"Oh baby, go to sleep, it's empty

I said my prayers in the medicine jar"

La capacidad de adaptarse en realidad no es nada sorprendente, ni siquiera exclusiva de la especie. En todos los clados ocurren evoluciones, mutaciones y demás cuestiones que hacen posible preservar la vida a fuerza de mecanismos como la resiliencia o la sumisión .

No era raro entonces que Chuuya no se hubiera detenido a medir las dos semanas que los niños ya llevaban invadiendo su privacidad, poniendo a prueba su paciencia bajo la lluvia constante de preguntas y la ruptura general de su rutina, simplemente lo aceptó porque esa era su vida ahora. No se estaba quejando, definitivamente es una persona de niños, no obstante, las condiciones en las cuales habían llegado lo tenían en un constante estado de estrés.

Desde aquella noche, su única comunicación con Dazai era a base de esporádicos mensajes telefónicos con indicaciones y nada más. La primera fue atender las necesidades de los niños y asegurarse que estuviesen en las condiciones para comenzar el entrenamiento, tendría tres semanas. Dazai se encargaría de Ryuunosuke, Kouyou lo haría de Gin.

No había respuesta cuando le cuestionaba si se encontraba bien, si volvería pronto.

Quizá estaba siendo estúpido o excesivamente ingenuo, quizá lo preguntaba más para sentir tranquilidad que por realmente querer saber qué demonios estaba pasando. No había que ser realmente un visionario para saberlo, de cualquier modo. Si él se había adaptado sin pestañear quedarse a solas con Mori, debía ser porque confiaba en su propia capacidad de sobrevivencia.

Aunque, siendo justos, Dazai y la capacidad de luchar por la existencia parecían conceptos antagónicos. Él se estaba aferrando con las uñas a no ser aplastado por el mal sabor de la incertidumbre, del estrés y las noches en vela, volcándose en atender a los niños como si fueran incluso su familia, bordeando los límites de lo sano considerando en qué mundo se estaban moviendo, buscando en la creación de vínculos un escape, una red que lo sostuviera y le diera un propósito. Dazai probablemente sólo estaba flotando a la deriva, dejándose destrozar constantemente, perdiendo pedazos cada vez más importantes de su persona, no considerando la pérdida como deshumanizadora, sino como paliativa.

Perder partes de él significaba menos sitios que dolieran.

— Chuu-Chuu, me duele la barriga.—Gin jaló su pantalón, sacándolo de sus divagaciones.

¿Cuántas veces le había mentido a Dazai sobre odiar ese mote? En realidad le resultaba dulce, él mismo le pidió a Elise que le llamara de esa manera, al igual que a los hermanos Akutagawa. Sonrió, acariciando el cabello ahora limpio y lustroso de la niña. Tomó casi una semana completa erradicar los piojos y la caspa, un excelente estilista que acabara con la orzuela pero ahora podía decir que el cabello de Gin merecía estar en una revista. Jaló también a Ryuunosuke de la mano, apañándoselas para acomodar las bolsas de compras. Bajo la excusa de llevarlos de compras porque necesitaban ropa y otras cosas habían paseado dos horas más o menos en el centro comercial, distrayéndose en cada tienda que encontraron interesante. Si Chuuya se hubiera quedado un día más encerrado con los niños en el departamento esperando más indicaciones, seguramente habría sufrido una parálisis facial o algo igual de grave.

— Creo que tienes hambre, princesa. Dejé comida en la casa aunque podemos tomar un helado antes si quieren.

— Suena bien— Gin sonrió, abrazando la pierna de Chuuya—. ¿Puedo tener uno de almendras con crema batida?

— Lo que desees ¿Tú qué vas a pedir, Ryuu?

— No me gusta el helado.

— Eso es porque no has probado los de esta tienda, te aseguro que los vas a amar.

— Entonces pide tu favorito, no me importa.

Chuuya resopló comenzando a fastidiarse. Aunque mucho menos arisco, Ryuunosuke seguía portándose de forma agresiva o cortante con él. No era que lo culpara, venía de la indigencia y las calles son duras, sobre todo para un par de niños. Comprenderlo no significaba tolerarlo, porque Gin se había abierto como un libro para él, confiando en sus cuidados. Eso le decía que Ryuunosuke había hecho su mejor esfuerzo por cuidar de ella, de alejarla de todo lo que pudiera quitarle su capacidad de confiar, mientras que él…

Suspiró, acariciando el cabello del niño desistiendo de continuar al menos por esa tarde de las apreciaciones, señalando los distintos sabores una vez que llegaron a la heladería, sin que éste hiciera más que encogerse de hombros e ir a sentarse a la banca con las bolsas, cruzándose de brazos.

