Capítulo 10. ¿Soluciones?

- Hola Anna…- escuchó la voz de la peliazul.- no había tenido tiempo de platicar contigo desde que llegaste.- la rubia se dio la vuelta para recibir a Pirika.

- Sí, hola… pues, aquí estoy.

- ¿puedo sentarme?- dijo señalando el sillón junto a la cama.

- Claro.- dijo la itako sentándose por su parte en el sillón de cuerpo entero que estaba bajo la ventana.

- Sé, que nunca fuimos muy cercanas pero quiero que sepas que estoy contenta con que estés bien y estés de vuelta.- la rubia la miró impasible, no esperó que la peliazul al ser la mejor amiga de Tamao se expresara con ella de esa forma.

- Emmm, gracias. Es… bueno estar aquí.

- Sí…- la peliazul no tenía ni idea de cómo abordar el tema o tratar con sutileza lo que la pelirosa le había pedido así que fue directo al punto.- además, pensé que te sería buena la compañía cuando Yoh no esté.- le rubia fijó su vista en la chica.

- ¿Cuándo Yoh no esté? ¿A qué te refieres?

- Sí bueno, al ser el dueño de una empresa tan grande él debe salir con frecuencia, además… al estar comprometido con Tamao pues… suelen salir de viaje juntos muy seguido y sobre todo a Izumo a ver los planes de la boda; tú debes de saber, después de todo el debió explicarte que mientras estabas en el hospital, él volvió a Izumo con Tamao para fijar la fecha y arreglar detalles de la ceremonia.

- De la ceremonia… ¿En izumo? ¿Es ahí a dónde Yoh fue?- habló la rubia con lentitud pues le sorprendía la mentira de Yoh… la peliazul sin embargo sonrió de lado…

- Pues claro… ¿a dónde más iría?

- El dijo que saldría a un viaje de su empresa.

- Mmmm…- dijo queriendo sonar pensativa.- tal vez no quería que te sintieras mal, ya sabes… por los viejos tiempos.- la rubia meditó un momento.

- Pues… no debió mentir, yo ya sé que él y Tamao están comprometidos.- Pirika la miró con detenimiento.

- ¿y eso no te molesta?- la itako suspiró un poco

- ¿Por qué abría de hacerlo? Yo me fui hace ya unos años y… el merece seguir su camino.

- Entonces tú no lo quieres.- más que pregunta, era una afirmación por parte de la ainu.

Anna simplemente desvió la mirada y calló.

- No seas tímida Anna, puedes confiar en mí…

- Sabes, creo que será mejor que descanse un poco, estoy comenzando a sentirme un poco mal.

- ¿Quieres que llame a Fausto?

- No, estoy bien, gracias… sólo quisiera dormir un poco más.

La ainu salió de la habitación con una sonrisa en el rostro, no esperaría para contarle a su amiga.

Pasó toda la tarde durmiendo y cuando abrió los ojos la pensión estaba en completa oscuridad. Se incorporó lentamente y encontró a cerbero acostado en sus pies, cuando el perrito sintió el movimiento de su dueña, levantó la cabeza y movió la colita.

- Hola cariño… también me da gusto verte.- el perrito subió hasta la cabecera para estar cerca de su ama y trataba de darle húmedos lengüetazos por todo el rostro.- ya, ya, tranquilo.- sonreía la rubia con cariño.- Sabes… tengo mucha hambre ¿habrá algún problema si exploramos abajo?- el cachorro sólo movía sus orejas como tratando de interpretar lo que su dueña le decía.

Se levantó de la cama con su fina bata y abrió la puerta con cuidado. Sacó su cabeza para revisar que no hubiera nadie en la mira y caminó con cuidado, pues aún le dolía su cuerpo por la intervención.

Cuando llegó a la cocina se tomó su tiempo para admirarla, era más grande de lo que recordaba. Abrió los muebles y vio lo que tenían dentro, era relativamente nuevo para ella el observar todos esos paquetes de galletas, sopas, condimentos, embutidos, latas, todo completamente repleto de comida. Su estómago gruñó. Se acercó al refrigerador y lo abrió con cuidado; sus ojos se iluminaron, todo ahí se veía delicioso; frutas, pollo, carne, arroz cocido, sobras de la cena, leche, bebidas hidratantes, postres. Aun cuando tenía mucha hambre sabía que no podía comer todo lo que se le antojara por dos sencillas razones: la primera era que esa no era más su casa y no podía tener esas libertades; y la segunda por su intervención médica.

Vio un contenedor lleno de rojas y enormes fresas, su boca se llenó de saliva con tan solo verlas, así que se acercó y lo tomó unas cuantas fresas enormes y las mordió; el sabor era tan delicioso que no pudo evitar comer con rapidez y llenarse la boca con ellas. Con su otra mano tomó un melocotón enorme y lo mordió; estaba tan concentrada que no notó a cierto castaño que la miraba con curiosidad desde la entrada de la cocina y la llamaba en repetidas ocasiones; al no mostrar ningún signo de que la rubia lo escuchaba, el shaman se acercó lentamente y tomó su hombro, pero la reacción de Anna fue tan lastimosa que se sintió la peor persona del mundo.

