Disclaimer. Naruto es propiedad de Masashi K.


Sentimientos compartidos, Anhelos ajenos

Un hermoso mediodía en la ciudad. El sol brillaba dando calor a cada rincón, el aire refrescaba hasta a los altos edificios, incluso podías admirar un pequeño arcoiris al horizonte. Un ambiente calmado y solemne disfrutado por todos en esa. ajetreada ciudad. Éste ambiente que, por desgracia, estaba siendo disipado por las sonoras y molestas risas en ladridos de un can vecino.

"... Tonta, te lo dije ¡Te lo dije! ¡Creeme que si mi amo no me hubiera llevado de viaje con él, yo mismo te hubiera ido a buscar por toda la metrópolis sólo para darte un buen mordisco en esa tierna cabeza tuya!", Hinata se encogió en sí misma al escuchar los sermones de su amigo. No podía refutarle. Él tuvo la razón desde el principio. Y reconocerlo nuevamente le causó una enorme vergüenza. Kiba suspiró: "Al menos el atolondrado de Naruto pudo hallarte y darle una buena paliza a ese estúpido gato".

La peliazul asintió con su nariz sonrojada.

"S-Si no hubiera sido p-por Naruto-kun… Yo no estaría aquí ahora". Bajó la cabeza, apenada, sus bigotes se estremecieron con cada recuerdo:

Pasaban sobre una que otra estructura de baja altura, regularmente en lugares de comida rápida o tiendas de ropa. Todavía podía verse el sol aunque oscurecía conforme los minutos.

Hinata, según se alejaba, se iba sintiendo cada vez más arrepentida de la decisión que había tomado. A cada paso gatuno, recordaba a su amado y al dolor impregnado en sus ojos… Y su cólera. Seguía por inercia a Toneri dejándolo maullar solo; no podía concentrarse en nada más que no fuera la discusión que tuvo con su amigo hace casi una hora ya.

Comenzaba a dudar de que ese plan del peli nieve funcionara… Sobre todo porque Naruto ya le había advertido que ni se le ocurriese regresar a su hogar.

Contuvo una lágrima.

"... De vez en cuando vengo a esa casa, siempre los humanos son demasiado dóciles, incluso más que nosotros cuando buscamos algo de comer ¡Pero claro! Por ahora comeremos lo que te prometí", volteó a verla, alzó su ceja imaginaria al notarla perdida en sus cavilaciones. "¿Qué sucede, Hinata-chan?"

"Yo, y-yo creo…", fijó sus perlas en él, y éste intuyó de inmediato lo que sucedía. "Creo que… No fue una buena i-idea ésto".

"¿Qué dices? Si la estamos pasando muy bien". Agregó con un tono que podía percibirse hasta altanero, empero ella lo ignoró y continuó:

"Me equivoqué. Y-yo no debí hacerle esto a Naruto-kun, yo… No debí". Rompió a llorar desconsolada y el oji celeste no pudo más que subir su mirada y soltar un sonoro suspiro.

"Hinata hiciste lo correcto. Te lo digo yo, tu amigo". La pequeña pantera estaba ensimismada. Se lamentaba y su cascabel en el cuello lo hacía con ella. Toneri cansado, maulló: "Mira, olvidate de todo lo que ha pasado, los reproches y confrontaciones; comamos algo y si Naruto no viene por ti durante este tiempo, entonces yo mismo te llevaré de vuelta a tu hogar".

A Hinata se le vió más tranquila, inclusive esperanzada, no obstante aún perturbada por el conjunto de emociones que invadían su corazón.

Ella accedió a su propuesta, y lo siguió en un camino que le pareció eterno.

¿Naruto dijo aquello de verdad? Que no volviera nunca… Eso la ponía en demasía nerviosa y triste. No sabía que pensar. No sabía si lo dijo en serio o sólo por el momento. No sabía cómo tomarlo. O mas bien, le aterraba el hecho de no saber cómo él lo tomaría cuando ella regresara a casa. ¿Se enojaría? ¿Le sería indiferente?

¡Estaba hablando de Naruto! Aquel gato tan alocado como un auténtico cachorro que siempre andaba despreocupado. Que nada nunca podía tomárselo tan en serio. Que aún a pesar de todo, era comprensivo. Que aún a pesar e todo, se dejaba llevar por sus emociones y llegaba a decir o hacer cosas que no hubiera querido en primer lugar.

Estaba hablando de ese Naruto-kun. Que se preocupaba por sus amigos. Que apreciaba a quienes tenía a lado. Que pecaba de buen corazón.

Hinata con sus pupilas más tranquilas, pudo darse la esperanza que cuando regresara a casa; con él o… Sin él, podría igualmente encontrarse al Naruto que siempre había conocido. Que siempre había querido.

Comieron en el lugar de mariscos que tanto había presumido su amigo. No pudo negar que las sobras de pescado sabían bien, pero aún así no lograba disfrutarlo, no completamente.

Ojalá Naruto estuviera allí con ella.

El cielo ya tenía matices naranjas, morados y hasta azulados. Hinata perdía más la esperanza de que el peli naranja fuera a buscarla.

Además de ello intentaba evitar a su conciencia quien le repetía que estaba fuera de su zona de confort; era la primera vez que salía, ¡Después de mucho tiempo!, y no lo hacía con Naruto, con quién tantas veces se había imaginado.

Todo oscurecía al igual que su estado de ánimo, los peligros que podía haber en cada centímetro de la ciudad… La tenían sumamente nerviosa. Toneri no se veía dispuesto a dar marcha atrás, seguían caminando alejándose más y más de su hogar.

"To-Toneri-san… Naruto-kun n-no vendrá. Ya, y-ya deberíamos regresar", ronroneó inmensamente triste. Sobre todo porque para este punto, pensaba, ya había empeorado las cosas.

"Si él no vino, entonces nos queda seguir disfrutando ¿O es que no la has pasado genial?"

"Toneri-san, quiero regresar". Ordenó sin ordenar, con un deje de súplica en sus bigotes.

"Pero… "

"¡P-Por favor! Guíame de regreso".

El felino quedó un momento enmudecido, para después hacer su último intento: "Por supuesto. ¡Ah, pero qué lástima! Quería mostrarte la laguna que se ve a unas cuadras más adelante; es que es hermosa y de verdad quería que la vieras ¿Me permitirías al menos hacer eso Hinata?" Su mirada inquisidora que aparentaba a mártir ejerció una presión incómoda a la gatita.

"Mmm yo…"

"Por favor"

Hinata, convenciendose a sí misma que su amigo sólo hacía esto por ella, para animarla: Accedió una vez más.

"Está bien".

