Rafael se levantó furioso de su asiento.
Al ver eso el clon entrecerró los ojos preparándose para pelear. Pero Rafael destapó una de las cervezas que estaban en la hielera frente a ellos.
― ¡Ja!, ya sabía que eras un imbécil ―, se burló el clon ―, pero no sabía que eras un imbécil que le gusta estar alejado de los demás.
― ¡Puff! ¡Mira quién habla!
― Yo soy un imbécil, pero por lo menos valoro lo que tu hermano hace por mí.
― ¿¡Me estás llamando mal agradecido!?
― Pues tu hermano Donatelo está convencido de que nosotros, a pesar de que somos clones, somos lo contrario a ustedes... con eso ya sabrás la respuesta.
― ¡Ahggrrr! ¡Eres un idiota! ¿Cómo te atreves a decirlo? Te dimos casa y comida, incluso compañía.
― ¿Te dimos? ¡No, socio! Tus hermanos me han aceptado más a mí que a ti mismo, son ellos quienes hablan conmigo. me han dado un espacio y oportunidad de conocer cosas que yo desconocía, son amables y generosos y luego estás tú, en las pocas semanas que llevo aquí te he visto pelear con Leonardo cuatro veces. ¿Y sabes qué? Él es el que siempre te da la oportunidad de rectificar, tú nunca haces nada, lo das por hecho.
― No eres más que un sucio mentiroso. justo el otro día... ― Rafael se detuvo ante el imprevisto obstáculo de la mentira ―, bueno… la vez pasada... ¡Ash, ya cállate! ¡A ti menos que a nadie tengo que darle explicaciones! ― Lleno de ira Rafael aventó la botella de cerveza en contra de su clon, este no se movió dejando que lo golpeara directo en la frente.
― ¡RAFAEL! ― Justo Leonardo entró ― ¿Qué haces? Sabes bien que a un invitado no se le trata de esa forma. Discúlpate.
― ¿¡Qué!? ¿Pero es que no escuchaste? ¡Grrrr, eres el idiota mayor! ―. Aunque las palabras de Rafael hirieron a Leo, este lo disimuló muy bien acercándose con el clon para ver si estaba herido.
― Mejor los dejo, no tengo ganas de ver como mi otro yo se desvanece en halagos para ti, Bobonardo ―. Diciendo esto se fue de la sala.
― Lamento que mi hermano te haya dicho o hecho sentir mal, Rafael no es malo sólo tiene un carácter fuerte.
― ¿Qué sucede contigo? ¿Por qué lo defiendes a pesar de ser un patán? ― Leonardo desvió la mirada triste.
― Bueno, pues es que...
― Yo no lo permitiría... Creo... creo que yo no podría faltarte así. Bueno, sé que ha sido poco el tiempo, pero sinceramente nunca había conocido a alguien tan honorable como tú ―. En ese momento sus miradas se cruzaron.
Rafael caminaba casi estampando casa paso en el piso del edificio, su sangre hervía de ira.
― ¿¡Cómo se atreve a hablarme de esa forma!? ¡Debí haberle hecho saber que conmigo nadie se mete! ¡Cualquiera diría que Leo le gusta por como lo defiende! ― Justo en ese momento Rafael por fin atribuyó el extraño comportamiento de Leonardo en las últimas semanas hacia él. Leonardo lo amaba.
― Debo de estar loco… parece que el tonto de Casey tenía razón… ― el de rojo recordaba cada momento en que Leo estuvo cerca de él mirándolo de esa forma que para Rafael era tan rara, cada instante que Leo mostraba en su rostro una alegría que no comprendía que estaba sintiendo. La ruda tortuga comprendió de inmediato como le haría pagar a su doble por todos sus insultos, le robaría la atención de Leo.
Y empezó de inmediato.
Después de haber visto en detalle el interior del corazón del clon, Leonardo retrocedió un poco, pero fue por timidez no por estar incómodo. Esa era justo la clase de contemplación de unos segundos que Leonardo esperaba ver en los ojos de Rafael cuando él le sonreía, un reflejo de ternura que corroboraría que sus sentimientos eran correspondidos.
Dark Rafael, después de haberse visto sorprendido por el que comenzaba a amar de verdad, sonrió también rindiéndose a la inigualable fuerza de la felicidad al ver que Leonardo no lo había rechazado como él había pensado que lo haría. Poco a poco, después de ese primer momento tan especial, siguieron comportándose como la habían estado haciendo antes, pero ahora con ese enorme detalle que daba pie a una nueva experiencia para ambos.
Leonardo aún charlaba un poco con el clon acerca de una historia que Splinter le había contado una vez y que era la favorita del joven líder cuando Rafael hizo acto de presencia.
Cuando Rafael entró al lugar ambos guardaron silencio, Mikey veía la televisión y Donatelo leía un libro, pero este suceso no pasó inadvertido para él, mirando sobre sus lentes observó con mucho cuidado.
― Leonardo… me gustaría hablar contigo.
― Si Rafael, te escucho ―. A diferencia de otras ocasiones Leonardo sólo fue cordial pues en ese instante ya no le dedicó la sonrisa que Rafael le gustaba llamar "de zonso" y eso lo notó haciéndolo dudar un poco.
― Si… bueno… ―, se rascaba el cuello ―, me preguntaba si era posible que lo habláramos a solas.