La chica brincó del susto, soltando las fresas inmediatamente y provocando que el tazón cayera al suelo y se rompiera en muchas piezas; al no tener salida ya que el castaño se encontraba frente a ella, su cuerpo se hizo un ovillo en el suelo, con una mano en la espalda y la otra sujetando sus rodillas mientras ocultaba su rostro en estas.

- Oye, oye, Annita tranquila, lo siento, no quise espantarte de verdad perdóname; es sólo que te llamé varias veces y no contestaste. - El shaman se puso a su altura y trató de levantar su rostro pero ella lo ocultaba con ahínco. - ¿Qué pasa? ¿Por qué no quieres mirarme? – el chico un poco asustado tomó su rostro de manera en que no pudiera escapar de él, la rubia no tuvo más opción que mirarlo. Cuando la observó con detenimiento, pudo encontrar el miedo en su mirada, sus rasgos espantados al haber sido sorprendida por el castaño, también pudo notar sus labios un poco manchados de rojo debido a las muchas fresas que había comido; no pudo evitar el sonreír con ternura. – No tienes que asustarte, escuche ruidos y bajé a echar un vistazo. Esta es tu casa Anna, todo lo que hay aquí es tuyo y puedes tomar lo que sea. Ven, te ayudaré a ponerte de pie. – Dijo ofreciendo su mano, ella simplemente la miró pero la rechazó. – No te haré daño, por favor, confía en mí. – la itako desvió la mirada; el chico se acercó a ella lentamente. – Vamos… . - tomó la mano que tenía tras la espalda y se dio cuenta que en ella tenía el melocotón bien sujeto. Pareció comprender lo que sucedía por un momento. – Oye… vamos, puedes comer todo lo que te plazca, entiendo que debes estar hambrienta, dormiste casi todo el día. Ese melocotón y todo lo que quieras es tuyo al igual que de Cerbero, no te preocupes. – la ayudó a incorporarse tomándola de los brazos; notó un ligero temblor y muy a su pesar, la soltó. Tomó unos pañuelos de cocina y se los tendió para que pudiera limpiarse las manchas rojas del rostro mientras el recogí las fresas del suelo y el los pedazos del tazón. Enjuagó la fruta y la puso en un molde diferente. La rubia seguía en su lugar sin saber qué hacer. - ¿quieres comer algo más? – preguntó mirándola. – Hay arroz y cosas que no son tan pesadas para ti. – Ella negó con la cabeza y avanzó hacia su dormitorio. – Espera Anna . – La chica se detuvo al pie de la escalera sin mirarlo y cerró los ojos presionándolos; recordaba todo tan vívidamente… los golpes, las lesiones, el dolor, los castigos… proporcionados por un hombre idéntico al que le hablaba. – Sé… que lo que viviste fue muy duro, lo que yo viví sin ti, también fue insano y sé que no se compara, pero… Ya todo terminó, ahora estás aquí conmigo y no pienso dañar ni uno solo de tus cabellos, y no dejaré que nadie más lo haga… por favor no me temas, yo no soy Hao, esta es tu casa, tu hogar… puedes hacer aquí lo que te plazca, y cuando te sientas lista, puedes salir a dar paseos o hacer lo que tú quieras. – La itako no lo miró, con una de sus manos limpió sus silenciosas lágrimas y respondió.

- Yo ya no pertenezco aquí Yoh. – El chico la miró con tristeza.

- Sí lo haces… y voy a luchar por recuperarte, no importa cuánto me cueste. – La rubia tragó pesado y avanzó por las escaleras.

- No soy la misma de antes.

- Yo tampoco, pero mi amor por ti es más fuerte que nunca. – al escuchar eso, la rubia se petrificó en su lugar; miles de imágenes de Hao diciéndole que la amaba mientras abusaba de ella cruzaron su mente, no soportó más y corrió hasta encerrarse en su habitación.

El shaman se quedó parado viéndola alejarse de él… había metido la pata; sabía que su rubia había sufrido y no debía acosarla de esa manera, forzándola a entender su situación; pero se le acababa el tiempo, y estaba desesperado.

Es que por más que quisiera, no podía olvidar lo ilusionados que estaban con su boda, se pasaban largas horas sentados a la horilla de la ventana admirando la luna, ella recostada sobre él y hablaban del maravilloso futuro que les esperaba.

Jamás podrían desaparecer esos momentos de su mente, y sabía que muy por debajo del miedo que Anna sentía por él, aún estaban esos recuerdos.

Miró el reloj de pared y vio lo tarde que era; decidido a levantarse temprano con una linda sorpresa para su rubia, se fue a acostar, soñando con un mañana más esperanzador.

