Capítulo 10: El despertar de la flama.
Las llamas del mercado se esparcían a gran velocidad. Los gritos de las personas que aun quedaban bajo los escombros eran poco a poco acallados por la los rugidos de las Tirant-Violas. Los tentáculos recubiertos de metal azotaban los edificios, haciendo volar ventanas enteras, vigas de madera y pequeñas lluvias de cristal. Entre todos aquel caos, la figura de Revis observaba atenta el panorama, aguardando, inquieta a la llegada de su presa.
—Diablos… eso estuvo demasiado cerca… —Se quejó Chloe.
Su mirada bajó hasta la parte baja de su abdomen. La sangre se escurría a través de sus dedos, emergiendo desde el interior de una profunda herida a un lado de su abdomen.
Lefiya observó atónita el escenario en el cual se encontraban. Todo ocurrió tan deprisa pensó con angustia, observando a sus nuevas amigas en aquel callejón.
Momentos atrás, e instantes previos al ataque, el tentáculo de Violas salió disparado desde las profundidades de la tierra. Chloe corrió en su ayuda, atrapándole entre sus brazos y empujándole momentos antes del impacto. Para su desgracia, tal bondad no quedaría impune.
—No te muevas, déjame tratar la herida. —musitó Lunoire, arrancando parte de su uniforme de criada y presionando sobre la herida.
—Maldita sea… —suprimió un grito—Eso dejará marca… me debes una, niña.
Lefiya y Syr compartieron un atisbo de preocupación. Con sumo cuidado las muchachas se asomaron por la esquina del callejón. El lugar estaba hecho pedazos, pero para su buena fortuna, los monstruos aún no se habían percatado del lugar en el que ellas se encontraban. De todos modos, el escapar de allí no sería tarea fácil. Los ojos de la elfo de cabellos anaranjados se posaron sobre la feroz aventurera, posada ahora sobre la cabeza de una de sus bestias.
—Oh no…
De manera violenta, Revis volteó hacia el lugar donde ellas se encontraban, como si sus meros instintos hubiesen sido alertados. La desconcertante imagen de aquel callejón vacío, llamó su atención de inmediato. Su entrecejo se arrugó con frustración, y una idea fugaz pasó delante de sus ojos.
—Debemos irnos de aquí cuanto antes. Esa mujer es demasiado peligrosa. —ordenó Lefiya.
—Detesto admitirlo, pero por muy fuerte que seamos, dudo que haya alguna oportunidad de escabullirnos con tantas de esas cosas a la vista —señaló Lunoire.
—¿Entonces cuál es tu plan? —gruñó la joven semihumana— No podemos quedarnos aquí hasta que…
Los ojos de la chica se llenaron de horror de un instante para otro. De la misma forma, cada una de las allí presentes sintió un repentino escalofrió en cuanto voltearon en dirección a la mirada de su compañera. Allí mismo, parada en la entrada al callejón, unas pupilas alargadas y feroces les acechaban con una fiereza inhumana.
—La suerte me favoreció —declaró Revis.
La expresión en el rostro de Syr se llenó de preocupación mientras que Chloe y Lunoire se mantenían atentas ante cualquier movimiento de la figura. Por su parte, y siendo conocedora de las facultades de la aventurera, Lefiya se encontró a si mismo petrificada del terror, sin ser capaz de despegar su mirada de aquella mujer.
—Mi objetivo en un principio, fue solo la niña —alardeó refiriéndose a la joven elfo—, pero ustedes cuatro son sin duda un mucho premio mayor.
Precipitándose a toda velocidad, Lunoire disparó sus puños contra el rostro de Revis. Realizando un rápido movimiento de palmas, ambas manos de la guerrera fueron apresadas sin dificultad alguna.
—Supongo que esto debe bastar para hacerle venir. Pero solo pes estar segura…
Arremolinando el cuerpo de la criada como si no fuese más que una sábana recién lavada, Revis azotó su cuerpo contra el pavimento. Pedazos de guijarro salieron disparados por todas partes. Un silencioso quejido escapó de la chica mientras una helada mano cubría sus labios.
—Debería matar a alguna de ustedes, solo para asegurarme de que está vez vendrá con todo.
El cuerpo de Syr se movió hacia adelante en un instinto por querer ayudar a su amiga, pero fue detenido instantes antes de que siquiera pudiese alejarse de la elfo. Las manos de Lefiya, temblorosas pero firmes en su agarre, sostuvo con fuerza la muñeca de la joven. Su mirada hablaba por si sola; chillaba el mensaje de que nada podía hacer ella.
