"Tell me who you loyal to"
Por mucho que quisiera evitarlo, ser llamado por Mori lo ponía a temblar. Su mente comenzaba a ir demasiado rápido, pensando que quizá sólo iba a quejarse de los Akutagawa, que le pediría una nueva misión con Dazai o algún encargo para Kouyou. Trataba de convencerse que estaría bien, que no volvería a tocarlo, aunque hacía menos de una semana le había dado una nalgada al final de una reunión, mencionando lo hermoso que era su trasero. Apretó los dientes antes de tocar la puerta, esperando por la orden para entrar.
— Buenos días, Chuuya, gracias por venir tan pronto.
— Sólo hago mi deber, Jefe ¿Qué se le ofrece?
— He escuchado ciertos rumores sobre ti y otro miembro de la asociación, Oda Sakunosuke ¿Es cierto que están saliendo?
— Lo siento, Jefe, pero no encuentro cómo eso pudiera ser relevante para usted.
— Con un rostro y un cuerpo como los tuyos, pudiste haber mirado un poco más alto ¿No crees? Aunque tienes razón, no afecta en nada tu trabajo. Tan sólo quiero conocer un poco mejor a mi personal y ya que no suelo convivir mucho con los de menor rango pensé que tú podrías informarme un poco sobre él ¿Tiene familia? ¿Alguna enfermedad o deuda? ¿Es cierto que es un dotado con la habilidad de ver segundos en el futuro?
Chuuya tragó saliva ante un mal presentimiento, aquella conversación lucía muchas cosas menos casual. De cualquier modo, sabía que era inútil intentar ocultar información cuando su trabajo era serle fiel a Mori.
— Tomó la custodia de cinco huérfanos, involucrados en conflictos pasados de nuestra organización, goza de buena salud y no tiene deudas. Sí, su habilidad le permite ver un par de minutos en el futuro aunque no la puede usar a voluntad, se activa principalmente cuando alguna amenaza aparece, a pesar de esto ha decidido no asesinar gente.
— Cinco niños, es demasiado, pobre hombre ¿Por casualidad sabes su ubicación, querido?
— No, Jefe.
— Me estás mintiendo ¿Verdad?
Chuuya suspiró, resignado, acercándose a garabatear la dirección en una hoja en blanco que Mori le proporcionó. El hombre asintió satisfecho.
— Muchas gracias, Chuuya, como siempre, has sido de mucha ayuda, puedes retirarte.Sólo una última cosa, querido. No hagas oídos sordos a mi consejo, con una belleza como la tuya podrías tener amantes de mejor calidad.
— Le agradezco su preocupación, Jefe. Lo tendré presente.
Se quedó recargado contra la puerta de metal varios segundos, intentando ignorar su instinto diciendo que algo malo estaba allí, que algo muy malo se estaba ocultando tras ese pequeño interrogatorio. Caminó por el pasillo, ignorando un par de saludos por ir demasiado ensimismado, mordiéndose los labios. Llegó a la calle sin notarlo hasta que los rayos del sol le golpearon en el rostro, obligándolo a volver al presente. Suspiró hondamente, masajeándose el cuello queriendo alejar la mala espina, logrando sólo que todo su cuerpo se estremeciera un poco más.
No estaba esperando convencerlo para acostarse con él, ya conocía sus técnicas.
Era algo más, algo que probablemente tenía que ver con Oda y no podía sólo dejarlo pasar.
Contuvo la respiración, cediendo a su instinto.
Marcó el número de Kouyou, esperando.
— Buenos días, llamar tan temprano, es sólo que pensé que hace mucho que no tomamos el té juntos, si no hay inconvenientes ¿Puedo ir a visitarte ahora?
— Me hará bien un poco de compañía, Gin está en una misión en Osaka justo ahora.
— Perfecto, llegaré en diez minutos.
— Sería amable de tu parte traer algunos bocadillos.
Cortó la llamada, andando lo más calmado que podía, deteniéndose en la pastelería favorita de la mujer para comprar todas sus galletas favoritas. Tratando de armar en su mente cómo comenzar la conversación, exactamente ¿Qué clase de inquietudes tenía? ¿Por qué pensaba que ella tendría la más mínima intención de ofrecerle algo de ayuda?
Debía recordar que allí, la única figura real de lealtad era Mori.
O debía, por una vez, confiar en el afecto que parecían brindarle.
