Disclaimer. Naruto es propiedad de Masashi K.
Lo que importa o lo que en verdad importa
"Hinata", maulló, buscándola por todo el departamento, desde la habitación de Sakura y Sasuke hasta debajo del sofá, "¡Hinata !". Unos instantes después, el blondo miró a la pequeña Sarada, que estaba en su sillita de bebé sobre el sofá y le fijaba sus ojos ónix como si de asesinarlo se tratara. "¿La has visto?", la susodicha dejó de mirarlo, y el gatito se irritó un poco al creerse ignorado; sin embargo como pronto se dió cuenta de la dirección a la que los ojos de la Uchiha habían tomado, él se volteó hacia ése lugar haciendo que sus ojos azules saltaran de sus cuencas. Se acercó cautelosamente hacia el ventanal, observando la escena de un par de mininos en el balcón, al parecer charlando.
"Tú, en cambio, me pareces alguien más grato de conocer".
Todo fue muy rápido, ni siquiera se dio cuenta de que había pasado hace unos segundos atrás, sólo había escuchado el maullido de ese gato paliducho mientras él -Naruto - atacaba.
"Ojalá se pudiera decir lo mismo de ti", el gatito rubio, ante la sorprendida mirada de Hinata, golpeó con su cola, cual látigo, a la cara de rata de Toneri. Éste último gimió del dolor, "¿Quién eres y qué haces aquí?", maulló seguido de una patada a su oponente que lo hizo volar por los cielos, "Olvídalo, ya no es necesario que respondas dattebayo", mencionó soberbio momentos antes de que el albino cayera desde las nubes hasta el balcón, haciendo un chillido bastante satisfactorio para el felino de color amanecer, "La próxima vez, no pases por aquí sin invitación", puso sus patas sobre su enemigo haciendo una pose triunfante, hinchando el pecho y alzando su barbilla gatuna.
"¡Naruto-kun!", ronroneó la peliazul con una sonrisa de alivio en sus bigotes, rápidamente fue a su lado y recargó su cabeza en el dorso de aquel gatito Travieso, "¡Me has salvado! Eres mi héroe…", la gatita lo miró intensamente y el gatito le devolvió la mirada, " Te quiero", y en seguida le besó como sólo besan los felinos, al lamerle dulcemente la mejilla...
Naruto abrió sus párpados fijando sus zafiros en el piso de madera. Se despertó en pleno amanecer, líneas de colores, cual arcoiris, le iluminaban el rostro al reflejarse el sol en el ventanal. Bufó quedo.
"Maldito Toneri … ", gruñó al discernir el sueño de la realidad, recordando en un instante lo ocurrido hace un par de semanas.
Cuando estuvo buscando a su amiga -después de tener un incidente con la pelirrosa en la cocina-, de pasillo a pasillo, de cuarto en cuarto; con el fin de decirle algo importante, algo que él no podía asimilar por completo, algo que sólo su inconsciente le mostraba en sus sueños, y que por ello, debía confesarle a ella y sólo a ella lo que sentía. "Hinata", maulló buscándola por todo el departamento, desde la habitación de Sakura y Sasuke hasta debajo del sofá, "¡Hinata!". Luego de ver a Sarada que señalara con la mirada dónde estaba la peliazul, quien estaba siendo protagonista de una escena que le provocaron unos celos que Naruto mismo ni siquiera había experimentado últimamente. Ni con Sasuke ni con el amigo canino de ella .
"No conozco a un tal Naruto-kun", escuchó decir al intruso, "Y no creo que me interese conocerlo", Ésto último hizo irritar al gato adulto de la casa, pero iba a aumentar su molestia con la siguiente frase dicha por el oji celeste, "Tú, en cambio, me pareces alguien más grato de conocer".
El albino y el blondo se enconajinaron, siendo Hinata el motivo principal por quien pelear.
El punto es que Naruto, además de no poder ahuyentar realmente a Toneri, ya que él mismo se fue por cuenta propia advirtiendo que volvería. Consecuentando así que el ojiazul no impresionara a su amiga en el proceso con sus 'heróicos' y 'galantes' movimientos; había estado molesto las dos semanas posteriores desde que aquello ocurrió, y planeaba quedarse vigilando en el departamento, dejando de lado sus paseos callejeros durante un buen tiempo.
Contrario a lo que se puede pensar, lo que más le tenía enfadado, era que Hinata no se mostrara afectada por la llegada repentina de su 'dichoso nuevo amigo' que, por cierto, los había visitado nuevamente hace seis días, argumentando que venía a hacerle compañía a su 'querida amiga'. Por razones obvias Naruto no lo dejó entrar, y tampoco dejó salir a Hinata; Claro que ésta no puso objeciones, y el gato peli naranja desconocía bien el por qué. Sin embargo, la realidad fue por la misma razón que tanto se quejaba Naruto… A ella aún no le agradaba del todo Toneri.
Regresando al presente, Naruto estaba frustrado por su sueño. Sacudió su pelaje, estando en cuatro patas, intentando despavilarse. Volteó su cabeza en dirección al lecho de la peli azul, y supo al instante que ella se encontraba en la habitación de la bebé, pues con su camita vacía se infería que ya se había levantado… Y lo primero que Hinata hacía cuando se despertaba era revisar el estado de Sarada.
El de pelo amanecer, se encaminó a la habitación de su pequeña ama, entró por la puerta entreabierta, que la gatita había dejado al pasar. Viró a la ojiperla recargada en las varillas de la cuna de madera, ella miraba atentamente a la pelinegra durmiente.
Naruto se quedó pasmado un rato, admirando a la Hinata maternal que pocas veces, y sólo con Sarada-chan, se mostraba. Lo más curioso es que a él le gustaba ese lado de ella, a pesar de que lo confundía e incluso vergonzosamente también celaba aquella actitud, ya que nunca lo miraba así, ¡No a él! , sino a Sarada, con tanta ternura y devoción.
Entonces pensó en lo que quería confesarle a su amiga aquel día tan desgraciado por la presencia del príncipe callejero. El felino amarillo no estaba mínimamente seguro de que sentía él por ella en concreto, de lo que sí estaba cien por cien seguro es que sus emociones lo tenían loco. Quería pegarse todo el día a Hinata. Ser su luz y su sombra. Ser su demandado y demandante. Quería hacer realidad sus constantes sueños en los que únicamente aparecían ellos dos. Ser su día y ella su noche. Ser él su compañero y ella su compañera. La quería solo para él.
Era un sentimiento envidioso y que no tenía sentido, y menos si eran amigos. Y a veces pensaba que era a causa de su temor a estar solo… Como en su pesadilla.
Sacudió su pelaje nuevamente, para regresar a la realidad. Pero su rostro se sentía caliente, incluso se encontraba algo mareado, sus ojos azulinos brillaban con intensidad y su cola se movía de una forma errática y pausada.
"Hinata", llamó en ronroneo y la susodicha volteó sobresaltada, "¿Qué estás haciendo?".
"Ah, yo… E-Estoy viendo que a Sarada-chan le gusta un pequeño peluche", señaló con la nariz algún lugar dentro de la cuna, influenciando a que el ojiazul se acercara a ver. Y logró su cometido. "...¿ Lo ves? Está abrazándolo como si su vida dependiera de ello", Rió bajito, como en un lindo siseo.
Y el Travieso gatito, se quedó embelesado por ella una vez más.
_..._
Era medio día en fin de semana, y aún con eso soplaba un aire tan frío que helaba hasta los mismísimos huesos. Era otoño después de todo. Los gatitos del hogar Uchiha estaban expectantes porque parecía que sus amos iban a salir ya que tenían puesta a su pequeña bebé en una carriola, y un par de bolsas de gran tamaño llenas de pañales y biberones.
Posteriormente, los gatitos vieron al azabache agarrar dos mochilas muy raras con una esfera transparente en su centro. El Uchiha se puso repentinamente delante de ellos, abrió la mochila de color naranja y llamó al felino.
-Ven Dobe.- Hizo un gesto con la mano como si atrajera a Naruto con sólo ése simple movimiento. El minino tomó una posición defensiva, con el lomo levantado y los pelos erizados. - ¡Ven, no tengo todo el día!- intentó tomarlo del pellejo pero éste se rehusó.
"¡Qué diablos tramas Sasuke-Teme!", rugió mientras daba arañazos en el aire, sabía que su tonto amo planeaba algo.
-Muy bien, mientras se te pasa lo idiota… - Abrió ahora la mochila de color lila, y llamó en un tono bastante diferente a cuando le habló a Naruto; con dulzura. - Ven Hinata. - Le señaló el interior de la mochila. - Entra aquí -.
La felina, algo insegura, acató su orden, haciendo sonar su cascabel.
Para ser una adulta, ella era algo más pequeña del promedio, por lo que en aquella mochila le sobró bastante espacio por dentro, el doble de su complexión, ¡Incluso podía acostarse ahí sin problemas!
"¿Qué pasa Sasuke-nii?", preguntó algo apenada, como si su querido amo la fuera a reprender, "¿Por qué debo estar aquí dentro?".
Y antes de que el Uchiha cerrara el portador de gato, acarició por detrás de las orejas de la ojiperla, mimandola, para posteriormente decir:
-Buena gatita. - Deslizó el cierre y finalmente volteó a ver a su rival. - Y tú…, ¿Ya te vas a dignar a entrar? -
" ¿Por qué metiste a Hinata allí? ¿A dónde la llevas?", Sasuke ya estaba fastidiado, sólo escuchaba a Naruto vociferar gruñidos y rugidos tontos, "¡Responde!". Y aunque el patriarca no podía saber lo que le reclamaba, lo intuía. "¡¿Hinata estás bien?! ", maulló enfrente de la ventana de plástico con forma de media esfera, pegando su nariz ahí justo en la parte en que Hinata recargaba su rosada nariz del otro lado.
"S-Si, estoy bien Naruto-kun. Ta-tal vez nos llevarán donde siempre".
Y ése 'donde siempre' no alentaba al gatito a entrar en su nuevo portador de gatos - ya que anteriormente siempre viajaban con portadores de rejilla y en forma de cubos-.
En un descuido, Sasuke lo tomó del pellejo, y lo puso rápidamente en el interior de la dichosa mochila. El tigre de Sakura rugió durante todo el camino hasta su cruel destino.
-Bien, ¿Qué tenemos aquí? - Preguntó un hombre de avanzada edad que sostenía habilidosamente sobre la mesa de metal a un gato tembloroso, encrespado hasta las patas y con ojos a punto de salirse de sus cuencas.- Ya te habías tardado en venir, ¿No es así, Naruto? -
Sasuke observaba todo con media sonrisa en el rostro. Naruto se veía lamentable, muy diferente a como actuaba en la casa, como si fuera dueño de todo. Ahora sólo podía esperar que se orinara encima.
"¡¡Hinata!!", rugió el felino implorando la ayuda de su amiga que en esos momentos se encontraba en la sala de espera junto con Sakura y Sarada, como si ella pudiera evitar todos los infiernos que pasaría con ése hombre, "¡Hinata!".
-Ya, Ya. No puedo creer que seas tan cobarde. - Comentó Jiraya que lo sostenía de los costados, riéndose. - ¿Qué diría Hinata-chan? A las gatitas les gusta los machos valientes y fuertes, no mininos que les da miedo una pequeña aguja en su trasero. -
El ojiazul al escuchar aquello, se obligó a sí mismo a tranquilizarse, respiraba hondo intentando mantener el control en su cuerpo de gelatina, sacó el pecho y cerró los ojos. Él era fuerte, también valiente, sobre todo si eso implicaba a su querida amiga en la ecuación.
Debía aprender que ya no era un cachorrito en busca de las atenciones y protección de una madre, sino que ahora él debía brindar esa atención y protección a Hinata, pues su deseo de poder estar con ella de una forma no amistosa, le impulsaba a ser un macho digno de ella.
Tragó saliva, y se preparó para sentir las delgadas y puntiagudas estocadas.
Como se podrá inferir, los gatitos habían ido al veterinario para ponerse unas cuantas vacunas…
"¡¡AHH!!", el gemido del peli naranja, se escuchó en toda la calle, dejando sordos a toda la gente en la sala de espera, junto a sus mascotas.
"¡Callen a esa cosa!", había dicho un labrador que se tapaba las orejas con sus patas.
"Ya, ya, no lo soporto", maulló un pequeño gato con un vestido rosa y moños ostentosos.
-¡Ma-Ma-Matenlo! ¡Ma-Matenlo!- Gritó por último un perico desquiciado.
Desde las piernas de su ama, Hinata sollozaba por no poder ayudar a su amado.
(...)
-Maldición, llegamos al fin -.
El Uchiha abrió la puerta de su hogar, ayudó a Sakura a meter la carriola en donde se encontraba una Sarada exhausta.
Luego de entrar a casa, los adultos se quitaron la mochila de su espalda, cuidadosamente, y dejaron salir a los gatitos doloridos por las inyecciones dadas por el veterinario.
