La canción proveniente de los labios de la mujer generaba algo de tranquilidad en ambos, al azabache le era más que inevitable seguirla por lo que el albino estaba sorprendida por ello, la mayor los miró sonriendo.

—Me alegra saber que al menos no se resistieron al final que les espera.

—¿Teníamos otra opción... Madre?

Norman no podía creer lo que escuchaba, Isabella tocó la cabeza de Ray sonriendo mientras seguía viendo como aquel portón se volvía más cercano cada vez más.

—Me alegra haber conocido a dos niños tan amables como ustedes...

—Gracias por todo —Expresó Norman deteniéndose a la par de ellos.

Los dos chicos sujetaron sus manos adentrándose a aquel lugar, el camión estaba ahí mismo por lo que se acercaron sin dudarlo, la mujer aclaró su garganta mirando a los chicos.

—Ahí no es lo que les espera...

Sus miradas cruzaron y se acercaron a la mujer, ella abrió una de las puertas que se encontraban ahí mismo, una vez la puerta fue abierta se encontraban ahí mismo dos personas.

Una mujer mayor y un hombre de mediana edad.

—¿Eh?

Uno de aquellos seres se acercó a ellos —22194 y 81194, ¿es correcto Isabella?

Se acercó al oído de ambos chicos —Entren no les harán nada malo —Asentó poniéndose firme—. Así es.

Ambos obedecieron la petición de la mayor y una vez la puerta fue cerrada, el hombre giró a ver a los dos chicos con una sonrisa.

—Norman y Ray, ¿cierto? —Al instante de pronunciar sus nombres los señaló a cada uno—. Es un gusto volver a verlos en persona.

Norman sonrió —¿Usted es...

—Mi nombre es Peter Ratri, se que no me conocen pero yo a ustedes si los conozco... A partir de hoy, seré su nuevo padre.

Ray rió levemente —¿Nuevo Padre?... ¡¿Qué maldita broma es esta?!

El hombre los ignoro y miró a la mayor —Sarah, ¿quién dijiste que es el chico de mayor habilidad física?

La mayor sujetó la tabla de archivo que tenía un sus manos y miró al azabache —Es él, 81194.

Se exaltó levemente apenas escuchó a la mayor pronunciar su código de identificación, la mirada del hombre posicionada en él lo comenzaba a poner nervioso con facilidad, no podía huir, ya que en la única puerta que había en aquella habitación se encontraba uno de esos seres y a su lado la mujer que era su madre.

—Así que Ray... —Se inclinó a su altura quedando frente a él—. ¿Quieres vivir en este estúpido mundo?

Los ojos del azabache se posicionaron en los ojos celestes de su hermano, intentaba que él le ayudará a tomar una decisión pero solo recibió el rechazo de su parte.

En conclusión no sabía que hacer.

—Con respecto a ti Norman, tu vida sigue asegurada así que no tienes porque escoger —La sonrisa del hombre le hacia tener un escalofrío, sin embargo su mano estaba frente a él esperando ser estrechada.

Sin dudarlo lo hizo —Gracias... ¿Padre?

Ray no podía creer lo que veía, su mejor amigo, hermano y confidente le había dado la espalda sin siquiera dudarlo, entonces, ¿si moría no le importaba?

Fue sacado de sus pensamientos por las cálidaz manos de Isabella en sus hombro, ella se acercó a su oído —Si te aferras a la vida, es seguro que llegues más lejos que nadie...

—Sarah, lleva a Norman a "ahí", necesito hablar con Ray en privado.

La mayor se acercó al chico tomando su maleta para salir de la habitación sin embargo el albino extendió su mano al azabache, pero él se negaba a aceptar por lo que se lanzó a él para abrazarlo.

Unos cuantos segundos después se separaron y él se marchó en compañía de las dos mujeres.

La mirada fría y llena de determinación de Ray estaba posicionada en el hombre —¿De qué quiere hablar?

Peter sonrió —Solo siéntate, tengo una oferta para ti niño.

—Prefiero continuar de pie...

—Como tu gustes —El hombre se sentó al frente de él, su sonrisa había desaparecido por completo—. Escucha bien niño, en este jodido mundo a mi no me importa si este estúpido ganado sobresale o solo es recogido, sin embargo yo no soy quién te ha escogido.

—¿Qué?

—Tu sabes que un líder debe de tener un descendiente, ¿cierto? —El chico asentó—. En mi caso no es la excepción, se que eres un chico muy perceptivo, inteligente y astuto, por lo tanto no puedo engañarte con facilidad así que seré directo.

Nosotros, los Ratri, formamos parte de una dinastía que controla la mitad de la población de esta zona de la tierra, en pocas palabras a los humanos comestibles, pero también necesitamos que otros nos protejan, así que Ray...

La puerta sonó por un leve golpe interrumpiendolo, el mayor caminó a la puerta y sonrió.

—¿Así que...?

—Quiero que a partir de hoy te conviertas en el protector de mi primogénita...

La puerta fue abierta lentamente dejando ver a dos personas, un hombre alto de tez morena y al frente de él, estaba ella...

Aquella chica de cabellos rojizos, ojos esmeralda profundos, la mirada de ambos se encontraban posicionadas en el uno y el otro, no podía creerlo, era la misma niña que conoció hace años en ese mismo portón y sólo hizo por ignorarla.

Sonrió de levemente —Así que eres tu...

—Ray, te presento a tu futura ama y señora, ella es Emma, Emma Ratri.

En las manos de la chica de encontraba aquella flor sin abrir.

—¿Porqué...?

La joven sonrió —¿Has tomado una decisión?

Finalmente entendió a qué se refería la chica, si se negaba, ella misma colocaría aquella espantoza flor en su pecho para ponerle un fin completo a su vida, pero si aceptaba... ¿Qué ocurriría?

Su sonrisa se desvaneció completamente mirando los ojos de la chica y extendiendo su mano a ella —Acepto su oferta... Señores Ratri.

La chica estrecho su mano teniendo una expresión de disgusto pero a la vez alegría.

—Has tomado una buena decisión chico —Pronunció el moreno que estaba detrás de la joven.

Ray, Emma y Andrew dejaron las instalaciones al instante, mientras tanto Peter se encargaba de hacer un poco de papeleo sobre las entregas de aquel día. El chico miraba en momentos como se alejaba su vista de aquel campo en el que alguna vez fue arrastrado por sus demás hermanos, la poca inocencia y tranquilidad que quedaba en él estaba quedando atrás, sabiendo que eso quedaría como un simple recuerdo.

—Espero que dios les permita una mejor suerte —Murmuró apretando el sombrero que llevaba con él.

—Si dios existiera, hay muchas posibilidades de que no estarías en esta esclavitud, ustedes nacieron bajo una maldición que no desearon, pero solo pocos tienen la suerte de sobrevivir.

Las palabras de la chica le hacían sentir un poco de enojo, no entendía cuáles eran los motivos.

La niña sujetó al niño por sus mejillas mirandolo directamente a los ojos con una expresión vacía —Escuchame bien Ray, apartir de hoy eres un integrante más de un clan de asesinos, apartir de hoy también eres un Ratri, así que deja de aferrarte a tu pasado porque ya no eres uno mas de ellos...