Capítulo 13
Determinante
La rubia se quedó por un par de horas más, hasta que el cielo se puso oscuro, llamó a su cachorro y junto a Amidamaru, volvieron a casa; cuando entró por el portón, vio al castaño sentado en el recibidor, quién al verla suspiró con alivio.
- Hola. – le dijo poniéndose de pie. - ¿estás bien? – la joven simplemente asintió. - ¿tienes hambre? – ella repitió la acción. – ven, vamos a la cocina, les serviré algo delicioso a ti y a cerbero. – comenzó a avanzar hacia el interior de la casa, cuando ella lo detuvo.
- ¿Yoh? – el shaman se dio la vuelta y la miró con atención. - ¿puedo ir a la escuela? – terminó desviando la mirada con un pequeño sonrojo. El Asakura un poco sorprendido, contestó con una leve sonrisa.
- Claro ¿qué te gustaría estudiar? – ella bajó la mirada un poco apenada.
- No lo sé, tal vez… ¿algo que ver con tu empresa? – el chico sonrió encantado.
- Claro, hay muchas opciones, podemos repasarlas mientras comes algo, o mañana… puedes estudiar muchas cosas relacionadas con lo que hacemos. – la rubia asintió con una leve sonrisa. Yoh comenzó a avanzar a la cocina, para darse la vuelta de nuevo. – en serio me alegra que te decidieras a hacerlo… no te arrepentirás, lo prometo. – dicho esto, la guio dentro del comedor.
La dejó sentada a la mesa mientras el chico se dirigía a la cocina a prepararle algo de cenar. Mientras esto pasaba, la peliazul que entraba al comedor se acercó a ella.
- ¿Puedo acompañarte? – la itako levantó la vista y asintió. – tampoco he comido nada, iré a la cocina a traer algo para mí también. – cuando iba a entrar a la cocina se topó con Yoh quien cargaba con un platón con una baguette y papas. – vaya eso se ve muy bien.
- Gracias. – dijo con su característica sonrisa. - ¿quieres? –
- Me encantaría, tampoco he comido y quiero acompañar a Anna.
- Oh bueno, en ese caso, ve a sentarte; yo te prepararé una también. – la chica se avergonzó.
- No, en serio yo puedo hacerlo.
- Lo sé, pero a Anna le viene bien la compañía, llévale esto, no tardo. – la ainú tomó la comida de la sacerdotisa y se la puso enfrente.
- Puedes comenzar a comer, Yoh va a traer mi parte. – la rubia no esperó a que le dijeran dos veces y comió con regocijo, ocasionando que Pirika sonriera, que ella recordara, la joven frente a ella solía ser muy elegante y refinada, ver un cambio así era muy curioso, pero entendía por lo que había pasado, así que disfrutó de verla comer. No pasaron más de 10 minutos cuando el castaño le puso un plato en frente, igual al de su compañera, le dio las gracias y comenzó a comer. El shaman al ver que Anna estaba en buenas manos, salió con Cerbero para alimentarlo. - ¿Está delicioso he? – la chica enfrente la miró mientras masticaba y asintió.
- Ha pasado mucho tiempo, desde la última vez que comí algo así. – la peliazul dejó de comer para mirarla un momento.
- ¿En serio? – la rubia asintió.
- Bueno, así fue con muchas cosas. Sólo comía fruta o arroz, eso cuando se me permitía y no me castigaban. – la joven itako prestó atención a su compañera que parecía contrariada. – está bien Pirika… ya estoy aquí y de alguna forma, creo que mi vida tiene que volver. – la más joven sonrió.
- Si Anna, eso es genial, en serio me da gusto que comiences a hablar así.
- No será fácil, bueno… no siento que sea la misma de antes, pero comenzaré por algo.
- Es algo muy bueno ¿por dónde empezarás?
- No lo sé, quiero estudiar algo.
- Wow, ese es un gran paso.
- Sí, pero, aún no sé qué… tal vez me estoy apresurando.
- No, no para nada, no digas eso, creo que será genial… te relacionarás con muchas personas, te distraerás, encontrarás algo que te guste; yo también estaba pensando en que he dejado que el tiempo se me vaya de las manos y no he avanzado nada en mis objetivos, tal vez pueda acompañarte, podríamos ir a la escuela juntas.
- Eso sería estupendo. – escucharon ambas la voz del castaño. – Sí, piénsalo Anita, se harían compañía, pueden ir y volver juntas, no estarías sola y al final si Pirika quiere, puede integrarse a la empresa con nosotros.
- Bueno… no sabemos si esos sean los intereses de Pirika Yoh, no te adelantes. – alegó la itako.