La tierna gatita gimió un poco al sentir punzadas en la parte superior del muslo.
"¿Estás bien, Hinata?", preguntó con preocupación el blondo que al parecer actuaba con más seguridad comparado a su estancia en la clínica de animales.
"S-sí, solo me duele un poco", le sonrió de forma tranquilizadora, y Naruto, al verla tan bonita, en reacción física se restregó a ella, desde el costado de su cabeza hasta su lomo; acariciando con el pelaje amanecer de él, el pelo noche de ella. "¡Na-Naruto-kun!", Hinata se sonrojó al punto de estar roja como un tomate. Las reacciones de su amigo se volvían cada vez más inusuales.
El ojiazul se pegó a ella unos minutos más no dejando de hacer fricción con el costado de sus cuerpos. Para después, él ronronear con tranquilidad, "¿Ya te sientes mejor Hinata?", la miró a los ojos, expectante.
"S-... Si, me, me siento mejor", se sinceró avergonzada. Bueno, más bien la pregunta sería ¿Cómo no se sentiría mejor con tal acto hecho por su pelirrubio? "Gracias, Naruto-kun", le latía el corazón a mil por hora, poco sabría que ésto mismo le pasaba a su acompañante.
"¡Hi-Hinata! ¡Ya sé lo que te hará sentir mucho mejor!", anunció algo nervioso, aún podía sentir el calor del cuerpo de su amiga en el suyo. "¡Verás algo nunca antes visto!".
"¿De verdad?", sonó el cascabel que adornaba en su pecho. Estaba emocionada.
" ¡Si! Ven, por aquí… ", el felino la guió a la cocina en donde, cabe destacar, no había ningún amo presente. El Travieso gatito se subió sobre los estantes más altos llenos de platos, vasos de vidrio y cuchillos.
"Naruto-kun, tal vez no sea buena idea, por favor baja… Es peligroso.", maulló preocupada desde el suelo a su intrépido amigo.
"No te preocupes Hinata, ya he hecho esto miles de veces en callejones, lo tengo todo calculado", le mostró sus blancos colmillos en una sonrisa que detalla confianza y presuntuosidad. Le demostraría que tan valiente y fuerte era él. "Mirame… Hinata", Susurró para sí mismo, dándose un aire de orgullo.
Inmediatamente, saltó con intención de llegar hasta la otra estantería más lejana impulsandose con las patas, ante la preocupada mirada de la ojiperla. Sin embargo, contrario a lo que Naruto quería, no salió como esperaba…
Sakura y Sasuke escucharon un montón de cosas romperse en la cocina, y tan pronto como les fuera posible, corrieron hasta la escena del crimen y observaron estupefactos todos los platos y vasos rotos, además de los cuchillos dispersos alrededor del atolondrado felino que estaba parado en cuatro patas como si nada.
-¡Naruto! - Llamó Sakura. - ¿¡Estás bien!? - Lo inspeccionó rápidamente.
"¡Naruto-kun!", Hinata salió desde debajo de la estufa en el que había tomado como refugio cuando los trastos iban a caer encima de ella. Y fue al encuentro de su desobediente amigo. "¿¡Te, Te encuentras bien!?".
"Si, Si. ¡Me encuentro bien dattebayo!", estaba tranquilo hasta que escuchó el alarido de su querida ama.
-¡Naruto tonto! ¡Mira lo que te hiciste! - Señaló agarrando la pata sangrante del susodicho, - Seguro te cortaste con uno de los cuchillos ¡Tonto! ¡Te pudo haber pasado algo peor! - Reclamó con clara preocupación.
"Naruto-kun…", a Hinata se le cristalizaron los ojos al ver tal herida.
"¿Qué? Pero no es nada Sakura-chan, es solo un rasguño", maulló despreocupado.
-Hay que llevarlo al veterinario otra vez. - Aclaró Sasuke con desgano. - Se le podría infectar la herida. Y requiere puntadas. -
-Tienes razón - Secundó su esposa. - Debemos llevarlo… - Cargó a Naruto en brazos y prosiguió a buscar su portador.
"¡No, esperen! ¡No estoy mal! Ni si quiera me duele…" Desesperado, comenzó a forcejear con la pelirrosa, rasguñando al aire, haciendo movimientos como un pez fuera del agua. No quería volver a ese lugar lleno de agujas. "¡Estoy bien Sakura-chan!".
-Prepararé a Sarada - Anunció Sasuke.
-Te espero afuera, llamaré a un taxi. -
" ¡Hinata! ¡Dile a Sakura-chan que estoy bien dattebayo!", rogó a una ojiperla preocupada por su querido. La pelirrosa ya había abierto la puerta después de haberlo metido en la mochila para gatos naranja, la minina fue hasta ella buscando la mirada del blondo. ¿Qué podía hacer para ayudarlo? "¡Por favor, Hinata!".
"¡Na-Naruto-kun, lo lamento no pu-puedo ayudarte… ", El susodicho la miró aturdido, "Estás herido, de-debes dejar que te cure Ji-Jiraya-sama".
"¡¡Pero, Hina-…!! ", fue lo último que alcanzó a escuchar la peliazul antes de que Sakura cerrará la puerta.
La gatita más que triste por no poder hacer lo que Naruto le había suplicado, estaba sumamente preocupada por la herida ensangrentada de su pata. No quería que le pasara nada malo.
-Nos vemos después, Hinata - Anunció Sasuke con Sarada en brazos a punto de cruzar la puerta, sin embargo al ver a su mascota temblar, supo la causa y sólo pudo consolarla con palabras. - Naruto estará bien, es un pobre rasguño de cuchillo. Lo llevaremos con el veterinario para que cierre su cortada y listo…- Ella lo miró con sus ojos brillosos, como si quisiera llorar. El Uchiha bufó. - Estará bien Hina, ahora vuelvo -.
En un par de segundos, la felina ya se encontraba sola en aquel departamento. Comenzó a dar vueltas por la sala, intentando despejar sus horribles pensamientos.
"Naruto-kun estará bien. Si, si Sasuke-nii me lo dijo es que debe ser cierto...", se recostó en su lecho, encogida y con la mirada perdida, "Él nunca miente". Sonrió, sí, ahora estaba convencida de que su amigo estaría bien. Sasuke lo había asegurado.
De repente, escuchó unos ruidos chillantes y cortantes en el ventanal, viró hacia él y se topó con los ojos celestes del mismo gato albino que la había visitado anteriormente hace días atrás.
"¿Toneri-san?", se acercó al vidrio con sigilo, " ¿Qué hace aquí?".
"Vine a verte", respondió con su habitual tono, "¿No es eso lo que hacen los amigos?", cuestionó ya frente a ella, cuando lo único que los separaba era una gran pared de vidrio. Hinata no supo que maullar a continuación, así que se quedó expectante. "Es muy raro que tu amigo no esté aquí sobre protegiéndote", mencionó después del silencio de la peliazul.
"Na-Naruto-kun está herido, y Sakura-san y Sasuke-nii lo llevaron a que lo cure Jiraya-sama", respondió con algo de escozor en la garganta. Esperaba que él estuviera bien.
" Mmm, ya veo, así que al fin estás libre de su presencia por un rato". Toneri se lamió una pata, limpiandose hasta dejarla tan pulcra como todo su cuerpo.
"¿A… A qué se refiere con eso?", preguntó Hinata con notable molestia.
Naruto era su amigo, además de su amor no correspondido. A ella, el que él la buscara para jugar o para pasar el rato juntos le hacía muy feliz, le gustaba que él le contara sus historias de cuando era minino, le encantaba que le animara cuando ella se sentía mal. Amaba estar con él. Por eso, que Toneri dijera que al fin estaba libre de Naruto… Le parecía insensible de su parte, sobre todo en esos momentos en que él corría peligro por una herida sangrante.
Toneri al darse cuenta de lo que provocó, refutó con cansancio, "No me malentiendas. Se nota que Naruto es muy buen gato, es decir, tú lo aprecias y él también a ti…", Hinata se sonrojó por lo último, "Sin embargo, eso no quita lo posesivo y sobreprotector que está siendo contigo", serio miró fijamente a la ojiperla haciendo tiritar a sus mismas lilas.
"Creo… Creo que está confundido Toneri-san, Naruto-kun sólo se preocupa por mí. Cuando él se pone de esa forma, es porque no quiere que me pase algo malo.", justificó al instante, pero había aparecido una pequeña mancha de duda en su tierno corazón.
"Hinata, tal vez ahora no te des cuenta, pero pronto notarás pequeñas cosas que hacen a Naruto un amigo… que no es conveniente para ti", con falsa lástima, el oji celeste continuó, "Oh, si tan sólo pudieras verlo. Naruto te impide que seamos amigos, incluso estoy seguro de que él no te permite salir de esta jaula que tienen por hogar y no te deja ver el maravilloso mundo de la ciudad con tus propios ojos…", la gatita titubeó al escucharlo, y su mirada se tornó reflexiva, " Hinata, estoy seguro que Naruto es un buen gato, de verdad, por algo tú le quieres… Pero él no debe limitar tu vida de esa manera, no es sano".
"Toneri-san, yo,... De verdad no lo creo así, sin embargo agradezco su sinceridad para conmigo. Es decir, sé que u-usted siente preocupación por mi y… A pesar de que no nos conocemos, Toneri-san ha mantenido interés, y por ello le doy las gracias", maulló algo avergonzada por toda aquella situación; que un extraño le viniera a decir que su relación amistosa era tóxica y nada beneficiosa para ella ¡Y con tan poco de conocerse! Era algo bastante anormal. Entonces, tal vez él veía algo que ella no.
"Bueno, es lo que hacen los amigos, ¿no?", y aquel sencillo comentario la destrozó, se sintió tan culpable por la forma en que le juzgó sin conocerlo primero…
"Yo, Toneri-san, yo lo …"
"Hinata-chan, me encantaría que sigamos con nuestra amistad, aún si Naruto está presente… " Toneri dió media vuelta y saltó hasta los bordes del balcón. La susodicha lo miró culpable, pues ella no creyó que él fuera alguien de buen corazón, y el gato de color nieve había demostrado lo contrario al ser sincero con ella; alguien con quien valiera la pena conversar. El pensamiento cerrado de no darle la oportunidad de conocerlo fue en gran parte porque Naruto lo había dicho así. "Nos vemos otro día… Por cierto, bonito cascabel".
La felina lo vió desaparecer y al mismo tiempo sintió emerger una inmensa tristeza por la posibilidad de lo que había dicho su nuevo amigo acerca de Naruto, fuera cierto.
_..._
Era una notable noche helada, Sasuke no tenía deseos de salir de la cama aunque tuviera inmensas ganas de ir al baño. Creía que si salía se le congelarían sus pies desnudos. Y es que dentro de las cobijas era tan cálido… Que incluso para levantarse en días entre semana, se le hacía imposible.
-Maldición - Balbuceó adormilado antes de pararse de la cama.
Fue al cuarto de Sarada a paso lento por el congelamiento de sus extremidades. Al lado de su cuna, la observó por largo rato, tan pequeña y delicada, para posteriormente arroparla con un par de cobertores extra y acariciarle la frente con su dedo medio e índice.
Luego de ese tierno contratiempo, fue al baño, y cuando llevó a cabo su reconfortante rutina urinaria caminó rodeando la sala de estar con el objeto de volver a su habitación, a su cálida cama. Sin embargo, antes de entrar a su habitación un sexto sentido le hizo mirar detrás de él, justo donde deberían de estar las camas de sus felinos.
No supo cómo reaccionar, sólo se quedó en silencio, sin facciones evidentes en su rostro, sólo con sus ojos bien abiertos.
Su gatita dormía, cual bella durmiente, tan hermosa bajo la luz de la luna misma que hacía brillar el adorno dorado en su cuello, se notaba desde lejos el aura tan apacible que desprendía. Mientras que el de pelo amanecer, se encontraba despierto, tan despierto que ni siquiera un toque de Morfeo lo podría hacer volver al mundo de los sueños. El ojiazul, con su pata vendada por el acontecimiento de hace un par de días, en su destrozada y sucia cama, observaba a la gatita con tal intensidad que daba escalofríos de sólo apreciarlo.
El Uchiha tragó fuertemente al ver con horror cómo su rival se quería comer con la mirada a su querida Hinata. El Uchiha apretó los puños al observar con irritación como las perlas azulinas de Naruto brillaban con algo incomprensible. El Uchiha murmuró una blasfemia cuando escuchó al Travieso gato ronronear por Hinata.
Cuando él hubo soltado tal grosería, el felino volteó en su dirección y, al verse descubierto, una expresión indescifrable se tornó en su rostro gatuno.
Ambos machos sintieron una incomodidad insoportable. Voltearon sus miradas -antes conectadas- a otro lado que no fuera el de su rival, deseando nunca haber presenciado ó, en el caso del rubio, haber sido presenciado en esa escena tan bochornosa.
