La caza del unicornio

Sinopsis: Rukia, única hermana del Daimyo de Rokubantai, ha sido secuestrada por otro Daimyo enemigo que requiere de ella para un propósito nefasto, que la lleva descubrir cosas de sí misma que ni siquiera imaginaba.


Notas del autor: Tiene conceptos, probablemente mal usados, del Japón medieval que se me pasó poner en un glosario y ya tengo flojera de ponerme a buscar cada palabra. Perdonen mi flojera.

Lo que si les puedo decir los que me acuerdo al final del capítulo.


Parte uno


El espacio en el palanquín era pequeño, la intención era asegurarse que no se pudiera mover o escapar.

— Relájese, Rukia-Hime, o no podrá hacer su labor correctamente— Dijo la voz de un hombre de edad madura. Era la voz de Sosuke no Aizen, Daimyo de Hooru y Gobantai.

— ¿Cómo espera que me relaje si me secuestró cuando iba a mi boda?— Ella aún estaba vestida con su Shiromuku y no sabía a dónde la trasladaban.

— Está viva, ¿no es así?— Lo dijo como si eso fuera suficiente, como si no la hubiera obligado a ver cómo asesinó violentamente a toda la comitiva de la familia Abarai, a la que supone se uniría con un pequeño escuadrón de seguridad que la debía escoltar al templo para la ceremonia nupcial.

Aizen se aseguró de no dejar a nadie vivo, incluyendo a los aldeanos o sacerdotes, ni de obligar a consumir veneno a toda la comitiva que la acompañó a las tierras de su esposo para que no regresaran a informar a su hermano de lo sucedido y por el simple placer de verlos morir lentamente.

Rukia guardó silencio como protesta, no le concedería el honor de doblegarse a sus caprichos, porque si eso le hizo los que se interpusieron en su camino, ¿qué le harían a ella?

No la desea como esposa ni como rehén porque no ha enviado por rescate a su hermano, o lo pudo haber solicitado a la familia Abarai si la hubiera robado antes. No, Sosuke Aizen no quiere que nadie sepa que la tiene en su poder.

— ¿Aizen-sama, le parece bien este lugar para poner el campamento?

— Sí, estamos cerca de una laguna cristalina y un campo de flores. Pongan cómoda a nuestra invitada y que O-ri vaya a vestirla adecuadamente.

Rukia pudo escuchar todo el intercambio desde su palanquín y le preocupaba porque acamparían en un lugar tan abierto y desprotegido, ¿Acaso no les preocupaban los ladrones?

No tardaron mucho en trasladarla y dejarla salir del palanquín. Se dio cuenta de que estaban detrás unos árboles y arbustos bastante gruesos, pero que aun así ofrecían algo de vista al lago y campo de flores.

— Sígame, Hime-sama— Dijo una chica de brillante cabello rojo que estaba señalando a una tienda que estaban montando.

La muchacha que vestía un sencillo, aunque costoso, kimono debía de ser una sirvienta de alto rango. La muchacha, que debía de ser O-ri, la estaba guiando en dirección al lago en el que estaban montando una pared de biombos.

— Aizen-sama me ha ordenado que le quite su maquillaje y sus ropas nupciales— Le explicó al ver el rostro de confusión de Rukia, cuando tomaron dirección al lago—, después la vestiré adecuadamente.

— ¿Por qué nos detenemos aquí? ¿No sería más seguro detenernos en una fortaleza?

— Aizen-sama la requiere en este lugar.

— No entiendo para qué, si desea un rescate debería de mandar a un mensajero con mi hermano. Nii-sama le pagará todo lo que deseé.

— Aizen-sama sólo desea su virginidad, Hime-sama, bueno, si es que lo es— Dijo O-ri con voz tan apagada y nerviosa que aterró a Rukia—. Sólo una doncella puede ayudarle.

— ¡¿Qué?!

¿Qué le harían? ¿Por qué necesitaban algo como su virginidad?

— Desvistase, Hime-sama, debe de darse un baño para purificar su cuerpo.

Rukia iba a protestar pero vio que detrás de O-ri se encontraba un escolta con una katana listo para desenvainarla en caso de que ella opusiera resistencia, por lo que tuvo que aguantar los chiflidos y burlas de algunos de los hombres de Aizen cuando comenzó a desnudarse detrás del biombo.

