"Tell them I was happy

And my heart is broken"

Había comenzado a usar su habilidad sin notarlo, sintiendo tanta rabia que no había ninguna otra emoción en su pecho y se reflejaba en las pisadas que hacían volar guijarros y trozos de pasto hacia las alturas. El corazón le martilleaba con tanta fuerza que podía escucharlo incluso en su cabeza, tanta sangre concentrándose allí le hacía mirar todo de un rojo brillante.

Pero ¿Por qué estaba tan enojado?

La respuesta más sencilla sería sin duda, Dazai le había sido infiel. Aunque era la menos certera.

Se lo advirtió con todas sus letras delante del chiquillo, había una sola línea que jamás, bajo ninguna circunstancia, debía cruzar si esperaba ser perdonado después. No por las repercusiones en su relación sino por la clase de persona en que aquello lo convertiría y él no quería tener cerca.

Ryuunosuke no estaba en igualdad de condiciones, y en esa etapa de desarrollo los años que los separaban eran fundamentales, además, él era su mentor, era una figura de autoridad y por muchas cosas que saltaban a la simple vista nada allí era correcto, tan sólo otra señal de que Dazai se le estaba escapando como agua entre las manos hacia un sitio del que no iba a poder rescatarlo y entonces la rabia se manchaba de miedo, volviéndose un sentimiento mucho más complejo y pesado.

Chuuya tenía miedo de ser señalado por no haber hecho más por alejar a Dazai del vicio y el pecado, por estar cerrando los ojos de esa manera a la realidad de que la única manera de rescatarlo era hacerlo abandonar la Port Mafia, de no poder definirse.

El ser sin alma, sin sentimientos que corta los hilos de la vida de quien sea, era un diamante en bruto para la corona de la Mafia, sin embargo, para él, se estaba volviendo un lastre y dolía tener que encararlo. Dazai es cada vez más el genio que todos deseaban ver nacer en las negras entrañas de la Port Mafia, el despiadado brazo derecho de la corrupción, menos el muchacho que cantaba en su oído las noches que no podía dormir.

Y cada vez estaba rompiendo la venda un poco más, vislumbrando que el camino se iba estrechando más adelante y pronto llegaría el punto donde debería escoger si salvarse o hundirse junto a Dazai. Lo de Akutagawa le hacía hervir la sangre, claro, aunque había algo mucho más oscuro allí que le advertía, era el momento de huir o pronto su humanidad sería succionada por el mismo hoyo oscuro que se había llevado la de Dazai.

—x—

Quizá en realidad no era que quisiera morir, sino matar ciertas partes de él únicamente. Ciertos recuerdos que manchaban al resto, que le hacían una costra en los ojos y no le permitían admirar las dos o tres cosas por las cuales sentirse agradecido. Quizá no era que odiara tanto la vida, sino que estaba harto de cargar con responsabilidades mucho mayores a sus fuerzas ,y, en medio de la desesperación, tan sólo estaba luchando por aligerar su carga un poco, lo suficiente para respirar.

O quizá lo estaba haciendo todo por motivos más terribles y egoístas como tener a Chuuya atado a su cama, vigilando sus signos, corriendo diligentemente de las misiones al departamento para cuidarlo, olvidando que había allá afuera toda una vida que todavía estaba dispuesta a aceptarlo, a recibirlo como haría con cualquier otro muchacho de su edad porque Chuuya era carismático y tenía don de gentes a pesar de su humor tan explosivo. Quizá quería castigarlo porque no sufrió como él y era capaz de sonreír todavía. Quizá quería castigarlo porque se desvivía por acariciarlo hasta perder la huella dactilar, sin ser capaz de hacerlo debido a la profunda repulsión que sentía, a esas alturas, por cualquier acto sexual.

Quizá quería mostrarle que Akutagawa era igual de sucio que cualquiera otro y no merecía su cariño, sus atenciones. Esas que se suponía eran solo para él.

Ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que supo realmente qué era lo que quería. O si, para empezar, él alguna vez había querido algo. Era más fácil sólo dejarse arrastrar, cumplir una función dada por terceros y olvidarse de lo demás. Si no ansiaba nada, nada dolía, era la verdad que había regido su vida y no había motivo para cambiarla.

Era más fácil convencer a Chuuya de sacarse los ojos y confiar en él ciegamente.

Era más fácil herirlo tanto que se marchara por su propio pie.

¿Qué estaba haciendo?

No, de verdad ¿Qué estaba haciendo?

Dazai abrió los ojos, sintiendo los músculos agarrotados por llevar más de una semana en cama, todavía convaleciente por el lavado de estómago, disfrutando el permiso especial que Mori le había dado.

¿Debía parecerle extraño que no le dijera cuál precio debería pagar por él en cuanto se recuperara?

Mori era una niebla espesa, incapaz de descifrar qué contenía antes de ya estar atrapado en su interior.

Se sentó en la cama, mirando las pastillas y la comida cubierta con papel adherible para mantener cierta temperatura con una notita. La letra de Chuuya dejaba un cálido " te amo" que le nutrió mejor que cualquier sopa, arrancándole una sonrisa débil y ausente. Quitó la nota y el plástico, buscando la cuchara y comenzando a comer para poder tomar la medicina o el petit mafia se enfadaría.

