Dark se fue con Leo mirando a Rafael por encima del hombro, sonriendo con satisfacción y un poco de altanería.
En la sala donde Cody tenía en exhibición todas las armas de los chicos, más las que habían pertenecido a Casey, había también una gran gama de armas de origen japonés que el chico descendiente de los Jones había comprado para añadir a su colección. Claro que las tortugas podían disponer de lo que quisieran cuando lo desearan.
Leonardo, aprovechándose del permiso, guiaba al enorme clon dándole una explicación básica de cada una de ellas sin omitir los pros y contras.
― Escoge, mi buen amigo, la que más te agrade. Sólo debes tener en cuenta que un guerrero debe inclinarse a favor del equilibrio, tanto del cuerpo como de la mente ―. Feliz de verse frente a los ojos de Leo como alguien de toda su confianza por darle la oportunidad de estar armado, el clon veía con mucho interés armas pesadas que podrían propinar golpes contundentes a quien poseyera una enorme fuerza, talento que tenía de sobra; pero, muy a su pesar, teniendo en cuenta que su original manejaba sais que lograban nivelar las cualidades en Rafael, proporcionándole agilidad, escogió armas de largo alcance que podrían, gracias a su fuerza y futura bien entrenada precisión, nivelar sus capacidades de combate pues era un poco más lento debido a su enorme tamaño.
― Creo que estas son las que quiero ―, le hizo saber al joven líder señalando una docena de kunais dentro de una vitrina.
― Perfecto, Dark, son excelentes armas, forjadas con los mejores materiales, soportarán el duro trato que puedas darles y con el tiempo, con honor y sabiduría, serán parte de ti, una extensión de tu persona.
― Será un honor el que me ayudes a entrenar con ellas.
― Por supuesto que me encantaría ayudarte, pero con ese tipo de armas, te propongo que aceptes la ayuda de Rafael, a pesar de que todos sabemos manejar las armas de los demás, él tiene más experiencia con armas de ese tipo, ¿no te gusta la idea? ― preguntó el de azul al ver que el rostro de su amigo mostraba un desdén muy marcado, pero para no dejar que Leonardo pensara mal de él respondió: ― Siendo honesto, no. Creo que Rafael me odia.
― Claro que no. Tú mejor que nadie puede entenderlo, puede mostrarse molesto, pero él al igual que yo sabe muy en el fondo que todos somos familia, no te preocupes.
― ¡No! ― el ser gruñón, característica heredada del original, se mostraba en la voz del clon ―. Precisamente por eso sé que me odia pues se ha dado cuenta de que yo… yo… te amo.
Leonardo se había quedado de piedra, claro que se había dado cuenta de que el clon tenía cierto interés en él, pero llegó a pensar que era sólo un capricho pasajero.
― Creo que estás confundido, Dark, ese sentimiento que tienes hacia mí sólo es gratitud porque hice todo lo posible porque tuvieras más opciones en la vida y dejaras de pelear con nosotros para que en un futuro pudieras hasta convencer a tus hermanos de que todos podemos vivir en paz.
― No, Leonardo. Perdona que te lo diga, pero eres tú el que está confundido, yo te amo de verdad y es Rafael el que juega contigo sólo para demostrarme que puede vencerme en esta guerra en la que el premio eres tú. La diferencia es que él lo hace sólo por capricho, como un niño al que de pronto le interesa un juguete porque otro niño lo ha tomado.
― No… mientes… Rafael me ama, lo sé… él no podría engañarme de esa forma tan cruel, perdona, pero no puedo corresponder a tus sentimientos, no puedo, lo siento ―. Leonardo se retiró dejando a su enamorado de pie ahí, sin saber que hacer mordiéndose los labios después de haber dicho algo que lo lastimaba.
Desde una esquina, a pesar de que no podía escuchar la conversación, Rafael miraba las reacciones de ambos. Estaba por suceder algo que cambiaría las vidas de todos sin saberlo.
Después de ese momento Leonardo no sabía cómo actuar frente a Dark, se ponía nervioso de pensar que su nuevo amigo no lo veía como tal, ahora al estar a su lado podía sentir un nerviosismo que nunca antes había sentido, ni siquiera con Rafael, era un hecho que se sentía cómodo, pero ahora que la declaración se había realizado. se sentía inquieto.
― "Pero... yo a quien amo es a Rafael, Dark es sólo un amigo y como tal debe ser, haré que lo comprenda, no quisiera perder una amistad por un mal entendido" ―. Eran los pensamientos que ocupaban sus momentos de meditación.
Al día siguiente en el entrenamiento Leo trato de mostrar a Dark el uso de las kunais pero tan sólo al compartir una mirada y la electricidad pasaba hasta su pecho, esto no estaba bien, se estaba sintiendo nervioso.
