Capítulo 4. Despedida
- Es tu turno Anna salta.- gritó el castaño, todo era adrenalina, pues se acercaban a gran velocidad el grupo de shamanes acompañantes de Hao.
La chica tomó el siguiente pergamino, era su turno; tomó impulso, corrió tan fuerte como sus piernas se lo permitieron y saltó, tomó el pergamino y cuando iba a medio conjuro el pergamino se quemó en sus manos; sus ojos se quedaron sin color, solo había una explicación: Hao.
- Ya te lo he dicho mil veces rubia, si no eres mía no serás de nadie.- La chica iba caída libre hasta que se golpeó fuertemente la cabeza con un muro y perdió la conciencia.
- ¡Nooooo! Gritó Yoh impotente ante la situación hasta que el castillo comenzó a cimbrar por el pesos de unas enormes pisadas y de la nada apareció cerbero en su forma de demonio corriendo a toda velocidad y atrapando a su dueña en el hocico, una vez conseguido su objetivo dio la vuelta y comenzó a correr buscando una salida entre los escombros ocasionados por la batalla anterior.
- ¡Corre Cerbero, Corre! Gritaba Manta.
- Me la pagarás perro asqueroso.- gritó Hao ciego de ira comenzando a arrojar veloces bolas de fuego gigantes que eran interceptadas por paredes de hielo de Horo Horo.
- ¡Choco!- llamó Yoh.- tienes que sacarnos de aquí, dile a mic que siga a ese perro; chicos, es nuestra última oportunidad, Hao y sus amigos están distraidos, debemos derrumbar el castillo sobre ellos para intentar salir de aquí.
- ¡Sí¡- hablaron al unísono y mientras Horo paraba los ataques de fuego, los demás atacaban directamente las paredes del castillo montados en la espalda de Mic que corría a toda velocidad detrás del enorme perro.
Hasta que finalmente sucedió, Hao había sido noqueado por un enorme bloque de concreto que lo dejó inconsciente en el piso, situación que dio pie a terminar con algunos de sus secuaces, mas algunos de ellos lograron huir antes de que el castillo callera encima de ellos, cuando estuvo a punto de derrumbarse salió cerbero a correr por la enorme área desértica que se encontraba alrededor del castillo, aterrado y con la adrenalina corriendo por sus venas.
Detrás de él venían los chicos que lo seguían de cerca con vanos intentos para detenerlo.
Ya se encontraban bastante lejos del palacio y se acercaban a la ciudad lo cual era bastante riesgoso para los habitantes ya que un demonio gigante en forma de perro y bastante asustado podría ocasionar bastante pánico.
- Se acabó.- dijo el chino bastante harto y apuntando su cuchilla.- lo detendré.
- Espera.- gritó Manta desesperado.- Ese perro es bastante importante para Anna, por favor no le hagas daño.
- entonces ¿Qué planeas que hagamos?- dijo elevando la lanza sin importarle el comentario de Manta hasta que el castaño se la quitó de las manos.
- Ren, no sabemos por lo que ha pasado Anna, tal vez ese perro sea lo único que tenga, encontremos otra manera.
- Está bien pero piensa rápido porque nos quedan menos de 30 km para llegar a la ciudad.
- Yo tengo un plan.- dijo el inglés que aún sostenía el cuerpo de Marion.- puedo enredar sus patas y detenerlo.
- Pero eso puede provocar que la werita salga de su hocico y se lastime aún más.- dijo chocolove.
- ya.- sé dijo Horo.- danos impulso a yoh y a mí con Mic para tratar de sobrepasar al perro y si Anna sale disparada la atraparemos.
- me parece bien.- dijo Yoh. Y el inglés le entregó a Ren a la inconsciente chica- debemos coordinarnos.- a la cuenta de tres… 1… 2… 3…- mic lanzó con fuerza a horo e yoh al tiempo que lyserg arrojó su péndulo a las piernas de la enorme bestia haciéndolo caer; el gemelo menor y el shaman de hielo alcanzaron perfectamente a llegar a la parte delantera del demonio más este nunca soltó a su dueña.
Una vez en el suelo el castaño trató de acercarse al gigantesco perro que tenía a la rubia inconsciente entre sus patas delanteras custodiándola protectoramente; pero este gruñía feroz y quería atacar moviendo a la chica un poco. El castaño supo de inmediato que si se acercaba de más podría pisar a Anna en algún descuido. Suspiró y se acercó a sus amigos.
- Te dije que debíamos matarlo.- dijo el chino enojado.
- No… por favor.- escucharon la débil voz de Marion.- ese perro lo es todo para Anna, no le hagan nada.- dijo tosiendo un poco de sangre.
- debemos irnos pronto de aquí o Marion no lo logrará.- dijo Lyserg preocupado.
- No se preocupen por mí.- dijo jadeante.- ya es mi tiempo.
- No digas eso.- dijo Horo quien abría el botiquín y trataba de sanar sus heridas.- Fausto debió venir con nosotros. No sé para qué lo llamó tu abuela.
- Ya la conoces, alguna clase de entrenamiento especial, ella no creía que encontraría a Anna alguna vez.- el shaman observó al perro que seguía jadeando y notó que sangraba de una de sus patas misma que se lamía lastimosamente así como pequeñas partes de su cuerpo que estaban quemadas. El chico miró con dulzura como a pesar de sentirse terrible, jamás se alejó de su dueña.
Se acercó con lentitud a pesar de las advertencias de sus amigos y lo miró con cariño a pesar de que el perro gruñía ferozmente.
