Universo Alterno donde el Imperio nunca desapareció.

Disfrútenlo. Muchas gracias.


Se contemplaba en el espejo. Sentía que ese vestido le quedaba perfecto, era recatado pero sensual a la vez. Tan negro como su esencia misma. Comenzó a peinar su cabello... se acercaba la hora y estaba nerviosa. Entonces sintió a la Fuerza abrir el vínculo, por enésima vez. Suspiró fastidiada, hoy no tenía tiempo para sus sermones moralistas así que prefirió ignorarlo.

Al parecer él también lo hizo. Ella le daba la espalda. Siguió jugando con su cabello. No sabía qué peinado usar para la ocasión. Sintió que algo caía al suelo, parecía el sonido de agua. Se volteó buscando el origen del ruido molesto y vió un charco de un líquido color café ensuciando su radiante suelo.

- Qué haces?!!-

Había entrenado un largo rato con su mejor amigo, se duchó y con el frío que hacía se había preparado un café. Se puso a revisar unos archivos que su madre le había dejado, olvidando el líquido caliente. Cuando se acordó, estaba tibio, pero decidió tomárselo igual. Fue entonces que la vió aparecer, tan cerca de él, viendo su espalda desnuda en ese vestido que solo cubría los hombros. El vestido tenía una caída donde volvía a mostrar tela a la altura de la cadera.

No se movió, se quedó quieto observándola, sin decir nada. Rogó para que no se diera cuenta de su presencia. Sabía que debía retroceder y apartarse pero no lo hizo. No pudo evitar recorrer con sus ojos cada detalle de la mujer que tenía en frente. Era enviciante... y tentador. El grito de ella lo devolvió a la realidad.

- Yo?! Nada!!- le respondió

- Estás ensuciando mi habitación con tu estúpido café!-

Él se miró la mano. Tenía todo el café chorreando por su brazo, con la taza ladeada. Ni se acordó que la tenía en la mano cuando ella apareció. Pero miró al suelo y el piso de su habitación estaba seco.

- Fue un accidente-

- Apártate, estoy ocupada- le dijo, terminando su peinado. Se hizo 2 moños arriba dejando el resto del pelo suelto

- Y a dónde vas tan arreglada?- le preguntó, mientras se alejaba un poco de ella. No era la primera vez que le hacía preguntas inoportunas que ella no quería responder.

- No tengo porqué contarte mis asuntos, Skywalker. A diferencia de ti, que cada vez que puedes me hablas de lo maravillosa que es tu vida- le contestó sarcásticamente, aun dándole la espalda

- Sí, lo es. Hoy me entregaron el reporte de los planetas que están de nuestro lado. Cada vez son más. Confían en mí. Ser el Comandante Militar de la Resistencia es algo que yo quise lograr y no los voy a defraudar. Mi madre está orgullosa. Mi padre sigue siendo mi mano derecha, aunque primero ayuda a mi madre con sus deberes políticos. Luke aún no acepta que preferí esto a ser un Jedi. Estar en su academia fue bueno pero sus reglas no me gustan. Soy un alma libre-

- Ya terminaste?-

- No, de hecho, te vuelvo a ofrecer que te rindas. Luke ya mató a tu abuelo, y sigue ahora tras de ti. Es irónico que yo pueda verte y él te siga buscando allá afuera. Lástima que no sé dónde estas.-

- Lástima? Por qué? Si me encuentras vas a acusarme con tu tío?- le preguntó burlándose, mirándolo a la cara

Recién en ese momento pudo conocer el resto del vestido. La tela se veía tan suave, con una leve caída en su escote, el resto ceñido al cuerpo, era bastante largo...

- No, apenas lo sepa, toda mi flota ira a atacarte. Sabes que somos tantos como ustedes. No subestime mis estrategias, "Emperatriz"- le dijo como advertencia, burlándose de su título

Él se vestía casi siempre igual. Pantalón negro, polera negra o azul oscuro, esta vez de manga larga. Chaqueta negra, en ocasiones abrigo del mismo color. Siempre lo encontró sumamente alto... y fornido. Pero era de esperarse, se crió como guerrero. El guerrero y Comandante Militar más admirado y querido de la galaxia. Todos alababan sus hazañas y el empeño que ponía en acabar de una vez por todas con el Imperio. Obviamente, ella no lo permitiría.

