"Gracias por haber venido

a alegrarme el corazón"

Cuando azotó el vaso por segunda vez, le quedó claro que aquella tarde no estaba yendo a la dirección que pensaba.

Quizá se había adelantado un poco a las conclusiones y Chuuya no lo estaba considerando ni de lejos como un prospecto sino como un simple compañero de copas ,y, en realidad, aquello no le desagrada.

Lo vio por primera vez hacía ya un tiempo, saliendo de la oficina de Mori con un gesto precioso de pura concentración, pasando de largo, ignorando por completo la cara de idiota que le provocó. Era tan bonito como un muñeco de porcelana y tan elegante como un príncipe, encontraba lógico que le robara el aliento. Un poco más cuando, por casualidad, coincidieron en ese conflicto que involucró a la Port Mafia entera y tuvo la oportunidad de ver su valentía y energía desplegarse en un derroche de poder que le dejó sin habla, a pesar de que las únicas palabras que le dirigió fueron " apártate, mediocre"

No se pensaba tan afortunado para coincidir de nuevo con él en otro momento, ni tan atrevido para pedirle a Dazai, con quien tenía una relación más o menos amistosa, que le ayudara a presentarlos.

Por eso, cuando se dio la oportunidad de oro de ser su chofer aquella mañana, no la desaprovechó, a pesar de su penoso intento de coqueteo, quizá demasiado desesperado u oxidado en sus maneras que ahora parecía haber sido infructífero.

Lo decía por la manera en que Chuuya resoplaba y meneaba el contenido de su vaso, parecía estar buscando tan sólo eso. Un compañero de copas. Resopló resignado, pidiéndole al mesero un poco de jugo en lugar de alcohol, adivinando que pronto el muchacho sería incapaz de caminar por su propio pie y su destino sería ser su conductor designado.

— ¿Tuviste una reunión difícil?— tentó, inseguro de cómo romper el hielo—. Parecías más tranquilo cuando te dejé.

— Lo siento, es… vi algo que...— negó con la cabeza, masajeándose el puente de la nariz—. En realidad prefiero no hablar de eso.

— Bien. Podemos beber en silencio, eso está bien.

— Eso sería raro.

— ¿Pudiste entregarle la muñeca?

— Oh, cierto— se palmeó la frente, sacando su celular para comenzar a escribirle una disculpa a Gin, quedándose un segundo apreciando la fotografía que tenía de perfil—. ¿Quieres ver a mi princesa?

— Claro.

— Esta es del mes pasado, fuimos a comer helado porque terminó su primera misión. Aquí fuimos a la playa porque me dieron unos días libres. Ryuu no quiso entrar al mar porque lo mordió un cangrejo y se espantó. Se supone que era un secreto, olvida que te lo dije.

— Se ve que se divierten juntos.

— ¿Tienes fotos de los tuyos? ¿Puedo verlas?

— Sólo si prometes que esta será tu última copa.

— Espero que sean lo suficiente lindos para que valga la pena.

— Júzgalo por ti mismo. Tengo fotografías del último festival de primavera donde disfrazamos a todos. Si resistes a eso, yo pagaré toda la cuenta.

— Trato— Chuuya le sonrió, pidiéndole el celular y Oda rebuscó hasta encontrar la carpeta, esperando con un gesto tranquilo—. ¡Trampa! ¡Es un disfraz de conejo! ¡Oda, tramposo! ¡Tienen incluso dientitos dibujados!

— La pequeña es Sakura, el de la derecha es Shinji, este de aquí es Kousuke y este par son Yuu y Katsumi. Tengo más fotografías, pero tienen un precio.

— Bien, bien, cambiemos el alcohol por algo más sano, señor salud— murmuró, repasando el menú—. Jefe ¿Sirven algo de comer aquí?

Oda sonrió, mucho más al notar que Chuuya seguía mirando la foto de los niños con una sonrisa sincera, borrando el malestar con el que le había encontrado.

— ¿Vas a pedir algo tú también?

— Estoy bien con el jugo.

— Este sitio es más caro que el de la mañana ¿Cierto? no te preocupes, tú pagaste esa, déjame pagar a mí esta.

— Bueno, pediré lo mismo que tú.

— ¿No tienes trabajo? eres de nuestros recaderos, pensaría que eres alguien muy ocupado.

— Lo mismo puedo decir de ti.

— Me merezco al menos tener la tarde libre— se tronó los huesos del cuello, recibiendo con una sonrisa el plato de sopa—. ¿Quieres ir a caminar cuando acabemos de comer?

— Claro— su celular comenzó a sonar—. ¿Diga? ¿Otra vez? son sólo unos gamberros ¿No pueden resolver ustedes el conflicto?— resopló, los hombros doblados en derrota—. Sí, estaré allí en veinte minutos. Quince, está bien, en quince minutos— colgó la llamada, mirando a Chuuya—. Lo siento.

