"P.D: te odio"
Por Katou Yuu
Disclaimer: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino, este fic ha sido escrito sin fines de lucro.
Advertencias: Yullen, drama, más drama y lagrimas...
Parecía que la magia de la noche se había acabado para ambos. Allen se abría paso desesperadamente entre la gente como si buscara huir de Kanda quien le seguía de cerca. Lenalee vio a Lavi dándole a entender que debían ir con ellos.
Allen hablaba de volver caminando a casa, Kanda parecía que perdía la paciencia. Lavi tuvo que detener a Allen porque sabía que estaba muy ebrio por sus torpes movimientos.
-Allen es muy tarde, es peligroso que te vayas así, ven con nosotros - Lavi había sido por alguna razón muy comprensivo con su situación.
Allí estaban en el auto de Kanda, o más bien el auto de su abuelo, Allen iba en la parte trasera con Lenalee quien tenía la mirada gacha evitando por todos los medios ver al frente Lenalee le preguntaba si se sentía bien pero no respondía. La casa de Lenalee era la más cercana así que la dejaron primero, Allen apenas se despidió de ella. Lavi ahora le daba instrucciones a Kanda sobre cómo llegar a la casa de Allen.
Todo estaba sumergido en un horrible silencio, el sonido del motor del auto era lo único que se escuchaba Lavi no podía evitar estar tan tenso, miraba por la ventana, tratando de preguntarse ¿que estaba mal en su plan? Si era perfecto.
Al llegar a casa de Allen, ambos bajaron a abrirle y ayudarle a caminar. Llegaron a la entrada siguiendo al moyashi pues se negaba a ser tocado por alguno de los dos. Lavi buscaba las llaves de Allen en el disfraz y Kanda trataba de sostenerlo.
- ¡No me toques! - decía Allen manoteando - ¡ya tuviste suficiente! - Lavi creía entender lo que ocurría.
Cuando se despidieron de Allen porque su padre bajó a abrir por el alboroto, pudo ver unas marcas en su cuello y claramente tenía mal abotonada la camisa. Volvieron al auto en silencio hasta llegar a casa de Lavi. Las cosas ya están develadas, no se trataba solamente de las cartas, Allen y Kanda habían estado a punto de tener algo y ahora Lavi entendía por qué Lena le pedía parar, sin embargo, siempre había sido un suicida.
- Kanda... - dijo serio en cuanto paró el auto frente a su casa - ¿puedo hablar un momento contigo?
- No tengo tiempo para hablar a estar horas de la madrugada contigo conejo, bájate.
- No, debo hablarte - dijo Lavi decidido y Kanda apretó sus manos sobre el volante.
- ¡Entonces habla de una maldita vez!
- Sobre lo que pasó con Allen hoy...
- ¿Qué tiene que ver el Moyashi? - preguntó ya frustrado, pero no dejó de deducir algo - Ustedes... lo sabían ¿no? ¡que me estaba mandando esas estúpidas cartas! - Lavi se quedó con la boca cerrada - ¡Habla! ¡Ahora quiero que hables! ¡¿no querías que habláramos?! - golpeó la bocina.
- Allen no te estuvo enviando esas cartas.
- ¡Ja! ¡Ahora dirán que estoy loco! el moyashi trataba de hacerse la victima diciendo que yo le enviaba esas estúpidas cartas.
- Es cierto que Allen también recibía cartas de alguien.
- Explícate porque no tengo cabeza en este instante.
-ambos recibían cartas, pero no porque el otro se las mandara... No al principio - Lavi tragó saliva - yo... Comencé a enviar las cartas, pero a medio camino ya no tuve que escribir mucho, sólo corregía lo que ustedes respondían y lo intercambiaba... -Lavi recibió un puñetazo en la cara, pero no protestó. La nariz comenzó a sangrarle de inmediato y Kanda sacudió la mano
. -bájate del auto.
- lo siento- Lavi trataba de parar la sangre con la manga del disfraz entre quejidos y siseos
- tu no sientes nada, nos viste como un estúpido juego.
- quería que se llevaran bien! ¡No imaginé que ambos eran gays y esto iba a quedar así! Kanda lo tomó de la camisa con una expresión de furia.
