Después de enterar a su padre de los planes que tenían en mente, Leonardo y Donatelo abordaron la nave para regresar a la cabaña en el bosque.
Donnie se alegró al ver el entusiasmo de Leo por volver a ver al que amaba. En el interior de la humilde vivienda se contaba una historia muy diferente a la que el brillante sol contaba fuera de ella. Ambas tortugas, por unos segundos, miraron horrorizadas el escenario dentro de la cabaña.
Todos los muebles en el interior estaban destrozados, la colección de piedras estaba regada por todo el suelo, varias manchas de sangre estaban alrededor de ellas. Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, y ya contando con la ayuda de su hermano, Leonardo recorrió todo el interior de la cueva y los alrededores del lugar en busca de Dark Rafael.
― ¿Qué pudo haberle pasado? ― se preguntaba Leonardo tratando de no pensar que el clon había atentado contra sí mismo después de haber sido abandonado.
― Leo, cálmate, lo encontraremos ―, se apresuró Donnie a tranquilizar a su hermano porque Leonardo siempre tenía la tendencia a sentirse culpable por lo malo que pudiera sucederle a alguien que amaba.
Enfocándose en la tarea a cumplir, Leonardo de inmediato entró en su modo ninja, miró todo de nuevo con mayor detalle y un par de agujeros de bala en la madera podían notarse.
― Es de una bala de rifle, no estoy muy seguro, de armas de fuego no sé mucho pero casi podría apostar que son de las que usan los soldados ―, afirmó Donatelo después de mirar la bala un poco aplastada que sacó del muro. Leonardo recordó de inmediato donde había visto esa clase de armas: los maleantes del campo oculto de drogas las tenían.
― Sé dónde está, Donnie, ¡vamos! ― Donatelo de inmediato subió a la nave junto con su hermano, sabía que los autores del mal momento que había sufrido su hermano de azul estaban a punto de pagar por todo lo malo que hubieran hecho en sus vidas.
Activando el modo silencioso de la nave, Donnie bajó lo más cerca que pudo al lugar. Y en efecto, aquellas pobres excusas de seres humanos tenían prisionero a Dark. La pobre tortuga estaba sentada en el suelo, atada con cadenas a una enorme piedra.
Todo el deplorable estado del clon le desgarró el corazón a Leonardo, sobre todo el ver las recias ataduras que, para el clon, a quién había visto romper un haz de gruesas varas con increíble facilidad, estaban intactas. De inmediato adivinó que Dark no tenía ni la más mínima intención de liberarse, a pesar de estar herido, sin importarle el ser blanco de burlas o estar privado de agua y alimentos; en su rostro se adivinaba que sólo esperaba la muerte.
Leonardo sopesó sus opciones, observó por lo menos a cinco tipos custodiando a Dark, pero ignoraba si había más hombres en el interior de la destartalada casucha. Se notaba que había más hombres desde la última vez.
― ¡Eso te pasa por querer robarnos, de nosotros nadie se burla! ― le gritaba uno de los hombres al indiferente clon mientras lo golpeaba en la cabeza con la cacha de su arma ― ¡Ahora levántate, bestia, que no he terminado contigo! ― El cruel humano quitó el candado detrás de la enorme roca para que el clon pudiera ponerse en pie, pero las cadenas alrededor de su torso y que inmovilizaban sus brazos, quedaron en su lugar.
― ¡Camina! ― le ordenó el torturador a su víctima quien, sin levantar la vista del suelo, comenzó a moverse en dirección de la vieja construcción. Dos hombres más acompañaron al que quería seguir divirtiéndose con Dark hasta la casa, los demás se quedaron vigilando.
Leonardo de inmediato supo lo que sucedía, todo se debía a la intrusión que él hizo semanas atrás en ese lugar cuando Dark se enfermó severamente, era su culpa que estos maleantes ahora se estuvieran desquitando.
Al verlo recibiendo más golpes brutales Leonardo comenzaba a enfurecerse, contra esos tipos, contra él, contra todo, se descubrió así mismo pensando en eliminar de la faz de la tierra a semejantes seres tan desalmados y de no ser por la mano de Donatelo que lo sacó de sus oscuros pensamientos Leonardo se hubiera dejado ir sobre ellos.
Su hermano le hizo señas, debían tener precaución pues alrededor habían más de esos… "guardias" custodiando sus sembradíos.
― Él no se ve bien, Donnie… ayúdame a sacarlo, debe estar convencido de que nunca iba a volver y…
― Tranquilo Leo, él sabe que te dio motivos ―. Leonardo cerraba los puños con fuerza.