Fueron encaminados y la peliazul ya no podía ni siquiera visualizar a lo lejos el edificio en donde sus amos vivían.

"¿Qué te parece?" Preguntó en cuanto llegaron y admiraron la gran laguna a lo lejos desde el techo de una casa departamental.

"Es muy bello", sí lo pensaba, pero no lo sentía realmente. Sólo quería regresar.

"Muy bello", Hinata sintió escalofríos cuando él ronroneó muy cerca de su oreja mientras la rodeaba sutilmente con su cola plateada.

Ella se escapó como pudo de su agarre, incrédula de que Toneri hubiera hecho algo así.

"¡¡¿Su-... Sucede algo?!!", gritó en maullido asustada, ¿Qué… Por qué había hecho eso?

"Me disculpo. Es que tú eres demasiado hermosa y… No pude evitarlo". Maulló sin parecer en absoluto arrepentido de su acción.

"Pu-Pues… N-No vuelvas a hacerlo".

"Pero si tú sientes lo mismo", afirmó con una encantadora sonrisa que hizo sonar su cascabel de puro temor.

"No, yo…" El de color nieve volvió a acercarse, con movimientos seductores que sólo hacían retroceder a una Hinata asustada, "Yo… Yo amo a Naruto-kun". Eso hizo detener su acecho y hacerlo fruncir el ceño. Le afectó más de lo que él mismo hubiera pensado, después de todo no creyó que los sentimientos de ella fueran tan fuertes. "Y, Y ya quiero volver a mi hogar y disculparme por todo lo que le dije e hice". La mirada decidida de ella le hizo erizar al otro de irritación.

Él se acercaba, depredador, haciéndola echar para atrás hasta el punto de estar al filo del techo de la casa. Se vió obligada a saltar cuesta abajo cuidadosamente por unas escaleras de metal, hasta tocar el suelo de concreto. Cuando se recuperó del cansancio de aquella acción, comenzó a correr a través de la calle con la finalidad de toparse con una avenida y así poder perderlo entre el movimiento de la gente. De repente, Toneri vino caído del cielo y le quitó el paso. Ella, aunque pequeña y temblorosa, tomó una posición defensiva.

" Pensé que podríamos hacer algo increíble juntos." Ronroneó estático, con su expresión soberbia y aparentemente indiferente que hizo cuestionar aún más a Hinata sobre a quién le había confiado su amistad. "Pero no puedo pasarla bien con alguien que no es consciente de la diferencia que hay entre un gato como Naruto y uno como yo". Ella no maulló. Y esto le dió más razón al gato que movió su cola indignado: "En conclusión, puedes olvidarte de lo que pudo o no pasar entre nosotros".

La oji perla comprendía menos de lo que salía de su hocico, sin embargo lo que sí sabía es que al fin estaba admirando, con sus propios ojos y oídos, al verdadero Toneri. Al gato del que tanto había tenido razón su mejor amigo.

"Creí… Creí que…"

"Es lo que todas creen, no te sientas especial únicamente porque te dediqué mi preciado tiempo: ¿Y para qué? Para nada." Maulló claramente con el orgullo de macho herido.

Ella estuvo a punto de dejarse llevar por la decepción de sí misma… Y de quién creyó su amigo. Claro que, su dignidad pudo más: Primero debía salir de esa situación y después podría desahogarse todo lo que necesitara.

"M-Me voy". Anunció, avanzando unos pasos hasta que Toneri la interrumpiera al reírse con júbilo.

"¿Al menos sabes cómo llegar?"

Se detuvo y, con la dignidad volviéndose hacia los suelos, le replicó a quien le había confiado hasta su relación con su rubio; "Llévame de regreso".

"Admite que soy mejor que Naruto".

Hinata se preguntó si estaba loco. Y con más fuerza insistió.

"Llévame de regreso".

"No", su sonrisa cínica fue la que la enfureció y la hizo no perder más el tiempo.

¡Volvería por su propio pie!

… O pata.

Siguió su caminar con el cuerpo recto y firme, empero nuevamente Toneri se le atravesó y la empujó fácilmente provocando que cayera arrastrada un metro hacia atrás. Se re incorporó como pudo.

"¿Por qué?..." Susurró ahogada. Le había sacado todo el aire.

"Aunque ya no me intereses, eso no significa que quiera dejarte ir". Fue hacia ella imperturbable, mirándola hacia abajo. "Si no pude obtener lo que quiero, entonces nadie lo hará." La pelimorada lo miró fijo y con cautela, para repentinamente salir disparada hacia su vía de salida, había sido una treta, una que no dio resultado pues pronto fue detenida por él al segundo, la empujó y la dejó pegada al piso con sus patas delanteras. Gimió adolorida. "No te haré nada, mientras no estés empecinada a volver con ese gato".

La gatita negó como pudo contra el concreto. Y el gato la presionó aún más con sus pulcras patas.

Hinata supo en ese instante que no podía hacerle frente a un felino de calle como Toneri: Quien se las sabía de todas para sobrevivir en la ciudad, quien podría encontrar a quien quisiera de inmediato… Y lo peor es que mucho menos ella podría librarse, pues tenía la complexión perfecta para ser sometida fácilmente. No podía escapar, no podía escapar… No podía.

Se sentía tan frustrada. Tan tonta. Tan impotente.

"Naruto-kun…" Lágrimas llenas de arrepentimiento y temor comenzaron a inundarla, haciendo mofar al peli celeste. "Naruto-kun… ". Quería que él viniera. Que él viniera a pesar de que esto lo había provocado ella misma, a pesar de no haberle creído, a pesar de que él le dijo que no volviera, a pesar de que estuviese dolido por todo lo que ella le dijo… A pesar de que ya no la quisiera. "Naruto-kun, perdóname…" Sollozó derrotada por sus decisiones, por sus palabras, por sus esperanzas que sabía que no ocurrirían por más que las imaginara.

Pero aún cuando sabía que no ocurriría, lo esperó.

Lo esperó cuando pasó la noche y Toneri no le quitaba la mirada de encima; lo esperó cuando corrió en el primer descuido y el albino volvió a atraparla con rapidez; lo esperó a los días siguientes cuando Toneri la arrastraba a seguirlo a través del laberinto que era la ciudad, vigilandola a cada segundo y empujandola a su gusto para obligarla a caminar, todavía con su orgullo lastimado; lo esperó durante las noches frías, mientras escapaba de las garras que la rodeaban -en un abrazo incómodo de su captor durmiente- y que posteriormente la volvían a agarrar sin vacilación, finalizando ella con un vistazo a las estrellas preguntándose si era capaz de retenerla para siempre o si estaba esperando a que algo sucediera.

