La ira, es un sentimiento que envenena de la forma más veloz el cuerpo de un humano. Comenzando por la cabeza, nubla el juicio y hace que las cosas se perciban con mayor hostilidad de la que es en realidad. Un simple movimiento de mano puede ser percibida como un amago de golpe por alguien cuya ira bulle en la cabeza.

Después de la cabeza, salta a la boca, facilita la comunicación de mensajes tan rápido como se piensan, pocas veces son coherentes dichos mensajes pero impulsados por la ira pueden ser hirientes e incluso dar la falsa idea de que son verdad.

El siguiente paso es el cuerpo. Un calor infinito invade cada centímetro del ser, provocando adrenalina en un esplendor poco común. Otorgando la falsa idea de poder, engañando a la víctima haciéndole creer que es más fuerte, más grande, más poderosa y omnipotente.

Por ello no es recomendable enfrente a alguien cuya ira completa esta en las tres fases mencionadas. En caso contrario el único resultado es que de la ira se pase a la furia, un sentimiento aún peor que la susodicha. Pero esto es algo, que a pesar de ya saber, Petunia Dursley, esposa y madre, no recordó en el momento apropiado logrando desencadenar eventos que si me sigues en el viaje, podremos descubrir. Eventos como una reunión entre dos almas poco comprendidas, víctimas de terceros. El nacimiento de un mago francés sin orígenes. La caída de un sabio. Y por último pero no menos importante, la llegada del amor.

¿Vienes conmigo?