"Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am free again
Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am clean again"
Seguía esperando que le dijera que era una broma. Incluso una trampa o que se arrepintiera a último momento y volvieran por donde vinieron, no que mantuviera su agarre en su mano con esa confianza, esperando a que la voz por el intercomunicador les permitiera pasar.
Su habilidad le permitía ver unos segundos en el futuro, y, aunque no funcionaba siempre a su favor, en esta ocasión le permitió vislumbrar la elegante figura de una mujer en kimono esperándolos en la mesa del patio antes de verla. Tragó saliva, sintiendo opacado el sencillo vino y el ramo de flores baratas que había conseguido para la ocasión, comparándolos con los desbordantes alimentos en la mesa y las exóticas flores del jardín, en los jarrones.
— Llegaron temprano.
— Sería descortés llegar tarde a mi propio festejo— Chuuya se rió, inclinándose para besar la mejilla de Kouyou, buscando con la mirada—. ¿No están los niños?
— Ryuunosuke fue a una misión por la mañana, no creo que pueda acompañarnos y Gin…
Oda se giró con sobresalto un par de segundos antes de que la delgada figura femenina saltara sobre la espalda de Chuuya, rodeando su cuello, apenas dándole tiempo a hacer más pesado su cuerpo con ayuda de la gravedad para no irse de bruces.
— ¿Te sorprendí, Chuu-Chuu? ¿Verdad que ni siquiera me notaste?
— Te estás volviendo un prodigio en el sigilo, bebé— Chuuya sonrió, recibiendo el abrazo y beso de la muchacha, quien miró con duda al hombre parado a su lado—. Gin, él es Oda.
— Es un placer— extendió su mano con seriedad, estrechándola.
— El placer es mío.
— Ane-san, él es Oda— sonrió, volviendo el rostro a la mujer—. Gracias por dejarme invitarlo.
— Es un gusto— Oda le hizo la reverencia pertinente—. Me pongo a su cuidado, lamento interrumpir en su casa.
— Me gustan los hombres bien educados— declaró Kouyou con una sonrisa coqueta, indicando a ambos que se sentaran.
Gin no dudó en sentarse en las piernas de Chuuya, abrazando su cuello.
— ¡Feliz cumpleaños, Chuu-Chuu! ¡Yo misma horneé el pastel!
— Me insistió durante días para dejarla celebrar con nosotros, a pesar que le dije que era una fiesta de adultos.
— Es la primera vez que tengo una fiesta de cumpleaños, no podía festejar sin mi princesa— Chuuya le besó la mejilla, haciéndola reír—. Hubiera preferido que estuvieran los dos, aunque estoy feliz con ustedes.
— Más te vale— Kouyou le dio una mirada afilada a Oda, mirando la botella de vino en sus manos—. Escogiste una buena cosecha.
— Yo le ayudé a escogerla, el pobre no tiene nada de buen gusto en licores.
— Pero lo compenso con mi buen gusto en parejas ¿No crees?
Chuuya se rió nervioso, sonrojándose, haciendo que Gin mirara con los ojos entornados a Oda.
— ¿No tienen hambre? Mandé a preparar todos tus platillos favoritos.
— Muchas gracias, Ane-san.
— Mientras comemos, pueden contarme cómo es que se conocieron, Chuuya no suele hablarme acerca de nadie y de ti no hay día que no diga algo, debes ser especial.
— Fue una cosa de suerte, necesitaba ir a comprar una muñeca para Gin...Por cierto ¿Te gustó, princesa?
— La tengo en mi cabecera, me gusta dormir con ella. Es mi favorita ¿Quieres verla? Kouyou me enseñó a tejer y le hice un vestido rojo.
— Claro, vamos— Chuuya sonrió, disculpándose por irse.
Kouyou resopló, resignada, atenta a la mirada embelesada de Oda hacia Chuuya.
— Chuuya tiene una debilidad por los niños muy marcada, debes disculparlo.
— ¿Disculparlo? adoro eso de él— carraspeó, avergonzado por ese momento de excesiva confianza—. Gracias por recibirme en su casa, a pesar de estar en rangos tan diferentes.