Sería un camino difícil ganarse al chiquillo.

— Te pedí de malvavisco asado.

Se sentó en la banca una vez que la orden les fue dada, extendiéndole el barquillo a Ryuunosuke quien lo aceptó con indiferencia, mientras que Gin se acomodaba en las piernas de Chuuya para comer su helado, la cabeza recargada en su pecho, riéndose cuando el adolescente comenzó a balancear las piernas para hacerla balancearse también.

Su risa se detuvo, notando la mancha rojiza en el pantalón azul cielo de la niña. Miró su barquillo, era de vainilla y el de ella era de almendras, no se había goteado.

— Oh, querida— suspiró, mordiendo el barquillo para acabarlo rápidamente—. Será mejor que volvamos a casa, necesitamos pasar antes a la farmacia.

Gin lo miró preocupada, sin comprender ¿Había hecho algo malo? Los ojos preocupados de su hermano, dejando caer el helado para levantarse al notar la mancha también.

— ¡Está sangrando! ¿Qué le hiciste?

— ¿Es la primera? — murmuró Chuuya, recapacitando que Gin tenía apenas diez años. Podía ser algo temprano, aunque no era poco probable—. Es sólo la menstruación.

La niña miró su pantalón azul cielo, notando hasta entonces la mancha de sangre, una que también alcanzó a ensuciar el pantalón de mezclilla que Chuuya llevaba. El miedo la hizo tirar su helado, llevándose las manos a la entrepierna, amenazando con llorar. Chuuya se quitó la sudadera, envolviéndola en las caderas de Gin, tomándola en brazos.

— Está bien, princesa, es completamente normal, no te asustes ¿Nunca nadie te habló de esto?— Gin negó enérgicamente, abrazándose a su cuello—. ¿Tú tampoco sabes lo que es, Ryu?

Los ojos grises estaban fijos en él, los bordes de la boca temblando. Tenía lógica que no supieran cuestiones tan básicas, sin adultos ni otros niños mayores en los cuáles confiar. Ni siquiera sabían leer, se recordó, necesitaba ser paciente. Tomó aire profundamente, usando su habilidad para que las bolsas se condujeran solas a sus costado y así poder tomar también en brazos a Ryuunosuke. Lejos de protestar, se abrazó a su cuello, acariciando la mano de Gin.

— Debe estar muy enferma, mi hermana está muy enferma ¿Verdad?

— Se los explicaré todo en casa, pero necesito que se calmen, por favor.

Fue una odisea calmarlos lo suficiente para lograr sentarlos en la mesa y explicarles. Necesitó todos los recursos posibles, videos, caricaturas, incluso un libro que encontró olvidado en su apartamento para convencerlos que no había nada de malo en Gin, que era algo completamente normal. Ryuunosuke se quedó más tranquilo y se ofreció a lavar la ropa manchada mientras Gin se daba un baño y tenía su primer encuentro con una toalla sanitaria. Chuuya le agradeció, ocupándose él de preparar la comida.

Con los alimentos cocinándose en la estufa se dirigió a la habitación, al improvisado clóset de los niños, doblando y acomodando la ropa nueva. Quizá Dazai tenía razón y sería conveniente ir buscando una casa más grande, incluso si los niños no se quedaban con él por siempre al menos podía convencer a Kouyou de dejar que Gin pasara unos días a la semana con él. Dazai seguro le relegaría la tarea de encargarse de Ryuunosuke en todo lo que no fuera enseñarle a combatir y él estaba más que comprometido a hacerlo.

Lo que fuera menos estar solo.

— ¿Chuu-Chuu?

— ¿Está todo bien, princesa? ¿Te sientes mejor?

— Ya no estoy asustada — encimaba un pie sobre el otro, jalándose el vestido naranja—. Gracias por todo.

— No fue nada— sonrió, siguiendo con la tarea, notando que la niña no se movía—. ¿Ocurre algo?

— ¿Qué clase de persona es Kouyou?

