"Need I beg to you for one more day
To find our lonely love?"
Recorrió con su lengua el paladar en búsqueda de algún resto de brownie pero ya no había más. Estiró la mano tentando en la mesa hasta encontrar otro. Chuuya tomó su mano entre risitas, besándola y haciéndole soltar el pan.
— Con uno fue suficiente.
— Tengo mucha hambre.
— Me hace feliz, casi nunca quieres comer nada— Chuuya se inclinó en la mesa, sujetando la cabeza de Dazai contra su pecho como un bebé, tomando el plato de soba frío y poniéndolo delante suyo. Dazai sólo abrió la boca, esperando—. No seas tan perezoso, puedes comer tú solo.
— Nop, tienes que hacerlo tú.
El pelirrojo resopló mientras envolvía los fideos en los palillos, mojándolos en la salsa de soya antes de llevarlos a la boca de Dazai. Sonrió sinceramente complacido al escucharlo sorber, lamiéndose los labios y buscando por él mismo más. Normalmente su apetito ni siquiera existía. Apoyó sus labios en su cabello, aspirando el olor a jengibre. Dazai se giró, extendiéndole los palillos y Chuuya sorbió, apreciando su propia hambre. Sin soltarlo rebuscó en la mesa que había preparado, tomando un okonomiyaki, masticando más lentamente de lo que percibía.
— Esto definitivamente es mejor que el fentanilo.
— En realidad a mí me gustó mucho— murmuró Dazai, terminando lo que quedaba de los fideos, desenvolviendo unas galletas—. No sentí nada, fue como estar muerto.
— A mí me gusta sentir. Los sentidos son lindos. Sobre todo cuando te abrazo— suspiró, apoyando su frente contra su hombro,apretando más su cintura—. Los abrazos son lindos. También los besos.
— Estás totalmente colocado— Dazai se rió, girándose para tomar sus mejillas y besar su nariz—. Tienes razón, los besos son lindos.
Chuuya besó sus mejillas, su frente, deteniendo la mirada en sus labios pidiendo permiso hasta que Dazai asintió. La salsa de soya y restos del soba se le mezclaron en la lengua, sintiendo la respiración cálida y dulzona de Dazai entrar a sus sentidos lentamente. Se detuvo en sus labios un poco más, apoyando la frente contra la suya después.Dazai le evitó la mirada, encogiéndose contra su pecho. Era curioso que siendo él mucho más alto que Chuuya siempre pareciera más pequeño. El pelirrojo se quedó besando su cabello, sintiendo los aromas de la comida y la tarde entrar por la ventana.
— ¿De verdad no puedo tener uno más?
— Uhm, está bien. Ya que nadie se ha muerto por una sobredosis de marihuana, no veo por qué no.
Dazai pestañeó. Dos, tres segundos y ambos se echaron a reír hasta las lágrimas.
Negó con la cabeza, tomando el brownie y partiéndolo a la mitad para darle una a Chuuya. Solía comer con más calma, mientras que Chuuya lo hacía con verdadero deleite. Era agradable verlo comer, lamer los cubiertos, detectar ese tic al mover los pies en círculos como un perro movería su cola de gusto, la forma en que sus ojos brillaban al pedir siempre otra porción "porque todavía está en desarrollo, porque se deja el alma en los entrenamientos".
Siempre era agradable mirar a Chuuya, se corrigió. Por nada del mundo vendería la imagen de ese momento, viéndolo masticar entre tarareos, sujetando su cintura, besar su cabello y volver al panecillo, chupando sus dedos con un sonido de complacencia contagioso. Sus ojos azules brillaban con genuina alegría y satisfacción, borrando cualquier otra luz en la habitación. Dazai dejó de masticar y Chuuya lo interpretó como pérdida de apetito, acostumbrado ya a ello, tomó lo que quedaba del panecillo y lo terminó de comer. Dazai sonrió, besando su mejilla, resguardandose contra su pecho.
— Este sería un excelente momento para morir.
— Qué tonterías dices, no puedes matarte hasta que terminemos de pagar este departamento, Dazai, prometiste que compartirías el gasto y sólo por eso accedí a comprarlo.
— Con tu sueldo puedes costearlo por ti mismo. Pero, lo digo en serio. Me encantaría que mi muerte sea en un momento así. Escuchándote reír después de una abundante comida, con un clima tan agradable después de besarte.
— ¿Piensas que me estaría riendo si supiera que vas a morir?
— Quizá no te rías pero tampoco creo que llores.