Tomó las galletas contra su pecho al haber llegado a la puerta de Kouyou, esperando a que la mujer le abriera la puerta, sintiendo su corazón alterarse mientras caminaba por el pasillo hasta encontrarla en la mesita de jardí hizo los saludos pertinentes, acomodando las galletas en la mesa, esperando a que ella le ofreciera el té, sonriéndole lo más normal que pudo, sabiendo que estaba fallando al notar la afilada mirada cereza sobre él, analizándolo.
— Está haciendo un buen clima— intentó torpemente.
— Sí, esta es mi época favorita del año.
— También la mía. Hace unos días le propuse a Oda que fuéramos a la playa, pero a sus niños les dio varicela y nos fue imposible incluso vernos. A propósito de Oda ¿Sabes por qué carajos Mori está repentinamente interesado en él?
Kouyou no apartó la mirada de su taza de té, sorbiendo con elegancia, tomando una de las galletas para partirla con los dedos antes de llevarse un trozo a la boca.
— Estas galletas son mis favoritas aunque he dejado de comerlas asiduamente porque Gin es alérgica a las fresas ¿Lo sabías?
— Yo la llevé al médico cuando se comió una y no podía respirar, me asusté muchísimo.
— Lo recuerdo, me hablaste casi llorando. Siempre estás demasiado al pendiente de los demás, Chuuya, pero ¿Quién cuida de ti?
— No necesito que nadie me cuide.
— En este mundo, siempre es mejor tener alguien dispuesto a cuidar nuestra espalda.
— Algo está pasando ¿No es verdad?
— Siempre está pasando algo, es lo interesante del mundo. No es que a mí me interese demasiado, pero en algo debo ocupar mi tiempo antes de morir.
— Por favor, Ane-san. Sabes que si no involucrara a alguien tan importante para mí, jamás me atrevería a pedirte información, no quiero el brazo derecho de Mori, es casi un insulto que te pida que me filtres algo tan confidencial, sin embargo, de verdad estoy preocupado por Oda.
— Todos tenemos nuestras debilidades, Chuuya, también nuestros precios. Nada es gratis en este mundo, tener preferencias siempre cuesta más caro de lo que parece. Lo digo por mí, porque yo siempre he manifestado favoritismo por ti, porque te he visto con un poco más del cariño pertinente.
— Yo también te tengo mucho aprecio, Ane-san.
— Lo sé. Ha sido de mis mayores satisfacciones, saber que confías en mí como una hermana mayor. Mis códigos morales me dicen que guarde silencio, que me vas a meter en un problema porque, en cuanto sepas qué es lo que está haciendo Mori, vas a ir a tomar cartas en el asunto. Pero yo sólo me soy fiel a mí misma, Chuuya. Recuerda esto siempre, la única lealtad inquebrantable es la que nos tenemos a nosotros mismos.
Kouyou suspiró hondamente, dándole otro sorbo al té, mirando distraídamente el paquete de galletas.
— ¿Sabes lo que es un permiso comercial de negocios, otorgado por la División Especial?
—x—
Se quedó varios minutos pegado contra la ventana, acostumbrado a fumar únicamente allí para no incomodar a Oda, sabiendo que el hombre llevaba varios años ya alejado del cigarro y no le parecía justo dejar la casa llena de humo. Incluso si no vivían oficialmente juntos, ya era mucho más fácil encontrarlo en su departamento, ya había mucha más ropa suya en su armario. Dejó el humo quemarle la lengua, lacerar sus fosas nasales antes de expulsarlo hacia la calle, tomando otra bocanada antes de por fin juntar el valor para marcar el número, uno que, por mucho tiempo que haya pasado, seguía teniendo guardado en su memoria.
Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
— ¿Diga?
Inspiró, exhaló, reprimiendo las ganas por colgar y olvidarse de aquello. Lo que estaba en juego era así de valioso, como para soportarlo.
— Dazai, soy Chuuya. Necesito que vengas a mi casa lo más pronto posible.
— Dame cinco minutos.
Se recargó contra el vidrio al colgar la llamada, masajeándose el puente de la nariz, queriendo calmarse. Escuchó la puerta ser llamada antes que su cigarro llegara a la mitad y no pudo evitar sobresaltarse, caminando a pies juntillas hasta la puerta, fijándose en la mirilla antes de abrir.
— Vine lo más rápido que pude, Chuu-Chuu, estaba cerca por fortuna, dejé que Akutagawa terminara mi trabajo, espero que no lo arruine.
— Gracias.
Se recorrió, dejando que su visita ingresara al departamento, dejando sus zapatos, caminando hasta el comedor, sentándose con una sonrisa demasiado radiante para ser fingida, demasiado hueca para ser humana.