― Es mi culpa…
― ¡Oye, no! No lo hagas, no te culpes por esto que nunca fue tu plan o intención que fuera capturado, así que no lo hagas porque te necesito concentrado para sacarlo de ahí o mejor te regresas a la torre… pensándolo bien creo que es lo mejor, vamos a la nave y te regresas.
― ¿Pero, qué dices?... Donnie…
― Vamos Leo, siempre que te dejabas llevar por el enamoramiento por Rafael te distraías mucho y eso que sólo te llegaba a decir un "Hola" o cruzaba contigo una mirada, la última vez terminaste aquí casi muerto, ahora que sé que Dark significa algo más para ti no me quiero imaginar que es lo que te pasaría, así que lo mejor será que regreses y traigas refuerzos. Por favor Leo, no permitiré que te suceda algo por intentar salvarlo.
Leonardo estaba sorprendido por la decisión de Donatelo y aunque entendía sus razones, esa vez no lo aceptó.
― Donatelo… no lo haré, no me iré y lo abandonaré, eso no sucederá nuevamente, así que te pido por favor, confía en mí, porque yo lo amo y quiero ser feliz a su lado. Por favor. No me pidas eso.
Donatelo entendió que no podría detenerlo, porque la mirada que el de azul le dirigía estaba ya lejos de ser la de un Leonardo distraído, su mirar reflejaba esa decisión que sólo puede dar la infinita confianza en las propias habilidades. Desde ese momento en adelante Donatelo entendió que ya no debía preocuparse, Leonardo estaba lleno de determinación así que era hora de apoyarlo y ayudarlo. Sonriendo después de ver aquello, afirmó con la cabeza.
― Vamos ―. Escaneando el lugar Donatelo observó la ubicación exacta de todos los que estaban presentes, junto con Leonardo trazaron un plan que esperaban funcionara. Fueron primero con los que estaban al exterior, comenzaron con quemar una pequeña parte te la parcela de campo, ahí los custodios fueron de inmediato a averiguar que sucedía, en ese tramo de camino.
Donatelo desapareció a uno llevándoselo entre el cultivo vecino, Leonardo se subió a uno de los árboles que al momento en que el maleante tocó la trampilla terminó colgado cabeza abajo, Leo aterrizó y lo único que hizo fue golpearlo en la cara para noquearlo. Otro más desapareció entre el humo que el cultivo gracias a que Donatelo lo golpeo justo en la sien y el último se descubrió solo cuando termino de apagar el humo, miró hacia atrás y un puñetazo le rompió la nariz, una katana quedó a milímetros de su cuello.
― Habla de más y te quedas sin lengua ―, amenazó Leonardo ―. Queremos saber todo sobre los que están ahí dentro.
El humano temblaba de ver la ferocidad en los ojos del mutante y extendiendo los brazos aceptó su rendición.
― Ahora dime, ¿cuántos son? ― El hombre trató de hablar torpemente, pero sintió cómo una mano aplastaba su cabeza así que no pudo más que mostrar con su mano cinco dedos.
― Vas bien, ahora dime… ¿Tienen una señal para entrar? ― "No" ― respondía señalando con la mano.
― ¿Cada cuánto se comunican? ― La señal fue clara.
― ¿Una hora? Está bien ―. Y tras decir esto Leonardo noqueó al humano ocultándolo entre el sembradío.
― Donatelo, voy desde el techo, tú te quedas afuera y cuando salgan, muestra la misma piedad que le han dado a Dark.
― Pero Leo… eso es venganza.
― No Donatelo, se trata de justicia y nosotros sólo somos el vehículo para hacerla ―. La voz sombría de Leonardo no dejaba lugar a dudas, más valía que los humanos no se opusieran mucho o encontrarían su fin a manos de su hermano.
El más listo lo conocía bien y sabía que en ese momento no iba a poder influir en él, era su lado "estilo Rafael" que muy rara vez se podía ver. Haciendo caso a su plan se quedó en los alrededores, por donde estaba la puerta principal de la casa.
― Ya deja de jugar con él, esto ya no es divertido, es triste ―, le decía uno de los hombres ya cansado de ver cómo torturaban al mutante.
― ¡Ahhh ya cállate, tu eres el que le quita la diversión a todo! ― respondía quien calentaba en el fuego de la chimenea un hierro al rojo vivo, tomó un guante con el que revolvía entre las brasas lo que usaría en contra de Dark, un herraje que encontraron, se lo pondría sobre el rostro para que siempre recordara tan singular día… bueno, no era como que lo dejarían vivir mucho. Leonardo observó con cuidado la situación, era obvio que los humanos estaban bajo los efectos de las drogas y enfrentarlos cuerpo a cuerpo sería desventajoso para él, así que decidió esperar a que se separaran, pero para su mala suerte esto no sucedía y cada minuto que pasaba Leonardo veía como la integridad y vida de Dark corrían peligro, observó cómo el jefe sacó el fierro de las llamas de la chimenea y acercaba peligrosamente al mutante que no decía ni hacía nada por defenderse.
