Después de casi 9 meses de entrenamiento, debía sentir que ese era su lugar, su destino en el universo... pero no. Su cabeza era como un tornado que no podía avanzar sin dejar desastre a su paso. Así era su vida... así siempre lo fue.
Estaba más sola que nunca. El Imperio que heredó era un recuerdo ya tan lejano... no quedó nadie de ahí. Solo ella y una libertad condicional que quizás no merecía. Era una Sith. ¿Acaso no debía recibir un peor castigo por seguir los planes que sus padres y abuelo trazaron para ella?
Y ahora lo detestaba más que antes, porque él había continuado con su vida sin ella. ¿Qué esperaba en realidad después de lo terca que fue? ¿Cuándo le dio decenas de oportunidades pero no le hizo caso? Quizás... ¿su perdón? Lloraba en secreto, nunca se mostraría vulnerable ante nadie. Menos ante él: su martirio personal, aquel hombre que fue por años Comandante Militar de la Resistencia y luego su Par en la Fuerza... su Diada.
En cada entrenamiento que tenían con Luke, percibía que a él no le importaba. ¿Ya había renunciado a ella? ¿Tan estúpida fue? Parecía estar ahí obligado por un compromiso que la Fuerza le impuso. Era doloroso captar que Ben ya no quería estar cerca, hasta cierto punto lo comprendía: ella jamás fue algo positivo para él. Aún recordaba las rosas negras que le regaló aquella vez y de la hermosa nota que le dedicó: cedía a las lágrimas de solo pensar en que lo perdió todo por no querer renunciar al poder. Ese vano y ambicioso deseo que ahora no existía.
- Desde ahora, Rey, serás escolta de los guardias de máxima seguridad que trasladen presos peligrosos y los ayudarás en lo que necesiten. Esa es la mejor opción a la que puedes acceder conociendo tus antecedentes- le comentó Luke después de entrenar
- Gracias, Maestro. Lo haré. De veras agradezco que busque opciones para mi que no involucren cadena perpetua... o la muerte-
- No cometiste las atrocidades de tu familia. Eres diferente a ellos-
- Pero igual soy una sith- insistía
- Quieres seguir siéndolo? Sabes que es tu decisión-
Ben observaba en silencio aquella conversación. Cada vez se le hacía más difícil entrenar con ella. De veras ya pensaba que era un caso perdido. Porque desde que llegó a la base, la chica no dejaba de alegar por todo. Era sumamente caprichosa. Aún así solo con Rey tenía esa conexión inigualable... solo a ella quería abrazar si la veía en un mal día. Tai se lo dijo sin rodeos: "ella es como un huracán, y a ti te encantan los desastres". Siempre tan oportuno y certero... sin duda su amigo era un jedi muy sabio e insoportable también.
- Tú, Ben, la supervisarás. Al menos en sus primeras misiones. No puedo mandarla sola sin alguien que la vigile- añadió Luke
Los dos suspiraron al mismo tiempo: él por resignación, ella satisfecha por saber que no vendría un extraño a darle órdenes.
Aquel día llegó, ambos subieron en silencio al Halcón Milenario. Rey no sabía qué hacer o decirle para que la dejara de odiar. El viaje de 4 horas estándar sería eterno para los dos estando tan cerca... tan lejos en realidad.
"Sé que te molesta su actitud. Pero tú la querías, me lo dijiste, hijo. Eso no puede cambiar tan rápido si el sentimiento es real. Si lo que Luke dice es verdad, entonces aprendan a estar juntos... es tu oportunidad. No la desperdicies"
Ya habían pasado varias horas de silencio absoluto. Solo se veía la oscuridad del universo desde aquel ventanal de una de las habitaciones del Halcón. Las palabras de su padre seguían rondando su mente...
- Ben?-
Se volteó a verla sin responder.
- Yo... sé que... tal vez ya eres feliz con May pero--
- Es solo una amiga. Ya deja ese tema- la interrumpió molesto
El rostro de la chica se contrajo, reprimiéndose las ganas de llorar.
