Capítulo 2. Después de tanto Tiempo.
-Bueno ¿no fue tan malo o sí? Acostúmbrate a esto, de ahora en adelante será sencillo, después de todo... Ya no tienes nada que entregarle a mi hermano. - salió triunfal de la habitación con una enorme sonrisa. Dentro, Anna explotó en llanto con las últimas palabras del castaño.
La chica lloró en su cama inconsolable ¿ahora qué haría? Quería morir, quería terminar ahí su sufrimiento y una parte de su ser ya no quería ser encontrada, ¿qué le diría al amor de su vida? No había podido cuidarse, fue vencida por el demonio de su hermano.
-Yoh...- suspiró cansada antes de caer rendida ante el sueño.
TRES AÑOS DESPUÉS…
- Yoh por favor, deja de ser irracional, han pasado tres años y Anna no ha aparecido, el tiempo ha pasado con rapidez, lo mejor será que hagamos efectivo tu compromiso con Tamao y se casen inmediatamente.- el castaño suspiró molesto otra vez, el tiempo no era bueno con él, seguía igual de delgado y unas marcadas ojeras eran resaltadas en su guapo rostro, así como esa cara de seriedad que solía tener desde hace ya tres años. Por otro lado a la chica de rosados cabellos le brillaban los ojos de emoción por las palabras que había dicho su sensei.
- Ya te dije que no abuela, no me casaré con Tamao, ni hoy, ni mañana, ni nunca, y por si no te queda claro, no me casaré con nadie más; Anna aparecerá ya lo verás… puedo sentirlo.- dijo tocando su pecho y saliendo de la habitación con rapidez. La pelirosa corrió tras él ¿Cómo podía ser tan obstinado? Ya hace tres años que la rubia había desaparecido y los abuelos la habían reemplazado con ella, no era muy difícil de entender ¿o sí?
- Yoh por favor, tienes que aceptar el destino que tus abuelos quieren para nosotros, ya estamos en edad de casarnos, tu y yo sabemos que Anna no regresará.- dijo mientras ingresaban ambos a la habitación del castaño; el shaman volteó a verla.
- Lamento mucho que hayas aceptado el destino que nos impusieron, pero yo no lo hago y jamás lo haré, no te quiero en mi vida como mi esposa Tamao, para mí tú eres una hermana, eso ya lo sabes y lo siento.- dijo mientras tomaba una maleta y la llenaba con ropa.
- ¿A dónde vas?
- Me reuniré en la pensión con los chicos, Lyserg descubrió algo sobre el paradero de Anna, si todo sale bien, en unos días la tendré de nuevo conmigo.
- ¿y cómo sabes que no está muerta?
- Porque lo siento en mi corazón, ella espera por mí tanto como yo por ella. Jamás lo comprenderías. Nos vemos.- dijo saliendo de la habitación y dejando a la chica rabiosa, el tiempo también la había cambiado mucho, era una persona más segura y altanera, pues desde que los abuelos la instituyeron como la nueva esposa de los Asakura, la chica quería tomar por completo el lugar de Anna. Afortunadamente para ella, la chica no daba señales de estar viva y no dejarían a Yoh vagar por el mundo por mucho tiempo más, así que sus sueños estaban por hacerse realidad muy pronto.
El castaño estaba a punto de salir cuando alguien lo detuvo.
- ¿a Dónde vas jovencito? No creas que podrás seguir de libertino haciendo lo que se te dé la gana.- el chico sonrió y se acercó a donde estaba su abuela.
- Ya verás que todo se solucionará.- se acercó y colocó un beso en la mejilla de su abuela; dio la vuelta y salió de la casona para dirigirse a Funbari a reunirse con sus amigos en compañía de su espíritu.- nos vemos.
El chico salió de la cocina y se dirigió a la estación de trenes, se sentía muy positivo, lleno de emoción, ya tenía casi un año en que no había pistas del paradero de Anna para investigar pero esta vez Lyserg se escuchaba tan entusiasmado que hizo su cuerpo estremecer, esta podía ser la ocasión de recuperar a su razón de vivir.