Lo esperó cuando, sucia y débil de cuerpo y espíritu, lo vió frente a ella, iracundo y aliviado, con sus hermosas pupilas azules que la observaron con un brillo intenso y celador cuando Toneri la hubo mordido por primera y última vez, con el fin de demostrarle que él era mejor que Naruto. Estaba tal y como lo recordaba, después de días y noches ansiando su presencia… Esperándolo.

Ante la mirada melancólica de su amiga, el perro blanco sonrió lastimoso, entendiendo la situación. Después, para aligerar los aires, ladró:

"Bueno, parece ser que al final el plan de Toneri resultó ¿No es así?" A la pantera se le agrandaron sus pupilas, y recordó, más roja que nunca, lo que había sucedido anoche con Naruto y ella: Los consuelos que ambos se habían dado.

"Su-supongo".

Kiba, conociendo que ella se iba a quedar varios minutos callada y ronroneando cosas que ni él podría escuchar, decidió interrumpir su estado de enamorada.

"¿Y dónde está él?"

"Fu-Fue a avisar a la pandilla que pararan la búsqueda. Ellos estaban ayudando a Naruto-kun a en-encontrarme." La felina agradeció internamente a los amigos de su amado. Y curvó sus labios hacia arriba, al pensar en el aprecio que seguramente ellos tenían para con él. "Después de todo, aún no sabían que él ya me había salvado".

"Uhmm". El vecino sonrió pícaro, al notar los matices de Hinata cuando hablaba del ojiazul.

"¿Qu-Qué ocurre?"

"Nada, nada", le dio la espalda desde su balcón, intentando formular sus ladridos sin que se le escaparan unas sonoras risas. "Entonces se contentaron. Su dilema ya está resuelto".

Ella se mostró callada. El peli blanco no pudo ver qué gesticulaba en su rostro. Pero escuchó su leve ronroneo: "Si, a-así es".

_..._

Naruto despertó, enérgico. Se estiró, alargando las patas y espalda, tensado su cuerpo desde su lecho. Terminado esto, giró a ver a su amiga, todavía dormida en su cama morada. Le pareció curioso, ya que ella acostumbraba siempre a levantarse antes que él.

Sonrió mostrando sus colmillos. Fijando sus zafiros en su bonita figura "¡Muy bonita!"; reafirmó el felino en sus pensares. Posteriormente, en modo cariñoso, ronroneó:

"Hinata~". Lamió sus lindas orejas, intentando que se despertara con cosquillas. La gatita se encogió en sí misma. El felino bufó divertido. Ahora estaba tentado a despertarla con alguna jugarreta. Esas bruscas de siempre que había hecho de adolescente...

Bueno, incluso a veces de adulto.

Contrario a ello, únicamente pudo acariciarla con su cabeza de gato. Y lamerle la mejilla. Su ahora ritual desde el término de aquel agonizante suceso hace dos días. Aquella plena noche.

"¿Na-Naruto-kun?", maulló somnolienta, enrojeciendo más junto con su conciencia que despertaba.

"Si". Contestó con la sonrisa traviesa que siempre lo caracterizaba.

El rubio dio la vuelta y Hinata lo siguió.

El silencio que los embargaba, además de extraño, era confortable y alegre. Naruto, un gato muy parlanchín, ¡No estaba maullando a todo pulmón! Sino que se guiaba por la paz de la mañana. A lado de quien quiere.

Ambos llegaron a la habitación de Sarada. La ojiperla fue la primera en colocarse junto a su cuna, observando cómo la pequeña la miraba con sumo detalle -en cambio a los padres que aún dormían en la otra habitación-. Su linda ama balbuceaba mientras mordía su regordeta mano de bebé.

El gato subió hasta donde se ubicaba su compañera. Y devolvió sus zafiros a los onix de la hija de su rival.

"Desperté primero". Los bigotes del par de felinos se tocaron. La peliazul asintió, como si apenas se diera por enterada. La risa de Sarada los embelesó por momentos, y les surcó una afilada media luna en sus rostros "¿Estabas cansada?"

A Hinata casi se le salen sus perlas de las cuencas cuando sintió la cola de su amado enroscar la suya. Se separó de él, con la nariz más rosada que nunca, mirándolo confundida. Al Travieso gatito también se le puso roja la nariz mientras desviaba su vista cielo, recogiendo su cola estirada antes en busca de afecto.

Estaba en demasía extraño.

"¡L-Lo siento! E-Es sólo que, b-bueno… ", ¡Él nunca había hecho algo parecido! Solo aquellas veces que lo ameritaba, como un apoyo moral o como un gesto de agradecimiento -que no eran situaciones de todos los días-, pero ahora… "Me sorprendiste". A decir verdad, a diario, con cada acción nueva que él tenía con ella, la dejaba sin habla.

Naruto, transformó su rostro avergonzado, gracias a esto último que ronroneó su amiga, a uno confiado y alegre.

Rió. "¡No lo pude evitar dattebayo!" Ambas féminas en la habitación inclinaron la cabeza con duda. El blondo rió nuevamente.

"¿Estás… Estás bien Naruto-kun?"

El susodicho paró de reír. Tornándose pensativo.

"Si. Lo estoy", ronroneó, "Es que, me gusta estar contigo Hinata".

Los ojos pálidos de la gatita se cristalizaron. Y le sonrió de vuelta.

"Tam… También me gusta estar contigo, Naruto-kun".

Parecía que por un momento sus reflexiones se conectaron. Sabiendo que hace unos días había sucedido de todo, como si hubiera sido un sueño, una pesadilla. Naruto y Hinata, sabiendo el temor del otro y la felicidad de ambos. Incluso, por un momento, se entrelazaron sus sentimientos, aquellos tan íntimos que sentían el uno por el otro… Solo por un momento, para después desvanecerse.

Dode, Dode!- Interrumpió Sarada, haciendo reír a los gatitos.

De pronto Naruto se puso serio y Hinata por consiguiente también lo hizo -preguntándose qué pensamientos estarían rondando por aquellos ojos azules-. Entonces, el maullido afligido de él la hizo preocuparse:

"Hinata ¿Puedo preguntarte algo?", la miró fijamente y aún así se notaba su duda.

"Por supuesto".

"Tiene que ver con Toneri", ronroneó seco, observando a su compañera que había desviado el rostro. "¿Qué sucedió durante esos días en que él te retuvo?"

"No sé si quiera hablar de eso".