- Aquí el que me subestima eres tú. No tienes la más mínima idea de lo que soy capaz ahora que estoy en el poder. No sé que vió mi abuelo en ti para querer que fueras su aprendiz. Para mí hubiese sido una pérdida de tiempo- cuando termino de decir eso, un droide apareció en su habitación

- Su Alteza, el Comandante Ren la esta esperando en el sector 37G- le comunicó

- Ren!- exclamó exaltada- Por tu culpa me atrasé!- le recriminó a su enemigo

- Ren?! Te estabas preparando para verlo a él?!- le preguntó indignado. No hubo tiempo para disimular.

- Qué te importa?! Acaso una mujer no se puede vestir bien sin razón? Todo tiene que ser por un hombre? Al menos él me ha ayudado desde que ustedes mataron a mi abuelo. Es mi único apoyo aquí - le contestó cortante, mientras tomaba su sable de luz doble y salía de su habitación

- Tu apoyo? Estás loca! Ese tipo esta demente! No confíes en él. Quise matarlo pero esperé que los padawan de Luke lo hicieran. Dile que la próxima vez que lo encuentre no tendrá otra oportunidad!- le dijo mientras la seguía. Pero se detuvo cuando, después de decirle eso, ella le hizo un gesto obsceno con la mano sin siquiera mirarlo. Entonces la conexión se cortó.

- Niña malcriada- pensó- Tan mal gusto tiene que se viste así para un tipo tan viejo como él?- se cuestionaba. Ren de seguro le doblaba la edad a la joven. Tenía un mal presentimiento... la reputación de Ren no ayudaba a disminuir su inquietud. Inquietud que prefirió ignorar, siguiendo con sus tareas.

- - - - - - - - - - - -

Las alarmas se encendieron. Todos corrieron a la sala de reuniones. Algo grave había pasado... pero no en la Resistencia.

- General Leia, tenemos reportes de que ha ocurrido un ataque en el Imperio- informó el encargado de las comunicaciones - Se ha filtrado información sobre la muerte de los Caballeros de Ren y su Líder-.

Todos quedaron sorprendidos. Ellos no habían planificado ningún ataque así que no sabían a quién atribuirle el mérito de destruir a aquellos temibles usuarios del Lado Oscuro.

Ben también estaba ahí, escuchando el detalle de la noticia pero no pudo seguir prestando atención debido al llanto que escuchaba. Miro a todos lados pero las personas presentes se veían normal, incluso aliviadas con el anuncio. El llanto se hizo más fuerte, casi desgarrador. Tuvo que salir de la sala debido al abrumador dolor que sintió en su pecho. Angustia... angustia y desesperación. No entendía porqué de un momento a otro empezó a sentirse así. El llanto no cesaba... sentía que le iba a estallar la cabeza.

Siguió su camino hacia su habitación, intentando ignorar los sollozos... sintió verguenza y asco. Por qué? No, no era él. Sus ojos se sorprendieron al ver la figura toda empapada de la joven Emperatriz, aun con el vestido puesto, sentada escondida en un rincón de aquel pasillo. Nuevamente era el vínculo.

- Rey?- le preguntó asustado. Ella daba sollozos ahogados, sin responderle. Se le acercó más, arrodillándose a su nivel. - Rey, qué ocurre?-.

Ella contrajo aún más su cuerpo, alejándose de él. El llanto continuaba, llenándolo aún más de incertidumbre y temor. La Emperatriz no lloraba, ni por la muerte de su abuelo lo hizo. Tal vez por la de sus padres. Se caracterizaba por un temple de hierro.

La conexion se cerró pero él aún podía oír su llanto muy a lo lejos, sintiendo un gran dolor.

Era de noche donde él estaba. Salió silencioso de su habitación. Creyó que si salía un momento y volvía durante la misma noche nadie se percataría de su ausencia. Se subió a su nave personal, estaba a punto de partir cuando vió a alguien acercarse.

- Ben, qué haces? Dónde vas?- era su mejor amigo, con quien entrenó aquella tarde, Tai.

