El sudor hacía una línea fina en su frente pero se expandía como un lago miniatura al pegarse contra el vidrio del espejo. Si no tenía cuidado y apoyaba su peso un poco más lo terminaría rompiendo. Apoyó las palmas para separarse, creando una resistencia y un soporte al mismo tiempo. Un gemido hondo le escaló por la garganta, haciéndole sonrojar hasta las orejas, morderse los labios ante un pellizco de Dazai en sus muslos a manera de reproche. Sus labios seguían haciendo círculos en su cuello, lo tenía inclinado, masajeando su pene por encima de la ropa y restregando el propio contra su trasero, escondidos en la habitación de Gin mientras ella y Kouyou estaban en una sesión de entreno.
Las manos de Dazai se encargaron de bajarle el pantalón y la ropa interior antes de que lo notara, demasiado perdido en el calor de su lengua en su cuello.
— Pon tus manos aquí y separa.
Ordenó y su corazón perdió un latido, buscando su mirada a través del reflejo.
— ¿Vamos a…?
— Ya te dije que no hasta que cumplas quince, cuando menos.
Ryuunosuke masticó una queja, apoyando la frente de nuevo contra el cristal, apoyando las manos contra sus nalgas, separándolas. La primera vez se puso tan rojo que casi se ahoga, ahora realmente estaba relajado. Se inclinó un poco más, suspirando hondamente cuando la mano de Dazai le tocó la parte interna del muslo, pasando sus dedos con delicadeza, luego la otra mano, acercándose tentadoramente a sus testículos.
¿Estaría disfrutando eso? ¿Le parecería atractivo al menos?
Se animó a verlo de nuevo en el espejo, encontrando un gesto mortalmente aburrido en Dazai, como el de alguien haciendo un papeleo.
— Si quieres podemos hacer otra cosa.
— ¿ Por qué no sólo cierras la boca? Siempre estás hablando, odio tu estúpida voz de perro apaleado.
Ryuunosuke lo hizo, con un sabor amargo corriéndole hasta el estómago, diluyendo el calor que se le había condensando desde el primer beso, minutos antes. Suspiró hondamente, haciendo el amago de levantarse.
Ahogó un gritito ante un pellizco mucho más fuerte en su muslo, la mano de Dazai en su cuello para que agachara la cabeza.
— No hasta que me venga, putita.
Esta vez el sonrojo no fue de vergüenza por pudor, sino de una profunda humillación ante el apelativo. Estaba haciendo algo incorrecto, ya lo sabía, aún así no se sentía merecedor de aquel trato.
Con Dazai nunca se podía esperar algo bueno, ya debía saberlo.
Lo sintió poner su pene entre sus nalgas, cerrando sus manos en ellas para crear presión y comenzar a balancearse contra él. Jadeó, dejando que los pensamientos se diluyeran, cambiando la moral por el deseo, masturbándose lentamente intentando sincronizar el ritmo con Dazai.
— Bésame.
Sonaba tan desapasionado y demandante que parecía estar hablando con una máquina. Él no lo era, por otro lado, él sentía la sangre hervirle por cada lugar donde lo tocaba, envenenado por donde pasó su lengua y sus labios. Giró la cabeza, cerró los ojos y abrió los labios, esperando por la lengua de Dazai, sin ninguna sutileza ni ceremonia, todo era sucio y desordenado, quizá demasiado desesperado. Una mano enroscada en su pene, la otra sujetándose en el espejo, ejerciendo demasiada presión lo astilló un poco y de su mano comenzó a vertirse sangre, un hilito, un dolor que no superaba el placer que estaba experimentando, pero la sangre fue vista por Dazai y su expresión cambió al momento por una curiosa. Puso su mano sobre la de Ryuunosuke y presionó, haciéndolo sangrar más. Sonrió.
— Sujétate tú.
Obedeció y Dazai puso su mano en donde antes estuvo la de de Ryuunosuke, ejerciendo más presión para que más vidrios salieran, clavándose en su carne.
Un hondo gemido llenó la habitación, y casi fue un insulto que haya sido por el dolor y no por él.
—x—
Gin era mucho más joven que su hermano, no sólo en años sino en experiencia.
Él enfrentó lo duro por ella, cubriéndola de la realidad lo mejor que pudo, enfrentó el hambre y los golpes para que ella no los conociera. Su visión del mundo podía ser más ingenua que la de su hermano porque él se encargó de mantenerla inocente, esto no significaba que fuera tonta, se daba cuenta de las cosas. Notaba lo incómodo que su hermano se ponía delante de Chuuya, lo extrañamente diligente que se había vuelto con Dazai y podía intuir lo que estaba ocurriendo.
Su hermano, delante de Chuuya, hacía una cara parecida a la que Tachihara ponía cuando ella estaba cerca y Kouyou había llamado " fascinación" o una cosa así que a ella sólo le recordaba al dolor de barriga. Delante de Dazai, ponía una expresión parecida a la que Mori le daba a Kouyou y hacía que Chuuya rechinara los dientes.