- ¿Dónde quieres el siguiente puñetazo?
- Puedes golpearme todo lo que quieras si eso te hace sentir bien - pidió Lavi con seriedad, sentía que después de todo tenía que asumir las consecuencias, y el que esto pasara no escapaba de sus probabilidades.
Kanda le dio otro puñetazo en la mejilla, algo de sangre escapó de la comisura de los labios de Lavi, le había partido el labio. Kanda iba a volver a darle en la otra mejilla, pero se contuvo.
- Bájate.
Lavi no tuvo nada más que hacer, quizás estaba recibiendo ayuda de algún ente divino, no quiso averiguarlo. Sabía que ya Kanda no escucharía más lo que tuviera que decir. bajó del auto y lo vio alejarse, una extraña presión en su pecho lo ataco, eso era la culpa que sentía por haber tratado de manipular los sentimientos de ambos chicos.
Cuando Allen despertó, ni siquiera el haber estado borracho le hizo olvidar el hecho de que casi había tenido su primera vez con Kanda. Se sentía fatal. Cada vez que cerraba los ojos se acordaba de lo que había sentido y algo en su interior se comenzaba a despertar. Pero se suponía que no debía sentirse así, Kanda lo había engañado con las cartas, se había aprovechado de él y su borrachera y, por encima de todo, se suponía que se llevaban fatal. Su padre tocó a la puerta, Lena y Lavi lo esperaban abajo.
No quería verlos, no ahora, pero aun así no podía negarse a ser cortes y decidió bajar y al menos saludarlos, decirles que no estaba de humor en ese momento porque sabía seguramente lo que ellos querrían hablar.
El padre de Allen los dejó a solas en la sala. Allen apenas dio un saludo forzando una sonrisa, el ambiente era tenso.
- ¿Como estás Allen? - se atrevió a preguntar léñale.
- Estoy bien, creo... ¿qué te pasó en el rostro? - preguntó Allen notando la cantidad de moretones en la cara de Lavi.
- No es nada de qué preocuparse, después de lo que tengo que decir... Te parecerá poco - dijo Lavi. Confundido, Allen les pidió que se sentaran.
- lo siento mucho - dijo Lenalee mirándolo con sinceridad - Lavi y yo enviamos las cartas.
- en realidad, yo comencé, Lena está en esto apenas unas semanas atrás.
- ¿por qué? ¿Era una broma? - a Allen se le estaba haciendo un nudo en la garganta.
- ¡No! primero pensé que si ambos se disculpaban todo quedaría en paz, pero pensaron que las notas que envié eran de alguna chica, pensé que les hacía ilusión y seguí. Les mandé cartas a ambos y en algún punto creí que así podrían hacerse amigos, todo este tiempo estuvieron intercambiando cartas entre ustedes, yo sólo las retocaba un poco. - dijo Lavi tratando de no mover mucho la boca, el labio le dolía mucho.
- acordamos detener las cartas, no pensé que se gustaran el uno al otro y que las cosas terminaran así en la fiesta - dijo Lena mirando el cuello de Allen y provocando que él se cubriera.
- te lo dije Lena, que quería conocerlo y hablarle. Si sabías que ese tipo no existía me hubieras desalentado y ya. No entiendo por qué trataste de emparejarme con Kanda - Allen se levantó, la voz se le estaba quebrando.
- ¡Es que el chico de las cartas existe! Siempre pensé que Kanda y tu tenían mucho en común, pero lo confirmé cuando leí sus cartas. ¡Al final, el chico con quien has estado hablando todo este tiempo es Kanda! - dijo Lena levantándose y abrazando a Allen porque reconocía cuando estaba a punto de llorar.
- No quiero que me abraces, gracias, pero no- Allen se apartó lentamente - gracias por aclarar las cosas.
- Allen, sé que no nos podrás perdonar esto, pero realmente lo sentimos mucho - dijo Lenalee algo deprimida al ver el rechazo de Allen.
- Si quieres puedes pegarme también - dijo Lavi señalando la mejilla buena que le quedaba.
- ¿Se lo dijeron también a Kanda? - dijo al entender el porqué de sus moretones.