Subió a toda prisa por las escaleras y se fue a dormir con una sonrisa en el rostro.

A las 7 en punto de la mañana, el chico tocó la puerta de la rubia; escuchó como la chica le daba el pase y la vio sentada en la ventana con su delgada bata de dormir.

- Buenos días Annita. – Dijo entrando con una enorme sonrisa. Ella sólo lo miró y regresó su vista al exterior. – Necesito que te cambies porque vamos a salir. – Eso provocó que la chica se girara tan rápido que casi pierde el equilibrio.

- ¿Vamos a salir? ¿A dónde? - el se emocionó por la expresión de la rubia.

- Es una sorpresa… vamos.

- ¿Cerbero puede venir? – el chico se rio ante la pregunta y asintió feliz. - Pero ¿qué me voy a poner? Yo no tengo ropa. - dijo algo preocupa.

- Es cierto… mmmm déjame ver que puedo hacer. – dijo saliendo de su habitación y entrando a la propia. Rebuscó hasta el fondo de su closet hasta que dio con su ropa de cuando tenía 17 años, tomó su antiguo pantalón verde y una de sus camisas blancas; la chica era tan menuda y delgada que le quedarían perfecto.

Salió de prisa y se aceleró a la habitación de la rubia quien lo esperaba sentada en la cama, las colocó frente a ella con una sonrisa.

- Ponte esto, te quedará bien por el momento. – la itako levantó una ceja observando la ropa que solía usar su ex prometido. - ¡Vamos! Date prisa que se hace tarde.

La sacerdotisa se puso de pie y se quitó la bata, Yoh rápidamente se dio la vuelta para evitar ver la desnudez de su cuerpo; sabía que, en estos años, su pudor había cambiado. Pasando unos minutos, la chica informó que estaba lista; cuando el shaman castaño la miró, su sonrisa se hizo aún más amplia; se veía hermosa, los pantalones le quedaban justos y la camisa un poco holgada.

- Bien, pote taje unos tenis que Jun me prestó para ti, son de tu talla, ¡Vamos, que nos gana el tiempo! – un poco extrañada por la emoción del chico, lo siguió deprisa, siendo seguida por su cachorro; el chico le pidió que esperara un momento en el portón, acercó su camioneta de lujo con la que contaba recientemente y le pidió que subiera; ella con un poco de desconfianza lo hizo abrazando fuertemente al perrito.

El chico le pidió que se pusiera el cinturón de seguridad y ella lo hizo obedientemente.

Salieron de la pensión y pasaron de largo a la ciudad; media hora después iban en carretera.

- ¿Ya me dirás a dónde vamos? – El chico sonrió.

- Ya te dije que es una sorpresa, no seas impaciente… - el castaño bajó levemente la el vidrio e la ventana para que cerbero pudiera admirar el paisaje y sacar su cabecita, el cachorro iba tan feliz que movía la colita y le tiraba grandes mordidas y ladridos al viento que le daba en la casa; esa acción hizo que Anna sonriera con ternura. Al ver de reojo esa hermosa sonrisa, el corazón del castaño se llenó de anhelo.

Siguieron en carretera por una hora más, hasta que dieron vuelta a lo que parecía ser un enorme huerto llamado "El paraíso de la naturaleza".

Cuando llegaron a los enormes portones, los recibió un agradable anciano que preguntó.

- ¿Cuántos van a entrar?

- Somos 2 adultos y un cachorro.

- Bien, son 2,070 yenes. – El shaman simplemente sacó la cartera y pagó el monto solicitado siendo observado con sorpresa por Anna que no sabía cómo podía gastar tal cantidad de dinero en un solo momento.

El anciano colocó en la cajuela, grandes canastos y les dio la bienvenida.

- Bien, pueden tomar y comer lo que gusten del huerto; sean bienvenidos y que se diviertan.

Siguieron avanzando hasta el estacionamiento del lugar donde Yoh bajó e inmediatamente se acercó a abrir la puerta de su compañera para ayudarla a bajar.

- ¿Qué es aquí exactamente?

- Bueno… este es un huerto enooorme dónde se dan casi todos los frutos que puedas conocer; se supone que pagas una cierta cantidad de dinero y te entregan los cestos que están en la parte de atrás de la camioneta. Puedes recolectar los que quieras y comer aquí tantos como puedas, en las cestas vienen toallitas y desinfectante para comer con seguridad las que se te antojen.

- Oh, bueno vaya… nunca había escuchado de este lugar.

- En realidad yo lo conocí el año pasado que vine a apoyar acerca de un caso de una niña que desapareció justo aquí.

- Oh… eso, parece muy triste. – Dijo Anna un poco acongojada. Él le regresó una dulce mirada.

- No tanto, logré dar con ella en poco tiempo con ayuda de Amidamaru, es una pequeña de una familia con mucho dinero, así que no fue difícil dar con sus captores. No como en otros casos.

