Leonardo, a pesar de aun estar bajo los efectos de la adrenalina, se desplomó al sentir que una de sus piernas no reaccionaba, pero quería regresar para buscar a su familia.
― ¡Quédate aquí Leo! ¡Yo iré a buscarlos! ― Antes de que pudiese impedirlo, Leonardo apenas si alcanzó a ver el caparazón de su enorme amigo desaparecer en medio de la nube de polvo que aún no se disipaba del todo después de su caída junto a su clon.
Golpeando el piso con sus puños por culpa de la desesperación, Leonardo intentó levantarse de nuevo, pero su pierna parecía inservible.
Dark Rafael de nuevo volvió a subir en la pequeña nave, era la mejor opción para un rápido desplazamiento por todo el interior que estaba por caer y aunque era en extremo peligroso, Dark quería ahorrarle sinsabores al que tantos momentos tan especiales le había dado.
El destino quiso que todos en el edificio salieran a tiempo justo al otro extremo del derrumbe, en los rostros del grupo se podía ver que buscaban a Leonardo sin arriesgarse a volver a acercarse, sobretodo Donatelo. Dark respiró aliviado de ver a toda la familia de su amado a salvo, pero su corazón le inspiró una idea egoísta, la primera con respecto al que amaba.
Regresó al lado de Leonardo, no sin antes recoger una bandana roja que estaba justo junto a la caja de madera, ahora aplastada que contenía el par de costosos sais. La vida parecía estar de su lado. Se sorprendía de la ironía, se había arriesgado para evitarle a su amado una tristeza mortal y en un segundo él iba a ser la causa de la futura depresión de Leonardo.
En cuanto regresó al lado de Leo y sin pronunciar palabra alguna, le mostró los objetos al joven líder. Los ojos de Leonardo se tornaron cristalinos al momento, miró a su enorme amigo quién sólo se limitó a negar con la cabeza.
― No… eso no es verdad, eso es mentira ellos deben estar bien, mi padre, mis hermanos, mis amigos… Rafael… son mi familia ¡SON MI FAMILIA! ― Sacando fuerzas de flaqueza Leonardo obligó a su cuerpo para ponerse de pie, cojeando se fue directo al edificio que se derrumbaba sin importarle nada, tenía la fuerte convicción de encontrarlos con vida y nada lo hubiera detenido de no ser porque una detonación se escuchó, Leo de inmediato volteó a ver a Dark.
― ¡Muérete, maldita tortuga! ― La mirada de Dark era de miedo. El clon de Leonardo le había disparado mientras lo maldecía, Dark corrió hasta él e hizo presión en la herida. Fue entonces que Leonardo miró la parte baja de su plastrón, estaba roto y copiosamente sangrante, en ese momento el estruendo del edificio derrumbándose llamó su atención. Zafándose de los brazos de su amigo, Leonardo caminó tres pasos más antes de caer, una gran nube de polvo y escombro fue lo último que vio antes de perder la conciencia.
Con el cuerpo inerte de Leonardo entre sus brazos Dark reconsideró llevarlo con su familia, pero… él nunca había tenido nada, nunca tuvo una familia, nunca tuvo algo que considerara realmente suyo, había tenido la amistad de Leonardo, pero él quería más, Dark quería su amor y esta vez decidió tomar el destino en sus manos. Debía actuar rápido así que subió a Leo a la nave y puso las coordenadas a un punto del orbe alejado de la ciudad, gracias a la ignición que permitía una gran velocidad llegó a los pocos minutos.
En el camino rogaba por la salvación de su amada tortuga. Tan alto era el nivel de su egoísmo en ese momento que, aunque estaba bien consciente de que podría estar condenando a Leonardo a una muerte segura, estaba cegado por todo lo que podría obtener de ese engaño.
Buscó los enceres médicos que todas las naves llegan a tener y trató de detener el sangrado, pero no podía, con sus conocimientos médicos tan limitados solo pudo hacer lo que el instinto le indicó. Haciendo uso de unos maderos cercanos y una de las armas, parte del arsenal de la nave, encendió un fuego, colocó una barra metálica que calentó hasta el rojo vivo y una vez listo se armó de valor sujetó a Leonardo con fuerza para que se moviera lo menos posible y esperando no empeorar las cosas, lo hundió en la herida tratando de cauterizar la hemorragia,
Leonardo despertó por el dolor gritaba con gran desesperación peleaba y se movía según lo que podía para evitarlo, cuando Dark terminó Leonardo perdió la consciencia una vez más, parecía que tenía suerte, la sangre había parado. Ya más tranquilo, Dark buscó en la zona algún lugar para poder establecerse, debía llevar a Leonardo a un lugar seguro y sobre todo donde nunca fueran a encontrarlos.
