Antes de salir en compañía de Donnie, Leonardo sacó de debajo de su colchón de heno el par de sais, dejando en completa soledad al clon que sabía que su vida había llegado a su fin.
Al ver que Leonardo se iba, Dark se levantó de inmediato.
― ¡NO, LEONARDO! ¡POR FAVOR! NO TE VAYAS. Por favor escúchame. Sí, me equivoqué, fue un error, pero era la única forma en que pensé que podría disfrutar cuando menos de una oportunidad de estar contigo. Lo hice para lograr que me vieras con otros ojos, por favor dime que no fue mi imaginación, dime la verdad, me amas porque eso es lo que veo en tu mirada, esa mirada que no te atrevías a darme si Rafael estaba a tu lado, está bien, no hice bien, pero de no haberlo hecho nunca te hubieras fijado en mí.
― ¿Y cómo puedo saber si lo que hiciste no fue más que una manipulación? Dime ¿Cuándo planeaste todo? ¿Tus hermanos sabían de esto? ¿Ellos eran parte del plan? ― Leonardo estrujaba sus manos por el dolor que sentía incrementarse ―. Es verdad que vi algo en ti, pero… no puedo saber si se trata de la verdad o que eres muy bueno en el arte del engaño, me iré y no volveré… ni siquiera le hablaré a mi familia de ti, será como si hubieras desaparecido, quédate, huye, como quieras. La policía no sabrá de ti y eso lo hago por… por idiota porque no quiero verte en problemas.
Donatelo abrazó a Leonardo y lo sacó de ahí, el mayor se veía fuertemente afectado por lo que sucedía; al mirar a Dark, no pudo evitar sentir lástima, el pobre clon yacía arrodillado en el suelo mirando al suelo, realmente se veía arrepentido Llevó a su hermano a la nave y le ayudó a abrocharse el cinturón. Un par de líneas brillantes cruzaban las mejillas de Leonardo.
― Donnie…
― Tranquilo Leo, todo estará bien, vayamos a un lugar solo tú y yo y hablemos… ― Donatelo no quería que la familia lo viera en ese estado y conociendo a su hermano mayor tampoco quería que lo vieran así por lo que decidió hacer una parada antes de entrar a la ciudad.
― Leonardo… no te veo bien…
― No respiro, Donn… ― Su hermano se alarmó y de inmediato lo revisó, tomó una armadura para ayudarlo a respirar en la densa atmosfera de la ciudad, pero Leonardo no parecía tranquilo.
― Leo… ¿Acaso que lo que él dice es verdad? ¿Te enamoraste de él?
― No lo sé… me engañó de una forma muy cruel, esto puede ser solo manipulación, pero… en verdad me duele ―. Donatelo entendió lo que sucedía, Leonardo había tenido muchas fuertes impresiones en un tiempo muy corto y muy rápido, su decisión de no llegar a casa tomó más fuerza.
― "Tengo una nueva pista, los veré mañana" ― avisó a su familia y se quedó junto a Leonardo para lo que necesitara, un oído para escuchar, un consejo si lo pedía o un abrazo si lo necesitaba, así Donatelo dejó descansar a Leo y ya más tranquilo regresar a la nueva torre de Cody.
Al día siguiente Leonardo se despierta para ver que Donnie le procuró la mejor comodidad posible, la única camilla y su hermano a un lado sentado en el suelo, ese gesto conmovió a Leonardo y tras cubrir a Donatelo salió a entrenar y meditar, como normalmente hacía para encontrar claridad en su mente. Regresaría con su familia, ellos lo esperaban con impaciencia, iría a lado de Rafael… su amor, pero no sabía si ahora podía considerarlo así, muy dentro de él sabía que sus sentimientos habían cambiado.
Meditando, o tratando de hacerlo, Leonardo perdió la noción del tiempo hasta que sintió una mano que tocó uno de sus hombros. Donatelo, aún cubierto con la manta que Leo puso sobre su cuerpo, se sentó a su lado, el mayor sentía que su joven hermano tenía algo importante que decirle, pero no lo alentaba a comenzar pues conociendo a Donatelo, sabía que no iba a esperar mucho para escuchar lo que tuviera que comunicarle.