- La verdad es que me gustaría mucho, pero primero piensa también en todas las opciones que tienes Anna, mañana pasaré por la universidad y te traeré un folleto de las carreras; aún quedan unos meses para que se abran las inscripciones, tienes tiempo para decidirte por una y yo también. – la peliazul volteó hacia el shaman. – mantén en mente que Anna puede estar interesada en una carrera que no sea desarrollable en tu empesa.
- Está bien por mi… ella puede estudiar lo que la haga feliz. – dijo sonriendo y ambos miraron a la sacerdotisa quien seguía comiendo con entusiasmo, lo que hizo más grande la sonrisa de ambos.
Desde la oscuridad, Tamao observaba cómo su mejor amiga la traicionaba con Anna, esto no se quedaría así, si ella perdía a su mejor amiga, también la rubia perdería al suyo.
Cuando todo mundo dormía, la pelirosa se acercó sigilosamente a la habitación de la rubia, abrió la puerta y vio a la itako dormir profundamente, a sus pies, un cachorro que escuchó la puerta abrirse y la miraba adormilado inclinando su cabecita. La adivinadora, sabía el poder espiritual que ese perro tenía, así que debía actuar con cuidado.
- Ven, ven. – decía quedamente mientras sacaba un trozo de carne y se lo ofrecía al can. – ven aquí perrito. – el cachorro al ver el pedazo de carne se acercó con desconfianza a la chica. – eso es chiquito, muy bien perro bobo, así se hace. – decía mientras más se acercaba, hasta que pudo levantarlo en brazos. – eso es perro estúpido, vamos a dar una vuelta. – dijo mientras le daba la carne y salía con el cachorro en brazos sin ser vista por nadie.
Introdujo al perro en un bolso de tela, cuidando de que estuviera cómodo para no provocarlo y salió corriendo de ahí, cuando estuvo lejos de la colina, llamó a su zorro y mapache.
- Háganse cargo de él… no lo quiero ver de nuevo.
- ¿qué pretendes tonta? ¿Que lo matemos? ¿sabes la clase de bestia que es esta?
- No me interesa lo que sea, hagan algo para que no vuelva, quiero verla sufrir.
- Lo mejor que podemos hacer es abandonarlo lejos, no tenemos la capacidad de terminar con él. – alegó el mapache. – y tú tampoco pequeña mediocre, así que no te creas tan imponente.
- Cállense idiotas. – la pelirosa vio por última vez a cerbero y se percató del pequeño collar que tenía puesto, se lo quitó y lo dio por separado a los dos espíritus. – dejen esto en donde pueda ser conveniente… - dijo sonriendo de lado.
Regresó a la pensión lo más rápido que pudo antes de que amaneciera y se introdujo a su habitación lo más sigilosa posible, se puso el pijama y se fue a la cama esperando que lo planeado le diera buenos frutos.
Eran las 8 de la mañana cuando los rayos del sol despertaron a la sacerdotisa, se estiró en su cama y se extrañó de no sentir esa bolita de pelos caliente que solía recostarse en sus pies.
Se sentó y lo buscó por la habitación.
- ¿Cerbero? – lo llamó, pero el perrito no apareció – ¿Cerbi? - se levantó de la cama y se colocó uno de los pants de Yoh que tenía disponible y una playera antes de salir de la habitación en búsqueda del castaño, quien solía sacar a su cachorro para jugar.
- Tocó en la habitación del castaño y no hubo respuesta, bajó a la cocina y no había rastro del joven, salió al patio y sucedía lo mismo, no había pista del shaman y menos del cachorro.
Pirika quien fue la primera en despertar, bajó a la cocina y notó que Anna estaba algo inquieta.
- ¿Buscas algo? – la rubia respingó un poco, y se dio la vuelta para enfrentar a la peliazul. Bajó la mirada y contestó.
- Yo, quiero ver a Yoh… bueno en realidad busco a Cerbero y pensé que el sabría dónde está.
- Oh, bueno los chicos se fueron a la empresa desde temprano.
- ¿A la empresa? – cuestionó levantando la mirada con sorpresa - ¿Por qué Yoh se llevaría a mi perro a la empresa? – la ainú negó con la cabeza.
- No creo que lo haya hecho Anna. – la mirada de Anna se cristalizó – llamaré a Yoh, tranquila, sigue buscando por la casa.
La rubia salió al jardín y revisó en los cuartos es los que no había nadie, cuando se estaba dando por vencida, salió a la puerta de la pensión y miró hacia la colina esperando que el viento le trajera alguna repuesta.
Mientras tanto, la peliazul se dio a la tarea de llamar a la empresa en busca del castaño.
- Empresa privada de investigación, Asakura-K, le atiende Azami ¿en qué le puedo ayudar?
- Disculpa las molestias, soy Pirika, amiga personal de Yoh ¿podrías comunicármelo por favor? Es importante. – la pelinegra se encontraba sentada detrás de su escritorio mientras se limaba las uñas, el comentario de Pirika le molestó, por lo cual respondió.