En un lugar muy lejano al castaño en el jardín de un castillos se encontraba una bella rubia sentada entre las flores, vestía una especie de tela color hueso amarrada a su cintura simulando una falda y otra cubriendo sus pechos, sus pies descalzos y en su mano una pequeña pelota. A sus espaldas sus dos demonios acompañantes y frente a ella un hermoso labrador de talla mediana, aproximadamente de un año color oro movía la colita emocionado pidiéndole a su dueña que le arrojara la pelota.
- Bien cerbero ¿estás listo?- el cachorro movía su colita emocionado, Anna arrojó la pelota y el perro corrió en su búsqueda. A sus espaldas alguien se acercaba, el chico le pidió a los guardianes que se movieran y estos sencillamente lo hicieron.
- Bien Anna, ya es tarde, suficiente sol por hoy, de regreso a tu habitación.- la rubia suspiró molesta.
- Aún ni siquiera está anocheciendo, me quedaré unas cuantas horas más.
- No te estoy preguntando, es hora de volver.
- Hao, no me iré, es temprano.- el chico la tomó de la mano y la jaló en rumbo al castillo, el perro le gruño y jaloneó del pantalón pero este sólo lo vio con fastidio.
- No sé por qué dejé que te quedaras con ese estúpido perro.- dijo molesto.
- porque sin él me volvería loca, ya te lo dije.- llegaron a la habitación de la rubia y entraron.
- Me iré esta noche al pueblo para traer comida, no estaré para cuidarte, dame la ropa que traes puesta.- la chica giró los ojos.
- ¿otra vez? Hao ya no tienes que dejarme desnuda siempre que sales, no volveré a intentar lo que hice, además no me atrevería a dejar sólo a cerbero con un psicópata como tú.
- No me interesa lo que digas, no llegaré de nuevo a ver cómo casi te ahorcas con tu propia ropa, me la llevaré y punto, tu cobertor es lo bastante grueso como para que no intentes hacer nada y para cubrirte del frío mientras regreso; Matilda se quedará contigo, me llevaré a las demás chicas.- la chica estaba molesta pero 3 años de vivir con Hao le habían enseñado que no era bueno molestar al chico así que simplemente se desnudó ante el como ya era costumbre y le pasó su ropa.
- ahí tienes, ahora déjame en paz.- dijo esperanzada de que el chico no quisiera más y simplemente se fuera.
- Bien, les diré que te suban de cenar, no hagas tonterías mientras no estoy.- la chica le daba la espalda y el castaño suspiró frustrado. ¿Cuándo iba a ceder? Ya habían pasado 3 años y la chica aún se rehusaba a aceptar su situación. Salió de la habitación y la dejó con el perro.
La chica tomó su cobertor y se cubrió, los días pasaban lentos y tortuosos, pero una parte de ella ya sabía lo que le esperaba el siguiente día… amanecía, comía algo, peleaba con Hao, era usada de cualquier forma en que él lo pidiera, salía al jardín que era prácticamente el único exterior que conocía desde hace tres años, jugaba con su perro, hablaba con Marion que se había convertido de alguna muy extraña forma en su amiga, anochecía, cenaba algo si se lo merecía, discutía con Hao, a veces ahí terminaba, a veces tenía que cumplir de nuevo con él y después dormía.
Sí, esa era su vida, se había convertido en un simple y triste objeto y no lo veía de otra manera, después de todo hacía ya bastante tiempo que no veía su cuerpo de otra forma que no fuera esa. Creía pues que él propósito con el que había sido enviada en esta vida era para servir y nada más, el amor y la felicidad ya no formaban parte de su vocabulario. Monotonía.
Matilda subió sus alimentos, se odiaban, la pelirroja la trataba con rencor pues su jefe no hacía nada de provecho o de la misión que en un principio habían tenido desde que ella llego al palacio así que como pudiera o se le ocurriera molestarla, simplemente lo hacía.
La chica llevaba una hogaza de pan, un plato de arroz y fruta, mismo que inmediatamente dejó caer al suelo.
- Que lo disfrutes rata asquerosa.- dijo antes de salir de la habitación.
Anna se acercó a la comida junto a su perro, levantó la fruta que podía comerse junto al pan y lo limpió un poco.
- Tu puedes comer el arroz.- le dijo al animal y este se dispuso a hacerlo encantado.
