La caza del unicornio
Sinopsis: Rukia, única hermana del Daimyo de Rokubantai, ha sido secuestrada por otro Daimyo enemigo que requiere de ella para un propósito nefasto, que la lleva descubrir cosas de sí misma que ni siquiera imaginaba.
Parte tres
Era de noche y la luna estaba en su punto más alto, iluminando todo con su luz plateada. Los cráteres del blanquecino disco fue lo primero que reconoció Rukia cuando recuperó el conocimiento. Ella no se movía, no deseaba hacerlo, sólo dejaba que la luz la bañara por completo. Era la primera vez que realmente tenía la oportunidad de observar con atención al astro celeste, muchas fueron las veces que alguna de sus nanas se lo describieron, por petición de ella, al tenerle prohibido estar fuera de casa una vez que el sol comenzaba a ponerse. Sentía como si hubiera recuperado algo perdido, un pedazo de ella que se lo habían arrebatado sin su permiso, haberse reencontrado con un familiar muy querido y al que no había visto en mucho tiempo. No le importaba, siquiera, estar completamente desnuda o flotando horizontalmente en medio de un cuerpo de agua que no podía reconocer ni sabía cómo había llegado ahí.
— Me alegro que ya hayas despertado, enana— Dijo Ichigo con mucho cariño en su voz, mientras flotaba perpendicularmente a ella, por lo que podía hablarle directamente al oído.
— No me digas enana...— Dijo Rukia con voz suave sin moverse de su posición—, ¿me has visto desnuda?
— Yo te desvestí— Dijo como si fuera lo más obvio del mundo, no era el momento adecuado para decirle que le gustaba mucho su figura, pero tampoco le iba a negar que la vio y la estaba viendo desnuda, porque lo hizo para poder curar sus heridas.
— Entonces ya no podré casarme con ningún hombre— Lo dijo sin una gota de tristeza en su voz.
— ¿De qué tontería hablas?— Para él no tenía sentido ni encontraba la relación entre una cosa y la otra.
— Tendrás que hacerte responsable— Rukia seguía mirando a la luna fijamente.
— Espera, espera, espera, ¿de qué tanto hablas?
Rukia se giró rápidamente sobre el agua, haciendo salpicar el agua en todas direcciones y abrazándose contra Ichigo que inmediatamente la sujetó de la cintura para acercarla más a él.
— ¿Entonces no piensas responsabilizarte de mí?— Preguntó, accidentalmente restregando sus pechos contra los pectorales de él cuando utilizó sus manos para que su rostro quedara a la altura del de Ichigo.
— No entiendo de qué estás hablando— Dijo Ichigo que empezó a frotar su nariz contra la mejilla de Rukia.
— ¿Necesitas que te lo explique?— Dijo Rukia mientras exponía su cuello para que Ichigo siguiera pasando su nariz.
— Tal vez— Ahora empezó a rozar la piel a su alcance con sus labios y a subir y bajar una de sus manos por la figura de Rukia hasta sacarle suspiros—, hay muchos detalles de las costumbres del hombre que no entiendo— Dijo convirtiendo sus roces en besos hambrientos.
— Eres, ah, muy atrevido— Dijo Rukia entre gemidos.
— Eres mi mujer y...— Ichigo no pudo seguir hablando, su comentario fue callado con un beso que no tardó en responder.
El beso, aunque agradable, fue más bien torpe, era el primer beso que daban cualquiera de los dos.
— ¿Dónde estamos, Ichigo?— Preguntó Rukia poco después de romper el beso y comenzar a hacer su propio camino por el cuello de Ichigo.
— Este es el Ataraxia, uno de los lugares más sagrados de la tierra de las hadas y de mayor contacto con la luna. Ah, Rukia— Gemido—, creo que será mejor que salgamos del agua.
— Aún no estoy lista— Ella volvió a sus labios por un momento antes de regresar a su cuello—, me siento muy tranquila y con deseos de nadar, nunca me había sentido tan relajada.
