Una buena sopa de pollo le ayudaría a sanar más rápido.
Sin contratiempos de ninguna especie, Leonardo regresó al lado de Dark. Lo encontró delirando por la fiebre.
― ¿Por qué? ¿¡Por qué te fuiste!? Leo… ¿e-es porque he sido malo contigo? Lo-lo siento… ¡Vuelve! No me dejes solo… ― De inmediato Leonardo fue por agua para bajarle la fiebre a su hermano, el pedazo de tela humedecida con agua fresca sobre la frente del clon logró calmarlo después de varios minutos.
Leo aprovechó para darle el antibiótico tal como Dark lo había hecho con él cuando se pusieron a salvo. La época de frío empezaba a manifestarse, el de azul tembló un poco al mismo tiempo que Dark, en medio de su sueño inquieto, comenzó a quejarse por el frío. No habiendo muchas opciones porque Leonardo había usado todas las mantas para cubrir a Dark, incluyendo las suyas, decidió acostarse al lado del clon.
Teniendo mucho cuidado con los picos en la cabeza y la mandíbula de la enorme tortuga, Leonardo se metió debajo de las mantas, abrazando la cabeza de su hermano. Ni él ni Dark sufrieron de frío el resto de la noche. Cuando salió el sol, el joven líder estaba tan cansado por su búsqueda del día anterior que no despertó cuando Dark abrió los ojos con sorpresa al ver a Leonardo a su lado y se sorprendió aún más cuando Leonardo murmuró su nombre en sueños.
Deleitándose con el aroma del cuerpo de su amado, Dark se quedó ahí, muy quieto, gozando de la suavidad de la piel de Leo, del rítmico palpitar de su corazón, de sus respiraciones acompasadas, hasta que el encanto llegó a su fin. Una media hora después Leonardo también despertaba. Al abrir sus ojos Leo se encontró con los de Dark que lo miraban con cariño. A pesar de eso Leonardo no se separó de él. Le sonrió y espero unos minutos antes de preguntarle cómo se sentía.
― ¿Cómo no me sentiría bien estando tú durmiendo a mi lado? ― Leonardo se sonrió un poco apenado.
― Me alegro que ya estés mejor, voy a cocinarte una sopa deliciosa para que recuperes tus fuerzas ―. Si no hubiera sido porque Dark estaba muriendo de hambre, habría detenido a Leo.
Al terminar, Leonardo le sirvió todo el pollo. Bien sabía que, por el tamaño de su hermano, necesitaría toda la carne para recuperar sus fuerzas. Al principio Dark ofreció la mitad de la comida a Leo, pero él se rehusó con firmeza diciéndole que él era el que importaba. No pudiendo convencer al de azul, Dark comenzó a comer, a cada cucharada o mordida que daba, Leonardo se sonreía con alegría. No es que Leonardo no lo hubiera visto comer antes estando contento, pero en ese instante el clon juraba que esa alegría reflejada tenía chispas de una ternura que sólo un amante puede tener en la mirada.
Una noche, fuera de la cabaña, ambos disfrutaban estar frente a una cálida fogata. Como otra fuente más de proteínas, habían comenzado a comer insectos.
― Mi brocheta todavía no está lista… ― se quejaba Dark intentando colocar de nuevo la ramita que tenía sus insectos cerca del fuego, pero muchas veces por lo enorme de sus manos, no podía manipular objetos muy pequeños porque los rompía sin querer.
― Permíteme ―, dijo Leo acercándose, tomando la rama de las manos de su hermano para colocarla de nuevo junto al fuego.
Leonardo, en lugar de volver a su lugar al otro extremo de la fogata, se quedó sentado junto a Dark.
― Me amas mucho, ¿verdad? ―. Como respuesta a esa sencilla pregunta el clon posó su mirada amorosa en Leonardo, sonrojándose mucho al hacerlo.
El joven líder sonrió con tristeza al desviar su mirada para observar las pequeñas motas incandescentes volar por los aires cuando la brisa pasaba entre las llamas de la fogata.
― Yo sé… ― comenzó el clon a hablar con timidez ―, que no soy digno, en comparación con Rafael… soy… un monstruo, alguien como tú merece el mejor de los compañeros y… aunque nunca llegues a amarme como yo te amo a ti, me gustaría estar siempre a tu lado hasta que encuentres al indicado, hasta el momento en que sigas tu camino para vivir un futuro lleno de vida, Leonardo.
