Capítulo 8: Miedo.
–¿Cuántas veces he estado aquí? ¿Cuánto tiempo ha pasado ya? ¿Días? ¿Años? ¿Segundos?
La voz del chico se repetía en la distancia, golpeando a través de las paredes y volviendo como un eco inmediato. La guitarra que descansaba en sus manos, ese viejo y gastado instrumento cuyo símbolo tallado sobre la madera había sido borrado por el pasar del tiempo, le acompañaba cual fiel compañero dentro de aquella húmeda y lúgubre celda. Los monstruos y prisioneros que habitaban tras las paredes continuas eran apaciguados por la divina tonada de sus notas.
–Ya ni siquiera soy capaz de saberlo. –Resopló con cansancio.
–¿Eso nos importa? ¿Cómo sabes que fuimos capaces de salir de aquí en algún momento?
El rechinido de aquella molesta voz le atacó mientras sus dedos raspaban tranquilos las cuerdas de la guitarra. La misma no emergía de ningún sitio, no tenía forma ni diferencia alguna con el resople del viento; No era más que un simple espectro invisible, incapaz de hacerle daño más allá de algún que otro comentario fuera de lugar.
–¡Oye! ¡Deja de ignorarme! Solo trato de ser realista…
–Nada de lo que dices tiene sentido. –Replicó a regañadientes. –No eres más que una vaga creación de este sitio, y solo vienes hasta aquí para molestar. Agradecería que te fueses y me dejases tranquilo…
–Vaya modales los tuyos. ¿Hemos estado tanto tiempo junto y así es como me pagas?
Kahn guardó silencio.
–Bien, llámame como quieras entonces, eso no quita el hecho de que estás hablándole a la nada. Este lugar sí que te hace perder la cabeza, ¿no crees?
Una sonora carcajada estalló cual bomba dentro de la cabeza del aventurero. Sin embargo, la calma y la serenidad que yacían dentro de su espíritu motivaba el suave vibrar de las, y su sonido, calmo y seductor, apaciguaba sus pensamientos cual oda al valor; Un ancla de su ser hacia la realidad, impidiendo que este se pierda en la locura.
–Hey, sí que le diste una buena lección a la loca esa de la familia Ishtar. En verdad, no pensé que fueras a hacer, me dejaste sorprendido.
–No fue algo intencional, y aunque lo hubiese sido, no hay nada de qué estar orgulloso. Resolví con violencia una situación que no debió acabar así…
–¡Oh, por favor! ¿En serio vas a venirme con eso? Estamos nosotros dos solos, puedes ser sincero contigo mismo aunque sea una vez.
Los dedos de Kahn disminuyeron su velocidad poco a poco hasta finalmente detenerse en la nota final de su melodía.
–No fue mi culpa. –Alzó la voz con molestia. –Yo jamás quise que eso ocurriera, ¿está bien?
–Tu jamás quieres que las cosas ocurran, pero estas lo hacen de todas formas. ¿Eso no te hace culpable en cierta medida?
El sonido de todo el lugar desapareció de inmediato; El salpicar de las gotas de agua, el golpeteo de los grilletes, incluso la propia respiración del muchacho. Nada podía realizar ruido alguno por mucho que se intentase, o mejor dicho, nada excepto aquella voz.
–¡Yo no hice nada! ¡No fue mi culpa! –Exclamó enrabiado.
–¿Ah no? Entonces…
Sus ojos se abrieron y cerraron en un pesado parpadear; Un movimiento de persianas que entrelazaba la apertura y cierre de escenas. La sensación de la suave madera entre sus manos desaparecía, y un líquido, helado y pegajoso fluido ensució sus palmas. El peso de un cuerpo cayente entre sus brazos hizo que sus pestañas cayeran volvieran a caer con fuerza.
–¿Esto tampoco fue tu culpa?
Llegando a él como un cruel recordatorio, la voz de una mujer le atacó con potentes gritos; Un sonido de horror, de muerte, dolor y desesperación sacados del infierno más profundo de todos.
–¡KAHN! ¡KAAAAHN!
El nerviosismo, el miedo y la tristeza llenaron su corazón reviviendo aquella escena. El bombardeo de chillidos y burlas a su alrededor, insultándole y degradándole como a un animal rabioso. El dolor de sus heridas que se intensificaban con el calor de las llamas.
–¡MONSTRUO! ¡ASESINO! ¡ANIMAL!
–N-No… eso no fue mi culpa… ¡Yo jamás haría algo como eso! –Exclamaba a todo pulmón.
