Estando en medio de esas cavilaciones empañadas por la resaca, la alarma en el edificio de Cody resonaba a más no poder después de haber detectado la nave que los clones de las tortugas tenían para invadir el lugar.
― ¡Vamos Rafita! ― le gritó Mikey pasando a su lado como bólido.
― ¡Es la alarma, Rafael! ― Donatelo hizo lo mismo que Mikey pero con un tono de voz más disgustado por todo lo que estaba sucediendo con respecto a su hermano mayor.
― ¡YA LO SÉ! ― Rafael se sujetó la cabeza con ambas manos apretando con fuerza tratando en vano de recuperarse un poco para pelear. Justo cuando sus dientes empezaban a rechinar por la frustración que sentía, un par de gentiles manos sobre sus hombros le hacían voltear hasta encontrarse con el rostro de Leo.
― No te preocupes Rafael, nosotros nos haremos cargo, el maestro Splinter ya estaba fuera cuidando de su jardín, tú quédate, en tu estado podría ser peligroso que te arriesgues a ser herido ―. Después de dar esa orden a su hermano, Leonardo al igual que los demás se dirigió a la azotea no sin antes sonreírle a su hermano de rojo.
La expresión en el rostro de Leonardo le impidió a Rafael el poder responder a eso, era la primera vez desde el inicio del extraño comportamiento de su hermano que lo veía con detenimiento. La mirada en sus ojos mostraba sin lugar a dudas el mando, pero matizado con una preocupación tan marcada por su seguridad que Rafael, por instinto, sabía que no era amor fraternal.
Un par de minutos transcurrieron antes de que la personalidad de Rafael aflorara. Frunciendo el ceño, sacó de su cinturón ambos sais y empuñándolos con fiereza, salió corriendo también en dirección de la pelea.
Todos sus hermanos mantenían a raya a todos los invasores quienes a pesar de darlo todo, eran incapaces de llevar a cabo su misión. Por casualidad o por genuina intención cada quien se estaba enfrentando a su propio clon, la única excepción era el Dark Rafael quien tenía como oponente a Splinter.
La anciana rata, plenamente convencida de que estos seres sólo necesitaban una oportunidad para dirigirse en la dirección correcta, no atacaba a su oponente para dejarlo inconsciente, sino para aplicar un punto de presión que lo dejaría incapacitado para seguir en la lucha. Y lo logró.
― ¡Eres un maldito inútil! ― le reclamaba Dark Leonardo, pero también cayó derrotado a los pies del líder original quien no se aprovechó del oponente caído.
― Vete y llévate a tus compañeros, no queremos lastimarlos ―, le ordenó el ninja de azul ―, nunca conseguirán el acabar con nosotros; tú y tu hermano de rojo ya han sido vencidos.
El clon de Leo sólo atinó a gruñir al escuchar eso ―. No me importa ese idiota, merece morir.
El Rafael original al ver que su clon estaba en el piso dirigió su mirada a todos los demás. Decidió ayudar a su hermano más joven, pero los efectos del alcohol ingerido la noche anterior lo hicieron tambalearse un poco perdiendo el balance por un instante, eso provocó que Mikey, al verlo acercarse, se distrajera por un segundo el cual su clon aprovechó para intentar herirlo con sus hachas.
Al ver eso Leonardo de inmediato se interpuso frente a su hermanito salvándolo de ello. Dark Mikey retrocedió asustado y decidió huir. Dark Donatelo hizo lo mismo y siguió a su hermano de piel amarilla sin importarle que Dark Rafael quedaba a merced de sus enemigos.
Dark Leonardo también ya se había puesto de pie, pero antes de huir lanzó un par de dagas, cada una de ellas apuntando a los dos ninjas de rojo. La que estaba dirigida al clon acertó a herirlo, la hoja incrustándose en uno de sus costados, pero la que tenía como blanco a Rafael nunca tocó su cuerpo Leonardo lo cubrió rodeándolo con sus brazos, así que sólo quedó una marca en su caparazón.
― ¡Adiós "hermano"! ― se burlaban los clones del que quedaba en el campo de batalla herido y furioso ― ¡Ya volveremos a enfrentarnos tortugas! ― La aeronave escapó toda potencia.
― ¿Estás bien, Rafa? ― Leonardo ayudó a su hermano a ponerse de pie.