En la pensión se reunieron los amigos del castaño que cabe decir que aunque tuvieran compromisos cada uno por su cuenta, jamás abandonaron a su amigo en la incansable búsqueda de la rubia.
Se encontraban alrededor de la mesa hablando seriamente.
- y bien Lyserg… ¿Qué fue lo que averiguaste?- preguntó el chino impaciente.
- Tuve contacto con una de las ayudantes de Hao.- los chicos se sorprendieron
- ¿cómo? ¿Con quién?- preguntó Yoh Ansioso
- Su nombre es Marion, es una de las integrantes del trío de la flor.
- Sí, la recuerdo ¿por qué habríamos de creer en ella?- cuestionó el Ainu
- Porque es lo más cercano que hemos estado de Anna es tres años chicos; tal vez esta sea la oportunidad.
- ¿cómo diste con ella?- interrogó el castaño
- Morphin la localizó y me llevó a ella, no tardó nada en darme información, en realidad parecía que quería ayudarme.
- tal vez sea una trampa ¿dónde te dijo que Anna se encontraba?
- no muy lejos de dónde se la llevaron, en realidad muy cerca de ahí.- todos pusieron sus ojos en blanco ¿cómo podía ser eso posible? Habían registrado cada rincón del lugar en busca de alguna pista de la rubia.- chicos, tenemos que ser positivos en esto.
- Cierto, la voy a recuperar pronto ¿dónde te dijo que estaban?
- En gales. En un castillo abandonado. Por eso Morphin localizó con facilidad a Marion, el nombre del castillo es Ruperra.
- Bien, vámonos ahora mismo.
- Espera Yoh, debemos planear bien lo que haremos, es decir; Hao debe estar más que preparado para atacarnos, han pasado tres años, no creo que haya bajado la cabeza y confiado en que no buscaríamos a Anna.
- Tienes razón, formemos nuestro plan antes de partir, que sea pronto; el viaje hacia allá dura 3 días.
Todos asintieron y dispusieron visualizar todas las posibilidades.
La noche había pasado con lentitud, la rubia no había dormido nada como era habitual desde hacía ya mucho tiempo; por la mañana escuchó que abrían la puerta y se cubrió más con su cobertor.
- Tranquila soy yo.- La rubia suspiró tranquila.
- Que bien ¿las conseguiste?
- Como siempre.
- ¿Sin que Hao se diera cuenta?
- No estaría viva si se hubiera dado cuenta.- Contestó pasándole la caja de anticonceptivos que ya venía surtiéndole desde hace tres años.
- Marion ¿estás segura de seguir haciendo esto por mí?
- ¿por qué lo preguntas?
- Porque ya ha pasado mucho tiempo y nada ha cambiado, yo sigo aquí, Yoh y sus amigos se olvidaron ya de mí y si te soy sincera ya no sé si me importe.
- Entonces ¿por qué sigues tomando tan fervientemente esas pastillas? Hao es un psicópata Anna ¿de verdad piensas darte ya por vencida? ¿Piensas darle un hijo? Porque si es así devuélveme eso, no he estado poniendo mi vida en peligro por ti para que me salgas con estas cosas.
- Creí que lo hacías porque estabas enamorada de Hao.
- Estaba, pero lo que te hace no es justo. Mereces un segundo respiro
- A ¿sí? Y ¿Cuándo lo voy a conseguir? ¿En 10 años más?-ambas rubias callaron, Marion no quería decirle a la chica que había visto a uno de sus amigos pues no quería darle falsas esperanzas.
- Sigue tomándote las pastillas Anna, por lo menos esa es una de las tragedias que podemos evitar.- La chica asintió.- Por la noche Hao saldrá de nuevo y me dejará cuidándote, tal vez podamos salir a pasear un poco.- trató de animar pues a la rubia le encantaba salir a mirar las estrellas, esperó a que la chica tomara la pastilla y salió de ahí; la verdad es que tenía un muy buen presentimiento.
No muy lejos de ahí un avión aterrizaba en el aeropuerto de Gales que traía abordo a 7 jóvenes preparados para cualquier cosa que fueran a enfrentar.