— Está bien, trabajo es trabajo. Aunque deberás compensar esto de alguna manera ¿Qué te parece si el jueves vas a mi departamento por la noche? podemos ver una película o algo así.

— Suena genial.

— ¿Te molesta si te escribo más tarde?

— En lo absoluto— sonrió, inclinándose para besar su mejilla—. Esperaré el jueves con ansias.

— Lo mismo digo.

—x—

No quería ser grosero, sin embargo, Chuuya ya llevaba más de diez minutos riéndose mirando la pantalla del celular, ignorando por completo que lo tenía al lado y no sabía de qué manera llamar su atención. Esto se había vuelto medianamente común, y Ryuunosuke no sabía qué hacer para no sentir desazón.

Cuando se enteró que Dazai y él habían terminado su relación, primero sintió una amarga culpa por ser el causante, después acarició la posibilidad de por fin mostrarse interesado hacia él, aunque primero quería dejarlo vivir el duelo necesario y después volvía a la culpa de haberse estado acostando con Dazai, sintiéndose indigno del perdón de Chuuya, cuya actitud se había vuelto tan sólo más protectora hacia él, en lugar de enfadada o desilusionada.

Ryuunosuke no sabía entonces si prefería que Chuuya lo odiara y lo hubiera visto como una amenaza en lugar de una víctima porque estaba claro que, a sus ojos, seguía siendo sólo un niño.

Dazai lo minimizaba más abiertamente, lo ofendía y hería con toda la intención, mientras que Chuuya lo hacía sin notarlo, lo cual, de alguna manera, resultaba más doloroso.

Abrió la boca, volviéndola a cerrarla al ver a Chuuya lanzar un beso a la cámara, riéndose con un sonrojo mortalmente adorable después, girándose a verlo con bochorno.

— No me veas así, al menos di algo.

— Pensé que Dazai y tú ya habían terminado.

— Lo hicimos— susurró, guardando por fin su celular, con un gesto amargo—. Pero la vida sigue ¿No es cierto? apuesto que él ya debe tener a alguien más también.

— Lo vi hablando con una chica hace unos días— mintió—. Creo que se fueron en un auto.

— Me alegra por él— terminó sin mucho interés—. Es un poco raro verte aquí ¿Tienes una misión?

Ambos estaban en una sala de la Mafia donde solían esperar antes de una misión o una junta, se habían encontrado por casualidad.

— Mori me mandó llamar.

— ¿Dazai irá contigo?

— No, me pidió que fuera solo.

La cara de Chuuya palideció, frunciendo el ceño.

— ¿Estará Kouyou con él?

— Ella y Gin salieron ayer, no creo que vuelvan en un par de días.

— ¿Te has quedado solo con él antes?

— No, casi todo lo trata con Dazai, es la primera vez que me manda llamar. Espero que no esté enfadado.

— Te acompañaré. Me quedaré en el pasillo pero voy a estar allí, Ryuu. Cualquier cosa, ve a buscarme.

— No soy un niño, Chuuya, creo que puedo soportar un regaño, no es necesario que me cuides.

— Ya te fallé una vez, cariño— murmuró, los puños fuertemente apretados llamaron la atención de Ryuunosuke, pensando que estaba sobrereaccionando—. No voy a permitir que te vuelvan a tocar, te lo prometo.

— Dazai no me obligó a nada. Tampoco soy tan inocente para no saber lo que es el sexo, yo fui quien se lo pidió. No quiero ofenderte, sé que estaban en una relación en ese momento y no me importó. No deberías verme tan inofensivo.

— No quiero ofenderte yo tampoco, Ryuu, pero con trece años todavía no sabías ni lo que era la menstruación ¿Cómo piensas que estabas al nivel de Dazai tan sólo un año después?

El sonrojo le escaló hasta las orejas, arrebatándole las palabras. Chuuya suspiró con preocupación, tomando su mentón para que lo mirara a los ojos.

— Tú y Gin son mis protegidos, Ryuu, lo decidí así y así es como quiero que los demás los perciban en la Mafia. Si alguien, quien sea, les pone un dedo encima, se las verá conmigo después. Así que, al estar bajo mi cuidado, debo hacerme responsable de sus acciones y eso también significa dar la cara con los superiores por sus errores ¿Encuentras ahora lógico que quiera esperarte en el pasillo mientras hablas con Mori?

— Sí— suspiró resignado, mirando la hora y comenzando a caminar hacia la oficina del Jefe—. Espero no tardar mucho para que no te resulte aburrido.

— Descuida, Oda todavía sigue en línea y ¡Oh! ¡Acaba de mandarme una foto él también!