El dolor de las heridas de aquel día, de los golpes e insultos de las personas en las gradas que despreciaban al monstruo de cabellera rojiza, era algo que Kahn jamás sería capaz de olvidar.
–¡MONSTRUO! ¡ASESINO! ¡ANIMAL!
–Yo no soy un monstruo… –Susurró con impotencia. –Yo no hice nada… fue él, no yo…
El crudo rose de aquellas manos escalando a través de su cuerpo, el sentimiento de esa piel helada que anteriormente le habían demostrado cariño. Kahn las sintió, las sintió y las resintió como había hecho cada noche desde aquella fatídica tarde.
–¡MONSTRUO! ¡ASESINO! ¡ANIMAL!
Esos dedos fríos y punzantes abrazando sus brazos, el rubor de la sangre manchando sus ropas, el putrefacto olor de su aliento golpeándole en el rostro, y por supuesto, el suave y enternecedor sonido de su voz recriminándole, como un fantasma que se apegaría a su ser hasta el último de sus días.
–Somos familia… mi pequeño… héroe…
Distrito de Luces Rojas, Belit Babili:
El sonido de la lluvia repicando sobre el techo acentuaba la calma en el pico de la torre central. Un silencio incomodo se cernía entre la diosa de la belleza y el elfo de la familia Loki. La entrada al cuarto era protegida por la guardia personal de la deidad, quienes no despegaban un solo ojo del inconsciente muchacho sobre el sofá. A simple vista, uno podría suponer que su ser se encontraba en completa calma; Estaba tranquilo, durmiendo como un bebé recién nacido.
–¿Está segura de que está bien?
–"Estrés discreto", es una dolencia que ocurre cuando un aventurero retiene sus habilidades por demasiado tiempo. –Señaló Ishtar.
–¿Qué? Pero… –Volteó la pequeña elfo para mirar directamente a la deidad. –¿Por qué haría tal cosa?
El semblante de la mujer frunció en un gesto confundido. Su labios se movieron, pero el sonido no salió de estos, como si se hubiese arrepentido momentos antes de lo que iba a decir.
–No… No creo que él esté de acuerdo con qué te lo diga… Es algo bastante privado.
–¿Decirme qué? –Engraveció el tono. –Phryne dijo que él no era una persona normal, mencionó que era peligroso y que deberíamos tener cuidado. ¿A qué se refería con eso?
El silencio se adueñó del momento; Largos minutos que parecieron horas en los cuales nadie fue capaz de recitar palabra alguna. Ishtar se encontraba dudosa, pensativa cómo aquel que sabe algo que no debería. De la nada, ella realizó una seña con su mano en dirección a los aventureros en la puerta. La expresión en sus rostros reflejó una obvia desconfianza, pero ninguno de ellos estaba dispuesto a ir en contra de la petición de su diosa; Abandonaron el cuarto y tomaron su puesto al otro lado de la entrada. Fue entonces cuando el ambiente, ya tenso, comenzó a tornarse aún más sombrío. La mujer aspiró de manera profunda su pipa llena de opio, y redirigió su mirada hacia la enorme ventana con vista al cielo nocturno.
–Yo conocí a su dios en una de nuestras paradas en Domhan. –Aseguró, perdiéndose por fin en la inmensidad de sus pensamientos. –Como sabrás, mi familia tiene el permiso del gremio para viajar por todo el mundo. Podría decirse que estos viajes son, hasta cierto punto, los ojos de Orario que se ciernen sobre el resto de regiones. Durante uno de estos, tuve el honor de conversar en persona al mismísimo Tyr.
Una enorme sonrisa nostálgica se formó en el rostro de la diosa. En su mente, la imagen del dios de la guerra y la justicia se mantenía como una experiencia única y maravillosa; Unos momentos que le traían una felicidad bastante inusual.
–Él era un hombre maravilloso… –Resopló dejando salir el humo de su boca. –Era heroico, justo, sabio, muy distinto a cualquier otro hombre, incluso a muchos dioses. Quien diría que sería él quien serviría a esa escoria de Odín…
–¡Odín! –Exclamó Lefiya con resolución.
De inmediato, su semblante se transformó en un reflejo de inseguridades y miedo. Ella giró en dirección al inconsciente muchacho, arrugando el entrecejo mientras un pensamiento eran expulsado a modo de pregunta.
–Kahn tiene algún tipo de relación con Odín, ¿verdad?