- Lo siento, el señor Asakura se encuentra en una reunión muy importante en estos momentos y me pidió que nadie le interrumpiera, ni, aunque se tratara de "una amiga personal" – dijo con sarcasmo.
- Se trata de Anna, estoy segura de que podrá atender si le mencionas eso.
- En realidad no, no creo que tenga tiempo de atender ese tipo de nimiedades. – diciendo esto colgó.
La peliazul bufó molesta, ¿esa chica siempre había sido así de molesta? Tamao y ella parecían llevarse bien. Marcó el número de celular de Yoh pero la envió directo a buzón al igual que el de su hermano. Al no tener otra opción, marcó el número de Lyserg esperando que lo atendiera.
Escuchó el teléfono timbrar varias veces y cuando estuvo a punto de colgar, escuchó la voz del peliverde del otro lado, con la voz baja y a Yoh hablando en el fondo.
- ¿Pirika? ¿Está todo bien?
- Lamento molestarte, es sólo que… se trata de Anna, no logra encontrar a su cachorro y está desesperada, ¿sabes si Yoh lo llevó consigo a la empresa?
- No Piri, llegamos aquí juntos y no venía el perrito. – dijo extrañado. – espera un momento, lo interrumpiré.
- Gracias, enserio lo agradezco mucho. – el chico sonrió.
- Lo que necesites, lo digo de verdad. Estoy para ti. – el comentario descolocó un poco a la ainú quien coloreó su rostro con un leve sonrojo.
Lyserg se acercó a su amigo quien hablaba a los empleados acerca de los asuntos que debían dar por cerrados por falta de pruebas, caducidad de tiempo o localización, colocó una mano en su hombro y le susurró en el oído.
- Es Pirika en el teléfono, algo pasa con Anna. – el shaman inmediatamente tomó la llamada disculpándose con todos y salió de la sala de juntas.
- ¿Pasó algo malo? – dijo deprisa.
- Lamento molestarte, sé que estás ocupado, pero se trata de Cerbero, no aparece y Anna está desesperada, tenía la esperanza de que lo llevaras contigo.
- No, no lo hice, de hecho, ni siquiera abrí la habitación de Anna esta mañana, quería dejarla dormir.
- Anna está asustada, algo debió pasar, el cachorro no puede salir por sí mismo.
- Voy para allá, trata de distraerla; llegaré lo antes posible.
- De acuerdo.
- Muchas gracias Pirika.
El castaño volvió a la sala de juntas para informar.
- Haré que Arata y Aiko les manden los detalles a sus correos electrónicos, lo siento mucho, pero debo partir inmediatamente. Gracias por su excelente trabajo.
Después de esto, salió de la oficina seguido por sus amigos.
- ¿Pasó algo malo? – cuestionó Ren
- Debo volver a casa, algo pasó con el perro de Anna y me necesita. – sus amigos se miraron entre ellos y asintieron.
- Te ayudamos. – sentenció el Ainú.
En la pensión, la señora Keiko quién estaba en su habitación, miró por la venta y vio a Anna recargada en la puerta, le extrañó la forma en la que se veía tan abatida y desconsolada que inmediatamente bajó para ver de qué se trataba.
- ¿Anita? – la llamó - ¿qué tienes? – la rubia levantó la vista con los ojos llenos de lágrimas sin derramar.
- Cerbero no está-
- ¿Ya buscaste en toda la casa? – la chica simplemente asintió.
- Tal vez Yoh lo llevó a pasear.
- El me lo hubiera dicho-
- ¿quieres ir a buscarlo a la calle? Puedo acompañarte – la itako bajó la vista.
- No tengo permiso para salir. – dijo con un nudo en la garganta. La señora Asakura sonrió con dulzura.
- No lo necesitas. Vamos, iremos al parque y al lago, tal vez esté por ahí. – justo cuando iban a salir, la lujosa camioneta del castaño se detuvo frente a ellas.
- Ya estoy aquí mamá, Pirika me llamó. Tranquila Anita, va a parecer, te lo prometo. – dijo acercándose a la rubia quien comenzó a soltar las lágrimas contenidas.
Desde la ventana de su habitación, la pelirosa sonreía encantada ante el sufrimiento de la rubia, todo iba según sus planes.
- Yoh…- habló la chica. – tengo miedo… ¿y si esto es obra de Hao? El pudo haber vuelto y… - ella calló al notar el ambiente, todos miraban a la nada con los ojos dilatados, palideció, ¿eso significaba una posibilidad? El castaño negó con la cabeza y volvió su mirada a la rubia asustada frente a él.
