Estaba malhumorado y el sonido de las risas sólo lo estaban empeorando. Se cruzó de brazos, mordisqueando el filtro del cigarro que Mori le había pedido apagar porque los niños estarían allí.
¿Cuáles niños? Rumiaba sin prestar la mínima atención. Yumeno era un monstruo en toda la extensión de la palabra, ni siquiera su apariencia estaba terminada en lo que pudiera llamarse humana y Elise no existía, al menos no dentro del mismo plano que el resto de la humanidad.
Chasqueó la lengua desesperado al ver el reloj. Chuuya debió llegar hacía una hora, Chiba ni siquiera quedaba tan lejos y su tarea no era difìcil. Si Mori lo hubiera dejado acompañarlo hubieran terminado en diez minutos pero el hombre encontró màs importante que cuidara de esos estúpidos insultos a la vida sin la más mínima consideración por su equilibrio mental.
Estaba hablando de Mori. No podía esperar mucha empatía de su parte. Mordisqueó el filtro con mayor ansiedad, considerando que si abría una ventana el humo no se quedaría en la habitación.
— Juega con nosotros— Yumeno le sujetó el pantalón cuando lo vio caminar hacia el pasillo—. Por favor.
— Quizá cuando crezcas un poco— murmuró, jalando su pierna lejos de la mano de Yumeno.
— Déjalo, Q, es un aburrido— Elise seguía coloreando en el suelo, desinteresada— Chuu-Chuu es mucho más divertido, cuando venga digámosle a él.
— Pero yo quiero jugar con Dazai— se abrazó a su pierna, sonriendo—. Anda, juega conmigo.
— De verdad, renacuajo, no estoy de humor.
—Por favor.
— Suéltame.
Los dientes apretados igual que los puños pusieron en alerta a Elise, se levantó y entrecerró los ojos queriendo leer las próximas acciones de Dazai cuya aura estaba cambiando demasiado rápido. El adolescente era inmune a las habilidades y ni ella ni Yumeno podrían hacer nada, sin embargo estaba lista para ponerse a gritar si algo pasaba.
— Te puedo prestar mi peluche favorito, es de rana.
— ¡Déjame en paz! — lo empujó con la pierna retomando su camino.
No se resignó. Hizo un puchero cruzándose de brazos antes de decidir saltarle encima, colgándose de su cintura y echándose a reír sin esperar por supuesto que Dazai le tomara de la solapa de la camisa arrojándole al suelo para comenzar a golpear su rostro.Yumeno intentó detenerlo sin lograr más que aumentar su enojo. Dazai comenzó a patalearle, empujando a Elise quien se había acercado para golpearlo intentando ayudar a Yumeno.
— ¿¡Qué carajos estás haciendo!?
Chuuya no se demoró en cerrar la puerta más apurado para interponerse, sujetando el brazo de Dazai. Sus ojos estaban más vacíos que de costumbre a pesar de lo apretados que estaban sus dientes. Lo empujó para soltarse y Chuuya extendió los brazos protegiendo a ambos niños que se habían sujetado a sus piernas. Dazai avanzó hacia él empujándolo por el pecho, sin embargo no logró moverlo. Físicamente era mucho más fuerte.
— Si tienes algún puto problema y quieres desquitarte con alguien hazlo conmigo, no con un par de niños, maldito imbécil.
— Ellos empezaron.
— Yumeno sólo quería jugar con él— murmuró Elise limpiando con su mano la sangre de la nariz de su amigo—. Le dije que lo dejara, Dazai siempre ha sido un bastardo.
— Pero Chuu-Chuu es divertido ¿No? Quédense a jugar con él, entonces. Me haré cargo de la misión, no te preocupes— Dazai salió sin mirar atrás, encendiendo por fin el cigarro al llegar al pasillo, limpiándose la sangre de los nudillos con un pañuelo.
Quizá se había excedido un poco aunque, en su defensa, él le advirtió que no lo molestara.
— ¿Te duele mucho, pequeño? — Chuuya se había sentado en el suelo con Yumeno entre sus piernas, limpiando su rostro con un pañuelo húmedo que Elise le había dado—. Esto se va a inflamar en un rato ¿Quieres que vayamos al hospital?