— Chuuya es mi protegido, lo considero mucho más calificado que el resto para pertenecer a la élite de la Port Mafia y , sobre todo, le guardo un sincero aprecio. Por la manera en la que habla de ti, mi preocupación fue que estuvieras en búsqueda de escalar puestos a costa suya así que te mandé a investigar. No matas gente y no tienes muchas aspiraciones, quizá seas alguien mediocre únicamente con un poco de suerte. Chuuya no es muy bueno escogiendo parejas.
— Chuuya me dijo mediocre también alguna vez— se encogió de hombros, indiferente al agudo ataque del que estaba siendo víctima por parte de la mujer—. Me gusta estar con él, y a él le gusta estar conmigo, es lo único que pasa, no tengo otras intenciones aunque entiendo que quiera protegerlo.
— Pareces una persona muy centrada. Igual te voy a estar vigilando.
Ambos giraron al escuchar pisadas apuradas, viendo a Gin y a Chuuya correr para ver quién llegaba más rápido a la mesa. La muchacha saltó sobre la silla, ganándole y Chuuya se echó a reír, besando su cabello, sentándose al lado de Oda.
— ¿No empezaron a comer ya? lo lamento, espero no haber tardado demasiado.
— Tienes mucha energía, apuesto a que te divertirías con mis niños, algún día debes conocerlos.
— Oh ¿Tienes hijos?
— Cinco— sonrió Chuuya, respondiendo por él, sirviéndose en el plato—. Quizá te tome la palabra y algún día vaya ¿Puedo llevar a los míos a que jueguen con los tuyos?
— Hablan como un matrimonio.
— Eso suena bien— sonrió Oda, besando el cabello de Chuuya, aspirando su aroma sin preocuparse demasiado por la mirada atenta de la mujer—. Seríamos una familia muy grande y feliz.
Chuuya carraspeó abochornado, incapaz de levantar la mirada hacia Kouyou.
Incapaz de detener su sonrisa.
—x—
Al final del festejo, Oda le propuso que fueran a su departamento y Chuuya aceptó, cabeceando durante casi todo el trayecto debido a la somnolencia postprandial, haciendo que el hombre se sintiera extrañamente familiar, natural. Si bien seguían sin ponerle una etiqueta definitoria a lo que tenían, cada vez se iban acercando más, robándole minutos al día para aunque sea besarse de vez en cuando, tomando misiones que les permitieran estar un poco más juntos, ni decir de la cantidad de mensajes que intercambiaban.
Oda estaba seguro que no necesitaba un nombre para sentir lo que sentía, para genuinamente entregarse de la manera en la que lo estaba haciendo, incluso si podía lucir sospechoso, como señaló Kouyou.
Bajo las medallas, Chuuya era un ser humano hermoso, amable y alegre, algo explosivo, increíblemente adorable y él lo veía sin sus sobrenombres, transparente y real.
— Llegamos— anunció y Chuuya bostezó, estirándose antes de quitarse el cinturón de seguridad y salir del auto, esperando por Oda para que lo guiara a su departamento.
Ya había estado un par de veces allí, sin embargo a Oda siempre le palpitaba el pecho ante la idea de dejarlo pasar. Chuuya dejó los zapatos y el saco y el chaleco en el perchero, caminando con toda la naturalidad del mundo hasta la cocina, abriendo el refrigerador y rebuscando hasta encontrar un pote de helado a medias que él mismo había dejado unos días antes.
— ¿No te llenaste? Comimos bastante, incluso nos acabamos el pastel que hizo Gin.
— Siempre tengo espacio extra para el postre— se defendió, tomando una cuchara y sentándose en el sillón, esperando a que Oda lo siguiera—. Además jugar con Gin siempre me deja exhausto.
— Fue agradable verte con ella, en verdad considera mi invitación a ir a jugar con mis niños, sería divertido.
— Uhm— murmuró, deslizándose por sus piernas hasta sentarse en su regazo—. Sólo si prometes llevarnos a comer postre después sin criticar mi manera de comer.
— Yo jamás he hecho eso.