La mujer guardó silencio mientras contemplaba su reflejo a través del cristal y las diminutas gotas de lluvia. –Tyr me contó una historia… una sobre un pequeño guerrero marcado; Un niño que haría estremecer a gran parte de Orario. Él lo llamó…
Recordando aquella acalorada tarde junto a la deidad de Domhan, Ishtar dejó salir las mismas palabras que aquel hombre había utilizado. Su voz ronca del dios, imponente a la par que pacífica, resonaba a través de la suya como un vivido recuerdo.
–"Flemmendor", él terror llameante.
"El padre de todo no era cualquier monarca, él era uno del peor tipo; Uno que cuenta con una gran visión del mundo. Su amor y curiosidad por los seres vivos, ese hambre enfermizo que tenía por saber más y más sobre ellos, fue lo que le impulsó a crear a Flemmendor… esa pobre criatura… Odín quería más que solo un arma, quería algo con lo cual asediar y conquistar cuanto imperio tuviese delante, destruir tanta montaña quisiese y someter a tanto guerrero se le pusiese delante. ¿Y qué es aquello a lo que incluso los dioses son incapaces de resistirse? Muy simple… El miedo. Odín no quería asesinar, no quería usurpar, ni mucho menos crear una guerra; Él quería, de una manera extraña, proteger a la humanidad de ellos mismos. Un mundo sin las ataduras del libre albedrio, donde todos podrían vivir felices bajo su cuidado, donde no existiesen falsos líderes, violencia o muerte… ese era su ideal."
Un relámpago cayó en la distancia, iluminando toda la sala en un resplandor blanquecino. Un escalofrió recorrió la espalda de la mujer, y una atisbo de verdadera preocupación se reflejó en su pupila.
"Pero como todo plan, este no estaba excepto de fallos. El poder de Flemmendor no venía gratis. A medida que la fuerza del niño aumentaba, este era cada vez más difícil de retener; Su mente se marchitaba, sus pensamientos le volvían agresivo, y no pasó mucho hasta que lo peor… ocurrió. Una mañana como cualquier otra, Flemmendor se salió de control. Desató su poder como jamás lo había hecho antes, aniquilando todo cuanto estuviese a su alrededor. La cantidad de personas que cayeron ese día fue abrumadora; Aventureros, trabajadores, civiles, todos perecieron por igual… fue aterrador. Al final, fue el verdadero hijo de Odín, Thor, quien acabó debió encargarse personalmente del terror llameante. Una vez todo había acabado, ya no quedó nada que pudiese ser reconstruido; Un escenario de color gris, con ceniza y azufre que serviría como un amargo recuerdo de lo ocurrido."
Ishtar dejó salir un profundo suspiro al regresar en sí. Con tranquilidad volteó hacia Lefiya, conteniendo sus palabras unos momentos antes de proseguir.
–Flemmendor murió, o por lo menos, eso es lo que Odín cree.
Los labios de la joven elfo se movieron, pero fueron incapaces de comunicar nada; Sus manos transpiraron, los bellos de su nuca se erizaron y el sudor que emanaba de su piel se había tornado frio ante la resolución final de aquel relato.
–N-No lo entiendo… ¿qué tiene que ver esto con Kahn?
La diosa le observó sin mover un solo centímetro su rostro. Ambas sabían a donde apuntaba todo, pero Lefiya no quería asumirlo.
–Odín no abandonará jamás sus planes, no mientras tenga un pie sobre la tierra. Él es el único capaz de controlar a los Tyrant, y él único capaz de crear todo el escenario de la mazmorra.
–Él… Ese aventurero, Flemmendor… –Lefiya se esforzó por dejar salir la pregunta cuya respuesta no quería saber. –¿Qué es lo que es?
–Tal vez nuestro salvador, tal vez nuestro destructor. –Ishtar le observó, vacilando unos instantes antes de acabar su respuesta final. –Lo seguro es decir… Muerte, el destructor de mundos.
Orario, Distrito de Luces Rojas:
Los rayos del sol se escurrieron a través de las nubes, dando comienzo a un día grisáceo y crudo. Lefiya y Kahn emergieron desde el interior de la torre siendo a su vez acompañados por Aisha. Visualizaron de primera mano las calles mojadas por la lluvia, y el escenario de un distrito completamente vacío les acabó sorprendiendo.
–La mañana apenas está empezando, podrán salir de aquí sin que nadie los moleste. –Señaló la amazona.
Lefiya sonrió de regreso. –Aún no hemos tenido la posibilidad de agradecerte. Las cosas hubieran podido estar bastante feas si no aparecías.