"¿Por qué no? ¿T-Te hizo algo..." ¿Además de secuestrarte por días, morderte el cuello y romperte el corazón?, pensó con lamento, "Algo malo?" Ella negó sin verlo. Y Naruto se sintió más preocupado. La observó, serio y especulante. Quería saber todo de ella, incluso si eso significaban sus momentos más tristes: "No sé nada de lo que te pasó mientras estabas con él, pero quiero hacerlo y… Y yo, tú … Debes confiar en mí. Después de todo, soy tu mejor amigo ¿No es así?", maulló, intentado que sonara lo más relajado posible, aún cuando lo invadía la incertidumbre de saber que Toneri hubiera lastimado a Hinata… Más de lo que ya lo había hecho. "Incluso puedes decirme lo que sentiste al darte cuenta…", el aire se le escapó y solo pudo seguir entrecortado, "De que el gato del cual te enamoraste no era quien habías creído".

Hinata se sorprendió por esto último. Él aún creía que le gustaba Toneri. Esto la hizo sonreír un poco. Ahora sabía más que nunca que ella generaba más malentendidos que aclaraciones.

"N-No, es solo que… No quiero hablar de alguien que representa mis peores errores", que además le provocaron momentos desoladores que la hacían sentir algo triste al recordar. El rubio entendió perfectamente a lo que se refería, también ese gato representaba sus peores equivocaciones. "A-Además, Toneri no me gustaba", los ojos azules se agrandaron y la voltearon a ver con sorpresa "Y mucho menos estaba en-enamorada de él", murmuró sonrojándose ante el pensamiento de quién estaba realmente en su corazón.

"¡¿De veras?! ¿Me lo juras Hinata?!" Ella asintió algo nerviosa por su reacción tan aliviada y… Feliz. "Entonces está bien, es decir, me alivia escucharte decir eso. Porque, ¡Ya sabes! Pensé que al estar enamorada ahora estarías deprimida ¡No es como que hubiera envidiando a Toneri por tus sentimientos hacia él o algo por el estilo! ". Rio más nervioso que nunca, al haberse exhibido él mismo. Por suerte, Hinata no le dio otro significado a sus maullidos más de lo literal -que aún así le dio pesar-.

"Lamento haberte preocupado".

Naruto, con sus pupilas -cual niño observa a su figura maternal hacer un delicioso postre- la miró para posteriormente negar.

"No te disculpes. Ya no."

El gatito fue y lamió todo su lindo rostro que se volvía más petrificado y rojo. Su tierna lengua cubrió como una manta su cabeza, cada rincón, como aquella anterior noche que le había pedido perdón y a la par le había perdonado todo. Pero ahora es un poco diferente. Ahora ya no tenía pizca de arrepentimiento, sino de deseo, de deseo a que algo más pudiera suceder entre ellos.

Justo como dijo Kiba, aquello tan terrible que había pasado sólo los había acercado más de lo que ya estaban.

_..._

"Más vale que le guste" .

"Le gustará"

"¿Y qué si no?"

El gato se detuvo abruptamente, haciendo que la paloma sobre su cabeza aferrara más sus patas al pequeño cráneo del tigre.

"¡Maldición Sai! ¡Me estás jodiendo la cabeza por dentro y por fuera!", gimió tozudo. "Además, me rayas con tus patas el collar nuevo que me dió Sakura-chan", chilló recordando como su ama les dio un collar azul para él y uno naranja para Hinata -como si estuvieran intercambiando colores-, con una placa de plata.

"¿Te gusta?"

"¡Por supuesto! Sakura-chan me lo dio con mucho cariño-ttebayo, aunque no sé para qué me sirva".

"No me refiero a eso".

"¿Entonces?" Alzó su ceja inexistente.

"¿Ella te gusta?"

Sai pudo notar como se tensaba el cuerpo del que se sostenía. Claramente se refería a Hinata. El minino miró hacia arriba y sonrió.

Ahí estaba, con gotas heladas cayendo en su soleado pelaje y las garras rozando el cemento del pavimento, con sus bigotes erizados y sus ojos fieros. La lluvia era helada sí, pero no se comparaba a la sangre que corría rápido por su cuerpo tembloroso a causa de lo que sus pupilas miraban.

Ahí estaba, la gatita que había estado buscando cinco días seguidos por cada rincón de la ciudad, tan pequeña y delgada, con sus gestos demacrados y vacíos que, al verlo a él, se transformaron a unos aguados de esperanza y felicidad hacia lo imposible. Con su hermoso pelaje descuidado y su cola siempre delineada ahora se encontraba lastimada por los sonidos fuertes que producían los numerosos autos y gente por las calles.

Ahí estaba, frente a ella, a punto de llorar. Sintiendo un alivio casi irreal. Se sentía a punto del desmayo, a punto de salir corriendo hacia ella, abrazarla con todo su cuerpo felino, y besar cada parte de su cuerpo tiritante con desesperación y con amor. Lamer todo polvo y suciedad, toda herida que le pudieron ocasionar. Y decirle que había venido por ella y solo por ella, que no eran y nunca serán ciertas sus palabras perjuriosas. Que la extrañaba, y que la había extrañado tanto. Que ahora no tenía que temer, él estaba ahí para ella. Quería besarla por todo su pelaje ahora opaco y áspero, y maullar su nombre mientras dejaba desbordar sus fuertes emociones y sentimientos en lágrimas.

Ahí estaba, que aún si pasaran siete vidas, él la buscaría y la encontraría, aún si ella se hubiera ido por voluntad propia, él lucharía por ella, solo porque quería permanecer a su lado... Y si ella un día ya no lo quisiera cerca, por más que él luchara, entonces la dejaría ir, con todo el dolor de su alma, la dejaría ir, pero no sin saber que ella sería feliz.

Ahí estaba, horriblemente iracundo al ver a ese bastardo como lastimaba a Hinata en su bonito cuello adornado por el cascabel.

Ahí estaba dando mucho más para protegerla, para recuperarla. Por que al menos ese día, sabía muy bien que ella, tan hermosa como la mismísima luna, no decidió irse por cuenta propia, que estaba asustada y exhausta… Que no era feliz.

Ahí estaba, con la mirada preocupada y arrepentida de Hinata al verlo con mordidas y rasguños incrustados en su piel. Sus lunas lloraban sin derramar gotas de sales, lo sabía, él estaba como ella. Cojeando, la miró un poco más en los brazos de Sasuke… Juraría que su estaba corazón fuertemente latiendo al verla a salvo, y sus deseos de tocarla y tenerla contra sí por la eternidad… Sólo podría significar una cosa.

Ahí estaba, en su hogar, en la noche testiga de dos felinos dormidos, rodeados por una figura de paz y cariño. Con su órgano vital latiendo en el costado de la bella gatita a su lado. La observaba intensamente, su rostro durmiente y apacible, sus mejillas levemente huesudas por la falta de comida, su tierna nariz que respiraba suave, su cuello que bajo ese pelo nocturno se encontraba irritado por la mordida. Naruto besó nuevamente la herida, lamiendola con cuidado y sin pausas.

