A pesar de que Leonardo creía que Rafael estaba muerto, no dejaba de amarlo, esa era la única pero más dolorosa espina en el ánimo de Dark.

El tiempo pasaba y Leonardo se fortalecía día a día, de manera rústica terminaron de construir lo que ahora era su nuevo hogar, entrenaban de manera muy estricta según la rutina de Leonardo, pero no importaba, Dark se sentía afortunado de poder hacerlo a su lado. Una tarde fueron a un lago cercano, les gustaba ir a nadar para distraerse.

― Leonardo, ya has nadado demasiado, no te sobre esfuerces ―. Dark le pedía a su compañero.

― Claro que no, no te preocupes ―. Leonardo nadaba calmadamente mirando el cielo soleado y las formas de las nubes, mientras pensaba en su familia y esperaba algún día poder verlos nuevamente, por increíble que pareciera más que extrañar a Rafael eran los sabios consejos de Donatelo quien siempre había sido su confidente, eso no impedía que extrañara a todos pero con su hermano siempre había tenido una confidencialidad muy cercana, tanto así que incluso en ese momento parecía estar retumbando en su cabeza lo que seguro su hermano le diría ―: "Me alegra que estés bien Leo, por favor no te sientas culpable porque nada de esto ha sido tu culpa, tú eres nuestro hermano y mientras nos recuerdes viviremos en ti, sé feliz, lo mereces."

El sol calentaba su faz llenándolo de una profunda paz. Cuando se incorporó para nadar directo a la orilla sintió una corriente que lo jaló de la pierna hacia el fondo del lago, no le dio tiempo de pedir ayuda, trató de nadar hacia el exterior pero el repentino remolino lo llevaba a la profundidad, peleaba con todas sus fuerzas hasta quedar exhausto y en ese momento pensó que era el momento de regresar al lado de su familia, todo se oscureció para escuchar a lo lejos una voz muy conmovida.

― ¡Por favor! ¡Por favor, Leonardo! Regresa a mí, te amo y si no estás no sé qué haré, que será de mí… tú le das sentido a todo, te amo… ― La voz de Dark la escuchaba a lo lejos.

Leonardo comenzó a toser para alegría de Dark quien al ver que se reponía comenzó a llorar abrazándolo con cuidado.

― ¡Leonardo! Estarás bien, estarás bien, gracias por resistir.

― ¿Dark? ― Leo estaba algo confundido, pero sabía que sus buen amigo lo había salvado.

― Si Leonardo, estarás bien, te prometo que estarás bien ―, se lo decía con una seguridad y alegría que contagiaba, por primera vez Leonardo comenzó a verlo diferente, tal vez era agradecimiento por haberlo salvado, pudiera ser que gratitud por ver la lealtad de su amigo, apego por ser lo único que quedaba de su familia o seguridad al saber que tenía a alguien que juraba protegerlo, como mayor él siempre había tenido esa responsabilidad con los demás pero que ahora alguien más demostraba que haría lo que sea por cuidarlo le daba seguridad.

De ese momento en adelante Dark comenzó a ver cambios sutiles en el comportamiento de Leo. Como no había mucho que hacer, Dark comenzó un pasatiempo: coleccionaba piedras bonitas. Al inicio no se lo hizo saber a Leonardo porque pensaba que tal vez era algo demasiado tonto o infantil.

Un día mientras Leo sacaba agua de la poza en la cueva para cocinar, notó que en uno de los rincones más alejados, el suelo parecía recién excavado. Curioso, se acercó y se dio cuenta de que en verdad se formaba un pequeño montículo que a todas luces cubría algo.

Con la curiosidad a flor de piel, Leonardo comenzó a escarbar con sus manos. No tuvo que esperar mucho pues apenas a unos centímetros de profundidad se notaba un montón de piedras del tamaño de su puño, de tantos colores diferentes como se pueden formar con los minerales existentes.

― Veo que lo encontraste ―, escuchó la voz de Dark a sus espaldas. La enorme tortuga parecía muy apenada.

― ¿Por qué enterraste estas piedras, Dark? ― La voz de Leonardo estaba muy lejos de sonar a burla, al contrario, quería saber la razón pues casi desde el principio de la estadía de la copia de Rafael en el edificio de Cody, Leonardo había notado que en ciertos aspectos Dark era casi como un pequeñito muy curioso.

― Es…. es, bueno… ― Dark dudó al inicio en decirlo, pero como siempre la bondadosa mirada de Leonardo lo convenció para sincerarse ―. Es… mi colección. Leonardo se sonrió comprendiendo al instante que la personalidad de su nuevo hermano tenía muchas facetas que él aún desconocía.