- Yuu también está enojado, pero se lo he aclarado - la mano de Allen temblaba, quisiera desquitarse con Lavi, pero sabía que eso no solucionaría nada, el daño estaba hecho.
- Agradezco la aclaratoria, pero necesito que se vayan ahora, aún tengo resaca por lo de anoche, ya no se ni que pensar al respecto - Lenalee podía entender esto como que el albino estaba destrozado en esos momentos, no quería dejarlo solo pero su presencia solo le lastimaba en esos instantes.
Mana apareció ofreciéndole unas bebidas a los amigos de su hijo, pero Lavi y lena tuvieron que negarse, solo era visita rápida.
- Los chicos de hoy en día se divierten de formas alocadas - dijo refiriéndose a lo de anoche - Por cierto, Allen, creo que no lo vi anoche, ¿pero dejaste el violín en el auto de tu amigo?
Allen sintió que el estómago se le salía por las orejas. El violín, el carísimo violín. Su padre se había dado cuenta que se lo había llevado y encima que no estaba de vuelta.
- sí, lo puso en la cajuela y olvidé pedírselo - dijo Allen sonriendo. Sabía que era bueno mintiendo y fingiendo que todo iba muy bien, pero su padre también era especialista en eso.
- bien pues tendrás que ir por él en cuanto se te baje la resaca - dijo y le dio un vaso de jugo de naranja - recuerda que tienes práctica el lunes. Su padre se alejó después de asentar la sentencia. Allen bebió el jugo mientras asentía. Rogaba que en verdad estuviera en el auto de Kanda.
Allen volvió a su habitación y se encerró, de inmediato la resaca parecía habérsele intensificado, como si no fuera suficiente el engaño por parte de Lavi y Lenalee, el encuentro con Kanda ahora se sumaba el violín que costaba tanto como su casa con mobiliario incluido.
Esto no podía estar peor, ¿Realmente Kanda tendría el violín en su poder? no podía recordar bien que había pasado con dicho instrumento, vio su celular los contactos de Lavi y Lenalee, no podía llamarlos, no después de la manera en que los había rechazado tampoco quería actuar de manera hipócrita por algo que le convenia en ese momento. Debía ir el solo a casa de Kanda, aunque no quisiera.
Tomó una ducha y salió de la casa mientras su padre trabajaba en el estudio. Se perdió entre las calles del barrio de Kanda. Dio un montón de vueltas y se vio derrotado, paró en la tienda buscando una bebida y la reconoció, debía estar cerca de casa de Kanda. Tomo un Gatorade y fue a la caja, ahí mismo, delante de él estaba Kanda pagando otro Gatorade. No dijo nada, lo vio algo desesperado en la línea, parecía tener resaca también. ¿Qué debía hacer?
- ¿Todo junto? - preguntó la cajera cuando llegó su turno y vio que tenían lo mismo.
- No- contestaron ambos y entonces se vieron.
- ¿qué haces aquí? - dijo Kanda pagando y abriendo la botella como si la vida le fuera en ello - ¿no deberías estar con Lavi?
Allen tardó un poco en responder. Kanda no tenía mucha paciencia y ya se marchaba, lo quiso seguir, pero la cajera anunció el monto a pagar y sacó algo de dinero casi corrió tras él.
-Ya habló conmigo - Kanda detuvo su caminar viendo a Allen que mantenía la mirada al suelo - Me explicó todo.
- ¡Tsk! ese conejo se metió donde no le importaba. - dio un buen trago a su bebida - ¿Qué es lo quieres ahora? - preguntó porque Kanda no se explicaba que hacía Allen allí, lo lógico seria que no quisiera verle.
- Necesitaba verte... - dijo algo preocupado - P-pero no es lo que piensas - aclaró esperando que sus palabras no se malinterpretaran - Ayer en la fiesta, creo que dejé algo en tu auto.
- ¿Dejaste algo en mi auto, a mí qué? hoy limpié y no vi nada tuyo.
- Kanda, es importante - rogó ya desesperado.
Kanda lo miró, el escuchar que necesitaba verle y luego cómo se retractaba, lo había puesto de mal humor. Había salido de casa para despejar su mente porque aun cuando se sentía como un fiambre, no podía dejar de pensar en lo que había pasado entre Allen y él, y ahora, lo tenía ahí.
