"Close your eyes,

pay the price for your paradise"

El sol marcaba un ascenso a manera de reloj contra su espalda desnuda. Sin esfuerzo notaba los huesos contra su piel llevándole a considerar que todos los nutrientes en su cuerpo se habían distribuido para hacerlo crecer. No era que estuviera celoso o algo parecido, en varios sitios había leído que el último estirón se puede dar hasta los diecinueve. Tampoco era que pasara mucho tiempo leyendo al respecto. Simplemente no podía dejar de ver su espalda, las vendas que le sujetaban como si fuera un ramo de flores y si alguien aflojara un sólo milímetro se desataría hasta deshacerse. Dazai podía ser miles de cosas fuera de allí pero en sus manos sólo era eso. Un delicado ramo de flores demasiado ajadas, necesitando constantes cuidados a riesgo de secarse por completo.

Mentiría diciendo que aborrecía su dinámica de cuidarse mutuamente. En el campo de batalla, en la vida diaria. No era trivial decir lo mucho que confiaba en Dazai, considerando de dónde lo había rescatado. Sabiendo que no era la persona más empática del mundo, le gustaba fantasear con alguna cualidad en específico, alguna conexión invisible y demoledora que sintió al verlo. Que su corazón latía al mismo ritmo que el suyo al tenerlo así de cerca.

Estaba pidiendo demasiado.

El muchacho veía en el suicidio la única manera de soportar el presente, quizá añorando el momento de por fin hacer su vida suya por completo, quizá esperando un mal incluso peor, poniéndose a prueba a sí mismo sobre cuánto podría soportar. Chuuya lo escuchaba hablar al respecto como quien habla de la mascota más querida de la infancia o un ciego describir la luz perdida. Le hacía sentir que Dazai no consideraba que su existencia le perteneciera y el suicidio fuera la única manera de recuperarla. Aquella pared construida por lo que debían ser chistes de un humor muy negro o preocupantes gritos de ayuda imposibilitaban que cuestionara cosas tan superfluas como qué clase de relación tenían, cuáles eran sus sentimientos hacia él. No podía sacarlo del mismo sitio donde también estaba metido y no sabía qué más hacer para ayudarlo que quedarse en silencio a su lado, ofreciendo y tomando únicamente lo que hubiera en la mesa.

Sus pensamientos se estaban tornando muy oscuros y saliendo de los rieles. Él tan sólo pensó que la espalda de Dazai parecía un reloj escalonado. Pegó su frente a sus vértebras, aspirando el aroma a antiséptico y crisantemo, abrazando su cintura. Podía usar de pretexto el sueño más tarde para aquél acercamiento. La mano de Dazai jalando más las suyas le dijo que no eran necesarias las excusas.

De verdad ¿Qué rayos estaba pasando entre ellos?

— Si ya despertaste podrías ofrecerte a hacer el desayuno por una vez, para variar.

— No sé cocinar— bostezó mientras se acurrucaba más en la almohada, besando los dedos de Chuuya—. Puedes comerte las sobras de ayer más tarde, todavía es muy temprano.

— Yo desayuno temprano.

— Pues hoy no. Mori está muy entretenido con las negociaciones en Chiba, no creo que nos moleste un par de días. Disfruta las vacaciones.

— ¿No te preocupa lo que dijo Hirotsu la otra vez? Sobre los rumores de un usuario de habilidad sumamente fuerte y violento en los barrios bajos.

— ¿A quién me recuerda?— se rió suavemente contra su mano, volviendo a besarla—. Mientras no se meta en nuestros asuntos no me importa. Me importa más que no hayas mandado arreglar el aire acondicionado, la temperatura pronto va a subir.

— Finge que no te gusta dormir desnudo en mi cama— un sonrojo demasiado consciente de sus palabras le atacó y ocultó el rostro de vuelta, aclarándose la garganta—. Ayer estuviste toda la tarde aquí, pudiste hablar con el casero.

— Se supone que vives solo, no creo que al hombre le haga gracia ver que yo también estoy aquí.