- Chicos, sé que ya les he pedido demasiado pero quiero pedirles un último favor.- habló seriamente el castaño. Todos voltearon a verlo y escucharon atentamente.- Si llegáramos a enterarnos que Anna no es más parte de este mundo o si la encontramos y ella no quiere volver conmigo… por favor quiero que prometan que van a matarme.- Todos los chicos pusieron los ojos en blanco.
- ¿Qué? ¿Acaso te volviste loco?- habló muy molesto el chino.
- No, aunque es increíble que no me haya vuelto loco después de esta tortura de largo plazo pero yo, no podría seguir viviendo si ella no está conmigo. Por favor se los pido.
- No podemos prometerte eso amigo.- dijo el pequeño Manta.
- Ya veremos.- dijo Ren. A lo que todos voltearon a ver sorprendido. El castaño sonrió, sabía que respetarían sus deseos.
- Lo mejor será que descansemos un poco para ir lo bastante frescos.
- No, por favor yo quiero ir ya.
- Yoh, sé que estás ansioso pero de verdad estamos agotados, el viaje fue muy largo, sólo unas cuantas horas y nos vamos, sería bueno atacar cuando caiga la noche, podemos tomarlos por sorpresa.- el chico suspiró cansado y asintió.
A media tarde la rubia miraba por la ventana de su habitación son su perro en las piernas quien se agitaba de emoción al querer salir a correr tras una mariposa.
Escuchó que alguien abría la puerta y enseguida llamó a sus demonios que se pusieron en guardia y su perro gruñó con coraje hasta que vieron que el que entró fue Hao con una sarcástica sonrisa.
- ¿Qué pasa Annita? ¿Por qué tan agresiva? ¿Tuviste muchas visitas desagradables a mi ausencia? – dijo pasando de lado de los demonios de la rubia pues sabía que no lo atacarían y dando una patada al perro para que se quitara de su camino.
- ¡Oye! Cerbero no hizo nada, no lo vuelvas a lastimar ¿entiendes?
- Hoy estás muy de buenas… ¡qué bien! Toma, aquí está tu ropa.- se la arrojó a la chica quien la tomó enseguida.- ¿o será acaso que te molesta el hecho de que salga de nuevo esta noche?
- Para nada y tu… ¿Qué es lo que quieres?- dijo molesta mientras se ponía de pie y se colocaba su ropa.
- Ya sabes que es lo que quiero.- dijo con una juguetona sonrisa.
- No Hao. No me siento bien de verdad; por favor, dejémoslo para cuando vuelvas de tu viaje ¿sí?- decía la rubia ya familiarizada con la vida que llevaba; el castaño suspiró molesto pero lo pensó.
- No sé qué puedes ganar con esto pero… está bien, después de todo no tardaré mucho. Te traeré algo de comer no tardo.- dijo saliendo de la habitación. La rubia rodó los ojos, de verdad era aburrido estar en esa habitación todo el tiempo. En cuanto Hao salió el perro corrió a sus brazos.
- Ya todo está bien Cerbi, el malo ya se fue.- dijo sobándole la patita donde Hao había pateado.
La tarde pasó lentamente, la chica había comido en compañía de Hao como casi todo el tiempo y se quedó con ella hasta casi caer la noche.
- ¿No te llevarás mi ropa esta vez?
- No será necesario… no tardaré demasiado y dejaré a Marion para cuidarte, si algo te pasa… la mataré.- la itako lo miró con fastidio. No lo odiaba pues creía que se había quedado sin sentimientos, no tenía ganas de suicidarse, ya no más, pues los deseos, la esperanza, las ilusiones, todo se había apagado dentro de ella. Ahora todo era frío excepto por el cariño que tenía por su mascota.- Hasta Luego.- dijo despidiéndose y salió.
La chica se asomó por la ventana un momento, veía el sol caer y aproximadamente media hora después vio como Hao salía con la mayoría de sus secuaces siguiéndolo y eso la extrañó. Observó detenidamente hasta que se perdió de vista y se quedó en esa posición hasta ver completamente aparecer las estrellas. No esperó mucho después de que aparecieran las estrellas para que Marion estuviera en la entrada de su habitación con los brazos cruzados.
- Vamos, ya es seguro salir, disfrutemos un poco de la fresca noche.
