PRÓLOGO...
01 de enero del 2039
—¡Señorita, ¿en donde está?!
Las damas encargadas de cuidar al pequeño engendro escurridizo de la familia estaban más que alarmadas, eran ya las 11:40 casi llegando a la media noche y si el jefe de la cabeza familiar se entraba que la siguiente al mando estaba fuera de su cama para despertar temprano el siguiente día, ellas serían comida de demonio asegurada.
—¡Señorita por favor, su padre se enojará si no está en la cama!
Ella corría por toda la biblioteca buscando como evadir a las mujeres, era el demonio vivo para ellas ya que siempre hacia lo mismo.
La puerta sonó mostrando a un hombre de cabellos largos y blancos como la nieve, se veía serio y enfadado.
—¡Emma Ratri ven este mismo instante!
Una vez mencionada sabía que no había escapatoria alguna en esos instantes, la niña salió mirando el suelo, su baton hasta los pies se movía muy levemente por los nervios.
Las cuidadoras salieron dejando solos al mayor y a la chiquilla, cerro la puerta tras suyo y camino en dirección a ella.
—Hija, te he dicho mil veces que no debes estar despierta hasta muy tarde —El hombre levanto a la niña en sus brazos.
—Lo sé padre, pero es que en la biblioteca hay tanta información que incluso tío James me ha ocultado y quiero leerla.
El hombre de mirada vacía sonrió —Deja de molestar a tu tío James, sabes que no está bien para estarte soportando —El mayor comenzó a revolver el cabello de la niña.
Ambos salieron de la biblioteca mirando los pasillos de aquel lugar, la niña mantenía su rostro en dirección a la zona de las plantaciones que se podía observar a lo lejos, tenía la inmensa duda de saber que había más haya de la división que había entre los humanos y los seres que llegaban a su hogar.
Estando ya en la habitación de la pequeña, él mismo se encargó de colocar a la niña en su cama —Emma, en unos días habrán envíos importantes y elecciones para el Tifari, no pensé decirlo pero... ¿quieres ir?
Los ojos de la pequeña se iluminaron ante la pregunta del mayor, se acercó a él —¡Por supuesto que si!
Le dio un pequeño zape a la niña —¡Pues duermase ya!
Ella comenzó a reír y se acomodó en aquella inmensa cama en la que se ella misma se perdía —Hasta mañana.
Se encargó de arroparla y acomodarla bien en ella, una vez lista beso su frente saliendo del cuarto. Una vez estando fuera caminaba de regreso a su oficina, sin embargo en el camino se topó con aquella silla de ruedas a fuera de su oficina.
—James... ¿Qué haces aquí afuera?, Sabes que no deberías y...
—Solo vine a buscar el teléfono y...
El golpeó levemente la mano del mayor haciendo que este soltará la perilla de la puerta —¡Ya te he dicho miles de veces que abandones esa estúpida idea de "liberar" a esos chicos comestibles!
—¡Maldita sea Peter no quiero continuar en este maldito ciclo de engaños! —Empuño sus manos resaltando sus venas—. Mejor me hubiesen dejado morir ese día...
Sujeto sus mejillas haciendo que levantará la mirada y se encontrará con sus ojos —No dejaré que mueras hermano, eres un eslabón más de esté juego llamado destino, no te queda otra opción —En su rostro estaba esa sonrisa tan retorcida que a cualquiera le daría miedo.
—Maldita sea... Al menos no ates a tu hija en todo esto...
Él lo soltó suspirando —Emma es como yo, ella misma se está involucrado en esto... Ella misma ama cada detalle de esto, mañana la llevaré a que conozca los envíos, ya sabes —Rió levemente—. Andrew, que lo lleven a su habitación —Ordeno al hombre que estaba aun lado de la puerta.
—Si, señor.
Entró a la habitación mirando el papeleo que había en su escritorio, se centro en ellos hasta que el reloj de la habitación sonó, ya casi amanecía así que no quedaba otra opción más que comenzar el día desde ya.
—Veamos que quieres esos malditos insectos...
Los meses transcurrían y el trabajo iba en aumento, después de todo los días para el tifari se acercaban de forma inmediata cosa que no era bueno ya que tenían que presionar un poco la producción en otras granjas y hacer todos los preparativos con los lords y la reina.