— ¿Estás viviendo conmigo?

La pregunta se ahogó contra la blanca y áspera venda. Aunque probablemente había escuchado lo más sensato fue que lo ignorara. Suspiró, apartando sus dedos y el resto del cuerpo de Dazai camino a la cocina, murmurando algo sobre el desayuno.

Perdiéndose el ligero temblor en los labios de Dazai, el nacimiento detenido de una sonrisa.

Renunció al resguardo de la cama, guiado únicamente por esos impulsos eléctricos desconectados de la razón y el orden lógico de sus pensamientos. Ojalá pudiera llamarles libremente deseos aunque no fuera del todo cierto. Siempre que perseguía algo era con un objetivo secundario.

Se detuvo en la puerta de la cocina, el apartamento ciertamente era pequeño y de un par de pasos lo había alcanzado, disfrutando la escena del muchacho encendiendo la estufa, mascullando sobre los trastes sucios al no encontrar un sartén limpio, lavando uno y dejándolo en el fuego para caminar al refrigerador, rebuscando huevos, tocino y algunas verduras, bebiendo un trago de la garrafa de leche antes de volver a la estufa, tarareando.

¿Qué estaba persiguiendo con Chuuya?

¿Lo estaba ignorando o en verdad no lo había visto? llevaba metido en su apartamento casi dos meses y bien podía decir que se estaba acostumbrando a su presencia. Era cálido, todo lo que rodeaba a Chuuya era cálido. Se llevó los dedos al pecho, a la altura del bolsillo de la camisa donde guardaba la fotografía que había tomado aquella noche. Incluso si algún día lo perdía todo esa fotografía permanecería como un dulce testimonio de todas las cosas bellas que alguna vez tuvo en la vida.

— ¿Vas a quedarte ahí como un tonto o vas a ayudarme?

El azul de sus ojos era el cloroformo que dormía sus dolores, disipaba sus miedos y hacía que la realidad luciera soportable. No había mucho misterio alrededor de sus sentimientos, eso ya había quedado claro mucho tiempo atrás, sin embargo, siendo el visionario que era, tomar ese camino le pronosticaba una serie de martirios que sinceramente no sabía si podría soportar y lo frenaba a ser más transparente. Su terror al futuro le impedía mirar al presente, empujándolo a conductas cada vez más alarmantes, a una soledad tan asfixiante que a veces simplemente perdía los estribos y se dejaba arrastrar.

Como en ese momento, apagando la estufa para apresar a Chuuya contra su cuerpo y el lavabo, las manos a los lados de su cintura, la mirada fija en sus labios. Los suyos apretados en un doloroso pedimento. En una hipócrita y cobarde exculpación futura, porque si Chuuya era quien daba el primer paso, entonces él podría señalarlo con el dedo si las cosas no funcionaban.

El tacto de sus manos estaba todavía húmedo por haber lavado el sartén aunque en sus mejillas fue refrescante. Después sus labios en su frente con esa ternura que lo nublaba, tan lejos de sus predicciones. Tan cerca de lo que realmente necesitaba. Cerró los ojos inclinándose un poco más contra él, sintiendo como miel hasta el alma la risita de Chuuya, bajando sus labios de su frente a sus mejillas, a sus labios y de nuevo el recorrido antes de soltarlo.

En esa sonrisa calmada podía perderse la vida.

— Termina de lavar los trastes para que podamos ir con el casero a hablar del aire acondicionado.

— Podrías considerar mudarte a un lugar más amplio— apoyó su frente contra la ajena con un hilo de voz—. Es pequeño para dos personas.

Chuuya abrió la boca y , en lugar de voz, el timbre de un celular llenó el silencio, llamando su atención corrió de vuelta al dormitorio tomando el aparato se sentó en la cama para contestar.

— Buenos días, Chuuya. Lamento llamar tan temprano, sin embargo llevo intentando comunicarme con Dazai desde anoche y comienzo a preocuparme ¿Sabes algo de él?

— Sí— carraspeó nervioso aclarándose la garganta—. Dazai, es el Jefe.