― ¿A solas? ― Eso extrañó a Leonardo ―. Bueno creo que sí ―, el de azul se levantó y con una mirada le dijo al clon que volvería. Dark Rafael lo siguió con la vista hasta que ese par salió al balcón.
― ¿Sucede algo malo, Rafael?
― Bueno, malo no, pero… Leonardo ¿no te parece que ese tipo ya se puede ir? Ya no se encuentra herido y parece muy cómodo en este lugar, sobre todo contigo. No debería ser así, ya fuiste amable con él y generoso también, no me agrada que esté tan cerca de ti así que dime cuándo se irá, no me agrada ―. Los celos de Rafael se hacían presentes, pero Leonardo pasaba por alto ese detalle.
― Él ahora es mi invitado y se irá cuando él lo decida. Tal vez no lo veas y tampoco lo entiendas, pero él ha estado rodeado de miseria tanto física como espiritual, le estoy dando la oportunidad de conocer una vida diferente y mejor, si no lo entiendes es porque te ciegas y ante eso no hay nada más que esperar a abrir los ojos.
― ¿El qué de qué?... ¡LEONARDO YA EMPEZASTE A DECIR TONTERÍAS! Aquí el ciego eres tú y un idiota si crees que él no nos traicionará. ¿Por qué no puedes ver que sólo pretende llamar tu atención? Que sólo te sigue y obedece porque piensa que algún día tú y él…
― Rafael, he encontrado que sus sentimientos son intensos y honestos, sólo que no sabe cómo expresarlos y a diferencia tuyo él si me deja mostrarle cómo hacerlo ―, refutó Leonardo de la forma más serena.
Rafael apretó sus puños y cuando Leonardo estaba por irse lo jaló para besarlo de esa forma tan ruda y apasionada, tal y como él era.
Leonardo, a pesar de estar acostumbrado a esperar lo inesperado, se quedó casi petrificado al sentir los labios de Rafael sobre los suyos. El de rojo se sorprendió al sentir algo más que sólo celos y ganas de venganza en contra de su copia, de verdad estaba disfrutando el besar a Leonardo.
Después de unos momentos, Rafael se separó de Leo quien en ningún momento tomó la iniciativa para cortar el beso.
― Parece ser que yo también puedo mostrarte cómo hacerlo, Intrépido, espero ser lo suficientemente intenso y honesto para ti ―. Después de esas palabras Rafael se sintió satisfecho al observar el coloreado rubor en las mejillas de su líder, caminando lentamente hacia las habitaciones, Rafael, antes de entrar a su cuarto, dirigió una mirada penetrante a la tortuga que permanecía inmóvil y cuya respiración agitada era la única señal de que no se trataba de una estatua.
Tan pronto como la ruda tortuga entró al lugar una mano lo tomó rudamente del brazo con una fuerza que logró que Rafael por primera vez en varios meses sintiera miedo de haberse permitido que lo tomaran desprevenido.
― ¿¡QUÉ DEMONIOS PIENSAS QUE HACES, RAFAEL!? ― Un Donatelo quien de un manotazo activó el interruptor de la luz le preguntaba casi hundiendo su rostro en el de su hermano de rojo.
― ¿¡DE QUÉ HABLAS, CEREBRITO!? ― Contestó el gruñón en el mismo tono que el más listo retrocediendo para liberarse del poderoso agarre después de darse cuenta que no era un enemigo, sintiéndose bastante molesto por que el más listo le había visto el miedo en la cara.
― Si de alguna forma lo que acabas de hacer es algo para burlarte o vengarte de Leo… te las verás conmigo ―. Tal vez el tono de voz en la voz del joven científico había disminuido pero la amenaza en sus ojos entrecerrados había aumentado, algo que sorprendió de verdad a Rafael.
― Creo que eso es algo que no te importa, Donatelo… ― replicó con arrogancia el de rojo, volviendo a tomar el control de sí mismo.
― ¡Por supuesto que me importa! ― el de morado comenzaba a irritarse aún más, si cabía ―, por si no te habías dado cuenta antes… pero qué digo… ¡Claro que no tenías NI IDEA! Leonardo te ama, Rafael, y no voy a permitir que por culpa de una tonta idea que puedas tener lo hagas sentirse peor que basura. Si de verdad no te interesa el amarlo, díselo en lugar de estar dándole falsas esperanzas que lo único que van a lograr es que se rompa en mil pedazos cuando se las arranques.
― ¿¡Tú como sabes que no puedo quererlo!?
― ¡Porque te conozco! No soy como Leo que confía en todos, hasta en los enemigos. Tú mismo lo has comprobado en estos días, Leo siempre ha sido así, tiene la esperanza como un pilar de su personalidad, con un enemigo podrá sentirse triste de no haber podido guiarlo en la dirección correcta y lo superará, pero si haces cosas como la que acabas de hacer y no lo sientes de verdad, la traición en el corazón de Leo lo envenenará hasta morir. ¿¡QUIERES SER EL RESPONSABLE DE ESO!?
― Yo sé lo que hago… ― respondió el de rojo tratando de sonar convincente.
― De verdad espero que sí, Rafael, porque nuestro hermano no se merece que lo engañes de esa manera, por favor, en nombre del cariño de hermanos que nos tenemos, no le hagas daño ―. Donatelo salió del cuarto del de rojo después de asegurarse que Leo ya no estaba ahí. Suspirando se alejó de verdad esperanzado que Rafael no hiciera una tontería.
Continuará...