El biombo sólo la protegió mientras se desnudaba y deshacía el complicado tocado del cabello, pero pudo sentir sus miradas libidinosas recorrer toda su figura mientras entraba al agua, que afortunadamente no estaba fría por ser primavera, y comenzaba a lavar su cuerpo y rostro del pesado maquillaje que le habían puesto.

Cuando salió del agua, por órdenes de O-ri, se tuvo que untar un peculiar aceite muy perfumado a flores por todo su cuerpo y vestirse con una nagajuban blanca antes de ser guiada a la tienda que sería suya, en la que sólo había un tapete, un perchero y un futón para recostarse.

— Aizen-sama me ha pedido que le informe que no debe de salir de esta tienda hasta nuevo aviso— Le dijo después de terminar de cepillarle el cabello.

¿Qué puedo hacer? ¿Qué quiere ese hombre de mí?— Pensaba Rukia, incapaz de huir porque su tienda estaba ubicada exactamente en el centro del campamento y protegida por un centinela que de vez en cuando metía la cabeza y le dirigía una mirada que la incomodaba y le desagradaba en demasía. No era sexual en su naturaleza, era, más bien, como si ella fuera un espécimen raro pronto a ser parte de un experimento cruel.

A lo lejos le pareció escuchar el relincho de un caballo, aunque sonaba inusual, como si fuera un eco que retumbaba en sus oídos y que la llamaba.

— ¿Por qué no deja de relinchar ese caballo?— Preguntó en voz alta al notar que parecía que nadie atendía al pobre animal.

— Oh, ¿así que también puede escucharlo, Rukia-hime?— Aizen entró a la tienda, seguido de un par de sirvientes que pusieron dos sillas plegables y una mesa y de O-ri que salió y regresó rápidamente con una jarra y dos copas de para el sake que empezó a servirles.

— ¿Para qué me necesita, Aizen-dono?— Preguntó Rukia después de tomar la copa que le fue ofrecida, aunque no bebía de ella. Miraba su contenido con desconfianza.

— No es un caballo...— Dijo Aizen antes de dar un trago a su copa y hacer que O-ri la volviera a llenar.

— ¿Perdón?

— Lo que usted escuchó no fue un caballo...

— ¿En ese caso qué fue lo que escuché?— No entendía a qué se refería Aizen, pero prefería sacarle toda la información que pudiera, tal vez eso le permitiría huir.

—Beba, Rukia-hime, no sea descortés, me costó mucho trabajo conseguir este sake— La obligó a beber con su mirada cuando notó que ella sólo sostenía su copa entre sus dedos, el sake le supo dulce y agrio a la vez y le dejó una sensación espesa en la boca que se volvió fresca y tibia a la vez conforme bajaba por su pecho y se asentaba plácidamente en su vientre. El muy bastardo estaba disfrutando el jugar con ella, era obvio que el sake estaba adulterado de alguna manera—. La criatura que estamos escuchando es algo similar a un kirin— Dijo misteriosamente.

— ¿Un kirin? ¿Una criatura mitológica?— Por su tono de voz, Rukia estaba molesta por la burla del daimyo, aunque también estaba comenzando a sentir sed por lo que le dio otro sorbo al sake hasta vaciarla.

— Sí, algo así, de hecho se llama unicornio y deseo atraparlo. O-ri. llena la copa de la princesa, estoy seguro de que desea más.

— ¿Y cómo planea atrapar una criatura TAN mágica?— Dijo Rukia con sarcasmo antes de consumir el contenido de su copa de un solo trago. Si el kirin no existía, mucho menos esa criatura a la que nunca antes había escuchado mencionar.

¡Dios, que buen sake!— Pasó por un momento por la cabeza de Rukia antes de que O-ri llenara su copa otra vez sin necesidad de recibir una orden.

— Aún es doncella, ¿no es así?— Preguntó Aizen, en sus ojos había algo de lujuria y sadismo.

