La caza del unicornio
Sinopsis: Rukia, única hermana del Daimyo de Rokubantai, ha sido secuestrada por otro Daimyo enemigo que requiere de ella para un propósito nefasto, que la lleva descubrir cosas de sí misma que ni siquiera imaginaba.
Parte dos
Salió lo más sigilosamente posible del campamento, deteniéndose cada tanto para asegurarse de que no la siguieran o se hubieran dado cuenta de que había escapado. Tenía mucho miedo, esta sería la primera vez que se internaba durante la noche. No recordaba nunca haber pasado ni una sola noche sin un techo sobre su cabeza o que la hubieran dejado salir de la mansión después del atardecer.
Cuando dejó las inmediaciones del campamento, le tomó varios minutos saber que dirección debía de tomar, pero, de alguna manera, la luz de la luna formó un camino que se sintió obligada a seguir. No supo cuánto tiempo caminó, pero se alegraba de haberse puesto el kimono, la temperatura estaba bajando más de lo que ella esperaba y los efectos de calor que le había ofrecido el sake se estaban terminando, aunque el mareo persistía.
Por alguna razón no se detenía, seguía ese camino de luz de luna que la estaba llevando en la dirección contraria al campo de flores junto al lago en el que había bañado esa tarde. No pasó tanto tiempo, o eso creía, el tiempo pasaba distorsionado en su cabeza, hasta que dio con otro campo de flores completamente blancas y que emitían una luz plateada. No estaba asombrada por las flores de luna, flores míticas por sólo abrir sus pétalos bajo la luz de la luna de luna llena como en los cuentos que le contaban sus niñeras cuando era niña, sino por el hermoso corcel que se encontraba en el centro del campo.
El semental pateaba el suelo, relinchaba y movía la cabeza de un modo muy particular. Estaba fascinada por ese ser, su crin y su pelaje eran completamente blancos y en su frente había un cuerno de cristal que emitía una luz dorada y cálida que le recordaba a los rayos del sol. Cuando Aizen dijo que era como un kirin nunca pensó que sería una criatura tan majestuosa que resplandecía por sí misma.
— ¿Tú me estuviste llamando?— Rukia le preguntó al corcel cuando ya se encontraba a una distancia prudente y que, en respuesta, movió la cabeza en un movimiento afirmativo— ¿Por qué?— Dijo acercándose hasta alcanzar a la criatura que volvió a mover la cabeza haciéndole entender que quería que lo acariciara.
El unicornio comenzó a resoplar y a olfatear las orejas y cuello de Rukia, como asegurándose de que su aroma era el de la persona que estaba esperando, lo cual la hacía reír por las cosquillas que le provocaba. Y, curiosamente, la cercanía despejaba su mente de los efectos del sake.
— Eres hermoso, ¿sabes?— Dijo abrazada al cuello del corcel después de unos minutos. No sabía cuál era la causa, pero se sentía tranquila y relajada con él, que ya podía dormir. El cansancio del día por fin la alcanzó.
La princesa sujetó al unicornio de su hocico y continuó acariciándolo suavemente, enfocando su mirada en sus hermosos ojos avellana.
— Soy Rukia, hermana del Daimyo de Rokubantai— Guardó silencio por un momento—. Me pregunto— bostezo— cómo debo llamarte...— Dijo antes de volver a abrazarlo y empezar a quedarse dormida sujeta a él.
Mi nombre es Ichigo, enana— Le pareció escuchar que dijo el unicornio.
— Es— otro bostezo— un nombre... hermoso...— Dijo antes de quedarse completamente dormida— y no... me digas— bostezo— ... enana.
Rukia se sentía muy tibia, no quería levantarse, pero la luz del amanecer, que le comenzó a incomodar en el rostro, la obligó a abrir los ojos. Estaba en el suelo, recargada sobre el unicornio que la miraba fijamente.
— ¿I-ichigo...?— Dijo, sin saber de dónde sacó ese nombre, cuando se dio cuenta que la fuente que le ofrecía su calor era él. El unicornio resopló en aprobación al escucharla mencionar su nombre y comenzó a olfatear y lamerle los oídos— Basta, ja, ja, ja, me haces cosquillas... Ichigo, ja, ja, ja, para, por favor... Ichigo...