— Es una mujer muy inteligente, valiente y talentosa. Mori, nuestro líder, muchas veces la consulta antes de tomar decisiones verdaderamente importantes. Puede ser estricta y dura porque así se forja la disciplina. No debes temer, te aseguro que cuidará bien de ti.

— ¿No puedes entrenarme tú?

— No soy muy bueno con las armas, al tener una habilidad no las utilizo para nada.

— Chuu-Chuu es muy fuerte.

— Tú también lo eres, princesa. Nunca pienses lo contrario. Ahora ¿Serías tan amable de ayudarme a terminar de guardar esto para que vayamos a comer?

—x—

Desde la puerta sólo percibió a Mori acomodándose el abrigo, corriendo a recibirla con un abrazo incómodamente afectuoso para las formalidades que manejaban. No era que a Kouyou no le hiciera feliz volver a verlo tras casi un mes resolviendo conflictos lejos de Yokohama, mas era la clase de persona que prefiere los modales a los sentimentalismos. Le palmeó la espalda cortando el contacto antes que tuviera la osadía de besarla.

Mucho menos delante de Dazai.

El adolescente estaba de espaldas a ellos, sentado en el filo del sillón, sujetándose los brazos en esa conducta desvalida y patética que ella tanto despreciaba. Cómo era que un blandengue como él había llegado hasta volverse uno de los hombre de confianza de Mori. Se aclaró la garganta, la espalda en una perfecta columna mientras avanzaba, el rostro oculto por su abanico para evidenciar la barrera entre ambos. Dazai ni siquiera se movió, abrazándose a sí mismo con la vista perdida en la pared. Las uñas llenas de su propia sangre.

— Querida, has tenido un viaje tan largo ¿No preferirías ir a descansar?

— Lo haré después de arreglar este asunto. No puedes tener a un par de niños al cuidado de un adolescente, no es correcto.

— Chuuya es alguien confiable.

— Eso no lo estoy discutiendo,lo que digo es que no es una niñera. Puede llegar a ser bastante sentimentalista y no quiero que se involucre en ese aspecto con un par de huérfanos.

— Percibo cierto favoritismo en tus palabras, querida. Está bien, si estás dispuesta a sacrificar tu descanso y comenzar con los entrenamientos desde ahora lo menos que podemos hacer es lo mismo. Dazai, ve por los Akutagawa, por favor. Desde ahora los dos se quedarán con Kouyou. Mañana tú también deberás comenzar a entrenar con Ryuunosuke.

El adolescente pestañeó, confundido.

¿Estaba hablando con él?

¿Había alguien más en la habitación?

— Dazai…

¿Estaba hablando con él?

¿Había alguien más en la habitación?

— Osamu.

Tragó saliva, clavándose las uñas en los brazos para obligarse a salir del sopor, buscando el rostro borroso de Mori. Se cruzó por accidente con la mirada asqueada de la mujer. Le sonrió con toda la tristeza que su cuerpo podía engendrar, amargamente agradecido al verla. Ella podía odiarlo, despreciarlo por completo pero él agradecía profundamente por su presencia ya que ésta significaba descanso, una distracción para Mori. Giró la cabeza hacia la quieta figura de Elise, mirándolos fijamente a todos mientras quebraba sus crayones, indiferente, abstraída.

Entre los dos hubo un sentimiento compartido de alivio.

No un sentimiento obligado y coaccionado como el que Mori les cincelaba en la carne por la fuerza, obligándolos a tocarse para entretenerlo, a gatear hasta él y satisfacerlo o a sentir un placer asqueroso y culpable, sino uno de verdadera complicidad. Para Elise era más sencillo, no tenía un cuerpo real, no existía en su mismo plano y Mori podía controlar sus recuerdos.

Sin embargo, Dazai, su alma y su carne, no serían capaces de olvidar ni en un millón de reencarnaciones todo el dolor que él le obligaba a tolerar.

Se las arregló para ponerse de pie, sujetándose del filo del sillón ante los nervios rotos en su piel, respirando trabajosamente. Tragó saliva, mirando por instinto a Mori.

El violeta significaba futuras tormentas, venas rotas, sangre podrida.

Dolor.

Placer.

Se mordió los labios, obligándose a ponerse de pie, todavía abrazándose a sí mismo al salir en silencio de la escena.