- Tú que haces aquí?-

- Yo pregunté primero-

A regañadientes se bajo de la nave. Le hizo un gesto para que guardara silencio con respecto a lo que iba a decir.

- Escucha, logré ubicarla. Necesito ir a verla, algo no está bien-

- En serio? Entonces el Maestro ya lo sabe. Hay que preparar el ataque!-

- No! No... escucha. Aun no se lo he dicho. Es... algo raro está pasando en el Imperio-

- Por supuesto que sí! Puedo percibir la perturbacion en la Fuerza. No podía dormir por lo mismo. Pero si hay problemas entre ellos, entonces tenemos más oportunidades de ganar- le dijo Tai, ilusionado

Pero la mirada de Ben estaba lejos de ser entusiasta.

- Yo... yo debo ir a verla. Ella está mal, muy mal y no me dice porqué. Ella estaba con Ren cuando pasó todo. Debe saber quién los mató -

- Irás a verla solo? Estás loco?-

Él se quedó en silencio. Esperó que su amigo pudiera entender aunque fuera un poco su situación. Era al único que le había contado su vínculo con ella. Se suponía que lo aprovecharía para ubicarlos y atacarlos cuanto antes. No logró hacerlo... pero ante el terrible llanto que no lo dejaba dormir, se concentró e intentó hacerlo mejor. Logró ver parte del universo que se veía desde la ventana de la joven. Entonces reconoció los planetas.

- Ben, que está pasando en realidad?- su pregunta era sincera, sin ánimos de discutir

- Debe haber ocurrido algo horrible, Tai. Debo ir a ayudarla. Esta sola-

Los ojos de su amigo estaban llenos de angustia. Algo ya sospechaba, cada vez que él le hablaba de ella, veía en él algo distinto. Algo que nunca vió cuando hablaba de otras mujeres, siendo que nunca le faltaron. La envidia sana por su amigo los hacía reírse de aquellas chicas que le enviaban cartas de amor todo el tiempo. Él nunca se decidió por una. Simplemente no le interesaba, para su amigo terminar la guerra estaba primero. Hasta que conoció a la Emperatriz.

- Escúchame con atención. Sabes que con esto estoy apostando todo por ti, Ben, incluyendo la lealtad a mi Maestro. Pero confío en que no haras nada estúpido, aunque te guste por favor no hagas nada estúpido!- le recalcó tomándolo del cuello

- De qué hablas? A mi no me gusta...- mintió

- De veras? Te arriesgas a ir solo a ver a esa mujer, sabiendo que en segundos sus tropas te pueden desintegrar porque quieres aliviar su tristeza sin ningún otro interés de por medio? A quién quieres engañar? Te olvidas que yo tambien puedo leer mentes, Ben-

Su amigo lo conocía demasiado. Se habían criado juntos y la Fuerza era intensa en él. Tai continuó como Jedi, recién lo habían nombrado Maestro. Uno de los mejores aprendices de Luke. Ben preocupaba de bloquear su mente al resto pero su amigo sabía cómo vencer eso. Era un juego que tenían desde niños: ganaba quién vencía el bloqueo del otro.

En realidad no quería mentirle. Solo tenía miedo de que se decepcionara de él. Que lo juzgara por un sentimiento que ni él mismo supo cómo empezó pero que le estaba haciendo la vida imposible. Era tortuoso pedirle una y otra vez que se rindiera y que a ella no le importara.

- Ella sigue llorando. Necesito saber qué le pasa, como aliviar su dolor- le dijo a su amigo, como si le estuviera pidiendo su aprobación para ir aunque en realidad no la necesitaba

- Cuando alguien esta triste, un regalo puede ayudar a aliviar la pena- le aconsejó Tai- Vuelve pronto. Contáctame si necesitas ayuda. Yo seguiré despierto-. Se abrazaron y se fue.

- Un regalo?- pensó, estando aún al lado de su nave

- - - - - - - - - - -

- Su Alteza? Su Alteza?- tocaba la puerta con desesperación

- Largo de aquí, Phasma!- le gritó desde dentro de su habitación

- Su Alteza, disculpe pero tenemos un problema. Se acerca una nave de la Resistencia. Es el Comandante Solo Skywalker-

Su respiración se detuvo. Se levantó de inmediato y abrió la puerta. La cara de sorpresa de ambas ante esa noticia era evidente.