- Yo... discúlpame... por todo- solicitó apenada, en voz baja
- Cumple con las misiones que te encargarán. Ni más ni menos. De acuerdo? No quiero problemas con la Nueva Orden Judicial que se instauró - le contestó concentrado en observar las estrellas en su horizonte
Ella asintió sin palabras. Se giró para irse derrotada pero su voz la retuvo.
- Rey?-
- Sí? -
- Sin importar nuestra diferencias, somos la Díada de la Fuerza. Como sea debemos traer el equilibrio para que no aparezca una amenaza mayor. Lo comprendes, cierto?- continuó sin siquiera darle la cara
- Lo sé. Me estoy esforzando-
- No! No lo haces!- le gritó mirándola con severidad- Vienes a mi pidiéndome perdón como si fuera un chiste! Décadas en guerra que para ti se van en una simple palabra. Disfrutas burlándote de mi? Del dolor que tu maldita familia le causó a la galaxia?!- le recriminó frente a frente
- No! Lo digo en serio! Me equivoqué!- suplicó
- Pero ya no te creo- admitió con sus ojos llenos de lágrimas - Perdí toda esperanza en ti-
Aquella jovencita que atrapó su corazón, que se veía tan perdida y que él quiso atraer a la luz... atraerla junto con él... ahora le causaba tanto dolor como seguir en guerra.
"Ella será tu peor pesadilla" fue lo último que Palpatine le dijo antes de morir... Cuánto odiaba que ese anciano tuviera razón.
- Soy diferente ahora, Ben. No me odies- rogó con fervor, cediendo a las lágrimas, sin querer tocarlo para evitar sentir su desprecio.
- Solo obedece para que pronto me pueda ir- le ordenó con frialdad, pasando indiferente por su costado.
Tenía el corazón roto por un hombre. Su yo de hace unos años atrás se habría burlado por ser tan patética. Sí, toda su familia la humillaría por ello. Pero escucharlo decir eso fue peor que perder a su familia: era una condena a su rechazo permanente.
"Perdí toda esperanza en ti"
Estaba sentada esperando instrucciones en una de las cárceles más seguras de la galaxia. Ella yacía ahí, muerta en vida.
- Vamos- le indicó Ben, llegando a su lado con 3 oficiales. Ella los siguió. Entraron a una de las celdas donde estaba un besalisko.
- Habla o ella buscará las respuestas en tu cabeza- lo amenazó uno de los oficiales, señalando a Rey
El prisionero se burló, asegurando que aquella débil mujer no les serviría de nada. Ella sonrió. Le encantaba demostrarle a todos lo poderosa que era en realidad.
- Rey... Rey!!- la llamó Ben desde la puerta de la celda, al verla azotar al besalisko contra las paredes- Lee su mente, nada más! - le ordenó
- Me molesta que griten. Prefiero hacerlo cuando están inconscientes- le respondió, arrodillándose donde estaba el cuerpo para tocarle la cabeza
- Disculpen, es su primer día - añadió el joven, tratando de tranquilizar a los guardias que se estaban escondiendo tras él
- Ya terminé. Quién sigue?-
Ahora optó por desmayarlos usando la Fuerza para evitar que su supuesto supervisor la reprendiera de nuevo. Después de visitar 6 celdas más, acabaron su labor por el día. Estaba agotada pero satisfecha de sentirse útil.
- Lo hiciste bien- comentó él mientras la acompañaba a la habitación que le habían asignado. Serían 4 días de interrogatorios intensivos.
- Sabes que no es cierto. Quería golpearlos a todos. Soy un desastre- reconoció culpable a su lado
- Al menos sé que puedo confiar en ti. No ocultaste información de todo lo que descubriste. El vínculo me lo mostró, lo mismo que tú viste en ellos- le sonrió, alegre de saber que ella sí quería ser mejor
Rey se sonrojó al instante al notarlo tan cordial y amable. ¿Estaba feliz? Le respondió la sonrisa sin dudar.
- Quiero... quiero que algún día estés orgulloso de mi- lo miró ansiosa. Ya habían llegado a su habitación.
- Lo sé. Pero mientras tanto... no voy a negarlo, me encantan los desastres-
- En serio?- se le acercó la mujer, reduciendo al mínimo la distancia entre los dos, sin despegar su mirada ilusionada de los ojos de aquel hombre que le tenía presa el alma
- Osea... yo...- se maldijo para sus adentros. Él mismo se había puesto en ese aprieto.