— ...No me sorprende— Separó a Rukia de él—, has vuelto a los brazos de tu padre y el veneno sigue saliendo de tu cuerpo.
— ¿A los brazos de mi qué...? ¿Veneno?— Rukia no se movió de su lugar mientras veía a Ichigo nadar hacia la orilla.
— Te esperaré en la orilla, enana— Le gritó Ichigo cuando salió del agua.
Rukia alzó su brazo en señal de lo había escuchado y anonadada de ver su figura desnuda, le produjo un calor en su interior que la hacía desear ir con Ichigo, pero el agua estaba tan deliciosa... y entre más tiempo pasaba en el agua más fresca y ligera se sentía, la oscuridad perdía su ominosidad y la luz de la luna se veía más brillante y luminosa.
No supo cuánto tiempo estuvo nadando, sólo flotaba y exploraba el fondo de la laguna caprichosamente. No sabía qué le gustaba más en ese momento, si sentir la luz de la luna sobre su piel o ver los hermosos destellos que producían las escamas de los peces y la colorida luminiscencia que emitían algunas de las criaturas marinas que vivían entre las algas que se formaban en el fondo.
— ¡Eh, Rukia, ya sal!— Le gritó Ichigo, que estaba cubierto con una tela larga y holgada que deja su pecho y su hombro derecho parcialmente descubierto, mientras movía su mano en el aire para que le hiciera caso.
— ¡Voy!— Ella no dudo en ir con él, no sólo porque ya tenía los dedos muy arrugados, sino porque Ichigo tenía una especie de campamento con comida y ahora que estaba vestido se sentía un poco menos intimidada.
Rukia nadó rápidamente a la orilla, no sentía frío, pero temblaba un poco al estar consciente de su desnudez frente a él. Los pasos que daba hacía la Ichigo eran algo lentos y sentía como las gotas de agua escurrían por todo su cuerpo hasta llegar a la tierra, en especial en su cabello, que poco a poco advertía más ligero.
Más pronto de lo que hubiera deseado, Ichigo se encontraba frente a ella, cuando la encontró a medio camino, y cubrió su desnudez, y fuente de su incomodidad, con un kimono lujoso blanco adornado con ricos bordados de la luna, conejos jugando en campos de campanillas de nieve de hilos de oro y plata.
— En definitiva eres el Lucero en la nieve— Dijo Ichigo mientras le acomodaba su largo cabello plateado por encima del kimono.
— No soy una hija de la luna— Dijo Rukia con el ceño fruncido, ella no era una cambiada... sólo era adoptada.
— Las primalunas no están de acuerdo— Señaló Ichigo el camino que ella recorrió apenas unos momentos atrás, lo que hizo que Rukia que sorprendiera al ver a las blancas flores de luna que estaban brotando y floreciendo exactamente por el camino que hizo hasta llegar a ella y que crecieran a sus pies, también el movimiento le permitió notar que su cabello, antes negro como el ébano, había cambiado completamente.
— ¡M-mi cabello! ¿Qué le pasó?— De la impresión Rukia dejó que el kimono se cayera de sus hombros cuando comenzó a tomar mechones de su cabello para poder ver de cerca el blanco platinado que había tomado, incluso dio vueltecitas sobre sí misma tratando de alcanzar todos los mechones que pudiera.
— Nada, parece que sólo tomaste tu verdadera apariencia— Dijo Ichigo antes de volver a poner el kimono sobre los hombres de Rukia
— ¡No te burles de mí! ¡Dime qué es lo que realmente está sucediendo!— Lo riño Rukia— ¿Y qué es lo que estás vistiendo? Nunca había visto ropa como esa.
— Eso lo deberías de saber mejor tú que yo, enana— Dijo Ichigo con un tono apaciguador—. En cuanto a lo que visto, es un tipo de toga, se llama himatión— Él le dio un ligero tirón para enfatizar.