Rukia luchó varios minutos con Ichigo que no dejaba de hacerle cosquillas juguetonamente, arruinando su peinado en el proceso al hacer que parte de su cabello se soltara y sólo quedara sujeta la parte superior del tocado gracias a las pinzas y tocado.
No quiero...— Rukia escuchó en su cabeza— me gustas...
— A mí, ja, ja, ja, también... me gustas, ja, ja, ja... basta, tenemos que irnos, ja, ja, ja, Aizen quiere hacerte daño— Esa sentencia hizo que Ichigo dejara de jugar con ella.
No te preocupes por él, la doncella ya se encargó de él— Dijo el unicornio un tanto serio.
— ¿La doncella? ¿Te refieres a O-ri?
Ichigo no le respondió por un momento, Rukia sintió la seriedad que emanaba de él.
— El unicornio que la llamaba a ella... murió, ¿verdad?
Sí, ella lo mató con su credulidad— Dijo Ichigo—, tal vez mató a Aizen para resarcir sus errores.
— Entiendo, creo...¿Ichigo, que le pasó al campo de flores?— Preguntó Rukia cuando se dio cuenta que las flores de luna ya no estaban, en su lugar había flores de silvestres normales.
Las flores se fueron— Dijo Ichigo sin darle importancia—, ya volverán, las muy desgraciadas primalunas son muy caprichosas.
— ¿Caprichosas? ¿Cómo que caprichosas? Sólo son flores— Rukia se estaba confundiendo, ¿las flores tenían voluntad propia?
Sí, a las flores les molestó que fueras más bella que ellas— Dijo Ichigo con una falsa pena mal disimulada.
A Rukia le costaba creer lo que le decía Ichigo, pero no dudaba que le decía la verdad. Si él existía, las flores seguramente podían tener voluntad propia. Era tanta la información que tenía que absorber de repente que se recostó sobre Ichigo, la respiración de él la reconfortaba y le agradaba mucho, por lo que se volvió a quedar dormida sobre él.
Tenemos que irnos— La despertó Ichigo, su actitud se había vuelto cautelosa de repente y su voz urgente.
— ¿Eh? ¿Irnos? ¿A dónde?— Dijo Rukia saliendo del estupor del sueño y al darse cuenta que el sol estaba muy en lo alto, ya hacía bastante que había pasado el mediodía. Durmió por horas.
¿Por qué habría dormido tanto?
Lejos y debemos hacerlo rápido, nos persiguen y no están lejos— Dijo Ichigo alarmado.
— ¿Nos persiguen? ¿Quién? ¿Dijiste que Aizen había muerto?
Lo está, debe de estarlo haciendo la doncella— Dijo Ichigo mientras se levantaba del suelo—, no pensé que vendría tras nosotros.
— O-ri nos persigue... ¿pero, por qué? Ella fue la que devolvió a Sode no Shirayuki.
Bien, la necesitarás para defenderte cuando tengamos que confrontarlos. Ahora, sube— Le ordenó Ichigo.
— Sí...— Dijo Rukia, aunque en realidad estaba insegura de cómo debía de montar su lomo mientras vestía un kimono.
¡Rápido!— La apuró cuando, después de un par de minutos, aún no se subía a su lomo.
La urgencia en la voz de Ichigo la hizo que olvidara todo el pudor que la había detenido, eso provocó que el kimono se abriera hasta a la altura de sus piernas y su pecho, sin duda muy ayudado por su obi mal anudado.
Sujetate fuerte— Dijo Ichigo y movió su crin para indicarle que se sujetara de ella.
— Ichigo, si algo sucede— Comenzó a hablar Rukia mientras desenvainó a Sode no Shirayuki—, y tu vida corre peligro, no dudes en abandonarme.
Ni siquiera lo pienses, enana, nunca abandonaría a mi mujer.
— ¿Tú qué...?— No pudo terminar su pregunta porque Ichigo comenzó a andar a todo galope.
Un pequeño comando armado se estaba acercando a su posición, lucían diferente a los soldados que Rukia había visto el día anterior, estos lucían desaliñados y cubiertos con barro y sus armaduras mal puestas.