— ¿Qué clase de pregunta es esa?— Dijo indignada, tenía diecisiete años, y otra vez traían a colación semejante tema. ¡Por supuesto que era virgen! Sólo porque siguiera soltera en comparación con la mayoría de las chicas de su edad o que su hermano rechazó todas veces las propuestas que recibió por su mano, hasta que los ancianos eligieron por él, sin ninguna razón aparente no significaba que era porque ella hubiera sido una licenciosa.

— Una más importante de lo que se imagina, pero no se preocupe, mañana lo comprobaremos— Dijo Aizen mientras se levantaba de su asiento y un par de sirvientes entraban y se llevaban la mesa y una de las sillas.

— ¿Qué significa eso?— Rukia percibió el tono ominoso en las palabras de Aizen.

— Eso lo averiguará mañana, Rukia-hime. O-ri se encargará de atender sus necesidades y de prepararla, así que le pido, por el bien de O-ri, que no trate de escapar— Por la forma en que la joven sirviente tembló, Rukia se dio cuenta de que no era un ardid. Algo le haría a la pelirroja si trataba de escapar... y tal vez se lo haría a ella también.

— Después de comer la peinaré, Hime-sama— Dijo O-ri con la mirada baja y salió de la tienda para traer lo necesario.


La comida y la cena fueron vastas, un pequeño banquete en el que le sirvieron más sake sólo para ella, considerando las circunstancias, y la compañía, estuvo... bueno, dos guardias las vigilaron en todo momento. Uno era taciturno y no le quitaba los ojos de encima a O-ri y el otro todo un bravucón que hacía todo lo posible por llamar la atención del primer guardia. Rukia podía agradecer que se hubieran retirado una vez que terminó de cenar y O-ri comenzó a peinarla.

Aunque Rukia estaba distraída, los relinchos hacían que su corazón se sintiera alterado. Ni siquiera se quejaba cuando O-ri le jalaba el cabello con mucha fuerza o le prestó atención al hermoso kimono que se colgaron en el perchero y que, suponía, usaría la mañana siguiente.

— ¿El llamado es muy fuerte, Hime-sama?— Preguntó O-ri, mientras hacía un complejo peinado con peinetas, pinzas y agujas.

— ¿Eh?— El sake le había afectado los sentidos un poco.

— El unicornio, ¿hace que su corazón se sienta acelerado o sus piernas tiemblen?— El tono de su voz era comprensivo y suave, aunque Rukia no le quería decir que le hacía sentir algo en su vientre que no terminaba de entender, esperaba que fuera a causa del sake.

— ¿Tú también lo escuchas?

— A este unicornio no, ya no puedo escucharlos.

Rukia se giró en su lugar, el hermoso rostro de la joven sirvienta reflejaba una tremenda tristeza y pena.

— ¿Qué quisiste decir con ya no?

—... Yo... antes... cuando aún era doncella...

Pudieron escuchar apurados que se acercaron a la tienda antes de que entrara aquel soldado de nombre Ulquiorra.

— Onna, Aizen-sama desea que te apures y que vayas a atenderle. Cuando termines, Jaegerjaques y yo te estaremos esperando para cuidar tu tienda.

El rostro y las orejas de la chica se pusieron tan rojos que parecía que comenzaría a echar humo de los oídos en cualquier momento.

— S-sí, en un momento voy, ya casi termino— En su voz había no había ni una pizca de miedo.

¿Acaso, ella... también les sirve de ese modo?— Se preguntó Rukia al ver las reacciones de la chica, parecía apenada, aunque algo deseosa de ir a atender al daimyo.

Cuando el soldado se retiró, O-ri siguió con su tarea de peinarla, aunque ahora lo hacía más velozmente. Tenía prisa.

— Antes de que me vaya— Comenzó a hablar la doncella en voz muy baja, casi muda, cuando ya casi estaba por terminar el peinado—, debe saber que Aizen-sama también se ve afectado por el relincho del unicornio. Así que, pase lo que pase, no se acerque a la tienda de Aizen-sama.

— ¿Qué quieres decir?— No tenía pensado salir de la tienda.

— Hace unos años yo también pude escuchar a un unicornios y, cuando Aizen-sama me encontró me di cuenta que el llamado también lo afectaba a él... aún lo hace.

— ¿Afectarlo, cómo?