— ¿Puedes ofrecerme algo de beber?
— Claro ¿Qué se te ofrece?
— ¿Tienes jugo de moras? Recuerdo que te gustaba mucho beberlo.
— Sí.
Se apuró a servirle un vaso de jugo, dejándolo frente a él.
— ¿Tienes comida? no he tenido tiempo de desayunar.
— Puedo preparar algo si quieres.
— Sí, por favor.
Dazai recargó su rostro en sus manos todavía con aquella sonrisa, observando a Chuuya correr diligentemente a la cocina y comenzar a preparar algo. Dazai se levantó de la mesa con el vaso de jugo vacío y el pelirrojo dejó la comida un momento para volver a llenar su vaso, provocando una risa en él. Volvió a la mesa, esperando hasta que Chuuya apareció con un plato humeante de fideos, ofreciéndoselo.
— ¿No vas a comer tú también?
— Fui a visitar a Ane-san en la mañana y comí muchas galletas, no tengo apetito.
— Siempre tienes hambre, no mientas. Por favor, no me dejes comer solo.
Chuuya resopló, queriendo contener su fastidio. Volvió a la cocina y se sentó, con un plato también para él. Dazai asintió complacido, comenzando a comer.
— ¿Ese cuadro tan horrible es tuyo?
— Oda lo trajo.
— Eso pensé, tú tienes peor gusto— se rió bajito, mirando lo que podía del departamento— ¿Ya están viviendo juntos?
— No realmente, aunque pasa mucho tiempo aquí.
— Ya veo.
— Dazai…
— ¿Cómo está Ane-san? Tiene mucho que no la veo.
— Ella está bien, gracias.
—¿Ya presentaste a Oda con ella? me dijo que fueron a su casa el día de tu cumpleaños. No me sorprendió que lo recibiera tan bien, Oda es un encanto.
— Sí, hablando de Oda…
— Sé que vas a pedirme un favor, Chuu-Chuu, y debe ser uno muy grande para que estés portándote tan amable í que, si no te importa ¿Puedes dejarme disfrutar un poco más de esto?
— Es algo urgente, Dazai.
El muchacho suspiró, sorbiendo los fideos con pereza, la vista pegada a la mesa.
— Por la mañana Mori me mandó llamar y comenzó a hacerme preguntas sobre Oda, lo cual me pareció muy extraño, así que decidí entrevistarme con Kouyou para pedirle algo de información al respecto. Por sus palabras, Mori dejó que una célula criminal extranjera entrara a nuestro territorio para poder crear una amenaza hacia el Gobierno, pensando en ofrecer eliminarla a cambio de un Permiso Especial, tú debes saber mejor qué rayos es eso y por qué es tan importante, sin embargo, lo que me importa de todo esto, es que Oda tiene un papel fundamental en esto. El líder de esta célula posee la misma habilidad de él, y Mori planea lanzarlo como carne de sacrificio para asegurarnos la victoria. Hay un par de cosas que no tenemos claras, ni ella ni yo, sin embargo, lo único que necesito saber es eso. Que Oda está en peligro, sabes que no es un hombre de armas e, incluso yo, me la pensaría dos veces antes de enfrentarme con un grupo como ellos. Necesito...Necesito que me ayudes, Dazai. Tú eres el mejor estratega de la Mafia, además, tienes mejores relaciones que yo, sé que puedes encontrar una manera de solucionar esto sin que Oda se vea involucrado.
— Vaya…Con razón estabas super amable. Prácticamente me estás pidiendo que traicione a Mori y me alíe con los enemigos para rescatar a alguien de un menor rango, poniendo mi vida en riesgo, porque si tiene la más mínima sospecha de un complot, enseguida sabrá que yo estoy involucrado.
— Oda también es tu amigo, Dazai, aunque entiendo qué es lo que te estoy pidiendo. Por eso, estoy abierto a cualquier negociación, si quieres que vayamos a cenar los tres juntos cuando todo pase, incluso podemos tomar unas vacaciones juntos.
— Vacaciones, suena bien, pero sólo tú y yo. Además deberás salir conmigo al menos una vez a la semana y dejarme dormir aquí.
— ¿Dormir aquí?" tragó saliva, apretando los puñ estaba en condiciones de regatear."Bien, trato.
