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SIEMPRE;
toda la noche
O2
"And I'll miss your smile, your laugh.
I'll admit I'm wrong if you tell me:
'I'm so sick of fights, I hate them'.
Let's start this again for real"
Bubbles miraba su celular cada quince minutos, estaba ansiosa y, para peor, sus hermanas estaban notando su inestabilidad. Se estaba comportando de manera inusual. Mientras pasaban el rato, pensando en qué escogerían para almorzar ese día, Buttercup relamía sus labios, preparaba y se preocupaba de utilizar las palabras adecuadas para abordar a su hermana, tampoco quería invadirla, pero estaba intranquila, quería asegurarse de que nada malo estuviera pasando ni agobiando a su hermana menor.
—¿Tienes problemas con tu celular? —le preguntó, arriesgando que Bubbles le mirase de mala manera.
—No —respondió Bubbles—, pasa que estoy aguardando por un correo de la Universidad Metropolitana de Megaville, por todo este asunto del diplomado —mintió rápido para su propia sorpresa.
Eso le hizo sentido a ambas hermanas, quienes compartieron una mirada de alivio y asintieron. No tenían por qué dudar de una respuesta sólida e inmediata, además, sabían que Bubbles estaba expectante por la respuesta de la institución, había estado esperando por entrar a ese diplomado de ciencias desde que obtuvo la licenciatura. No había nada de raro, absolutamente nada. Después de ello, siguieron discutiendo comerían ensaladas o pedirían algún servicio con delivery, como si nada.
Blossom ni Buttercup sabían que ella tenía algo con Boomer, o eso tenía entendido Bubbles. Ellas solo tenían conocimiento de que se veía con "alguien" que conoció en "peculiares circunstancias", pero cada vez que ellas le preguntaban que quién era ese "alguien", Bubbles les respondía que "todo a su tiempo, no quiero arruinar la sorpresa todavía, un poco de paciencia no vendría mal". La verdad de todo, es que ella tenía miedo de la reacción que podían tener sus hermanas; no es como si pensara que ellas se lo tomarían a mal, de hecho, ellas no tendrían ningún tipo de sesgo, quizás hasta le aceptarían sin problema, solo porque tenían esa afición por un bad boy o cosas así. Por supuesto, a Bubbles le parece algo problemático que sus hermanas tuvieran idealizado el estereotipo del "fuck boy", y en caso de Boomer, no es uno de ellos, sino que es un pandillero de mierda que se paseaba dando puñetazos a diestra y siniestra por dinero.
—Joder, qué mala vida —murmuró para sus adentros luego de que sus hermanas optaran por la ensalada césar.
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—Lo estás haciendo fatal.
Esa fue la primera frase que Bubbles le escuchó decir a Boomer, justo al momento en que ella estaba siendo abordada por un asaltante una noche en la que se disponía ir a su hogar luego de quedarse hasta tarde en la escuela, cinco años atrás. El hombre que cubría su cabeza con una gorra amarilla alzaba una pequeña daga hacia la chica, a quien había acorralado a una pared. El hombre miró a Boomer y le sonrió de medio lado.
—¿Me vas a ayudar? Interesante —volvió a mirar a la chica—, es tu día de suerte, ¿no lo crees, mi amor? Dos contra una...
—Le hablaba a la chica, no a ti, hijo de puta.
No le dio tiempo a la chica de reaccionar cuando Boomer ya le estaba sacando los dientes con solo su codo. Le había cogido por el cuello de la camiseta y le propinó el primer codazo directo a la nariz en menos de dos segundos. La sangre salía de la nariz, luego de la boca. Bubbles estaba pasmada y asustada, además de eso, sintió que le caían lágrimas. Sus piernas dejaban de responder, sus rodillas se doblaron y, apoyada en la pared, se dejaba caer al sueño.