— Una noche antes de que llegáramos al campo de flores dónde encontraríamos al unicornio, Aizen-sama me solicitó que lo acompañara a ver la luna... y yo acepté gustosa.

¿La luna? Es una metáfora muy extraña— Pensó Rukia, a veces le costaba entender los dobles sentidos de los demás.

— El unicornio está en búsqueda de algo, no sé qué es, pero si no tiene cuidado Aizen-sama lo atrapara y no quiero imaginar lo que le hará. Aizen-sama me dijo que son seres muy peligrosos— Volvió a bajar su voz—. Así que escondí uno de los regalos de su dote, úselo cuando se encuentre con el unicornio. Dicen que su sangre protege de males, así que no dude en cubrirse con ella si se siente en peligro.

O-ri terminó de peinarla así que comenzó a guardar sus peines y adornos para el cabello.

— O-ri— La chica detuvo su tarea—, ¿cómo luce un unicornio?

La chica sonrió enternecida antes de responder.

— El mío era un hermoso semental negro con un cuerno dorado, pero creo que los hay de diferentes colores.

— ¿Y qué fue de él?

— ...No lo sé, él se fue antes de que pudiera montarlo, aunque atacó y acabó con la escolta de Aizen-sama en esa ocasión. Toda una lástima, se veía tan fuerte y maravilloso, hubiera sido un excelente caballo de guerra.

— Espera— Rukia se dio cuenta de algo en la forma de hablar de O-ri—, no eres una sirvienta normal, eres la amante de Aizen-dono...

O-ri sólo sonrió misteriosa y salió en silencio de la tienda, moviendo las caderas con cierta coquetería de lo que haría con su amo y señor.

Si no estuviera mareada por el sake y el piso le daba algo de vueltas, juraría que vio un destello de malicia en el rostro de O-ri.


Cuando Rukia se quedó sola en la tienda buscó a rastras aquello que O-ri escondió, no tardó mucho en encontrar el regalo al que se refería. Era la zanpakuto Sode no Shirayuki, una katana ceremonial completamente blanca, hecha en su imagen, o eso le dijo el maestro forjador cuando se la entregó a sus padres en su séptima primavera.

¿Por qué me dejó esto?— Se preguntó Rukia mientras se sentaba sobre el futón para poder admirar la katana, casi nunca la dejaban sostenerla a pesar de que le pertenecía— Será porque... ¿me quiere ayudar a escapar?

Rukia trataba de ordenar sus pensamientos cuando escuchó al unicornio llamarla otra vez. Los efectos del sake parecían potencializarse.

El relinchido que se escuchó lo sintió tan cercano y retumbante en sus oídos que perdió la poca concentración que tenía por un momento. El corazón de Rukia comenzó a latir aceleradamente.

Me está llamando— Por fin lo aceptó Rukia—, quiere que vaya con él.

Se sentía ansiosa y no tenía sueño a pesar de su mente nublada. Sentía que debía de ir a algún lugar inmediatamente. Se levantó del futón decidida ir a donde tuviera que ir.

Lo más silenciosamente que pudo se acercó a la entrada de su tienda y sacó la cabeza. No había nadie cuidando su entrada, ni siquiera había nadie cerca. Las fogatas estaban apagadas, a excepción de unas cuantas lámparas. No era tan tarde como para que relajaran la vigilancia.

¿Se habrán ido a dormir? No es normal... no puede ser normal...— Se dijo a sí misma cuando no vio a nadie después de varios minutos— Tal vez no debería...

Cuando se dirigía de regreso, insegura de lo que debía de hacer, escuchó otro relinchido que le aclaró la mente de repente.

Está cerca— Lo sintió en su corazón, debía de irse ya.

Miró el kimono colgado en la perchera, no estaba segura si debería de ponerselo a sí misma, nunca se había vestido sola en su vida, pero la noche primaveral era fría y la delgada tela de su nagajuban no la protegerían del frío.

Sin dilación alguna se puso y anudó como pudo el kimono, tomó a Sode no Shirayuki, que anudó en su cintura, y la linterna que habían dejado en su tienda.


Glosario:
Haha-ue: Madre
Chichi-ue: Padre
Sobo: Abuela
Sofu: Abuelo