Naruto se encogió en su colchón, como si aparentara dormir. Sasuke sabiendo lo que el felino quiere hacerle creer, le siguió la corriente, y se encaminó a su lecho, intentando en vano olvidarse del acecho de un gato enamorado.
_..._
"Un… Un poco más a la izquierda. Sí, Uhmm… Ju-justo ahí", ronroneó al sentir el alivio en forma de crujido invadir toda su espalda, "Gra-Gracias Naruto-kun, siempre te estaré agradecida".
"¡No es nada!", Rió risueño al mismo tiempo que bajaba de la espalda de su amiga, "Es divertido caminar sobre ti para amasarte".
Ése masaje había sido fabuloso, en realidad todos los masajes que Naruto le daba eran gloria pura. No recordaba exactamente desde cuando había comenzado ese ritual, lo que sí sabía es que en un principio era sumamente vergonzoso. Sin embargo en su momento estaba desesperada, porque no tenía a nadie que pudiera aliviarle su dolor de cadera - que sufría regularmente desde que había empezado a vivir con Sasuke-, hasta que Naruto fue su salvación al poner sus patas en su espalda baja.
La peliazul, antes recostada, sacudió su pelaje y se encaminó al pequeño comedor junto con el rubio en busca de su desayuno.
"¡Sakura-chan, tengo hambre !", dió grandes saltos para llamar la atención de su ama que estaba perdida en darle de comer a Sarada.
Hinata instintivamente vió la pata vendada del gatito, que a pesar de mostrar mejoría no estaba completamente sana. Claro que se lo había comentado a él en varias ocasiones cuando lo veía hacer ese tipo de esfuerzos con su pata… Pero él no comprendía.
-Si, ya voy Naruto, ya voy.- Dicho esto, fue a la cocina dejando a Sarada en su asiento de bebé jugar con la papilla, mientras la pequeña observaba a los dos gatitos merodeando a su alrededor.
-... inada… -
"¿Uh, dijiste algo Sarada?", cuestionó el ojiazul.
-...inada.- Repitió, y rió con dulzura apretando sus manitas una contra la otra. .
Hinata se asombró por instantes al escuchar balbucear a su pequeña ama. No sabía si eran las primeras palabras - o intento de palabras- que ella decía, pero nunca la había escuchado comunicarse de esa forma.
" ¿Nada? ¡¿Nada qué?!", preguntó nuevamente Naruto haciendo gestos con la cola bastante pronunciados.
De pronto, El felino adulto escuchó cómo rasguñanban la ventana corrediza. Naruto, sabiendo quién podría ser, se acercó hasta toparse con el de color nieve. Mientras la pantera color noche se daba por aludida fijando su atención a la bebé Uchiha.
Se puso velozmente entre Toneri y su vista - Hinata-, con una cara de pocos amigos, fijando su vista en él.
"Aquí vamos de nuevo", Rió cansado el callejero.
"Entonces supongo que ya conoces lo que debes hacer", gruñó el gato encrespado, "Largate".
"¿A qué le tienes miedo?", al ojiazul, impactado, se le enmudeció el hocico ante los ronroneos del intruso, "No es como que tu amiga te vaya a dejar por mi ¿O si?"
Y de un momento a otro nuestro gatito se puso rojo de furia al escuchar el descaro de ese personaje. Pero por milagro logró tranquilizarse antes de lanzarsele encima.
"¿Qué es lo que quieres?" Estaba seguro que no era tan simple como ser amigo de una gata de casa.
"Ya deberías intuirlo. No puedes ser tan tonto", al pequeño felino se le salieron los ojos por las cuencas y, a punto de rugir escandalosamente, el oji celeste maulló con burla, "... Bueno, el tiempo dirá si la gatita necesita uno casero cuando tiene al callejero que sabe ronronear".
Y, aunque el blondo no era tan listo para entender lo que significaba aquella frase insinuante que había dicho, no evitó que lo sacara de sus casillas. "Tú, idiota, ¡Vete de una vez!"
Gruñó con tanta ferocidad que logró llamar la atención de Hinata, ella se acercó instantes después observando la escena de su amigo con la cola alzada y con pose defensiva, y la de su némesis que estaba tan tranquilo como todo un príncipe.
"Na-Naruto-kun, espera, yo… Yo le dije que vi-viniera", refutó con algo de temor. Y ambos machos la miraron sorprendidos.
"¿Qué dices, Hinata?"
"Bueno yo, es que…" miró del albino al rubio repetidamente, insegura de sus propios maullidos, "Me gustaría co-conocer a Toneri-san me-mejor ", sus perlas acuosas le delataban lo intimidada que se sentía por la reacción de Naruto, una que plasmaba confusión y ¿Decepción?
"Qué …", el blondo no sabía qué decir, estaba sorprendido de que su amiga lo haya contradecido y más si lo hacía por un extraño. ¿Pero por qué? ¿Por qué quería saber más de ese engreído gato? Si se notaba a leguas que tramaba algo, y ése algo era Hinata; desde el primer momento éste príncipe callejero había mostrado un interés hacia ella nada amistoso, uno de seducción y celo de macho a hembra. Obviamente la ojiperla no estaba enterada de esto, un alma tan pura e ingenua no podría saber lo que esconden esos movimientos ondulantes y maullidos atrayentes que Toneri hacía. Por ello, ella sólo tenía la intención de hacerse amiga de el gato…Sin embargo, ¿Es que no tenía suficiente con Shino y Kiba?
¿Es que no tenía suficiente con él?
Al ver al intruso sonreír con suficiencia en dirección a Hinata, le hizo hervir la sangre.
-¡Aquí tienen gatitos, bon appétit !- Sakura dejó los platos respectivos en el suelo a lado del comedor, aunque se extrañó de no ver a sus mascotas ahí.
-¡... inada, inada … !- Señaló la Uchiha menor con su dedo índice hacia el gran ventanal.
-¿ Inada ? - La pelirrosa viró a dónde su hija apuntaba, sin percatarse que había dicho su primera palabra, y se encaminó allá curiosa. Claro que su curiosidad aumentó al ver a los tres gatitos en escena. - Naruto, Hinata-chan, ¿Quién es su nuevo amigo? - Cuestionó sonriente, acariciando segundos después aquel gato tan lindo, sin percatarse de las escuetas miradas de sus dos mascotas:
"No, no, no".
"Naruto-kun, démonos el tiempo de conocerlo".
"No ¡Yo no perderé mi tiempo con alguien que sólo busca adueñarse de mi hogar!", Gimió el peli naranja, molesto por toda esa situación, " Hinata, ese gato… no me fío de él. Es decir, no me agrada en lo más mínimo, no lo quiero aquí ni lo quiero cerca de ti".
"Naruto-kun, solo porque n-no te agrade no lo puedes rechazar así como así… hay, hay que darle una oportunidad de conocerlo mejor".
"¡Pues yo no quiero darle una oportunidad!"
"Bu-Bueno, yo si se la daré".
Y con eso se dió por terminada la discusión, quedando ambas partes inconformes e inseguras con la reacción del otro; Hinata intentaba no pensar, con tal de que su corazón no doliera, por lo molesto e irracional que Naruto podía actuar para con ella; mientras que su contraparte, hacía el esfuerzo por ignorar lo decepcionado y furioso que sentía su joven e inexperto corazón.
_... _
"¡Maldita sea!, ese idiota, ¿Quién se cree?, haciéndose el inocente con Hinata", maulló el felino dando vueltas sobre sí mismo, rasgado el suelo de concreto desgastado con irritación pura, "… No, no. No lo voy a tolerar, cuando descubra que está tramando…¡Sí, seguro trama algo!, y cuando lo sepa me las pagará".
"Naruto, no es por nada, pero no nos hemos visto en varias semanas porque tú estabas no sé qué protegiendo tu territorio, y lo único de lo que me puedes hablar es sobre tu amiga y su relación con su macho… No aprobado por ti". Maulló con desgano un felino blanco con cresta carbón, el confiable amigo del pelinaranja; aburrido de estar recostado durante un buen tiempo solo para escuchar atentamente al otro quejarse. El sueño lo empezaba a sucumbir.
Ambos compañeros de guerra, se hallaban en una de las pequeñas y mugrientas calles de la ciudad, más específicamente, en el hogar de la pandilla gatuna a la que el ojinegro pertenecía. Cuando éste último estaba ayudando a su amigo Chouji a conseguir un pescado algo decente para su exigente estómago en la basura, Naruto lo había emboscado con el propósito de desahogar sus problemas amorosos…
"¡¿De qué diablos estás hablando Shikamaru?! , él no es su… su… ¡Hinata nunca lo aceptaría de esa forma! Él es sólo un entrometido roba amigas que quiere un poco de atención", rugió con los pelos encrespados, y su compañero rodó los ojos, "Mira que pavonearse frente a Hinata como si nada. Es un maldito".
"¿A quién me recuerda? "
"Además, ¿Por qué Hinata le toma tanta importancia?, ¿Es que no tiene suficiente con Kiba o Shino…O conmigo?", sus zafiros se tornaron cristalinos, su resentimiento era palpable.
"... Ya sé a quién "
"¿Acaso me estás escuchando Shikamaru? , no me has ayudado en absolutamente nada. Hablo contigo para pedirte un consejo y parece que te importa un bledo", su ceja - o en donde debería estar - tiritó molesta tanto por la indiferencia de su oyente como por el sonido de papas siendo comidas por un felino gordo y castaño.
El susodicho suspiró "¿Quieres un consejo? Deja que Hinata sea amiga de ése tal Toneri, si trama algo, pronto saldrá a la luz. Aunque creo que exageras, no creo que ése gato se sobrepase, sobre todo contando que él sólo puede hablar con ella en tu territorio. Ley de gatos", bajó de un salto de donde se encontraba recostado en un sillón viejo y deshecho hasta enfrentar a su amigo, mirándolo con seriedad, " De igual forma si ése animal resulta ser un vil rastrero, entonces tarde o temprano ella lo sabrá".
"¡¡Pero… !!"
"Eres un tonto." Rió una gatita rubia apareciendo en escena de repente, tan coqueta como hermosa, en dirección al otro blondo después de verlo intentar refutar. "Nosotras no esperamos a que los machos por fin te vean como su hembra… Si tú, Narutonto, no pudiste verla, entonces deja que otro lo haga", ronroneó moviéndose sensualmente con la cola haciendo ondulaciones en el aire, a compás de su cuerpo, ante las incrédulas miradas de sus amigos.
"Yo sí la veo… ", contestó bajo, y recordando su delicada figura y sus bonitos ojos brillosos, sus finos bigotes y sus lindas orejas, su sensual cola noche y su hermosa nariz rosada. Sacudiendose, volvió a la realidad y encaró a la susodicha, sorprendiendola en el proceso, "Además, tú no estás en condiciones para aconsejarme dattebayo, ¡Seduces a palomas como Sai por diversión!"
"¡Tú… Tú que sabes! Lo que siento por Sai no es ningún juego", siseó roja de indignación.
"Si, si, claro"
Shikamaru suspiró una vez más por el pleito de ambos oji azules, susurrando un "problemático", para después sugerir: "Has lo que quieras con tu compañera, Naruto", dijo refiriéndose a Hinata, "Ahora vamos a comer con la pandilla". Y Chouji fue el primero en acatar la orden.
_..._
Sakura, sentada en el sofá, admiraba con encanto el gateo de su bebé en el piso alfombrado: sus gorgoteos mientras avanzaba hasta querer alcanzar a los gatos de la casa que se encontraban dispersos uno del otro que daban uno que otro maullido pero ciertamente algo alejados entre sí.
La señora Uchiha era muy intuitiva, incluso tal vez más que su esposo. Sobre todo si el tema son sus gatitos.
Un ejemplo de esto era que, apostaba todo su dinero, su casa e incluso su vida a que Naruto y Hinata se quedarían juntos y que tendrían muchos mininos de paso. Mientras que Sasuke no lo veía así, no sólo porque estuviera aferrado a su querida gata y estuviera en contra de esa relación gatuna, no, su marido realmente creía que esos gatitos no serían pareja, sobre todo porque su gato era un atolondrado y él nunca podría ver lo valiosa que era una gatita como su peliazul.
-... inada, inada - Balbuceó Sarada deteniéndose y alargando su pequeña mano en dirección de la minina peliazul. La madre sonrió.
En conclusión, cuando Sakura intuía que algo pasaba, era porque pasaba.
Ambos felinos ya no jugaban como antes, Hinata casi siempre se encontraba admirando a Sarada, otras veces maullandole a una planta de la cocina o "charlando" con el perro del vecino, mientras que Naruto o se la pasaba siempre queriendo llamar la atención de su peli rosada ama o se quedaba viendo afuera del gran ventanal esperando la llegada de, al parecer, otro gato oji celeste.