—No te quiero volver a ver por aquí, asqueroso de mierda —le dijo Boomer al hombre con la cara ensangrentada—. Te me vas cagando leches, ahora.
El hombre no lo dudó, y a pesar de estar mareado por la pérdida de sangre, corrió por el callejón, alejándose rápido del lugar. Boomer volvió la mirada a Bubbles, quien estaba en el piso, consternada, llorando. Él no pudo evitar poner una expresión de cansancio. Suspiró y pasó una mano por su frente, ella pudo ver la mancha de sangre en el codo del chico. Boomer la miró de nuevo y, algo frustrado, le dijo:
—Para la próxima vez que te pase algo así, debes apuntar a su espinilla, le das un porrazo rápido, sin dudar tanto, y listo. Luego de das una vieja y confiable patada en la entrepierna, cuando se caiga le adviertes que contigo no se meta, y le pisoteas la cabeza o el cuerpo en general —intentó sonreírle, pero ella no se veía feliz absolutamente.
Él se acercó un poco a ella para ayudarla a ponerse de pie, pero ella se arrimó más a la pared. Claro, ella presenció, en primera fila, la paliza al tipejo ese. Suspiró pesado y le dijo:
—Que no voy a hacerte nada, no me van las chicas rubias.
Bubbles seguía sin decir palabra alguna producto de todo lo que había ocurrido. Boomer chasquea la lengua y se da cuenta de que la chica usaba uniforme escolar. Suspiró y metió la mano al bolsillo de su chaqueta, le tomó la mano a ella, a la fuerza, y le dejó, en su palma, una navaja suiza con puño de acero y le cerró la mano. La miró a sus ojos irritados producto del llanto antes de hablarle y luego irse como si nada.
—Nunca andes desprotegida por estos lugares, mira que a mí no se me da eso de andar salvando vidas por ahí.
Nada iba a presagiar que aquel encuentro no iba a ser el último entre ambos, puesto que volvieron a verse las caras cinco días después.
Bubbles se encontraba bailando a la mitad de la pista de baile de ese evento, supuestamente privado, que estaba brindando Princess por sus dieciocho años recién cumplidos. La mayoría de los estudiantes de la escuela se encontraban en el lugar, además de otros invitados de escuelas vecinas y, por supuesto, los que van a escuelas públicas o, en verdad, a ninguna, como fue el caso de Boomer y sus hermanos. Mientras que Blossom y Buttercup encontraron chicos con los que disfrutar la noche, Bubbles bailaba sola, disfrutando de los movimientos que su cuerpo hacía al ritmo de la música de Avicii. Nadie la preparó para oír a una conocida voz decirle al oído:
—Hola, navajita.
Se volteó inmediatamente y vio a Boomer con las manos en sus bolsillos, inclinado la cabeza hacia un lado y con una sonrisa ladina en su rostro. Ella tomó una postura de defensa personal, posicionando sus puños por delante de su rostro y separando sus pies para poder brindar los golpes. Boomer, en tanto, al verla en esa posición, se largó a reír descolocando a la chica.
—¿Te das cuenta del lugar en el que estamos? Tendría que ser el rey de los imbéciles como para hacer algún tipo de barbaridad como esa. Mejor, dime —tomó un puño de Bubbles y lo bajó—, ¿te ha ido bien?
—¿Quieres algo? —le preguntó con suma desconfianza.
—Hacer conversación, quizás —suspiró—, pero si eres así de densa todo el tiempo creo que preferiría irme.
—¿Qué es lo que estás haciendo aquí en primer lugar? Este lugar no es para ti —replicaba la chica por sobre el volumen alto de la música, él entrecerró un poco sus ojos.
—¿Qué clase de pregunta es esa, tía? Es obvio, vine a comprar ropa, eso es lo que se hace en un recinto donde se está dando una fiesta —se mofó, Bubbles frunció el ceño, estaba ofendida por la actitud y palabras del chico—. Vine a pasar un buen rato, igual que tú. Para que sepas, no nos prohibieron la entrada, la cumpleañera dijo que todo el que se registrase podía entrar, eso hice, hicimos —se corrigió—, mis hermanos y yo.
