"Come to bed, don't make me sleep alone

Couldn't hide the emptiness, you let it show

Never wanted it to be so cold

Just didn't drink enough to say you love me"

Quería besarlo un poco más.

Quizá incluso tocarlo.

Un deseo sincero e imposible, considerando que Dazai era delicado como el papel y bastaba tan sólo que respirara sobre él para desvanecerlo.

Chuuya no quería eso, definitivamente.

No, él no sería otra herida por cicatrizar en su vida, él sería siempre su apoyo, él sería su incondicional hasta el último de sus suspiros. Él quería proteger a Dazai incluso de sí mismo, al precio que fuera.

Incluso si aquello significaba romperse a su lado o tomar su lugar de vez en cuando.

¿Cómo iba a decírselo?

Abrió más la boca porque una lengua la estaba invadiendo.Incapaz de mantener su cuello erguido tan sólo lo dejó quebrarse como un tallo con demasiado polen, recargando la cabeza contra la pared.

La visión iba y venía entre túneles oscuros y flashes de luz.

Escuchó a Mori gemir contra su oreja y después lo sintió mirarle con sorpresa ante la caricia que le hizo en la mejilla.

Por la suya, una lágrima caía, y no supo si era de dolor o de vergüenza por haber, por un segundo, confundido ese cabello negro con uno castaño.

Mori le sonrió, besando su mano, su brazo, su pecho, mordiendo con saña su pezón pero Chuuya estaba tan drogado con el fentanilo que apenas fue el piquete de un mosco.

Quizá si fuera Dazai en lugar de Mori aquello no dolería ni le daría asco, quizá sería dulce como los besos, incluso agradable.

Pero ¿Cómo iba a decirle que deseaba hacerle cosas tan horribles? Él no era un monstruo, él en verdad lo amaba. Por eso estaba allí después de suplicarle a Mori que dejara que el médico atendiera a Dazai tras una sobredosis de fentanilo, que había sido su culpa por calcular mal la dosis aunque el hombre había jurado que sería la última vez que lo encubría en sus visitas al hospital.

Ni siquiera dudó cuando le pidió algo a cambio, ni siquiera se detuvo a responder cuando le cuestionó si estaba mintiendo y fue otro de los cada vez más continuos intentos de suicidio de su novio, o si acaso ambos estaban haciéndose adictos a algo y aquello iba a volverse un problema cotidiano.

Cuando Mori lo arrastró a la cama su conciencia ya había perdido el color por completo, y fue lo mejor. Así no debía pensar o sentir demasiado, así podía entender a Dazai, el porqué de su obsesión con la muerte.

La muerte lucía limpia detrás de sus ojos, asentada como una nube que rozaba con los dedos prometiendo un descanso con el que ni siquiera había soñado, un alivio para un cansancio que ni siquiera recuerda haber tenido.

Suspiró y cerró los ojos.

Los abrió, quizá un día después o más, y se encontró de vuelta en la clínica, una mucho más exclusiva y lujosa que la de la última vez.

Si no fuera por la ropa mal arreglada y las marcas en su cuerpo, casi podía jurar que aquello había sido un mal sueño.

Inclinó su cuerpo hacia enfrente, luchando con los músculos adormecidos, inútilmente se dejó ir de bruces sin siquiera meter las manos, rezando que el golpe le devolviera algo de sobriedad. Tan sólo le dejó una línea rojiza en la nariz y un montón de lágrimas que no se detuvo a secar, apoyando las manos para comenzar a gatear, olvidando la dignidad, sus poderes, cualquier cosa que no fuera llegar a la cama donde unos sonidos mecánicos mantenían el corazón de Dazai latiendo, y, en su imaginación, cumplían la función de estar drenando todos los malos recuerdos, todos los errores.

Quizá él también necesitaba…

No.

Si él lo hacía, Mori tomaría a Dazai otra vez, le robaría esos brotes de sonrisas que con tanto esfuerzo había sembrado en él y no podía permitirlo.

Se las arregló para escalar como una serpiente por la cama y encajarse en el costado de Dazai sin moverlo demasiado, buscando tan sólo su calor.

Antes de inyectarse, Dazai había olvidado dejarle una nota o decirle que lo amaba.

Necesitaba despertar y decirlo. Necesitaba despertar y decirlo. Necesitaba…

—x—

En la Port Mafia, Dazai era conocido como un fantasma negro.

Los jinetes apocalípticos, todos los malos signos de la cábala. La masacre encarnada.

Y aún así, más allá del respeto por la jerarquía, nadie sentía por ese muchacho escuálido y ojeroso nada más que un profundo rechazo.