Y cuando el pequeño tigre y la mini pantera estaban juntos, había silencio y un ocasional maullido y ronroneo. Y una que otra mirada profunda, característica de un instinto salvaje, o así ella lo veía.
Tenía el presentimiento que todo se debía a que estaban comenzando a madurar. Y desconocía realmente si eso le agradaba o no, es decir, con Hinata no habría problema, sin embargo el ya no ver a su atolondrado gatito ser como el de siempre -tan juguetón y desprendiendo su carisma-, le iba causar una inmensa nostalgia. Pues quería a su gatito tal y como era, aún cuando rompía cosas o le rasgaba sus hermosas piernas, le hiciera estornudar a propósito con su cola o le rompiera sus lindas prendas de vestir con sus dientes.
Aunque a la vez le parecía un gran acontecimiento el que madurara, ya que así Naruto podría empezar a sentir sus instintos de… Reproducción y apareamiento hacia cierta gatita, en conjunto con el sentido de formar una familia de pequeños Narutos y de pequeñas Hinatas.
_... _
Afortunadamente, contrario a esta época del año, hacía un buen día soleado en la ciudad, calentaba todo el cuerpo con su brisa, y aquello era lo que a la gente le gustaba e incluso a cualquier animal: aunque no para nuestro Travieso gatito.
La conversación amistosa entre el gato albino y la gatita peliazulada, era atentamente escuchada y analizada por otro gato que controlaba increíblemente bien su molestia hacia el invasor. Tenía los ojos cerrados, con su frente fruncida a más no poder, recostado muy cerca del balcón en el que los felinos maullaban.
Y había sido así desde que se habían comenzado a frecuentar desde hace unas semanas.
"... Así que después de almorzar en la casa de los Senju, fui al lago que está justo a lado de un hermoso parque. Deberías verlo, te encantaría."
"A-Apuesto a que sí, seguramente tiene una bella vista".
Toneri rió, "Cuándo quieras; puedo llevarte ahí", Los ojos perlas de la felina se llenaron de una mezcla entre asombro y expectativa, "Sabes que estoy dispuesto a darte un paseo por toda la ciudad, sobre todo en los lugares que más te podrían impresionar", sonrió galante.
"¿Có-cómo cuáles?"
"Uhmm, durante la mañana podemos almorzar afuera de un delicioso buffet de mariscos… Ahí siempre me dan uno que otro pedazo de pescado, de muy buena calidad por cierto".
"¿Buffet?", murmuró para sí la felina.
"Por la tarde podríamos dar un paseo por los alrededores; las calles son agradables a la vista al igual que la laguna rodeada del parque… Debo mostrarte a mis colegas, son gatos de amos ricos y refinados, pero al igual que yo disfrutan ser libres de vez en cuando".
"No pe-pensé que supiera tanto de la ci-ciudad. E-Es entrañable que lo mencione con tanta pa-pasión", maulló Hinata sonriente. A Naruto le tembló su 'ceja' gatuna ante lo dicho por su amiga.
"Me agrada que lo notaras, querida. Ya verás las maravillas que esperan por ti cuando te decidas a salir… Te sorprendería lo que podríamos hacer". Ninguno de los felinos del hogar Uchiha pudo apreciar la segunda intensión de sus ronroneos prometedores, que hablaban más de la clase de gato que era Toneri.
"Eso suena grandioso, Toneri-san".
"¡No, no suena grandioso!", interrumpió el tercero, "Hinata, ¿Olvidas que no puedes salir?", siseó molesto con su amiga. No entendía el por qué tenía tantas ganas de irse de su hogar y escaparse con ése engreído.
"Pe-pero… ¿Por qué no puedo?", cuestionó confundida, descolocando en el proceso al ojiazul.
"Porque… ¡Es, es demasiado peligroso!".
"Tú siempre sales ", refutó Hinata con disgusto notable.
"Bu-Bueno, es porque yo sé cómo sobrevivir en las calles.", Naruto ya no sabía que estaba diciendo, sólo quería hacerle entender a su amiga que no podía irse de la seguridad de su hogar y mucho menos por ideas de alguien como Toneri. "Además, tú le temes a la ciudad desde que eras una cachorra, es decir, el mundo exterior es horrible, de solo pensar en el pobre lugar en que viviste, en los canes que te perseguían y en el abandono de tu padre; es de lo peor ¿No es así?"
Hinata se quedó muda. Dolida por el golpe bajo que su mejor amigo, que su amado, le había dado con esa simple frase. Después de haberle contado su historia de la infancia, de la tristeza y el terror que había sufrido, no podía creer, ni siquiera aunque se lo hubieran advertido, de que Naruto lo usaría en su contra. Incluso en cierto punto, ella le había dicho anteriormente que podía quitar sus miedos saliendo al exterior con tal de pasar más tiempo juntos. Pasar el tiempo con él, a quien amaba. Claro que su amigo no había accedido en su momento.
Y eso él lo había olvidado, lo había ignorado malamente con tal de ganar una razón para que ella no se fuera.
El blondo, tarde fue cuando se dió cuenta de su error, de lo que ocasionaron sus 'inocentes' palabras en su querida amiga. Arrepentido de haber lastimado a su compañera, se dispuso a disculparse cuando fue interrumpido por la risa del oji celeste.
"Cavaste hondo Naruto-kun, solo pones excusas para que Hinata no tenga amistades.", ronroneó con sorna, dejando perplejo al susodicho. "Es lamentable".
"¡Te equivocas! Lo único que quiero es que tú no la pongas en peligro dattebayo".
"Eres tan predecible, incluso ella se está dando cuenta del tipo de gato que tú e-... ".
"Basta, Toneri-san", por fin maulló la gatita con aire molesto y cansado. Los machos voltearon a verla de inmediato, sin un mínimo sonido que escapase de sus hocicos. "Yo… Tal vez sea mejor que terminemos por hoy".
Ambos gatitos, al escuchar esto, se quedaron como piedra; sabiendo que Toneri había arruinado el poco tiempo que pasaban juntos, y que Naruto, a pesar de haber estropeado el momento de Hinata con su nuevo amigo como él quería, la había lastimado.
Sólo pudieron verla alejarse a paso decaído, yendo a alguna otra parte que no fuera con sus presencias.
(...)
Meciendo una hoja con su pata, miraba a la nada, rememorando lo acontecido hace unas horas, con los ojos brillosos y la nariz lagrimosa: indicaba que estaba a un solo estímulo para soltarse a llorar.
"Hinata", la llamó preocupado su diminuto amigo, "Quiero ayudarte, pero no puedo si no me dices que sucedió".
Esperó pacientemente durante varios instantes, llenos de un silencio angustioso, a que la peliazul hablara… Pero aún seguía inmersa en su mundo moviendo el hogar de Shino, hipnotizándose a sí misma. Deseando quedarse ahí, por un tiempo interminable.
La oruga sólo se limitó a suspirar, retomando su actividad; almorzar. Debía prepararse para cuando llegara el día de su metamorfosis. De pronto, ya no sintió el movimiento de la hoja debajo de él, Hinata ya no la movía. La miró de reojo preguntándose el porqué había parado. Los diminutos ojos de la oruga se hicieron más grandes al apreciar a su amiga en la misma posición sollozando silenciosamente.
"Shino-kun…", esperó con paciencia nuevamente a que prosiguiera, pero la incertidumbre de lo que le pudo haber pasado le carcomía por dentro, "Na-Naruto-kun fue… Él, él me..., sólo porque está molesto por la presencia de Toneri-san… Y y-yo no puedo entender el por qué…", sus perlas comenzaron a cubrirse de agua salada, su pequeña nariz rosada se fruncía y sus orejas color noche bajaron al mismo nivel que su pesar, "El por qué también está molesto conmigo. Yo, yo soy la que de-debería estar enojada con él, por que y-yo le confié mi dolor y l-lo puso en contra mía; sólo para g-ganar una ri-riña", comenzó a llorar con más fuerza, haciéndole gran competencia a la lluvia misma. Su amigo siguió en silencio, "N-no sé qué le sucede… Y no sé q-qué puedo hacer al respecto, Shino-kun ".
Los maullidos lastimeros no se escuchaban, pero de igual forma Hinata agradecía que ninguno de sus amos estuviera en casa… Al igual que Naruto, quien después de aquel incómodo momento entre ellos, se había ido del hogar Uchiha: seguramente para no tener que verla y así evitar una escena bochornosa en la cual ninguno se disculparía de nada, o al menos eso pensaba la felina.
Y no estaba precisamente equivocada.
Naruto tenía que aclararse, tranquilizarse… y saber la razón de por qué había caído tan bajo por simples celos. Ni si quiera sabía si tenía el valor de pedirle perdón, no sabía cómo, sentía vergüenza… Vergüenza de él mismo. En cambio Hinata, no tenía idea de cómo proceder ¿Debería decirle algo? ¿Actuaría resentida? ¿O acaso lo mejor era olvidar su error? Ella sabía que su amigo no había maullado eso con fines de dañarla, sino para darse la razón a sí mismo en la discusión… Pero igual la había herido de corazón.
"Hinata", él era directo, tal vez demasiado, por eso no le dió vueltas o eufemismos llenos de lástima o comprensión. Sólo fue al grano. "Naruto está celoso. Y tú… Debes aprender a que no te consuman sus inseguridades. Ponle un alto, no importa que tan doloroso sea para ambos", la gatita lo miró fijamente, intentando pegarse en la mente sus palabras, "Obviamente, no lo hace con maldad, sin embargo no está bien… Y él lo sabe". Shino le dedicó una sonrisa de oruga, mostrándole su apoyo. Ella paró de llorar. "Espera el momento. Estoy seguro que sabrás cómo solucionarlo".
_..._
"Hace tiempo que no vienes por aquí. ¿A qué debo el milagro?".
"He tenido asuntos que tratar por esta zona, así que aproveché la ocasión", respondió al otro gato.
"Ah, creo que sé de qué carácter son esos asuntitos tuyos", rió con sorna, moviendo su cola.
"Pues estás en lo correcto", contestó también burlándose, "aunque me está resultando más difícil de lo que pensé".
"Es una de esas que mete la cola entre las patas, ¿No es así?".
"Supones bien" .
"¿Por qué no te consigues otra? Así te evitas problemas".
"Cierto…", maulló soberbio, conociendo que podría aparearse con cualquier gata en celo que se le cruzara en el camino, "Sin embargo, la satisfacción que tendré con ésta será aún mayor".
Su amigo confundido preguntó haciendo reír al 'Don Juan', "¿Por qué? ¿Es una fina?"
"No". Entonces recordó a la felina, que era bastante hermosa como la Afrodita de los gatos, que hacía contraste con su timidez y su aparente sumisión - tal cual le gustaba-. Además, recordó a la sombra de esta gata que no se despegaba de ella, siempre a la defensiva, protegiendo, celando; a su luz. "El simple resultado de ver los ojos rabiosos de un macho cuando le arrebate a su hembra, me será suficientemente divertido como para pelear un poco", ronroneó finalmente. Su amigo rió enormemente.
Ambos acompañantes siguieron con su encuentro: maullando de los temas habituales en el tejado de un hogar acomodado perteneciente, por obviedad, a una familia rica.
_..._
Frente a frente, con cierto temor y recelo, ambos gatitos se miraban incómodos; como si no tuvieran nada que maullar, nada que discutir, nada de nada. Era un ambiente tenso, ése que tanto le repugnaba a Naruto y le generaba ansiedad a Hinata. Enfrentándose para maullarse lo que importa.
El primero, anhelaba que su querida amiga volviera a sonreírle y proponerle que pasaran juntos la tarde cuidando a Sarada como siempre lo hacían. La segunda, al igual que su compañero, quería que todo fuera como hace unas pocas semanas, que él la siguiera tomando en cuenta en sus extraños juegos y travesuras, y que la observara con cierta ilusión en la mirada.
Habían pasado más de veinticuatro horas sin hablarse.
La misma noche del día en que había ocurrido el incidente: la peliazul ya hubo estado dormida en su camita morada cuando el pelirrubio regresó a la casa en hora de la cena. No se habían maullado para nada durante la mayoría del día siguiente.
La ojiperla pensaba lo cobarde que era ella; no había cambiado absolutamente nada desde que era una minina, y en eso debería darle la razón a su amigo, pues ella, independientemente del temor que le tenía a todo lo que provenía del exterior… Dentro, en su propio hogar, le daba miedo darle un alto a Naruto cuando éste la lastimaba jugando, o cuando no aceptaba un no por respuesta sin que éste se exaltara, o cuando ella se dejaba hacer conforme a sus deseos - como no dejarla salir por tal razón 'peligrosa' -... Inclusive le daba miedo decirle sus verdaderos sentimientos, con tal de que no saliera perjudicado ni él ni su relación.
Hinata negó para sí.