Ella no entendió lo que le decía, pero notó que la tela se movía cómodamente y estaba bien sujeta al cuerpo de Ichigo, por lo que imagino que no había riesgo de que quedara desnudo de un momento a otro. A diferencia de él, ella sujetó el kimono como si fuera un capullo protector, estaba consciente de su vulnerabilidad, por lo que corrió al campamento en búsqueda de refugio.
— ¡Espera, Rukia!
— ¡Nooo!— Gritó Rukia mientras se escondía dentro de una carpa y se ponía más presentable— ¡Y no te atrevas a acercarte hasta que yo salga!— Ichigo detuvo su paso, ella se había dado cuenta de sus intenciones.
Dentro de la carpa encontró más ropa que no reconocía, por lo que desechó la idea de utilizarla; tampoco encontró nada que pudiera utilizar como nagajuban, por lo tendría que ponerse el kimono al raz; afortunadamente encontró una tela que podría funcionar como obi, desafortunadamente era demasiado corta y apenas y se mantendría en su lugar.
— ¿Rukia? ¿Necesitas ayuda?— Gritó Ichigo desde el exterior.
— No, creo, espera, ya voy— Dijo Rukia mientras salía de la carpa—, tienes mucha ropa extraña ahí.
— No es extraña, fue utilizada cerca de las tierras donde vengo— Ichigo le ofreció su mano y la guió a la manta dónde estaba la comida y comieron algo ligero.
— ¿Ichigo, cómo es que sigo viva? La katana que me hirió estaba envenenada, lo sentí por la forma en que me ardía la herida— Dijo mientras volvía su vista hacía la luna, después de haber terminado sus viandas.
— Por eso te traje aquí, la laguna en el centro de Ataraxia es conocida por purificar y curar a las hijas de la luna. Lo que no entiendo es cómo es que nunca antes mostraste tu verdadera forma— Dijo mientras jugaba con un mechón de cabello de Rukia.
— Es la primera vez que veo la luna, ¿sabes? Nunca entendí porqué me lo tenían prohibido y, hasta hace unas semanas, también ignoraba que era adoptada, fue por eso que el consejo de ancianos aprovechó una ausencia de mi hermano para casarme en contra de mi voluntad.
— ¿Entonces admites que eres el lucero en la nieve?
— ¡Yo no admito nada! Yo soy Rukia Kuchiki, hermana menor del Daimyo de Rokubantai y líder del clan Kuchiki.
— Las primalunas dicen que tu madre te encontró en un campo después de una nevada de luna llena, rodeada de campanillas de nieve— Dijo mientras inclinaba levemente su cuerpo, como para escuchar mejor un chisme muy bueno.
— ¡Qué flores tan odiosas!— Se levantó violentamente Rukia de su lugar, lo que provocó que la tela que sujetaba el kimono cayera al suelo suavemente, aunque ella no se dio cuenta— Adoptada o no, yo soy Rukia Kuchiki, no soy ningún lucero en la nieve ni nada por el estilo— Volvió a sentarse en la manta—. Y, ahora, quiero que me digas quién eres exactamente.
— ¿Y-yo?— Dijo Ichigo, algo intimidado por la repentina actitud de Rukia, aunque le agradaba verla ser dominante sobre él— Yo soy un unicornio y me llamo Ichigo.
— Te voy a golpear si no comienzas a decirme la verdad completa— Dijo Rukia con uno de sus puños alzados, dispuesta a cumplir su amenaza— y no quiero que me digas cosas que ya sé.
Ichigo sonrió, de verdad le gustaba ese espíritu combativo, la idea de emparejarse con una mujer que sabía lo que quería le producía una sensación tibia en su pecho.
