Disclaimer. Naruto es propiedad de Masashi K.
Un sueño, una pesadilla
Sarada veía fijamente hacia un punto en particular, o más bien hacia algo: a un gato anaranjado olisqueando su biberón con leche goteando desde la punta hasta el piso. Era como si aquella bebé pelinegra lo asesinara con la mirada.
Mientras tanto, una gata pelinegra recargada en el pequeño asiento-cama de la bebé, moviendo la cola a un ritmo relajante, observaba detalladamente a Sarada, anhelando tocarla con su nariz rosada.
"¿A quién crees que Sarada-chan se parezca más, a Sakura-san ó a Sasuke-nii?", preguntó Hinata qué aún estaba ensimismada con la criatura.
"No se parece a Sasuke-Teme, eso es seguro", bufó en maullido, sabiendo que una bebé tan tranquila como Sarada no se parecía en nada a su oloroso, feo e idiota amo.
"Yo pienso que se parece mucho a Sasuke-nii, pero su cara es como la de Sakura-san", la bebé seguía mirando al ojiazul, seguramente esperando lo inevitable, y que efectivamente llegó…
Naruto lamió la punta del biberón.
"Euuh, no pruebes esta cosa Hinata, sabe horrible dattebayo", maulló intentando limpiarse la lengua lamiendo sus patas.
-¡¡Naruto !! - La voz de Sakura resonó por las cuatro paredes de la sala, erizando los pelos del gato en el proceso - ¡¿Cómo pudiste tomar del biberón de Sara…?! - Sus quejas fueron interrumpidas por el sollozo de una bebé asustada por tanto barullo de su pelirrosada madre. - Ouu Sarada, lo lamento, te espanté…- Inmediatamente la pelirrosa la tomó en brazos, con gesto culpable - Lo siento mucho amor, mamá se enojó con gatito travieso, ya sabes que Naruto hace que mamá se saque de quicio, es que él es muy… -
La señora Uchiha, cargando a su hija, se encaminó a la cocina hablándole amorosamente a su llorosa pequeña, dejando a dos felinos algo perplejos. Y Naruto cabizbajo con la cola entre las patas, fue a lado de su amiga que le dirigía comprensión en su mirada.
"Sakura-chan ha estado muy, eh, voluble últimamente", dijo con tono triste, y Hinata al verlo quiso animarlo.
"Ta-Tal vez sea porque ya es mamá, y tiene que ser más atenta con Sarada-chan", explicó con entusiasmo queriendo contagiarselo a su amado.
"Entonces mientras más tiempo pase con Sarada-chan, más pronto me olvidará", concluyó. Ahora el revoltoso gatito no sólo se veía triste, sino que incluso todo su pelaje estaba impregnado de su dolor con sabor a abandono, "Ella ya no me querrá".
El inseguro felino se recostó en el suelo con aire depresivo.
"¡No digas eso Naruto-kun! Sakura-san te quiere mucho", siempre que Hinata veía sufrir a su ojiazul, le pesaba en su corazón, así que, dispuesta a sacarlo de aquel engaño tortuoso que él mismo se había creado, acarició cariñosamente con la pata una oreja anaranjada suya y exclamó, "Siempre has sido especial para ella… Ni-Ninguno que te conoce bien dejaría de quererte".
"¿En verdad crees eso, Hinata?", se levantó rápidamente y su rostro estuvo muy cerca de la cara de la peliazul. Movió la cola fervientemente.
"S-Sí. Sí lo creo", maulló segura, y sin embargo, con una pizca de timidez.
¡Estaba muy cerca!
"Ya sé. Afuera. Sí…", él saltó de pronto al pronunciar estas palabras y que a la vez provocó escalofrío en su amiga, "Iré afuera…tal vez encuentre un obsequio para Sakura-chan, y si lo logro, ella recordará el amor que siente por mi. Incluso si tengo suerte, ella me querrá aún más. ", al decir esto rodeó a su amiga dando saltitos en el proceso, luego se puso justo a la par de la peliazul, bigote a bigote, y tomó su cola con la suya; haciendo de éste un gesto de agradecimiento, "Hinata, tú siempre estás cuando más lo necesito".
La nariz se le puso más rosada.
Lo amaba. Estaba segura. Completamente. Apreciaba mucho los momentos que pasaba con él - que por cierto desde que había nacido Sarada ya no jugaban como antaño, más bien se la pasaban vigilando a la bebé-. Por ello quería decirle lo que en verdad sentía. Quería que él lo supiera, y si era posible, que la correspondiera. Se daba falsas esperanzas pero no podía rendirse así de fácil.
"Naruto-kun, Yo… ", murmuró tan bajo que el minino no la pudo escuchar.
"¡Adiós Hinata! ¡Regreso a la hora de cenar!", rugió el blondo que en sólo un parpadeo ya estaba en el balcón parado sobre las rejillas para después dar un salto hacia abajo llegando así a unas escaleras de emergencia del edificio en donde ya podía descender con normalidad.
La pelinegra sólo pudo verlo desaparecer desde que saltó por el balcón, y un poco decaída por no tener posibilidad de acompañarlo se dió media vuelta en busca de algo con que distraerse. Después de todo, iba a ser una larga espera. De repente, un maullido estruendoso la hizo volverse hacia el balcón, y así apreció al mismo gato pelinaranja del cual ella era amiga.
"Gracias…", ronroneó él con pícara sonrisa y así mismo desapareció nuevamente de su asombrada visión.
A Hinata se le sonrojó su pequeña nariz, y un poco más animada por aquel repentino agradecimiento se encaminó a la cocina, donde se encontraban sus dos amas.
(...)
-Uhmm, de sólo olerlo ya se me hace agua a la boca…- Exclamó Sakura en el comedor conteniendo a Sarada en su regazo.
-Ya casi estará listo - Contestó el azabache que cocinaba una ligera cena para esa noche. Luego éste sintió que algo rodeaba sus pies, agachó la cabeza sólo para ver a una gatita hambrienta enredando sus piernas con su cola - No debes estar aquí, te puede caer aceite o algo. - Ella le regresó la mirada curiosa. - Cuando termine con esto, serviré tu cena. - Murmuró para su gatita, y la susodicha, como buen 'hijo' obediente, salió y se recostó a lado de la silla en la que estaba sentada la pelirrosa.
-Muero de hambre - Dijo Sakura a quien le sonaban las tripas cada tres minutos. Estaba ansiosa de comer los platillos de Sasuke, que eran tan deliciosos que hasta un chef lo envidiaría.-... Pero ése Naruto salió otra vez y aún no ha regresado. Así no podré comer tranquilamente -.