No, eso no era cierto. La verdadera razón por la que se acobardaba de maullarle a todo pulmón que lo amaba, era porque ella no quería salir lastimada;
Pues creía que si se negaba a algún juego, él jamás ya querría jugar con ella; que si decía lo contrario a los deseos del blondo, él ya no querría compartir más momentos juntos; o que si le decía sus más profundos sentimientos… Él no los aceptaría y la rechazaría, provocando un inmenso mar lleno de corazones rotos y lágrimas desilucionadas por sus fantasías rotas.
Bueno, dudaba que Naruto hiciera las primeras dos cosas mencionadas. Pero lo último… Era inevitable.
Y esos mismos miedos, esos mismos que no le dejaban actuar de la manera más simple y correcta posible… Debían parar. Ella tiene que convertirse en alguien más fuerte. Alguien valiente; y estaba dispuesta a enfrentar esos pensamientos para poder mejorarse así misma y, a la par, la relación con su querido amigo.
El ojiazul mientras tanto pensaba en cómo podía comenzar maullar: Era claro que debía disculparse con su amiga, se había equivocado y era palpable la vergüenza que sentía hacia sus propios actos; tenía en claro que ponerle reparos en dejarla salir a las calles sólo porque temía por la seguridad de ella y porque tenía unos 'pequeños' celos por el pálido Toneri-tonto, no era correcto. Y eso estaba dispuesto a cambiarlo. Después de todo, en su inconsciente, pasaban sus deseos en sueños: Él quería mostrarle todo lo bello de la ciudad, enseñarle cómo sobrevivir en los callejones, a sus amigos, protegerla a cada momento hasta volver juntos a su hogar. Y tal vez, fuera por eso mismo que Naruto se había enojado tanto cuando Toneri quiso llevar a Hinata a ése mundo tan extenso… Y ella se había mostrado muy dispuesta a permitirselo.
Y de alguna manera, le había dolido. Pues el simple hecho de saberse solo era invadido por una ráfaga de tristeza, una cinta de recuerdos. Él quería pasar esa experiencia con ella. Sólo los dos sentirían la libertad en el viento del exterior, sólo ambos regresarían a mitad de la noche después de haber visitado a la pandilla gatuna, sólo los dos podrían ser como Sakura y Sasuke, sólo ambos podrían tener un bebé.
Naruto negó con la cabeza
En verdad se estaba yendo muy lejos. Tenía que ubicarse en el ahora, y en lo que tenía que hacer en ese instante, en que tenía que velar por su impulsividad y disculparse con su querida amiga… Su bonita y querida amiga.
Abrió su hocico, apunto de maullarle, pero no pudo continuar cuando su contraparte ganó la acción.
"C-Creo que… A-Ambos pudimos sobre pasarnos un poco ¡E-Es decir! Creo que la llegada de Toneri-san pu-pudo hacer que nos distanciáramos y tu-tuviéramos diferencias", observó que Naruto asentía cuidadosamente, dándole la razón con una suavidad nada característica de él.
"Lo sé", ronroneó lastimoso, "Lo lamento enserio Hinata.", cargó su garganta con saliva, preparándose para lo que finalmente, después de un tiempo sin haberle maullado por su pelea consigo mismo. "No debí haberte dicho eso, ningún buen amigo lo haría", se acercó un poco más a ella haciendo énfasis en sus maullidos.
"Naruto-kun…"
"Sé que actué como un tonto Hinata y de verdad lo siento dattebayo", le sonrió con rostro compungido, demostrando en sus facciones y palabras lo mucho que ella significaba para él. La gatita se conmovió. Y él pequeño adulto, con algo de miedo de retomar un tema algo sensible, agarró fuerzas para continuar: "Pero debes saber que Toneri no es un buen gato." y ante estas palabras, la de pelo noche se puso rígida, seria, por otra vez escuchar la aversión hacia su nuevo amigo. "¡Creeme dattebayo! Algo de él me pone los pelos de punta, haciéndome que esté listo para el ataque. ¡No es de fiar! ¡Mi cola me lo dice! "
Y ella en verdad quería creerle, era su amigo desde hace años después de todo. Sin embargo, también recordaba las palabras de Toneri que le hacían desconfiar de que su amado no estaba pensando de manera clara:
"... No quita lo posesivo y sobreprotector que está siendo contigo… Oh, si tan sólo pudieras verlo. Te impide que seamos amigos… Él no debe limitar tu vida de esa manera, no es sano".
Hinata nuevamente sacudió su cabeza, y ésta vez maulló de forma sutil; "Naruto-kun, por favor, ya no juzgues a Toneri-san. Él no ha dado in-indicios de tener intensiones m-malas ni nada pa-parecido".
El ojiazul afiló la mirada, lamentando la inconsciencia de la felina. "Puede que tú no lo veas Hinata, pero ése engreído sólo juega contigo y busca maneras para apartarte de mi y dejarte a solas con él", Hinata se sonrojó ante tal insinuación contra el albino. "Sino ¿Por qué insiste tanto en que salgas?"
"Es porque m-me anima a hacerlo. N-Nunca salgo de casa", su cola azabache se movía al compás de sus emociones, maullado al fin francamente. "... Tú tienes miedo de que lo haga".
Naruto no tuvo argumentos para refutar eso, sintió su nariz enrojecer de la vergüenza. Calló al no saber qué decir, ambos notando de repente como la tensión del ambiente había subido. Y es que era cierto, él nunca se propuso a mostrarle seriamente que el mundo exterior era maravilloso, aún cuando la mayoría de las cosas eran peligrosas para cualquier animalejo en la ciudad. Incluso si él mismo se imaginaba constantemente con Hinata: pero muy dentro de él, no quería que saliera de esas paredes… Por miedo. Un miedo tan inconsciente que ni él mismo podría explicar.
"No estás lista para salir. No aún", ronroneó desviando la mirada.
"¿Co-Cómo estás tan seguro de eso?", escudriñó la oji luna, sintiéndose cada vez más indignada.
"Sólo lo estoy", contestó sin más dilación.
"¡Na-Naruto-kun u-únicamente está diciendo excusas! No tiene sentido a-alguno".
El blondo se sentía cada vez más desesperado de que ella no entendiera su punto… "No tiene sentido para ti porque estás en casa, tienes el peligro en frente y no puedes darte cuenta", la peliazul sintió un nudo en la garganta y se le cristalizaron sus perlas al escucharlo; "¡Eres demasiado ingenua!". Hinata se echó para atrás, sin soltar nada, ni un ronroneo, ni un gesto molesto, ni una gota de sal derramada. Solamente estaba ahí, mirándolo con sus ojitos bonitos, llenos de tristeza y asombro. Naruto se arrepintió en seguida, su impulsividad se le había puesto en contra otra vez: ésa que comenzó desde que Toneri se hubo metido entre ambos. Sin embargo, aún cuando ése fuera un hecho, la culpa seguía siendo de sus propios celos. "Disculpame, yo… No quise hacerte sentir mal, Hinata", ronroneó sincero y apenado, "Sólo… Deberías dejar de ser amiga de Toneri".
Y, en eso, el Travieso gatito tenía razón. Pero su querida no lo podía ver. Ella creía que, aún con las peculiaridades de comportamiento algo extrañas de Toneri, él era un gato de buen corazón, se lo había demostrado con sus palabras alentadoras y sinceras. Él era un buen amigo y por ende también un buen gato, es decir, ¿Por qué no lo sería?
"Naruto está celoso. Y tú… Debes aprender a que no te consuman sus inseguridades. Ponle un alto, no importa que tan doloroso sea… "
Recordó las palabras de Shino. Las entendía. Sabía que su amigo estaba celoso, aunque lastimosamente para ella, eran unos celos que un hermano mayor tenía para con su hermana menor - como Sasuke-, o eso pensaba ella. También entendía que Naruto tenía sus propias inseguridades, lo supo cuando escuchó su pasado, cuando lo habían abandonado y apartado de su familia. Empero… Si ella lo sabía, no por eso debía dejarlo pasar. Debía ponerle un alto. Se lo había dicho Shino. E incluso, a su manera, se lo había dicho Toneri.
"Naruto-kun no está siendo objetivo". El blondo, incrédulo, alzó su cola. "To-Toneri-San no es así como lo concibes. Yo, incluso, lo, lo juzgué mal al principio pero… Sé que él no es así. Él…"
"Bueno, es cierto que porque tú lo dices si que es un gato caído del cielo", interrumpió molesto al saberse ignorados sus advertencias, dejando a la Hinata perpleja… Naruto nunca le había maullado así. Y, aún en esa situación, ella no se dejó amedrentar.
"¡Él….! ¡Él m-me ha ayudado a, a ver las co-cosas con claridad! Me he dado cuenta gra-gracias a él que el miedo no deja que me permitas acompañarte a tu mundo… N-No me dejas salir.", se apoyó mejor en sus cuatro patas, aunque algo tambaleante ella exponía los pensamientos que la habían seguido desde que habló con Toneri a solas sobre el tema. Su cola púrpura se alzó mirando hacia el techo, y sus perlas relampagueaban de un no sé qué de frenesí.
Eso no es cierto: pensó Naruto, con el pecho débil por su corazón achicado. Al menos ya no es así. "Bu-Bueno yo…"
" N-No puedo estar a so-solas con, con Toneri-san. Y eso, n-no debería de ser. I-Incluso a veces ni siquiera puedo conversar tranquilamente con Kiba-kun, o… Estar con Sasuke-nii".
"¿A qué viene eso?", declaró confundido y hastiado, "¡Cla-Claro que puedes dattebayo!", él sabía que era en parte mentira ya que él sí que estaba en - casi- todos los encuentros que tenía con Kiba y, con lo referente a Sasuke-Teme, bueno… Si que la apartaba de él. ¡Pero no podía evitarlo! Siempre lo invadía un sentimiento entremezclado de envidia y de furia. "Pero con Toneri no. ¡Él no es como tú crees, Hinata ! Por eso deberías alejarte de él".
"Pu-pues yo no lo creo".
Naruto continuó, chasqueando los dientes: "¿Al menos no crees que tu nuevo amigo también tuvo que ver en situación en la que estamos ahora?, Peleando y alejándonos… Sólo por alguien como él", El rubio estaba más tenso que de costumbre, se le empezaban a erizar sus pelos y sus ojos aparentemente fieros, contenían tristeza por las palabras hirientes de su querida. La azabache estaba en la misma posición, tambaleante, a punto de retractar sus anteriores maullidos, "¿Si quiera puedes darte cuenta el tramposo y convenenciero que es ese gato? ¿No lo puedes ver?"
La azabache negó con intensidad con un simple movimiento de cabeza y luego maulló, con el corazón en la garganta, "Naruto-kun, yo tengo de-derecho a decidir lo que creo que es-está bien y lo que está mal para mí... P-Por eso, aunque seamos a-amigos, yo y-ya no voy a per-permitir que Naruto-kun siga me-metiéndose en don-donde solo me co-corresponde a mi. ", hubo un silencio asfixiante, el gatito sintió su corazón agrietarse, " Si, Si n-no fueras inseguro … Tu me habrías d-dejado acompañarte afuera s-sin miedo a que te quedes solo".
Hubo un estruendoso silencio, ambos gatitos se miraban fijamente. Frente a frente. Tenían en sus miradas palabras aún no dichas, que ahora por la cólera, la tristeza y la impetuosidad de tener la razón… No podían decirlas.
"¿Eso fue lo que te ayudó a ver con claridad Toneri?", apartó sus zafiros de ella, cabizbajo, esperando sin esperar una respuesta: Por que sabía que ella no se la daría. Sollozaba por dentro.
Hinata no respondió. Estaba completamente apenada, las conclusiones apenas dichas no habían sido completamente suyas. Lo sabía. Eran de Toneri o de Shino. Sin embargo, aún así no se echaría para atrás.
Entonces ella escuchó, en un susurro, al de pelo amanecer que rió de tristeza mientras que su mirada contenía un destello de cinismo: "Con más razón te digo que es un oportunista al influenciarte semejantes cosas en las que ni él debería entrometerse".
Hinata, negándose, maulló con insistencia, "Na-Naruto-kun está …", su rostro de gatita compungido mostraba cuánto lamentaba estar dañandolo, pero también lamentaba que él no entendiera el punto al que ella quería llegar. "Naruto-kun está siendo muy déspota con Toneri-sa… "
"Te gusta", maulló de repente el ojiazul, con una inmensa desdicha al darse cuenta de la verdad, "Es porque te gusta que lo defiendes tanto ¿No es así?"
Ella, confundida por la conclusión de su amigo, y de su pesar al exponerlo; no respondió. Se quedó callada, inmóvil, e inmersa en una oscuridad de la que no pudo salir. Quería decirle que eso no era verdad, que estaba malinterpretando las cosas, pero no podía, estaba tiesa cual estatua.
