Una acción egoísta favorece la aparición de otras más, todas ellas crean una reacción en cadena que trae tristes consecuencias. TMNT Universo Fast Forward. Autoría compartida con AKIANE.

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Viviendo en el engaño

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― Te lo he dicho, Leonardo ―, Donatelo le decía con un tono cansado, sin voltearlo a ver, interesándose más en el nuevo diseño de robot que realizaba que en la confesión de su hermano. Tal vez por su carácter discreto y tranquilo Donatelo era el confidente perfecto para Leo ―, no es para ti, pero ahí vas a cada momento, intentándolo e intentándolo.

―Pero es que Donnie…

― Pero es que nada Leo, desde que te diste cuenta de tus sentimientos por él no has hecho más que imaginarte que cualquier palabra o acción tiene la intención de declarar su amor por ti y al final terminas ilusionado y hecho pedazos.

― ¡Oye! Eso no es justo. Yo no termino hecho pedazos. Yo me concentro en meditar lo que sucedió.

― ¿Ah no? La última vez que te desengañaste no salías del dojo, me era doloroso verte sonreír cuando tus ojos lo que querían era llorar. Y lo digo por mí, Mikey es tan distraído que no se dio cuenta y Rafael… no sé qué caparazones pasa por esa cabeza dura, no sé si de verdad no se da cuenta o es que le gusta verte sufrir.

― No Donnie, aunque él no me vea como yo lo veo a él, estoy seguro que nunca haría nada para lastimarme ―. Donatelo dio un suspiro profundo y miró a Leo directo a los ojos, tomó el brazo de Leonardo y le mostró una cicatriz que estaba justo en el antebrazo ―. La última vez estabas tan absorto que no viste a Destructor cuando te hizo esto, Leo, no quiero verte mal, por favor, no te pierdas en tus emociones; tú no eres así, sólo que ese cabezota logra crear ese efecto en ti, por eso te pido que vayas con pies de plomo.

Leonardo comprendía la preocupación de Donatelo ―. Es bueno ver que te preocupas por mí ―, el joven líder de verdad agradecía a su inteligente hermano por todo lo que hacía por él, se hubiera vuelto loco si no hubiera podido confiarle a alguien lo que sentía.

― Eres mi hermano mayor, si algo te pasa tendría que lidiar con Rafael y eso es algo que no pretendo que pase ―. Le regresaba una cálida sonrisa.

Muchas veces no hay nada mejor que los consejos de una persona que está por completo fuera de la situación problemática para tener una mejor perspectiva de las propias acciones. Todas las palabras de Donatelo, llenas por completo de una genuina preocupación por el corazón noble de su hermano mayor eran las mejores para darle un empujón en la dirección correcta a las acciones del ninja de azul.

― Donnie tiene razón, debo dejar de construir castillos en el aire, primero debería averiguar si Rafael podría corresponder a mis sentimientos antes de dejarme arrastrar por algún descuido que podría costarnos caro a todos ―, cavilaba el joven líder al mismo tiempo que una vez más, sintiéndose protegido en su hogar, se dejaba llevar por esa comprensible obsesión por el que había despertado en él el sentimiento que florece cuando se es joven e inexperto como lo era él.

Tan ensimismado estaba en su andar directo a la cocina que Leonardo no pudo evitar el chocar justo con Rafael cuando la ruda tortuga salía del lugar llevando en sus manos una botella de cerveza recién abierta.

― ¡Ten cuidado Intrépido! ― se quejó Rafael sacudiéndose las pocas gotas de la bebida que habían salpicado a su mano ― ¿Qué te pasa últimamente? ¡Andas por ahí como si fueras un zombie!

El valor que Leonardo había empezado a reunir para interrogar al de rojo se habían esfumado por completo después de ver la mirada iracunda mezclada con un poco de indiferencia de Rafael al quejarse. La gruñona tortuga pasó de largo yendo directo al sofá para ver televisión al ver que su hermano mayor no articulaba palabra para responderle.

Pero Leonardo no era de los que se rendía fácilmente, volviendo de nuevo a sentirse seguro, se acercó lentamente al sillón donde estaba Rafael, pero no podía evitar sentirse como un manojo de nervios. Percibía con pasmosa claridad como los latidos de su corazón se incrementaban en fuerza, hubiera jurado que su plastrón iba a cuartearse debido a ello.

Sentándose en el otro extremo del mueble, Leonardo, acostumbrado a pensar con rapidez en el campo de batalla, ya tenía en mente las palabras que él consideraba correctas para conocer la respuesta a una de las preguntas más importantes en su vida.