— Dazai…
El muchacho lo ignoró por completo, tomando su mano para lamer de sus dedos los restos del glaseado de chocolate. Chuuya dejó salir un hondo suspiro, algo eléctrico le tocó cuando la lengua de Dazai se enredó en la piel, recorriendo las terminaciones nerviosas sin ninguna intención, ni siquiera lo estaba molestando.
— Tienes unas manos muy elegantes. Parecen de pianista. Te compraré un par de guantes la próxima vez que salgamos.
— Nunca hemos tenido una cita. Sería bueno salir a cenar o al cine un día de estos.
— Sería extraño— Dazai envolvió un dedo en su boca, la lengua enroscada le dio una serie de escalofríos que decantó en un gemido.
La mirada café se clavó con arrepentimiento, apartando la mano de su boca. Chuuya carraspeó incómodo.
Su relación comenzó de forma extraña y no había ido por otro camino más que el de la rareza. Lo desquiciaba, a veces deseaba golpearlo, sin que ningún sentimiento ,por más pasional que fuera, superara su deseo de protegerlo. De darle un sitio al cual pudiera llamar hogar, donde las máscaras pudieran quedarse en el recibidor. De curarlo hasta curarse él también, porque Dazai sostenía sus ganas de reír, de enfrentarse al mundo ¿Cuándo comenzó esa necesidad? la semilla venía antes de que Dazai le hablara de todo el dolor que había soportado, aquello sólo resultó ser un sustrato muy conveniente para que germinara lo que tenían ahora.
¿Qué tenían exactamente? Chuuya no terminaba de comprenderlo. Compartían la rutina, noches de cena hasta quedarse dormidos, la almohada por las mañanas, el baño y los besos. Aquello podía ser simple camaradería, empatía o incluso insulza piedad. No estaba menospreciando sus propios sentimientos, simplemente era incapaz de darles una estructura lógica.
Tan sólo sabía que no quería lastimarlo.
Dicho esto, no era raro que nunca se hubiera detenido a pensar si alguna vez deseó a Dazai. Estaba acostumbrado a verlo desnudo sin que en ningún momento le afectara de una manera sexual y a pesar de reconocer lo atractivo que era, simplemente no lograba imaginarlos en una situación así. Había tantas heridas cubriendo a Dazai que el deseo moría antes de nacer, siendo reemplazado por la ternura, por la necesidad de cariño. No había prisa para entender las cosas, no quería cambiar esa intimidad y refugio por una urgencia que simplemente no experimentaba.
— Los besos están bien — murmuró Dazai, acomodándose en las piernas de Chuuya para rodear su cuello, la cabeza oculta en su hombro —. Pero no creo ser capaz de ir más allá.
— Estoy perfectamente bien con esto — sujetó sus mejillas para besar su frente, sonriendo —. Todo lo que quiero es estar contigo.
— ¿Por qué?
— No lo sé, sinceramente. Eres un mimado encimoso, no importa cuántas veces te diga que cambies el papel higiénico jamás lo haces, tienes el ego más grande que he conocido y en cada misión te ocupas de recordarme que no soy para ti más que un simple peón para manejar porque tú eres mucho más inteligente que yo y esas mierdas.
— Tú tampoco eres una perita en dulce ¿Sabías?
— Lo sé, quizá por eso nos llevamos tan bien — ambos se rieron suavemente, comenzando a sentir la somnolencia ganar terreno —. Te amo jodidamente mucho, Dazai. Te adoro profundamente. La próxima vez que pienses en suicidarte, sólo recuerda eso.
Dazai fingió no haberlo escuchado, mordiéndose los labios.
Ese realmente hubiera sido el momento perfecto para morir.
—x—
Los rumores llegaban a ellos con insistencia.
Los miraban con cautela para no alertar a Kouyou, figura por demás respetada dentro de la Port Mafia, incapaces de contener su curiosidad. Era un huérfano con mucha suerte, incluso el mismo Osamu Dazai, el protegido de Mori, iba a entrenarlo. La larga lista de "triunfos" resonaba en sus oídos con una aplastante ansiedad ¿En serio sus expectativas eran tan altas respecto a su poder? Recordaba la figura del adolescente en calma, como si el mundo le quedara chico y no le interesara en lo más mínimo. No había hablado con él después de conocerlo, sin embargo, Chuuya no dejaba de hablar de Dazai. Sus misiones juntos, lo inteligente que era, lo calculador y pulcro que era al planear. Si una persona tan hábil y poderosa como Chuuya se expresaba de esa manera, debía ser alguien realmente excepcional.