― Leo… hay algo que tienes que saber… Rafael… él, al igual que todos los demás, pensaba que habías muerto ―, comenzó el más listo, le entristecía el tener que agobiar más a su hermano mayor después del terrible golpe que había tenido que soportar, pero quería ponerlo sobre aviso antes de llegar al lado de su familia.
La única señal que mostró Leonardo al escuchar semejante preludio fue exhalar un profundo suspiro, de verdad esperaba no escuchar lo que estaba pensando.
― Para todos había sido muy duro enfrentar esa realidad, él comenzó a salir a patrullar solo como solía hacerlo cuando tú estabas en Centroamérica, tal vez fue la forma de afrontar tu pérdida, en verdad lo vi afectado. Una de esas noches… cuando él andaba solo, se enfrentó a unos maleantes muy peligrosos, una flota de piratas que saqueaban una nave apenas y salió vivo, llegamos a tiempo para evitar una desgracia, pero en ese enfrentamiento él conoció a una chica, una reptiliana que se enamoró de él y él se ha enamorado de ella… Creo que nunca lo había visto tan feliz, él ha cambiado para bien, si lo vieras… ya no es agresivo, presumido sí pero no más que lo normal, ya no pelea, pero sobre todo… se ve feliz. De verdad la quiere ―. Finalizó Donatelo.
― Donnie… lo que me estás diciendo es que ¿Rafael no está esperándome con los mismos sentimientos con los que nos separamos? ― Leonardo sintió que debía luchar por ver su felicidad alcanzada, no aceptaba la verdad que Donatelo le decía, él quería amar y ser amado por quien había elegido desde un principio ―. No, Donnie… yo sé que él me ama y cuando nos volvamos a ver haré todo lo posible porque él recuerde lo que sentía por mí, aún lo puedo recuperar.
Como respuesta Donatelo sólo suspiró, si antes le preocupaba su hermano, en ese momento su preocupación aumentó exponencialmente, aunque la única consecuencia positiva sería que su hermano por fin dejaría de vivir en el engaño. Unas horas después, ambos llegaron al nuevo edificio de Cody, la noticia de que Donatelo había encontrado a su hermano sano y salvo alegró los ánimos de todos quienes casi se fueron encima unos de otros después de que la nave había aterrizado en la cima del edificio. Tan pronto se abrieron las compuertas y Leonardo apareció, se encontró rodeado por todos ellos, claro que Mikey fue el primero en rodearlo con sus brazos.
― ¡LEO! ¡OH, LEO! ¡QUÉ ALERÍA VERTE DE NUEVO! ― gritaba Mikey apretando tanto a su hermano mayor en medio del júbilo que Leonardo, haciendo de lado el dolor en su corazón, lo llenó de alegría al sentir de nuevo entre sus brazos al alegre bromista que tanto había extrañado.
― ¡MIKEY! ¡HERMANITO! ― El mayor disfrutó hasta el infinito el tener a su joven hermano entre sus brazos al mismo tiempo que sentía una mirada paternal sobre él. Su padre a tan sólo unos pasos de su hijo perdido, le sonreía como sólo un padre dichoso sabe hacerlo.
― Hijo mío ―, a pesar de que la voz de Splinter no pudo escucharse en medio de la algarabía, Leonardo con sólo ver el alivio en el rostro de su padre y su mirada llena de ternura que lo cubría por completo no tuvo necesidad de escucharlo. Aun estando rodeado por Mikey, Leonardo miró a Splinter con la misma expresión con la que lo miraba cuando era consolado por la sabia rata después de haber estado triste.
Después de Mikey, Cody se acercó al joven líder para también compartir el pedazo de felicidad que legítimamente le correspondía al ver a su amigo de azul sano y salvo. El que también estaba feliz de verlo, pero no tan cerca del grupo, era Rafael… y cerca de él, una chica mutante.