― No estoy de humor para aguantar tus quejas, Splinter Junior, ¿por qué no te vas a otro lado y me dejas ver la televisión en paz? ― Ese microsegundo justo antes de que Leo expusiera sus sentimientos hizo la diferencia. Sintiendo el golpe en su corazón al casi poder percibir el aroma del fastidio emanando de su hermano de rojo, Leonardo sólo se levantó un poco molesto y se retiró, ya encontraría un mejor momento.

Pero no había sido una casualidad, Rafael ya tenía el presentimiento de que algo extraño le sucedía a su hermano y por alguna razón sentía que él era la causa y por eso empezaba a evitarlo de la única manera que él sabía era efectiva: insultándolo o siendo sarcástico. Comenzaba a sentirse bastante incómodo porque Leonardo ya tenía tiempo que no discutía con él y muchas veces hasta con pasarle el envase de leche a Leonardo para su cereal, era suficiente para que el de azul sonriera como si le hubiera dado un gran tesoro, eso lo tenía muy confundido.

― El muy imbécil quería decirme algo y la verdad yo no lo dejé ―, Rafael terminaba su explicación con Casey quien ya pasado en copas solo reía burlón.

― Él quería un beso, muac muac ―. Comentaba, tambaleándose un poco ―. En serio amigo, te digo que deberías hacer algo definitivo.

― Tú cállate, estás ebrio ―. Rafael contestaba dando otro sorbo a su cerveza, pero muy dentro de él sabía que debía hacer algo referente a Leonardo.

Esa noche llegó a la guarida, bailando y cantando sin medir el volumen. Al entrar cerró la puerta con un azotón y tiró la botella que tenía en la mano.

― ¡SSSHHHHH! Cállense o nos va a escuchar… ― decía a la puerta y la botella al momento en que la luz se encendió ― … Splinter junior.

Leonardo lo había estado esperando.

― ¿Qué quieres? ¿Por qué carambas no te vas a dormir y me dejas beber en paz?

Pero contrario al sermón que se esperaba, Leonardo fue a él y con gentileza le ayudó a caminar hasta llevarlo al baño donde lo limpió.

― Estas muy ebrio Rafa, sabes que no debes hacer esto o serías una presa fácil para los clones.

― Si, si, si, los clones, siempre esas copias baratas. En serio Leo, tú tienes una obsesión con ellos.

― Y tú eres afortunado de volver con vida ―. Leonardo lo abrazó y Rafael le correspondió ―. En serio Rafa, si algo malo te pasara yo no sabría cómo seguir.

― Entonces nada malo me pasará porque yo soy Rafael y soy el mejor ninja de todos ―. Leonardo lo miró con paciente ternura y lo llevó hasta su cuarto, lo arropó.

― ¡No soy un niño Leonardo! No me trates como tal.

― Esta bien señor maduro, es hora de descansar ―. Leonardo apagó la luz y Rafael cayó rápidamente en el sueño profundo, la complicidad de la oscuridad permitió que Leonardo acariciara la mejilla del recién dormido, su corazón latía con prisa, se acercó a su oído murmurando algo en él, paseó sus labios sobre los del hermano y tentado a robar un beso decidió dar un paso atrás.

― Llegará el día en que aceptes el amor que ahora te ofrezco ―. Acomodó las sais en su lugar y salió pronto, temeroso de lo que podría llegar a hacer si no se separaba de él, de modo furtivo entró a su habitación tratando de calmar corazón y mente en un vaivén de pensamientos.

A la mañana siguiente dos pensamientos estaban bien fijos en la mente de Rafael, el dolor de cabeza insoportable que todos los días debía sufrir como expiación después de una invitación de Casey a beber y las palabras del humano respecto a Leonardo: "Él quería un beso…"

Hacía ya tiempo que Rafael había albergado sentimientos inconfesables con respecto al de azul, pero… sólo eran sensaciones físicas o cuando menos eso creía, no hay sentimiento más parecido al amor verdadero que el engañoso que está disfrazado con el atuendo del anhelado placer físico.

La ruda tortuga bien sabía que amaba a Leonardo como hermano y no estaba seguro si aquel amor que alguna vez había tenido por él era del tipo para compartir no sólo su cuerpo sino también toda su vida.

Estando en medio de esas cavilaciones empañadas por la resaca, la alarma en el edificio de Cody resonaba a más no poder después de haber detectado la nave que los clones de las tortugas tenían para invadir el lugar.

Continuará...