— Me acabas de llamar glotón— le puso la cuchara manchada de helado en la nariz, riéndose al verlo cerrar los ojos ante el frío—. ¿Quieres un poco?
Oda asintió y Chuuya le puso la cuchara en los labios, lamiendo también los restos descongelados que bajaban por sus dedos.
Las pupilas de Chuuya se contrajeron y dilataron ante la sensación, apretando los labios. Oda le sonrió, ajeno a esto y Chuuya tomó de nuevo la cuchara, pasándola por el cuello de Oda, inclinándose para lamerle.
Oda se estremeció, tomándolo por la cintura, mientras Chuuya iba bajando un poco más su lengua por su cuello, hasta la abertura de su camisa donde comenzaba su pecho, con dedos temblorosos desató un botón, sintiendo todo su cuerpo vibrar por el jadeo de Oda al sentir su lengua recorrerle. Levantó el rostro, tomándolo en sus manos, besándolo. Con sus dientes, con su lengua, con su respiración chocándole en el labio, en las mejillas, separándose cuando el aliento se le adelgazó.
— Oda…¿Quieres tener sexo conmigo?
— Sí, pero sólo si tú también quieres— le acarició la cintura, recorriendo con sus ojos su rostro, su pecho y la manera en que se había agitado.
— Sí quiero— comenzó a jugar con el botón de su camisa, la mirada de pronto angustiada—. Desde hace mucho quiero pero tengo miedo. Tuve una experiencia bastante traumática respecto al sexo en el pasado y me da miedo, pero de verdad tengo ganas de que me toques, de tocarte también.
— No tienes porqué presionarte, bonito. Si quieres que lo hagamos, intentaré ser lo más amable que pueda, puedes decirme si no te sientes cómodo con algo y pararemos, puedes decirme con total confianza si algo te desagrada y dejaré de hacerlo. Si no te sientes listo está bien, podemos ver una película o puedes tomar una siesta mientras yo hago un poco de quehacer, no hay necesidad de presionarte.
Chuuya se mordió los labios, pasando su dedo por la camisa abierta de Oda.
— ¿Tienes condones?
— Sí.
— Entonces está bien. Sólo no te burles si de pronto empiezo a llorar o algo así.
— Chuuya— lo tomó del mentón, haciéndolo mirarle—. Si necesitas hablar al respecto, estoy dispuesto a escucharte, jamás podría burlarme de algo que te causó dolor. No soy un monstruo.
— No, no lo eres— sonrió, besando la palma de su mano, apoyando su mejilla contra ésta—. Eres un caballero. Un caballero que está buenísimo, encima.
Oda pestañeó, sonrojándose, haciendo que Chuuya se riera muy alto, negando con la cabeza después para inclinarse de vuelta contra sus labios, besándolo.
—x—
— En verdad no fue nada, sólo es saber qué cable cortar y ya.
— No cualquiera podría desactivar una bomba, bebé, yo, por ejemplo, la hubiera hecho explotar y hubiera reportado las bajas como daños colaterales.
— Eres un poco visceral— se rió, besando su mano y Chuuya le dio un gesto de caza, lamiéndose los labios antes de saltar a su regazo, haciendo tintinear el vaso de whisky en la barra y que el gato atigrado levantara las orejas.
— ¿ Y no te gusta eso?— le rodeó el cuello, besando su frente, la punta de su nariz—. Pensé que te gustaba que mi sangre sea tan caliente.
— Estamos en público, bonito— entrecerró los ojos, rodeando su cintura, sintiendo los labios de Chuuya acercarse a su boca, tentándolo, más bien jugando con él.
— Si quieres podemos ir a algún sitio más privado.
Le susurró contra la oreja, lamiendo después, sin preocuparse si estaban en un bar, si el bartender los miraba, tan sólo necesitando sentir su cercanía, saber el efecto que podía producir en él, la clase de dominio que ejercía. Oda le había pedido que fueran a beber a esa bar en especial, uno que él no solía frecuentar mucho, con la premisa de querer mostrarle uno de sus lugares favoritos en la ciudad.