Fingió no escuchar el sonido de sorpresa tras la bocina. El mencionado asomó el torso por la puerta negando con la cabeza y cruzándose de brazos sin que Chuuya bajara el celular que le extendía. Finalmente vencido dio los pasos necesarios para prácticamente arrancarle el teléfono soltando un "¿Qué quieres?" de muy mala manera.

— ¿Interrumpí algo?

— Sólo suéltalo de una vez.

— Dazai— susurró Chuuya en tono de reproche.

— Podrías aprender modales de tu...amigo. Como sea, necesito que vayas a los barrios bajos. Ayer hubo un ataque a una de las casa donde guardamos a los rehenes en el bosque, no parecía ser algo premeditado sin embargo necesita ser solucionado. Y, aprovechando que Chuuya está también ¿Puedes pedirle que venga a Chiba? Elise accedió ir conmigo al centro comercial y eso significa que necesitamos un guardaespaldas, ya sabes, estamos en territorio ajeno.

La llamada terminó y Dazai se dejó caer contra la cama, resoplando con el ceño fruncido mirando al techo. Maldito Mori y sus estúpidas peticiones, como si ellos dos fueran los únicos miembros de la Mafia a quienes pudiera pedirles algo. Giró la cabeza al escuchar a Chuuya contener la risa.

— Te ves adorable haciendo pucheros como un bebé.

— Mori quiere que vayas a Chiba a hacer compras con ellos.

— ¿Qué?— dejó salir un gritito frustrado, azotándose también contra la cama—. Amigo, debe ser una broma. Moriré de aburrimiento, así será mi muerte.

— ¿Tú piensas en la muerte, Chuu-Chuu?

— No empieces, Dazai.

Suspiró apenado por tocar ese tema, girándose para apoyar su rostro en el hombro de Dazai. Su piel era extrañamente tibia y suave, considerando su constante maltrato. Sonrió al sentirlo estremecer por besarlo ahí, subiendo sus labios hasta su mejilla. Dazai tomó su mentón, mirándolo directo a los ojos. Ya llevaba un rato yéndose por las ramas, aunque en su defensa diría que Dazai no lo estaba pidiendo abiertamente y él no tenía la entereza de actuar por su cuenta.

Pero ya estaban metidos en el laberinto juntos.

Cerró los ojos, escapando a las excusas de los besos dulces e inocentes de hacía momentos, buscando sus labios. Tenían el sabor de la mañana, cálidos aunque rasposos, un poco demasiado abiertos, envolviendo su boca, presionando sus mejillas. Chuuya sujetó su cintura, dejándose recorrer, llenar de calor por su lengua, los dientes mordiendo y jalando, imitó su demanda, sintiendo el corazón latirle más rápido. Las manos de Dazai fueron a su cuello, acariciando antes de bajar sus labios besando suavemente antes de lamer la piel. Chuuya lo tomó entonces por el mentón, volviéndolo a sus labios, esta vez menos invasivo, mucho más suave.

— Tengo hambre.

— Qué manera de matar el romanticismo— Chuuya sonrió, besando su frente, jalándolo de la mano para volver a la cocina.

—x—

Lo tomó como una premonición desde que Chuuya lo mencionó en la mañana. No era poco probable, un usuario de habilidad cerca de sus territorios normalmente sólo significaba problemas. Aún así hubiera deseado que esta fuera una excepción. Había escuchado los rumores y se había hecho una idea de los escenarios probables. Si tan sólo la mitad de las cosas que decían sobre el chiquillo eran ciertas, indudablemente convenía más tenerlo de aliado. Analizó las bajas, había asesinado a rehenes y guardias por igual, lo que indicaba que no tenía control sobre su poder, el que no hubiera robado nada ni dejado una amenaza significaban que todo había sido un accidente.

— Mala suerte— murmuró buscando el pulso inexistente en uno de los cuerpos, levantando la mirada hacia el pequeño despensero entreabierto. Una sonrisa hueca se le pintó—. Al parecer sí hubo un motivo.

