3): A efectos prácticos Nordlys ha vivido desde el comienzo de su aventura dos veranos, dos otoños, dos inviernos y una primavera que se está convirtiendo en dos mientras resuelve la situación de Draco y Daena y se encamina a Batsureg. Es decir, que si tenía 15 años cuando todo esto comenzó, ahora tiene 17, más o menos. No tengo manera de ver qué edad tiene la gente, salvo lo que recuerdo de que se supone que Martín de Draquipoche tiene 12 años y Jonasa por ahí iba, que Sada se supone que al comenzar el juego tiene 14 y Marion/Marioneta no tienen edad. Y todo eso es información hace varios meses (probablemente un año) que recuerdo de cabeza porque todo eso ha desaparecido de la web, se ha volatilizado quién sabe a dónde, pero no lo encuentro. Me gustaría decir que tienen todos edades razonables, pero eso sería una tremenda mentira. Es decir, QUE ME LO VOY A INVENTAR. Y a correr se ha dicho, hombre. Me da tremenda rabia el tener que ser tan inconsistente conmigo misma mientras voy escribiendo esto en lo referente a la línea temporal, pero que le peten a todo haré lo que me dé la gana con lo poco que se tiene, arg.

(4): No tengo ni la más remota idea de cómo se fabrican barcos, ya sea en la actualidad, o cuánto se podía tardar en fabricar uno en el pasado - aunque en este último caso asumo que sería un montón. Si sé que se debían calafatear para que no hicieran aguas, pero hasta ahí llega mi nimio conocimiento y a estas horas de la noche no quiero ponerme a investigar.

(5): Ya parecía que no se iba a terminar nunca a pesar del rápido ritmo que le he metido al juego para completar este arco. Pero no, helo aquí, terminado! Qué alegría, por favor, con 15338 palabras finales, duplica el capítulo ¡El Expreso Celestial volverá a volar! y todavía le añade unas cuantas palabras más. No he descrito la caída de Nordlys a Draquipoche porque se supone que está inconsciente; no ha visto ni al Teniente Eule ni a Fafnir. A mayores también he de añadir que he estado escribiendo casi sin parar desde el 9 de Marzo y no tengo beta. Avísenme si es que encuentran algún fallo de ortografía, por favor.

(6): Como último detalle que no le importa a nadie más que a mí: para cuando este capítulo ha terminado han pasado alrededor de 3 años desde que Nordlys cayó al Protectorado la primera vez. Es decir, que esta será la edad que tengan cuando comience el siguiente capítulo cuyo título aún no tengo:

Nordlys: 18 años.
Sada: 17 años.
Aldonza: 19 años.
Catarrina: 25 años.
Lupus: 28 años.
Jonasa: 12 años.
Pancracete: 10 años.
Batzorig: 26 años.
Celso: 21 años.
Martín: 15 años.