― Perdóname Dark, no quería inmiscuirme tomando tus cosas sin permiso, pero tuve mucha curiosidad al ver que había debajo del montículo.

― No te preocupes, Leo… ―. El clon hizo una pausa. Leonardo, conociendo el gesto por haberlo visto muchas veces en el rostro de Mikey le dijo: ― Si piensas que es algo tonto, desecha esa idea de inmediato, Dark. Algo como esto sólo demuestra tus deseos de expresar todo lo que hay dentro de tu mente creativa y el amor en tu corazón.

El clon asintió con una sonrisa de alivio que en un santiamén se transformó en una ansiosa algarabía cuando Leonardo preguntó: ― ¿Me enseñas tu colección?

Usando una de sus enormes manos Dark desenterró de inmediato todas las piezas de su colección. Rocas de llamativos colores y formas caprichosas.

― Mira, ésta la encontré cerca de donde conseguimos las nueces, ¡ah!, y ésta es de las cercanías del lago. Ésta es mi favorita porque es puntiaguda y ésta me gustó por el tono verde y ésta… ― Leonardo, al escuchar todas las entusiastas palabras de Dark al describir a detalle todas las piezas, lo miró discretamente mientras el clon estaba embebido contemplando una roca lisa y muy negra que había encontrado debajo del riachuelo.

― "Es tan tierno… su sensibilidad es tan enorme como su cuerpo." ― Sin que el clon se diera cuenta, Leonardo hizo el intento de abrazarlo, pero se contuvo, no quería darle falsas esperanzas, pero no podía negar que empezaba a sentirse atraído por alguien tan especial como Dark.

De aquel día en adelante, siempre que salían a recolectar, Leonardo, con el ojo siempre avizor, ayudaba a Dark a encontrar muchas más piezas para la colección de su hermano. Las miradas asombradas del enorme clon, llenas de curiosidad y alegría al tener una pieza más aumentaban el aprecio hacia cada una de sus rocas sobre todo por que cada vez que encontraban una, Leonardo lo abrazaba para compartir su emoción, desde ese momento cada una de ellas valían más que el oro para Dark. Además, un par de semanas después, Leonardo le había tallado tres largas repisas de madera y las instaló cerca de su cama para que colocara su colección.

― Así podrás admirarlas siempre, eso te recordará que no debes pensar que es algo tonto ―. Un abrazo de oso fue la recompensa de Leo de parte de su nuevo hermano que no podía esconder su felicidad al recibir el primer regalo de parte de Leonardo.

Dark se había vuelto un gran cazador, pero muchas veces las presas no eran muy comunes de ver. La oportunidad para diversificar el menú se dio de forma un poco extrema. Leonardo no sabía cómo, pero Dark enfermó, sufriendo de una fiebre muy alta. Los medicamentos se habían terminado hacía ya tiempo.

A pesar de pensar con la cabeza bien fría, la desesperación comenzaba a hacer mella en el ánimo de Leonardo. Arriesgándose, se internó al otro lado del bosque donde nunca habían ido. Las primeras horas fueron inútiles, la tortuga de azul estuvo a punto de ir más lejos para encontrar ayuda humana cuando se topó con otra entrada que simulaba una cueva.

Al acercarse notó las enormes vigas y pilares de madera que formaban la entrada de una mina abandonada. Leo estuvo a punto de entrar cuando escuchó cerca el cacarear de gallinas. Unos metros más allá se encontraba un enorme cultivo oculto de droga. Varios hombres que cualquiera con dos dedos de frente habría reconocido como delincuentes, estaban alrededor de una fogata, rodeados de botellas de cerveza, cada uno de ellos con un arma al lado se mofaban y presumían de lo bien que lo estaban haciendo. Las autoridades no habían podido dar con ellos.

Aprovechando la oportunidad para utilizar una vez más sus bien pulidas habilidades para el sigilo. Leonardo se aventuró al interior de una casucha de buen tamaño en la que dormían los maleantes en busca de lo necesario para ayudar a su hermano. Dentro del lugar la suerte le sonrió, se adueñó de un botiquín lleno de medicamentos, unas mantas, varias latas y paquetes con alimentos. Todo eso lo llevó en una gran mochila cuyo contenido vació en el piso. Además, se dio el lujo de matar una de las gallinas y llevarla para cocinársela a su amigo. Una buena sopa de pollo le ayudaría a sanar más rápido.

Continuará...