Podía ser que no lo entendiera por completo pero sí lo suficiente para comprender que algo debía estar mal.
Era más bien un instinto el que le decía que no siguiera caminando, que esos sonidos eran alarmas de no acercarse. Quizá Dazai estaba siendo malo con su hermano otra vez, quizá lo estaba lastimando. Por supuesto, debía recordar lo que Kouyou le había enseñado sobre la disciplina y que a veces es imposible separarla del dolor.
Aunque ¿Por qué Dazai debía estar haciendo cualquier cosa con su hermano en su habitación? no sonaba lógico, le hacía pensar más bien en algo malo. Apretó los puños, infló las mejillas y antes de empujar la puerta, la suave mano de Kouyou se posó en su hombro, de una manera mucho más amable en la que solía hacerlo. Pestañeó confundida cuando la mujer se puso un dedo entre los labios pidiéndole silencio, sacándola de la casa en silencio.
— ¿Volveremos al entreno? Pero si acabamos de volver— protestó, siguiendo el paso fluido de Kouyou por la acera—. Además, Dazai estaba…
— No hemos tenido esa plática todavía— murmuró lo suficientemente alto para que Gin atendiera sus palabras—. Me parece adecuado que charlemos un poco en la casa de té al final de la calle. Es un excelente día para invitar también a Chuuya, debes extrañarlo
Gin pestañeó más confundida por la manera condescendiente en que estaba siendo tratada, como si estuviera a punto de decirle algo tan obvio como que el cielo es azul y ella es la única que lo sigue mirando morado o algo así. Resopló, con una acidez amarga asentándose en el fondo de su estómago.
Kouyou sostenía el celular en sus manos con una sonrisa ausente, tecleando con rapidez y asintiendo satisfecha, sujetando a la niña del cuello para acercarla a su cuerpo, hablándole del clima mientras llegaban a la casa de té y eran recibidas con rapidez, guiadas a la sala exclusiva al fondo, oculta entre esos hermosos biombos rosa encendido. Habían estado un par de veces antes, en su cumpleaños y al final de su primer año en la Mafia por lo que aseguraba que era un lugar exclusivo aunque la comida era horrible. En su cumpleaños, Chuuya estuvo tan desilusionado por la mala comida que él mismo la llevó a comer a un lugar de comida rápida, mucho menos lujoso pero más jugoso, le aseguró entre risas y ella lo recuerda como uno de los mejores días de su vida porque incluso accedió a meterse con ella a la piscina de pelotas. Quizá ya era un poco mayor para eso pero nunca había entrado en una antes.
En ese restaurante, por otro lado, necesitaba mantener cierta postura y recordar sus modales a cada segundo o de lo contrario Kouyou le golpearía con su abanico hasta dejarle marcas y sin duda no era algo que deseara. Mantuvo el aliento, centrando su atención en la mujer quien ordenó por ambas sin consultarle y , además, solicitó un tercer platillo por lo que supuso que Chuuya había aceptado su invitación. Aquello de alguna manera la consoló, haciéndola girar la vista de tanto en tanto hacia la puerta, hasta que la figura del adolescente comenzó a acercarse a ellas, con una sonrisa encantadora, dejando de lado las etiquetas para recibirla en sus brazos cuando ella, también olvidando las etiquetas, se lanzó a recibirlo.
— ¡Chuu-Chuu!
— Gin— carraspeó Kouyou y la niña ocultó su rostro en el pecho de Chuuya quien se rió besando su frente, todavía cargándola se acercó a la mesa, haciéndole una reverencia.
— No seas tan estricta, todavía es una niña.
— No lo va a ser siempre ¿Sabes?
Chuuya pestañeó, endureciendo el gesto, dejando a Gin en su silla y tomando él la propia.
— Si Tachihara se pasa de listo juro por Dios que no habrá poder humano que pueda rehacer su cadáver.
— No necesitas ser tan sobreprotector, créeme que ella se puede defender sola— declaró con orgullo, aceptando la taza de té que un mesero le ofreció, igual a los demás—. De todas formas no es por eso que te llamé.
— Tachihara es un tonto.
— ¿Te molesta, cariño? ¿Quieres que hable con él?
— No— dijo bajito, entre sorbos y con las mejillas rojas—. Me gusta que sea un tonto.
— Como te dije, no te invité para que hablemos de eso.
— ¿Mori te envió? En verdad, mi celular se dañó, no es que lo esté evitando.
— Puedes conseguir un celular nuevo rápidamente, pero, tampoco es por eso, déjame terminar de hablar. Gin y Ryuunosuke están creciendo, como ya sabes, vivieron en las calles y hay muchas cosas que desconocen.
— Oh, no— tragó saliva, apretando los dedos en la silla—. Te refieres a esa charla ¿Verdad? Gin, cariño, no importa lo que te digan, las drogas no son buenas. Incluso si nosotros las vendemos o si Dazai y yo algunas veces...
— Sexo. Esa es la plática.