¿Por qué no puedo quedarme callado? Seguía castigándose, mirando a todos lados para que no los vieran y malinterpretaran la situación. Volvió a enfrentarla buscando una excusa y alejarse, pero sus ojos brillaban de forma tan sincera... irradiaban Luz. Asombrado ante aquella expresión de la Fuerza, tomó el rostro de la joven con una de sus manos. Ella sonrió ante la caricia. Sin duda ya no era la Sith que conoció.
- Comandante Solo, el General a cargo lo busca- informó un oficial que apareció de pronto a sus espaldas
Se separaron de inmediato. Ella entró a su habitación y cerró la puerta. Ben asintió y siguió al oficial.
Ya cumplía 3 días en sus labores en aquella cárcel. Se suponía que Ben iba a irse el día anterior pero no lo hizo. Agradeció aquello. No sabía porqué se sentía tan mal. Tal vez las náuseas se debían al excesivo esfuerzo por leer tantas mentes en el mismo periodo o por las constantes pesadillas que no la dejaban dormir. Recuerdos del pasado que solo venían a torturarla cuando más necesitaba descansar.Las peores prácticas que sufrió se hacían presente de nuevo en sus sueños:
No puede quedar nada de Luz en ti
Escuchaba la voz de su padre, vez tras vez, para luego someterla a los peores entrenamientos con apenas 5 años.
Ya no lo soportaba. Su propio ser la estaba traicionando. Necesitaba ayuda y solo él estaba ahí para eso. Era de madrugada cuando salió por la ventana de su habitación. Ya tenía identificada la de él.
- Ben?- susurró al entrar por su ventana, pero el hombre no le respondió
Se le acercó sigilosamente. Se sentó en la esquina de esa enorme cama sin que él notara que estaba allí.
- Daría lo que fuera para dejar de ser quien soy- sollozó, levantándose para irse y dejar de sentirse como una molestia
- Rey? Qué pasa?- se despertó confundido en medio de la oscuridad, reconociendo de inmediato su presencia
- Disculpa, yo...-
- Te sientes mal? Percibí que andas inquieta por eso no me fui ayer-
- Es que tengo pesadillas. Puedo... quedarme?- murmuró tímida
Era muy riesgoso hacer algo como eso. Temía por su propio autodominio. Y aún así no pudo evitar reflejarse en ella, recordando a aquel pequeño que sufría de noche escuchando voces que no lo dejaban dormir. Pero tuvo a su familia de contención. ¿A quién tenía ella?
- Quédate. Dormiré dándote la espalda para no incomodarte-
Ella aceptó con gusto, quedándose acostada en la otra orilla de la cama.
- No me quites las sábanas, sino ahí sí tendremos problemas- le advirtió él antes de intentar dormir otra vez
- Otras lo hacen?- preguntó sin pensar, queriendo moderse la lengua por imprudente
- Otras? No sé de qué hablas. Yo no comparto mi cama, así que no te acostumbres. Ahora duérmete -
Ella se quedó ahí, algo nerviosa, hasta que el sueño la venció. Cuando despertó, no fue precisamente por la luz del amanecer sino por una mano que no dejaba de acariciar sus nalgas. Abrió los ojos asustada cuando notó que estaba frente a él, casi abrazados. Su rostro estaba por debajo de la barbilla de Ben. Le escuchó murmurar algo entre sueños mientras su mano seguía hurgando entre su pijama y la ropa interior.
Debió atacarlo enseguida. Aquel toqueteo no era muy diferente a lo que Ren le hizo... y sin embargo sí lo sentía distinto. No le generaba repulsión. Al contrario, lo estaba disfrutando. Sabía que estaba mal... se sintió pésimo al pensar que tal vez la estaba tocando mientras soñaba con otra mujer. Intentó separarse con cautela pero eso solo hizo que él la atrajera más hacia él, generando un gemido involuntario en ambos.
- Ben...- lo llamó casi sin voz, rogando para que detuviera el trayecto de su mano que rondaba peligrosamente su intimidad. La dureza en medio de la cadera del hombre tampoco estaba ayudando.