—¡Tío! —Exclamó la pequeña abriendo la puerta de aquella habitación oscura y llena de hojas
—Emma —Murmuró el hombre dirigiéndose a la pequeña en esa molestosa silla—. ¿A qué has venido a mi habitación?
—¿Me dirás quiénes son tus otros ayudantes? —Sonrió de oreja a oreja.
El mayor con un gesto de sorpresa comenzó a reír —Vaya, ¿ha caído tan bajo tu padre enviándote?
La pequeña rió negando —Noup, sólo quería intentar saber si tengo las mis habilidades que papá.
El mayor revolvió el cabello de la niña —Si, tienes la misma sonrisa que tu padre...
La pequeña se sentó en las piernas del mayor mirando la ventana a la que él miraba con anterioridad —Sabes, en unos cuantos días acompañaré de nuevo a papá a ver cómo funcionan las granjas.
El mayor giró su mirada a la niña negando —No, Emma... Ese no es un lugar para que una niña como tú vea como funciona y...
—Tío, ellos sólo son comida para protegernos, son insignificantes para el mundo.
Escuchar las palabras provenientes de los labios de la pequeña lo habían dejado atónito, ¿como una niña de unos 5 años era capaz de decir esas barbaridades? —Acaso... ¿tu padre...
—Lo leí en los escritos del tatarabuelo Julius... Aún que todo fue una traición no importa, nos mantiene a salvo a otros.
James estaba sorprendido por las palabras de la niña, no podía entender como el pensamiento de un pequeño estaba extremadamente contaminado y en sus manos no podía hacer nada para detenerla —Emma, no vayas por favor...
La niña lo miró con una expresión muy inocente y luego le sonrió —Es un ciclo al que me tengo que adaptar antes de que papá sea devorado también.
Ella abandonó la habitación sin pronunciar algo más que hiciera al mayor limitarla.
Él solamente se quedó callado en aquel inmenso cuarto que no tenía casi nada más que hojas —Maldita sea...
El día tan esperado por la pequeña llegó finalmente, conocería cada uno de los detalles que envolvían aquel lugar que era más de la pertenencia de su familia, el lugar que les permitía estabilidad en la promesa.
—Buen día señor Ratri —Pronunció aquel demonio que parecía ser líder de la plantación.
—Buen día, Lord Iverk —Miró a la pequeña que llevaba en sus brazos—. Permitame presentarle a la siguiente heredera de la promesa, ella es Emma, Emma Ratri.
La pequeña actuaba de forma tímida, no estaba acostumbrada a ver a esos seres de cerca y si, le causaban un poco de miedo, el demonio sujeto la mano de la pequeña colocándola en su frente.
—Es un gusto conocerla, señorita.
Ella apartó su mano sin dejar de mirar al demonio —Igualmente —Murmuro.
En compañía ellos recorrieron todas las instalaciones comunes mirando cada uno de los centros de producción y todo lo demás, había conocido a doctores, damas encargadas de cuidar a los pequeños, pero no había visto a ningún niño.
—¿Qué te parece todo?
—Aburrido —Pronunció la niña haciendo un puchero.
Él sonrió —En un rato iremos a ver a una de las "mamás" así que espera un poco.
—¿Entraremos a los orfanatos?
Él solo negó y bajo a la niña —Solamente iremos a las entradas principales, sólo hablaremos un rato, nada fuera de lo común cariño.
Continuaron el recorrido, para un niño de 5 años sería una experiencia sumamente traumática escuchar y ver cómo los demonios mayores se encargaban de desmembrar aquellos cuerpos de niños de diferentes edades e incluso como las preparaban para venderlas.
Una vez que el mayor culminó las tareas principales tomó la mano de la pequeña dirigiéndose a lo que era la entrada central de la plantación.
—Abuela Sarah, que bien se ve el día de hoy.
La niña giro su mirada hacia arriba encontrándose a una mujer de unos 60 años aproximadamente.
—Señor Ratri, es un gusto tenerlo aquí con nosotros, pensé que vendría después de año nuevo.
—Surgieron algunas complicaciones con los externos y las casas regentes, por eso hasta ahora es que logramos asistir.
La mayor se inclinó levemente a la pequeña acariciando su mejilla con una sonrisa —Debo suponer que ella es la pequeña...