Volvió a suspirar, la chica no le quitaba la desconfiada mirada de encima. Asintió lentamente y señaló a sus espaldas con el pulgar.
—Voy a estar por allá, en caso de que quieras bailar con alguien —su tono de voz cargaba con una palpable amabilidad—. Avísame, estaré libre para ti en todo momento.
Con el paso de los minutos, y con los tragos que ambos tenían encima, terminaron en la boca del otro.
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En el presente, y luego de pasar tiempo sin saber de su novia —¿O debería decir ex novia?—, Boomer despertaba con una horrible resaca, tenía la garganta seca, aunque sentía que algo ácido quería ser expulsado de su interior por la vía bucal, al mismo tiempo, la cabeza le daba vueltas y le dolía. Caminó, a paso lento, hasta la cocina, pero al mirar a la sala, vio que Brick estaba recién duchado, perfumado, y con la mejor ropa que podías encontrar en sus cajones, una camisa blanca y unos vaqueros que no logró romper. Su cabello pelirrojo estaba atado en una coleta, su rostro estaba despejado de cualquier mechón.
—¿Y esas ropas? —preguntó Boomer, su hermano le miró y le sonrió.
—Tengo una entrevista.
—¿Y tan elegante te pones para ver a la policía? —le molestó.
—No, idiota. Una entrevista de trabajo —dijo resaltando la última palabra.
La habitación se queda en completo silencio. Brick volvía su atención a su camisa, se aseguraba de que estuviera perfectamente estirada, sin arrugas y sin ninguna mancha.
—¿Estás de coña? —le preguntó.
—Para nada —respondió el pelirrojo.
—¿Hablas en serio, en serio?
—En serio, en serio.
—¿Y dónde la tienes?
—Una pizzería. Están buscando a gente que limpie —miró a su hermano y le sonrió levemente—. Realmente ansío conseguir este empleo.
—¿Y por qué te dio por...?
—Dinero, Boomer, quiero dinero. Las peleas así ya no me están sirviendo mucho que digamos.
—Bingo.
La verdad era que Boomer también había tenido ciertos impulsos para trabajar, pero, a diferencia de Brick, tenía cierto temor de entrar a los recintos o espacios urbanos para pedir algún tipo de empleo, incluso si tenía el papel de aviso en la mano, incluso si estaba con sus mejores prendas y con el perfume menos pasoso. Temía del rechazo y que le miraran por sobre el hombro. No quería sentirse humillado, minimizado o anulado. Tampoco quería que le tuvieran miedo y que solo pensaran en él como el mísero delincuente que, según la gente, seguía siendo... Bueno, no se equivocaban del todo, pero sí lo hacían en gran parte.
Boomer no quería seguir aguantando humillaciones del resto de la gente, sentía que no la merecía, sobre todo porque no le querían dar una oportunidad para demostrar que, en realidad, sí era una persona diferente. Miró a su hermano, tenía la ilusión radiando en su rostro. Solo podía desearle lo mejor, tenía sus esperanzas puestas en él.
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Brick llegó en la noche, tarde, sus hermanos estaban hasta preocupados, le habían buscado por el centro de la ciudad, las afueras, los lugares de conflicto, pero no habían dado con él en ninguna parte. Hasta que aguardaron por él en el piso que compartían. Les dijo que no se preocuparan, que había ido a pasar las rabias en casa de uno de sus amigos, Mitch, y es que la entrevista había sido un completo y rotundo fracaso, ni siquiera le habían dejado presentarse.
—Fue una humillación, chicos, no me dejaron decir ni mi puñetero nombre, es más —hizo una pausa, tomó una gran bocanada de aire y negó con la cabeza—, con tan solo verme me dijeron: "tienes el perfil perfecto de la persona que no queremos en nuestras instalaciones".