A pesar de que trataron de perderlos, y casi lo lograron varias veces, les dieron alcance y ahora los tenían rodeados.
— Ríndase, Rukia-hime— Dijo una voz femenina, aunque sonaba distorsionada y hueca—, entregue al unicornio y la dejaremos ir...— La dueña de la voz de abría paso hasta llegar al frente del grupo, era O-ri, ella vestía una armadura y montaba un corcel completamente negro que lucia demasiado flaco como para ser normal, que carecía de ojos, tenía pedazos de carne arrancados y una protuverancia extraña y rota en su frente.
— ¿O-ri?— Rukia no se podía creer que era la misma mujer, tampoco podía conciliar que ella parecía estar montando al unicornio por el que había aparentado sentir aflicción— No te creo nada— Dijo Rukia la notar que ella también lucía extraña, su cabello, antes brillante y bien peinado, ahora lucía sucio y despeinado; su ropa estaba mal puesta y apenas y se sostenía en su lugar gracias al obi, se podían ver sus cremosas piernas por estar montado y parecía que sus enormes pechos iban a salir volando del kimono mal hormado a su cuerpo.
— Háganos las cosas más fáciles, Rukia-hime— Sugirió la pelirroja de una manera que sonaba más como una amenaza—, por su propio bien.
Rukia comenzó a acariciar la crin de Ichigo, ese debía de ser el unicornio de O-ri, al parecer sí había logrado convertirlo en un caballo de guerra, aunque luce todo menos magnífico.
— ¿Qué le hiciste a ese unicornio? ¿Cómo lo reanimaste?— Era obvio para Rukia que ese unicornio tenía tiempo de haber fallecido— ¿Y quién eres? ¿Qué le hiciste a O-ri?
— Pues nos la comimos, ¿no es obvio?— Era Grimmjow, uno de los soldados que había estado encargado de vigilarla. Él no lucía cambiado, era el único que no había sufrido cambio en su apariencia—, junto con todos los soldados de Gobantai.
Son nekomatas— Mencionó Ichigo, mientras daba golpes violentos en el suelo con su pata delantera al suelo— han tomado las pieles de los soldados, la mujer debe de ser la Hime de los nekomatas de las montañas.
— ¿O-ri-hime...?— Preguntó Rukia, buscando un nombre al que referirse a la mujer frente a ella
— Me gusta ese nombre, no lo había pensado— La mujer ignoró a Rukia, lo que la descolocó momentáneamente.
— ¿...Eres acaso una nigromante?— Logró preguntar inmediatamente, el nombre no importaba tanto como salir de ahí sanos y salvos.
— Y una muy buena, Rukia-hime. A este hermoso espécimen lo encontramos después de que le hubieran cortado su poderoso cuerno. A pesar de estar muerto aún emite poder y quiero más poder, no es mucho, sólo lo suficiente para mantener el hechizo que lo reanimó sobre él— Dijo mientras sacaba de entre sus pechos un pedazo de hueso que tenía incrustaciones de oro.
— Así que enviaste a Grimmjow a infiltrarse al campamento de Aizen— El rostro de Rukia estaba serio y duro—, quieres su cuerno— Ella no preguntó, era una afirmación.
— Eres muy lista, sólo esperaba hacerme del cuerno de este unicornio, pero cuando se lo cortaron perdió todas cualidades mágicas, ya sólo es un pedazo de hueso común— O-ri-hime tiró el fragment al suelo, ya no era más que un pedazo de basura para ella.
El acto produjo en Rukia un sentimiento de ira, esa no era forma de tratar al unicornio. Ichigo también pareció compartir ese sentimiento, pateaba el suelo con su pata derecha y tenía rato que no había dejado de resollar.
Rukia, prepárate— Tendrían que pelear para salir de ahí y, de ser posible, obtener resarcimiento por la afrenta cometida.
— No voy a entregarte a Ichigo— Sin dilación, Rukia desenvainó a Sode no Shirayuki e Ichigo se paró sobre sus patas traseras para verse más grande, acción que intimidó a varios de los nekomatas que se encontraban cerca de ellos, para después ir a todo galope hacia O-ri-hime.
