Grande fue la sorpresa de Leonardo al ver de quien se trataba.

Atónito por lo que veía, Leonardo se irguió al instante, al mismo tiempo que quien él creía era un enemigo se levantaba un poco apoyándose sobre un codo, llevándose una mano a la garganta para mitigar un poco el dolor.

― L-Leo… ― murmuró el intruso con voz forzada mientras Leonardo aún no salía de su estupor.

― E-es bueno ver que tus habilidades para sorprender a cualquiera siguen intactas, hermano… ― logró articular el intruso con voz ahogada para después toser un poco.

― Donnie… ― murmuró Leonardo creyendo con toda su alma que había perdido el juicio, pero al escuchar la voz de su hermano de morado, Leonardo volvió a saltar sobre él, pero esta vez para abrazarlo con fuerzas.

― ¡DONATELO! ― El de morado estaba acostumbrado a los abrazos impetuosos de Mikey, pero el de Leonardo en ese momento estaba muy por encima de lo habitual.

Después de un par de minutos, la fuerza del abrazo de Leonardo alrededor del cuello de su hermanito disminuyó un poco, sobre todo porque a pesar de que a Donatelo le costaba un poco respirar, también correspondió al abrazo de su hermano mayor con una euforia idéntica.

― Me alegro tanto de haberte encontrado, hermano… ― murmuró el de morado llorando de felicidad al mismo tiempo que su hermano de azul que se negaba a soltarlo por miedo a que desapareciera, pero las siguientes palabras de Donnie llenas de un gran alivio lo obligaron a hacerlo ―. Durante un tiempo creí que habías muerto, Leo.

― ¿Por qué creías eso, Donnie? ― Leonardo se sentó al lado del fuego y ayudó a su hermanito a hacer lo mismo, pero sin soltar sus manos.

― Después de que los clones atacaron y destruyeron el edificio de Cody, hubo muchos más daños a los edificios aledaños por culpa del derrumbe, eso hizo enfadar mucho a Bishop que declaró como enemigos públicos a los clones por atentar contra la seguridad de los ciudadanos y la paz pública.

― Con semejante ataque no era para menos. ¿Qué pasó después?

― Las fuerzas especiales de Bishop los capturaron y ahora están encarcelados, pero antes de que se los llevaran, tu clon se reía clamando que habías muerto a sus manos antes de que no quedara piedra sobre piedra, no quise escuchar sus palabras ya que mi rastreador portátil detectaba tus signos vitales, débiles, pero me aseguraban que aún estabas vivo ―. Donatelo miró a su hermano mayor por un segundo como pidiendo una disculpa.

― Pero no te encontré ―, prosiguió ―, de pronto las señales dejaron de llegar al rastreador. Fueron semanas las que se emplearon en recoger todos los escombros esperando hallar algo, nunca se encontró ningún cadáver. Me tomó otras semanas más el mejorar mi rastreador para que tuviese un mayor alcance. Hace dos horas que lo logré y de inmediato emitió una señal débil que conforme me estuve acercando aumentaba en nitidez, hasta hace unos minutos me indicaba que este era el punto exacto, aterricé mi nave, bajé y encontré esta cabaña, como no sabía si había algún peligro me acerqué con sigilo, o eso pensé hasta que me tomaste por sorpresa, Leo ―, sonrió el de morado fijándose de pronto en la enorme marca de una herida cauterizada que su hermano mayor tenía en su abdomen.

― ¿Esta es la herida que te hizo Dark Leonardo? ― en lugar de la respuesta que Donatelo esperaba escuchar de su hermano, oyó una pregunta que no esperaba.

― ¿Eres el único que sobrevivió, Donnie? ― La mirada de Leonardo se tornó abatida al interrogarlo.

― ¿A qué te refieres, Leo? Toda la familia está bien… espera… ¿tú creíste que estábamos muertos? Ahora me explico la razón por la que no volvías… ¿Qué te hizo pensar que no habíamos sobrevivido? ― preguntó el más listo, no sabiendo que pensar al ver a su hermano mayor esbozar una gran sonrisa de alivio en medio de su confusión.

― Después de que fui herido y a pesar de emplear toda mi voluntad para levantarme e ir en busca de todos ustedes, no pude hacerlo, Dark se ofreció a buscarlos, lo único que traía consigo cuando regresó fue una bandana roja despedazada y los sais que le obsequié a Rafael cuando por fin correspondió a mi…

― Espera… ―, lo interrumpió Donatelo frunciendo el ceño ―, ¿Dark está contigo?

― Si, él fue el que me trajo aquí y me… ― Leonardo no pudo terminar su frase pues Donatelo, después de deducir en segundos todo lo que había sucedido, se levantó de inmediato claramente enfurecido directo al interior de la modesta cabaña. Sin comprender la actitud de su hermanito, Leonardo lo siguió muy intrigado.