- Estamos listos para atacar, pero él dice que usted lo está esperando. Viene sin compañía. No puedo atacar sin su autorización, Emperatriz-

- No ataquen!- fue lo primero que dijo. No tenía idea de cómo la había encontrado. Él no le dijo nada- Déjenlo entrar. Escóltalo tú misma hasta la sala 68H. Quien se atreva a dispararle lo matas. Entendido?-

- Sí, Su Majestad-

Phasma se dirigió a la sala de control, poniéndose al lado del Almirante Hux.

- Dice que lo dejemos entrar. Yo iré por él - le comentó Phasma, colocándose su casco

- Es una broma? Realmente lo citó aquí?- cuestionó Hux

- Solo obedece. Ella es inteligente, debe tener un plan- dijo Phasma antes de salir de su presencia

La Emperatriz corría por todos lados en su habitación.

- No puede ser... no puede ser- maldecía en su interior- Justo viene ahora y me veo horrible!- se decía desesperada

Aún tenía el cabello húmedo. Se lo peinó con sus típicos 3 moños. Se lavó la cara y se cambió el vestido por uno seco, mucho más formal. No alcanzó a maquillarse. Salió lo más rapido que pudo de su habitacion.

Él caminaba al lado de Phasma, en completo silencio. Todas las tropas lo miraban, sin movimiento alguno. Él llevaba firme el regalo en su mano izquierda, mientras la derecha la tenía empuñando el sable heredado de su madre. Entró a la sala que ella le indicó.

- Si necesita algo, estaré a un costado de la puerta, Emperatriz- le dijo Phasma, cerrando la puerta

Ambos quedaron solos en la gran sala. Se miraron sin hablar, a una distancia prudente.

- Te... te traje esto- le dijo Ben, dando dos pasos hacia ella, mientras le extendía la mano

Ella observó el regalo. Era un ramo de diez hermosas rosas negras envueltas en un plástico algo desprolijo. Después de un momento se acercó y lo tomó en sus manos. Eran las flores más lindas que había visto en su vida.

- Te gusta?- preguntó curioso. No tenía la más mínima idea de qué llevarle cuando Tai habló del regalo. Él no era de dar regalos. Menos a una chica. Menos a ella.

La Emperatriz atrajo el ramo hacia si misma y le hizo un gesto afirmativo con su rostro. No pudo articular palabra en ese momento.

- Que bien- dijo aliviado- A mi me gustan pero no siempre lo que me gusta le agrada a los demás - comentó

Ella colocó el ramo con extrema delicadesa en una mesa cercana.

- Me vas a decir ahora qué pasa?-

La angustia volvió y vió a la joven afligida nuevamente.

- Por favor, Rey. Dime por qué lloras?- le rogó estando ya frente a ella

El abrazo lo tomó por sorpresa. Ben levantó las manos ante el susto. Era obvio que lo estaban viendo por las cámaras de seguridad. Pero todo seguía tranquilo y en silencio, excepto ella que lo abrazaba con fuerza sin poder dejar de llorar. Tenía su rostro clavado en su torso.

Decidió devolver el abrazo, con sutileza. Cerró los ojos para concentrarse mejor en su dolor y tener , aunque sea, una pista de lo que le ocurría. Entonces lo vió.

Estaban los dos comiendo en una mesa muy bien arreglada. Solo ellos dos, en una enorme sala pero con vista hacia la galaxia.

- Hagamos un brindis, Su Alteza- le dijo Ren- Brindemos por la Emperatriz más hermosa y poderosa de todo el universo-.

Rey se rió, no dijo nada, solo brindó con él.

- Es mucho mi atrevimiento si desde ahora me llama solo Ren y no Comandante?-

- De acuerdo. Tú también puedes decirme Rey pero cuando estemos solos.-

Ren sonrió. Siguieron comiendo hablando de cosas cotidianas, sin relevancia.

- De veras te agradezco por estar a mi lado después de todo este desastre. No puedo creer que mi abuelo esté muerto. Los Skywalker me han quitado a toda mi familia. Los odio por atrapar a mis padres y llevarlos a juicio. Por su culpa los mataron. Ya no tengo a nadie-

- Puedes contar conmigo para lo que quieras, Rey-

Después de comer estaban los dos mirando por el amplio ventanal.