- ¿Tienes muchos casos? – el chico meditó la pregunta con una sonrisa, emocionado de que la chica se interesara por su nueva profesión.

- Bueno sí, bastantes diría yo… mientras trataba de dar contigo, me hice de algo de fama. Encontré unas cuantas redes de narcotráfico y tráfico de mujeres, colaboré con la policía de Japón y el FBI, firmé a nuestros amigos en mi sociedad y ahora soy dueño de una gran corporación. Ellos se quedaban a resolver mientras yo iba a buscar pistas de tu paradero. Has sido mi caso más difícil de resolver. – dijo con un suspiro. La rubia desvió la mirada.

- Si dices que haces esto profesionalmente ¿a qué te refieres? ¿tienes algún título?

- Sí. Para poder iniciar mi corporación, hice un trato con el gobierno, inicié la licenciatura en derecho en línea y terminé en un año, estudiaba todas las noches durante largas horas para aprovechar el tiempo por el insomnio.

- ¿Tú? ¿estudiar? – el castaño se rio.

- Jijijij. Dame algo de crédito Annita, necesitaba mantener mi mente despejada del dolor de tu pérdida o me volvería loco, no podía dormir y el estudio me relajaba, además tomé la especialidad en criminología unos meses después de titularme como abogado y así es como aprendí todos los procedimientos para cerrar todos los casos que hemos concluido. Pero nada sería lo mismo sin la ayuda de Amidamaru, mis amigos y sus espíritus acompañantes.

- Todo esto que me cuentas suena… increíble Yoh, yo… es genial. – el shaman sintió calidez en su corazón.

- ¿quién lo diría de mi he? Siempre fui un holgazán.

- No… yo siempre supe que llegarías lejos, sólo no te dabas algo de crédito. Parece… que lo único que necesitabas era que yo me fuera. – el corazón del castaño se presionó.

- No Annita, yo hubiera dado todo porque te quedaras a mi lado, y me arrepiento cada día de no poder defenderte como te merecías. Siempre dije que debía haber muerto ese día. Mi corazón se fue contigo. Pero ya estás aquí y todo es tuyo también, todo lo que tengo Anna, lo que he formado, es para ti.

- Lo que me pasó… no fue tu culpa, pero yo… simplemente, no puedo; no soy la misma de antes Yoh… debes entender que todo por lo que pasé, me cambió completamente, y debes aceptarlo. Tengo miedo, incluso de ti… tengo visiones y pesadillas de todo, y … me da miedo que eso siga por siempre. Tu… ya tienes una nueva prometida, una nueva vida, otro destino y yo… no encajo ahí.

La chica finalizó de hablar con un suspiro en su voz; al castaño se le llenaron los ojos de lágrimas al escucharla hablar así… de verdad tenía miedo de él, él que la amaba más que nadie en el mundo.

- Entiendo que pasaras por tanto, pero… necesitas sanar Anna, en todos los aspectos, y estoy seguro, de que la Anita llena de vida, de ilusiones y metas ambiciosas está dentro de ti, lo sé… no tengo ni una sola duda. Esa Anna que me decía que quería una vida llena de lujos y comodidades, vivir con tranquilidad a mi lado, formar una familia para los Asakura y criarlos con amor y propósito junto a mí; sé que ella está ahí.

- No lo está Yoh… hace mucho que no puedo verla, hace ya demasiado tiempo que no logro escucharla. Yo ya no soy una mujer entera. No soy la indicada para ti, para nadie y mucho menos para tu familia. Lo siento… no soy buena para nadie, tal vez ni para mí misma.

- Deja de hablar así. – habló con frustración. – Eres una mujer entera Anna… el que hayas estado con ese maldito enfermo y te haya hecho tanto daño, no quiere decir que estés incompleta; eres perfecta, no sólo para mí; sino para aquel que tenga la fortuna de toparse en tu camino. Además ¿qué me dices de Cerbero? Ese cachorro que está a tu lado sabe al igual que yo que eres la persona más importante en el mundo. Para nuestro mundo. No te pido que me ames hoy, ni mañana, sé que llevará tiempo, solo… solo dame una oportunidad.

- Yo ya no sé ni siquiera lo que es el amor. Sólo tengo el de Cerbi.

- Déjame demostrártelo, por favor… juro por Dios que, si me permites intentarlo, no te arrepentirás y vivirás feliz el resto de tu vida.

- Escucha lo que dices Yoh… Tamao no merece esto, ella es tu nueva prometida y tu le debes respeto, no puedes estar esperando nada de mi ahora, tu y yo ya no somos nada.

- Lo somos todo, sé que si me dejas…

- No.

- Yo no decidí el compromiso con Tamao… jamás he estado de acuerdo y no la haré mi esposa.

