"P.D: te odio"
Por Katou Yuu
Disclaimer: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino, este fic ha sido escrito sin fines de lucro.
Kanda la pasó cambiando de canales a la TV sin cesar, parecía que incluso el canal de la programación le molestaba, Allen trató de hablarle, pero no le hacía caso y cuando respondía, volvía a ser el mismo de antes: monosílabos y gruñidos. La enfermera dijo que le tenían que bajar el analgésico, así que debía ser que estaba más adolorido.
El doctor fue a limpiar su herida y le dio una crema para evitar que la cicatriz se pusiera más grande, también el advirtió que era inevitable que se notara debido al color de su piel. Le dio el alta y Allen pensó en cambiarse antes de que llegara su padre.
Kanda hubiera deseado que volvieran a poner el biombo en su lugar. Allen comenzó a vestirse a su lado pensando que estaba viendo la TV, se puso los boxers bajo la bata de hospital y trató de desamarrársela, al no lograrlo, simplemente se la sacó quedándose en ropa interior. Quería mirar el canal de publicidad con todas sus fuerzas, pero su mente decía "no desperdicies la oportunidad", lo vio terminar de vestirse y subir de nuevo a la cama.
Allen estaba muy concentrado en colocarse sus prendas y el hecho de que ya le dieran el alta que no pensó realmente en el lugar en que estaban. Alzó la mirada notando que Kanda parecía muy interesado en una máquina de ejercicio o eso le parecía porque había dejado el canal allí un buen rato.
- Ya la habitación quedara para ti solo - dijo Allen buscando que nada se le quedara.
- Mejor así, no tengo que ir tus ronquidos en la noche - cambió de canal finalmente y Allen hizo un puchero, ¿la verdad que esperaba? no era como si Kanda fuera a decirle abiertamente que le extrañaría.
- Ya que tanto te molesto entonces no vendré a visitarte los días que te quedan aquí.
- Como si quisiera? No tienes que obligarte a venir, ya tienes tu maldito violín en casa.
- pues gracias por liberarme! estoy aliviado de que esto ya haya terminado, así no tendré que verte la cara cada vez que volteé.
- si estamos aquí es por tu culpa!
- pues fue un accidente! ¡yo no quería besarte! cómo voy a querer besar a Yuu Kanda?!
- ¡Ya lo sé! ¡ya sé que no te gusto! ¡lo dejaste bien claro!¡ ahora vete con el puto violín y déjame en paz!
Allen fue hacia el biombo y volvió a desplegarlo. No se esperaba que las cosas volvieran a ser como antes tan rápido, a pesar de los besos que seguían rondando en su cabeza. Lo cierto era que, incluso antes de que él besara a Kanda en el auto, Kanda lo había besado a él cuando se habían descubierto sus identidades, lo había llevado a casa y le había ayudado a buscar el violín. Aunque las cosas parecieran las mismas, Kanda no era igual.
Pero el seguía siendo el mismo, aún estaba confundido con todo esto, en menos de dos días su vida parecía haber dado un extraño giro de 180°. Kanda no tenía la culpa a fin de cuentas y solo había tratado de ayudarle, quizás sus acciones no habían sido las adecuadas para demostrar agradecimiento. Kanda también debía sentirse confundido de que le hubiera besado.
Sentirse como que había hecho algo mal le tenía un poco desanimado. se echó en la cama dándole la espalda a donde debía estar Kanda, a la espera de que su padre viniera por él.
- Allen, ya he terminado el papeleo - su padre había entrado a la habitación y algo adormilado se levantó, tomó sus cosas y tendría que pasar frente a la mirada de Kanda quien parecía ignorarles enfocado en la tv.
- K-Kanda, nos vemos - dijo Allen con un nudo en la garganta. Kanda apenas gruño y agitó el control remoto.
Mana observó las reacciones, era claro que habían discutido por el ambiente de tensión. Le ayudó con las maletas a Allen y subieron al auto. Comentaron sobre los cuidados que debería tenerla herida y de la cita que tendrían con el médico para sacar los puntos.
Allen miró por el espejo y se vio los chupetones que Kanda le había hecho en el cuello, su color ya se estaba difuminando, pero seguían notándose. Se puso la mano y pensó que había estado todos esos días paseándose con el cuello lleno de marcas, que todos las habían visto, especialmente su padre.
- ¿cuándo saldrá del hospital tu amigo?
- no sé
- ¿no es el chico con el que peleaste?
- sí... - Allen no sentía otra cosa que vergüenza.
- supongo que al final esos ojos morados sirvieron para que se llevaran mejor.
Allen no sabía qué decir, así que sólo suspiró.
- ¿Sabes que estás castigado?
- sí...
- de la escuela a la casa y de la casa a las prácticas y nada de postres. Si quieres visitar a ese chico está bien.
- ¿No tengo postres, pero si puedo irle a visitar? - preguntó Allen sorprendido - Esta vez si has sido duro - pensaba que podía haberse ahogado en los postres para sobrellevar el mal rato,
- Hazlo más bien como un acto de cortesía, Su abuelo se ha negado a aceptar ayuda para cubrir los gastos del choque - como su padre lo hacía ver parecía una extraña penitencia.