Ahí estaba, con sus enormes zafiros admirando a su amiga, a quien quería. Ahí estaba, velando por la gatita que lo había enamorado. Ahí estaba, sin dormir hasta entrada la mañana, maullando bajito cuanto la...

"No", respondió moviendo con vigor sus bigotes regresando de sus recuerdos tan intensos, y empezó a caminar dejando muy sorprendido a Sai por tal negación y que, segundos después, preguntó:

"Nunca logro entender a Ino". Aquello hizo confundir al gato y, en lugar de lo que pudiera hacer, se quedó callado esperando la explicación. Últimamente sí que escuchaba y no armaba un escándalo por nada. "Creí que era ella. Pero ahora veo que en realidad nadie entiende a los gatos". Naruto alzó una ceja, ofendido de tal prejuicio hacia su especie. Ahora sí que quería hacer ruido. "... Después de todo lo que pasaste para darle esa bola tintineante que ahora está en su cuello, ¿Recuerdas? Yo y mis compañeros nos encargamos de que te fuera por completo desastrosa tu empresa. Después de días buscándola sin descanso por toda la metrópoli, preocupado por su bienestar y por llevarla de vuelta a su hogar. Después de haber visto tu cara llena de felicidad al contarnos que ya la habías encontrado y que estaba en casa, inmensamente agradecido con la fuerza desconocida que te llevó directo a ella… ¿Me dices que no te gusta?"

La paloma estaba cada vez más absorta del peso de sus propias palabras que, al mismo tiempo, debieron ser las acciones de su amigo con respecto a aquella gatita que lo hubo domado - o debió de haberlo domado-. Naruto sonrió con gracia: "Sai, no sé por qué me preguntas eso, si ya deberías saberlo", la paloma negó precisamente porque el rubio negó lo que le pareció obvio. "Pero lo que quise decir, es que no, no me gusta". Sai entrecerró sus ojos: ¿Cómo? Se había quedado en las mismas. Naruto sonrió aún más y miró al cielo y también al regalo que le tenía a Hinata. "...No diría sólo eso".

Tardó varios minutos cuando la paloma asintió satisfecha al conectar los hilos, y se despegó de la cabeza pelinaranja para volar y posarse sobre un hierro que sobresalía de un poste de luz.

"¿Tú le gustas?"preguntó sin escrúpulos. Como siempre.

El rostro del gatito se tornó inexpresivo. Sai se atrevería a decir que hasta algo compungido. ni siquiera lo había mirado cuando su cuerpo se hubo pasmado nuevamente.

La paloma blanca se quedó ahí observándolo desde arriba por unos minutos, hasta que Naruto retomó su camino.

Sai lo siguió por los aires, silencioso, expectante.

Apreció desde las alturas al diminuto gato que trepaba las escaleras de metal hasta saltar al balcón del edificio.

La gatita fue a su encuentro en cuanto escuchó a su compañero.

Naruto, en cambio a como estaba con Sai, sonreía nítida y calurosamente a la figura de sus atenciones.

Dejó en el suelo el regalo que sostenía entre sus colmillos: Una diminuta pero llamativa flor que le entregaba a su, al parecer del gato rubio, amor no correspondido. Aquella pantera que al mismo tiempo se sonrojaba y lo miraba con agonizante amor.

Sai, confundido, dio media vuelta y emprendió vuelo en dirección al hogar de Ino.

_..._

El sonido de la puerta abrirse acompañada de su propia voz anunciándose, lo hizo consciente de la calidez que siempre lo embargaba al entrar a su hogar.

-Llegué -

-¿Cómo te fue? - Correspondió alegremente Sakura, con un tono más suave de lo normal ya que notaba realmente cansado a su marido.

-No sabría decirte… - Los onix la miraron sonriente, con el rostro ladeado. En forma de saludo, rozó su mano pálida con los ríos rosados de una Sakura confusa por su respuesta. Prosiguió a buscar con la mirada a su hija y se sentó en el sofá poniendo a Sarada en sus brazos.

-Tu fatiga y falta de comunicación solo pueden significar una cosa… - Sasuke alzó una ceja, expectante, y ella expresó en seguida: - Discutiste con tu padre-.

Él bufó, y la oji jade se sentó a su lado.

- Supongo que por algo eres mi esposa-

-¿Por qué fue ahora? -

-Muchas cosas -

-Itachi-san-. Suspiró al verlo como un libro abierto. Él cerró sus párpados y echó su cabeza para atrás. No dijo nada.

Su compañera respetó su silencio y únicamente pudo recargarse en él.

Sasuke sintió como el peso de sus hombros se iba al sentir a su esposa al lado suyo y a su hija durmiendo en su pecho.

-Algunas cosas no cambian -. Murmuró sin rencor alguno, es más, conllevaba una paz interior que hace tiempo ya tenía con respecto a la relación con su padre y su hermano mayor.

En un suave instante, sintió los bigotes de su gatita cosquilleando su mejilla, junto con el sonido del cascabel que tenía atado en el collar que le había conseguido su esposa. Giró su cabeza para mirarla trepada en el borde del sofá.

Él sabía lo que estaba haciendo. Lo sabía a la perfección. Ya que en su comienzo al camino hacia la adultez, cuando llegaba a su departamento frustrado, dolido y enojado con todo el mundo… Con su padre. Con consigo mismo. En aquella época, cuando se veía siempre por debajo de su hermano; incompleto, sin la aprobación de su padre que le recriminaba por no ser mejor, por no ser Itachi; en la casa, en la escuela, en el trabajo, a cada minuto, a cada segundo parado junto a él, detrás de él…

En su momento, la gatita le tocaba el rostro con su tímida nariz, lo olía cuidadosamente, lo acariciaba con su pelaje melancólico y le lamía el par de lágrimas que, por mucho que las retuviera, siempre salían en el recuerdo más oscuro de su día. Ni su madre ni Itachi lograron hacerlo sentir mejor con sus palabras de aliento; que solo Fugaku se preocupaba por él y que por ello no daba su brazo a torcer. Decían. En esos años de miserable juventud ninguno pudo hacerle creer un cambio en su relación con su padre, ninguno de los dos pudo hablarle con claridad, al menos con cierto consuelo ante la verdad que evadían siempre que se les presentaba la ocasión. Ninguno.

Solo ella.

Su gatita, su gentil gatita… Y su pequeño calor que lo había entendido y acompañado en su dolor.

Fue su turno de tranquilizarla al mirarla a esos profundos y misteriosos ojos perla que traía consigo, ahora tristes y preocupados por él. Pero esta vez no lloraría, no había necesidad ni sentimiento. Ahora estaba en paz.

