Poco a poco y a pesar de pensar que podría verse como un cobarde o inútil, el clon retiró su mano hasta que regresó a una posición relajada para que Leonardo terminara su tarea, pero no le quitó la mirada de encima.
La herida había sido profunda, pero la suerte quiso que no tocase ningún órgano vital en el cuerpo del clon, aun así, no pudo evitar una mueca de dolor. Leonardo se dio cuenta y de inmediato pulsó un botón en la cabecera de la cama. Un flexible y delgado brazo robótico roció la herida con una substancia que anestesió la zona, con lo adelantado de la medicina en el futuro, el remedio hizo efecto al instante.
― ¿Mejor? ― La pregunta en labios de Leo sorprendió mucho al clon, y su sorpresa se acrecentó al ver que, a pesar de no haber contestado la pregunta, la tortuga más pequeña siguió tocándolo con delicadeza.
Al terminar, Leonardo se aseguró de que el herido estuviese cómodo, retrocedió unos pasos, desactivó el escudo protector para salir y volvió a activarlo una vez más.
― En un par de horas Mikey terminará de cocinar el almuerzo y te traerá una generosa ración, yo que tú no me rehusaría, Mikey es un verdadero prodigio combinando los alimentos ―. Con esas palabras Leonardo se despidió dejando al clon solo de nuevo en medio de esa soledad que tanto necesitaba, no para descansar, sino para pensar.
En donde él vivía nunca había podido experimentar el que alguien se ocupase de él de esa forma, claro que no sufría por culpa de las heridas porque los clones tenían a su disposición un robot médico fabricado y programado con tecnología de punta, pero… privado por completo del toque cálido y comprensivo que otro ser vivo puede proporcionar.
El haber podido experimentar por primera vez aquello de parte de una de las tortugas originales era… algo por completo extraño para él y lo peor de todo es que por alguna extraña razón, ansiaba mucho más.
Después de un corto tiempo llegó a la conclusión lógica: ni siquiera sus propios hermanos se preocupaban por él. Desde que recordaba todos ellos peleaban no sólo por la comida sino hasta por lo mejores lugares para descansar, el cariño era algo desconocido para todos ellos, ni siquiera podían aspirar a presumir de tener compañerismo, no había absolutamente nada que los mantuviera unidos más que la venganza de un hombre mezquino que los había traído al mundo sólo para desquitarse de un jovencito.
― ¡El almuerzo está listo! ― la voz animosa de Miguel Ángel, que en ese momento le sonó muy molesta, interrumpió sus cavilaciones.
Entrecerrando los ojos, miró fijamente al joven bromista quien cargaba una gran charola con dos platos humeantes y un vaso enorme de una bebida que de lejos emanaba un olor que hacía agua la boca.
En el instante que Mikey activaba el efecto anti-gravedad de la charola para que atravesase el muro lumínico de seguridad el clon empezó a gruñir, digna copia de un Rafael furioso.
― A petición de Leo, te he preparado un platillo que Donnie me ha dicho que está repleto de nutrientes para que te mejores más rápido. ¡Disfrútalo!
El estar acostumbrado a estar siempre hambriento delató al clon cuando su estómago gruñó al percibir esos inusitados aromas para él. De primeras estuvo a punto de irse en picada sobre la comida, pero al escuchar que por petición del de azul Mikey había preparado aquello para él, se le escapó una sonrisa que casi al instante reprimió y un grito furioso tomó su lugar al darse cuenta que Mikey lo había notado. Un brutal manotazo a la charola dejó toda la comida esparcida por el piso.
― ¡Lárgate y dile a ese maldito estúpido que no necesito su lástima!
― ¡Pero si sonreíste al olfatear mi comida! ― Lloriqueó el más joven atribuyendo la sonrisa del clon a los aromas, eso tranquilizó mucho al clon, algo que se sorprendió de estar sintiendo, ¿por qué?
Sin mirar de nuevo a la tortuga más joven el clon sólo se recostó de nuevo alegrándose mucho cuando Mikey se retiró. Una mirada furtiva a los alimentos desperdiciados le hizo ponerse un poco triste, pero no por el hambre sino por algo que no podía comprender, eso lo hizo sentirse furioso, lo único que hacían sus sentimientos era dar vueltas en círculo y todo por pensar en la forma en que Leonardo lo había tocado.
Un par de minutos más tarde, Leonardo y Donatelo entraban con él ―, Mikey dice que tiraste la comida.
― Si ¡Y qué! ¿Vienes a reclamarme? ― Leonardo suspiró llenándose de paciencia.
― Mira, sé que no somos tus personas favoritas en estos momentos y tal vez quieras volver con tus hermanos, así que debes estar bien, tienes dos formas de recuperarte, comiendo la deliciosa comida que Mikey hace o… ― haciendo una señal, Donatelo se acercó con una aguja muy… muy… muy larga ―, Donatelo dispondrá a alimentarte con suero ―. El clon pasó saliva y vio que Leonardo no estaba jugando.