- vamos - dijo Kanda apresurando el paso - el viejo se llevó el auto al super, si quieres buscar tendrás que esperarlo.
Allen lo siguió nervioso, tenía demasiadas preocupaciones, estaría en casa de Kanda y tenía que encontrar el violín.
Entró dudoso, pero la frescura de la casa de Kanda lo tentó, afuera hacía demasiado sol o tal vez era la resaca, pero sentía que se derretía.
Kanda se sentó en el sofá y Allen fue tras él.
Allen se quedó viendo el envase ya vacío de Gatorade como si fuera lo más interesante, incluso decidió leer la información nutricional del producto. Esta era una situación que realmente no le agradaba en este instante. Kanda estaba ahí sentado frente a él, parecía que tenía miedo de alzar la mirada y encontrarse con la suya.
Quizás lo definía como miedo, era más bien vergüenza, porque en su vida se hubiera imaginado que algo así podría pasar entre ambos.
- ¿Que es tan importante para que decidieras venir aquí? - la voz de Kanda lo hizo sobresaltarse.
Allen decidió que debía calmarse, no podía seguir actuando como un niño traumado - Vine por el violín - Kanda alzó una ceja.
- ¿Y crees que está en mi auto? como te dije no vi nada tuyo allí - dijo Kanda despreocupado, aunque pudo ver de inmediato la reacción de Allen quien ponía sus ojos vidriosos y bajaba la mirada.
- ¿Seguro? no lo habrás puesto en la cajuela ¿o en otro... lugar...? - Allen tragó, su voz estaba a punto de quebrarse.
Estaba muy nervioso, triste, preocupado, tenía calor y sed.
- No... - dijo Kanda notando que algo le pasaba a Allen - no lo tomé. Debe estar en casa de Cross, la última vez que lo vi fue antes de que... subiéramos. - Lamentaba recordarlo, al menos una parte de él, la otra se moría por hablar de eso con el moyashi.
Allen suspiró preocupado y se frotó la cara.
- mi padre me va a matar - se rascó la cabeza preocupado
- ¿por qué creíste que era buena idea llevar un violín a la fiesta?
- ya sé que es una estupidez, sólo quería tocarlo para... - estaba a punto de decir que quería tocarlo para el chico de la carta, pero se detuvo y se tapó la cara con las palmas.
Era la primera vez que Kanda veía a Allen así, jamás parecía sentir nada, pero a diferencia de él, cubría todas sus emociones con sonrisas estúpidas. Se levantó y sirvió un vaso de agua que ofreció a Allen.
Allen tomó el vaso y bebió como si sintiera su garganta terriblemente seca, agradeció devolviendo el vaso a Kanda.
- Soy un idiota. Nunca debí llevarlo, ¿en que estaba pensando? - Allen se regañaba a sí mismo como si Kanda hubiera desaparecido de allí.
Kanda no pudo evitar preocuparse, sabía que era un objeto costoso, que Allen hubiera llevado eso para "esa persona" que a fin de cuentas era él le hacía pensar en la ilusión que el albino tenía con la idea de conocer a su chico ideal, claro que al él también le hacía algo de ilusión conocer la persona tras las cartas, por eso se había esforzado en elegir un buen disfraz.
- Es ridículo que ambos nos dejamos llevar por la ilusión de conocer a alguien que nos agradaba - dijo Kanda sin pensar mucho, era más bien como si reflexionara al respecto, Allen le miró - Porque después de todo era así, ¿no?
- sí, pero... al final, eras tú.
- y si fuera otra persona?
- pero eres tú - insistió Allen con seriedad.
- creo que después de todo te decepcionó verme sin máscara - dijo Kanda levantándose, no podía seguir sentado ahí, el pecho le dolía.
Allen entendió que le había faltado tacto.
- ni siquiera nos llevamos bien, Kanda. Tenemos meses sin hablar.
- antes de saber que era yo, querías hacerlo conmigo. - la duda lo estaba matando, quería saber si en verdad había sido sólo el alcohol o era que en verdad Allen gustaba de él.
- Eso es... - Allen sintió mejillas colorarse, desvió la mirada.