- Entonces estarías faltando a las decisiones de tu familia; esto tampoco puedo permitirlo, al menos yo no puedo faltar a ellos. Tu familia fue la única que me abrió las puertas hace ya tantos años.

- La abuela estará de acuerdo con esto, solamente… debemos hacerle saber que quieres estar conmigo… que nos casaremos y formaremos una familia.

- YA BASTA. – dijo con horror en sus ojos. – ni siquiera quiero que me toquen… ¿Cómo crees posible formar una familia conmigo? Yo no puedo… no puedo y… lo mejor será que te quites esa idea de la cabeza.

- Jamás te haría daño.

- Por favor; ya basta. – dijo mientras se sentaba sobre una roca que se encontraba frente a la camioneta marcando el estacionamiento. Cansada de la situación, cubrió su cabe entre sus brazos y se recargó en sus rodillas.

El cachorrito ajeno a lo que pasaba, se posó a un lado de su dueña mientras le lamía los brazos intentando contentarla.

El shaman, sintiéndose derrotado, limpió una lágrima que se escurría por su mejilla. Se acercó a la chica y se agachó a su altura.

- Lo siento… sé, que a veces soy muy hostigoso, pero… si estuvieras en mi lugar.

- Si estuvieras en el mío.

- Si estuviera en el tuyo, querría sanar al lado de las personas que me aman.

- Yoh…

- Lo sé, lo sé… hagamos algo… trata, de ver las cosas desde mi lado y yo las veré desde el tuyo, tal vez eso nos ayude a entendernos. – la chica sacó la cabeza de sus brazos y lo miró. – Sin presiones, sin objetivos. Será tal y como tú lo quieras ¿de acuerdo? – la itako lo pensó unos segundos y luego asintió con lentitud. – Bien… pongámonos en camino que estamos perdiendo valiosas horas de cosecha. - dijo poniéndose de pie con ánimo. - No puedes caminar mucho por tu cirugía, así que cualquier malestar que sientas es necesario que me lo comuniques y nos detendremos ¿de acuerdo?

- Bien. – dijo ella contagiándose un poco del ánimo del castaño.

El chico se acercó a la camioneta y bajó las cestas, se colocó una en la espalda como mochila y ayudó a Anna a hacer lo mismo con la otra.

- De acuerdo, yo cargaré los frutos más pesados y tú los más ligeros… si tienes hambre, podemos comer todo lo que quieras. No hay límites aquí. – Ella simplemente asintió y lo siguió.

Comenzaron a recorrer las enormes áreas verdes, comenzaron con algunos frutos pequeños, querían dejar lo más pesado y grande para el final.

Anna también comentó que no debían llevar tanto pues si no se comían pronto se desperdiciarían; Yoh rio diciendo que con el estómago de Horo Horo en la casa, dos cestas no serían suficientes.

Recolectaron unos enormes melocotones, manzanas verdes que al morderlas eran rojas por dentro, mangos, bananas, kiwi, piña, naranjas, moras de todos los colores tamaños y sabores; uvas moradas, verdes, amarillas y rojas. Frutos extraños que la rubia jamás había visto en su vida, peras y demás, hasta que Anna informó que necesitaba un descanso y algo de comida.

Decidieron sentarse a la sombra de un frondoso árbol e Yoh extendió una manta para no ensuciar su ropa.

El chico sacó el desinfectante y limpió la fruta que comerían. Al pasear alrededor del huerto, descubrieron que cada ciertos kilómetros había estaciones con utensilios de cocina y jarabe para acompañar la fruta. Dejó a la rubia desinfectando la fruta para buscar una estación y recabar utensilios. No demoró más de 10 minutos en volver y trajo consigo una tabla para picar, cuchillo, tenedores, platos y jarabe de varios tipos.

Picaron la fruta que se comerían y se dispusieron a alimentarse. Yoh bañó su fruta en leche condensada y Anna en miel natural; el ambiente era muy agradable y se sentía ligero después de la plática de antes.

La rubia le aventaba cachitos de manzana a cerbero quien los atrapaba con emoción.

- ¿Deliciosos verdad cariño? – El perrito sólo movía la colita mientras seguía comiendo. La itako observaba el panorama, era hermoso; no se había sentido con tanta libertad desde hacía ya mucho tiempo. El cachorro corría y paseaba por el extenso campo, provocando que la rubia sonriera con dulzura; a un lado de ella, el castaño la observaba curioso, hace años, cuando la chica vivía con él, no había notado que ella sonriera tanto como lo había hecho este día; esta acción le iluminó el corazón y sabía que, a pesar de las duras palabras de Anna, aún había esperanza de recuperarla.

Terminaron de comer e Yoh tomó una naranja para arrojársela a cerbero como pelota, el cachorro corrió a toda velocidad por ella y le encantó descubrir que cuando la mordía, salía un delicioso jugo de ella.

Se quedaron un rato más hasta que el sol picaba alto e imponente.