- Hola cerbero. Sé que estás asustado pero créeme, no debes temerme… yo no soy Hao y no pienso hacerles daño ni a ti ni a Anna. Tal vez no puedas entender todo lo que digo pero de verdad, soy tu amigo.- dijo acercando su mano para que la enorme bestia lo oliera, después de todo era un perro. Cerbero se tranquilizaba lentamente más no bajaba la guardia.- el chico se acercó un poco más al cuerpo inconsciente de la rubia y se puso de cuclillas junto a ella.- mira, está sangrando de su cabeza, si no la atendemos rápido la podemos perder, ¿entiendes?- la bestia no entendía bien lo que trataba de decir pero sentía que su dueña estaba en riesgo y no quería perderla.- Te prometo que todo saldrá bien.- dijo acariciando dulcemente una de sus enormes patas.- y también te curaré a ti lo prometo.- el perro se relajó lentamente ante las caricias del castaño hasta que poco a poco recobró su forma de cachorro labrador y lamía la mano del chico. Este sonrió con frescura.- gracias Cerbero.
Rápidamente tomó a su rubia en brazos temblando de emoción, tres años de no tener contacto físico con la mujer que amaba volvía loco a cualquiera.
La acercó a su cuerpo aspirando su dulce aroma y dejó salir todo lo que contuvo durante ese tiempo.
- Mi amor… ya estás conmigo nuevamente.- sollozó un poco.- chicos ¿podrían acercarme el botiquín?- Manta se acercó con rapidez y le entregó los medicamentos.- gracias peque.- sus demás amigos se reunieron y miraron como el castaño curaba con dedicación las heridas de la chica.
- Yoh.- habló el chino seriamente.- lo mejor será acampar por aquí esta noche, tiene una severa herida en la cabeza y no podemos moverla de un lado a otro, si mañana despierta podremos irnos y ocultarnos mejor en la casa de Lyserg.- el castaño asintió silenciosamente.
- Choco, ¿me harías favor de atender a cerbero?
- Claro amigo, enseguida.
Cuando terminaron de curarlos Horo y Ren ya tenían lista la fogata y preparaban la cena, derritieron un poco de hielo para tener agua para beber.
El castaño se acercó a cerbero y le sirvió bastante agua y una enorme porción de comida en dos tazones, el cachorro movió la colita emocionado.
Horo por su parte mojaba paños con agua y los ponía en los labios de marion para que intentara beber un poco, se veía bastante mal y la fiebre la azotaba con crueldad; tocía violentamente.
- Marion, lo mejor será llevarte ahora mismo al hospital.- mencionó el inglés, los demás pueden alcanzarnos por la mañana.
- No es necesario, estoy maldita. Hao se encargó de que no pudiera mejorar jamás. Algo me está matando desde adentro y no pueden detenerlo.- los chicos callaron- está bien; ya no duele.- dijo con la voz gastada.- Yoh, debo hablar contigo a solas.- el castaño asintió y le pidió a sus amigos que se alejaran un poco. Tomó asiento frente a la chica de ojos verdes. La rubia tomó su mano y la apretó tanto como pudo y con lágrimas en los ojos habló.- Yoh… promete que serás paciente y cuidarás de Anna; ella fue sometida a los peores abusos por parte de Hao en estos 3 años.- el castaño ensombreció su mirada, no era tonto, suponía que algo grave le habían hecho a su Annita pero escucharlo de quien había hecho todo lo posible por cuidar a su rubia le llenaba el alma de odio contra el maldito que la lastimó.- Ella ya no es la misma y tienes que entenderla, y va a costar trabajo pero debes estar con ella, pero si crees que no puedes manejarlo entonces déjala ir; ella no podrá soportar más daño.- el shaman la miró.
- Yo sería incapaz de abandonarla, la busqué por tanto tiempo y ahora que está conmigo haré todo lo posible porque ella esté bien el resto de sus días.- la rubia sonrió complacida y comenzó a toser descontroladamente, se levantó un poco y comenzó a vomitar un poco de sangre.- ¡Marion!
- Estoy bien, estoy bien… ya no duele; por favor.- comenzó a llorar un poco.- es la única amiga de verdad que he tenido en toda mi vida, debes darle una hermosa vida.- siguió tosiendo.
A unos metros de ellos la itako despertaba lentamente por el ruido que hacía Marion y cuando estuvo consciente de escuchar los lamentos de la ojiverde abrió los ojos de golpe y trató de levantarse y sin ser notada por el castaño que estaba de espaldas a ella se arrastró hasta su amiga.
-¡Marion!- habló con dolor- Marion ¿Qué tienes? Suéltala.- quitó la mano de Yoh pues en ese momento ella no estaba en realidad consciente de en donde se encontraba.- Marion ¿Qué te hicieron?- dijo tomando el rostro de la chica. El shaman la miraba con pesar, cerbero se acercó y lamió el rostro de Phauna.
- Anna, ellos vinieron por ti; estarás bien de ahora en adelante, debes quedarte con Yoh él te cuidará.- ambas rubias lloraban.
- No, no me dejes.- habló con un tremendo dolor de garganta.- tengo miedo.- admitió dolorosamente. A Yoh se le escapó una lágrima, ella temía de él también. Los demás chicos veían la escena apenados pues Marion se veía cada vez peor. La chica ojiverde elevó un poco sus brazos y la abrazó.
- Estarás bien. Lo prometo.- dijo mientras lentamente se le escapaba el alma del cuerpo, cerbero comenzó a aullar con lamentación mientras recostaba su cuerpo cerca de la chica que yacía inerte en el piso. La sacerdotisa derramaba lágrimas sin control hasta que sintió emanar de su cabeza un fuerte dolor, llevó su mano hacia su vendaje y se percató que sangraba, su cabeza le pesaba tanto que fue suficiente para hacerla caer al piso desmayada.
CONTINUARÁ…