- ¿Es porque se trata de mí, no es así? preferirías a cualquier otro, después de todo - dijo Kanda ante la idea de que el chico que Allen estaba buscando no era él exactamente,
- Es cierto, creo que me daba miedo descubrir que la persona que me gustaba eras tú. Siempre estamos peleando por cualquier cosa, y... - Allen no quería ver a Kanda a la cara, de seguro su cara estaba muy roja, siempre se ponía así cuando le hablaban de temas así - Realmente nunca pensé que pudiéramos tener algo en común como para haber estado a punto de hacer eso.
- Yo tampoco - Kanda fue hacia a ventana al escuchar el motor del auto de su abuelo - supongo que fue bueno mientras duró, aunque haya sido cosas del idiota de Lavi.
Allen y Kanda salieron de la casa y le ayudaron a bajar las compras al abuelo, cuando terminaron, el moyashi pudo buscar por todos lados. Kanda se quedó a un lado, pensando en lo ocurrido y en las palabras de Allen.
Mientras Allen comprobaba que, en verdad, el violín no estaba ahí, Kanda llegaba a la conclusión de que ser él mismo era una maldición.
- no está... - dijo Allen cerrando la puerta de la parte de atrás, había buscado hasta bajo los tapetes.
-Debe estar en casa de Cross entonces- dijo Kanda ya que no había de otra. Allen no podía estar más preocupado ahora por alguna razón deseaba que el violín hubiera estado en la cajuela de Kanda.
-Al menos tu padre no se ha dado cuenta aún.
- El lunes tengo práctica, lo sabrá- dijo aterrado - Debo irme, gracias por la ayuda- Allen quiso ir corriendo a la casa de Cross Marian, pero una mano lo sostuvo del brazo.
- Te llevo - dijo Kanda sacando las llaves.
Allen se negó, pero al pensarlo se dio cuenta que no era el momento de hacerse el digno
- cooperaré con la gasolina - dijo Allen cuando Kanda arrancó.
- como quieras
El camino transcurrió en silencio, pero los cerebros de los chicos iban a mil, Allen pensando en el estado en que encontraría el violín y qué le diría a su padre si eso no sucedía. Kanda pensaba en lo estúpido que era al estar ayudando a Allen después de que lo rechazara y en lo tonto que era el moyashi por pensar que tocar el violín era la mejor forma de impresionar a un chico.
El violín en si no le había impresionado, más bien había sido el moyashi al ser capaz de interpretar tan hermosa melodía, aunque de cierta manera no podía negar que le había gustado la manera en que el moyashi había sido atento a ciertos detalles.
Kanda veía la preocupación en el rostro del Moyashi quien trataba de ver por la ventana quizás para distraerse. Por lo general hubiera sonreído de manera altanera ante su desgracia, pero ahora se "preocupaba" por el mismo moyashi que le había estampado el puño en la cara hace unos meses.
-Llegamos- anuncio al ver que Allen no reaccionaba, parecía que su mente estaba en otro lado.
Kanda lo movió tomándole por el hombro y Allen asintió bajando del auto. Los dos caminaron hasta la puerta y tocaron, un malhumorado Cross les abrió, seguía con la fiesta encima y el disfraz.
- ¿qué quieren?
- estoy buscando mi violín - dijo Allen tratando de mirar al interior de la casa.
- aquí no es escuela de música.
- lo traje ayer y creo que lo olvidé aquí.
- ¿ah sí? - dijo Cross interponiéndose en el campo visual de Allen - quién trae un puto violín a una fiesta? Aquí no hay nada, lárguense.
- si nos dejas buscar nos iremos pronto -insistió Kanda.
- Son muy molestos- Cross se hizo a un lado -Tienen 5 minutos sino lo encuentran los saco a patadas.
Allen trago saliva pesadamente y Kanda lo arrastro al interior al ver que cada segundo contaba entonces. Ya con la luz diurna se podía ver el verdadero desastre que estaba en la casa, vasos tirados por ahí, cosas que ni quería saber que eran, todo estaba desarreglado. No sabían por donde comenzar a buscar.
-No tienes que ayudarme a buscar. Te agradezco que me hayas traído- dijo Allen levantando un extraño montículo de basura.
-No lograras revisar todo esto en menos de 5 minutos-Kanda paso a la cocina ignorando las quejas de Allen.