Estaba ansioso por comenzar su entrenamiento, por saber si todo lo dicho era cierto.
También por salir de ese departamento demasiado tradicional para su gusto.
Su primera impresión de Kouyou quedó por siempre manchada debido al regaño que le dio a Chuuya al verlo llegar con los niños prácticamente cargándolo a él.
Las pupilas mortalmente contraídas y su incapacidad de erguir el cuello y de hablar hacían innecesarias las explicaciones. Era claro que estaba totalmente drogado. La mujer les gritó a los niños que entraran al departamento y aunque obedecieron, se quedaron en el marco de la puerta para observarla levantar la manga de la chamarra del adolescente que a ese punto apenas podía respirar por sí mismo. Las mejillas de Kouyou se habían teñido de un rojo encendido al notar la marca de una jeringa y sin más lo abofeteó, llamándolo de mil maneras. No a él, sino a Dazai, segura que era su influencia la que lo había llevado a esa pésima decisión. Chuuya balbuceó disculpas, con nada de dignidad se arrodilló, aceptando la letanía de regaños e insultos que la mujer dejó salir, haciéndole jurar por su vida que no volvería a hacer algo así. Chuuya no pudo contestar, mirándola a los ojos pero con un gesto totalmente ausente, incluso un hilito de saliva bajando por su mentón.
Kouyou lo despidió con la puerta en el rostro y desde ese momento, Ryuunosuke decidió que lo más prudente sería jamás contrariar a Kouyou, bajo ningún motivo.
No tenía nada en contra de la mujer, su carácter era duro aunque constantemente procuraba su comodidad, a pesar de insistir tanto en enseñarles modales y obligar a Gin a cambiar sus vestidos floreados e infantiles por pesados kimonos tradicionales. Para ella la separación fue distinta, no dejaba de esforzarse en seguir lo que se le fuera pedido, no derramar la sopa, no hacer caras raras ante el té, caminar derecha. Lo que fuera, con la esperanza de que Chuuya volviera por ella, porque para ser justos, el muchacho se la había ganado desde el primer día que la llamó princesa a pesar de estar cubierta de suciedad y hambre.
Kouyou no vio prudente que Ryuunosuke comenzara su entrenamiento con Dazai ese día, pensando que estaría igual de drogado que Chuuya, así que le comunicó a Mori que el entrenamiento empezaría tres días después.
Y exactamente tres días después, ella se encargó de vestirlo y perfumarlo para su primer entrenamiento. Aunque se sentía ridículo con esa camisa de holanes, el ansia por finalmente medirse con ese tal Dazai le hacía latir el corazón.
Se quedó sentadito en la banca del gimnasio esperando por la figura del adolescente que llegó con un retraso de casi una hora, silbando sin interés.
Lo miró de pies a cabeza sin que sus ojos mostraran absolutamente nada, quedándose en una esquina, ordenándole una serie de ejercicios sin ningún motivo aparente mientras encendía un cigarro y sacaba un videojuego portátil.
Era una manera nada sutil de decirle lo poca cosa que le resultaba.
Ryuunosuke apretó los puños, enfadado, las cuchillas de Rashomon erguidas y listas para el ataque hacia Dazai. Obviamente el poder se deshizo al entrar en contacto con él, haciéndole soltar el videojuego en el proceso.
De alguna manera, esa sonrisa calmada lucía como veneno puro.
— Vaya, vaya ¿Qué tenemos aquí? — se reía entre dientes al quitar el polvo de su videojuego, guardándolo de vuelta en sus pantalones —. Estando con Kouyou pensé que serías más educado.
— No me ignores.
— Oh ¿El pequeño renacuajo piensa que está en postura de dar órdenes cuando no es capaz de seguir una tan sencilla?
Dazai sacó su arma, clavando la culata en la mejilla del niño quien ante la sorpresa no pudo percibir al principio al golpe, por lo que no pudo prepararse para el siguiente, esta vez la punta de su pie contra su estómago, dejándolo de rodillas. De una patada lo dejó recostado, pisando sus manos cuando intentó defenderse.
— ¡Levántate!
Ryuunosuke apoyó sus manos contra el suelo, las piernas le temblaban por el dolor. Dazai lo volvió a patear, tirándolo de vuelta al piso.
— ¡Te he dicho que te levantes!