–No hay nada qué agradecer, es mi trabajo estar al tanto de quienes entran al distrito. Solo traten de mantenerse lejos de los problemas, ya saben.
–No necesitas recordármelo… –Bostezó en profundidad.
Por otro lado, a pocos centímetros de las aventureras, el muchacho de desgastados ropajes se mantenía ausente; Estaba perdido, distante, sumido en su totalidad en sus pensamientos cómo si su cuerpo hubiese entrado en piloto automático. La preocupada mirada de su compañera se posó sobre él. Su mano comenzó a acercarse con la intención de tocar su hombro, pero fue de inmediato detenida por la guerrera de pieles oscuras.
–Tómalo como un consejo, no le fuerces a hablar.
–Pero…
–Tranquila, solo deja que se calme y mantenlo alejado de las emociones fuertes. No es la primera vez que le ocurre, él estará bien.
Tomando unos instantes para asumir aquello, Lefiya volvió a sonreír. Se posicionó frente a Kahn, buscando el punto de conexión en el cual sus ojos se encontrasen.
–Debemos irnos señor, Finn debe estar preocupado por nosotros.
–Supongo… –Asintió con indiferencia.
Fue tal y como lo había pronosticado Aisha; Las calles emanaban una tranquilidad abrumadora, tanto que los pasos en los pequeños charcos de agua viajaban a través del eco por cada rincón del distrito. Fue una caminata en exceso silenciosa, incomoda, si lo veías de parte de Lefiya. En ocasiones la muchacha intentaba alcanzar a su compañero acelerando su paso, intentando ponerse a su lado, solo para ser dejada atrás de nueva manera.
–Deberíamos empezar a pensar en el reporte para Finn. –Señaló optimista. –Si quiere puedo encargarme de armarlo, solo necesito algo de su supervisión.
Kahn no contestó. Continuó caminando con sus mirada al frente, apartando por completo la imagen de su rostro de Lefiya, como que giraba para esconder su reflejo.
–Tal vez podríamos ir a comer algo más tarde. Ya sabe, para dejar un poco de lado los problemas… Usted trabaja en un bar, ¿no es cierto? Podríamos ir allí.
El movimiento del muchacho se aceleró en cuanto pudo divisar el portón de salida; No comenzó a correr, ni siquiera a trotar, solo estaba caminando de una manera en exceso veloz, llegando a ser ridículo si se la comparaba con alguna situación ordinaria.
–Oiga, ¿podría ir un poco más despacio? Mi pierna aún se siente algo floja y… bueno… ya sabe…
El caminar de la joven comenzó a hacerse cada vez más lento; Se ralentizó hasta por fin detenerse por completo. Pasaron un par de segundos en los cuales Kahn parecía no haberse percatado de la escena. Él cruzó el portal de entrada, siendo incapaz de ignorar aquella pequeña ausencia a su alrededor. De la misma forma que Lefiya, acabó por detenerse algunos metros más allá del límite del distrito del placer, con su mirada clavada en el suelo y la preocupación de una pregunta inminente.
–¿Está molesto conmigo? ¿Acaso dije algo que pudiera ofenderle?
Fueron las palabras que llegaron a sus oídos. Con delicadez giró su cabeza en dirección al pequeño elfo. Ella se encontraba observándole desde lo lejos, con un semblante entristecido y ansioso a partes iguales.
Kahn suspiró profundamente. –No es eso, niña…
–¿Entonces qué ocurre? –Insistió dando ligeros pasos hacia adelante. –No me ha dirigido la palabra desde que despertó. ¿Es sobre lo que pasó ayer?
–Lo preguntas como si no lo supieras… –Arrugó el entrecejo. –Tú viste lo que hice.
–Eso no fue su culpa, no pudo evitarlo.
–¡De todas formas ocurrió! –Exclamó con impotencia. –¡Apenas fui capaz de contenerme y casi mato a un aventurero de nivel 6! Si hubiese perdido el control unos momento más quien sabe lo que habría ocurrido…
–¡Pero no fue así! ¡Usted no puede saber lo que habría pasado porque no ocurrió! –Replicó molesta. –No tiene sentido sentirse mal por algo que no pudo evitar, eso no pasó. Usted… –Tragó saliva para afirmar su voz. –¡Usted no es una mala persona!
Ladeando la cabeza, el muchacho dio la espalda a su compañera sin siquiera dignarse a responder.
–¡A donde cree que va! ¡Somos un equipo, se supone que estemos juntos en esto!