Las chicas salieron acompañadas del perro, bajaron las largas escaleras y salieron al jardín. En cuanto sintió la fresca brisa acariciarle el rostro cerró los ojos, era lo más cercano que tenía ala libertad. Después de unos minutos se sentó en la fresca hierba a un lado de Marion y lanzó la pelota de Cerbero.
No muy lejos de ahí unos chicos caminaban a prisa hasta que algo repentinamente los detuvo detrás de unas enormes rocas.
- ¿Sintieron eso?- Dijo el Horo
- sí, es la presencia de Marion.- contestó Lyserg.
- Pero no puedo sentir la presencia de Hao ni de Anna.- dijo el castaño preocupado.
- Tenemos que ir a investigar, bien… ustedes deciden ¿nos arriesgamos?- preguntó Ren
- Yo estoy de acuerdo con lo que decida Don Yoh.- habló Ryu.
- Si amigo lo que digas.- Dijo Manta.
- Lo que tu digas pue'.
- No hay otra opción, iremos.- todos asintieron y se prepararon pues el castillo ya se veía bastante cerca.
Marion se puso de pie inmediatamente pues había sentido la presencia de los amigos de Anna.
- ¿Pasa algo?
- Emmm no sólo... Me acalambré.- dijo mientras sonreía, la rubia la miró sin comprender.
Muy cerca de ahí los chicos iban montados en un gigantesco Mic que iba a toda velocidad y ya estaba a escasos metros del castillos.
- ¿Listos?- Gritó Ren Empuñando su cuchilla.
- Aquí vamos.- Gritó Yoh y en ese momento todos atacaron a la puerta del lugar haciendo que la misma estallara en mil pedazos.
Las chicas alcanzaron a escuchar el estallido hasta el jardín, el corazón de Marion brincó de emoción, lo habían logrado, Anna no sabía que era lo que sucedía.
- Marion ¿Qué pasa?
- Lo mejor será que entremos al castillo, rápido Anna sígueme.- la chica la tomó del brazo y comenzó a correr, debían ir a un ligar seguro pues de seguro una batalla enorme estaba a punto de ocurrir y si se atravesaban en ella podrían resultar heridas.
- Espera, ¡Cerbero! ¡Cerbero ven!- el cachorro iba a toda velocidad tratando de alcanzarlas pues se habían quedado atrás.
El castillo comenzó a temblar y una gran pared de rocas cayó y los separó dejando a cerbero del otro lado.
- No, Cerbi.- la rubia se detuvo y trató de escarbar.
- No podrás Anna, está del otro lado, rápido, desde la cocina podrás llegar a la sala y lo encontrarás.- la rubia la miró y asintió.
- Tranquilo cerbero voy por ti.
Fuera del castillo se desarrollaba una gran batalla que ya había terminado con la vida de varios de los aliados de Hao.
- Díganme ¿Dónde está Anna?- decía el castaño fuera de sí, sometiendo a un tipo contra el suelo y la espada en el cuello.- Dímelo.
- Jajajajajajajajajaja te morirás sin saberlo.- dijo a lo que los Shamanes atacaron y terminaron con ellos. Estaban seguros de que habían terminado con todos y sólo se sentía la presencia de Marion pero no podían dar con ella, de verdad les resultaba bastante raro pues Hao tenía muchos aliados y en el castillo no estaba ni la mitad de ellos, además el hecho de no sentir la presencia de Hao y la rubia.
Los chicos se quedaron en donde estaban pues desde su lugar se podía escuchar la respiración de una enorme bestia, fijaron la vista a la sala y fue cuando se dieron cuenta de que un enorme demonio en forma de perro con afilados dientes y casi del tamaño de lo alto de la planta baja del castillo los miraba con profundo odio.
Los chicos se pusieron en guardia preparados para cualquier movimiento que realizara el perro. Este los observaba y clavó las uñas de sus patas al suelo listo para saltar y atacarlos, aulló con gran fuerza y fue ahí cuando los shamanes se dispusieron a atacar, y lo hubieran conseguido si no hubiera sido por que una conocida rubia saltó y se interpuso entre la enorme bestia y el grupo de jóvenes Shamanes.
- ¡Alto!- Gritó con fuerza. El castaño y los demás shamanes la miraban anonadados.
- Annita.
CONTINUARÁ