El enorme clon juró por la salvación de su alma que el elevado precio que su amado acababa de pagar por una felicidad futura que pensaba proporcionarle no iba a desperdiciarse jamás.
Llevando en sus brazos el tibio cuerpo de su amado, Dark tenía ya más de dos horas caminando tan rápido como podía internándose en la espesura de un bosque cercano. Por fin, en la falda de una montaña se encontraban los restos de una cabaña de madera que se notaba había sido construida por personas acaudaladas.
Dos de los muros ya eran casi polvo, el tercero casi se había derrumbado y el último tenía enormes boquetes que permitían el paso del viento que en ese momento comenzaba a intensificarse. No era un buen lugar para cuidar de Leonardo.
Comenzando a desesperase, el clon pudo notar a lo lejos un lugar con árboles más frondosos, tal vez debajo de ellos podría estar mejor. Conforme se acercaba a la zona, pudo notar la entrada de una cueva cubierta parcialmente por vegetación. Alegrándose al ver que la abertura le permitía entrar sin muchos esfuerzos a pesar de ser tan grande, Dark entró con cuidado para no lastimar más a Leo.
La cueva no era muy larga, apenas tenía unos veinte metros de profundidad, pero tenía buena altura, el clon podía estar de pie sin golpearse la cabeza. Recostando a Leo en el suelo, el clon se devanaba los sesos pensando como proporcionarle a su amado mucha más comodidad. Arriesgándose, dejó al joven líder dentro de la cueva para regresar a la cabaña abandonada.
La suerte le sonrió, el sótano de la cabaña aún tenía en sus entrañas dos baúles: uno con ropa de cama, un poco raída, pero era mejor que nada y otro contenía latas de comida, estaban caducadas, pero pensó que eso no significaba que la comida se había vuelto tóxica. Creado con una fuerza titánica, fue pan comido cargar con ambos baúles de regreso a la cueva.
De inmediato usó todas y cada una de las sábanas, cobijas y almohadas del baúl para confeccionarle a Leo una cama excelente para descansar. Salió de nuevo para juntar más leña y encender una fogata, tenía que asegurarse de que Leo no sufriera frío por culpa del viento que había arreciado en pocos minutos así que se sentó de espaldas a la entrada para que ninguna ráfaga helada tocara a su amado.
A la mañana siguiente Leonardo comenzó a murmurar entre sueños. Dark, que estaba medio dormido y cabeceando, escuchó la voz apagada de Leo y se acercó a él para ver cómo se encontraba.
― Lo… lo siento… ― al escuchar eso, Dark intentó despertarlo de lo que él creía que era un mal sueño, pero al tocarlo sintió de inmediato la fuerte fiebre que sufría la tortuga de azul. El clon ignoraba por completo que la aparición de una infección después de una cauterización era casi inevitable.
― D-Dark… ¿e-eres tú? ― el clon de inmediato tomó entre sus enormes manos la que Leonardo extendió para tocarlo ―. N-no permitas que mis hermanitos m-mueran, por favor… ― cuantiosas lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas de Leo antes de sucumbir de nuevo al cansancio.
― ¿Leo? ¡Leonardo! ― otro momento terrible para el clon. Por fortuna el kit de primeros auxilios contenía antibióticos, pero Leonardo no podía tomar una pastilla en el estado en el que se encontraba.
Dark salió de nuevo de la cueva buscó en los alrededores una fuente de agua pero sólo encontró un charco de agua de la última lluvia, tuvo que conformarse con eso. Vaciando una lata de frijoles de un bocado, lavó el contenedor metálico con un poco de esa agua. La llenó a la mitad y con sólo un apretón entre sus dedos, hizo polvo la pastilla y logró que Leonardo tomara la mezcolanza. Sin saber que más hacer, Dark esperó con paciencia al lado de la cama.
Por la tarde comenzó a llover y el aire creaba varios ruidos que resonaban en la cueva, algo espectrales para quien no está acostumbrado así que Dark resolvió revisar la cueva. Leonardo estaba profundamente dormido y lo más acogedor que se podía, así que no temía que despertara pronto, el fuego cortaba el viento que entraba.
Tomó una varita encendida y entró para ver las dimensiones de la cueva. Algunas pozas de agua goteaban lentamente desde las paredes y techos, eso sería muy bueno como almacenamiento del vital líquido, regresó con Leonardo quien gemía, al tocar la frente sintió que de nuevo ardía. Lo cargo con suavidad y lo llevó a una de las pozas de agua donde lo acomodó refrescando su cuerpo y esperando eso sirviera, despedazó más del antibiótico que dejó sobre el agua así la piel de Leonardo lo absorbería mejor y al parecer funcionaba, al sentir la temperatura normal en Leonardo lo sacó y con una de las prendas encontradas lo secó y de nuevo lo llevó a la improvisada cama. Leonardo se veía mejor.
Continuará...