Revisó la cocina y trató de recordar los lugares donde habían estado juntos, con el violín.
- estuvimos en el jardín, ve allá, yo voy arriba - dijo Kanda y a Allen no le quedó de otra más que asentir.
Kanda subió tratando de recordar en qué habitación habían estado, recorrió todas, pero no reconoció nada, y todas estaban llenas de borrachos. Pensó un momento, tampoco había tenido oportunidad de apreciar la decoración, el sonido de unas cuerdas.
Abrió la puerta lentamente y encontró a un montón de tipos extraños jugando con el violín de Allen.
- denme el violín - dijo entrando mientras un tipo con la cabeza rapada y tatuajes en la cabeza trataba como guitarra al pobre instrumento.
- ¿Sokaro, lo conoces? - dijo una chica rubia que por alguna razón tenía un mono en los brazos.
-Ni idea.
-Dame el violín, no les pertenece.
- ¿Ha? este trasto estaba tirado en el suelo, así que el que se lo encuentra se lo queda- toco las cuerdas produciendo un sonido nada refinado.
-No lo volveré a repetir-Kanda perdía la paciencia.
- Entonces ven por el nenaza.
- Si es suyo puede tocarlo - dijo un tipo de lentes, cabello largo y rizado - que nos deleite con su talento - se burló produciendo risas.
- Bien Sheryl, haz los honores - dijo Sokaro entregándole el violín para que se lo pasara a Kanda junto con el arco - que nos toque algo la nena.
Kanda recibió el violín, se lo puso en el hombro y fingió que comenzaría a tocar. En cuanto todos se descuidaron, salió por la puerta gritando el del moyashi.
Allen estaba revolviendo todo en la sala, lo tomó de la mano y lo jaló viendo que el tipo de los tatuajes y el tal Sheryl bajaban por las escaleras.
Por poco se mataba por las escaleras, Allen no entendía que pasaba, Kanda corría y unos sujetos le perseguían, apenas pudo reconocer el violín cuando Kanda lo había arrastrado fuera de la casa, lo arrojo al interior del auto y trato de encenderlo mientras oía a aquellos tipos gritar que le habían robado.
- ¡Maldición! - mascullo Kanda, el auto de su abuelo parecía haberse puesto en su contra, pero milagrosamente termino encendiendo cuando ya los tipos estaban a pocos metros de ellos.
Kanda piso a fondo, Allen estaba en shock en el asiento, vio de reojo el valioso violín.
-Esto me lo vas a pagar Moyashi, no puedo creer que hiciera esta mierda- dijo como si estuviera exhausto y Allen no pudo contener la risa.
- ¿de qué te ríes? - dijo Kanda enojado dando la vuelta a la manzana como loco.
- es que encontraste mi violín - dijo soltando toda la preocupación que lo atormentaba.
Kanda sonrió, y cuando volteó a ver al moyashi, sintió un beso en sus labios. Allen se había levantado del asiento y en medio de la emoción por la carrera y la felicidad por no sentirse en problemas se había acercado y lo había besado.
Kanda apenas se permitió disfrutar de aquel suave roce, no se había fijado que frente suyo el semáforo había cambiado en rojo y una viejecita iba cruzando, Kanda tuvo que apartar a Allen quien vio aterrado como Kanda esquivaba a la anciana y se iba contra el poste del semáforo.
La cabeza de Allen se dio de lleno contra el tablero, Kanda se golpeó en las costillas con el enorme volante del auto viejo, al cual no le pasó nada. El semáforo quedó chueco y la policía llamó una ambulancia. Kanda vio a Allen, estaba inconsciente y tenía la cara llena de sangre, él no podía respirar, le dolía si intentaba.
Llegaron al hospital en la misma ambulancia, le hicieron preguntas a Kanda y dio los teléfonos de contacto. Ahora si estaba muerto, había chocado la antigüedad, había dañado espacio público, le había roto la cabeza al moyashi y ahora estaba en el hospital con un par de costillas rotas. Pero había tomado el puto violín antes de irse, y estaba intacto.
NOTAS: Final de telenovela, ¡tranquilas queridas! Nadie morirá aquí! eso creo…