— Perfecto. Dame un par de horas para planear y coordinar todo. Lo primero es que saques a Oda y a los niños de la jugada, puedo encargarme de Oda yo, tú ve qué haces con los niños, necesitas hacerlo con la mayor discreción posible, Chuu-Chuu, si el enemigo o Mori siquiera sospechan que los descubrimos, vamos a perder el factor sorpresa que ahora es lo único que tenemos. Intenta actuar normal hoy, mañana ve a por los niños, llévalos al centro comercial, a algún sitio con mucha gente. Yo le diré a Oda que Mori le encargó atender un pleito de amantes en Chiba, allí hay mucha gente que no está muy conforme con Mori, los puedo convencer para que protejan a Oda mientras resuelvo aquí lo de la célula ¿Qué tan dispuesta está Kouyou a cooperar con nosotros?
— Dijo que ella y sus hombres están a nuestro servicio.
— Perfecto. Conociendo a Mori, te va a pedir que salgas del país mientras dura el conflicto para que no intervengas, así que lo más pertinente es que…¡Los niños tuvieron varicela la semana pasada! Di que estás presentando síntomas, llámalo ahora mismo para avisarle, olvida lo del centro comercial, vayan a refugiarse a alguna prefectura vecina, nadie va a sospechar de eso. Le pediré a Akutagawa que reúna a todos, hablaré con Kouyou y quizá pueda convencer a otro par de dotados, con cinco será suficiente. Si todo sale según el plan A, mañana mismo todo habrá terminado, Mori ni siquiera sabrá qué pasó, obtendrá su jodido permiso y Oda, tú y yo, estaremos bebiendo el fin de semana en alguna playa de Okinawa.
"Eres el mejor, Dazai, sabía que podía confiar en ti.
— Yo haría cualquier cosa por ti, Chuu-Chuu— sonrió, besando su mano, apoyándola contra su mejilla.
— Sí...Gracias.
— ¿Puedo quedarme un rato más contigo? prometo que me iré antes que vuelva Oda, es sólo que te extraño mucho.
Chuuya sabía que si abría esa puerta ya no iba a poder cerrarla después, y aún así, le daba escalofríos. Dazai no era un recuerdo agradable, sino la amenaza de una bomba.
Suspiró, intentando sonreír.
Él también haría cualquier cosa por Oda.
—x—
Veía los restos de la tarde marcharse en una sombra contra su espalda, dando paso a la noche, tiñendo su piel de un negro de azogue, suave como un sueño. Pegó sus labios contra su nuca, aspirando su aroma a incienso y canela.
No estaba poco acostumbrado a los arranques de Chuuya, era mucho más sexual de lo que hubiera sospechado, sin embargo, lo tomó por sorpresa cuando, no bien puso un pie en su departamento, lo arrastró al dormitorio, arrancándole la ropa en el camino, mordiéndolo y marcándolo más de lo normal, casi desesperado.
Apenas le había dado un respiro, ya que la noche estaba asomándose, y ahora estaba totalmente callado, mirando hacia la pared.
— No sueles quedarte tan callado después del sexo ¿Tan mal estuvo?
— No digas tonterías— Chuuya se rió, girándose para meterse entre sus brazos, suspirando ante el beso de Oda a su cabello—. Estoy pensando.
— ¿En qué piensas, bonito? ¿Pasó algo?
— He estado pensando…¿Te gustaría dejar la Mafia, cariño?
Oda se separó un poco de Chuuya, tomando su mentón para que lo mirara a los ojos y Chuuya le rodeó el cuello, mirando sus labios.
— Sé que puede sorprenderte un poco lo que estoy diciendo, sin embargo, desde que estoy contigo, creo que otro estilo de vida es posible. Quizá no tengamos todos los lujos que tenemos ahora, ni siquiera sé en qué podría encontrar trabajo yo, pero quiero...Quiero otra vida, Oda.
— ¿Estás borracho?
— Ojalá, no me sentiría tan tonto por estarte diciendo esto.
— Suena...Es decir...Yo no estoy tan vinculado como tú,bonito, si yo me marcho, no habría mayor escándalo pero tú eres otro cuento.
— Hablé en la mañana con Ane-san y me dijo algo que me dejó pensando mucho tiempo. Sobre ser leal a uno mismo. Estoy muy agradecido con Mori por todo lo que hizo por mí, sin embargo, debes saber que todo ha tenido un precio, Oda. No quiero seguir siendo leal a un tipo como Mori, que lastima a mis amigos, que me… que me hizo daño a mí. Pienso que contigo puedo empezar otra vez, pienso que eres la segunda oportunidad que me regaló la vida y no la quiero desaprovechar. Podemos conseguir un trabajo, el más modesto, no me importa, llevarnos a Gin y a Ryuu y a los niños con nosotros, tú lo dijiste, seríamos una familia muy grande y feliz, podríamos salir adelante todos juntos.