No había nada dentro, ni siquiera un envoltorio. Era cierto, los rumores apuntaban a que el misterioso muchacho era un huérfano, contrario a Chuuya, no lo identificaban como miembro de alguna organización y probablemente estaba solo. No, eso no era probable. Si fuera un huérfano solitario se conformaría con cualquier cosa encontrada en los basureros o robando en las calles, no habría entrado buscando específicamente alimento allí.

Tarareó siguiendo el rastro de piecitos mal disimulados en la tierra detrás de la casa, en sigilo al encontrar las envolturas. A esas alturas ya no estaba preocupado sino intrigado. Mori lo había mandado porque había llegado a la misma conclusión que él, lo mejor era mantenerlo dentro de la organización, de lo contrario hubiera mandado a cualquiera otra persona a matar al chiquillo y terminar con el problema.

Por muy poderoso que fuera, no dejaba de ser un niño sin control sobre su habilidad. Si lo moldeaban allí, no, si Dazai se encargaba personalmente de educarlo lograría hacer de él uno de los elementos más poderosos.

Obviamente si Mori se lo hubiera dicho abiertamente lo habría mandado a freír espárragos sin dilaciones. No era tan obediente como Chuuya. La expresión mutó a una dulce, completamente fuera de lugar al acariciar la fotografía en el bolsillo de su camisa, justo a la altura de su corazón. No debía distraerse, necesitaba volver a casa pronto. Seguro sorprendería a Chuuya si preparaba la cena, había estado revisando cientos de videos para asegurarse de preparar el curry más delicioso del mundo. Probablemente su compañero prefería cosas más dulces, quizá en el futuro lograra hacer algún postre para él.

Escuchó murmullos, suaves y cristalinos y el escenario por fin se clarificó. Vio al niño limpiando el rostro de la niña con ternura, desatendiendo su hambre, ambos envueltos en el abrigo de él. Los ojos grises y fieros al notarlo, dispuestos al ataque, sólo lo hicieron sonreír más ampliamente.

— Buenas tardes.

— Es de la Port Mafia— susurró la niña, encogiéndose tras la roca donde habían estado ocultos, tirando del raído abrigo de su hermano—. Mejor huyamos, Ryuu, es peligroso.

— No vengo a tomar venganza, por el contrario. Si esos guardias eran tan débiles como para dejarse asesinar por un simple huérfano medio muerto de hambre, claramente no estaban calificados para el trabajo. Supongo que debo agradecerte por sacar la basura por nosotros.

— No dejaré que nadie me subestime— masculló, las furiosas formas de Rashomon erguidas cual serpiente lista al ataque.

— ¿Vas a matarme delante de tu hermanita para probarle que está a salvo contigo? Bien, supongo que es algo respetable e incluso justo. Sin embargo, permíteme señalarte algo. Alguien sin control sobre su habilidad es un auto sin frenos. Puede ser útil si estás escapando, no obstante ¿Qué tan lejos crees que llegarás antes de chocar? No debería importarte si estás solo, claramente, aunque, con una responsabilidad como esta adorable pequeña, deberías comenzar a cuestionarte.

— Hablas como si conocieras nuestras vidas ¡Tú no sabes nada!

— No y sinceramente no me interesa escucharte. Tengo poco tiempo y paciencia, si quieres arreglar esto mediante la violencia, bien, hagámoslo, aunque sé consciente que eso sólo me pondrá de peor humor. Si, en cambio, quieres tomar una decisión sensata e ir conmigo para que el Jefe te entreviste, bueno, puedo negociar para que les den algo más decente de cenar que unos cuantos caramelos.

— ¿Me estás pidiendo que me una a la Mafia? — Dazai pudo apreciar que las uñas en los puños apretados del niño estaban haciéndole sangrar, la rabia era palpable en el aire y eso sólo lo estaba haciendo aburrir más. Era tan predecible y absurdo, debieron matarlos y ya. Todas las personas son reemplazables en el mundo y más adelante seguramente habrían encontrado usuarios de habilidades más poderosas—. No vamos a renunciar a nuestra dignidad, yo puedo cuidar de Gin solo.