Buscando en medio de la habitación sutilmente iluminada por las llamas de la fogata cerca de la entrada, Donatelo entrecerró los ojos fijando su vista al encontrar al que buscaba.

Antes de que Leonardo pudiese evitarlo, Donatelo sujetó con fuerza las frazadas que cubrían el enorme cuerpo de Dark Rafael destapándolo con tanta brusquedad que el clon de inmediato despertó disponiéndose a defenderse.

― ¡TÚ ERES EL PEOR DE TODOS LOS CLONES, MALDITO MENTIROSO! ― Leonardo apenas si podía controlar a su hermanito en su arrebato de furia contra la enorme tortuga quien al ver a Donatelo palideció.

― ¡Tranquilo, Donnie! ¡Por favor, cálmate!

― ¡VOY A HACERTE PAGAR CARO LO QUE HAS HECHO! ― Donatelo trataba de arrancarse de brazos de Leonardo mientras que el clon, presa de la angustia al haber sido descubierto y temiendo las futuras consecuencias, miraba con miedo, pero no a Donatelo, sino a su amado.

― ¡DONATELO, YA BASTA! ― ordenó el joven líder, hacía ya tiempo que su voz no había estado enfundada en su tono habitual de mando, pero funcionó con la misma eficiencia de antes ― ¿Qué es lo que te sucede? ― preguntó el de azul a su hermano quien se había tranquilizado un poco, pero sin dejar de temblar de rabia.

― ¡Contempla a ese farsante que dice ser tu amigo, Leo! ¡Él sabía que todos estábamos bien! ¡Él lo sabía! ¡Yo lo vi cuando nos miraba estando a salvo! ― Ese fue el turno para que Leonardo palideciera. Él conocía de sobra al joven científico, el que jamás en su vida le había mentido.

Dark Rafael, al notar la demandante mirada de Leonardo sobre él, no articuló palabra alguna para defenderse; solo inclinó su cabeza en señal no sólo de vergüenza sino también de aceptación al conocer de sobra lo que iba a suceder.

Sintiendo la hiriente punzada de la traición atravesando su corazón al mismo tiempo que su alma, Leonardo conoció por primera vez el agudo dolor de haberse visto engañado por alguien a quien en verdad amaba.

Largos fueron los minutos tanto para el clon como para Leonardo antes de que pudiese volver a articular palabra alguna, pero cuando lo logró, Dark deseó haber muerto antes de escucharlas.

― ¿Esa es la clase de amor que dices que me tienes, Dark? ― Era la primera vez que el clon escuchaba la decepción en cada palabra de la pregunta de Leonardo, nunca imaginó que sonaría peor que una voz emitiendo un profundo odio.

― ¡Me viste sufrir por ellos, me viste deshacerme en lágrimas y sollozos al imaginarme lo peor que ellos tuvieron que padecer por culpa de mi incapacidad, me viste odiarme a mí mismo, me viste desear la muerte, pero me dejaste sufrir todo ese tiempo, no te importó en lo más mínimo! ¿¡CÓMO PUDISTE HACERME ESO!? ¡Abusaste de mi confianza, de mi amistad, DE MI AMOR POR TI!

Dark no gastó tiempo en tratar de ofrecer excusas porque sabía que no había ninguna que pudiera justificar a satisfacción sus acciones egoístas y aunque hubiese alguna que pudiese hacerlo… habría sido en vano mencionarla. Ni siquiera su auténtico amor por Leonardo era suficiente para borrar el único pero peor error que podría haber cometido en su contra.

― Y yo que creía que habías muerto por salvar a Leo… ― le reprochó el de morado al clon ―. Vámonos hermano, volvamos a casa ―, siguió Donatelo en voz alta, ya su hermano había dicho todo lo que debía decir y no quería permitir que el clon pudiese esgrimir algún ruego que pudiese hacer sentir culpable a su hermano mayor.

― ¿Vas a dejarme solo? ― fue el débil intento de Dark por detener a Leonardo, levantando su cabeza para mirarlo por última vez, logrando que Donatelo frunciera el ceño de nuevo.

― No eres un niño al que hay que cuidar ―, respondió Leonardo sin mirar atrás ―, además… no quiero odiarte y no lo hago por ti, sino por mi paz mental y el respeto a mí mismo. Si hubiese sabido esto en mi lecho de muerte habría muerto maldiciéndote, deberías dar gracias a que no soy vengativo. Adiós.

Antes de salir en compañía de Donnie, Leonardo sacó de debajo de su colchón de heno el par de sais, dejando en completa soledad al clon que sabía que su vida había llegado a su fin.

Continuará…