Hinata se paró al escuchar el nombre de su amado.
-Ya vendrá… - Contestó desde la cocina su marido. - Es demasiado glotón como para perderse la cena. - Agregó con una seguridad que hizo calmar un poco a Sakura y a Hinata.
-Sí, supongo que tienes razón… - Suspiró, para luego mirar desde su asiento a la peliazul que hace instantes estaba recostada - También estás preocupada ¿No es cierto? - Al terminar la frase, acarició la cabeza oscura de la ojiperla con cariño. - Tranquila, Naruto siempre regresa antes de las siete -.
Eran cinco para las siete.
Y justo antes de que Hinata considerara una vez más dar cincuenta vueltas por todo el departamento tal cual en la media hora anterior como una forma de disminuir su ansiedad y preocupación, Naruto atravesó el gran ventanal corredizo - por un espacio estrecho que habían abierto para él -, para después correr alborotado a los pies su querida dueña acompañado de un sonido tintineante.
Ambas féminas lo detallaron con asombro, pues aquel gatito travieso le hacía honor a su apodo al estar completamente sucio y lleno de hojas por todo el pelaje, que por cierto, éste estaba totalmente esponjado.
"¡¡Llegué!!", su maullido no fue muy entendible para la peliazul, ya que el hocico del blondo tenía un objeto brillante que no podía definir muy bien que era, "Ya llegué…", reiteró con un suspiro agotado.
"¡Naruto-kun!"
-¡Naruto! ¿Se puede saber en dónde estuviste? ¡Me tenías preocupada! - Luego, como si se acordara, miró de reojo a Hinata. - Nos tenías preocupadas -
El ojiazul apenado sudó frío en respuesta, para posteriormente pararse levemente en dos patas y encajar sus garras delanteras en las lechosas piernas de Sakura con el fin de impulsar su hocico hasta las palmas de ella.
-¿Qué… - Al ver lo que depositó en su mano, se quedó enternecida durante algunos segundos. - Es para mí? - Obviamente el gato no iba a contestar sin embargo al verlo alejarse e inmediatamente sentarse justo frente a ella con unos ojos que destellaban un deseo de querer ser aprobado… Decían más que mil palabras. - Gracias Naruto. Es muy lindo. -
Hinata tuvo curiosidad qué era aquel tesoro que le había dado Naruto, pero no pudo acercarse más, ya que el aura que rodeaba a la dueña y a su mascota contenía una sincronía de sentimientos y emociones de los cuales ella no pertenecía. Era un momento sólo de ellos dos. Uno que a plena vista era uno lleno de remembranza y amor.
Sus miradas parecían conectadas, azul y verde, aqua y jade. Hablaban sin hablar. Se comprendían perfectamente, una intimidad que sólo tenían amo y gato.
Hinata nunca fue egoísta, y mucho menos con las personas que amaba.
Con su padre, que la había abandonado en aquel callejón con tal de reencontrarse con su madre y con su hermana Hanabi; ella se sintió feliz.
O con Sasuke cuando comenzó a pasar más tiempo con Sakura que con ella, dejándola en ocasiones con sus miedos latentes en la soledad del apartamento; se sintió feliz por él.
Incluso en éste momento, como en muchos otros protagonizados por su amigo felino; se sentía feliz por él, por haber alcanzado una vez más el cariño de Sakura con sólo un acto gatuno.
Sin embargo, conforme pasaba el tiempo… Conforme Naruto ocupaba más espacio en su corazón… Una pizca de egoísmo se asomaba cada día, una pizca de insuficiencia crecía en su cariño y otra pizca de tristeza cosquilleaba en sus ojos perla; estimulandola a llorar.
Sentada, enroscó su cola detrás de ella, apretandola contra sí misma, sintiendo ese dichoso egoísmo recorrerla de patas a orejas. No pensaba en nada. Únicamente sentía las emociones sombrías consumirla.
Cabizbaja, Hinata se dirigió a su lecho que se encontraba en la oscuridad de la sala de estar, a lado del comedor en donde estaba la leve luminosidad amarilla.
-La cena está lista - Comentó Sasuke, que ya se había enterado desde hace un buen rato del regreso del pelirrubio. Dejó los platos de su esposa y suyo primero para después dejar los tazones de los gatos en el suelo. - ¿No vas a comer Hinata? - Llamó confuso al ver a su gata alejarse. Después de todo, hace unos minutos se mostraba hambrienta.
"No tengo apetito", Susurró creyendo por alguna razón que él la oiría - o peor, que la entendería - a la vez que se acostaba en su colchón. Cerró sus párpados, añorando dormir antes de que le llegara el primer pensamiento a la mente.
Naruto siempre querría y adoraría a Sakura. Y ella solo era una amiga para él; En la vida él sentiría por ella lo que siente por su querida ama.
(...)
A mitad de la noche sintió algo que le mojaba su mejilla azulada, dejándole húmedos también sus lindos bigotes ¿Eran…Lamidas? Eso parecían, ¿Quién lo hacía? No podía pensar en alguien en especial, estaba tan adormilada que sólo quería seguir durmiendo, sin embargo le era imposible ignorarlas haciendo que regresara del mundo de Morfeo. Parpadeó lentamente hasta acostumbrarse a la luz de la luna reflejada en el ventanal dándole directamente a ella.
"Hinata, despierta".
"¿Na-Naruto-kun… ?", ronroneó adormilada.
"Despierta, tengo algo para ti", maulló alegre.
"¿Ah sí… ?", Le era tan difícil abrir los ojos y mantenerse cuerda ante las palabras de su amigo. Por cierto, ¿Acaso él le había lamido? Era una verosimilitud incongruente, que él la despertara sin su característica brusquedad, reemplazando la con un acto tan… ¿Cariñoso? No, seguro ella estaba imaginando la humedad escurriendo en sus lindos bigotes, "¿Q-Qué… Qué es?".
"Abre los ojos y verás".
Hinata hizo caso a su pedido con pesadez, mostró sus pupilas lavanda observando por fin al blondo que estaba sonriendole y que movía la cola con entusiasmo como si despertar a alguien por la madrugada fuera cosa de todos los días.
"Pe… Perdón por preguntar pero, ¿Qué es lo que debo ver?", el lugar se veía bastante normal.
"Oh bueno, es que está atascada en mi cola, ¿Podrías sacarlo?", preguntó con tono divertido.