― Ahora sí, escucharé tus gritos ―, levantó los brazos llevando en dirección al rostro de Dark el fierro ardiente, no entendió lo que sucedió de pronto el fierro salió volando por una ventana e inmediatamente después él también volaba fuera de la casa, Los demás se alarmaron, el estruendo se había escuchado después que una ráfaga verde apenas se notara, un mutante que a gran velocidad se había encargado como si de un muñeco se tratara de su amigo. La tortuga, armada con un par de espadas, estaba ahí, serio y listo para atacar, al primer movimiento de uno de ellos Leonardo le sacó el aire con un solo golpe en el estómago, los demás tomaron su distancia y sacando las armas le apuntaron dispuestos a disparar en cualquier instante
La confianza de Leonardo en el más listo de sus hermanos estaba bien cimentada, Donatelo con una precisión sólo comparable con su velocidad, desarmaba a la gran mayoría de los maleantes quienes estando bajo el influjo de los estupefacientes, no atinaron a ver qué o quién era el que los estaba atacando.
En esos escasos segundos, Dark miraba fascinado al que creía que no volvería a ver nunca más. Leonardo defendiéndolo era una de las escenas que más había tenido en sus sueños, tanto dormido como despierto. Su amado peleando por él, por su seguridad, era mucho mejor de lo que había imaginado. Aunque en ese diminuto lapso su corazón disfrutaba al máximo de ver aquello, logró darse cuenta que uno de los hombres se levantaba penosamente del piso aún armado dirigiendo su arma en dirección de Leonardo.
Rugiendo como un león salvaje, Dark rompió con facilidad las ataduras alrededor de su cuerpo para lanzarse sobre el maleante al mismo tiempo interponiéndose en el trayecto de la bala que amenazaba a Leonardo.
La tortuga de azul, apenas logró ver como caía el hombre una vez más, pero ahora fuera de combate gracias a uno de los enormes puños de Dark.
Después de asegurarse que todos los hombres fuera del lugar estaban fuera de combate, Donatelo se relajó un poco para ver qué había sucedido. Dark abrazaba a Leonardo de tal forma que la tortuga más pequeña no tocaba el piso con sus pies, recibiendo docenas de besos en su frente.
Donatelo exhaló un suspiro de alivio.
― Me alegra ver que ambos están bien.
― Si, Donnie ― respondió Leonardo intentando que Dark disminuyera un poco la fuerza de su abrazo.
Después de bajar a Leo, el joven líder examinó a su amado.
― No te preocupes, Leo, la bala dio contra la parte más dura de mi caparazón ― le aseguraba la enorme tortuga al mismo tiempo que Donatelo asentía para que Leonardo estuviera del todo tranquilo.
― Perdóname, Dark, no debí haberte abandonado, desde el momento que te vi tan triste por mi culpa, supe de inmediato que de verdad te amo, espero que puedas perdonarme por haberte hecho sentir mal ―, se disculpaba el de azul tratando en vano de envolver todo el cuerpo de su amado con sus brazos, haciendo sonreír tiernamente al enorme clon.
― Leo… soy yo el que te debe pedir perdón por haberte mentido de esa forma… no hay excusa para lo que tuviste que sufrir por culpa mía y mis inseguridades. Estoy muy feliz de ver que has regresado por mí y que te preocupas por mi bienestar, pero no quiero más… si has dicho que me amas porque sientes lástima por mí, por favor no lo vuelvas a mencionar…
Sonriéndose al mismo tiempo que miraba con sensual dulzura al enorme clon, Leonardo saltó de tal forma que sujetó el enorme cuello de Dark para poder darle un beso. Esa acción tomó por sorpresa a Dark Rafael, pero no se resistió en lo más mínimo y cayó de rodillas después de que Leonardo separo sus labios de los suyos, pero sin soltarlo.
Unos minutos después varios miembros del ejército rodeaban el campo de droga oculto, arrestando a todos los que estaban ahí. Donatelo había llamado dando la ubicación exacta del campo y la descripción del jefe de los bandidos, los detalles dados por el más listo encendieron las alarmas para las autoridades, pues aquellos hombres eran parte de una gran organización criminal, buscados en varios estados de la nación.