- Han sido semanas muy difíciles, tienes que relajarte, Rey- le dijo poniéndose detrás de ella

- Si sé pero es difícil. Mi abuelo me preparó muy bien pero no esperaba tomar el poder tan pronto. Estoy bloqueada, no sé qué hacer primero-

- Yo te puedo enseñar a tomar ese tipo de decisiones. De hecho, te puedo enseñar muchas cosas más.

- En serio?- le dijo entusiasmada, volteandose a verlo.

Cuando se volteó, él la agarró con una mano por la cadera apretándola contra él. Con la otra mano le tomó la cara y la besó con fuerza. Ella se separó al instante de su boca.

- Qué haces?!- le gritó consternada

- Vamos, no se haga la difícil, Su Majestad.

Él la acorraló contra el vidrio. Volviendo a besarla pero ella logró correr la cara. Empezó a forcejear pero él físicamente era más fuerte que ella. Sintió su lengua en su cuello. Le dio asco. Pero lo peor fue sentir su otra mano acariciar sus nalgas. Ren había recorrido su espalda desnuda y siguio por debajo de la tela.

- Suéltame!!- le exigió, asustada. Pero él la ignoró, solo empeorando la situación. Sintió como el odio y la repulsión la consumía... la oscuridad desde lo más profundo de su corazón.

En menos de un minuto aquel corpulento hombre fue azotado contra la pared más lejana, recibiendo grandes descargas eléctricas. El hombre gritaba en agonía mientras ella se le acercaba con los ojos completamente rojos.

- Eres un asqueroso malnacido!!- fue lo último que le dijo antes de cortarle la cabeza con su sable de luz

El estruendo hizo que todos en la nave se alteraran. Los primeros que entraron a la sala fueron los Caballeros de Ren, quienes estaban afuera escoltando la puerta. Se arrodillaron inmediatamente ante ella, haciéndole saber que era su nueva Líder.

- Ustedes son sus cómplices! - les dijo furiosa mientras se les acercaba con su sable en la mano- Me oyeron gritar y no hicieron nada...-.

Ben se estremeció con aquella escena. Fue una masacre. La información que le había llegado a la Resistencia era verídica. Ren y sus caballeros estaban muertos. Rey los mató. Lo último que vió fue a ella duchándose una y otra vez aún con el vestido puesto tratando de sentirse menos sucia.

La joven estaba más calmada en sus brazos. Había dejado de llorar pero no quiso soltarlo.

- Tú... tú me lo advertiste. Me lo dijiste muchas veces y yo... yo fui una estúpida - le habló, sabiendo lo que él había visto en su mente

- Lo lamento... lo lamento tanto- la abrazó aún más fuerte- Nada de esto habría pasado si yo lo hubiera matado antes. Ese maldito...-

- No es tu culpa- le dijo, mirándolo a los ojos- Yo fui la que no te escuché. No te creí Ben, pero tú siempre quisiste protegerme de él -

Él la miró asombrado. Era la primera vez que ella lo llamaba por su nombre y no por su apellido.

- Tú... tú me dijiste la verdad sobre él. Y ahora viniste por mi- le dijo con una leve sonrisa, sonrisa que le bastó al joven para quedar perdido en sus lindos rasgos- No te vayas. Quédate aquí y te daré su puesto-.

Su propuesta lo impactó. Pero más lo impactó la visión que tuvo al mismo tiempo. Unos metros más alla se vió a si mismo, vestido de negro con una larga capa y un casco extraño en la mano. En la otra, un sable en cruz de color rojo. Se acercaba a él, poniéndose justo detrás de la Emperatriz que lo seguía abrazando, esperando su respuesta. Sin embargo, ella también se vio a si misma, detrás del joven comandante, vestida de blanco, en un traje de batalla que no supo reconocer. Ella le sonreía, tenía un sable dorado en su mano.

Después de eso, Ben se separó de inmediato de ella.