"Si", efectivamente había algo rodeando su cola, era un pequeño hilo con una bolita dorada amarrada a él. La de ojos lavanda se acercó y con sus diminutos colmillos tomó aquel hilo y lo deslizó hasta el final de la cola, para depositarla en el suelo segundos después, haciéndola sonar dulcemente en el proceso; ya había escuchado eso antes, "¿Es esto, Naruto-kun?".
"Si, es para ti".
"¿Para mí?", A pesar de que Naruto ya se lo dijo dos veces, ella realmente no le había prestado atención hasta ahora.
"¡Si!", maulló con un deje de desesperación, "Es tuyo".
Hinata impactada le mostró sus perlas turbias.
"¿Cóm-… Cuándo… ?", la confusión y el sueño, no eran una muy buena combinación, "¿Por qué ?" .
Naruto entendió su perplejidad, sin embargo estaba algo decepcionado por su reacción ya que se esperaba una llena de furor y cariño.
Suspiró, "Encontré el regalo prefecto de Sakura-chan minutos después de que salí de casa, en un callejón de mala pinta...", sintió una bola de pelos en la garganta al recordar el abominable olor y la desagradable vista de aquel lugar que incluso en este momento le afectaba todos sus sentidos, "En fin, como lo había encontrado bastante rápido, quise pasar y darle una visita a amigo Shikamaru, ¿Recuerdas que te hablé de él?".
"S-sí. Lo recuerdo".
El susodicho había sido uno de los mejores amigos de el blondo, según palabras del mismo Naruto, se habían conocido en una intensa pelea contra unos perros que siempre merodeaban por el territorio de una pandilla gatuna en una estrecha calle desolada, no muy lejos del hogar del matrimonio Uchiha . Aquella zona por la que tenían riñas era habitada por muchos gatos callejeros, entre ellos Shikamaru.
Naruto, al ser como es, ayudó a sus "hermanos" abusados por las fechorías de aquellos canes. Entonces él, junto con Shikamaru y sus camaradas; Chouji, un gato castaño y rechoncho; Tenten, una gata tierna pero de temer; Kakashi, un gato que en sus tiempos libres le encanta ver dramas en la televisión de casas vecinas; Ino, una gata que coqueteaba hasta con las aves; Nagato, un colorado ga…; Temari, la fiera engatusa…; en fin, muchos gatos.
"Mientras le hablaba de lo alegre que se iba a poner Sakura-chan cuando le diera lo que encontré para ella, me percaté que en la perilla de una ventana -en uno de los departamentos viejos que hay por toda la zona-, estaba colgado una esfera pequeña y brillante, que sonaba cuando lo movía el viento… Como un tintineo ", Naruto no paró de parlotear velozmente hasta aquella parte, expectante y mirando intensamente a la ojiperla, "Cuando lo escuché, me recordó a tu voz Hinata-chan".
" ¿Mi… Mi voz? ", ahogó su asombro.
" Si. Bueno...Ya sabes...", y Hinata extrañada vio a Naruto cohibirse, "Como dulce". La perplejidad de la gatita hizo que Naruto se incomodara, ocasionando que el silencio inundara el espacio por un tiempo. Luego, Naruto prosiguió. "... Pero cuando estaba a un colmillo de tomarla una paloma paliducha me la arrebató con sus garras, entonces tuve que…", Hinata escuchaba parcialmente lo que decía pues su mente en realidad estaba asimilando todo lo que le había dicho su amado hace instantes, "Si, es para ti", "Ya sabes...Como dulce", incluso se quedó rígida al recordar la forma en que Naruto la había despertado, "... Luego esa paloma llamó a sus amigas y todas me atacaron. ¡¡Eran más de cien!!, ¡Te lo juro dattebayo! , ¡Tuve que pelear con todas esas cosas!", Al maullar ésto, el peli naranja se puso en posición de pelea, lanzando patadas y garrazos al aire. Como para hacer más realista su narrativa.
"¡Oh, Naruto-kun! De-Debiste ser muy valiente", Hinata lo miró asombrada, crédula de todos los detalles exagerados de Naruto, que querían hacer relucir frente a la Hermosa gatita, la fortaleza y el heroísmo de nuestro Travieso gatito, "¿Te hirieron?", ronroneó preocupada.
"No, no", se pavoneó Naruto, cuando en realidad él no había parado de gemir por el dolor que le causaron sus picotazos, "Nadie podría. Hinata, cuando estoy aquí no puedo mostrar verdaderas mis habilidades, sólo puedo hacerlo cuando estoy afuera. Si me vieras, te quedarías sin palabras".
"Ya veo, entonces pudiste vencerlas".
"Si, pero luego me hice amigo de la paloma que me había quitado el cascabel, o así me dijo que se llamaba ésto", lo señaló con su nariz , "... Aunque Sai sólo me lo había robado para molestarme", Hinata concluyó que se refería a la misma paloma. La pelinegra comenzó a olfatear el cascabel, curiosa. Sin embargo, fue interrumpida por Naruto que de manera sorpresiva se había puesto enfrente de ella, haciendo que se tocarán sus narices por lo cerca que estaban uno del otro. "¿Te gusta?", cuestionó anhelante.
Hinata se sonrojó por la cercanía, y más porque su amigo parecía muy cómodo con esa situación. Ella sólo quería apartarse de la vergüenza, pero estaba paralizada, como si su cuerpo hiciera caso omiso a su mente.
"Y-Yo…", las perlas aguamarina empezaron a brillar más, Hinata sólo pudo perderse en sus pozos profundos que reflejaban los suyos propios. Entonces el recuerdo que Sakura y Naruto tuvieron hace unas horas, ése que le hizo encelarse tanto, se le vino a la mente. Él le había dado un presente a su querida ama, uno en el que estaba materializado el mucho cariño que él le profesaba. Sin embargo, también le había dado un presente, igual de especial, a ella, sino fuera así, él no se hubiera arriesgado tanto por aquel cascabel… ¡Naruto la apreciaba, y mucho, tanto como adoraba a Sakura! Y ese detalle, hizo que se le calentara el corazón. "Me, Me encanta Naruto-kun… Es muy bello. Gracias".
En respuesta, el pequeño adulto sonrió hasta que se le vieron sus relucientes colmillo. "Sabía que te gustaría".
Hinata rió, feliz. "Lo guardaré debajo de mi cama, así va estar seguro", ¡Por nada del mundo lo perdería!
"¿Qué? ¡No! ¡Debes ponertelo!", maulló muy fuerte y entusiasta que por fortuna no despertó a sus amos pero si erizó los pelos de la ojiperla, "Sai dijo que se ponía en el cuello de los gatos", Hinata lo miró confusa, sin entender cómo podía ponerse de accesorio ese cascabel, " y nosotros somos gatos… ", recalcó con obviedad, "Yo te lo pongo dattebayo". Naruto procedió a tomar la dichosa bolita dorada que tintineaba como la voz de Hinata, según el propio Naruto, y lo puso sobre la cabeza de su amiga, jalandolo hacia abajo para posteriormente quedarse colgando en el lindo cuello de la gatita. "¡Listo!".