— Me preocupa lo cerca que está ese chiquillo de ti, Ougai. Es un inadaptado desesperado por un poco de atención y temo que malinterprete las cosas contigo.

Sin palabras, con una mirada felina y terrible, el hombre sujetó su mano para besarla.

—x—

Abrió los ojos poco a poco, su cerebro reaccionando más rápido que su cuerpo al estar seguro que había escuchado ruidos. El peso de Gin en su costado y Ryuunosuke en su pecho no fueron suficiente para disuadirlo, deslizándose con toda la delicadeza que pudo fuera del futón, arropando bien a los niños antes de salir por el pasillo, el corazón en los labios al escuchar el chapoteo de la bañera. Se mordió el interior de las mejillas, caminando con más seguridad hasta el baño, corriendo la puerta.

La luz estaba apagada y apenas las luces de la calle y la luna iluminaban un poco la habitación. Lo suficiente para distinguir la ropa en el suelo, las vendas manchadas de sangre y costras, el alcohol y el vapor del agua excesivamente caliente. No haciendo visible al adolescente sentado en la bañera, el rostro y la mitad del cuerpo apoyados contra la pared, murmurando cosas sin sentido mientras el agua seguía corriendo por el grifo abierto. Chuuya avanzó, quitándose los calcetines para no mojarlos al ir a cerrar el grifo. Dazai ni siquiera movió un músculo.

— Bromuro, cadmio, cocaína…

Le escuchó murmurar.

— ¿Cuánto llevas aquí?

— Fenciclidina, fosgeno, hierro, organofosfatos...

— ¿Me estás escuchando?

— Hongos, vanadio,metadona...

Se mordió la lengua, incluso a través de la oscuridad el cansancio de Dazai era palpable. Con sus dedos mojados hacía líneas en la pared como un preso rayas, mecánico, indiferente. Chuuya contuvo el aire esperando alguna reacción más coherente, mas de los labios de Dazai sólo brotaba esa lista sin sentido para sus oídos, el murmullo del agua que se había desplazado hasta el piso.

— Pudiste avisarme que vendrías, hubiera dejado algo de comida para ti.

— Yuca amarga, almejas de sangre, fugi,ricino…

— ¿Estás bien, Dazai?

Esta vez no dijo nada, los dedos detenidos contra la cerámica de la pared, los labios entreabiertos. El cabello seco igual a la cara.

— El agua se va a enfriar pronto.

— Entra conmigo.

Quiso negarse, debía ser lo más prudente. A todas luces algo no estaba bien con Dazai, pero ¿Qué se suponía que hiciera? apenas podía hablar coherentemente. Si miraba de cerca, un poco más, notaba las marcas en su cuerpo hablar por él. Fueron dos semanas, por primera vez tomó conciencia. Catorce noches. Catorce líneas de humedad en la pared.

La consciencia se le aglutinó venenosa y dolorosa en la garganta.

Comenzó a quitarse la ropa, entrando por la espalda de Dazai para rodear su cuerpo, abrazándolo contra sí. A pesar de llevar un rato en el agua caliente su cuerpo se sentía frío, tembloroso. Recogió agua con sus manos, vertiéndola en el cabello café.

— Cierra los ojos.

Pidió y él obedeció. Tomó una botella de shampoo y lo distribuyó hasta hacer espuma, después tomando la barra de jabón que usaba para él, pasándola por el cuerpo de Dazai. Lo sintió más delgado que la última vez.

— Hoy Gin tuvo su primer periodo. Hubieras visto la cara de Ryuu, pensó que algo malo le estaba pasando a su hermana. Fue bastante tierno ahora que lo pienso, aunque en ese momento fue dramático. No creerías que en estas épocas haya personas que no saben lo que es la menstruación pero bueno, ellos crecieron en la calle.

Dazai se dejó acunar contra el pecho de Chuuya, los ojos todavía cerrados y al pelirrojo no le quedó más alternativa que dejar el jabón olvidado, abrazando al muchacho, apoyando sus labios contra su mejilla.

— Siempre nos queda pedir una pizza o ir a la tienda de conveniencia de la esquina. No te puedes ir a la cama con el estómago vacío.

— Duele mucho, Chuu-Chuu.

— ¿Dónde duele, cariño?

— Adentro.

Las múltiples interpretaciones de esa palabra se le clavaron letra por letra entre las costillas y el corazón.