Esa mirada animal quemaba, maldecía sin que tuviera ningún efecto en Dazai. Si no estuviera perdiendo el tiempo con ese estúpido mocoso estaría en casa con Chuuya. Le parecía un motivo suficiente para estar tan malhumorado.
Dos veces más hizo el intento de incorporarse hasta que Dazai perdió el interés, dejándole levantar. Le dio una honda calada al cigarrillo que en todo momento mantuvo en sus labios, arrojando el humo a la cara del niño.
— Dos series de diez lagartijas ¿Qué es lo complicado en eso? ¿No hablamos el mismo idioma? ¿Eres tan estúpido que no sabes ni siquiera contar?
— No necesito…
— No necesitas hablar, niño. No necesitas pensar, necesitas obedecer. Si quieres mantenerte con vida aquí es algo que necesitas recordar cada momento del día ¿Escuchaste? Yo ordeno, tú obedeces y fin de la discusión.
— ¿Por qué tengo que hacer lo que me dices?
— Porque Mori me puso a cargo de ti.Si por mí fuera tú no estarías aquí quitándome el tiempo, pero órdenes son órdenes y más te vale que cooperes. La próxima vez que me respondas de vuelta los golpes no serán para ti ¿Entendiste?
Ryuunosuke abrió los ojos después de una honda exhalación, comprendiendo la amenaza. Apoyó las rodillas y las palmas contra el suelo, sintiendo el estómago dolerle ante el gesto burlón de Dazai volver a la pared, con el videojuego de nuevo entre sus manos.
Como si no valiera absolutamente nada de su tiempo.
— No te escucho contar.
— Uno…
—x—
— De todas las cosas en las que pudiste meterte, esa fue la peor— sus labios apenas tenían la abertura necesaria para dejar pasar el té, y salvo el ligero temblor en su mano sosteniendo la taza, no había ni un solo cabello fuera de su lugar—. Encima te atreviste a venir hasta aquí en ese estado.
— Lo siento, Ane-san.
— No te disculpes si no estás pensando cambiar, Chuuya. Tachihara me dijo que le compraste algunos postres a gente de su área. No soy tonta, cariño, sé perfectamente qué clase de postres eran.
—Vamos, no es para tanto, sólo fue un poco de marihuana.
— Lo que tenías encima cuando viniste definitivamente no era sólo un poco de marihuana.
— Disculpe, señorita…
La voz delicada y tímida de Gin al abrir la puerta le hizo voltear.
— Hola, princesa.
— ¡Chuu-Chuu!— dejando los modales la niña se apuró a saltar a su regazo, abrazando su cuello.
— Gin— la mujer carraspeó, un poco más por la manera en que Chuuya le cubrió las orejas para que no escuchara la reprimenda, besando su frente—. No tires mi esfuerzo por educarla, Nakahara.
— Mírala, es tan dulce, tan linda ¿No te dan ganas de engreírla siempre?
La mujer resopló, intentando infructuosamente no sonreír ante la dulzura de la escena, con Chuuya haciéndole cariños en el rostro a Gin y ella riéndose, sinceramente feliz. Si alguien merecía ser ejecutivo, llegar a lo más alto e incluso postularse como posible sucesor llegado el momento, ese sin duda era Chuuya. Él derrochaba todo aquello de lo cual Dazai carecía. Empatía, amabilidad, fortaleza.
Esperaba que Mori algún día lo notara también.
— Su hermano debe estar terminando su primer entrenamiento con Dazai— el gesto se le arrugó ante el nombre, manchando incluso un momento como ese—. Seguramente le hará bien ver una cara conocida después de estar con ese pelmazo, si quieres puedes llevártelos por esta noche. Mori me comentó que hace poco te mudaste.
— Me mudé con Dazai, de hecho. Compramos un apartamento en uno de los barrios exclusivos, es demasiado grande para nosotros dos así que sin duda nos caerá bien un poco de compañía. Anda, princesa, ve por tu pijama y algo para ponerte mañana.
— Tú y Dazai… ¿Por qué no me lo habías dicho?
— Porque hubieras puesto esa cara— se rió entre dientes, levantándose y haciéndole una reverencia—. Agradezco que te preocupes por mí, pero te aseguro que Dazai no es lo que piensas. Al menos no conmigo.
— Lo que me preocupa no es la persona que es contigo, sino la persona que te vuelves cuando estás con él.
Chuuya sonrió en silencio hasta que Gin volvió y ambos se marcharon. No había mucho que pudiera decir sin comprometer los secretos de Dazai, incapaz de hacerla ver que si alguien estaba durmiendo con el enemigo en todo caso era ella.