Sintió un peso al costado del sofá, justo a lado. Volteó a verlo. Estaba con sus pupilas apagadas y sosegadas, como el mar al anochecer, contemplandolo de una forma extraña, como si lo considerara su igual, su prójimo. A Sasuke le causó gracia aquello al mismo tiempo que no pudo evitar sentirse apreciado por ese gato.

¿Acaso podía pedir más?

_..._

Los párpados noche se abrieron. Dejando expuestos a la luna que igualmente eran sus pupilas.

Se sintió sumamente pesada, no podía mover ni una pizca el cuerpo o la cara. Sentía un sueño que, en lugar de hacerla relajar, le cansaba. Aun así, se encontraba cómoda y cálida en su mullida cama.

Alzó la mirada hacia el lecho de su compañero, pero no lo vió ahí: Tal vez había ido a la caja de arena. Quiso acomodarse en la posición contraria de la cama y así lo hizo. Contrario a lo que alguna vez hubiera imaginado, se le saltó el corazón al ver a un minino travieso, tan cómodo y apacible como lo trajeron al mundo, a lado de ella. Durmiendo.

Abarcaba casi todo. Sus patas estiradas, su cola rodeando el pequeño colchón y sus ronquidos que no hacían más que la felina se creyera distraída por no haberlos escuchado antes. Hinata estaba sonrojada. Más que eso. Tener a su querido a lado de ella, como alguna vez hace tiempo… Le provocaba muchas emociones.

Se quedó pasmada un buen rato. Admirándolo.

Últimamente además de cariñoso, le daba regalos que aun si pareciecen improvisados, le encendían el corazón como si fuera este madera y los presentes de él, los cerillos. Sin duda se sentía apreciada, como aquella vez cuando le dio el cascabel. Pero de alguna manera… Un poco más.

De repente, éste se movió errático. Replegandose a diferentes costados mientras sus patas se encogían y su ceño se fruncía. Ronroneó con disgusto. Y arrastró su propio cuerpo dormido, hacia la pequeña gatita; buscando calor.

Se pegó a ella hasta el punto de alcanzar aquello que necesitaba: Y Hinata supo que había encontrado esa calidez, ya que ella estaba tan roja como un tomate que podía quemar más que el sol de verano.

Ella estaba consciente que ya había estado con Naruto un par de veces en esa misma situación, como cuando contaron sus pasados y se quedaron dormidos en su cama, y cuando durmieron en el suelo, agotados y reconciliados, en la noche de otoño; Aún así, no podía evitar el bochorno del ahora.

Sus pensamientos se removieron al igual que su costado cuando Naruto frotó su cabeza contra el tierno cuerpo de ella. Ronroneando plácido.

La Hermosa gatita sintió mil mariposas dentro de su panza. Estando en un dualismo; una parte atesorando el momento, otra esperando que no explotara allí mismo.

Cuando él se hubo dejado de mover, el desbocado corazón de ella se tranquilizó. Dio un inaudible suspiro, tomando el valor para verlo nuevamente.

Se quedó hipnotizada por los delgados bigotes que adornaban su nariz rosa. Su pelaje suave al tacto brillaba más que el mismo satélite natural gracias a sus rizos anaranjados y dorados combinados, formando un color indescriptible. Sus orejas puntiagudas no hacían más que resaltar su personalidad junto con esos ojos escondidos que, cuando la miraban, la hacían sentir mil cosas.

Lo amaba.

Sí que lo hacía. Y sólo ese pensamiento hizo que sus ojos se aguaran de felicidad.

No supo cómo tuvo las fuerzas y la valentía para hacerlo. En medio de la noche fría, que ni siquiera podía sentir por el calor de su pecho y de quien estaba rodeando la con su cuerpo, sin ningún momento de duda:

Lo besó.

_..._

-¿Me da un melón por favor? -

-Aquí tiene señorita-

De inmediato la pelirrosa se sonrojó, era agradable escuchar aquel diminutivo de vez en cuando: Desde que las personas notaron a la pequeña Sarada en sus brazos comenzaron a llamarla sin contemplación 'señora'.

Y aquello, más que encolerizarla, le hacía tener ganas de echarse a llorar.

-Muchas gracias. - Siguió su camino tranquilamente llevando la carriola de su hija quien observaba a su alrededor maravillada. - ¿Éstas cómoda, Sa-ra-da-chan?-

La niña por supuesto no contestó, de igual manera la madre escuchó la respuesta en su mente.

Sakura se encontraba de muy buen humor. Tan siquiera saber que ya le faltaba poco para regresar al trabajo… Le hacía inmensamente feliz.

-No es que no me guste estar contigo, de hecho me encanta estar con una bebé tan hermosa y super tierna como tú - Expresó con tono meloso que hizo reír a la pequeña Uchiha. -... Sólo que, tener otras cosas en las que ocuparte es más que satisfactorio. -

Miró a las nubes, pensativa. El paisaje era claro y tranquilizador, cielo totalmente azul y aire fresco que anunciaba la primavera cercana.

Algunas veces, se sentía demasiado pequeña en ese vasto mundo en el que vivía. Tan pequeña, tan insignificante. Se preguntaba de qué servía la vida si no se tenía un propósito. A su madre, la que tanto había criticado por seguir una vida demasiado sencilla a simple vista y sin ninguna meta mayor. Sin dejar huella alguna en el mundo…

Ahora estaba en esa situación. Y de una manera u otra, la hacía sentirse deprimida el no alcanzar sus expectativas fantasiosas de adolescente: Convertirse en la mejor doctora que se haya visto, ayudando a decenas a salvar sus vidas, a darles una oportunidad para superarse, a encontrar soluciones a enfermedades incurables o a incentivar medicina poco convencional en zonas sin muchos recursos hospitalarios.

Ese era su sueño. Y le encantaría, más que nada, alcanzarlo. Pero también sabía que no era tan malo vivir una vida simple, sin grandes hazañas. Aún así, cuando lo deseara con tanta fuerza algún día, sabría que nadie podría detenerla.

Inhaló hondo, contuvo el aire en sus pulmones, Sarada balbuceó en gritos y Sakura se ahogó del susto.

-¿Qu-, qué… Su-Sucede cariño? - Murmuró con dificultad y sumamente avergonzada pues la gente las miraban curiosos.

La oji negra señaló con su dedito y habló como pudo:

-¡Dode, Dode…!-

-¿Cómo? - Sakura siguió la dirección de la mirada de su hija, no entendía que decía.

Pronto alzó una ceja con diversión al ver un pequeño letrero con la forma un felino, pero no sólo eso, sino que aquel gato era inmensamente parecido a su gatito.