— Odio los hospitales— se abrazó a su cuello, hipando contra éste manchando su camisa negra con lágrimas y sangre. Chuuya le besó la frente, acariciando su espalda y jalando a Elise contra sí al notarla también asustada—. ¿Por qué Dazai es tan malo con nosotros?
— Él es así con todo el mundo.
— Es un imbécil— susurró la niña, acomodando su cabeza contra el hombro del adolescente—. Ojalá fuera la mitad de amable que tú, se ahorraría muchos problemas.
— Eres muy joven para ser tan dura en tus juicios ¿No crees? — le sonrió besando sus cabellos—. Bueno, ya que la bruja se ha ido ¿Quieren seguir jugando conmigo o prefieren que los lleve a comer algo?
—x—
Suele ser más sencillo notar las debilidades ajenas que las propias y también menos doloroso. No era entonces que estuviera juzgando a su compañero simplemente no era ciego, y, por mucho que se esforzara en aparentar lo contrario, tampoco era indiferente a sus circunstancias que, bajo ciertos y estrictos lineamientos, podían ser llamadas iguales. Dazai a veces se portaba como un niño sin parecer notarlo, uno de esos niños malvados que vacían sal al pastel que los adultos no le permiten comer para arruinarlo por completo. Un niño herido y abandonado, constantemente buscando a dónde sujetarse, rechazado y lastimado mucho más profundamente cada vez que esos sitios de confort que parecían seguros terminaban descubriéndose como trampas mortales. Dazai era un niño roto tomado por manos perversas que vieron en sus habilidades y destrezas una mina de oro, despreciando por completo el ser humano que las contenía, reduciéndolo a una simple herramienta. No lo compadece abiertamente aunque es incapaz de pasar por alto sus heridas al momento de perdonarlo.
Quizá, sabiendo que en el fondo, él también está igual de solo y roto que Dazai.
— Compré pizza. Vi el anuncio que tienes colgado y pregunté cuál es la que más pides.
Chuuya lo ignoró al acomodar su abrigo en el perchero que Kouyou le había regalado, bostezando sonoramente al pasar hacia el baño y lavarse las manos y el rostro en un ritual ya adquirido donde el siguiente paso será rebuscar en el refrigerador una lata de cerveza y aguantarse las ganas de reclamar porque había seis latas cuando salió y ahora sólo hay cinco. Beberla ahí, de pie, sin voltear a la figura suplicante de atención abrazada a sus rodillas con la comida en la mesa a manera de tregua.
¿Eran amigos o simplemente el miedo al abandono de Dazai le orillaba a querer retenerlo? Porque siempre que Chuuya lo ignoraba, tomaba esa actitud lastimera de un gatito sin casa bajo la lluvia, orgulloso para pedir ayuda aunque la necesidad le resplandeciera en cada poro. No sabía qué relación tenían exactamente, Chuuya tenía sus propias inseguridades y no podría confiar abiertamente en él de buenas a primeras, sin embargo y por contradictorio que pareciera, lo dejaba pasear por su departamento cuando lo deseaba y dormir en su misma cama, con su cabeza contra su pecho aunque a la mañana siguiente ambos negaban ese estrecho contacto, ponía su vida en sus manos en cada misión juntos y cuando salía con sus demás compañeros de trabajo siempre buscaba la manera de incluirlo para hacerlo lucir menos accesible, más amigable.
— Pedí también una botella de vino. No soy muy bueno escogiendo así que sólo pedí la primera que vi.
— No es conmigo con quien necesitas disculparte. Le dejaste un ojo morado a Yumeno.
— No me estoy disculpando.
— ¿No? Entonces mejor lárgate de mi casa, Dazai. No tengo interés en relacionarme con un abusador.
— ¿Abusador? No seas tan dramático, sólo lo zarandeé un poco. Además ¿Ya viste qué clase de personas somos? No nos pagan por actos altruistas si te das cuenta.
— Es muy diferente.
— ¿Ah, sí? ¿Por qué? Quizá ya te olvidaste que cuando lo capturamos tú fuiste el primero en golpearlo ¿Y ahora lo defiendes? No seas hipócrita, niño.
— Te crees muy maduro, muy inteligente pero no eres más que un patético crío lastimado, Dazai.