—Así es —La miró mientras ella sujetaba su mano y se escondía detrás de él—. No temas mi pequeña, ella es la abuela, la mujer de la que te hable.
Ella la miró con mucha desconfianza y sólo asentó.
—Isabella debe de venir en unos minutos, nos vimos obligados a enviar a una hermana para sustituirla por mientras.
—Disculpe por la intromisión repentina, pero necesito hablar con ella.
—Bueno, acompañeme a la entrada.
Peter levanto a la niña para caminar en dirección al portón principal, el sonido de las goteras era algo fastidioso pero aún así relajante para ese ambiente tan tenso que había en el lugar.
—Padre, ¿por aquí pasan los niños siempre?
—Solo cuando cumplen un año o están listos para ser enviados, pero no conocen este lugar en totalidad, sólo la parte principal hasta el camión.
El sonido del portón hizo que la pequeña diera un pequeño salto haciendo que el hombre riera por su reacción, ella hizo un leve puchero como signo de enojo por ser la gracia para él. Cuando giro la mirada al causante de su susto, logró ver a una dama de cabellos oscuros ingresando al lugar.
—Disculpa por hacerte venir, Isabella.
—No se preocupe señor Ratri, después de todo estoy para servirle en el momento que usted lo solicite —La mayor sonrió al notar la presencia de la niña en sus brazos—. Así que tú eres la pequeña Emma —Acaricio su mejilla— es un gran gusto conocerte por fin.
La calidez y brillo en los ojos de la dama le dio cierta confianza a la pequeña haciendo que sonriera —Mucho gusto, Isabella.
Peter sonrió levemente —Le caíste bien.
—Me honra saberlo.
Los tres ingresaron a aquella pequeña oficina que de encontraban a un lado, mientras los mayores discutían sobre los asuntos del envío de los niños, la pequeña miraba las estanterías llenas de libros que en su inmensa biblioteca ya había leído e incluso algunos habían sido retirados.
—¿Padre puedo salir un momento?
Los dos mayores estaban concentrados en lo suyo por lo que la ignoraron, ella abrió de forma silenciosa la puerta y salió de ahí sin hacer el más mínimo ruido, camino en dirección al inmenso camión pero le era imposible tratar de alcanzar ver algo ahí dentro, después de todo sólo era una niña muy pequeña por su corta edad.
—Ray no creo que sea bueno venir...
Eran aproximadamente las 12 del día por lo que el sol estaba en un punto medio, según lo que ella conocía con respecto al lugar, en ese tiempo los niños podían jugar en todo el espacio del lugar, pero la zona del portón era algo que estaba prohibido.
—Tranquilo, la hermana no nos conoce, no se fijará de que no estamos —Respondió el otro niño en susurros.
La pequeña se escondió levemente mirándolos, por lo que escucho con atención su conversación. Ambos miraban al interior del lugar pero obviamente no podían por la claridad que había cerca de ellos.
—Así que esto solo nos protege... ¿no? —Preguntó el niño de ojos azules.
—Es claramente una mentira... Somos huérfanos, ¿quién querría dañarnos?
La pequeña sonrió tratando de no reír por las palabras de los niños.
—¿Crees que algún día saldremos de aquí?
—No lo sé Norman, sólo queda esperar para ser mayor y saberlo...
—Si es que llegan a ser mayores —Pronunció la pequeña saliendo de su escondite.
Los dos se miraron sorprendidos por la presencia de la niña, por lo que se exaltaron y salieron corriendo lo más pronto posible para alejarse de ahí para que no fuesen vistos por los mayores. La pequeña se acercó a la puerta viendo como ellos se perdían entre los arbustos para ir en dirección al orfanato que se veía a lo lejos.
—¡Emma! —La puerta fue abierta dejando ver al hombre que estaba un poco alarmado.
—Papá, quisiera conocer ahí dentro...
La mayor de ojos violetas posicionó su mano en la cabeza de la niña —Ese lugar no es para ti cariño, es mejor te quedes en casa con mamá y...
Ella dirigió su mirada a los arbustos —Mamá también fue comida como ellos, ¿no es cierto, papá?
El mayor se quedó callado y tomó a la niña agradeciéndole a las damas su tiempo y saliendo del lugar, sin embargo una inmensa curiosidad quedó en la pequeña.
𝑭𝒊𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒐́𝒍𝒐𝒈𝒐...