— Puedo pedirle trabajo al dueño del restaurante de curry. Tú podrías ser modelo, con esa carita tan preciosa que tienes.
— Pero con mi temperamento, no creo tener mucho éxito— ambos se echaron a reír, y Chuuya aprovechó para besarlo—. Quizá también pueda conseguir trabajo en un restaurante, me gusta mucho la comida.
— ¿Crees que pueda llevar a Dazai con nosotros? él es un buen chico, sólo que está demasiado contaminado por el medio en el que ha sobrevivido. Pienso que él también merece una segunda oportunidad, bonito, me encantaría poder dársela.
— Dazai nació malo, Oda. Tú no lo conoces como yo.
— Es mi amigo, Chuuya.
— Bien. Si lo pones así, y me lo dices con ese tono de niño llorón no puedo negarme. Pero debes jurarme desde ahora que te harás responsable por él, que te ocuparás de reformarlo.
— Te lo prometo.— tomó sus mejillas para besar su frente, apoyando la propia con la suya después, con una sonrisa radiante—. Me siento como la persona más afortunada justo ahora. Te adoro tanto, bonito. Promete que cuando dejemos la Port Mafia, te casarás conmigo.
— Cielos, Oda, necesito pensarlo, es decir, tienes cinco hijos. Seis, contando a Dazai.
Oda pestañeó, mirándolo a los ojos y Chuuya se echó a reír, rodeando su cuello, besándolo en los labios.
— Por supuesto que acepto, bebé. Prométeme que cuidarás bien de mí.
— Te voy a cuidar con mi vida, bonito. Te lo juro.
—x—
No bien llegó la mañana, Chuuya recibió un mensaje de Dazai, avisándole que era el momento, así que salió de la cama, besando la frente de Oda, apurándose a vestirse, guardando la pistola en su sobaquera por si acaso, cerrando la puerta sin hacer ruido. Le gustaba el sol en el rostro, el aroma del día que comenzaba, recordándole que estaba vivo, que estaba allí. Se sujetó el cabello, cubriéndose los ojos con unos lentes oscuros y el rostro con la capucha de su chamarra, recordando las palabras de Dazai, había dejado su sombrero y el elegante traje de tres piezas que solía usar para confundirse con el resto, sintiendo el pecho latir ante la idea que, probablemente en un futuro no muy lejano, así sería. Sería otra figura apurada buscándose la vida en una rutina de ocho horas, sobreviviendo a las carencias, quizá, pero recompensando con lo único que para él importaba. Una familia, un hogar.
Sonrió, tomando la fe ciega a Dazai y su intelecto como un talismán infalible mientras se dejaba arrastrar en la marea humana, hasta llegar al restaurante de curry todavía cerrado, mirando a todos lados antes de usar su habilidad para escalar hasta el techo, entrando por la escalera de incendios a la habitación de los niños. Sonrió, apreciando un segundo la imagen de todos dormidos, antes de ponerse de rodillas, sacudiendo suavemente al que tenía más cerca, quien comenzó a abrir los ojos.
— ¿Chuuya? ¿Qué haces aquí?
— Hola, cariño. Lamento venir tan temprano, Oda y yo les tenemos preparada una sorpresa pero necesitamos salir ahora ¿Me ayudas a despertar a los demás?
El niño se talló los ojos, bostezando, comenzando a despertar al resto. Chuuya tomó en brazos a los dos más pequeños, quienes lo ignoraron y siguieron durmiendo. Cuando tuvo a todos juntos, comenzó a bajar las escaleras en silencio, casi tropezándose con una pequeña pelota colorida, tomándola para apartarla.
— Tengan cuidado con sus juguetes, pequeños, alguien se puede caer.
— Eso no es nuestro.
Algo frío le corrió por la espina, sintiendo una picazón extraña en la palma de la mano, mirando la mancha cerceta que la pelota había dejado en ella.
— Mierda, mierda— murmuró, comenzando a mirar a todos lados, buscando algo que se moviera entre las sombras. Acomodó a los niños en los brazos de los mayores, sintiendo un sudor frío comenzar a perlar su frente—.Necesito que se vayan, por favor, corran a la comisaría, espérenme allí, les prometo que los alcanzaré en diez minutos, corran lo más rápido que puedan.