Ryuunosuke suspiró, dando por perdida definitivamente aquella batalla ante la sonrisa demasiado luminosa de Chuuya al revisar su celular, sentándose frente a la puerta de la oficina de Mori.

—x—

Se revisó más de cinco veces en el espejo, cosa totalmente atípica en él, cerciorándose de no estar olvidando nada, tampoco de estar exagerando nada.

Después de aquella vez en el bar no se habían vuelto a ver pero intercambiaron tal cantidad de mensajes y fotografías que casi las había sentido como citas continuas.

No había surgido la conversación idónea para preguntar qué clase de relación tenían, o si de principio existía alguna, aunque sinceramente Oda no se sentía presionado por definir nada, tan sólo atesorar las fotografías con filtros de gato que Chuuya le enviaba, o las de la comida que estaba comiendo, seguidas de una descripción detallada sobre su día, cuestionando por el suyo sin falta.

Se terminó de arreglar el saco, titubeando sobre dejar o no el ramo de flores, se suponía que sólo verían una película en su departamento, quizá iba vestido demasiado formal y mejor volver a cambiarse de ropa.

Si lo hacía llegaría tarde y no quería darle esa mala impresión.

Lo estaba sobre-pensando demasiado, tan sólo era una noche de películas con un muchacho con el que solía enviarse mensajes. Un muchacho que más debía estar en un museo, en una urna de cristal de lo tan hermoso que era.

Suspiró, dándose valor para, por fin, salir de su departamento, subir a su auto y conducir hasta el de Chuuya. Contuvo la respiración al llamar a la puerta, dejándola salir en un jadeo al ver al muchacho sonreírle, vestido con una fina pijama de satín azul claro, invitándolo a pasar.

— ¿Son para mí? son preciosas, no te hubieras molestado— Chuuya recibió las flores, oliendo el dulce aroma—. No sabía si ya habías cenado así que sólo compré palomitas ¿Te gustan las saborizadas? encontré unas de sabor mochi que me muero por probar.

— Las palomitas están bien, gracias. Tienes un bonito departamento.

— Gracias— sonrió, indicándole la sala ya preparada con las botanas y las bebidas en la mesa de centro, el sillón con un par de cojines—. ¿Quieres escoger la película mientras pongo las flores en agua?

— Claro.

Lo vio alejarse por el pasillo y tomó los controles, intentando descifrar cuál era de qué cosa, sentándose en el sillón, aplastando uno de los cojines. Cuando logró descifrar el funcionamiento de la pantalla, analizó el catálogo ofrecido. En realidad no estaba familiarizado con los títulos, se entretuvo mirando las sinopsis hasta que Chuuya regresó, sentándose a su lado, tomando un tazón con palomitas, subiendo los pies al sillón. Era lógico que estuviera tan suelto, después de todo era su casa. Aún así fue dulce verlo tan confiado, tan...él.

— ¿No te decides? esa de terror se ve muy buena.

— ¿No te dará miedo? puedes abrazarme si te asustas.

— Tú de verdad eres pésimo coqueteando— se rió, ofreciéndole un puñado de palomitas que Oda recibió—. Espero no necesitar una excusa tan barata como una película de terror para abrazarte.

— Entonces ¿No necesito poner una de romance para usarla como excusa para pedirte un beso?

Chuuya abrió los ojos con sorpresa, tragando saliva, queriendo diluir el calor que atacó sus mejillas. No era que no lo estuviera deseando, el flirteo entre ambos había sido bastante evidente y en sus mensajes muchas veces le envió besos, sin embargo tenerlo delante era otro cuento. Dejó el tazón con palomitas, moviendo los pies de manera nerviosa sin mirarlo.

— Puedes besarme.

Oda sonrió, acariciando su mejilla, sintiendo el corazón palpitar repartido en sus venas cuando Chuuya inclinó su rostro con los ojos cerrados, esperando. Suspiró, intentando no temblar al besarlo.

Sus labios eran más suaves de lo que pensó y guardaban el sabor dulce de las palomitas de mochi, pequeños contra su boca. Intentó separar sus labios pero Chuuya se apartó.

— No quiero dar mensajes equivocados, Oda, en realidad no estoy buscando nada casual aunque tampoco estoy listo para iniciar una relación. Me atraes de verdad, sin embargo no estoy muy seguro de qué es lo que puedo ofrecerte.

— No voy a presionarte para nada, tan sólo dejemos que pasen las cosas como tengan que pasar entre nosotros ¿Qué te parece?

c Me parece excelente— sonrió, acomodándose contra su hombro, tomando de vuelta el tazón de palomitas—. ¿Tienes humor para ver una película de comedia? tengo ganas de reírme un rato.