— Mi nombre es Ichigo Kurosaki y esta es mi verdadera forma— Se señaló a sí mismo de arriba a abajo—, aunque sólo puedo tomarla mientras esté dentro del reino de las hadas o que la doncella a la que he elegido corra esté en peligro.
— Es por eso que se presentan en forma de unicornios— Dijo entendiendo rápidamente que la apariencia de corcel sólo es una forma temporal—, ¿es una maldición?
— No lo sé, nuestra madre, el Sol, no es muy comunicativa.
— Tampoco creo que la Luna sea muy comunicativa... o buena madre siquiera.
— Padre— La corrigió Ichigo—. Perdónalo, la Luna, bueno, él no es capaz de sostener la vida de sus hijas por él mismo.
— ¿Entonces el Sol sí puede?
— Madre es una irresponsable que gusta de quedar preñada por jóvenes hermosos que duermen bajo sus rayos tres días seguidos y después de que nacemos se desentiende de todo, sólo porque somos autosuficientes cinco minutos después de nacer.
— ¿Y la Luna? ¿Él acaso sólo puede darnos forma y ya?
— Creo que es porque la Luna no brilla por luz propia, por lo que deja a sus hijas, en especial a las que nacen de la nieve, al cuidado de humanos los primeros años de vida, después se las lleva durante una noche de luna llena para que cuiden su palacio y limpien sus templos.
— No tiene sentido, yo pensaba que no me dejaban salir de noche por sobreprotección, aunque eso explicaría porque Haha-ue insistía que durmiera cerca de ella. Chichi-ue casi no me hablaba, y lo poco que me dirigía la palabra era para decirme que si no fuera por mí habría enviado a Haha-ue a un lugar lejano.
— ¿Fuiste criada por una concubina?
Rukia sólo asintió.
Ahora entendía varias cosas de su crianza. Las constantes visitas al templo de Gekko a agradecer por otro mes más de vida en la tierra, las miradas temerosas de los sirvientes, el cuidado que tenían su madre y hermano sobre ella. Aunque en el caso de Byakuya podría ser su complejo de hermano mayor y que su padre que les decía constantemente que las cosas de los dioses eran una tontería hecha para controlar a las masas.
Por el otro lado, si bien Sojun Kuchiki no era mujeriego ni pendenciero, después del nacimiento de su heredero y muerte de su esposa, no deseaba someterse a las obligaciones conyugales que representaba un matrimonio ni a la crianza de su hijo. Hirari, hermana gemela de su esposa Hikari, era una buena opción para cumplir ese rol. Como concubina no tenía muchas obligaciones sobre ella, la visitaba en sus aposentos cuando quería, ella cuidaba su hijo como propio y, tal vez, le hubiera dado otro varón, como seguro en caso de le sucediera algo a Byakuya y que afianzaba su posición como líder del clan Kuchiki.
Desafortunadamente nunca sucedió, Hirari sólo pudo llevar a término una gestación en la que le dio una hija que murió a las pocas horas durante un crudo invierno, sus otros embarazos se víeron interrumpidos por abortos espontaneos que terminaron por llevarsela de este mundo.
Si no fuera por los monjes que ratificaron la naturaleza de Rukia, la hubiera encerrado en un convento para que sufriera los maltratos que se dan en esos lugares, aunque de esto último ella nunca Rukia nunca se enteró por deseos sus padres, una por temerosa de la Luna y el otro por considerarlo una estupidez.
— Yo creía que era mi madre— Se recostó encima del hombro de Ichigo y entrelazó sus dedos con los de él—, nunca pensé...— Cerró los ojos cansada— que...
— Mejor duerme, es demasiada información para asimilar y aún estás débil por tu herida.
— Lo estoy...— Dijo antes de quedarse dormida otra vez.
— Ichigo, despierta, ya está amaneciendo y tienes que ver esto— Rukia lo movía del hombro.
Ichigo abrió los ojos, no había tenido la intención de dormirse, sin embargo entre lo agitado del día anterior y que él era un ser dominado por el sol, no pudo impedir quedarse dormido.
