Nota antes de empezar:
¡Hola! Tanto tiempo sin escribir en esta plataforma, he de admitir que soy fan de la pareja que hace Shun con June y al no encontrar tantas historias me decidí por crear las mías.
Advertencia
Para leer lo siguiente les recomiendo que olviden completamente la saga de Poseidón, ya que de esta se utilizaran solamente los personajes; pero se cambiaran completamente sus personalidades y en algunos casos, la edad.
Sin más que decir, disfruta la lectura.
- ¡Tierra a la vista! – entre la inmensidad del mar, se apreciaba un barco luchando en contra de la marea para llegar a su destino. En él, varias personas trabajan poniendo todo en orden mientras que algunas simplemente disfrutaban de la hermosa vista que les brindaba el océano. Un joven de cabellos azules se aproximaba a la cubierta, escuchando la melodiosa risa de una infanta, al estar frente a ella se agacha hasta quedar a su altura. - Sabes que te quiero mucho ¿no?
- Claro que si hermano – sonríe con ternura alzando sus brazos. – Yo también te quiero.
Julian sonríe alzando a la pequeña rubia en brazos, dejando un beso en su frente. - ¿Ves esa isla de allá? – con su mano derecha señala el lugar antes mencionado, mientras que la niña asentía tras las palabras de su hermano. – Ahí también hay personas que te van a cuidar y querer tal como yo lo hago, Junet.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo. – El par de hermanos se abrazaron con fuerza, queriendo detener el tiempo y quedarse así para siempre. Desgraciadamente eso era imposible.
El barco detuvo su andar a pocos metros de la isla de Andrómeda. – Es hora. – El joven murmuro tomando la pequeña mano de su hermana, colocando en esta una pulsera con siete piedras, cada una de un color diferente. - Mama decía que esta pulsera tiene dentro la esencia del mar, espero que algún día puedas encontrarla. - Y sin dejar a la rubia contestar, encendió su cosmos, dejándola inconsciente y sellando así sus recuerdos.
- ¿Esta seguro de lo que hace, señor? – Su fiel compañero se encontraba ahí, presenciando la escena. –
- Un mal se avecina, Sorrento. Necesito que ella este preparada para todos los problemas que tendrá que enfrentar. – El cuerpo inconsciente de June fue dejado en los brazos de Sorrento. – Ahora ve y llévala con Albiore, confió en ti.
El tiempo paso rápidamente, Junet ahora era la portadora de la armadura de camaleón, ocultaba su rostro bajo una fría mascara por ordenes del santuario. Toda su vida la entrenaron para proteger a la diosa Athena, pero después de la batalla del santuario pasaba los días velando por una isla desierta. Su rutina día a día era entrenar y caminar sin rumbo, el único contacto humano que tenia era con los barcos de carga que llegaban para dejar suministros.
Pero un día, todo cambio. Un terremoto de gran magnitud sacudió la isla, trayendo consigo olas que devastaban todo a su paso. A Junet no le quedo de otra más que refugiarse y esperar a que todo terminara.
Al día siguiente de la catástrofe, salió a verificar que todo estuviera en orden.
- Pero que desastre, lo peor es que tendré que limpiar todo esto yo sola. – soltando un suspiro comenzó a levantar las cosas rotas del suelo, tan entretenida estaba que no se dio cuenta del hombre ahí presente.
- Lo siento mucho, pero me gusta hacer grandes entradas, lindura.
- ¿Qué? ¿Quién eres tú? – gracias a la máscara no se podía apreciar la expresión de espanto que hizo, trato de llamar a su armadura, pero no tuvo éxito.
- Permíteme presentarme, soy el gran Kanon de Dragón marino y vengo para llevarte a tu hogar con Poseidón ¡Ay! - Un golpe en su mejilla interrumpió su discurso. - Pero ¿qué te pasa? – Kanon frunció el ceño mirando fijamente la máscara de Junet. – Y quita esa cosa, ya no eres parte de los caballeros de Athena.
- "gran" Kanon de Dragon marino – hizo comillas con sus dedos. – No tengo intención alguna de creerte, así que regresa por donde viniste y no aparezcas más por aquí o no tendré compasión contigo – dio media vuelta tratando de ignorar el hecho de que su armadura no respondía a su llamado, tal vez todo eso era un simple sueño. De pronto, empezó a ver borroso y un dolor punzante se instalo en su cabeza, imágenes de un chico de pelo azul iban y venían, cayó de rodillas al no poder soportar el dolor y un solo nombre estaba en su mente, Julian.