Él volteó su cuerpo ya derrotado, dándole la espalda a su querida amiga. Ella lo vió alejarse, y no hizo nada por cambiarlo aún cuando se dió cuenta que habían intercambiado de papeles.
_..._
Sasuke y Sakura notaron inmediatamente el distanciamiento de Naruto y Hinata, y aunque no sabían el motivo directo, tenían la sospecha de quién era el causante, el único capaz de provocar problemas en la casa Uchiha: Naruto.
Sin embargo, estaban algo lejos de la realidad ya que, aún cuando el blondo accionó de manera errónea y posesiva con su querida, la peliazul también se había equivocado al herir a su querido con el fin de justificar, de alguna manera, a su nuevo amigo; olvidando lo que en verdad importaba.
Sasuke veía a la felina decaída por la aparente indiferencia de Naruto-Dobe hacia ella, y eso le irritaba bastante. Que su linda gatita, su Hinata, estuviera entristecida por quien sabe que cosa que había puesto al pelinaranja tan… Idiota, le hacía desear sacudir al felino con fuerza con el efecto de que él se arrepintiera por tratar así a su Hina.
Ella parecía que estuviera en constante conflicto consigo misma: cuando la felina intentaba acercarse al blondo, o cuando él rechazaba su presencia yendose a cualquier otro lugar del departamento, o cuando ella al final se quedaba atascada y temblorosa desde donde vigilaba a Naruto.
En cuanto se dieron esos tratos - o más bien al contrario - entre ambos adultos felinos, la Hermosa gatita acudía más a menudo a los brazos de su querido amo, acurrucándose a su formado abdomen, como siempre, debajo de su camisa, queriendo ser confortada por sus caricias, un poco toscas, pero al fin y al cabo llenas de cariño.
Aunque lo que la pelinegra no sabía que éstas acciones hacían que Naruto se sintiera más dolido.
Sakura también estaba al tanto de las acciones de su mascota. Su gato era un bipolar irremediable, parecía que él anhelara con intensidad el estar con la ojiperla pero al mismo tiempo rehuía de ella sin contemplación.
No sabía por qué el rubio estaba evitando a la pequeña peliazul. Después de todo, ellos eran amigos desde que eran unos cachorros pubertos - en años gatunos-. Y que ella recordara, nunca había sucedido algo como esto; en aquella época eran puros juegos y correteadas, sobre todo por parte de Naruto… Bueno, hasta ahora que, con las hormonas de un gato adulto, cambiaron un poco las cosas.
Para el pesar de la pelirrosa, lo que tenía que lidiar actualmente era el apego que su gato estaba tomando para con ella. Ahora que ya no tenía a su amiga de juegos o de compañía que siempre le había sido placentera, él seguía a todas partes a su ama; de la cocina al sillón, del sillón al pasillo, del pasillo a la habitación, ¡Incluso al baño!
Era como una chinche.
Entonces un día, cuando ella estaba sola en el cuarto arreglándose para salir, retocándose el maquillaje frente al espejo de su tocador, Naruto estaba sentado en la cama atento a sus acciones, sin un motivo de ánimo. Ella suspiró resignada, fue hasta él y le rascó debajo de la barbilla y detrás de sus puntiagudas orejas.
-¿Qué voy a hacer contigo? - Él le devolvió su afilada mirada azulina, expectante. - No sé qué te sucede, ¿No ves que estás apartando a Hinata-chan? - Fueron breves las palabras y sin embargo calaron muy adentro en el pecho del blondo. La pelirrosa se salió de la habitación a paso lento. - Ojalá pudieras entenderme, así no serías tan tonto. -
Pero Naruto sí que podía.
_..._
Horas antes del anochecer, Hinata recordaba una y otra vez, como si fuera un ciclo sin fin, las palabras de Toneri de hace un par de días, tales que le daban fuerzas para hacer algo tonto… Pero que le devolvería, probablemente, la amistad de su amado. Lo único que, sobre todo ahora, anhelaba de Naruto.
"Hinata… Es estúpido".
"Pero es la mejor opción que hay para que se reconcilien", refutó Toneri ante los ladridos del can vecino.
"No debes hacerlo, es la solución más evasiva y poco honesta que puedes hacer, ¡Tú lo sabes!, si tan sólo hablas con él…"
"Kiba-kun", sollozó la gatita, "Lo intenté, pero… Na-Naruto-kun no quiere ve-verme siquiera. Él está muy enfadado, y con mucha ra-razón", el perro vecino agitó su cola con rabia ante su encogida amiga mientras que el felino estaba a lado de ella, consolandola, poniendo su mejor cara de lástima, "Le dije cosas horribles".
"Sólo le dijiste la verdad, Hinata".
"No… Sólo le re-recalqué las co-cosas que hacía ma-mal".
Habían pasado varios días desde aquella fatídica discusión y aún podía revivirlo tan nítidamente. El repasarlo tantas veces en su mente, le hacía estremecer el haber maullado tantas cosas que herían sin contemplación a su amigo sólo para darse razón a sí misma. Y a pesar de que ése había sido su objetivo - el que Naruto entendiera que no podía interponerse entre ella y lo que hiciera-… Sentía un enorme escozor en la garganta al recordar su rostro dolido.
En sus perlas aguadas estaba su profundo arrepentimiento por dejarse consumir por sus nervios y sentimientos heridos, por no haberle planteado nada, solo errores por parte de él… Por no haberle hecho caso a las palabras de Shino: "Encontrarás la forma de solucionarlo". Sin embargo, aún y con todo eso, ella no había sido capaz durante el transcurso de los días desde aquella riña de tener el valor de pedirle perdón. De solucionar su compleja situación.
La de pelo noche en este instante, agradeció que Naruto hubiera salido del hogar con tal de que no la escuchara lamentarse.
"Entonces con mejor razón te digo que hagamos mi plan: te acercas, le dices que saldrás fuera de tu confinamiento por un tiempo, sales en compañía mía, y mientras estás relajandote en los lugares más bellos de la ciudad conmigo, Naruto estará tan preocupado por ti que te buscará y te encontrará, ¡Por fin te prestará atención! Y harán las pases en un dos por tres".
"Oye tú, gato cuya procedencia no me interesa, aún no puedo creer que puedas sugerirle semejante tontería, ¡Un conflicto no se resuelve así! Y menos si hablamos de Naruto y Hinata", rugió rabioso Kiba desde su balcón.
Toneri rió. " Esto no es un conflicto", el perro vecino lo miró como si estuviese loco. "Es la línea entre la amistad y la ruptura". A la Hermosa gatita, le afectaron inmensamente sus maullidos, imaginándose el escenario en donde Naruto dejaba de apreciarla; no le hablaría ni se acercaría a ella por nada del mundo y dejaría de compartir hermosos momentos con ella, ya no le mostraría sus zorrundas sonrisas que le hacían latir rápidamente el corazón, dejaría de dirigirle su mirada azulada tan divertida y comprensiva que siempre le hacía enamorarse más de él, ya no la confortaría tan maravillosamente a su peculiar manera haciéndola sentir protegida y apreciada… Dejaría de quererla como su mejor amiga. Su cascabel tintineó de terror. "Por ello, Hinata, lo mejor es hacer el plan".
Y el callejero no tuvo que esperar por una respuesta:
Ya la tenía.
Regresando de sus recuerdos a la realidad, Hinata ensayaba lo que tenía que maullar, una y otra vez. No estaba para nada segura de lo que haría a continuación, de hecho, ella misma pensaba que era lo más impulsivo y tonto que hubiera hecho jamás… Pero era la única alternativa; la única para que su amado volviera a mirarla, eso tan siquiera: Necesitaba que le diera algún indicio de esperanza para que fuera perdonada.
No soportaba más que él la evadiera y la ignorara, no podía soportar seguir siendo un sufrimiento para él… No podía. Debía arreglarlo ya. No importaba si era la manera más cobarde y más tangente que pudiera hacer.
Con eso en mente, Hinata se encaminó con sigilo y determinación hacia donde se encontraba el rubio recostado en la esquina de una pared de la sala de estar. Él la miró sin un sentimiento claro reflejado en sus ventanas azuladas, y casi en seguida se sentó en su mismo lugar y la siguió observando de manera intensa. Antes de que Naruto decidiera marchar, las breves y contundentes maullidos de Hinata lo detuvieron.
"Voy a salir", el de color amanecer se quedó paralizado a la par de confundido, esperando impaciente a que se explicara. "Me… Me iré con Toneri. Dijo que me dará una vuelta por la cuadra…" El gato seguía pasmado, incrédulo ante lo que decía su amiga. Los bigotes de la oji luna se crisparon y tragó saliva; "Es sólo para comenzar… De-Después me llevará a o-otros lugares de la ciudad un poco m-más lejanos".
Se quedaron en silencio. Esperando algo… Una señal del otro, el cual les dijera que pararan, que dejaran de lado todo y encararan sus verdaderos pensamientos… Sus verdaderos sentimientos. Naruto observó a Hinata y por alguna razón no la reconoció, ¡Ni siquiera se reconocía así mismo actuando de esa manera con ella! Su nariz se frunció de dolor, tenía una inmensa frustración: Deseaba decirle que no lo hiciera, que no se fuera, que se quedara con él y que confiara en sus palabras… Que lo perdonara por sus acciones deplorables y celosas que sólo denotaba sus inseguridades, porque ella tenía razón, él tenía miedo de ser apartado de quienes más quería, y ése miedo lo había hecho ir contra Hinata, sin quererlo. Y por ello, quería decirle a Hinata que él podía ser mejor… Que sería mejor por ella.
Pero toda reflexión del rubio se esfumó al ver de reojo al gran ventanal: Un gato albino, esperando a la gatita más preciada del Travieso gatito.
Entonces Naruto estrujó más su pequeña nariz, ahora con rabia que llegaba hasta sus zafiros. ¿Es que no lo había escuchado? ¡¿Acaso no lo había entendido?! Sabía que a ella le gustaba Toneri y que por eso… Por el amor que le profesaba, la dejaba ciega ¡Pero igual! ¡¿Cómo podía ser tan inocente?! Era inaudito que no lo escuchara, aún si estaba un poquito celoso por la atención que el oji celeste recibía de su querida, sus palabras seguían siendo sinceras. ¿Por qué no podía hacerle caso a él? ¡A él!... Su mejor amigo.
Devolvió su mirada para Hinata y maulló:
"Pues vete.", si ella no iba a escucharlo, si no entendía que el príncipe engreído era malvado: entonces a él ya no le importaba lo que ella hiciera. "Vete y no vuelvas hasta que estés satisfecha, y cuando Toneri te deje atrás: No cuentes conmigo…", la felina enroscó su cola alrededor de sí, "¡Es más!, ¡No regreses!", El cuerpo de Naruto curvado y erizado, avanzó lentamente hacia ella, "Y cuando necesites a alguien, cuando tengas miedo, cuando desees volver a nuestro hogar… ¡Recuerda que ni yo ni ese estúpido de tu amigo te ayudaremos! ". Sin él haberlo notado, se había acercado fugazmente con la cola parada y erizada a Hinata, ocasionando que ella, en instinto puro de defensa, levantara su espalda al igual que su victimario, retrocediera unos centímetros y lanzara un garrotazo en el aire, casi llegando a tocar a su amado.
Tanto ella como él se asombraron por sus inconscientes actos. Se observaron entre sí, casi espantados, con las emociones a flote. Ambos sentían una impotencia indescriptible por haberse - casi- herido, por no poder echarse para atrás ahora. Ninguno de los dos lo hizo. Hinata con rostro aturdido se apartó, salió al balcón y se fue con Toneri. Naruto devastado, con expresión sombría, se quedó acurrucado en la esquina… Solo.
_..._
Sasuke había visto la escena de su gatita y el Dobe en donde tenían el lomo curvado con sus pelos parados hablando en siseos bastante impactantes ya que ellos nunca actuaban así uno con el otro.
Posteriormente, apreció a la peliazul lentamente salir al balcón, no mirando atrás, yendo al encuentro de un gato peli blanco que, según Sakura, había visitado frecuentemente el departamento. En aquel momento, sosteniendo en brazos a su hija que berreaba fuertemente de manera repentina, le llegó la ansiedad al ver cómo los rayos del atardecer iluminaban los ojos lavanda de Hinata que, al mismo tiempo, se encontraba a la par del felino vagabundo; a punto de saltar hacia las escaleras de emergencia del edificio.
Le supo a despedida.
Sin embargo, no hizo nada por detenerlo. Se quedó ahí, expectante de que su Hermosa gatita diera marcha atrás. Se quedó esperando aún cuando ella ya se había ido… Y junto a él, se encontraba el otro macho del hogar haciendo lo mismo.