Hinata no pudo ver el cascabel adornando su cuello por claras razones, sin embargo cuando comenzó a caminar, se escuchaba el suave aleteo de una estrella. Ella sonrió. Luego pudo verse en el reflejo del gran ventanal corredizo, sus ojos lavanda, su pelaje oscuro y nocturno, y su cuello brillando a causa de la esfera sonante. Se sintió hermosa.
Ahí mismo, en el reflejo, pudo apreciar por un momento como los ojos de Naruto se hacían más oscuros y atrayentes. La miraba.
_… _
Era un domingo frío, después de todo ya estaba comenzando la estación de vientos inaplacables y de las ensordecedoras hojas secas cayendo de los árboles. El matrimonio acurrucado en el sofá admiraba a su bebé hacer burbujas de baba que escurrían desde sus labios.
Sasuke se encontraba recargado en el respaldo más apacible que nunca. Desde siempre le ha gustado sentarse ahí junto con su esposa y sus gatos, que de alguna manera le daban calma y felicidad. Sin embargo, ahora con la pequeña Sarada a su alcance, se sentía en las nubes.
Mientras estaba en sus ensoñaciones, un conocido peso subió a sus piernas, era tan ligero que ni siquiera sentía punzaciones de molestia en el regazo.
Como si fuera instintivo, bajó su mano hasta acariciar melodiosamente a la dichosa criatura que se había posado sobre él restregando su cuerpo negro y brilloso al abdomen de su dueño, buscando el cariño cuidadoso que sólo Sasuke le daba con las suaves caricias de sus dedos ágiles y varoniles, los cuales en seguida el azabache enredaba en los mechones azulinos de su hermosa gatita.
De vez en cuando, miraba a sus ojos lavanda llenos de una profundidad tan misteriosa y tierna que le hacían lamentar no poder comprenderla. Solo tenía la oportunidad de acercarse más a su mundo cuando ella se acomodaba tal cual bebé dentro de su blusa a la vez que lo observaba con esas perlas gatunas que a veces lo dejaban hipnotizado durante algún tiempo.
Se sentía bien. Rodeado de sus tres queridas - y sí, por supuesto que Hinata también contaba- en una apacible tarde de domingo.
Claro que la tranquilidad de Sasuke no podía durar mucho tiempo.
De pronto, un peso tosco se clavó en sus muslos haciendo que Sasuke soltara un quejido. Era Naruto. Y su cuerpo era tan apabullante que a penas y la delgada Hinata podía caber ahí. El moreno, ya sospechaba lo que iba a pasar a continuación.
Hinata que desde hace un par de minutos se encontraba restregandose amorosamente a él, fue repentinamente apartada por el Travieso gato cuando él pasó campante entre Hinata y Sasuke.
La gatita confundida por la acción de su amado, decidió bajar al suelo dejando el cómodo regazo de su amo, y al hacer ésto se escuchó el sonido tintineante del cascabel que acicalaba el cuello de la peliazul "¿Desde cuando tiene esa cosa?", pensó.
El Uchiha estaba completamente irritado. Se podía apreciar su mirada ponzoñosa hacia el blondo que parecía estar a punto de saltar al piso para unirse con su amiga. Triunfante.
Pero antes de que pasara aquello, Sasuke le tomó un pellejo del pescuezo, y volteó su cuerpo para que sus miradas se encontraran:
-Tú, Dobe, ¿Qué te crees? - Su voz era áspera pero con un deje de divertida malicia. - Ya van tres veces que te pones así de posesivo con Hinata. Estoy harto de que siempre la apartes de mi. -
Su negra mirada quiso matar al dichoso gato, y Naruto respondió con la misma ferocidad, no sólo en sus azulinos ojos, sino que también en sus garras que empezaron a
encajarse en las manos de su 'odioso' amo.
Sasuke lo soltó maldiciendo por el dolor.
Y el celoso gatito se fue a lado de su querida amiga como si nada, olvidando lo anterior acontecido, motivado por la posibilidad de jugar nuevamente con Hinata. El padre de Sarada al ver aquello, le dio un tic en el párpado izquierdo.
Cómo lo anteriormente dicho, la tranquilidad de Sasuke no podía durar…
-Naruto… - Susurró con molestia.
Y Sasuke pareció escuchar que Sakura e incluso Sarada se reían de él.
Sobre todo con su rival cerca.
_… _
Ella estaba sentada frente al gran ventanal corredizo, observando la ciudad iluminada por los rayos del sol; a la gente que sobresalía de los edificios y de las calles haciendo sus actividades cotidianas. Su hermoso pelaje color noche, tal liso y brillante, hacía que él contuviera la posibilidad de querer apegarse a ella, a su cuerpo tan suave y confortante. Quería frotarse la cara contra el menudo y pequeño cuerpo de la felina.
Él contemplaba a su querida amiga. La creía bastante linda cuando ella se ensimismaba en su mundo. Comparada con otras gatas callejeras que siempre encontraba cada vez que paseaba por la ciudad - y que además le ronroneaban y se restregaban a él con tal de que les prestaste atención-, Hinata era mucho más bonita. O eso era lo que él pensaba.
Naruto, desde que la conoció, la había perseguido por todas partes, sin descanso, dejando bastante agotada a Hinata al final del día; claro que sólo con motivos de diversión y amistad. Sin embargo, en los últimos dos meses, y que para los gatos eran como dos años de sus vidas, un poco antes de que naciera Sarada; Era como si él ya no sintiera la suficiencia de tener las jugarretas con Hinata, algo bruscas y sin sentido que sólo en su sano juicio harían gatitos de apenas seis meses de edad.
A veces, imaginaba que él y ella, en una noche, saldrían a pasear, tal vez, unidos de las colas, y sus cuerpos a corta distancia para mantener el calor. Él le enseñaría los lugares más increíbles que había encontrado en la ciudad, y que le presentaría con quienes había hecho amistad.
Algunas otras veces imaginaba que cuando Hinata tuviera a su bebé - y esperaba que no sucediera en un largo tiempo -, ella le pediría que fuera el papá del pequeño, aquel que siempre lo protegería de sus malas caídas. Además de pedirle con ronroneos y movimientos ondulantes con la cola - Naruto no sabía realmente por qué imaginaria a Hinata así, ella nunca se pavonearía sensualmente por nada-, que fuera lo que Sasuke era de Sakura… Y así, sin perder su compañía.