— Ya lo veremos, Hime-chan— Dijo con burla la nekomata que usaba la piel de O-ri antes de desenvainar un katana propia e iniciar galope con su unicornio— ¡Ataquen! ¡Vayan por el unicornio, yo me encargo de ella!
Cuando las katanas de Rukia y O-ri se encontraron, la fuerza que le imprimieron las hizo caer de sus respectivos unicornios. No tardaron en reincorporarse y comenzar un duelo en el que ambas no daban su brazo a torcer.
O-ri-hime no esperaba que Rukia pudiera defenderse, se imaginó que, como cualquier otra princesa, la tendrían en casa haciendo básicamente nada y sin hacer mayor esfuerzo que el necesario para levantar su pincel. Y, en general, no se equivocaba, Rukia no tenía la postura correcta y tampoco la sujetaba adecuadamente a Sode no Shirayuki por lo que se estaba lastimando sus manos y temblaba cada vez que daba una estocada. Si no se apuraba pronto no podría mantener su agarre sobre su zanpakuto.
Aún así, en los ojos se podía ver la determinación, jamás permitiría que le tocaran ni un solo cabello de la crin de Ichigo.
— Ríndete, Hime-chan— Se mofaba de la inexperiencia de Rukia— , no puedes contra mí— Hizo un movimiento con su katana de tal modo que Sode no Shirayuki salió volando.
Rukia apenas y lograba evadir los ataques de O-ri-hime o, por lo menos, el mayor impacto lo estaba recibiendo su kimono, que estaba convirtiéndose en andrajos y dejando pequeños cortes sobre la piel que no había estado cubierta por la seda, y ahora se veía obligada a correr para tratar de alcanzar su zanpakuto que se encontraba enterrada a sólo un par de metros detrás de ella.
— ¡Gyaaaa..!— Gritó Rukia al sentir la katana de O-ri-hime enterrarse en su costado justo cuando había alcanzado tomar la tsuka (empuñadura) de Sode no Shirayuki.
— ¿Lo ves?, no puedes contra mí, ya ríndete y entrégame a tu unicornio, je, je, je— O-ri-hime desenterró su katana de Rukia al tirarla al suelo con una patada.
— Nunca— Logró emitir Rukia antes de sentir un sabor metálico en su boca. La vista se le estaba nublando pero aún tenía a su zanpakuto entre sus manos y podía sentir que O-ri-hime daba vueltas alrededor de ella. Eso le dio una idea a Rukia, sólo tenía que esperar el momento adecuado.
— Cómo me haces perder mi tiempo, me costó mucho trabajo y coordinación robar esta piel— O-ri-hime detuvo su paso cuando quedó a espaldas de Rukia— y preferiría regresar a mi montaña pronto.
— Necesitas mi permiso para llevarte a Ichigo— Apretó su agarre en Sode no Shirayuki y acomodó su pierna derecha en la posición adecuada.
— En realidad no— Levantó su katana lista para terminar con esa pelea inútil—, despídete, Hime... ¿¡Qué...!?
¡Baila, Sode no Shirayuki!
O-ri-hime no esperaba el corte que recibió a la mitad de su discurso, o que el corte fuera esgrimido de manera prácticamente vertical, iniciando desde su muslo derecho hasta su clavícula izquierda y dejando un pequeño corte en su nuca del que brotó un poco de sangre que cayó encima de Rukia antes de cerrarse sin dejar cicatriz alguna.
— No soy muy experimentada en el arte de las espadas cómo creías— Dijo Rukia jadeante—, pero me defiendo...
— Eso no te servirá de nada, niña, una katana normal puede dañarme— Como prueba el corte grande que había recibido comenzó a cerrarse como si nada y apenas y derramó algo de sangre.
— Pero esta no es una katana normal— Dijo Rukia volviendo a caer agotada al suelo de rodillas—, Sode no Shirayuki es una zanpakuto...
Ninguna de las dos esperaba lo que sucedió después. En el lugar donde antes habían estado las heridas de O-ri-hime se generó una capa de hielo que comenzó a cubrir todo su cuerpo
— ¡No... puede... ser!— Alcanzó a gritar antes de quedar completamente convertida en una estatua de hielo que se rompió a los pocos minutos.