-Sí, el gato - Rió con ganas - ¿Te recordó al loco de Naruto, no es así ? - Rió aún más y siguió el camino a su hogar.

Sakura es capaz de decir con toda seguridad que está satisfecha con la situación actual de sus gatitos.

Admiraba, no sin cierta complacencia, a los mininos más unidos que nunca antes: No se separaban en ningún momento, o lo correcto sería decir que Naruto seguía a todas partes a su compañera. Incluso la humana juraría que antes había sido al revés.

Observar a su bola de pelos color amanecer pegarse a Hinata cada tres pasos le parecía sumamente divertido ya que ahora no lo hacía para morderla o encimarse cual cachorro; sino para maullarle y contonearse a su alrededor como un gato normal.

Tampoco es que la peliazul se mostrara disgustada de la forma en que el tigre la hubo tratado en el pasado, sin embargo ahora de alguna forma podía sentir su aura suave y seductora de felina, como las luces boreales que sin saberlo ni quererlo son admiradas por sus colores y movimiento en los cielos.

¿Es que acaso ella era la única que notaba esas cosas en sus gatitos? Como si tuvieran una historia que contar detrás de cada acto y maullido que se tenían. ¿O son imaginaciones suyas?

A veces sí que creía que estaba loca, claro que en este caso se sentía más cuerda que una cabra. Es que… ¡Ni siquiera su esposo nota el cambio de su propia mascota! ¡Cuando era más que obvio!

Hinata estaba más alegre, ¡Lo vislumbraba con sus ojazos jade! La cola azulada de ella nunca paraba de moverse, sus patitas suaves y esponjosas ahora se escuchaban en todo su hogar cuando antes era por completo silenciosa; como si quisiera anunciar que está rodeada de pura felicidad. También maullaba más a menudo sobre todo si se trataba de Sarada-chan. Y sus movimientos al caminar… Sakura no podía imaginar aquello ¡Estaban ahí! Tal vez fuera imperceptible para todos e incluso para la misma felina, pero para la pelirrosa no: Eran, más bien… Es como si viera a una jovencita en pleno amor de verano, sus caderas ondulaban de vez en cuando y la linda extensión del cuerpo de Hinata llamaba la atención tímidamente con movimientos que seguían el caminar de sus tiernas patitas.

¡¿Cómo su esposo no se daba por aludido?! Esa es la verdadera cuestión.

Aunque, comenzaba a pensar que posiblemente Naruto también se había dado cuenta, sino… ¿Por qué no se separaba de ella? Mientras admira como un tortolo enamorado a su tesoro más preciado.

Hablando de Naruto…

En realidad es el mismo de siempre sólo que más ronroneante y muchísimo más afectivo. No tan juguetón empero a la vez conservador de su comportamiento infantil. Un bicho que se te queda en la ropa y que por mucho que lo intentes no se te despega.

Así es él en esos momentos, sin embargo… Ya no para con Sakura. De hecho, rara vez a su ama le prestaba atención últimamente.

Lo más sorprendente, y que a la vez le llenaba de dicha, era que la madurez gatuna que su Travieso gatito mostraba…

Era exclusiva para Hinata.

El ruido de las llaves en el cerrojo hizo berrear a su niña. Siempre sucedía, ella se ponía ansiosa con ese tintineo rasposo, tanto que lo quería para sí a cualquier costo. La madre suspiró y abrió la puerta siendo recibida por los guardianes del hogar.

-¡Llegamos! - En seguida, incesantes maullidos correspondieron. - metió la carriola con su hija ya con su ansiado objeto en mano, y la puso en la sala para acomodar el carrito de bebé.

Los gatitos rodearon a su hija, quien no les prestaba ni la más mínima atención.

Mientras ordenaba el mandado, se dio cuanta que el cereal en la alacena estaba, si podía llamarlo así, cuidadosamente destruido. Como si alguien hubiera forzado para abrir el cartón y robado unos cuantos granos de cereal. Miró sospechosamente a su gato, después de todo, aunque madurar a, seguía siendo un diablillo.

Puso la radio mientras preparaba la cena,empero no tan fuerte, sabía que ya no podia darse ese lujp, no almenos si su hija aun no cumplía los tres años. Sabía que se asustaba con facilidad. Y podía decir con bastante orgullo que no importaba que canción pusieran, ella lograba adaptarse y bailarla esplendidamente, y no solo lo decía ella, la mirada de su esposo que se posaba de vez en cuando a sus discretas curvas también.

-¡Vamos Sarada, ésta te gusta!- Movía con cuidadosa pasión los pequeños bracitos de su hija al ritmo de la canción, mierntas la susodicha blalbuceaba contenta por las ocurrencias de su madre.

Hinata se subió a la barra del lavabo, observando con sus enormes perlas aquel momento entre madre e hija tan maravilloso, tanto que incluso llegaba a envidiarlo.

Naruto no se quedó atrás, contagiado por la energía de sus dos amas comenzó a saltar y a treparse por las piernas de Sakura con el fin de ver aquel disfrute familiar en primerísima fila.

-¡¡Auu!!- La pelirrosa no tuvo de otra que tomarlo del pellejo y bajarselo de encima. Sí que era un diablillo.

Antes de irse a acostar junto con Sarada a su cama matrimonial, esperando dormidas la llegada de Sasuke, Sakura fue a apagar las luces excepto la del pasillo de la entrada. Y de regreso a aquella acción, observó con detenimiento como sus gatitos se preparaban para dormir: Hinata daba vueltas en su cama morada para proceder a acostarse en una posición cómoda, aún con sus pupilas abiertas mirandola. Naruto tenía la cabeza debajo de su lecho, como si buscara algo aparentemente inexistente. Sakura bufó.

-Buenas noches. Y espero no encontrar algo destrozado en la mañana ¿Oíste Naruto?-

Su cuerpo dio media vuelta pero su cabeza se quedó en la misma dirección cuando escuchó crujidos sordos ¡Seguramente ya había roto algo ese travieso gato! Esperó paciente para ver la prueba del delito, y sus ojos se entre cerraron al ver a un Naruto ya visible con sus mofletes en bola cual ardilla. Encaminandose a Hinata. Soltó de su hocico cereal que obviamente había robado de la alacena y que se lo daba explícitamente y sin duda alguna a Hinata. Y eso la enterneció. Hinata con timidez aceptó gustosa el regalo y Naruto después de darle una mirada intensa pasó por encima del cuerpecito de la gatita para acostarse a su lado.

Era un diablillo.

Había robado ese cereal para Hinata. Y además el confianzudo se coló al lecho de la hembra rodeandola con su cuerpo de manera, diría Sakura, protectora. Su compañera temblaba por el nerviosismo de tenerlo tan cerca pero sin duda estaba más que feliz de encontrarse a su lado. El gatito sin previo aviso le lamió las orejas azules, como si le deseara buen noche, y finalmente recostó su cabeza en el costado de la peli noche.