La rabia se apoderó de Boomer, creció tanto que se puso rojo. Qué mundo tan mierda era en el que vivían. ¿Cuál era la necesidad de tratarle de esa manera?
"¿Y así crees que tendré oportunidad, Bubbles?", pensó.
El ambiente dentro del hogar de los hermanos se había tornado tenso, todo y por lo mal que lo había pasado uno de ellos. Brick tenía la ilusión de contar con aquella oportunidad y no tener que moverse dentro del mundo del narcotráfico que parecía estar asechándoles y respirándoles en la nuca. Los tres sabían que si se metían en ese mundo, no tendrían vuelta atrás, y si se habían mantenido lejos era por algo. Sí, dinero fácil, pero ¿a qué costo?
De un momento a otro, Boomer y sus hermanos pasaron de estar en la sala de su hogar, a estar en el bar, Butch les había arrastrado para poder relajar un poco el ambiente entre ellos. Estaba tan sumergido en el alcohol, no distinguía con claridad la música que estaba escuchando. Miró a la pista de baile, dio un sorbo al ron y entrecerró los ojos. Había una chica rubia de cabello largo y ondulado; producto de sus propias ilusiones, esa chica se convirtió en Bubbles. Rápidamente, agitó su cabeza y se sacó esa idea.
—Dios —se quejó, y es que el alcohol le había mal, y el imbécil, él mismo, lo sabía, es que lo sabía.
Miró su celular, sabía que no tendría ningún tipo de mensaje de ella, pero, por un momento, tuvo la ilusión de que sí lo tendría. Abrió su chat, el último mensaje que le mandó fue hace casi un mes, donde le ponía "estoy afuera de tu ventana", la noche en que, a escondidas, habían salido a... ¿Dónde era? Como sea, no importaba, bueno sí, pero al mismo tiempo no. ¡Ugh!
—No lo vas a leer, ¿o sí? —preguntó en voz alta, como si ella fuera capaz de oírle.
Lo piensa. La respuesta que obtiene de sí mismo es no.
—¿Estarás esperando un mensaje mío?
Lo piensa. La respuesta vuelve a ser no.
—De seguro no —se dice en voz alta.
Siente una enorme frustración y una creciente molestia en su interior ocasionadas por la incertidumbre y, por si fuera poco, por la inseguridad de no saber qué quiere o qué espera de ti tu pareja. Un momento, ella no es su pareja ahora, ¿verdad? A Boomer se le estaba nublando todo, su mundo se puso borroso. De pronto, se sintió desmotivado, se dejó caer sobre su cama, cerró los puños frente a sus ojos, ya se había bebido todo el alcohol. Masculló a regañadientes y con la voz quebrada.
—Joder, qué puta mierda.
"Y extraño tu sonrisa, tu risa.
Admitiré que estoy equivocado si me dices:
'Estoy harta de las peleas, las odio'.
Comencemos de nuevo con esto, en serio"
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Sript, ¡Tío! ¡Que eras tú! Gracias por leer y, claro, por comentar. Asumo toda culpa de las acciones de los personajes, jajaja, y, bueno, que espero que ellos logren hacerse entender. ¡Hasta la próxima!
Reeckless Pretty, gracias por entender a Bubbles, incluso si ella no se explicó tan bien, lo entendiste y con eso me has llenado el corazón. No puedo culpar a Butch, yo hago lo mismo. Grcacias por leer y comentar. ¡Hasta la próxima!
perlapuccabf, no llores, tía, no llores. Me sumo a tus palabras, eso de "es difícil cambiar lo que se vive", es exactamente eso. Pero estoy segura, tía, que no es imposible. Gracias por leer y comentar.
Y a vosotras, asumiendo que son más chicas, os agradezco por leer. Nos encontraremos el miércoles. ¡Adiós!