- Deben ser aproximadamente las 2 de la tarde, debemos darnos prisa en volver para llegar a tiempo a la hora de la comida, quiero que pruebes algo más que fruta.

- Este lugar es hermoso ¿podemos quedarnos un poco más? – El chico la miró con dulce adoración.

- Claro que podemos, pero… no quiero que el sol cale tan fuerte que vaya a hacernos daño; con tanto dulce que hemos comido, podríamos deshidratarnos. Caminemos al estacionamiento, sé que en el camino aún hay sandías y melones y otras cosas más… después cargaremos la camioneta y volveremos a casa. – la sacerdotisa asintió levemente.

- ¿Podríamos regresar otro día? – Preguntó esperanzada.

- Claro. – Respondió con emoción. – En cuanto se termine esta fruta podemos volver… además, si lo que quieres es pasear y ver paisajes igual de hermosos a este, he conocido muchos lugares más gracias a mi trabajo.

- Tu trabajo suena genial en realidad.

- Lo es, a pesar de todo el dolor de las familias y el sufrimiento de aquellos que no logran recuperar a los seres que aman, lleva mucha satisfacción por los que, si logramos rescatar o incluso, las familias pueden darle una sepultura adecuada para todos aquellos que no lograron sobrevivir.

- ¿Es muy difícil… quiero decir, lo que haces?

- Bueno… suena mal, pero es más sencillo encontrarlos cuando fallecen, pues buscamos e invocamos a su espíritu y si este responde, significa que ya ha fallecido y que nos dirá en donde encontrar su cuerpo. Pero si sigue vivo, es cuestión de rastrear y encontrar pistas. Lyserg nos ha ayudado mucho con esa parte.

- Wow… suena de verdad muy interesante, no sé cómo describir la sensación que me causa el escuchar que puedes ayudar a muchas personas.

- Tu podrías ayudarnos si quieres… con tus habilidades de sacerdotisa, podrías incluso convocar a más espíritus que nos ayuden a rastrear tanto a vivos como no vivos. – La chica lo miró pensativa.

- Ammm, no lo sé.

- Piénsalo, estaría increíble… sería el negocio como el que siempre quisiste; incluso hasta podrías estudiar como yo, sería genial; tendrías tu propio sueldo.

- Creo que te adelantas demasiado. – dijo un poco incómoda.

- Sólo, tenlo en cuenta ¿de acuerdo? Sea la decisión que quieras tomar, ten en cuenta que ya tienes una excelente opción para ti… además conocerías muchísimos lugares por todo el mundo. Yo sólo estuve tomando unos pocos y no muy lejos de aquí por la esperanza de que estuvieras cerca. Mis amigos iban más lejos del continente; pero… juntos podríamos llegar muy lejos.

- ¿juntos? – dijo saboreando la palabra y aunque amarga, en este momento y con esa idea en la mente, no le sonaba tan descabellada. – yo… lo pensaré, en serio lo haré, pero por ahora, tengo muchas cosas en la cabeza y quiero hablar con mi sensei… quisiera que ella estuviera aquí y me orientara… Dime Yoh… ¿ella no te dijo nada?

- ¿A qué te refieres?

- A tu viaje a Izumo… sé que allá es donde estuviste cuando me operaron… sé que fuiste a ver lo de tu boda con Tamao… y yo sólo quería saber… si hablaste con tu abuela acerca de mi… como te lo pedí; ¿le dijiste que quería verla?

- ¿cómo sabes que estaba en Izumo? ¿Quién te lo dijo?

- Eso no importa, ni siquiera quiero saber por qué me mentiste, sólo quiero hablar con tu abuela… eso es lo único que quiero.

- Anna, yo no fui a Izumo a hablar de mi boda con Tamao, porque simplemente esa boda no existirá nunca.

- Eso no me concierne, deja de darle vueltas al asunto. - El chico bufó.

- Está bien, ella… no puede viajar tanto en estos momentos, cuando llegaste a casa, ella estaba ahí.

- y ¿por qué no me esperó? – dijo angustiada. - ¿No quería saber de mí?

- No digas eso, por favor… ella estaba sumamente feliz de saber que estabas de vuelta, pero tenia obligaciones muy importantes en Aomori y tuvo que regresar casi enseguida. Después volvió a Izumo y se encuentra muy agotada por los largos viajes a los que se sometió.

- Entonces yo puedo ir a verla ¿cierto?

- Tu estado de salud no es el adecuado aún para un viaje tan largo. La abuela y Fausto dijeron que debías recuperarte al 100% antes de poder viajar. Tu estado anímico no está en condiciones aún; cuando mejores podrás hacer lo que quieras… por lo pronto debes ser paciente. - La chica bajó la mirada.

- ¿De verdad es eso? O simplemente ella no quiere verme… ¿se avergüenza de mí?

- ¿Qué? – dijo confundido. - ¿Por qué ella se avergonzaría de ti?