— La dignidad no tiene sentido— murmuró más para él, suspirando hondamente para continuar—. Como quieras.

Sacó el arma de su cinturón, apuntando directamente a la frente de la niña. Las garras de Rashomon se desvanecieron como cenizas al tocar a Dazai, dejando a ambos niños igual de atónitos. El niño intentó de nuevo lanzar las cuchillas sin obtener más que un dolor en los huesos. La risa del adolescente le puso la piel de gallina, optando entonces por tomar una piedra y lanzarla como último recurso.

Un solo disparo la hizo llover sobre ambos, obligándolos a cubrirse.

— Si fuera otra persona encontraría adorable y admirable tu deseo de vivir y proteger. Desgraciadamente para ti ya te dije que soy alguien sin paciencia ni tiempo y sólo estás logrando que me enfade. Una persona inteligente no es la que usa sus habilidades y puntos fuertes sino la que conoce sus debilidades y sabe utilizar las oportunidades a su favor. Tú estás dejando que la arrogancia te nuble la vista. No eres más que un niño andrajoso con un poco de suerte pero la suerte no es eterna ¿Quieres vagar por el resto de tus días sin la certeza de un futuro? Hazlo, naciste para ese destino al ser un huérfano. No hay dignidad en el sacrificio si no te lleva a ningún lado, menos si arrastras a terceros contigo. No eres un héroe por querer combatir a los malos por salvar a tu hermanita si no eres capaz ni de protegerte a ti mismo, eres un imbécil.

— Eso no es cierto, Ryuu— la vocecita de la niña sonó quebrada, abrazando a su hermano con lágrimas en los ojos—. Tú siempre me has cuidado, eres mi salvador.

Los puños apretados se relajaron hasta aflojarse, los hombros derrotados y la cabeza agachada hicieron que Dazai considerara prudente guardar su arma.

— Él tiene razón, Gin— escupió amargamente.

— Bien, entonces ¿Nos podemos ir de una vez?

Los ojos oscuros de Gin se pegaron a su hermano, suplicando encontrar una señal de que aquello era una trampa y lo atacaría al darle la espalda. No estaba de ninguna manera preparada para la mirada resignada que le dio al tomarla de la mano, en silencio caminando tras el adolescente.

"La dignidad no tiene sentido."

Aquellas palabras le retumbaron largo tiempo en el alma.

—x—

No era que le desagradara visitar las tiendas departamentales, por el contrario. Gustaba de pasar sus horas libres paseándose en los probadores como un modelo,quemando el dinero en prendas que ya ni siquiera cabían en su armario. Por supuesto que adoraba llenarse los ojos de ropa, accesorios y otras cosas, sin embargo era mortalmente distinto hacerlo por su cuenta que siendo guardaespaldas, ahogándose los escalofríos que le producía la actitud de Mori, quien aplaudía o incluso silbaba cuando Elise salía con gesto cansado, modelando por novena vez un vestido diferente. Necesitaba llegar a casa y echarse en la bañera al menos dos horas para curarse el mal cuerpo que le dejó el viaje. Estaban volviendo a Yokohama ya con las últimas horas de la tarde y al menos apreciaba que el panorama de la ciudad era precioso. Bostezó sonoramente, acomodando a Elise en sus brazos, cubriéndola un poco más con su abrigo. Mori lucía desairado porque había preferido dormirse entre los brazos de Chuuya que en los suyos, sin embargo ahora los miraba con una sonrisa casi tierna.

— Eres muy bueno con los niños.

— Solía cuidar de los más pequeños.

— Eso es muy conveniente.

De la sonrisa de Mori sobresalían sus colmillos mientras sus ojos le recorrían de una manera que últimamente lo incomodaba, seguramente sugestionado al saber la historia que tenía con su amigo. Instintivamente apretó más a Elise contra su pecho. Suspiró aliviado cuando el conductor se estacionó delante del edificio donde estaban las oficinas. Mori se bajó, sosteniendo la puerta para que Chuuya bajara con cuidado de no despertar a la niña. Anduvieron en silencio por el pasillo, un par de guardias se encargaban de seguirlos con las bolsas de las compras.