- Me... me estás pidiendo que deje a la Resistencia para ser Comandante Militar del Imperio?- preguntó consternado

- Si!- le contestó con ilusión

- No!- fue muy enfático con su respuesta- Por qué insistes con esto?! Tú tienes el poder ahora, tú puedes poner fin a la maldita guerra que empezó tu abuelo! Por qué te obstinas en ser como él? Sé perfectamente que no lo eres!-

- Ustedes solo le han traído desgracia a mi familia! Tenemos aliados, ellos me apoyan. Saben que es el mejor método para gobernar!-

- Mejor método? Sometiendo contra su voluntad a cada ser vivo del universo? Así como tu abuelo trataba de someterme a mí cada vez que escuchaba su maldita voz en mi cabeza?!- le gritó indignado - Tu abuelo y tus padres merecen su destino!! Eres tú la que tienes la opción de elegir. Te estoy dando la opción de ser diferente y a ti no te importa!-

Estaba sumamente alterado. Quería romper todo lo que estaba en esa sala. Empezó a hacer ejercicios de respiración. Esos mismos que le habían enseñado sus padres desde pequeño, cuando despertaba con pesadillas. Desde que les contó de aquella voz que lo atormentaba, ellos habían hecho hasta lo imposible por aliviar su dolor. Gracias a Luke, descubrió que era Palpatine quien lo buscaba... Aquel Sith no estaba muerto, a pesar del sacrificio de su abuelo. Su familia le juró protegerlo y que le pondrían fin a su tortura. Siendo ya adulto, el mismo se unió a la causa.

- Me voy de aquí! - le dijo antes de ponerse frente a la puerta.

- Quédate Ben, por favor-

- Abre la puerta o la voy a volar en pedazos-

Ella se quedó mirándolo. Quiso acercarse pero desde lejos ya sentía su rechazo. Él se mantenía dándole la espalda. Se acercó a la puerta y puso el código. La puerta se abrió.

- Phasma, acompáñalo a su nave-

- Sí, Su Alteza-.

Así como llegó, se fue. Voló en su nave lo más rápido que pudo hasta volver a su hogar. Pero no podía ingresar a la atmósfera. Estaba destrozado.

"Vas a deshacerte de mi. Pero ella sera tu peor pesadilla"

Aún recordaba las palabras de Palpatine en su cabeza. Se lo dijo segundos antes que Luke lo matara. Él no lo entendió en ese momento. Ahora estaba más que claro.

- Ben, ya estás de vuelta? Aquí está amaneciendo!- era Tai, hablándole por la radio de la nave

- Si, ya volví. Llego en un momento- sentía sus lágrimas correr sin razón aparente

- Cómo te fue?-

- No sé -

- Cómo no sabes?-

- No sé!!- le gritó a su amigo y le cortó. Su amigo ya lo conocía. Sabía que no se molestaría con él. Pero nadie podría ayudarlo ahora.

Ella aún seguía en la sala. Miraba y acariciaba las rosas que él le regaló. Entonces vió un papel entre medio de las flores. No lo había notado.

Cuando estés triste y nadie lo sepa

Te enviaré rosas negras

Día a día solo se vuelve más difícil

Intentas gritar, pero a nadie le importa

A través del vidrio se ven las mismas caras

Estás rodeada, a la deriva... sola.

Cuando tu corazón esté oscuro y congelado

Te enviaré rosas negras

Muy lejos nos esperamos el uno al otro

Todavía estoy en ese camino a ninguna parte

Bésate por mí en el espejo

Ata una rosa negra en tu cabello

No pierdas la fe

Comparte otra noche conmigo

Ella cerró el papel y lo devolvió a su lugar. Cada palabra le llegó al corazón... a su atribulado e indeciso corazón. Sonrió con lágrimas en los ojos. Es cierto, para ella todas sus conexiones ocurrían de noche ya que solo conocía la oscuridad del universo. Ella misma se lo dijo... estaba condenada a vivir en una nave sin rumbo fijo. No sabía lo que era ver amanecer un nuevo día... no sabía lo que era la Luz.

No me dejes ahora...

Quédate otro día conmigo

Lo pensó, rogando que él la escuchara. Y así fue... mientras él iba llegando a escondidas a su habitación, la escuchó.

- Dijo "día" - pensó, sonriendo para si mismo.


Inspirada en la canción " Ten black roses " The Rasmus