No sabía por qué pensaba semejantes cosas, sin embargo le encantaba la idea de que se relación fuera más… ¿Íntima? ¿Romántica? Pero por qué lo querría, si Hinata era sólo su querida amiga. No entendía mucho aquello, pero cuando la veía, absorta como ahora, tan bonita y calmada…Él sentía que la quería. Le latía pesadamente su corazón, sus ojos azulados no podían separarse de ella, y su nariz se volvía un poco rosada.
No como quería a Sakura-chan; con adoración divina, como si ella fuera la entidad suprema que lo cuidaba y le daba cariño. Era la persona que más apreciaba de todas, su persona, pues siempre había estado con él, aunque hiciera miles de travesuras ella, sin vacilaciones, lo aceptaba como era… La quería mucho.
Con Hinata era distinto; ella era la su más preciado ser, su más querida amiga, quién había pasado sus más divertidas aventuras y juegos - más cuando eran unos lindos mininos en la adolescencia gatuna-. No podía explicarlo con maullidos, pero la relación que había tenido con ella desde el primer momento de su amistad, había sido especial. Como una conexión. Él se sentía, de cierta forma, unido a ella, como si fueran uno solo.
Si, Naruto la quería, siempre la había querido mucho...Como su preciada amiga. Claro que ahora la quería, aunque de una forma distinta, o eso empezaba a creer. Naruto ya no estaba satisfecho con sólo un par de jugarretas al día con la peliazul, él quería más y más de ella. Y no sabía realmente por qué.
"¡Na-Naruto-kun!", maulló avergonzada cuando descubrió a su vigilante, llamando la atención del susodicho que se había quedado en las nubes, "¿Cu… Cuánto tiempo m-me has estado viendo?".
Al blondo el corazón, en cambio como lo hacía antes, le empezó a latir muy rápido. Nervioso.
"¡Ehh, sí, sólo estaba esperándote, estabas muy concentrada-ttebayo!", maulló como su nada, con el típico tono despreocupado de cualquier gato Travieso, "desde hace unos… Cinco minutos tal vez", Hinata oyó la sospechosa inocencia en su maullido.
_… _
Naruto se despertó en plena noche maullando del susto. Miraba desesperado alrededor, asimilando de que seguía estando en su hogar. Suspiró de alivio al asegurarse que si lo estaba.
Más calmado, giró su peluda cabeza en dirección que debía estar su amiga dormida en su pulcra cama. A veces, cuando ella está plácidamente dormida, él la observa con sus afiladas perlas azules, contagiándose de ése algo que ella sólo poseía. Por eso mismo, después de haber tenido esa horrible pesadilla, Naruto quiso girar para contemplar, como en otras ocasiones; su pelaje nocturno, su diminuta nariz rosada y sus constantes ronroneos soñadores que ni ella misma se daba cuenta de que los tenía.
Le relajaba de sobremanera.
Sin embargo, Naruto dio un respingo al darse cuenta que únicamente estaba el colchón morado y vacío de su amiga.
Sin Hinata.
Por un momento creyó estar todavía en aquella pesadilla. Entonces, alborotado, estaba a punto de encaminarse en una intensa búsqueda de Hinata cuando un tintineo resonó en sus oídos.
"Naruto-kun… ¿Te encuentras bien? ", maulló alarmada, pues había escuchado su alarido de horror.
"Hinata", trotó hacia ella algo abstraído pues no sabía si aún estaba durmiendo, "¿Dónde estabas?".
Pronto vio a la peliazul incomodarse; con la cola enroscada en su cuerpo y las patas delanteras ocultas en las traseras. Su nariz se ponía más rosada con cada segundo.
"Bu-Bueno yo… Estaba en", Naruto se sintió más curioso por lo cohibida que su amiga estaba, así que la miró con más intensidad lo que hizo que la gatita se viera obligada a explicarse, "... Yo estaba e-en, en… la arena".
"¿En la arena?", arrugó la nariz.
"Si", no podía regresarle la mirada por la vergüenza, "L-La arena".
Naruto entrecerró sus ojos. Aunque fuera inconsciente, aquella extraña y breve conversación con su amiga, le hizo olvidar la pesadilla que lo despertó brutalmente.
"Bueno", maulló Naruto rodeando a Hinata con su cola, para posteriormente recargar su cuerpo en el de ella, empujándola suavemente hacia el lugar donde estaban sus camas, "Vamos".
Para la ojiperla, Naruto era alguien impredecible, por ello aunque llevaran bastante tiempo de conocerse ella siempre se iba a sorprender por las acciones de su querido amigo.
Un ejemplo sería éste momento; Naruto la llevó casi a rastras a su cama morada, le pidió que se acostara, ella por supuesto obedeció tranquilamente encogiéndose sobre su cojín preparada para dormir… Claro que sus perlas saltaron de sus órbitas al ver cómo Naruto se acostaba en su cama, muy cerca de ella, casi encimandose por la forma desparramada en que la estaba.
"Na-Naruto-kun", preguntó al darse cuenta que él planeaba quedarse el resto de la noche ahí con ella, " ¿Sucede algo?".
Él no respondió al instante, se quedó viendo la luna a través de la ventana. Pensativo. Ido. Hinata se empezó a preocupar.
"No. Bueno…", volteó a verla fijamente, como si hubiera en sus pupilas una batalla de poder: en la que en un bando se quería callar y actuar como si nada, mientras que la otra hablar y confiar, "N-No, sólo fue una pesadilla".
La hermosa gatita se sintió perdida por el titubeo de su amigo, pues éste parecía desolado. A la defensiva. Él se miraba sus patas, pensando en cosas que Hinata no podría comprender; y eso a ella le entristecía.
Otro silencioso momento entre los felinos duró algún tiempo. Recostados en el lecho de la pequeña hembra, callados cuál cadáveres, uno indeciso y otra atormentada. Los ojos lavanda observaban el semblante del de ojos marinos ; que era apagado e incomprensible.
¿Cómo podía ayudarlo? ¿Cómo podía hacerlo sentir mejor?
El cuerpo de la gatita tomó la decisión antes que su mente, se arrastró un poco hasta quedar a la par de la cabeza gacha de su rubio, él le devolvió la mirada, ella tocó su pata anaranjada con la suya azulina. Él confundido. Ella sonrojada.