–No, no lo somos. –Refutó alzando la voz. –Nosotros no somos amigos… no podemos y no debemos serlo. Por el bien de ambos, es mejor que sea de esta forma.
La expresión en el rostro de Lefiya se congeló. –Pero… ¡¿Quién cree que es usted para decidir por otros?!
En la distancia, la joven elfo continuó gritando cada vez más alto, desatando toda su furia y tristeza en alevosos chillidos. Rápidamente, esta ira comenzó a perder su intensidad; Se transformó, decayó en un espiral de duros pensamiento que debilitaron su tono y su espíritu.
–Yo… Yo sé la verdad… –Blandió en un último suspiro. –Yo sé que usted no es malo… yo sé que jamás le haría daño a alguien inocente…
Las manos de Kahn temblaron a cada lado de su cintura. Su cuerpo se detuvo en un movimiento brusco, y trató de girar en dirección a la pequeña elfo. Una parte dentro de él quería volver a verla, quería girarse y pedir perdón aquella escena, pero lo hecho, hecho estaba. Él agachó su cabeza, presionó sus dientes para diluir algo de su enojo, y bajó por la calle dejando que la chica derramase amargas lágrimas de tristeza; No por haber perdido un amigo, ni mucho menos.
"Cuenta hasta cuatro inhala, cuenta hasta cuatro exhala… cuenta hasta cuatro inhala, cuenta hasta cuatro exhala…"
Sino por ser incapaz de ayudar a la persona que le salvó.
Ciudad laberinto, La señora de la abundancia:
La familia Ganesha rodeaba el edificio; Jóvenes guerreros que observaban atentos a cada individuo visible. En el interior del bar, una única persona se encontraba presente, una gigantesca mujer sentada sobre asientos de la ventana. Silenciosa observaba cual águila aguardando a sus presas, conteniendo dentro de sí cierto aire de desagrado por la situación en la que se encontraba. Sin embargo, sus cejas se alzaron con sorpresa al contemplar en la distancia la llegada de cierta persona en particular; Un muchacho de mirada cansada, quien fue de inmediato reconocido y repudiado por los aventureros.
–Mira nada más quien decidió venir…
El picaporte giró con suavidad, y luego de unos instantes la puerta se abrió. Los ojos de Kahn visualizaron en silencio el lugar hasta finalmente encontrarse cara a cara con la fulminante mirada de Mia.
–No creí que volverías tan pronto. –Señaló ella.
–En realidad quise pasar a ver como estaban las cosas.
La voz de Kahn tenía un tono apagado y tímido, muy diferente al que el muchacho solía sostener. Incluso mía, quien estaba segura de que la persona frente a ella era su empleado, tuvo cierta desconfianza al verle caminar de una forma tan lenta y casada.
–¿La familia Loki te tiene a raya?
–Más o menos, fue un día complicado. ¿Dónde están todos? –Preguntó a la par que tomaba asiento frente a Mia.
–Bien, déjame decirte que las cosas aquí no están tan bien como me gustaría.
–¿Por qué? –Preguntó alzando su tonada.
La expresión en el rostro del joven fue exaltada, reacción idónea a la cual su jefa estaba buscando.
–Decidí cerrar el bar unos días hasta que las cosas se calmaran. No me gusta la idea de que esa gentuza esté mirando mal a mis clientes.
–Oh… lo siento… –Bajó la mirada en un gesto apenado.
–Cómo sea, de todas formas hacía falta un poco de descanso por aquí. –Suspiró en profundidad. –Syr fue a comprar algunos víveres junto a Chloe y Luno, y Anya se encuentra en la parte de atrás ayudando a May.
–¿Y Ryuu? –Inquirió de manera un tanto incomoda.
–Ella ha estado un poco inquieta luego de lo que pasó el otro día. En ocasiones pregunta si te hemos visto pero… bueno, imaginarás la respuesta.
–¿Nada más? ¿No mencionó nada relacionado con lo del otro día?
–Nos comentó un poco sobre la pelea que tuvieron, y sobre que ahora vives a flor de piel la vida de un vagabundo.
Sin darse cuenta, Kahn alzó el entrecejo con sorpresa. Lo primero que esperaba oír al llegar era un regaño por parte de la gigantesca mujer, pero esta bienvenida se veía bastante "inusual". Aunque, este pensamiento estaba a pocos momentos de ser destruido. El rechinar de las tablas de madera en la distancia llamó la atención del muchacho; El suave caminar de una botas de cuero que poco a poco se acercaba a su encuentro. La aparición de aquel elfo de dorados cabellos realzó la mirada del aventurero. La mirada de la chica cayó sobre él, señalándole cual verdugo llamando al condenado a su juicio final.