El aire se le escapó de los pulmones cuando Mori lo rodeó de la cintura.

— ¿No te parece adorable? Casi parecemos una familia.

Chuuya tragó saliva, sin que su cuerpo reaccionaria, ni siquiera capaz de seguir caminando.

— ¿No te gustaría jugar conmigo a la familia, Chuuya?

— Jefe, Dazai lo está esperando en su oficina. Encontró al usuario de habilidad que estábamos buscando.

— Gracias— Mori chasqueó la lengua, apartándose del adolescente quien empezó a caminar un poco más rápido hacia la oficina.

Al entrar, Chuuya suspiró con alivio al ver a Dazai. Él, a su vez, arrugó el gesto al notar su palidez, intuyendo que algo había pasado. No hacían falta las palabras entre ellos, llevaban el tiempo necesario leyéndose mutuamente para comprenderse, y aún así, Dazai de verdad deseó preguntar qué había pasado, si estaba bien.

— Así que no es más que un huérfano quien nos estaba dando semejante dolor de cabeza— interrumpió Mori, fijando su atención en el par de niños que permanecían de pie a un lado de Dazai, mirando todo con miedo. Mori suspiró desilusionado—. Cariño ¿Puedes llevar a Elise a la cama? Necesito tratar temas importantes.

Dazai no dijo una palabra, ni Chuuya. Sin embargo para ambos fue clara la señal de alarma en ese tono. Con la cabeza agachada obedeció, inclinándose en respeto antes de salir de la habitación.

— Hiciste un excelente trabajo.

— No necesitas andar con juegos, sé que tu intención era hacerlos unirse a la Port Mafia así que te ahorré el trabajo. El que te importa es el niño. Ryuunosuke Akutagawa. Su habilidad es altamente prometedora sin embargo no logra controlarla ni siquiera en lo más mínimo, sólo sabe atacar. Gin Akutagawa, no tiene habilidad pero goza de unos reflejos envidiables además es el aliciente de su hermano, no te convendría separarlos demasiado. Nos puede ser útil como asesina.

— Vaya, no dejas de sorprenderme nunca, Dazai. No pudiste hacer un mejor trabajo.

— Sin embargo, son huérfanos y muy desconfiados por lo que es probable que se escapen por la noche. Si quieres un consejo, déjalos al cuidado de alguien que sea bueno cuidando de los niños. Propondría a Kouyou, sin embargo dudo que vuelva pronto de su misión en Kyoto.

— ¿Y a quién tienes en mente?

— Chuuya. Creo que sería el mejor para cuidarlos al menos hasta que se hagan a la idea de quedarse aquí.

— ¿Chuuya? Bueno, sí, es muy hábil en eso pero…

— ¿Ibas a pedirle que se quedara esta noche?— Dazai se cruzó de brazos con un gesto sarcástico, hiriente que en el fondo ocultaba algo más—. ¿Interrumpí algo?

— Elise se quedó profundamente dormida— anunció Chuuya al entrar de nuevo, algo más tranquilo por fin notó al par de niños—. ¿Estos son los que acabaron con nuestros guardias?

— Sí. Tú eres el más calificado para encargarte de ellos hasta que reciban su primer entrenamiento. Vivirán contigo, cuida bien de ellos.

— Nuestro departamento es muy pequeño, Dazai, no creo que quepamos los cuatro.

— Son órdenes mías— sentenció Mori, caminando hasta sentarse en el mismo sillón que Dazai—. Él se quedará conmigo, como antes.

— ¿Qué? No, nos podemos acomodar bien, digo, son pequeños y...

— No voy a quedarme en el mismo sitio que un par de huérfanos piojosos. Asegúrate de bañarlos bien antes de dejarlos dormir en la cama.

— Jefe, no es que me oponga a sus órdenes, es que no puedo sacar a Dazai de nuestra casa.