Desde la entrada de la vieja mina abandonada cercana al lugar y gracias a unos binoculares, el joven científico les contaba a Leo y a Dark lo que sucedía. Leonardo, no queriendo que Dark estuviera soportando los golpes y pequeñas heridas en su cuerpo, lo atendía usando el paquete de primeros auxilios de la nave. El enorme clon no pronunciaba palabra alguna, pero sus miradas expresaban su felicidad, disfrutaba como sus acumuladas ansias por sentir las manos de su amado sobre él se desvanecían dando paso a esas sensaciones tan anheladas, se las había imaginado muchas veces, pero sus sonrisas brillaban al descubrir que sus sueños estaban muy por debajo de la realidad.
Después de asegurarse de que su amado clon no tuviese problemas para caminar, todos abordaron la nave directo al nuevo hogar de Cody.
Todo mundo, incluido Rafael, aceptaron al clon como nuevo miembro del clan, algo que Leonardo agradeció mucho a todos, por supuesto que no esperaba menos de su adorada familia. Una semana después se anunció que ambos, Leonardo y Dark eran oficialmente una pareja. Dark, aun sintiendo un poco de culpa por todo el sufrimiento que había provocado, ofreció en silencio un juramento; que pasara lo que pasara, él habría de proteger a todos aquellos que lo habían aceptado y sobre todo perdonado, en especial a Leonardo.
Justo en la tarde del día del anuncio de la nueva pareja, un Donatelo cuyo rostro expresaba una profunda tristeza, se sentaba en uno de los lujosos sillones que permitían ver, a través de enormes ventanales, una de las mejores vistas del atardecer que pintaba de tonos rojizos a toda la futura ciudad de Nueva York.
― Lo sabía… ― murmuró el más listo, odiando con todas sus fuerzas su falta de determinación ―, sabía que nunca iba a tener el valor de decirle a Leo todo lo que sentía por él… tuve tantos momentos para decírselo y desperdicié todos y cada uno de ellos… Era yo el que vivía engañado, pensé que tendría todo el tiempo del mundo para hacerlo y ahora… ahora… ― el joven científico sólo atinó a apoyar sus codos en sus rodillas, sus manos colgando entre sus piernas y con la cabeza baja.
Si hubiese permanecido mucho más tiempo sintiéndose tan deprimido hubiera comenzado a sollozar, pero una voz no se lo permitió.
― Donnie, ¿estás bien? ― Donatelo levantó la vista para encontrarse con los enormes ojos azules de su joven hermano quien lo miraba de verdad preocupado.
― Mikey… ¿por qué no estás con los demás celebrando? ― Donatelo intentó el verse normal al preguntar, pero lo único que pudo hacer fue enderezarse un poco, el dolor de saber que ya nunca podría confesarle sus sentimientos a su hermano mayor, pesaba demasiado en su corazón y eso se reflejaba en su cuerpo.
― Hace ya tiempo que te comportas raro. Desde que creímos que Leo había muerto noté de inmediato que tú eras el más afectado, Donnie y también el que más luchó por encontrarlo, mientras que Rafa y yo nos rendimos tú nunca perdiste la esperanza ―, explicó el más joven sorprendiendo un poco a Donatelo, siempre pensó que escondía muy bien sus sentimientos y reacciones, pero su hermanito lo había descubierto.
Antes de que pudiera negar lo raro en su comportamiento Mikey agregó ―: ¿tú amas a Leo, verdad? ― Ahora la sorpresa en la mente de Donatelo se había cuadruplicado. No podía creer que el joven y distraído Mikey lo notara. Ni siquiera su padre lo había adivinado. El negarlo habría sido ridículo.
― Si… ― respondió con laconismo, forzándose a decirlo en voz alta.
Antes de volver a entregarse al sufrimiento, Donatelo sintió los brazos de Mikey envolviendo con cariño su cuerpo.
- Si quieres un hombro para llorar, yo tengo dos- se le escuchó decir a Mikey. El más listo recargó su cabeza en el hombro del joven bromista quien comenzó a acariciar su cabeza ofreciéndole la oportunidad de dejar libre su dolor y Donnie la aprovechó.
Después de lo que parecieron horas, Donatelo levantó su mirada para encontrase de nuevo con aquellos ojos que ahora reflejaban un poco su tristeza, pero también una esperanza.
― No sabes lo mucho que siento que hayas perdido la oportunidad de estar con Leo, Donnie, de verdad; pero, siempre habrá alguien que te ama con todo su corazón ―. Justo después de esas palabras Donatelo miró con más atención los ojos de Miguel Ángel, la inconfundible mirada de un sentimiento más allá de lo fraternal brillaba en ellos.
En el azul de los ojos de Mikey podía leerse fácilmente: Te amo.
Donnie se sonrió.
FIN