Sintió en el aire una advertencia, esas débiles vibraciones en el aire que le indican a los gatos cómo caer de pie, preparándolo para una verdadera catástrofe. Dio un último y resignado bocado a la sopa antes de dejarla de vuelta en la mesita, tragando las pastillas con calma, como si no acabara de escuchar la puerta ser abierta de una patada, ese sello de tan Chuuya.

Cruzó las manos en su regazo, esperando aquello por lo que tanto temía ser ejecutado al menos por su propia culpa.

Esperaba gritos, cosas volando, reclamos que harían incluso a los vecinos llamar a la policía. Esperaba ver a Chuuya convertirse en esa flor de fuego que trae la desgracia y la tormenta.

No verlo caer de rodillas, el rostro en sus manos, deshaciéndose en un llanto que se suponía debía conmoverlo.

— Tiene catorce años, Dazai— lo escuchó murmurar, apenas entendible—. Me dijiste que no lo habías tocado.

— Para su edad sabe moverse bastante bien, si quieres saberlo.

— No quiero. Quiero que me digas qué mierda está mal contigo ¿Quieres decirme que porque sufriste un poco te piensas con derecho de joderle la vida a los demás? ¿Que porque tú lo viviste puedes hacérselo a los demás?

— Yo no lo obligué a nada.

— Tiene catorce años, eres su mentor. Puedes decir la mierda que quieras, te aprovechaste de él y te lo advertí. Esto no te lo voy a pasar por alto.

— Claro, porque somos buenos ciudadanos y estamos al servicio de la sociedad, nuestra misión es seguir un estricto código moral, a veces lo olvido.

— Yo te lo pedí— la voz se le rompió mucho más en ese punto, logrando que incluso su interlocutor ladeara los labios un poco —. Es lo único que te pedí, no te metas con los niños.

— ¿Y con quién quieres que me meta, entonces? ¿Contigo?

Chuuya abrió los ojos hasta sus límites, apenas atinando a erguirse antes que Dazai lo regresara al suelo, sujetando sus manos para inmovilizarlo contra el suelo.

La herida de su costado donde había estado la sonda le impidió apartarlo de una patada.

— Esperas que yo duerma contigo, que te tenga desnudo y a mi merced cada noche y no sienta nada ¿Piensas que todos somos unos santos asexuales como tú? ¿Sabes cuántas noches me fui a dormir con el pene completamente duro pensando en ti?

— Suéltame. No te quiero lastimar.

— Claro que no, tú no quieres lastimar a nadie, eres un niño bueno— comenzó a lamerle la oreja, haciendo que Chuuya se congelara—. Desgraciadamente yo no lo soy, Chuu-Chuu, yo quiero joderte hasta que no puedas ni siquiera recordar cómo te llamas, quiero ensuciarte, quiero romperte. Quiero que sufras pero no lo hago porque te amo ¿No es lo que tú dices? es mejor que Akutagawa sufra en tu lugar, es un simple vagabundo sin futuro de cualquier manera.

— ¿Me estás echando la culpa?

— Para que tú seas feliz alguien más debe sufrir, es el equilibrio del universo.

— ¿Qué rayos te pasó, Dazai?

— Qué rayos te pasó a ti que por fin quisiste abrir los ojos y ver a quién tienes al lado, bebé— le sonrió con burla, tomando su mentón para besarlo, friccionándose contra su entrepierna, logrando que la palidez de Chuuya se volviera mucho más transparente—. Quizá sea ya un poco tarde.

— Suéltame, Dazai, no estoy jugando.

— ¿Por qué? ¿No quieres jugar conmigo? Nos podemos divertir tanto— la manera en que lo veía le hacía sentir arcadas, desencadenando una cascada de recuerdos que le golpeaban en sus sitios más vulnerables llenándolo de un pánico líquido, envenenando sus venas.

Dazai coló su mano en su ropa interior, cerrándola en su pene, mordiendo su hombro y Chuuya cerró los ojos, una lágrima se le metió por el oído.

Líquido, invasión.

Peligro.

Lo empujó con todas sus fuerzas, tomándolo de la solapa de la camisa, clavándole el puño en el rostro.

— No vuelvas a ponerme un puto dedo encima, bastardo.

Aquellos ojos café oscuro estaban completamente carentes de vida, reflejándolo por completo a él sin darle nada a cambio. Ni siquiera se movía.

Chasqueó la lengua, apretó los puños y se incorporó, limpiándose las lágrimas con rabia, con asco.

— Más te vale que te hayas largado cuando regrese, Dazai, no te quiero volver a ver en mi puta vida. Eres el mismo asqueroso bastardo que Mori, debiste quedarte con él desde un principio. No cabes en ningún otro lado.

Dazai, tirado todavía, lo escuchó alejarse, azotar la puerta que, milagrosamente, no había derribado.

¿Debía estar triste? ¿Ofendido? ¿Qué debía sentir? ¿Acaso no era eso lo que había estado planeando que ocurriera? ¿Alejar a Chuuya para no lastimarlo?

Entonces ¿Por qué lucía tan herido antes de marcharse?

Entonces ¿Por qué se seguía sintiendo tan vacío?