"Cu… Cuando yo era cachorra, antes de que Sasuke-nii me encontrara, tenía a mi familia; mi madre, mi hermana y mi padre…", de repente, Hinata comenzó a cohibirse: ¿Por qué quiso relatarle una cosa como esa? No iba a ayudarle a nadie esa historia, o eso es lo que pensó Hinata. En cambio Naruto, expectante, la miraba algo asombrado pues nunca, desde que habían interactuado, ella había hablado de su pasado, bueno ninguno de los dos lo había hecho, por ello el estar próximo a saber más de su querida amiga, le intrigaba mucho, " Vivíamos en un hoyo estrecho que atravesaba la pared de una casa. Padre siempre salía a cazar ratones para mí madre, y ella nos daba de comer a nosotras… Éramos demasiado pequeñas para comer ratones", Naruto se acomodó en otra posición en la que su cuerpo se expandía más por todo el almohadón. Y la peliazul, ya no podía dejar a medias su historia, "Un día, y-yo salí del hoyo, no recuerdo por qué lo hice pero cuando estuve afuera…Me perdí, y fui a parar a esconderme en unas cajas que había en un callejón porque unos perros me perseguían, c-creo que querían comerme…", Hinata se sintió un poco tonta, ¿Qué otra razón tendrían un par de enormes y flacuchentos perros, babeantes al perseguir a un gato en su camino?, " no se cuanto tiempo había pasado, tal vez todo un día. Y cu-cuando estaban a punto de encontrarme, vi a mi padre justo detrás de los perros, mirándome…".
"¿Y qué pasó?", Naruto se notaba ansioso, con el pelaje un poco encrespado. Temiendo lo peor.
"Él… Él se veía indeciso, y creo que en ese instante supe por qué… ", Hinata acurrucó su cabeza entre sus patas delanteras cuando se le empezaron a deslizar un par de lágrimas por sus lindos bigotes. Naruto se tensó. " Sus ojos estaban tristes, lo r-recuerdo muy bien, y… Y la última vez que me miró, yo… Y-yo…"
Su acompañante saltó sobre ella, rodeándola con su flexible cuerpo, su rostro anaranjado estaba pegado entre la oreja y el cuello de Hinata. La misma, se sobresaltó por el susto.
"Na-Naruto-kun… ", Él respondió con un simple ronroneo de protesta, "Estoy bien, sólo, sólo me sentí un po-poco triste… A-Aunque no lo creas, no culpo a padre por lo que hizo, de-de hecho, me siento de cierta forma feliz", Naruto la observó incrédulo y hasta con cierto grado de enfado, es que ¿Cómo puede ser que ella estuviera feliz por algo como eso?, "porque sé que mi madre y mi hermana están bien, ya que padre está con ellas".
Hinata sonrió, moviendo su pequeñita nariz mojada por sus anteriores lágrimas.
Naruto, podía decir, que nunca la comprendería. Era tan extraña su forma de ser, tan peculiar, que a veces no podía con ello. ¡Su padre la había abandonado! Y ella estaba bien con ello. Había estado a merced de aquellas bestias, una minina del tamaño de una semilla. Tan vulnerable. Y sin embargo, ella no culpaba a nadie.
Seguramente había más detrás de su historia, pero él ya no podía preguntar. Ni ella podía responder más.
Tal vez, influenciado por el momento, Naruto no pudo retener su lengua y no tuvo tiempo de cohibirse ante su declaración.
"Yo… Yo creo que tenía cinco de edad cuando me separaron de mi mamá…", Hinata se sorprendió y Naruto tragó saliva, "Recuerdo que ella siempre nos lavaba las patas a mi y a mis hermanos, a pesar de no tener una pizca de mugre", Rió suavemente cuando en su mente apareció una gata pelirroja correteando a sus mininos para lamerles sus tiernos cuerpecitos. "…Pero me gustaba que hiciera eso, también era muy regañona y a todos nos daba miedo cuando se enfadaba, aunque Nagato era el único que no se asustaba", Hinata concluyó que Nagato era su hermano. Ella veía los ojos de Naruto brillar, sonreía nostálgico. Y la felina también sonreía por los felices recuerdos de Naruto, "...Y-Yo la quería… Los quería mucho dattebayo.", claro que tarde o temprano tendría que acompañarlo en sus recuerdos tristes, "Un día, quien nos cuidaba en su casa, nos puso en una caja a mi y a mis hermanos… Nos puso en la calle, para darnos a diferentes personas que nos escogían uno a uno, yo sólo pude ver como se llevaban a mis cinco hermanos y me dejaban solo. Ninguna persona me eligió.", el dolor y la melancolía se formaron en las facciones gatunas del blondo, y Hinata, escuchándolo atentamente, tenía intenciones de volver a llorar, "La muchacha que me había puesto en la caja, y apartado de mi madre y de mis hermanos, se fue y me dejó ahí", por suerte para Naruto, desde el ángulo en que él estaba, aún encima de ella, Hinata no podía ver la dolencia enmarcada en sus ojos azules. "No sé cuánto me quedé ahí, pero recuerdo que vi el sol y la luna pasar sobre mí. Tenía mucha hambre y frío. Extrañaba a mi mamá y a mis hermanos…" Hinata lloraba a cántaros, no podía imaginar cuánto había sufrido. Al contrario de Naruto, que en lugar de llorar, mostró una sonrisa por lo siguiente, "Una tarde, cuando llovía, yo estaba pidiendo ayuda, no podía salir de la caja por más que quisiera, y las personas que pasaban, no me hacían caso. Pero apareció Sakura, y ella me salvó de todo".
Hinata volteó a verlo con sus ojos llorosos, impactada, "¿Sa-Sakura-san ?".
"Si", sonrió conmovido por la reacción de su amiga, y en un instante, sin pensarlo, Naruto le lamió sus párpados oscuros y mojados por las lágrimas. Hinata confundida por la acción, lo dejó hacer. El peli naranja se separó del rostro de ella, más sonriente que nunca y con un palpitar nervioso y apabullante en su corazón. "Aunque tú también me salvaste…", maulló al aire, esta vez sin mirarla.
A la peliazul le iba a dar un paro cardíaco por tantas emociones y sentimientos juntos y variantes. Sintió el peso de su amigo que estaba sobre ella desaparecer, para seguido verlo junto a ella, Acostado. Entonces supo que iba a dormirse ahí con ella.
"¿Es… Eso fue lo que soñaste?", Naruto volteó al escucharla, "¿A-A tu familia?"
"No", maulló cohibido, "… Te soñé, a ti, a Sakura-chan, a Sarada-chan y a Sasuke-teme", la pequeña adulta lo observó interrogante, "Se iban y me dejaban solo".