— Compré ibuprofeno para Gin, si quieres…

— Necesito algo más fuerte. Mucho más.

— ¿Tramadol?

— Suena agradable aunque no es suficiente.

— ¿Entonces?

— ¿Puedes contactar con Tachihara? me debe un par de favores.

— Se estaba disputando el territorio de...— recapatiló, dejando salir un jadeo al comprender—. ¿Morfina? de ninguna manera.

— De verdad me duele, Chuu-Chuu.

— Vamos al hospital, entonces.

— Van a hacer preguntas. Somos menores de edad.

— Podemos tratar con un médico de la Port Mafia.

— Le dirá a Mori.

Chuuya apretó los labios, sabiendo que tenía toda la razón. Sin embargo lo que Dazai estaba pidiendo era demasiado.

— No quiero que te cuelgues de algún vicio, Dazai. No puedo hacer eso.

— Está bien. Está bien. Está bien.

Su voz se fue adelgazando más, ovillándose contra el cuerpo cálido de Chuuya, aferrándose a su brazo con toda su vida. Los labios rasposos seguían repitiendo " Está bien" como un mantra.

— ¿Qué pasó, Dazai?

— ¿Quieres los detalles, Nakahara? ¿Quieres los secretos?

— Lo siento— murmuró, un escalofrío le partió la espina dorsal ante el agua ya fría—. Vamos a la cocina. Te haré algo de cenar y nos dormiremos en el suelo, es divertido ¿No es cierto? hablaremos de lo que quieras, te dejaré poner las canciones que quieras.

— No… No puedo pasar la comida. Mi garganta…

— Te haré algún batido, no tienes que masticar.

— Chuuya, de verdad me duele— suplicó, los dedos clavándose en su brazo, pegando su frente. Estaba hirviendo—. Por favor.

— Iré por el ibuprofeno.

— No. No te vayas. No me dejes. Duele.

— Respira.

— Me duele— sollozó contra su pecho, los brazos sin fuerza luchaban por sujetarse a su cuello—. Ya basta, por favor.

¿Para quién iban realmente esas palabras?

— Por favor— suplicó, clavando las uñas en los hombros de Chuuya, no con intención de herirlo sino de asirse, de equilibrarse para salir de la bañera. Un rayo de luz artificial incidió en su cuerpo, en apenas una fracción de su pecho desnudo.

Una quemadura le deformaba el pectoral izquierdo, siguiendo el recorrido había muchas más heridas pequeñas de mordidas, de arañazos, de golpes.

— Dazai…¿Qué…?

— Por favor. Ya no puedo más.

— Está bien. Sólo por esta vez. Sólo será una vez.

— Lo prometo, sólo esta vez. Los mocosos se irán con Kouyou y yo podré volver aquí ¿Verdad? Aquí voy a estar a salvo ¿Verdad? No vas a dejar que él...Ya no puedo más. Adentro...Ya no lo soporto. Elise...Yo no quería tocarla, Chuuya, te lo juro por Dios, yo no quería...Yo no quiero ser como él, Chuuya, por favor ¿Soy como él? Te juro que…

— Respira.Inhala, exhala. Otra vez. Inhala, exhala. No te puedo dejar así, Dazai, pero tampoco creo que pueda llevarte conmigo a ver a Tachihara ¿Seguro que el ibuprofeno…? — se relamió los labios, sopesando si era prudente continuar. La desesperación iba más rápido que la prudencia en su cerebro—. Tengo fentanilo. Un vendedor de drogas intentó pagarme una deuda con ciertos mililitros, yo no consumo nada de eso pero pensé que después podríamos venderlo.

— ¿Cómo es que nunca supe que lo tenías? Reviso todo aquí.

—La puse en un frasco de salsa de soya vacío. Tú nunca te paras en la cocina ni por error y los niños no alcanzan el estante.

— Los niños estarán a salvo con Kouyou.

— Y tú lo estarás conmigo— le extendió la mano, fuera de la bañera, lo envolvió en una toalla, secándolo antes de él también hacerlo, poniéndose tan sólo el pantalón del pijama, cediéndole la parte superior a Dazai, rebuscando en el botiquín dos jeringas. Dazai lo miró con duda—. No creas que te voy a dejar hacerlo solo, caballa. Si vamos a jugarnos la suerte, va a ser con la misma moneda de ahora en adelante.