La ansiedad se convirtió en temor y aún así confió en que antes de la hora de cenar volvería. De verdad lo creyó. Lo deseó con todas sus fuerzas. Ella, Hinata, su gatita; era su compañera que en los días más oscuros en su apartamento de soltero había hecho que su luz bastara para tener algo de alegría en su amargado camino a la adultez. Tuvo un pequeño propósito en su momento, se sintió necesitado, sintió su devoción y cariño sin palabras de por medio: Cuando la acobijaba y Hinata se acurrucaba contra él, cuando la acariciaba y ella ronroneaba, cuando dormían juntos y su felina le lamía sus dedos.
Esperó. Y esperó. Junto a su esposa igual de preocupada y su bebé sin darse por aludida. No durmió en toda la noche - al igual que su rival- y su sentido del oído estaba a su máxima potencia mientras se encontraba acostado en el sofá anhelando escuchar algo que anunciara la llegada de su mascota. De verdad pensó que volvería a más tardar esa noche. Por ello, no inició su búsqueda sino hasta la mañana siguiente.
Afortunadamente era sábado así que no tenía que trabajar…
-Imprimiré la foto de Hinata-chan y pondré instrucciones de cómo contactar con nosotros ¿Cuántas copias debería sacar?-
Sakura se dispuso inmediatamente, a ella también se le había hecho raro de que la ojiperla saliera de su hogar y que además no hubiera vuelto pronto. Era imposible que ella haya decidido irse para siempre.
-Doscientas -.
-¿Doscientas? - Sakura iba a refutar sin embargo se dió cuenta que, en realidad, no eran demasiadas para una ciudad de más de diez mil habitantes.
-Cuando las tengas listas llámame, las pondré en donde los crea más factibles. Por ahora iré a ver si está por los alrededores; puede que aún ella no haya encontrado como retornar a casa. - Dijo para seguidamente irse del hogar Uchiha.
Estaba molesto, con la misma Hinata por hacerle preocuparse al haberse ido como si nada, como si en verdad hubiera planeado volver en unos minutos y después no aparecerse después de horas.
También estaba enfadado con Naruto, que justo actualmente se encontraba decaído, acostado en una esquina como cadáver, evitando, al parecer, mirar al gran ventanal. Observaba inmerso en la nada de la pared, pudiendo buscar él mismo a Hinata.
Sasuke no era tonto. Sabía que el día anterior habían tenido una riña entre ambos. Y sinceramente no le interesaba de que pudo tratarse. Eran cosas de gatos después de todo. No le interesaba que había o no en la relación de su gatita y del 'Dobe'. Sólo quería que Hinata regresara… Sana y salva.
Ese mismo día empezó a preguntar por las calles. Buscó en cada rincón de la de la colonia… Pero no encontró nada. Terminó noche y cuando regresó a su hogar, Naruto ya no estaba.
_... _
"Ey, ya basta Choji, ese ruido es un fastidio".
"Uhum, perdón Shikamaru, es que éstas son deliciosas", ronroneó el gatito rechoncho que seguía hurgando una bolsa de papas.
"¿Podrían callarse? No puedo escuchar la televisión ", ronroneó un gato gris con ojos cansados sobre una muralla de colchones gastados.
Otro gato negro extrañamente enérgico rió, "Ah Kakashi, ¡No puedo creer que maúlles como un anciano! Vamos, que aún nos faltan muchos veranos de juventud".
"Apenas les quedan cinco veranos, Gai-san", remató una gatita castaña con dos protuberancias de pelo a lado de las orejas, acostada sobre una docena de cajas tiradas.
"Y aún son muchas Tenten, Lee te lo podrá confirmar", maulló sonriente el compañero del amante de dramas televisivos.
Todo un clan de gatos se encontraba en ese inmenso callejón lleno de muebles y cosas tiradas por la gente. Eran docenas de gatos todos con un lecho propio, aunque algo amontonados y quejumbrosos por la cercanía ajena. Aún y con todo eso, todo el clan gatuno callejero tenían varios principios, entre ellos, la unidad y el apoyo mutuo entre felinos de su misma situación.
"Nyaa ¿alguien trajo comida?", preguntó una gatita llamada Karin.
"Y tienes el descaro de preguntar, idiota", contestó su cautivo en una bola de cristal, un pez bastante burlón y quisquilloso. Su carcelera enrojeció de la furia, "Si, como dije, solo una idiota se encariña con su cena y muere de hambre".
"¡Maldito pescado!", y procedió a meter su pata en la pecera para intentar atraparlo entre sus garras.
"¿Acaso no oyeron al vejestorio? ¡Que se callen! ¡Algunos intentamos dormir!", gritó un gato ponzoñoso con todo aquel que interrumpiera su paz.
"¡Entonces no te pases la maldita noche maullando cosas en latín, engendro!", rugió otro; una enorme rata de alcantarilla de ojos ónix, "¡Ya ni Gaara con todo el sueño del mundo es así!".
El susodicho rió. "Creeme que si no estuvieras pegado a ese gato tan soso, te despellejaría y te comería vivo… Te dolería como no tienes idea, Kankurō".
"Cállate".
"¡Miren quién está aquí!" Maulló alegremente Ino, llamando la atención de todo el mundo -como era su gusto-. "El gato estreñido".
" Y ahora más estreñido que nunca", gorjeó Sai, la paloma amiga y espinilla de nuestro protagonista, secundando a su acompañante.
"Deberías de dejar de comer tantos tus, Naruto", se burló otro gato.
Al ver el aura oscura que desprendía el recién llegado, dejaron de hacer comentarios burlescos. En unos instantes Shikamaru apareció y miró el estado de su amigo, presintiendo que algo malo tenía.
"¿Qué sucede?", preguntó sin vueltas, serio y listo para la respuesta.
El ojiazul también lo miraba de manera intensa, transmitiendole su tristeza, pero a la vez, que contenía una determinación de un origen desconocido para los presentes. Muchos gatos se amontonaron a su alrededor, curiosos de que ese gato tan atolondrado y enérgico tuviera algo que decir de su interés.
"Necesito que me ayuden", maulló a Shikamaru de manera profunda, haciendo que todos los que lo rodeaban se sintieran golpeados por el poder de severidad que usó en sus maullidos.
Los afilados ojos del gato frente a Naruto se entre cerraron de a poco, fijando la mirada con la misma intensidad que la de su aliado. Después de ser llenados con un silencio abrumador y expectante; el felino, causando la estampida de gatos como él, ratas como Kankurō e incluso palomas como Sai, buscando con todas sus fuerzas el paradero de una gatita perdida que era tan preciada compañera de un compatriota tan querido como Naruto, maulló lo siguiente:
"Cuenta con eso".
_..._
Sakura y Sasuke estaban desesperados, más que eso. Hace cinco días que Hinata se había fugado y hace tres desde que Naruto no había vuelto a casa, probablemente, o así quería creer el matrimonio, buscando a Hinata.
El Uchiha había tenido que trabajar después de un fin de semana de búsqueda sin éxito, a pesar de que quisiera pasarse todos los benditos días indagando como loco la ubicación de su gatita, no podía descuidar a su familia… la que le quedaba.
Le costaba dormir por las noche, imaginandose el sonido de pequeñas patas que cruzaban por los pasillos de su hogar. No podía concentrarse en el trabajo, no dejaba el papel de ser un hombre de negocios perfectamente habilidoso en la empresa que él tenía con su familia, sin embargo eso no significaba que su mente estuviera en otra parte durante la mayoría del día.
Mientras tanto, Sakura salía con Sarada en carriola -quién había estado sollozando a ratos de forma repentina e incesante sin razón alguna-; preguntando a gente si no habían visto a un gato de un color amarillo-anaranjado con ojos azules o a una gata azabache-peliazul con un cascabel adornandole el cuello. Al no obtener respuestas afirmativas, también se pasaba horas observando desde distintos panoramas a los gatos que merodeaban en los parques o en los tejados de las casas y se paseaban por las avenidas y calles con montones de gente agitada por el flujo habitual en la metrópolis.
Al final del día, ella le contaba las novedades a Sasuke - y visceversa- sobre alguna noticia acerca de sus mascotas. Y aunque la pelirrosada si tuvo un par de llamadas en las que confirmaban haber visto un gato con las mismas características que en los papeles de 'se busca' pegados en los postes. Sakura, inmediatamente después de la llamada telefónica, iba a los lugares previamente dichos por los informantes pero no había hallado nada.
Sin éxito. Estaban desesperanzados.
Habían pasado relativamente pocos días desde que sus felinos se habían ido, pero de igual manera, éstos no sabían cómo sobrevivir diariamente como un animal callejero - sobre todo Hinata- entonces tenían bajas probabilidades de que siguieran con vida, o si lo estaban pues era en muy precarias condiciones.
De por sí que había un completo alboroto en la ciudad con los numerosos avistamientos en esa semana de enormes grupos de gatos, perros, aves e incluso ratas que salían de las alcantarillas para hacer de las suyas: según, especulan algunos, para vengarse de el acaparamiento del ser humano, y contrario a este pensamiento otros dicen que no puede ser, ya que ni siquiera atacan a la gente, sólo recorren apresurados la ciudad, como si estuvieran persiguiendo o huyendo de algo desconocido para los sentidos del animal que está encima de la cadena alimenticia.
Regresando al presente, ése día, miércoles por la tarde, Sasuke regresaba de un día arduo de trabajo, no había podido pensar en nada más que en sus gatos perdidos, llovía a cántaros, las nubes grisáseas adornaban el triste cielo, los autos hacían que salpicara agua de los charcos a las banquetas, dando de vez en cuando a algún transeúnte.
Sasuke gruñía, buscaba con la mirada alguna esperanza, como en tardes pasadas de vuelta para su hogar, a alguna gatita ojiperla deseosa de acurrucarse en sus fornido brazos y a el conforte de sus caricias ásperas.
Él caminaba entre gotas de agua y gente cansada de la rutina, para pronto detenerse abruptamente al escuchar una melodía familiar en sus oídos; un dulce tintineo lejano que, por alguna razón, pudo distinguir en medio de todo el ruido de pitidos de autos. Se quedó quieto escuchando esa melodía dulce, intentando predecir de dónde provenía, pero inmediatamente se distrajo al sentir en sus pies un peso constante del cual maldijo segundos después al darse cuenta que era una manada de ratas corriendo en recto pasando entre sus pies y recorriendo los mismos en otras personas: la gente que rodeaban al Uchiha también bociferó y gritó de asco. Y después de aquel nauseabundo y a la vez concurrido - en esos últimos días- suceso; el alboroto se empezó a dispersar a la par de que Sasuke se quedó parado unos minutos, esperando escuchar ese cascabel. Pero no se presentó de nuevo aquel sonido.
En un arrebato, sus ojos oscuros miraron al otro lado de la avenida, a través de carros pintando sin cesar; un destello amarillo corriendo entre la gente, evitando contacto alguno con algo que pudiera ser un obstáculo en su carrera.
Sasuke lo siguió con la mirada, sus ojos azabache giraban de un lado al otro viendo por donde se había ido. Cruzó cómo pudo rápidamente a la vereda contraria, y pudo apreciar mejor a la figura centellante de un gato delgado y desesperado: era Naruto sin duda, y lo confirmó cuando vio su pequeña cabeza de perfil, notando sus ojos azules como el cielo soleado.
El gato, después de una pausa y mirando a su alrededor, continuó con su camino, corriendo. Sasuke lo siguió por detrás, corriendo. Luego lo vió irse a un callejón, y él, jadeante, alcanzó a llegar sigiloso a donde se había adentrado el gato y conforme se iba acercando, sentía como se le desvanecía el cuerpo.
Cuando llegó a la entrada del callejón, sus párpados pálidos, aún más por el frío viento, se abrieron asombrados. Sus perlas negras, ahora cristalizadas, vislumbraron a Naruto encarando a otro ¡Era aquel que había ido a su casa varias veces!, gato albino con postura altiva y protectora, y tras de él… Pudo ver a su Hinata, como la recordaba, pero con el pelo alborotado, sucia y temblorosa. Parecía como si estuviera a punto de sollozar en maullido.
En unos instantes la impresión fue convergiendo en cólera por el estado tan lamentable de su querida felina, se abstuvo de hacer algo al escuchar el siseo del Dobe, que estaba en posición de ataque: mirando intensamente, primero, a los ojos lila de la morena, y después, al de ojos celeste.
Ante esto, el gato albino impasible, rodeó un par de veces a Hinata, lentamente, de forma depredadora y a la vez con cierta elegancia, marcando su propiedad. Ella temblaba de manera fervorosa, no se movía, era como si sus patas estuvieran pegadas al cemento del suelo. Sasuke observó a Naruto relajar los músculos, tal como si alivianara su notable furia suplantándola con expectativa y algo de sufrimiento en sus ojos.
Empero, cambió rápidamente cuando Toneri se detuvo, detrás de la gatita, acercando su hocico al cuello de Hinata mordiéndola de repente. Ella gimió débil. Haciendo enfurecer a ambos machos de la familia Uchiha.