Dark por su parte ponía todo su empeño por tener la atención de Leo para él pero con tristeza podía ver que como su amor platónico comenzaba a esquivarlo y la verdad ya no sabía qué hacer.
― Rafael, tal vez puedas ayudarme con esto, quiero entrenar a Dark, pero tú eres mejor en este tipo de armas ―. La tensión volvió a subir entre ellos dos.
― Yo soy mejor en todo, lo sabes Leo.
La rivalidad entre Rafael y su copia provocaba un verdadero desastre, Rafael no pretendía enseñarle, por el contrario, lo humillaba y le hacía ver que era superior en todo, Dark por otra parte trataba de aprender lo que podía a pesar del trato que Rafael le daba, Leonardo estuvo a punto de intervenir en varios momentos, pero se contuvo, no quería que eso fomentara la ilusión de Dark por él.
― ¡Así no, inútil! Es así ―. Rafael tomó la kunai y la lanzó justo en el centro del blanco.
― ¡Eso intento! ― Dark lanzaba ya un poco frustrado, pero fallaba. Cuando el clon fue a recoger las kunais Rafael lanzó su sai cortando la mejilla e incrustándose justo a milímetros del clon.
― ¡RAFAEL! ― Leonardo ya no se pudo contener e intervino revisando a Dark y la leve herida que tenía.
― ¡SE SUPONE QUE LE ESTÁS ENSEÑANDO Y NO LO ESTÁS HACIENDO! ― Dark miraba a Leo con agradecimiento de recibir un par de palabras. Rafael soltó la otra sai y fue a Leo lleno de arrogancia.
― Lo sé Leo, perdóname ―, y sorpresivamente lo tomó de su bandada y lo besó frente a Dark, después lo soltó.
― Tengo algo para ti en la noche ―. Le guiñó un ojo, miró a Dark con sórdida risa se retiró.
― ¡Adiós, engendro! ―, decía altivo, Leonardo miró a Dark quien se veía desolado.
― Vaya Leonardo, creo... creo que ya lo decidiste, quiero que sepas que esto no cambia nada, te sigo amando, pero... debo de admitirlo, tu nunca ibas a elegirme si tienes al original ahí ― Inclinó su cabeza en forma de respeto ―. Creo que puedo irme mañana temprano...
― Pero Dark, no tienes a dónde ir, puedes quedarte ―, el clon negó con una sonrisa.
― Leo, sabes que... te amo y te amaré y no sé si puedo ser tan fuerte como para verte feliz en brazos de... bueno, Rafael. Dark levantó el rostro - gracias por mostrarme una vida mejor, hoy soy una mejor persona gracias a ti ―. Leo sólo pudo ver cómo su amigo se alejaba.
Donatelo le dio alcance ― ¿Sabes a dónde irás?
― No pero tampoco me importa.
La tortuga lo detuvo ―: Déjame ayudarte, si algo te pasara afectaría mucho a Leo, él te estima mucho, por favor, si en algo lo quieres permíteme ayudarte a instalarte en un lugar seguro, así Leo no tendrá pendiente por ti ―. El clon agradeció el gesto y al día siguiente Donatelo improvisaba una habitación en uno de los talleres del edificio industrial Jones.
Leonardo, debatiéndose entre dos sentimientos diferentes, no podía alegrarse por completo de uno ni meditar sobre el otro. La felicidad que tanto anhelaba dándose cuenta que la tortuga amada correspondía a su amor con toda su vida lo tenía caminando sobre nubes, pero no podía dejar de pensar en Dark quien sufría por haberse dado cuenta que Leonardo no podría quedarse a su lado porque su corazón ya pertenecía a su original, no era justo que ese buen amigo sufriera por su causa, así que estaba dispuesto a ir en busca del clon después de estar con Rafael.
Leonardo había obtenido de la persona que proveía a Cody de varias piezas de su colección, un par de sais que habían sido forjadas por un famoso herrero japonés de antaño llamado Shinji Tatsamura quien había terminado su vida forjando aquel par que iba a formar parte de la colección del Shogun de aquella generación. Aquel par fue robado durante una de las muchas guerras civiles y hacía poco tiempo que habían salido de nuevo a la luz. Después de ganar la subasta el hombre de inmediato se lo hizo saber a Cody quien sin tardanza las adquirió.
Leonardo, agradecido con el joven Jones de inmediato las había tomado para poder obsequiárselas a Rafael en un cumpleaños, cambiando de opinión se propuso dárselas a su amado cuando estuvieran juntos y era la ocasión perfecta.
Continuará…