― ¿Qué pasa contigo? ¿Acaso no te diste cuenta? No tengo la más mínima intención de volver con mis hermanos, nadie ve por otro, nadie es más importante que uno mismo y eso de cuidarse y protegerse los unos a los otros es solo una patraña.
― No lo es ―, exclamó Donatelo ―, Leonardo cuida de todos, si tu Leonardo no lo hace es porque se trata de exactamente su opuesto.
La incredulidad se reflejaba en el rostro del clon ―. Sí, claro, mejor díganme, ¿por qué hacen todo esto? Nosotros somos enemigos.
― No, en eso estas mal ―, dijo Leonardo a modo de respuesta ―, tú no eres nuestro enemigo, ustedes nos consideran así porque eso les han hecho creer, pero nosotros no buscamos pelea, nosotros defendemos a nuestra familia… sabes… en cierta forma ustedes también son de nuestra familia ―. Esta declaración sorprendió al clon.
― Date cuenta que siempre que hemos tenido enfrentamientos ha sido porque ustedes nos provocan, nunca hemos sido nosotros los que atacamos. Si eso cambiara podríamos llevarnos mejor, quiero que sepas que hay diferentes formas de vivir y de cómo afrontar la vida; es solo tu elección y de nadie más, así que… tu elige ¿Quieres una deliciosa sopa o quieres una sonda? De cualquier forma, te vas a recuperar y cuando eso pase tendrás otra elección. Así que piénsalo.
Dark Rafael no vio más que sinceridad en el ojiazul ―. Está bien ―. Tomó el plato que Leonardo le ofrecía y probó la sopa, caliente, suave, cremosa, bañada con aromas y sabores nunca conocidos por él.
Miró a Leonardo con sorpresa ―. Te lo dije, nuestro pequeño Mikey es todo un chef, de seguro se alegrará de saber que te ha gustado, a la próxima díselo tú mismo.
Leonardo le dedicó una sonrisa cuando el clon, tratando de hablar al mismo tiempo que sorbía el alimento, derramaba la sopa. Leonardo se acercó para ofrecerle una servilleta, un sonrojo por parte de Dark Rafael no pasó inadvertido para Donatelo quien después de activar el campo de protección fue junto a su hermano.
― ¿No le estás dando muchas libertades? En todo caso, ¿no crees que puede ser algo contraproducente?
― ¿Por qué crees eso? Solo soy amable.
― Leo… no quiero poner cosas en tu cabeza, pero… bueno, mejor no seas tan confiado, ¿quieres? Ya es suficiente con que Rafael desprecie tus afectos como para que ahora su clon haga lo mismo… o peor… – Comentaba Donatelo caminando a la cocina.
― Él no es malo, solo necesita darse cuenta ―. Es lo que Leo le comentaba a su hermano al tiempo que caminaban.
Durante los siguientes días el clon se la arregló para que Leonardo fuese su constante acompañante, valiéndose de quejas o mentiras logró que Leo lo asistiera cuando se alimentaba o cambiara su cama a la azotea donde Splinter cuidaba de sus bonsáis al mismo tiempo que Leonardo entrenaba. También cuando era hora de divertirse un poco lo convencía para ver la televisión junto a él sin mencionar el estar necesitado de ayuda cuando estaba en la sala especial para su rehabilitación.
Claro que no siempre estaba feliz, algunas de las veces Leonardo estaba acompañado por algunos de sus hermanos, pero la tortuga que el clon más odiaba era Rafael. Y no sólo porque la ruda tortuga original lo veía de reojo sino porque la sonrisa de Leonardo al estar hablando con él era mucho más brillante, cálida y tierna.
― ¿Quieres que te traiga algún bocadillo, Rafa? ― Ofreció Leonardo levantándose del sillón cuando se terminó su té.
― ¿Por qué de pronto estás tan servicial, Intrépido? Hasta siendo considerado eres molesto ―. Por culpa del enamoramiento Leonardo se imaginaba que Rafael en realidad no quería molestarlo, sólo que no sabía cómo decirlo, así que el de azul sólo se sonrió al escuchar la respuesta.
― ¿Tú quieres que te traiga algo? ― preguntó Leo amablemente a la copia de Rafael, pero el clon sólo se encogió de hombros.
Tan pronto como Leo se retiró a la cocina el clon quiso buscar pendencia a Rafael.
― ¿Por qué te gusta ese luchador? De lejos se nota que es un imbécil que no sabe pelear en equipo.
― ¿¡Y a ti que te importa!? Como si tú y los tuyos supieran lo que es pelear así…
― Se supone que tú eres de los buenos, idiota, y ni aun así sabes cómo hacerlo ―, eso último fue la gota que derramó el vaso.
Rafael se levantó furioso de su asiento.
Continuará...