- Eso es obvio Yoh… dejé de ser la persona ideal para mantener el nombre de la familia Asakura en lo alto.

- Eso no es así… no dejes que ese tipo de pensamientos atraviesen tu mente… eso no está pasando Annita.

- Entonces… según ustedes, según Fausto ¿En cuánto tiempo estaré lista para viajar a Izumo y verla?

- Tal vez… seis meses.

- ¿Seis meses? – la rubia estaba atónita. - ¿tan mal estoy? ¿Qué pasa conmigo?

- Sólo estás anémica Anna y tu recuperación será un poco larga.

- No soy idiota Yoh… jamás escuché que alguien con anemia no pudiera viajar.

- No quiero asustarte ¿de acuerdo? Tuviste un viaje muy largo de regreso de Inglaterra a Japón y casi te pierdo en ese vuelo, no reaccionabas y comenzaste a ponerte muy pálida y hasta que sepamos lo que es… no puedes viajar por largos periodos.

- Pues… puedo viajar y detenerme a descansar, por favor… quiero hablar con la abuela. Te lo ruego Yoh… no encuentro el por qué realmente no pueda hacerlo.

- Lo lamento… no lo harás. – la rubia no pudo sentirse más decepcionada, y con los ojos llorosos se dirigió a la camioneta siendo seguida por el castaño y su cachorro. – Espera Anna, por favor, sólo ten paciencia, el tiempo pasa rápido y todo estará bien, tienes que…

- Ya, no quiero escuchar más de ti… - tomó al cachorro en brazos y se subió a la camioneta. El shaman suspiró cansado mientras cargaba la fruta; terminó y se sentó en el lado del conductor, al ver que Anna lo evadía, simplemente se puso en marcha para regresar a la pensión.

La rubia comenzó a sentir pesadez hasta que no pudo más y se quedó dormida en el asiento. Cuando la camioneta se detuvo, el castaño se bajó y pasó a la puerta del copiloto; le quitó el cachorro de los brazos y lo puso en el suelo; inmediatamente cerbero entró corriendo a la pensión a buscar algo de agua en donde su nuevo dueño le había asignado su espacio.

El chico desabrochó el cinturón de la rubia y se dispuso a tomarla en brazos, pero cuando ya tenía el cuerpo de la rubia lista para ser levantada del asiento, abrió los ojos y al verse tan cerca del castaño, esta simplemente lo empujó.

- No, suéltame ¿qué haces?

- Tranquila… sólo quería llevarte a tu habitación. Te ves muy agotada.

- Puedo hacerlo sola.

- De acuerdo, sólo no tienes que asustarte… no te haré daño.

- Me daré una ducha y dormiré.

- ¿Quieres comer algo?

- No. - dijo simplemente y caminó a su habitación.

- Parece que no te fue tan bien después de todo. - escuchó la voz de su amigo chino.

- No lo entiendo… yo, de verdad estoy dispuesto a darle todo de mi vida, la amo más que a nadie en el mundo y quiero tenerla a mi lado.

- Pues… debes tener paciencia amigo… porque parece que la estás asustando.

- Sí, precisamente eso estoy haciendo.

- Por qué no le das un poco de espacio, está bien que trates de que vuelva a ser la de antes y quieras dárselo todo, pero hazlo poco a poco.

- No puedo, la abuela me dio poco tiempo para que ella se decida a estar a mi lado.

- Pues entonces… decide, por el bienestar de Anna o las decisiones de tu familia.

- Ese es el problema amigo, al parecer, para Anita, aún es importante las decisiones de mi familia y se conflictúa al saber que Tamao es mi prometida ahora. Quiere que me case con ella porque así lo quiere la abuela.

- Tal vez deberías hablar acerca de eso con tu abuela.

- Lo hice, pero la abuela no quiere entrometerse en las decisiones de Anna, sabe que ella ha sufrido mucho y no quiere obligarla a nada, así que lo dejó en mis manos; la abuela sabe que si le dice a Anna que la quiere como futura señora Asakura, ella lo hará sin dudarlo, pero… no debe ser así… ella tiene que desearlo tanto como antes por sí mismo pero, no tengo mucho tiempo, el torneo de shamanes se acerca y debo darle un heredero a esta familia. Así que, si Anita no se decide a estar conmigo en los próximos seis meses, estaré ligado a seguir con lo que mi familia elija para mí.

- Vaya… 6 meses no son nada, así que… tienes trabajo que hacer. Pero lo que suceda al fin, siempre piensa en lo que es mejor para ella. Si al final decide vivir separada a tu familia, entonces debes estar listo para eso.

El shaman asintió con pesar tragando pesado. Son ayuda de sus amigos, metió la fruta y la acomodó dentro de la cocina. Se sintió a convivir, comer y pasar el rato con ellos.