—¡Eres una maldita! —rugió la temeraria criada— ¡¿Por qué haces esto?! ¡¿Qué te hemos hecho nosotros?! ¡¿Qué te han hecho las personas inocentes que masacraste?!
Una de las Violas azotó sus tentáculos contra una de los edificios adversos al callejón. La pared junto a ellas tembló, y pequeñas grietas comenzaron a formarse a través de toda la estructura. Revis, por su parte, miró sin emoción alguna al rostro de la joven de cabellos plateados, como si nada estuviese ocurriendo a su alrededor.
—No se trata sobre lo que yo quiera, niña —explicó en voz alta—. Existe alguien más allá de los confines de Orario, una persona interesada en el traidor de Domhan. Ese dios tiene un plan muy interesante, he de admitir. Por mi parte, dudo que funcione, pero mi señor está interesado en su palabrerío barato. Dicho esto, ¿qué más puedo hacer yo que seguir a sus órdenes?
Moviendo con lentitud su arma, la aventurera apuntó sin dudar dirección al pecho de Syr. Las miradas de ambas chocaron en un ferviente enfrentamiento. Incluso estando frente a un enemigo monstruoso como lo era Revis, la muchacha de cabellos plateados se mantuvo firme frente al filo de la espada. Sus dos compañeras le observaron con inquietud, hasta el joven elfo parado detrás suyo parecía impactado por su actuar. Ella no se movió, no se vio intimidada ni mucho menos parecía tener intenciones de dejarse llevar con facilidad. Aquel valor que se sobreponía a lo ordinario, provocó un ligero sentimiento de curiosidad dentro de la mujer. Y entonces, dejando de lado el catastrófico choque del metal contra el concreto, el rugir de las bestias que ella controlaba y el gritar de los aventureros en la distancia, ella pudo reconocer un silbido inusual; Un llamado que no podía ser provocado por cortar del viento.
—¡No esta vez! —Exclamó, agitando el arma sobre su cabeza.
El chirrido provocado por el choque del metal contra la espada de madera precedió a las chispas que iluminaron el rostro del elfo. Unos temerarios ojos de color azul le observaron con desprecio a de la inusual espada de madera.
—Ya me tomaste por sorpresa una vez, no esperes tener esa misma suerte.
Revis empujó a su rival hacia atrás, realizando a su vez un pequeño salto hacia atrás para conseguir algo de terreno. Tomando a Lunoire por el cuello de su uniforme, Ryuu cedió terreno hasta ponerse a la par de sus compañeras.
—Diablos Ryuu… hubiera servido que llegaras un poco antes. —Se quejó la joven de cabellos castaños.
Empuñando el arma en un pose defensiva, el elfo clavó sus ojos sobre a figura de la mujer, ahora molesta y lista para atacar.
—¿Ese era tu plan? ¿Atacarme sin ser vista con una espada de madera?
—No… ese era su plan.
El resonar de un grito colérico alertó a la aventurera. Nuevamente, su espada se movió en un ángulo defensivo, con la esperanza de bloquear el ataque entrante. Sin embargo, esta vez la cosa seria diferente; Unos nudillos recubiertos por un aura rojiza, llameante y feroz cual incendió rozaron contra el metal del arma e impactaron de lleno contra el rostro de Revis. Su cuerpo salió disparado de manera inmediata. Los ladrillos de la pared trasera fueron aplastados por la fuerza del impacto, y la imagen de la aventurera fue sumergida en el interior de la estructura.
—¿S-Señor Kahn? —Exclamó Lefiya.
Una sonrisa de felicidad se dibujó en el rostro de la niña, sin embargo, esta no duraría mucho hasta convertirse en una inquieta mueca de preocupación. Los ojos de su amigo llameaban con la misma intensidad que lo habían hecho la noche pasada. Su rostro denotaba, no solo un profundo odio hacia el monstruo que acababa de golpear, sino también una rabia que se acrecentaba con cada segundo que pasaba.
—Váyanse de aquí, yo me encargaré de Revis. —Gruñó sin despegar sus ojos del agujero en la pared.
Sin perder un segundo en intentar responder, Ryuu y Syr tomaron a Chloe y Lunoire. Tomó unos segundos en asimilar lo que ocurría, pero eventualmente Lefiya reaccionó. Sus piernas se movieron de forma veloz, siguiendo a ambas sirvientas a través del callejón.
—¿Él estará bien?
—No lo sé, pero es Kahn, no tiene mucho sentido tratar de hacerle entrar en razón. —Refutó Ryuu.
El grupo entero se alejó del lugar a pasos acelerados, volteando de manera recurrente para ver a su amigo en la distancia.