Tan pronto como Rafael se acercó más para recibir a su hermano mayor, los ojos de Leonardo y los de Donatelo recayeron en la chica que tímidamente también se acercó al grupo.
― ¡Leo! ¡Qué bueno verte de nuevo, hermano! Ya habíamos perdido las esperanzas ―. Las palabras felices y el apretado abrazo de Rafael a su hermano mayor eran por completo sinceras. Ese abrazo Leonardo lo ansiaba, quería sentir el amor que Rafael le inspiraba, deseaba volver a esos breves días en que el de rojo declaró su amor e inundar su pecho con aquellas sensaciones más sin embargo… ese sentimiento ya no estaba ahí. Leonardo extendió el tiempo del abrazo, pero no había emoción, no tenía la sensación de flotar, era su hermano y lo amaba pero… era verdad, Rafael había cambiado y sin duda Leonardo también.
Esa pasión ya no se encontraba ahí. Era un amor enorme y genuino, pero fraternal. En cambio, Leonardo no podía dejar de pensar en Dark, la forma en que se habían separado y que no podía negarlo, lo extrañaba con demasía.
― Gracias Rafa, de verdad que los extrañé mucho ―, se sonrió Leo para después preguntar: ― ¿Quién es ella?
― Ehhhh… ella es mi novia ―, respondió el de rojo un poco inseguro al hacerlo, pero no miró a su hermano de frente al decirlo. Leonardo sólo se sonrió y le dio la bienvenida a la jovencita quien al comprobar que las historias de la familia acerca del joven líder se quedaban cortas después de estar al lado de todos ellos en la bienvenida hasta que llegó la noche.
Después de todo el día, Rafael se escabulló a la nueva habitación de Leonardo. Necesitaba hablar con él para saber que su hermano estaba bien. Hubo una gran cena de bienvenida, todos se alegraban de tener al hermano al que creían perdido de nueva cuenta entre ellos, entre los momentos en que platicaban y sonreían una furtiva mirada de Leonardo hacia la reciente pareja le confirmaba lo que Donatelo le había comentado, Rafael era feliz y muy enamorado de la jovencita, la miraba con tal devoción de la cual él nunca fue partícipe como cuando el de rojo le había dicho que lo amaba.
Leonardo comprendió que no había necesidad de luchar por su amor, no había uno por el cual luchar y la única razón por la que él no se perdía en el desamor era Dark y los gratos recuerdos que llevaban consigo a su lado. Al terminar la velada todos se retiraron a sus habitaciones menos un alma en pena que buscaba a Leonardo de forma clandestina.
― Leo… necesito hablar contigo ―. Leonardo sabía de antemano que esa plática entre él y su hermano de rojo habría de darse tarde o temprano, apartándose un poco para dejar pasar a la gruñona tortuga, el mayor se dispuso a escucharlo. Rafael se paseó varias veces antes de expresar lo que estaba en su mente, pero Leonardo, al ver eso, le ahorró el esfuerzo.
― Antes de que comiences, Rafa, quiero decirte que me alegra mucho que tengas a alguien especial en tu vida porque yo… después de todo lo que sucedió, llegué a la conclusión de que mis sentimientos por ti no eran los que yo creía que eran, así que no te preocupes por mí, porque nada ha pasado, estamos tan bien como siempre.
― ¿En verdad, Leo? No sabes el peso que me quitas de encima, tengo que admitir que lo que hice o traté de hacer fue una tremenda estupidez y todo porque quería vengarme de ese estúpido clon… De verdad lamento el haberte usado en esa forma, tú sabes que a veces no me detengo a pensar en las consecuencias de lo que hago… y me imagino que debiste sufrir mucho cuando nos dijiste que creías que habíamos muerto… aunque puedo asegurarte que mi cariño por ti sigue estando intacto, siempre serás mi mejor amigo, no sólo mi hermano mayor.