— ¿Qué... pasa?— Dijo mientras se tallaba los ojos, no estaba acostumbrado a estar mucho tiempo en su forma humana, ni siquiera mientras estaba en el reino de las hadas, si no le gustara entrenar con su zanpakuto, jamás dejaría su forma equina.
— ¡Mira, las flores!— Señaló Rukia a la flora más cercana a ellos.
La luz se empezaba a ver en el horizonte y el camino de primalunas, que creció durante la noche hasta rodear por completo a la pareja, empezó a cambiar. Su antes prístino color blanco comenzó a teñirse para dar la bienvenida a brillantes, llamativos y muy variados colores.
— Ah, las primasolis han venido a felicitarnos— Dijo mientras estiraba los brazos y se reincorporaba del suelo.
— ¿Felicitarnos?— Rukia torció ligeramente la cabeza en confusión.
— Creen que nos hemos desposado— Dijo Ichigo mientras se rascaba una de sus muy sonrojadas mejillas.
— ¿D-d-desposado? ¡¿Cómo que desposado?! No puedo desposar a un unicornio, por más hermoso que este sea— Rukai se levantó precipitadamente, permitiendo que su kimono se aflojara por completo.
— ¿Pero si te gustaría?— Preguntó Ichigo en tono repentinamente travieso y burlón, mientras tomaba uno de los mechones de su cabello de Rukia y comenzaba a jugar con él. Se le estaba haciendo costumbre, le encantaba el contraste de su color plateado contra su piel ligeramente tostada.
— ¿Q-qué c-clase de cosas preguntas, Ichigo?— Ella se giró para que Ichigo no pudiera ver su rostro ligeramente enrojecido— B-bueno...podría dejar que me convenzas, especialmente porque ya me viste desnuda.
— Y tú ya me viste desnudo— Eso hizo que las mejillas de Rukia se tornaran de un brillante carmín, nunca antes había visto a un hombre en esa situación.
— ¡E-eso fue tu culpa! ¡Yo no tuve la intención de verte!— Regresó a su posición anterior, ahora con sus orejas también rojas— Aunque no niego que me gustó lo que vi.
En ese momento, Ichigo se acercó a ella y puso sus manos sobre sus hombros.
— ¿Y qué es lo que deseas?— Pegó su frente contra la de ella.
— Mmmm, no sé— Rukia lo sujetó de los lados de su rostro—, podríamos probar algo antes de decidir— Dijo antes de cerrar la distancia que había entre sus labios.
El ósculo, tierno y tímido, en algún momento se rompió cuando ellos terminaron en el suelo. Rukia, que seguía encima de Ichigo, estaba disfrutando de que las manos de Ichigo recorrieran su cuerpo por debajo de la tela del kimono, que ya se había abierto por completo y sólo se sostenía porque ella tenía sus brazos dentro de las mangas.
— Ellas creen que nos casamos y la sola idea de decepcionarlas me rompe el corazón— Dijo Rukia mientras pasaba sus labios por el cuello de Ichigo y disfrutaba sentir los calambres que se formaban en su vientre.
— ¿Lo hace?— Bajó una de sus manos hasta sujetar uno de los glúteos de Rukia y la otra la subía y bajaba por su espalda.
— Mucho— Rukia deshizo los nudos que sujetaban el himation de Ichigo para, rápidamente, hacerla a un lado y comenzar a besar desde su manzana de adán hasta llegar a uno de sus pezones.
— ¿Q-qué podemos hacer p-para impedirlo?— A Ichigo le estaba costando pensar y hablar, ya sólo podía mantener sus manos a los costados de las caderas de Rukia, sujetándola firmemente en su lugar, mientras ella jugaba con sus tetillas y tenía su falo entre sus dedos, subiendo y bajando suavemente por todo su largo.