"Está enojada…" pensó Kahn.
No hubo intercambio de palabras, mucho menos de señas; Ryuu solo le observó directamente, haciéndole saber que sus asuntos no podían esperar más. De esta forma, siguiendo a la figura de su amiga, ambos jóvenes se encerraron en la habitación del elfo; Un sitio simple, y modesta, pero bastante diferente en comparación al cuarto de Syr. El grosor de las paredes era mucho mayor a estar ubicadas en el piso franca, resaltando aun más el espacio reducido de la misma. Además, el hecho de tener un ropero de un tamaño considerable causaba cierta sensación de claustrofobia en el aventurero. Buscando una posición cómoda en el lugar, Ryuu tomó asiendo a los pies de su cama, dando espacio a Kahn para que se ubicase a algunos centímetros de la pared en frente suya. Sin embargo, y contrario a lo que la situación señalaba, fue el muchacho quien blandió las primeras palabras.
–¿Por qué les mentiste?
–No fue una mentira. Solo decidí no decirles toda la verdad.
–¿Podría preguntar por qué?
El entrecejo de la chica se arrugó de repente. –¿Podría preguntar qué ocurre contigo? Esta vez sin que esquives la pregunta o inventes algo para no responder.
Kahn resopló con cansancio. Frotó sus ojos con la yema de sus dedos, tomándose unos momentos para responder. –Escucha… sé que oíste mi conversación con Lefiya. Sé que crees entenderlo, pero te aseguro que no es así.
–Tú eres quien no entiende. –Replicó de inmediato. –Inventas excusas, eres cortante, guardas secretos a pesar de que prometiste que no lo harías. Es hora de que entiendas qué ya es demasiado, que no eres el único que se preocupa y que hay gente que también se interesa por ti.
–No es tan sencillo. –Musitó. –Esto puede acabar, puedo detener todo esto, solo necesito un poco más de tiempo…
–¡Ya no hay más tiempo, Kahn! –Exclamó en un grito de ira.
El muchacho fue arrancado de sus pensamiento, traído de regreso a la realidad de mano de la irritada joven. Su mirada, infundida con frustración, se clavaba sobre sus ojos en un doloroso gesto inquisitorio. De inmediato, el pecho de Kahn comenzó a arder; Su corazón se aceleró, latiendo a un ritmos incontrolable. Sus sentimientos dominaron todo su cuerpo, sentimientos regidos por aquellos azulados ojos que le atemorizaban.
–No es mi trabajo intervenir… –Ryuu bajó la cabeza. –Pero tus acciones están afectando a Syr, y no puedo quedarme de brazos cruzados viendo como su hermano se mete más y más en problemas.
Un escalofrió recorrió la espalda del aventurero. Sus mirada se cayó en dirección a sus manos, ahora cubiertas por marcas oscuras y sucias; Ilusorias manchas de color negro, profundas como el mismísimo abismo. Por meros instantes, la voz del elfo en frente suyo fue acallada por un retumbar abisal. En sus oídos, los gritos de aquel fatídico día se repetían una y otra vez como no habían parado de hacer desde que todo comenzó.
¡Destrozar! ¡Desgarrar! ¡Destrozar! ¡Desgarrar!
Y de nuevo, tras un parpadeo, todo volvía a la normalidad. Su piel lisa, la mentira que escondía las marcas de su cuerpo le recibía de regreso a aquella farsa impuesta por su deidad.
–Quiero la verdad. –Insistió la muchacha.
Los ojos de Kahn se cerraron con tristeza. –Tengo miedo…
La expresión en el rostro de Ryuu cambió al oír aquella voz; Una que se alejaba de cualquier versión anterior que había oído del muchacho, una que expresaba verdadero temor y arrepentimiento, como aquel criminal que es condenado a muerte por un crimen que no cometió.
–Ustedes son mi familia, no quiero perderlos… No podría soportarlo, no de nuevo…
–¿De nuevo? ¿Qué quieres decir con eso?
Kahn alzó la mirada, encontrándose nuevamente con los inquietos ojos del elfo. –Estoy maldito, Ryuu. Le pasan cosas muy malas a las personas que me importan… –Tragó saliva, llevando consigo el dolor de la angustia. –Y siempre es por mi culpa.