Los niños obedecieron, sintiendo eco de la urgencia en el rostro de Chuuya, quien una vez que los niños estuvieron en la calle, sacó el arma de su sobaquera, volviendo a buscar entre las sombras. El veneno ya penetrando en su sistema le impedía usar su habilidad. Trastabilló, apoyándose contra una pared para darse impulso y salir del restaurante, viendo las lejanas figuras de los niños todavía corriendo.
Una mano lo sujetó y fue inmovilizado, sintiendo después el filo frío de una jeringa clavarse en su cuello.
—x—
Tentó con la mano el espacio vacío a su lado, suspirando resignado al saber que Chuuya solía ser requerido a cualquier hora del día.
Pero eso iba a cambiar muy pronto, se consoló, incorporándose, caminando hasta el baño, mojándose el rostro y lavándose las manos después de orinar, caminando a la cocina, buscando el cartón de leche, dándole un trago. Suspiró al escuchar el tono de su celular, resignándose a tener una mañana atareada.
— ¿Diga?
— ¿Oda? Chuuya vino a la casa, nos sacó a todos y nos dijo que fuéramos a la comisaría, dijo que lo esperáramos en la comisaría diez minutos pero no ha llegado, Shinji cree que pasó algo malo, Chuuya se veía sospechoso…¿Oda?...
El teléfono se desarmó al chocar contra el suelo.
—x—
El veneno en su sistema no era mortal, sin embargo ya había comenzado a adormecer sus sentidos, haciéndolo incapaz de resistirse. Analizando la manera de moverse y de actuar de sus captores, notó que Kouyou desconocía algo de suma importancia.
Todos ellos eran o fueron militares.
Con lo poco que quedaba de su sentido del olfato, pudo percibir que aquello que estaban rociando sobre su cuerpo después de arrojarlo a la cajuela de esa camioneta, era gasolina, y sus intenciones con él quedaron claras.
Al menos los niños estaban a salvo.
Fue su último pensamiento.
—x—
Corría hasta sentir que el aire le quemaba, empujando gente sin detenerse a pedir disculpas, manoteando al aire como si con ello pudiera ganar impulso, desesperado ante el mal presagio que tenía en su pecho.
No había querido decirle a Chuuya nada sobre Ango y su sospecha de que fuera un traidor al haber encontrado una pistola perteneciente a Mimic en su habitación de hotel, no había querido decirle que tenía sospechas de alguien siguiendo sus pasos porque confiaba que si alguien sabía cuidarse solo, era él.
Alcanzó a vislumbrar el restaurante, corriendo a la puerta, sin embargo, antes de abrirla, notó esa camioneta mal estacionada en el centro, y por puro instinto se giró a verla.
Por la ventanilla alcanzó a vislumbrar un muchachito ovillado como un pajarito herido. Un mechón rojizo de cabello se asomaba por la capucha y supo quién era, sólo segundos antes que una explosión le tronara en los sentidos, imposibilitándolo de acercarse.
Las largas lenguas de fuego devoraban todo, metal, pintura, huesos y carne.
Oda tardó mucho en darse cuenta que, esa voz que gritaba desesperada, era la suya.
—x—
No era que hubiera tenido dudas,en ningún momento se lo permitió.
Chuuya había confiado en él, había negociado y Dazai era el mejor en las negociaciones. Si por tenerlo de vuelta en su vida necesitaba quemarse todos los favores que le debían diversas figuras, sin duda lo haría. Si debía sujetarse el corazón y pasar por alto la traición de Ango para poder negociar el permiso directamente con él, a espaldas de Mori, era algo que podía hacer a media noche, en total secreto. Le hizo una reverencia a Kouyou, quien lo despidió con un gesto de desprecio en los labios. Ella estaba allí por Chuuya, lo sabía, no por hacerle un favor a él.
Dazai no le tomaba importancia a nada más que los resultados y allí estaban, los cadáveres dispersos de lo que solía ser Mimic. Faltaban tres hombres, que debían ser los que fueron a buscar a los niños para obligar a Oda a enfrentarlos. A esas horas debían estar teniendo un divertido y delicioso desayuno al lado de Chuuya.
Sonrió, sinceramente, mientras pateaba el rostro inerte de André Guidé. Debía decirlo, le había dado algo de batalla, pero al final, no había sido más que un fantasma y Dazai sabía ser fantasma, mucho mejor que ser humano.
El corazón le latía en los labios, imaginando la sonrisa que Chuuya le daría al saber que había logrado que Oda estuviera a salvo.
Estaría tan orgulloso de él.