— ¿Sexo? Pero si Gin apenas tiene once.
— Pero su hermano ya tiene catorce y ¿Quieres saber qué estaba haciendo en el cuarto de Gin?
— No jodas…¿Con quién?
Kouyou mantenía una sonrisa ladeada mientras el mesero disponía los diversos platillos, pequeños en cantidad pero desbordantes en cuanto estética.
— He escuchado del sexo. Elise me lo dijo. No creo que Dazai y mi hermano lo estuvieran haciendo, no se escuchaba como si lo estuvieran disfrutando. Creo que Dazai lo estaba lastimando.
Kouyou no dijo absolutamente nada para detener al muchacho cuando se levantó, corriendo a la salida, pensando que al final Gin había sido de más ayuda de la que había planeado en un principio.
—x—
Al final de sus " encuentros" siempre se quedaba con una comezón en la nuca muy insistente que le hacía rascarse allí hasta casi sangrar, viendo a Dazai lavarse las manos y colocarse un vendaje en la mano lastimada, ambos en el baño, él sentado en la orilla de la bañera intentando interpretar la sonrisa hueca de Dazai tras el alcohol antes de la venda.
— ¿No sientes ni un poco de culpa?
— ¿Por qué? ¿Por ti?— Dazai resopló, aburrido, terminando de envolverse la mano, dos segundos la mirada dejó ver algo humano, una tristeza sincera.
Suspiró hondamente, caminando hacia la entrada y deteniéndose allí, como enajenado viendo a un punto muerto en la puerta. Ryuunosuke lo miró con duda, intentando encontrar lo que veía.
Dos, tres segundos hasta que la puerta fue arrancada de sus bisagras de una patada.
— Kouyou va a estar tan enojada por esto…
— ¡Ryuu!— Chuuya apartó a Dazai de un empujón, encontrando al muchacho congelado a dos pasos de ellos—. Tranquilo, cariño, no pasa nada ¿Estás bien? ¿Te hizo algo?
Ryuunosuke pestañeó, tragó saliva y buscó la mirada de Dazai, que sólo miraba la puerta destrozada en el piso.
— Lo que sea, Ryuu ¡Lo que sea! que este bastardo te estuviera haciendo, puedes decírmelo…
— ¿En serio, Chuuya?
— No...No me estaba haciendo nada. Bueno...Me estaba reprendiendo porque no he conseguido usar a Rashomon como defensa y quizá…
— ¿Te golpeó?
— Por si no te diste cuenta el que está herido aquí, soy yo— Dazai levantó la mano vendada, ganándose una mirada rabiosa del pelirrojo—. Disculpa que no sea tan suave como tú con ellos, Chuu—Chuu, alguien necesita darles algo de disciplina.
— Y lo que yo necesito saber es por qué carajos Kouyou pensó que ustedes dos estaban teniendo sexo.
— ¿No te has dado cuenta que ella me odia profundamente? Estando los dos solos, el imbécil de Akutagawa quejándose como una recién desvirgada sólo por un poco de violencia, no me parece ilógico que lo haya manipulado para que pareciera que yo soy el malo ¿No? Casi puedo apostar que hizo que Gin te lo dijera, no dudarías de su palabra nunca, después de todo ella es una niña dulce e inocente.
Chuuya entrecerró los ojos, intentando encontrar una mentira, cualquier señal de que Dazai estaba siendo deshonesto.
Chasqueó la lengua, mirando mejor a Ryuunosuke. Tampoco allí encontró nada que desmintiera sus palabras.
— Te podría perdonar cualquier cosa, Dazai, incluso que me engañaras, pero no con un niño. Te lo digo delante de Ryuu, si algún día me entero que sobrepasas el límite con él o con alguien de su edad, olvídate que tú y yo alguna vez tuvimos algo ¿Me escuchaste?
— ¿No crees que estás siendo un poco paranoico?
Chuuya caminó hasta quedar a su lado, bajando la voz sólo para él.
— He leído, Dazai. Las víctimas cuando no reciben tratamiento suelen volverse victimarias. Por mucho que te ame, no puedo arriesgar a los demás a que los lastimes. Sueles ser muy violento con los niños, no me puedes culpar por desconfiar de ti.
— Supongo que no. Aunque no puedes negar que es difícil escuchar a tu pareja acusarte de esa manera.
— Lo siento. Iré a disculparme con Ane-san por lo de su puerta ¿Nos vemos más tarde en casa?
— Claro, cielo.
Chuuya lo besó rápidamente, mirando de soslayo a Ryuunosuke con algo de vergüenza. Salió y Dazai permaneció unos segundos en esa posición. Otra vez la tristeza, humana y densa, asomó por su rostro, desapareciendo en el instante en que giró su rostro para enfocarse en Ryuunosuke.
— ¿Sabes? Olvida eso de esperar a que cumplas quince. Iremos a comprar condones y pararemos en algún hotel, no me puedo arriesgar a que alguien nos descubra otra vez.