Revisó su reloj, ya habían pasado más de dos horas desde que Dazai había empezado el entrenamiento y supuso que estaría a punto de terminar y podrían aprovechar para irse todos juntos. Tomó a Gin en brazos al verla cabecear. Con cuidado para no despertarla bajó las escaleras hasta el gimnasio, con cautela para no interrumpir asomó la cara, encontrándose a Ryuunosuke completamente agotado y con restos de sangre en la ropa, tirado en el suelo, intentando recuperar el aire mientras Dazai se bebía la botella de agua que él le había dado para el niño.
Suspiró hondamente. Ni siquiera iba a fingir sorpresa, si ya sabía que Dazai era muchas cosas menos indulgente.
— Hola, cariño ¿Ya terminaron?
— Este niño no sólo es estúpido, también es débil.
— Apenas tiene trece, además es tan delgado como una pluma, no le exijas tanto.
— Si no le exijo se hará perezoso, se acostumbrará a usar su poder para absolutamente todo y Mori no podrá usarlo como es debido.
— Que se joda Mori— murmuró, besando la mejilla de Dazai—. ¿Puedes sostenerla un momento?
— Yo no sé cargar niños, la voy a tirar.
— No seas dramático, no es nada del otro mundo, sólo un momento.
Dazai chasqueó la lengua aceptando la carga mientras Chuuya tomaba la botella de agua y se acercaba a Ryuunosuke, ayudándole a ponerse de pie.
— Hola, Ryuu ¿Qué tal tu primer día?
El niño no dijo nada, con la cabeza agachada, demasiado avergonzado por su debilidad como para mirarlo. El pelirrojo resopló, ofreciéndole la botella a medias.
— El imbécil de mi novio no tiene nada de tacto, lo lamento, debiste pasarlo muy mal. En compensación te prepararé lo que quieras para la cena ¿Quieres que tomemos un baño de burbujas? La bañera del nuevo departamento es así de grande.
— ¿Iré contigo otra vez?
— Sólo esta noche, le pedí permiso a Kouyou.
— ¿Ya no está enojada?
Chuuya se rió avergonzado, debió suponer que no era tan pequeño como para olvidar algo así. Dazai carraspeó llamando la atención de ambos y Chuuya le extendió los brazos.
— Debes estar muy cansado, deja que te cargue hasta el auto.
Ryuunosuke se sonrojó, pero era incapaz de negarse. Había extrañado esa clase de ternura, de mimo y, después del quiebre al que casi lo orilló Dazai, simplemente se encontró incapaz de rechazarlo. Se dejó cargar, acomodándose en los brazos de Chuuya, quien apreció que no tardaría mucho en dar un estirón tremendo. Por ahora era convenientemente menos alto..
— Por Dios, Chuuya, deja de tratarlo como si fuera un maldito lisiado ¿Qué, ni siquiera puedes caminar por ti mismo, Akutagawa?
— Cálmate ¿A ti en qué te afecta si yo quiero cargarlo?
— No me gusta que seas así con un par de desconocidos.
— No son desconocidos— susurró, estirando su mano libre para pedirle que le diera a Gin—. Debemos parar en la tienda, no tenemos suficientes platos para los cuatro.
— ¿Para los cuatro? De ninguna manera vas a meter a este par de pulgosos en nuestra casa.
— No seas un maldito imbécil. Sólo va a ser una noche.
— No podemos tener sexo si están ellos. Quiero tener sexo contigo.
— ¿Ah, sí? — el pelirrojo bufó divertido, girándose para marcharse— . Lo que tú digas, campeón.
— Si los llevas a casa no iré yo, dormiré con Mori. Será tu culpa.
Chuuya se quedó frío, pálido, apretando los dientes y cambiando a un rojo furioso, apenas conteniéndose para encararlo.
— No te atrevas a chantajearme con una mierda de ese calibre, Osamu. Si no quieres estar con nosotros, no lo hagas, la maldita casa es lo suficientemente grande para que ni siquiera nos notes, pero si lo que quieres es prohibirme cosas sólo porque piensas que eres capaz de hacerlo, mejor vete al maldito carajo.
La última mirada que le dedicó fue gélida, ofendida. Ryuunosuke en ningún momento los había mirado, sujetando la mano de su hermana sobre el pecho de Chuuya.
Dazai los miró irse, quedándose con la rabia apretada entre los puños.
Chantaje, había dicho Chuuya. Le mostraría lo que era el chantaje.