Muchos incluso se burlaban de sus ahora recurrentes intentos de suicidio, viendo con lástima a Chuuya, el otro integrante del "Doble Negro" y a quien nadie entendía ¿qué hacía al lado de un imbécil como Dazai? Chuuya era atractivo, tenía carisma y encanto, si sacaba un cigarro tenía al menos cinco encendedores peleándose por encenderlo. Era completamente contrario a él y aún así le profesaba una devoción enfermiza, cuidando que sus vendajes estuvieran limpios, que bebiera sus medicinas a tiempo, que nadie dijera una palabra descortés en su presencia.

Nadie juzgaba extraño el repentino cansancio que últimamente mostraba Chuuya, teniendo en cuenta a quién había escogido como pareja, alabando un poco más la cara amable que tenía para mostrarle a todos sus colegas incluso en ese estado.

Nadie vio rara la sonrisa que Chuuya le dio a Ryuunosuke, el perro rabioso de la Mafia, cuando éste le pidió que hablaran en un sitio privado, los que conservaban algo de humanidad incluso veían adorable el lazo que habían forjado, la confianza que los dos hermanos le tenían al pelirrojo.

Nadie vio raro que Chuuya aceptara, invitándolo a su departamento, menos que el chiquillo se negara porque Dazai estaría allí, convaleciente de su última aventura en urgencias por una sobredosis de fentanilo.

— Entonces ¿Quieres ir a comer? Podemos parar en el restaurante que sirve higos en caramelo, sé que son tus favoritos.

— No tengo mucha hambre.

— Necesitas comer, estás creciendo igual que yo.

— ¿Podemos ir a la sala de entrenos? está sola a esta hora.

— Como tú quieras, bebé.

Besó su frente con esa fraternidad natural, tomando su mano para bajar las escaleras, limpiando el polvo del suelo antes de sentarse, palmeando el sitio a su lado.

— ¿Te molesta si fumo? no he podido dormir mucho y me siento jodido.

— Adelante.

Chuuya sonrió, encendiendo el cigarro y entrecerrando los ojos al dejar salir el humo antes de apoyar su mano en la rodilla de Ryuunosuke, animándolo a hablar.

— Aprecio a Dazai y sobre todo le tengo un profundo respeto. No imagino haber tenido un mejor mentor que él.

— Pudiste estar bajo mi cuidado— respondió airado, haciendo un puchero—. Pero entiendo tu punto.

— Lo lamento, no es que diga que tú eres débil, es…

— Estoy jugando ¡no te pongas nervioso!

Ryuunosuke arrugó los labios, abrazando sus rodillas, aspirando hondamente. Las palabras se le enredaban en la lengua ,y, por más que buscaba el discurso, al intentar formar una frase ésta se deshacía.

No podía ser cobarde a esas alturas, no después de convencerse que no podía hacerle más daño a Chuuya.

Aunque la relación fuera de ellos dos, él tenía una responsabilidad allí y no era tan ciego para ignorarlo.

Expulsó el aire y se sintió tentado a cambiar la conversación pidiéndole que le enseñara a fumar.

— Cariño ¿Está todo bien? puedes confiar en mí si algo malo está pasando.

¿Por qué era tan amable todo el tiempo? La mano de Chuuya en su rodilla era amigable, sincera y sus ojos traslucen una igual de sincera preocupación que le hace doler más el pecho, sentirse más culpable por las malas decisiones. Incluso si realmente no podía decir con certeza que él tomó por completo la opción, que no cayó bajo el encanto de Dazai, ese que es capaz de incluso hacer que un ahogado compre agua.

Dazai era culpable, podía tomar esa carta, sabiendo que Chuuya no pondría en duda sus palabras, sabiendo que el muchacho lo veía como un indefenso y necesitado de protección chiquillo y quizá era un momento de " ahora o nunca" usar el privilegio de aquella preferencia.

Pero, si miraba detenidamente aquellos ojos azules de mar a la medianoche, si consideraba la manera devota en que estaba cuidando de Dazai en su departamento tras su quinto intento de suicidio desde que él había llegado a la Port Mafia, tan sólo sentía una profunda picazón en la espalda. Culpa, así llamada.

— Sería más fácil si fuera igual que Dazai.

El pelirrojo pestañeó confundido ante lo repentino del comentario, sin encontrarle relación con nada.

Mantuvo el aire, expulsando de a poco en un hilo largo al cual debía atar su voluntad para soltar esa confesión sin pensarlo demasiado.

— Te mentí aquella vez. Dazai y yo...Dazai y yo sí estábamos haciendo algo . No en ese momento,aunque sí esa misma tarde tuvimos sexo por primera vez. Antes ya nos habíamos magreado varias veces. Lo siento.

Lo escuchó levantarse, dejando caer el cigarro de sus labios sin dignarse a apagarlo, saliendo como alma que lleva el diablo por la puerta. Pudo escuchar sus pisadas desaparecer en la calle.

Tragó saliva, girándose para sostener el cigarro en sus dedos, observándolo un poco antes de animarse a ponerlo en sus labios y jalar.

El humo le secó la garganta pero al menos le dio una excusa para las lágrimas que mancharon sus mejillas.