― Lo sé, Rafa, lo sé ―. Después de enmendar su error, Rafael salió feliz del cuarto de su hermano mayor quien, para su sorpresa, se sintió feliz de haberse sacado esa duda de encima, pero el lado malo de todo es que en ese momento su dolor por la traición de Dark no hizo más que crecer porque en verdad era a él a quien amaba con toda su alma.
Días pasaron hasta que una semana completa transcurrió, durante ese tiempo y aunque no era el mismo edificio, Leonardo recordaba todo lo que había compartido con el clon de su hermano: su rehabilitación, sus entrenamientos, las pláticas, los momentos de ocio y sobre todo la primera mirada que compartieron.
Donatelo, una vez más preocupado por su hermano mayor, no dejaba de observar todos los matices de los desastrosos efectos por los que su hermano estaba pasando por culpa de la mentira de Dark. El mayor pasaba de estar sonriente al estar con Mikey jugando, a mostrarse sombrío por unos momentos en los que el más joven regresaba de la cocina con muchos bocadillos, para después vérsele en el rostro el estar perdido en sus pensamientos o recuerdos, tanto así que Mikey podía hablar, hablar y hablar hasta quedarse afónico, pero sólo obtenía monosílabos como respuestas.
Durante escasos segundos Donatelo se preguntaba si de verdad había sido buena idea el haber encontrado a su hermano mayor, pero esa duda no apareció en su ánimo más que una sola vez porque Leonardo merecía el tenerlo todo, una persona especial en su vida y estar al lado de su familia, eso sin mencionar a todos los demás que hubieran vivido con ese vacío ensombreciendo sus vidas.
Al atardecer del séptimo día, Donatelo, volviéndose a armar de todas las excelentes razones y concienzudas reflexiones que nacieron en su mente gracias a la inspiración en su corazón por el bienestar de su hermano, se presentó en la habitación de Leo, preparándose, si era necesario, el pasar toda la noche platicando con él para auxiliarlo en cualquier decisión que tomase respecto a su felicidad.
― Donnie… ― sin necesidad de preguntarle qué lo había llevado a visitarlo a esas horas, Leonardo dejó el paso franco a su hermanito de morado al interior de su habitación.
― Leo, una vez más quiero que sepas que estoy aquí, a tu completa disposición para ayudarte en todo lo que quieras ―, comenzó el más listo sentándose frente a su hermano quien también tomó asiento.
― Donatelo… he perdido la cuenta del número de veces que me has apoyado durante todo mi tiempo de debilidad y sé que he sido una enorme carga para ti, de verdad lo lamento ―, confesó Leonardo abrazando a su hermanito quien devolvió el gesto afectuoso con el mismo fervor.
― Leo, el maestro me contó los sinsabores por los que tuvieron que pasar todos ustedes cuando sufrí esa segunda mutación por culpa de los extraterrestres falsos de Bishop, y fuiste tú el que más peleó por mí, es por eso que quiero ayudarte en lo que quieras, no quiero verte sufrir más. Dime, con toda la sinceridad que hay en el mundo, ¿qué es lo que quieres hacer ahora?
Leonardo de sobra sabía que contaría con Donnie para lo que fuera, así que consagró unos minutos en preguntarse a sí mismo que era lo que en realidad deseaba hacer. Donatelo lo miraba pensar, casi adivinando el camino que su hermano mayor habría de tomar.
― Quiero volver a ver a Dark, no estoy seguro de cuál será mi reacción al verlo, pero sé que mi primer pensamiento después de hacer eso será el correcto, ¿será mucho pedir que me acompañes a verlo, Donnie?
― ¡Claro que no, hermano! Mañana a primera hora será lo primero que hagamos ―, respondió el más listo, alegrándose de saber que todos los argumentos en los que había pensado para convencer a su hermano de perseguir su felicidad ya no eran necesarios, en cierto momento creía que Leonardo iba a sacrificar esa oportunidad para ser mucho más feliz.
Continuará...