Naruto arrancó liberando su ira contra el de pelo plateado… Yendo a por él. Toneri se apartó y corrió adentrándose en el oscuro y mugriento callejón esperando a que el blondo lo siguiera para pelear. Naruto gruñía como un verdadero león y su contrincante siseaba mientras lo atacaba. La pelea estuvo fuera de su rango de visión y se concentró en Hinata. Que aún se encontraba quieta en su lugar, con sus perlas petrificadas. Ella luego miró hacia arriba al rostro de su amo inmensamente aliviado. Él se hincó y extendió sus manos hacia ella. La peliazul, precavida y llororosa, se acercó a él y trepó aferrando sus garras a la ropa de Sasuke hasta llegar a la altura de su pecho.
Ella se encogió en su regazo. El Uchiha la acobijó, como antaño.
Luego de varios minutos, ya no se escuchaba ningún rugido de los gatos, tampoco de cosas que se rompían o que se tiraban de toda la basura que se hallaba en ese lugar.
Silencio.
Luego la silueta de Naruto, cojeante, apareció poco a poco al lugar en donde se había enfrentado a Toneri y encontrado a Hinata. La buscó con sus pupilas azuladas y la vio, devolviéndole la mirada avergonzada y preocupada por lo acontecido, a punto de soltarse a llorar, … A salvo en los brazos de su rival. El Travieso gatito, al saberlo así, casi se desploma de alivio. En un instante, ambos machos se vieron a los ojos, por un largo tiempo, diciéndose mil palabras y a la vez diciéndose nada, en donde se ameritaba una complicidad gracias al encontrarse ambos con su querida perdida.
Sasuke comenzó a caminar, Naruto lo siguió de manera pausada por sus heridas de batalla. El azabache, sin mencionar palabra alguna, cargó sin avisar al gato y éste no se pudo negar - aunque quisiera -.
Aún lloviznaba.
(...)
-¡Naruto! ¡Hinata! - Gritó Sakura, dejando a la pequeña Sarada en su andadera, corriendo en dirección a su marido. De inmediato, cuando estuvo lo suficientemente cerca, tomó en brazos a su gatito magullado y lo estrujó contra ella, haciéndolo gimotear de dolor. - ¡Oh Sasuke, los encontraste!-. Dijo con lágrimas en sus ventanas de jade, acariciando la cabeza de una peli negra escondida en el pecho del Uchiha.
-No creo haber sido yo quién los encontró -. Contestó exhalando largo, estaba cansado.
La pelirrosa no entendió a qué se refería, pero no le dió importancia, sobre todo cuando su travieso felino se movía anunciando a su ama que él se encontraba en una posición incómoda. Sakura en un sobre esfuerzo, aflojó su abrazo y recorrió a su Naruto con la mirada: Pudo notar marcas de rasguño, uno arriba de su ojo, un par en el lomo y tal vez uno en la pata delantera. Suspiró derrotada. Tenía que lavarle esas heridas.
De pronto, escucharon a la bebé llorar, y todos, tanto mininos como humanos, fueron a socorrerla.
Cuando Sasuke hubo llegado a casa con las mascotas cargando, el cielo ya estaba oscuro. Aún con el aire frío de afuera, dentro del hogar Uchiha era cálido. Sakura les dió de comer y de beber, los gatitos estaban sedientos a la par de hambrientos y por ello les supo a gloria todo lo que tocó su lengua.
Posteriormente, les dieron un baño para quitarles toda la suciedad que tenían sus cuerpos después de días de estar en lugares de dudosa procedencia; Como respuesta ante la purificación con jabón la azabache ronroneaba de placer contra el agua limpia, mientras que el blondo gritaba en maullidos y se movía a todos lados con tal de escapar de su mayor enemigo por siempre jamás.
El matrimonio los acarició y los amansó infinidad de veces, recuperando las sensaciones de sus manos con sus pelajes. Los felinos pensaban igual, se restregaban y demostraban su amor a ellos; Hinata dándole pequeñas y lindas lamidas a las manos de su amo, y Naruto poniéndo su larga cola en la cara de su ama y rasguñando sus delgados brazos -molestándola en el proceso por tan poca gentil muestra de cariño-.
Luego, entrada la noche, al término del barullo, cuando Sasuke y Sakura se fueron a dormir junto con su fruto de amor, y se apagaron las luces; los gatitos se quedaron solos.
Ambos, en la sala de estar, a un pie de sus lechos, iluminados sólo por la blanca luna llena… Se miraban con un brillo cristalino en los ojos, sus cuerpos suaves y lisos seducían el lugar y con un silencio que les decía todo.
En todo el tiempo desde que el Uchiha los había llevado en brazos hasta cuando sus amos les dieron la última caricia para irse a dormir: Habían evitado mirarse, ronronearse siquiera. Después de lo que pasó… Ambos adultos pequeños sentían vergüenza de sí mismos por haber maullado tantas cosas que no pensaban realmente, incriminando al otro sin escucharse, a veces sin saberse equivocados; se lamentaban por lo que habían provocado, por sus acciones precipitadas que ocultaban la honestidad de sus tiernos corazones. Habían tenido tanto miedo, ella por estar entre las garras del gato del que había confiado, aquel que tanto su amigo le había advertido. Y él, por el horror de perderla para siempre al haberla dejado de lado cuando lo invadía la desdicha y la traición.
Pero ahora estaban ahí. Completamente desnudos ante el otro.
"... P-Por eso, aunque seamos a-amigos, yo y-ya no voy a per-permitir que Naruto-kun siga me-metiéndose en don-donde solo me co-corresponde a mi. " , Hinata cerró abruptamente sus párpados, había recordado esos maullidos una y otra vez. Sabiendo que, aún cuando estaba en lo correcto, había dañado concienzudamente a su Naruto, " Si, Si n-no fueras inseguro … Tú me habrías d-dejado acompañarte afuera s-sin miedo a que te quedes solo".
"¡Eres demasiado ingenua!" . Naruto tragó saliva. Lo era. Sí que lo era. Pero eso es lo que la hacía tan maravillosa, y aún cuando eso mismo la vulnerara, él estaría ahí con ella, una vez más, para que entendiera lo invisible a sus amables perlas.
… Aún lamentaba haberla hecho llorar.
"Voy a salir", fijó su sus iris al suelo, recordando con vergüenza, haciendo que su cola se enredara sobre sí misma. "Me… Me iré con Toneri. Dijo que me dará una vuelta por la cuadra…", Y de cuanto se arrepentía de haber hecho esa tontería. Kiba había tenido razón, la evasión a su conflicto con su amigo, no era la respuesta.
" No cuentes conmigo… ¡Es más! ¡No regreses!". Naruto se crispó en su lugar y cerró los ojos ante el recuerdo de sus maullidos, "Y cuando necesites a alguien, cuando tengas miedo, cuando desees volver a nuestro hogar… ¡Recuerda que ni yo ni ese estúpido de tu amigo te ayudaremos!"
Sus recuerdos, llenos de ira y vergüenza, dolor y tristeza, resurgieron para ver con claridad los errores que habían cometido y en los aciertos que, más que hacerlos crecer, los habían hecho juzgarse así mismos. Poniendo en la mesa lo que importa.
Hinata con la cabeza gacha, se fue acercando, con la cola serena al movimiento, tímidamente a Naruto; llegando por su costado, al nivel de las orejas de su compañero.
El rubio no paró de seguir sus acciones, su mirada profunda como el color océano de sus iris se quedó fija por momentos en donde la había profanado el gato albino. Sin maullar nada, se dieron cuenta de lo que se les cruzaba por la mente, de lo que observaban en la piel piel del otro, en las heridas que no sólo causaron terceros sino también las que se habían causado ellos.
A la peliazul se le llenaron de agua sus cuencas, al mirar las pequeñas marcas de garrotazos y mordizcos que habían sido conectados en la piel de su amigo… Aún algo rojos. Ella gimió bajito, arrepentida, y devolvió sus perlas en dirección de las de su amado, al que tanto había hecho daño. Éste correspondió a su mirada lila y también se le aguaron sus zafiros, arrepentido de haberle hecho daño a su más querido ser.
Hinata, apartando sus pupilas de las de él, recorrió suavemente el camino que le faltaba para llegar al cuerpo de su querido, hasta tocarlo con la punta de la nariz. Y procedió a lamer, lenta y cariñosa, las heridas del Travieso gatito. Desde las de su cuello hasta las su lomo, desde sus mejillas hasta sus patas, desde su coronilla hasta la punta de su hocico. Pidiendo perdón.
Los ojos de Naruto se agrandaron con sorpresa al percatarse de lo que hacía. Para después ronronear desde lo más profundo del alma y acercar su hocico anaranjado al cuello lastimado de su Hermosa gatita. La lamió como nunca antes, curando su herida, con devoción y lamento. Con amor puro. Pidiendo perdón.
Ambos gatitos no se miraban, y por horas se la pasaron lavando las heridas del otro, sin parar, hablándose lo que callaron, observándose lo que no apreciaron, disculpándose por lo que había pasado, queriéndose más.
_… _
"¡Naruto-kun!", ronroneó la peliazul con una sonrisa de alivio en sus bigotes, rápidamente fue a su lado y recargó su cabeza en el dorso de aquel gatito Travieso, "¡Me has salvado! Eres mi héroe…", la gatita lo miró intensamente y el gatito le devolvió la mirada, "Te quiero", y en seguida le besó como sólo besan los felinos, al lamerle dulcemente la mejilla... Naruto se sonrojó, y palpitándole con fuerza el corazón, maulló;
"Yo también... Demasiado ". La besó de vuelta, "Te quiero Hinata".
_… _
Por fin pararon, y al hacerlo, después de no haberse movido por momentos, se adentraron uno con el otro, a través de sus ventanas del alma lavanda y cielo, con una respuesta infinita correspondida, en la que sólo hasta ahora se daban cuenta de lo que en verdad importa.
Dejaron caer sus cuerpos en el suelo, acostados, acurrucándose uno con el otro, el tigre rodeando a la pequeña pantera y la de color noche dándole calidez al de color amanecer.
Todavía ante la luz de la luna.
...
..
.
Tarde, muuy tarde. Lo siento tanto. A pesar de que pensé que éste cap iba a ser el más sencillo - ya que era el que tenía más desarrollado en mi cabeza-, al final fue difícil. Me quedé estancada en la cúspide del conflicto, después de todo, me es algo increíble ver a Hinata y a Naruto así. Tuve que borrar cosas, otras se borraron solas... Y bueno, muchas cosas.
Me gustó que ambos gatitos se hayan equivocado y que al principio ellos no lo solucionaran el conflicto que tenían, sino lo evadieran, tanto Naruto-kun como Hinata-chan. Después de todo, éste capítulo marca el fin y el nuevo comienzo de la relación de ambos gatitos.
En el próximo capítulo, pues... Se desarrollará su romance y también se posará la abeja en la flor (y creo que todos sabemos que significa su producto).
De verdad, muchas gracias por leer (y esperar) ésta historia. Y muchas gracias por sus comentarios, ¡¡Me animan bastante!! Disculpa si no les respondo a algunos, la verdad es que a veces no sé qué responder jeje.
Cuídense
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Maziixd: ¡Yo también me lo imagino!
Kaede Xerxes: Uff ya me imagino. Que feo. Pero me servirá para el siguiente (o el siguiente de ese, no se jeje) capítulo. ¡¡Gracias !!
Naruhinagruvia: jaja es cierto. Bueno te daré una pista sobre sus hijos: no son más de cuatro.
Ruhanahanaru: ¡¡los vi !! Y son super tiernooos. Gracias, creo que me ayudarán para el siguiente capítulo (o el siguiente de ese) .
LiviNike: ¿¿en verdad?? No sabía varias cosas. Pero si que concuerdo contigo en que Naruto puede contra él
Junjouromántica: jaja completamente de acuerdo
Usagi Hina: jeje lo sé. De hecho esa misma imagen que encontré en Internet fue la que me animó a hacer éste fanfic
Procrastinacion: espera ¡¿Khe?!
DeiUchiha: ¡¡jaja lo sé, lo siento!!
Addamsfamily: ya veo jeje... Bueno espera al siguiente capítulo, tendrás una sorpresita. ¡¡Gracias por la idea!!
Boruto: perdón!! Muy tarde pero llegó.
Blue-azul- acero: lo mejor para el final jeje. ¿Como estás? De verdad espero que estés bien, así como tu también me lo has deseado en cada comentario tuyo, ¡¡gracias!! Quiero decirte que me siento agradecida por la atención y cariño que le has dado en estos gatitos. Espero que te esté gustando la historia, que por cierto tus ideas me han ayudado mucho (¿te diste cuenta no es así?), ¡¡otra vez te lo agradezco inmensamente por tus ideas!!
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Al principio pensé que no me gustaba el capítulo. Pero después, al saber que esta parte era de conflicto y resolución, sé que va a contrarrestar con los demás caps.
25/06/20