— Cielos, Chuuya, casi suena como si ustedes dos estuvieran juntos ¿Me perdí de algo?

— No— cortó Dazai, dándole una mirada vacía a Chuuya, una que no dejaba lugar a cuestionamientos.

Chuuya se quedó de pie, buscando una palabra, cualquier excusa porque algo en el corazón le dolía. Mori no era buena persona, no tenía buenas intenciones y Dazai lo sabía mejor que nadie ¿Por qué se estaba poniendo en bandeja de plata para él?

Le dolieran o no, Dazai siempre tenía un motivo infalible para sus actos.

Tembló, tragándose la impotencia para intentar sonreír al par de huérfanos.

— Deben tener hambre ¿Verdad? Puedo hacerles los panqueques más esponjosos que han comido alguna vez, les aseguro que es como morder una nube.

— ¿Panqueques? ¿Qué es eso?

Sus voces se perdieron tras la gruesa puerta de metal, dejándolos solos. Mori sonreía de esa manera afilada, depredadora mientras se inclinaba sobre él sin ninguna clase de ritual, enfermo de un deseo que envenenaba a quien alcanzaba. Tras las puertas cerradas no importaban ni los protocolos ni las jerarquías, se quedaba tan sólo y vulnerable como la primera vez, hacía ya un par de años atrás. Recordaba las sábanas ásperas del verano contra su piel, la tela de la almohada que le hizo morder, el deseo estúpido y vano de que alguien abriera la puerta del consultorio y lo rescatara. Le había mentido con todos los dientes a Chuuya. Sus encuentros con Mori nunca fueron siquiera cercanos a la agradable.

Siempre dolían, siempre le daban ganas de vomitar hasta sacarse el corazón y el resto de los órganos, arañarse la piel hasta arrancarla y llevarse cada huella que dejaba en él.

Ojalá Kouyou no estuviera en Kyoto, se lamentó mientras Mori le mordía los labios, aunque siendo justos, dudaba que la mujer hiciera algo al respecto si lo averiguaba, no obstante, lograba mantenerlo lo suficiente entretenido para volver a insistirle. Kouyou no estaba, estaba Mori metiéndole la mano al pantalón con esa desesperación que le hacía temblar, sabiendo que su excitación provenía del trato con Chuuya. No quería pensar al respecto.

Podía soportarlo porque ya lo había vivido, Chuuya no.

— ¿Lo estás guardando para ti? Me duele tu egoísmo, Dazai. Con lo hermoso que es…

— ¿No te soy suficiente? — fingió un tono herido, rodeando su cuello—. Me dejas de lado por Kouyou y ¿Ahora también debo soportar que coquetees con el imbécil de Nakahara? Eres tan cruel…

— No tenía idea de que te sentías así— mordisqueó su oreja, su cuello, restregando su entrepierna contra su muslo—. No deberías, sabes que eres mi preferido.

— ¿Lo soy?— jadeó contra su oído, elevando las caderas al sentirlo meter los dedos en su ropa interior—. Entonces no me hagas competir con él por ti.

— No me subestimes, querido. Sé lo que estás intentando y me ofende aunque también me enternece. Debes quererlo mucho para estarte humillando de esta manera conmigo. Sólo soy un ser humano y no miento cuando digo que eres mi favorito, Osamu, así que me es inevitable darte ciertos privilegios . Si no quieres que me acerque a él, negociemos.

— ¿Qué quieres?

— A ti. Todas las noches, sin importar si estás herido o cansado. Tendrás que volver al dormitorio que tenías, incluso si yo estoy en otro sitio. Deberás obedecerme y complacerme en el momento y la forma que te lo pida.

— Nunca tuviste intención de dejarme morir en paz ¿Verdad?

— Qué te puedo decir— lo tomó del mentón, lamiendo sus labios—. Me haces perder la cabeza.

— Sólo cierra la maldita boca y cógeme de una vez para que me pueda ir a dormir— masculló Dazai, los brazos a los costados de la cabeza. La mirada perdida en algún sitio del sillón.