Sakura se quedó absorta ante la escena. ¡Debía contárselo a su esposo en cuanto llegara! Él era tan despistado… De verdad debía prestar más atención a lo que hacían sus mascotas entre ellos. Seguro se llevaría una sorpresa.

En cuanto a Naruto…

Lo escuchó ronronear mientras se acurrucaba aún más al cuerpo dormido de la felina. Sakura sonrió fascinada.

Seguía siendo un diablillo.

_..._

Es muy bonita:

La minina, se encontraba recostada en el regazo de su humano y dormitando en sus piernas, mientras éste veía la televisión y de vez en cuando acariciaba detrás de sus orejas azuladas. Hinata ronroneaba por la atención recibida y su cascabel resonaba con ella. En tanto, Sakura dormía en su habitación y Sarada jugaba con sus peluches a la vigilia de su padre. Y Naruto…

Naruto contemplaba la relación mascota y humano con malhumor; Las bellas facciones de su querida amiga eran más que placenteras en donde tenía plasmada una tierna sonrisa que levantaba sus bigotes; Y el rostro del feo y maloliente Sasuke-Teme estaba como siempre, estoico y tonto.

¡Quita amas y quita amigas! : Bufó sonoro, hasta el punto de alcanzar el oído de la ojiperla quien miró en su dirección e inmediatamente le sonrió hermosamente, tal como ella.

A él se le detuvo el corazón, sentía que no respiraba, que su cuerpo se entumecía y su nariz se calentaba hasta volverse roja.

Le sonrió de vuelta, dejándose llevar por la nubosidad rosada que le hacía flotar hasta los cielos.

"Está bien Sasuke-Teme, te dejaré estar un rato más con Hinata". Pensó, feliz de no dejarse consumir por los celos y dejar ser a su Hinata con su tonto Sasuke. Ya sin sentir ninguna pizca de molestia al momento en que el susodicho acariciaba el lomo femenino.

Sintiéndose aún liviano, recordó como en los últimos días todo había sido maravilloso con ella. Hacían todo juntos. Amanecían, veían a Sarada, desayunaban con los Uchiha, jugaban al estambre juntos, eran acariciados por sus humanos al mismo tiempo, cenaba juntos, ¡Dormían juntos en su no sucia ni pulgosa cama morada!

Era fantástico ¡Es fantástico! Creía estar en el paraíso de los gatos cada que él se encontraba cerca de Hinata. Y más cuando sucedió… Aquello.

Entonces sus reflexiones se vieron interrumpidas cuando la peliazul empezó a poner sus patitas suaves sobre las manos del peli negro haciendo que él la viera y empezara a jugar con ella, haciéndola poner panza arriba para hacerle cosquillas en el mismo lugar. A Naruto se le salieron los ojos, ¡Eso sí que había ido demasiado lejos!, salió como un auténtico rayo hacia ellos y le sacó un grito ahogado al pobre azabache cuando le mordió feroz el antebrazo.

-¡¿Qué diantres?! -

"¡Esta vez te pasaste! ¡¡Y yo que te había dado el toque de confianza dattebayo!!"

Los machos comenzaron a pelear como siempre acostumbraban: Con jaladas de pellejo, gruñidos y mordidas. Y Hinata, molesta por la interrupción y el barullo de ambos -en el momento cúspide de los mimos de Sasuke-, se desentendió y fue a donde estaba Sarada quien jugaba tranquila e imperturbable con el pleito sucediendo a un par de metros de ella.


¿Y la abeja en la flor? ¿Y el celo en Hinata-chan? Tal vez se pregunten. Y es que el capítulo que había planeado para este era aún más largo, así que decidí dividirlo en tres partes más o menos. Disculpa si de verdad lo esperaban. Tengan paciencia.

Por cierto, espero hayan notado los Anhelos y los sentimientos no sólo en los gatitos, sino también en el pequeño desarrollo de Sasuke y Sakura.

El siguiente capítulo ya lo tengo escrito, solo falta pulirlo, ¡no quiero tardar en subirlo!

Gracias por sus comentarios, me alegra saber lo que piensan y lo que sienten de esta historia. Y una disculpa por tardarme tanto, me frustra en serio hacerlo pero a veces es necesario para mejorar y mejorar el contenido.

Espero estén bien, cuídense.

Hinata Hyuga -NxH: ¡¡Gracias!! No sabes cómo me animó.

Maziixd: ya veo jaja. Si que es extraño.

Lila: lo lamento. Tardé :-(

BuffAngel MM: ohh te entiendo por completo, a mi también me llegaba a desesperar porque no escuchaba a Naruto ni a Kiba.

Blue-azul-acero: Me alegra mucho saber que te alegré el día. ¡De veras! Ay espero estés bien, tú y tus seres queridos, aún con todo el trabajo y adversidad. Espero que te siga gustando la historia cada vez más.

Mariapayares: me alegra que te gustara y lo hayas leído muchas veces. Lamento la tardanza.

NaruhinaGruvia: o no jeje. Menos de cuatro. ¡Imagínate cuánto gato tendrían en casa los Uchiha!

Kaede xerxes: ayy seguro Sasuke reaccionaría cómo los mil demonios. ¡Que mal lo de tu Internet! Espero se resuelva.

Ruhanaharu: ¡Si, también quiero plasmar ese amor de gatos! Espero te encuentres bien a pesar de tanto trabajo.

Junjouromántica: oh si lo sabía, sin embargo en este caso no puse la mordida para dar a entender que Toneri hizo aquello, sino más bien como una demostración de superioridad y, como tu dices, marcarla denotando posesividad para vengarse de alguna manera con Naruto. Pero creo que entiendo el por qué no te gustó y lamento que haya sido así.

LiviNike: ah justamente el principio del capítulo, donde Hinata habla con Kiba y se recuerda con Toneri, lo iba a poner al final del anterior capítulo, sin embargo sentí que le quitaba peso al momento de Hinata y Naruto disculpándose. Tengo planeado además que en una pesadilla Hinata recuerde un día entero con Toneri... Espero me salga bien. ¡Gracias por el comentario! De verdad creo que gracias a él, mejoré lo que ya había escrito de los recuerdos de Hinata.

UnaLectoraMas: Me alegra mucho, espero aún te siga gustando. Y disculpa la tardanza :-(


Mmm... En el proceso en que hacía el capítulo, sentía que me encantaba. Pero en la última releída, no sé si fue porque lo leí tantas veces para corregirlo o qué, no me encantó como esperaba y quería.

22/11/2020