Leonardo volvió a mirarlo intensamente durante varios minutos, volviéndose a perder en los ojos de Dark, para la enorme tortuga de piel roja fue uno de esos gratos momentos que grababa a fuego en su mente para recordarlo siempre que pudiera cuando por fin Leonardo se separara de él para seguir su destino.
― En ese caso, nunca te abandonaré porque para mí eres el indicado con el que viviré ese futuro lleno de vida ―. Leonardo rodeó el enorme brazo de Dark con los suyos depositando un casto y suave beso en él para después cerrar sus ojos sin soltarlo.
Dark no pudo encontrar palabras para agradecer al destino por toda la felicidad que en ese momento experimentaba, hubiera ido a la horca sin resistirse porque sabía que Leonardo lo amaba también. Recordando al clon de su amado, le agradeció con el corazón el haber sido el blanco de esa daga que cambió su vida.
Dark pasó la noche embriagándose de amor y sosteniendo a Leo que se había quedado dormido a su lado. Aunque en un par de ocasiones su conciencia le gritaba que no era merecedor de esa dicha, todo lo que había obtenido había sido producto del peor engaño hecho a su amado.
― "¿De verdad llegué a amar a Rafael?" ― era una pregunta que Leonardo se hacía constantemente pues lo que sentía por Dark comenzaba a aumentar día con día, sus detalles, sus palabras, su compañía le hacía pensar que era la primera vez que amaba de verdad, tanto así que realmente se preguntaba por el amor que decía haberle tenido a su hermano de rojo, esto se sentía diferente.
Dark cada día le dedicaba la atención a su compañero que finalmente había aceptado sus sentimientos, por fin lograba que él se fijara en su persona y alimentaba ese ímpetu constantemente con algo de miedo a que su amado se aburriera de él y decidiera dejarlo así que se dedicaba a enamorarlo día a día.
Leonardo se sentía halagado, pero no había necesidad de hacerlo, Dark se lo había ganado y pasar tiempo con él era muy grato, podían pasar todo el día platicando de la familia, otro día agregaban algo a su casa, un poco improvisada pero muy hogareña, gustaban de hacer fogatas a la luz de la luna, entrenar en el bosque o explorar los alrededores.
― Leonardo… te amo, de verdad te amo y mucho.
― Dark, no puedo comprender cómo pasó, pero yo también, no puedo imaginar la vida sin ti ―. Le sonreía con tal calidez que derretía el corazón del grandote
Una noche en la que Leonardo, deseoso de contemplar el cielo estrellado, trepó a lo alto de un árbol y se quedó ahí por unos minutos, disfrutando no sólo de la hermosa vista sino también de los sonidos de la noche y percibió algo diferente.
Un ruido lejano se fue acercando hasta estar muy cerca provocó una punzada de preocupación en Leonardo. El ruido se trataba de una nave y estaba peligrosamente cercana por lo que Leonardo dejó todo lo que tenía a la mano y corrió inalcanzable de vuelta al hogar, como arma una rama cuidadosamente tallada para la pesca y caza, algo sencillo, pero debería ser suficiente para enfrentar lo que estuviera rondando su hogar.
Las sombras jugaban con la mente de Leonardo, cada segundo la oscuridad se atenuaba más y más, la débil fogata que tenía afuera de la sencilla casa había sido rodeada por una sombra que no paraba de dar vueltas rondando, seguramente Dark estaba dormido y eso lo hacía un blanco fácil, pero Leonardo no lo permitiría, él defendería a Dark con su vida, después de todo él era su familia y no dejaría que algo malo sucediera.
Leonardo examinó al intruso, con gran sigilo se acercó, pero no pudo contenerse cuando vio que ese hombre, ataviado con ropas abrigadoras entraba a la casa, lo tomó desde la espalda ahorcándolo y haciéndolo retroceder.
― No te atrevas a moverte porque será lo último que harás ―. Quejidos y golpeteos le solicitaban a Leonardo que lo soltara pero él no iba a caer en ese truco, se llevó al intruso caminando de espaldas hasta tirarlo cerca de la fogata para después saltar sobre él y propinarle unos buenos golpes pero se detuvo a unos centímetros del rostro del intruso.
― ¿Qué…? ― grande fue la sorpresa de Leonardo al ver de quien se trataba.
Continuará…