Era tarde por la noche y Anna no bajaba; se asomó a su alcoba y se veía aún dormida. El cachorro levantó la cabecita y salió con él, Yoh sabía que el cachorro tendría hambre.

Bajaron las escaleras y le sirvió la cena a cerbero; el chico se sentó en el patio a observar la luna cuando cerbero después de haber cenado, se acercó a él con su pelota en el hocico, se la puso en los pies al castaño y este sonrió.

- Bien… juguemos un rato.

El chico tomó la pelota y la aventaba con fuerza, el perrito corría tras ella y emocionado se la regresaba. En eso estaba cuando sintió que una mirada penetrante lo observaba. Volteó hacia el segundo piso y vio a la rubia observándolos con curiosidad. El shaman sonrió y saludó con la mano, ella no se inmutó hasta que el le pidió que bajara con ellos con una simple seña de su dedo.

Ella lo pensó un minuto y se decidió acompañarlos. Llevaba simplemente su yukata puesta; salió al patio y se posicionó junto a Yoh.

- ¿Has dormido bien? – ella simplemente asintió.

- ¿Tienes hambre?

- No mucha en realidad.

- Bien, puedes quedarte con nosotros a observar las estrellas, mañana tendremos un día algo cansado… te llevaré a comprar la ropa que necesites.

- Emm… no lo sé, salir hoy en realidad me dejó bastante agotada. Tal vez eso pueda esperar un poco más. Creo que tu vieja ropa me servirá por el momento. - el shaman rio con frescura.

- Bien, eso estará bien entonces. Esperaremos un poco más para que puedas sentirte mejor completamente.

- Yo… quería agradecerte lo de hoy… fue un gran día, de verdad… la pasé bien.

- No tienes nada que agradecer y después podemos visitar más lugares hermosos.

- Me gustaría visitar… la tumba de Marion. – dijo con tristeza.

- Lo sé… pero por ahora es peligroso… te prometo que te llevaré en cuanto sea posible. Te gustará, su cuerpo descansa en un lugar muy hermoso, hay una linda cascada y muchas flores.

- Gracias… por llevarla a un buen lugar.

- Es lo menos que podía hacer, después de todo… gracias a ella es que estás bien.

- Sí… oye, puedo preguntar… ¿por qué llevas mi bandana roja en tu brazo derecho? - a Yoh le sorprendió la pregunta, pues para el era tan natural hacerlo, que ni siquiera recordaba que la tenía puesta.

- Cierto… pues, me dio paz durante todo este tiempo. Durante algunos meses tuvo tu aroma impregnado y eso me tranquilizaba, sabía que te encontraría algún día y… aquí estás. ¿la quieres de regreso? – dijo mirando fijamente a esos hermosos ojos que lo llamaban.

- Creo… que está mejor en ti. - contestó dejándose llevar por la dulce mirada de su ex prometido. Algo es sus ojos le hacía saber que no importaba por todo lo que había pasado, que de alguna manera todo estaría bien. Pero siempre había algo… temor, resentimiento, asco para sí misma. Pero ese hombre frente a ella la incitaba a sentirse bien, protegida.

Se dejó llevar por el magnetismo del castaño. Se acercaron levemente hasta que sus respiraciones se hicieron una misma; ambos sentían un dulce cosquilleo en sus labios. Cerró sus ojos lentamente y dejó que Yoh la tomara dulcemente de sus mejillas hasta que juntaron sus labios.

El beso fue dulce, tierno y lento… reconociendo un poco de lo que había dejado atrás, cuando de repente escuchó como el vidrio de su habitación se rompió de la nada.

Ambos voltearon sorprendidos; la itako no podía creer que eso se tratara de una mera coincidencia. Se tocó los labios y comenzó a caminar con prisa.

- Yo… debo volver a mi habitación.

- Anita espera. Lo que pasó no tiene que…

- Por favor, esto no debió pasar, fue un grave error, olvida por completo que esto ocurrió.

- No me pidas eso… - dijo siguiéndola a toda velocidad por el pasillo. Fuera de la habitación de la rubia se encontraban los amigos del shaman.

- Sólo queríamos asegurarnos de que todo estaba bien. - dijo el shaman de hielo.

- No lo sé, no parece muy común que se reviente una ventana a estas horas de la noche hoto hoto. – contestó Ren con su lógica.

- Creo que debemos cerciorarnos de que nada malo haya pasado.

Entraron a la habitación para ver que las ventanas estaban completamente destruidas y ni un solo rastro de quien lo había hecho.

Sobre la azotea de la casa, escondidos en la penumbra, dos pares de ojos se reflejaban satisfechos de lo que acababan de hacer.

- Debemos informar esto inmediatamente, le dijo uno de ellos al otro.

- Vamos…

Continuará …

Holaaaaaa sé que demoré un montón pero créanme que hago todo lo que puedo; jamás abandonaré ni una sola de mis historias y sus comentarios son mi mejor motor para ellos.

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