La atención de Rukia no tardó en tornarse en encontrar a Ichigo y ayudarlo a acabar con los nekomatas que seguramente lo estaban atacando, tan sólo por fuerza numérica. Ella giró su cabeza para buscarlo, mas le era imposible, los nekomatas en su forma real estaban corriendo en todas direcciones.
Estaban huyendo.
Los que podían hacerlo porque había muchos cuerpos derrumbados en el suelo, tanto humanos como de enormes gatos antropomórficos de dos colas.
— ¡Ichigo! ¡Ichigo! ¿Dónde estás?— Rukia comenzó a arrastarse hasta el epicentro de la multitud, tratando de evitar que la arrollaran los nekomatas a su paso.
Ichigo no se encontraba por ninguna parte, en su lugar se encontraba un joven que debía de tener su edad o ser sólo un poco mayor. Él era hermoso, tenía largo cabello dorado y vestía prendas blancas con decorados dorados y en su mano derecha tenía una katana completamente negra y de la empuñadura salía lo que parecía ser una cadena también negra que enfundó en su cintura, para tranquilidad de Rukia.
Detrás del joven, se podía ver al unicornio revivido, que ahora lucía peor que antes, tenía menos carne, su crin lucía más maltratada que antes y su cráneo estaba completamente visible. El joven recorrió todo el camino de ida y vuelta desde el unicornio hasta el lugar en el que O-ri-hime arrojó el pedazo del cuerno.
— Ya puedes descansar— Dijo mientras introducía el cuerno dentro del hocico del unicornio.
En ese momento la apariencia del unicornio cambió por completo. Chorros de agua luminosa salieron de la tierra y comenzaron a rodear y a girar su alrededor que, después de formar un camino de agua que se extendía hasta desaparecer de la vista, dejó ver a un equino que había recuperado por completo su carne y de un pelaje de color similar al de las algas que se forman en las orillas de los ríos, una crin hecha de algas verde oscuro, y refulgentes ojos de aguamarina.
— Ahora es un Kelpie— Dijo el joven rubio que comenzó a caminar hacia Rukia, que seguía en el suelo—, una vez que un unicornio pierde su cuerno no puede sobrevivir, sin embargo, a veces, logramos transformarnos en otra cosa para sobrevivir, por decirlo de alguna manera.
Rukia no entendía de qué hablaba, jamás había escuchado el nombre de semejante criatura. Aunque, antes nunca había escuchado hablar de los unicornios, y si semejante corcel existía no debía de dudar de la existencia de ese tal kelpie.
El kelpie comenzó a trotar por el camino de agua, haciéndola brincar con cada golpe que su pezuña daba, hasta desaparecer en la distancia.
— ¿Eh? ¿Cómo sucedió eso? Creí que el unicornio estaba muerto y, ¿quién eres?, ¿y dónde está Ichigo?
— Vaya, enana, tan diferente me veo que no me reconociste— Dijo el joven cuando se agachó para tomar a Rukia entre sus brazos.
— ¡¿I-ichigo?!— Rukia se abalanzó más hacia él para abrazarlo— ¡Me alegro de que estés bien! ¿Qué te sucedió?
— Tome forma humana, ¿te gusta?— Dijo mientra comenzaba a caminar en una dirección que Rukia no podía determinar con precisión, el mundo le comenzó a dar vueltas.
Ella, en respuesta y sin soltarse de su cuello, sólo asintió, en realidad lo único que le importaba es que Ichigo se encontraba bien. El que él fuera atractivo sólo era un plus inesperado.
— Cuando acabaste con la Nekomata-hime usando magia, liberaste al unicornio del control que ella ejercía sobre él, más al ya haber adquirido vida, no podía existir con la misma forma
— ¿Y qué será ahora de él?— Dijo Rukia con voz queda y aflojando su agarre sobre Ichigo.
— Ahora que es un Kelpie se irá a vivir a un río o lago y engendrará más kelpies con jóvenes que acepten montarlo, aunque no creo que siempre lo hagan voluntariamente.
— N-no me sie-nnto bienn, Ichigo...— Dijo antes de que su agarre se aflojara completamente y uno de sus brazos cayera por su costado.
— ¿Rukia? ¡Rukia!
Ichigo se dio cuenta de la herida que tenía en su costado y del extraño color negro que tenía su sangre.