- Está bien - dijo sin muchas ganas de replicar al respecto.
Llegaron a casa y Allen corrió a lanzarse a su cama donde hacia un día lloraba y se lamentaba, vio de reojo el estuche del violín, quizás no debió llevarlo a esa fiesta, había sido un idiota...
Kanda vio a lo lejos la cama vacía, podría decirse que debía estar a gusto sin la presencia del moyashi, pero la habitación le resultaba inquietantemente grande sin la presencia del otro.
Los doctores estuvieron de acuerdo en dejarlo ir a casa, sin embargo, no podría ir a la escuela por lo menos en un mes y el kendo tendría que esperar mucho más. No sabía si reír o llorar porque no tendría que ir a la escuela y enfrentar a Lavi, Lenalee y sobre todo al Moyashi, pero estaría aburrido en casa haciendo deberes extra con dolor de pecho cada vez que respiraba o tosía.
Su abuelo pasó por él a la mañana siguiente.
En su habitación, su abuelo lo llenó de almohadas y revistas (todas viejas), tenía la computadora a un lado y todas las películas en blanco y negro que se podían desear y que obviamente le hacían querer volver al hospital.
Mientras veía las sombras de su ventana caminar con el sol, la medicina comenzó a hacer efecto y se quedó dormido.
Soñó con el moyashi, la noche de la fiesta y los besos. Dentro de su sueño se repetía a sí mismo que cómo era posible que no se hubiera dado cuenta antes, el moyashi era su tipo de moyashi.
¿Estaba admitiendo finalmente que el moyashi le gustaba? estaba a punto de gritar como si hubiera tenido una horrible pesadilla, era la revelación más extraña y tétrica que había tenido.
No se lo podía sacar de la cabeza ahora. Volvió a acostarse, aunque no quisiera, trató de dormir de nuevo, esta vez con suerte no soñó nada.
Al siguiente estuvo más tranquilo, su abuelo le había llenado la habitación con un abundante desayuno, el viejo parecía no entender que no tenía mucho apetito debido a su condición y los medicamentos le tenían el estómago hecho un desastre. El día había pasado tranquilo, se dedicó a ver de mala gana una revista de novedades de los 90s de su abuelo, nada bueno había en televisión y no le provocaba ver nada en línea,
Vio de reojo hacia su armario, allí estaba colgado el dichoso disfraz de Beethoven, se preguntaba cuan ridículo debió haber lucido, aunque no más que el moyashi eso creía.
El timbre sonó y escuchó a su abuelo al parecer abrirle a su visita.
Kanda pensó que al menos el viejo estaría un buen rato ocupado y dejaría de llevarle cosas para picar. Pensando en que estaría ocupado, trató de alcanzar una de las revistas de idols que ocultaba bajo su cama, entonces escuchó pasos por la escalera.
- Yuu, tu amigo vino a verte -dijo su abuelo sonriendo mientras tiraba la revista bajo la cama con disimulo.
- Pregunté en el hospital y me dijeron que ya estabas en casa - dijo Allen después de agradecer al abuelo.
- algún día tenía que ocurrir.
- Lavi y Lena te mandan esto- dijo sacando un paquete de la mochila - no quisieron venir para no molestar.
- ya los perdonaste - dijo Kanda sin querer recibir el paquete.
- no, pero he pensado muchas cosas y creo que no puedo estar enojado con ellos por siempre.
- yo sí - Kanda no pudo esquivar el regalo pues Allen se lo puso en el regazo
- No te va a hacer mal abrir el paquete, si no te gusta, lo devuelvo.
Kanda rodó los ojos y abrió el papel de regalo descubriendo que eran los números nuevos de las revistas de Idols que solía comprar.
¿Era una maldita broma?
- Lavi dijo que quizás te gustaría leer algo para distraerte...
- Hoy quiero cenar conejo asado - masculló dejando a un lado las revistas.
- Si no las quieres las devuelvo.
- Déjalas - dijo sorprendiendo a Allen - Si las devuelves el maldito conejo seguirá molestando. Las puedo usar para hacer una buena fogata.
Allen ignoró las amenazas y sacó de su bolso un cuaderno.
- También te he traído la tarea.
- ¿Por qué?
- Estas convaleciente, tienes que ponerte al día y...
- No - dijo cortante - ¿Por qué has venido a traerla tu?
Allen ojeó el cuaderno para mostrarle los deberes para ganar tiempo.
- como dije... Lavi y Lena no querían molestar y... Creo que después de lo que hiciste lo correcto es ayudar un poco - le ofreció el cuaderno.
-Moyashi idiota-Kanda tomo de mala gana el cuaderno y ojeo las paginas, algo de matemáticas, el moyashi quiso explicarle sobre la clase, pero y era más que suficiente, tenerlo allí frente a él era tentador.
- ¿Entonces entendiste esta parte? -pregunto Allen, pero solo noto la mirada de Kanda fija en él, se incomodó un poco, sabía que eso era lo que podía pasar. Trato de ignorarlo y terminar de explicar y dejarle la tarea después de todo Kanda no era tan tonto en los estudios.
-N-nos vemos mañana- dijo Allen sorprendiendo a Kanda y antes de que este pudiera replicarle le había besado.