— No voy a tomar estos comentarios de un ebrio que necesita que salven su culo cada fin de semana.
— No te necesito, no te creas tan importante.
— Perfecto, yo tampoco te necesito— se cruzó de brazos, girando la cara y Chuuya resopló, volviendo a tomar su abrigo del recibidor— . ¿A dónde vas?
— Sé que viniste aquí porque si Mori te ve después de asustar así a su amada Elise te vas a ganar un buen castigo así que quédate esta noche.
— Pero tú ¿Dónde vas a dormir?
— Eso no es tu problema.
— No quiero sacarte de tu propia casa— murmuró mientras se levantaba, dejando la botella que había estado abrazando en la mesa— . Está bien, no soy tan cobarde.
Dazai miró con tristeza la caja de pizza en la mesa y los platos que ya había puesto. El de Chuuya tenía una carita feliz que había hecho él con catsup.
— Sólo discúlpate por haber maltratado a los niños y podremos cenar juntos. Te dejaré poner el programa que te gusta.
— Dijiste que no querías que me disculpara contigo.
— ¿Por qué siempre necesitas estar peleando con alguien, Dazai?
— Porque si bajo la guardia me van a acabar comiendo, Chuu-Chuu.
Resopló, los hombros se le destensaron mientras se quitaba de nuevo el abrigo, sentándose a la mesa, palmeando el asiento libre a su lado para que Dazai volviera a sentarse. Sin una palabra encendió el televisor, destapando la botella y la caja de pizza para que ambos tomaran una rebanada.
— ¿No tienes vasos?
— No, como no suelo tener visitas…
— No importa, yo tomaré cerveza.
— Podemos compartir la botella.
— ¿No te da asco?
Chuuya se encogió de hombros dándole un trago largo al vino antes de pasarlo a Dazai. Fingió no notar la sonrisa de su compañero antes de poner sus labios en la botella.
Antes de que lo notaran el programa y la pizza ya se habían terminado y ambos estaban hablando un poco fuerte, las cervezas ya estaban en la mesa y Dazai se había tomado la libertad de poner música en su celular, ambos riéndose por lo poco parecidos que eran sus gustos al respecto. Chuuya recostó su cabeza en las piernas de Dazai, cubriéndose los ojos de la luz.
— Me estoy muriendo de sueño pero cenamos tanto que no puedo dormir todavía.
— Me pasa lo mismo. Además bebí demasiado.
— Tienes mayor resistencia al alcohol que yo.
— ¿Acaso eso fue envidia?
— Piérdete— Chuuya se rió, levantando la cara para separarse de Dazai y activar su habilidad con una servilleta y hacerla llegar hasta el interruptor para apagar la luz, volviendo a recostarse— . Esta cantante sí me gusta.
— Vaya, por fin tienes un gusto sensato— Dazai se rió bajito, pasando sus dedos por el cabello de Chuuya y después por sus mejillas, tarareando la canción.
— ¿Alguna vez fantaseas con tu vida si no estuvieras aquí?
— ¿A qué te refieres?
— Hace un tiempo estaba con las ovejas recorriendo las calles del centro y comenzó a llover. Ya era casi de madrugada así que nos pareció fácil meternos en una tienda, era de instrumentos musicales. Recuerdo que comenzamos a tocar todo, fue una estupidez ahora que lo analizo, tuvimos mucha suerte que ningún vecino avisara por el ruido. Fue muy divertido y desde entonces muy a menudo fantaseo con eso. Con que si ellos hubieran seguido siendo mis amigos hubiera sido grandioso que fundáramos una banda o que si no me hubiera unido a la Port Mafia habría probado suerte como bajista o algo así.
— Eso suena divertido.
— Lo sé— Chuuya se quitó el brazo del rostro, tomando los dedos de Dazai entre los suyos, valiente bajo el resguardo de la oscuridad— . Tienes una voz muy melodiosa ¿Te gustaría ser cantante en mi banda?
— Me encantaría.
Dazai siguió cantando un poco más bajo, casi sólo para los oídos de Chuuya hasta que lo supo dormido. Apagó el celular y los cubrió a ambos con su abrigo, acunándose contra su pecho para él también cerrar los ojos, apretando los puños en su ropa rogando que siguiera allí cuando el sol los encontrara por la mañana.