― ¡Claro que estoy bien! ¡Suéltame, no necesito que me ayudes! ― Rafael apartó con desdén las manos de Leonardo de su persona sin importarle la mirada triste que aquella acción desencadenó en el de azul.
Dark Rafael observaba con atención, tan concentrado estaba que no se dio cuenta cuando los demás lo rodearon, cuando se percató de ello se levantó de inmediato; tan pronto dio el primer paso un agudo dolor, producto de la cuchillada causada por la daga que su propio hermano había arrojado en su contra, lo hizo caer al suelo, sus ojos mirando el hilo de sangre que salía de la herida.
― ¡Ustedes son unos malditos! ¡Y los acabaré a todos! ― gritó con voz estentórea disponiéndose a pelear. Donatello fue el que primero se acercó más con sumo cuidado.
― Hey amigo tranquilo, no te muevas mucho o te desangraras ―. Dark Rafael miró la daga y de un jalón la sacó.
― Esto no me detendrá en mi venganza contra ustedes ―, la lanzó contra Donatelo pero Leonardo intervino de nuevo alcanzando la daga en el aire sin lastimarse y justo a tiempo para que no llegara a Donatelo.
― ¡Te vas a tranquilizar o te tranquilizaré! Tu venganza es estúpida y nos tiene sin cuidado, pero si te atreves a lastimarlos no dudaré en terminar lo que Dark Leonardo comenzó ―. El clon se sentía cada vez más mareado, pero le parecía tan extraño que Leonardo protegiera a los suyos así. ― ¡No lo entiendo! ¿Por qué protegerlos? Sólo son un lastre para ti ―. Leonardo cambio su mirada por una incomprensible... era compasión.
― Porque son mi familia ― La mirada que usó al decirlo, la voz con perfecto amor y la devoción que había mostrado le parecía bastante estúpido.
― ¡Ja!... eso... eso nunca es bueno... nadie es capaz de cuidarte, debes ver solo por ti, por nadie más ―, decía tambaleante y cuando estaba por caer, Leonardo y Donatelo lo sostuvieron, el clon se desmayó mirando a profundidad los ojos de Leonardo.
Los siguientes días fueron el escenario de un profundo y gradual cambio en los sentimientos de Dark Rafael, tal como lo viven los pequeños humanos que han aprendido a caminar, todo para ellos es una aventura, un descubrimiento o una pequeña dosis de adrenalina en algunos de esos casos. No hubo ni un momento en el cual el clon no quisiese preguntarse, investigar o desear un poco de lo que se mostraba ante sus ojos.
Empezó justo el día en que recuperó la consciencia, recostado en una cómoda cama de enfermería conoció por vez primera lo que era ser tocado con gentileza.
― ¿Dónde… q-qué haces? ― preguntó con ronca voz la enorme tortuga de piel roja tratando de alejarse al notar a un lado de su cama a Leonardo.
― Reviso tu herida y cambio tus vendajes ―, respondió Leonardo con voz serena sujetando con cuidado el brazo del enorme clon regresándolo a la cómoda posición en la que se encontraba antes de despertar ―. Mi hermano Donatelo está ocupado en este momento, pero no te preocupes, puedo hacerlo a la perfección, aprendí muy bien de él.
Dark Rafael no pudo evitar el notar no sólo una sonrisa casi imperceptible en el rostro de Leo cuando pronunció el nombre de su joven hermano, sino que también pudo apreciar el ligero cambio en el tono de voz, el cambio de serio a orgulloso. Después de experimentar aquello, el clon recobró su actitud pendenciera.
― ¡Suéltame! ¡A mí no puedes engañarme! Lo que quieres es arrancar un pedazo de mi cuerpo para hacer experimentos ―. Un enorme puño se situó justo a unos centímetros de la quijada del joven líder.
Leonardo se detuvo por un momento mirando directamente a los ojos del enemigo que él y su familia habían decidido no dejar a su suerte.
― No hay nada honorable en abusar de un enemigo que ya ha sido vencido, además necesitas ayuda, ninguno de nosotros podemos quedarnos sin hacer nada cuando alguien está sufriendo ―. Los ojos de Leonardo expresaban un genuino deseo de atenuar su dolor, algo que el clon nunca había podido experimentar al vivir junto a los demás clones.
Poco a poco y a pesar de pensar que podría verse como un cobarde o inútil, el clon retiró su mano hasta que regresó a una posición relajada para que Leonardo terminara su tarea, pero no le quitó la mirada de encima.
Continuará…