Hubo un silencio comprensivo por parte de la hembra, para después ronronear con dulzura "Nunca te dejaré Naruto-kun. S-Siempre voy a estar contigo. También Sakura-san, Sarada-chan y Sasuke-nii."
El Travieso gatito, al oír las palabras de su querida amiga, tan llenas de significado, se acostó más cerca de ella hasta llegar a recargarse en su costado, feliz.
"Lo sé, Hinata", eso había dicho Naruto sin embargo aún no eran muy ciertas sus palabras, ya que en unas semanas después él sentirá nuevamente la pesadilla de creerse abandonado por quien más apreciaba.
La gatita, algo consternada por todo lo que habían conversado, no pasaron ni tres minutos cuando escuchó al blondo roncar. Sonrió enternecida al verlo dormir.
Dispuesta a regresar al mundo de sueños, Hinata cerró sus párpados, imaginando alguna cosa bonita para disipar un poco la tristeza de sus historias y así poder dormir otro rato. Y lo logró, sin embargo al contrario de lo que ella esperaba en un sueño gratificante, fue uno que la atemorizaba diariamente.
Sus recuerdos se presentaron en sueños, ella, nuevamente como tierna y vulnerable minina, estaba a punto de ser encontrada por los feroces perros callejeros, abandonada por su padre hacía unos minutos que había decidido no arriesgar su vida en rescatarla para poder proteger a otras dos vidas que eran más capaces de sobrevivir en los crueles callejones de la ciudad. Hinata no tuvo de otra más que correr por su vida, temblorosa y sollozante, y en el proceso siendo perseguida por los canes anhelantes de cenar a una vulnerable y tierna criatura.
La pequeña gatita, antes del término del sucio callejón en donde daba partida a las amplias avenidas de la ciudad, ella logró divisar un gran contenedor metálico de basura que estaba casi pegado a la pared, y efectivamente al darse cuenta de éste detalle, Hinata llegó a la estrecha apertura de entre la pared y el contenedor, se metió fácilmente a razón de su diminuto cuerpo.
Aunque estaba con cierta seguridad de que los perros intentarían alcanzarla, con sus hocicos malolientes llenos de dientes afilados capaces de destrozar con un movimiento su pequeño cuerpo, sin éxito. Temblaba y temblaba. Veía a los canes gruñir y maldecir por no poder agarrarla.
Todo ese mismo día y gran parte de la noche también ellos siguieron intentando tomarla entre sus fauces. Y ella, de apenas cuatro meses de edad humana, y cuatro años en edad gatuna, sollozaba de terror, esperando que las bestias se fueran pronto. Al día siguiente, cuando planeaba salir de aquel escondite - pues no había visto a los perros hacía un buen rato-, una rata salió desde aquella estrechez en la que ella también se encontraba, sin embargo al hacerlo fue comida inmediatamente por los perros que habían estado esperando silenciosos a que la escurridiza gatita saliera. La sangre escurría en sus hocicos. La miraban a ella.
Moría de hambre y de frío. Habían pasado dos días. Sin comer. Sólo bebía el agua de lluvia, que caía desde el espacio de arriba que quedaba de entre la pared y el contenedor, y que además la dejaba empapada. Y aunque hubiera tenido oportunidad de salir sigilosamente o incluso despavorida en algún momento de confusión para las bestias, el tercer día fue cuando se definió de que no tendría posibilidad alguna pues un hombre ebrio que pasaba concurrente por ahí estrellando botellas contra la pared - y que siempre la hacía chillar del susto-, con tal de mantener el equilibro, se había recargado en el contenedor haciendo que el estrecho espacio se hiciera aún más estrecho y aplastando a la gatita en el proceso.
Creyendo que estaba cerca de morir, la de pelaje de noche, al cuarto día, divisó a un muchacho alto y moreno que había ahuyentado al can que había persistido en su caza. La sacó de su perdición. La tomó en sus brazos - o más bien ella fue hacia su encuentro-, y la cobijó en su hogar, y pronto, en su corazón.
Hinata durmió en la mayor parte con el ceño fruncido y con algunos gimoteos cuando estaba en la parte más fea del sueño - que fue casi todo-. Claro que al final de éste, se le formó una sonrisa llena de alivio y cariño.
Y Naruto, contrario a ella, soñó plácidamente como jamás pudo en su anterior siesta; soñó con croquetas de pescado, esas que tanto le habían gustado desde pequeño, también soñó con Hinata, ambos estaban bailando como solo los gatos podían bailar, en las calles de la ciudad, correteandose sus finas colas y pasando la noche acostados sobre el techo de una casa acomodada, a la luz de la luna. Durante todo el sueño, se plasmó una sonrisa acompañada de risas esporádicas y ronquidos incesantes.
_… _
Hinata cuidaba de la pequeña Sarada que estaba sentada en su silla de bebé. La menor de los Uchiha intentaba agarrar con sus manitas la esfera dorada que sonaba dulcemente en el cuello de Hinata, queriendo llevársela a la boca. La peliazul no podía dejar de admirarla ¡Era tan linda! Con sus mejillas chapeadas y sus ojos negros brillantes, con su sonrisa sin dientes y su inteligencia innata. De vez en cuando juntaba, con sumo cuidado, su nariz rosada con la nariz blanca de Sarada. Le encantaba estar con ella.
A lo lejos, escuchó a Naruto maullar con desagrado desde la cocina, Sakura lo estaba regañando pues él había tirado los huevos que estaban en el estante buscando que más comer. La felina suspiró para un segundo después reír cual gato, Naruto hacía en grande a su apodo 'El Travieso Gatito'.
Sin embargo, por alguna razón ya no sólo era su brusco y juguetón amigo… Como siempre lo había sido desde el principio. Ahora, era algo diferente, actuaba con más cuidado, incluso más cariñoso para con ella. Las últimas semanas ya no jugaba tanto con ella -y si lo hacía ya no la mordía o encajaba sus garras como un minino-, más bien se la pasaba pegado a su lado, incluso si estaba hablando con Kiba o Shino él la acompañaba a veces haciendo que sus conversaciones tranquilas y casuales se perdieran en reclamos o competencias: "No porque estés todo el tiempo con ella significa que seas su favorito", le ladró una vez Kiba. "Bueno, tampoco ella preferiría a un perro pulgoso, idiota", replicó el blondo. También había notado que sus ojos se tornaba algo es uros cuando la miraba, sin saber muy bien a qué se debía.
No sabía por qué poco a poco Naruto había cambiado; de comportarse como un travieso cachorro-adulto a un adulto travieso. Tal vez ya había madurado. Pero igual amaba a ese Naruto, lo amaría de todas las formas posibles.