Se inclinó sobre su boca, usando su habilidad para aligerarse y no tirarlo del taburete, enredando sus dedos en su cabello, recorriendo con su lengua y sus dientes su boca, suspirando hondamente cuando Oda comenzó a delinear su cintura, los bordes de su pantalón.
— ¿Qué te parece si lo hacemos en el baño? O podemos ir a tu auto.
Cerró sus dedos en su cuello, la vista fija para encontrar al dueño de las pisadas que se habían detenido de improvisto y retarlo si los miraba demasiado o incluso se atrevía a decir algo.
Pero al ver la figura espigada de Dazai saliendo de las sombras, mirándolos con sorpresa, le fue inevitable saltar del regazo de Oda, apoyando los pies con demasiada fuerza en el suelo, excesivamente abochornado.
— Buenas noches, Odasaku, no sabía que traerías a alguien.
— Dazai, no te esperaba a esta hora.
El muchacho miró un par de segundos a Chuuya antes de tomar asiento al lado de ellos, recibiendo la bebida que el bartender ya había preparado para él.
— Creo que será mejor que me vaya.
— A mí no me molesta tu presencia— susurró Dazai.
— No quiero ser el típico novio entrometido que no deja que su hombre tenga una noche de copas con sus amigos. Diviértanse.
— ¿Puedo ir a dormir contigo cuando salga de aquí?— Oda lo sujetó de la cintura, sentándolo en sus piernas para besarlo antes de que se marchara—. Puedo llevar algo de cenar.
— No tienes cara de querer ir a dormir esta noche, bebé— se rió, besando su nariz—. Tengo un par de cosas en el refrigerador, mejor pasa a la farmacia, nos quedamos sin suministros.
— Entendido. Te veo después, bonito.
— Te estaré esperando— le besó los labios rápidamente, irguiéndose, haciéndole un gesto a Dazai al pasar a su lado—. Buenas noches, Dazai.
— Buenas noches, Chuuya.
Oda se quedó mirando al muchacho subir las escaleras, un par de segundos aunque ya había ido, suspirando hondamente al volver la atención a su vaso.
— No tenía idea de que estaban saliendo, no me habías mencionado nada.
— Lo siento, no es que quisiera ocultarlo, es que Chuuya me dijo algo sobre que ustedes realmente nunca se han llevado muy bien y pensé que te incomodaría.
— ¿Eso te dijo?— sonrió críptico hacia el hielo en su vaso—. Fue muy amable, debo decir. Si alguien tiene verdaderos motivos para odiarme, es él.
— Es demasiado noble para guardarle rencor a alguien con quien trabaja.
— En realidad no hablamos mucho en las misiones, sólo hacemos nuestro trabajo y cada quién se marcha por su parte. Aunque me alegra verte así de feliz, Odasaku, si vieras la cara ridícula de estudiante en primavera que tienes ahora te reirías de ti mismo.
— No lo puedo evitar. Estoy profundamente enamorado de él. No recuerdo haberme sentido así por nadie antes, me tiene completamente en sus manos. Incluso estoy planeando proponerle que vivamos juntos, lo haré a fin de mes para poder invitarlo a un restaurante caro, de esos que le gustan, y allí se lo diré.
— Vaya, de verdad vas en serio con él.
— Chuuya lo vale. No es una persona para tomarse a la ligera.
— Lo sé— susurró, bajando de un trago el vaso, pidiendo uno nuevo—. Les deseo lo mejor, Odasaku, de verdad. Eres una buena persona y mereces ser feliz. Chuuya también. Al menos espero que me dejen ser padrino en la boda o algo así.
— ¿No crees que sea demasiado apresurado proponerlo? porque la otra vez vi un par de anillos en rebaja y pensé…
Dazai dejó caer el vaso contra la barra, la boca y los ojos igual de abiertos.
— Sólo estaba bromeando, tómatelo con un poco más de calma.
— Tienes razón, lo lamento.
Dazai volvió a sujetar su vaso, sintiendo el corazón latir a destiempo, como partido.
— ¿Crees que venga Ango esta noche?
— No lo sé, creo que escuché que iría a una subasta en Tokio.
— En las noticias había pronóstico de lluvia. Espero que lleve un paraguas.