- Rey...- lo escuchó balbucear dormido
Estaba despierta hace mucho así que lo oyó claramente. Él seguía en aquel juego inapropiado de sus manos y ella no podía creer lo que acababa de escuchar. Levantó su rostro hasta tenerlo frente al de él, escuchando lo que parecía un ronroneo. Ahora sí, Ben estaba metiendo sus dedos en terreno prohibido y ella no se quedaría ahí como si nada.
Lo besó en los labios desconcentrándolo de su misión inicial. Él siguió el nuevo juego, disfrutando cada detalle que parecía tan real...
Ella quiso abarcar cada rincón de su boca casi como un acto desesperado de intimidad... de aceptación. Él respondió cada beso con intensidad, aprisionándola entre su cuerpo y la cama.
Ambos se ahogaron, provocando que el hombre abriera los ojos. El sonrojo en las mejillas y labios de la joven eran evidentes. Él sonrió al verla tan hermosa. Se observaron un instante hasta que Ben se percató que el ambiente donde estaba no era el mismo donde creía estar. Esa no era su habitación en la base de la Resistencia. Miró a su alrededor, asustado. Luego la vio a ella aún sin decir palabra. Entonces entendió dónde estaba y en qué circunstancias.
Salió de la cama apresuradamente, deseando que se lo traga el suelo por la vergüenza que sentía. No podía verla a la cara.
- Yo... es que yo creí ... yo- intentó modular sin éxito
- Yo no debí...- quiso explicar pero no se atrevió a reconocer que ella había iniciado los besos
- Te toqué?- preguntó sintiéndose de lo peor
Ella asintió ruborizada.
- Perdóname, no era mi intensión. Lo juro-
- Pero te escuché decir mi nombre-
Ahora si no podía sentir su cara hervir más. Su cabello azabache contrastaba con ese tono carmesí.
- No... no volverá a pasar- logró excusarse
La chica lo miró furiosa, levantándose de la cama también.
- Fue real y lo niegas- le reprochó - Yo de verdad creí que... tú y yo- exhaló angustiada por su nuevo rechazo
- Rey... es complicado. Lo sabes-
Sabía que tenía razón. Se retractó de haberlo besado, de haber dejado que la tocara... Salió de la habitación, dejando al hombre con decenas de palabras en la boca sin poder pronunciar.
Consideró aquel momento como el peor error de su vida. Se arrepintió de haberla dejado dormir en su cama, junto con él. ¿En qué segundo se le pasó por la cabeza que aquello era buena idea? Se estaba reprimiendo al máximo con ella como para echarlo a perder. Aguantándose cada pensamiento impropio porque ser la Díada de la Fuerza no significaba necesariamente ser pareja. Porque después de tantos intentos fallidos por quererla a su lado, había desistido.
Rehacer su vida. Eso quería hacer cuanto antes, apenas terminó la guerra. May le dejó claro que no lo veía más que como un amigo. Se decepcionó porque sabía que era su culpa, porque lo vio furioso haciendo pedazos el Supremacy. Ella ahora admiraba más a Tai que a él: un duro golpe para su ego.
Ahora él era un desastre. ¿Cómo siquiera le iba a dirigir la palabra de nuevo?
" Rey, de verdad no quería tocarte. En realidad sí quiero, pero no debo. No después de todo lo que pasó durante la guerra. Quisiera seguir con mi vida y no lo consigo por tu culpa. Siempre estás ahí, todos los días y yo anhelando que me sonrías. Es estúpido porque sé que no puedo vivir sin ti"
Deseaba decírselo pero la presión externa era demasiada y él no daba más. Solo su padre y su mejor amigo sabían de sus verdaderos sentimientos porque casi lo adivinaron. Para el resto del universo él seguía siendo un ejemplo, uno de los mayores héroes a recordar.
Se fue de aquel lugar sin despedirse. En dos días más la vería de nuevo en D'Qar. Aprovecharía esos días para planear qué hacer con ella, cómo corregir su tontedad.
Pero el día llegó y Rey no regresó a la base.
Ya sé que me dirán que quizás fui cruel con esta parte pero es que no puedo evitar el drama en esa situación tan difícil en la que están. Gracias por leer y comentar