— Consumarlo, obviamente— Rukia se levantó, entristeciéndolo por un instante porque dejó de jugar con él, y dejó caer el kimono de sus hombros, permitiéndole a Ichigo ver su figura desnuda, antes de volver a sujetarlo entre sus dedos que se estaban volviendo unos expertos en masturbarlo.
Eso le robó el aliento, bajo la luz del amanecer podía apreciar más fácilmente su piel y la cicatriz, prácticamente desvanecida, dónde la katana de O-ri-hime la había atravesado. Si ella le había parecido bella bajo la luz de la luna, lo era más bajo la luz del sol. Su madre fue tan inteligente en enviarlo a esas tierras para que, al fin, buscara a la que debía de ser su compañera, su único jinete.
— ¿E-estás ss-segura?— Temía preguntar y que ella cambiara de opinión, especialmente por la forma en que ella estaba restregando la entrada de su húmedo y cálido coño contra su verga con una mano y, con la otra, le mostraba cómo acariciaba uno de sus pechos.
— Uhng... ¡sí!— Casi gritó Rukia cuando se enterró a sí misma la enorme y dura verga de Ichigo.
El perfume de las primasolis se volvió intenso y penetrante, un afrodisíaco secreto y tan potente que ni Ichigo conocía su existencia siquiera, que logró que los sentidos de la pareja se incrementaran, volviendolos más conscientes del otro y susceptibles a las sensaciones que se producían en sus cuerpos.
Podían sentir que la brisa y el calor del sol como caricias y escuchar sus corazones latir como tambores en sus oídos que les susurraban cánticos que aumentaban su lujuria por el otro. Los gemidos que salían de sus gargantas eran de placer contenido y los movimientos de las caderas lentos ya que los nuevos amantes sólo deseaban alargar su primera cópula lo más posible y para darle tiempo a Rukia de acostumbrarse a la bienvenida intrusión.
Mientras más se encontraban y despedían sus genitales el ansia de la cópula aumentaba hasta que la pareja sintió una pequeña explosión en su interior que provocó que Rukia cayera agotada sobre el pecho de Ichigo.
Ella sólo podía disfrutar de los chorros calientes de la simiente que estaba llenando su interior, de lo refrescante que era la brisa en sus muy sudados cuerpos y de la dulce fragancia que emanaba las primasolis.
— ¿Ichigo?— Habló Rukia con voz quedita abrazada al pecho de Ichigo, ya pasados unos minutos de que hubieran recuperado el aliento.
— ¿Sí?— Él, por su parte, hacía círculos con un mechón de Rukia con una mano y con la otra la sostenía por la curva de su cintura.
— ¿Podemos hacerlo otra vez?— Comenzó a hacer círculos en el endurecido pezón más cercano a ella.
— Las veces que tú quieras— Ichigo sintió como la sangre regresaba de golpe a su vientre, endureciendo de nueva cuenta su verga, para otro ritual de apareamiento.
— Qué bueno— Rukia se volvió a enderezar, se montó sobre Ichigo y lo hizo posar una de sus manos en uno de sus pechos—, porque quiero hacerlo muchas veces.
Se inclinó sobre él y unió sus labios en un beso exigente, atreviéndose, por primera vez, a usar su lengua para acceder a la boca de Ichigo y luchar por el control del beso.
Ichigo, después de invertir las posiciones, comenzó a hacer un camino de besos desde el pecho de Rukia hasta su centro. Se tomó su tiempo para no sólo dejar besos y lengüetazos, sino también para disfrutar del almizcle impregnado en la piel de Rukia, en especial cuando llegó a la pequeña mata de rizos que le daban la bienvenida al centro mismo de Rukia y disfrutar de los gemidos que anhelaba escucharla esencia de ella.
— Yo también— Dijo antes de comenzar a saborearla sin reserva alguna, en especial un puntito especial que no sabía que le haría ver las estrellas durante el día.