De pronto, escuchó unos maullidos más suaves y galantes, llamando su atención al gran ventanal. Sobre las rejilla de la terraza, había un delgado gato albino, que la miraba con sus intensos ojos celestes. Éste maulló otra vez algo inentendible para ella, pues no se podía oír nada a través del cristal. Es como si le llamase. Hinata por instinto se acercó más hasta toparse con la puerta-ventana, dejando atrás a una inconforme bebé, corrió con dificultad a un lado el gran ventanal y salió grácil al balcón.
"Di-Disculpe, ¿Di-dijo algo?", preguntó con timidez mirando hacia arriba, donde estaba el albino, "N-No escuché", no estaba acostumbrada a que gatos extraños visitarán su hogar, es más, si lo hacían, era sólo para darle un recado a Naruto.
Él bajó de las rejillas de un salto y, cual príncipe, caminó hacia ella con pura elegancia.
"Hace buen día", maulló clavando su mirada cristalina a la suya, poniéndola nerviosa.
"¿Co-Cómo ?"
"Es lo que dije hace un rato", Hinata se extrañó al ver una sonrisa maliciosa asomarse en su blanco rostro, "Hace un buen día".
"Ah…", su nariz se puso más rosada al sentirse tonta, "Si, hace un buen día", ella no supo qué más agregar así que esperó a que él retomace la conversación, pero no lo hizo, parecía cómodo con solo sonreírle con diversión. "... Es porque se acerca el invierno".
"¿Tú crees? Yo pienso que los días son más feos son los de invierno, son fríos y pálidos." contestó sin mofa alguna, "A mi me gustan más los de primavera".
Su mirada la instó para que ella le respondiera con toda libertad, "Sí, de, de cierta forma es cierto, en el invierno hace más frío, pero se siente más la calidez cu-cuando se está en compañía y los días son más grises pero más significativos cuando lo comparamos con las otras bellas estaciones".
"... Eres muy rara", sin embargo, tampoco dijo ésto con tono de burla, más bien como si fuera un halago, "¿Tu nombre?".
"Hi-Hinata", respondió, de repente le sonó tosco el maullido del albino.
"Mi nombre es Toneri.", su voz galante regresó de nuevo, "Puedes llamarme si necesitas un paseo por la ciudad, aunque no lo parezca, soy callejero", definitivamente no lo parecía, estaba pulcro de patas a orejas, y un animal que vivía en las calles no se caracterizaba por eso.
"¿Es… Es amigo de Naruto-kun?", preguntó al considerar la posibilidad de que él fuera uno de sus tantos amigos que lo visitaba a su hogar. Como ya se había dicho, el blondo era amigo de casi todo el barrio.
"No conozco a un tal Naruto-kun", apartó su mirada de ella y empezó a caminar por todo el balcón, su pelo ondulado y brilloso bailaba conforme el viento soplaba. "Y no creo que me interese conocerlo", Hinata se comenzaba a incomodar con su presencia pero aún sentía curiosidad acerca de aquel extraño invitado. Él se volvió para verla, "Tú, en cambio, me pareces alguien más grato de conocer".
"Ojalá se pudiera decir lo mismo de ti", un maullido fiero se escuchó detrás de los protagonistas, el príncipe no se inmutó mientras que la hermosa gatita le saltó el corazón, "¿Quién eres y qué haces en nuestra casa?", ronroneó irritado Naruto que hace un momento había estando rondando por el departamento en busca de su amiga, había querido decirle algo de suma importancia.
"Solo vine a visitar a mi amiga Hinata", ambos gatitos caseros se quedaron perplejos.
"¿Amiga?", cuestionaron al mismo tiempo Hinata y Naruto, sólo que la primera al gato invitado mientras que el segundo a la ojiperla.
"Si, y tan sólo en cinco minutos. Déjanos solos un rato más y ya nos verás formando nuestra propia familia feliz", le sonrió travieso a Naruto, lo sacó de sus casillas y más cuando vió a su querida amiga bajar la mirada y sonrojarse.
Su pesadilla estaba a punto de comenzar.
Han sido unos, ¿tres meses sin publicar? De verdad no creí tardarme tanto pero bueno... Perdón por la larga espera, planeo que para el siguiente cap. No me tarde lo mismo.
Como es corta la historia, de un poco más de 5 caps, entonces va un poco rápido, pero aun con eso intento que esté sustentado.
Enserio, muchas gracias a todos los que dieron apoyo a la historia, y también agradezco que den su opinión mediante los comentarios, Me alegra mucho.
Cuchara-chan: Si, Hinata estará en celo, muy probablemente en la siguiente actualización. Serán unos seis capítulos en total, claro a menos que me alargue de más.
grankpo99: Si, es rara la historia, pero me gusta como esta quedando, que bueno que a ti también. Espero desarrollar bien el romance de los gatitos, de hecho en este capítulo quise plasmar el amor de pareja que Naruto está sintiendo por Hinata, incluso antes de que intervenga Toneri.
kaede xerxes: Ohh, no sabía eso de que los machos se ponían así con su hembra. Definitivamente me gustaría añadir algo como eso en Naruto con Hinata, (ruego que no se me vaya a olvidar).
Nitamaricl: Lo siento, actualicé muy tarde.
Diu Naruhina: Que bueno que te esté gustando, me alegra mucho, y creo que sabes por qué.
Pucca32: Pues creo que el encuentro de Toneri y Hinata fue parecido a los aristogatos jeje. También espero que me queden los capítulos mejor que los anteriores.
Blue-Azul-Acero: No sé cómo comenzar, tal vez con un ¡Hola! Estoy bien, ¿Y tú como has estado? ¡Lamento tardar tanto! como tú has inferido he estado algo ocupada, pero creo que lo que más me ha afectado es la inspiración (cada tres de cinco veces que me he puesto delante del celular a escribir, se me quedaba la mente en blanco, no importaba cuanto tratara, no salía nada). De verdad te agradezco mucho mucho que le hayas dado tanta atención a la historia, cada vez que escribías me daban más ánimos para terminar el capítulo - cuando escribiste hace un día o dos, iba a contestarte pero decidí mejor darte la sorpresa para hoy-. De hecho, me gustaría dedicarte todos los capítulos jeje. Por cierto, me interesaron tus ideas, y me gustaría incorporarlas en la historia. Por favor, sé paciente conmigo. Agradezco mucho tu apoyo. Espero que la historia me quedé bien hasta el final.
Me gustó el capitulo como quedó, pero por alguna razón no me siento completamente satisfecha.
29/09/19