- No, no anita, eso no es posible… Si Hao estuviera vivo, el hubiera vuelto hace mucho tiempo e intentado terminar conmigo, ten por seguro de que ya sabríamos de su presencia, no te preocupes, todo estará bien. – la tomó con ambas manos por los hombros y le sonrió para inspirarle confianza. – salgamos a buscar a nuestro amigo. Bien, dividámonos; cerca de aquí tenemos el lago, el parque, el bosque y las calles que conectan a la colina con el centro de la ciudad.
- Choco, Manta y yo podemos cubrir la vía norte de ingreso al centro. Puedo llamar a mi pandilla para que lo busquen en varios puntos de la ciudad también – Habló Ryu.
- Nosotros cubriremos la zona sur, amo Yoh. – dijo refiriéndose a los espíritus acompañantes.
- Bien, el tonto y yo iremos al parque. – Señaló Ren a Horo.
- ¿A quién llamas tonto? – dijo con molestia. – Pero sí, cuenta con ello.
- Yo iré al lago – Habló Pirika - Sé la parte por la que pasearon, comenzaré por ahí.
- Te acompañaré – sugirió el inglés, a lo que el hermano de la chica frunció el ceño.
- ¡Oye! ¡No estoy de acuerdo! ¿Por qué debes acompañar tú a mi hermanita? – todos miraron a la pareja con curiosidad.
- No es que él deba venir hermano, simplemente se ofreció y tu discusión sólo nos hace perder el tiempo. – dijo cerrando la conversación y saliendo de ahí seguida por el peliverde.
- De acuerdo. - dijo el shaman. – Anna, tú y yo iremos al bosque, mamá tú y Jun por favor quédense por si él regresa o alguien llama, la cadena de Cerbero tenía una placa con los datos de la casa y el teléfono.
- Bien cariño, estaremos al pendiente.
Dicho esto, el resto salió de la casa con rumbo a sus lugares de búsqueda. Pasaron toda la mañana y la tarde hasta entrada la puesta de sol buscando por cuánto lugar les fue posible; al no encontrar al cachorro por ninguna parte, avisaron a sus amigos por celular y volvieron a la mansión poco a poco salvo Pirika quien no se daba por vencida en compañía del inglés y la rubia que buscaba desesperada en cada espacio que le era posible.
- Vamos Piri, es hora de volver a casa. – ella ni siquiera lo miró y siguió caminando. – Se hace tarde, ni siquiera desayunaste y está oscureciendo, necesitas reponer energías y mañana podemos seguir buscando.
- Vuelve tú a casa si quieres. – dijo sin siquiera mirarlo. Era difícil la situación, ambos estaban cansados, hambrientos y sudorosos, pero había una determinación en ella, que la hacía seguir con energías para seguir adelante.
- ¿Qué pasa? Sé que estás preocupada, pero eres demasiado inteligente para saber que Cerbero no aparecerá por aquí, mañana podemos planear ampliar el territorio de búsqueda. - la peliazul no parecía siquiera escucharlos. – ¡oye! – la llamó y tomó su mano para hacerla esperar, pero al hacerla voltear se percató de las lágrimas que caían por sus mejillas. - ¿Qué ocurre? – la chica simplemente desvió la mirada y contestó.
- Soy una horrible persona.
- ¿Disculpa? – enserio no entendía lo que ella quería decir. La ainú bajó la mirada a sus pies.
- Yo… por mucho tiempo desee que Anna no volviera, creía que era lo mejor, que Tamao tendría una oportunidad con el hombre que amaba y que Anna estaría donde debía estar, yo… no tenía idea de que, de que ella pasaba por todo lo que le hicieron, fue algo terrible y yo simplemente acepté la situación y apoyé a mi amiga, en lugar de ayudar a encontrar a Anna mientras esta sufría por todo el daño que le hicieron. Y ahora que está aquí… que puedo verla y escucharla, sé que estuve tan equivocada y que fui tan idiota… que no hice nada por ella y que lo único que puedo hacer para compensar mínimamente el daño que le hice es buscar a ese perro que es tan importante para ella, y no me importa el trabajo que cueste, voy a encontrarlo. – al terminar de hablar, sintió como los cálidos brazos de Lyeserg la envolvían en un fuerte abrazo. Al pasar el asombro finalmente se dejó llevar, recargó su cabeza en el pecho del joven y comenzó a llorar. – Soy una mala persona.
- Claro que no. – dijo con una pequeña sonrisa, mientras acariciaba su espalda dando consuelo. – Sé que es difícil de comprender, pero tú sólo creías que era correcto que Tamao estuviera con Yoh, y todos pensamos en algún momento, que Hao amaba a Anna y que no era capaz de hacerle daño, olvidando lo malditamente enfermo y sádico que era; no es tu culpa nada de lo que le sucedió y tienes derecho a cambiar de opinión acerca de tus sentimientos a tu amiga y hacia Anna, sé que ella no te culpa de nada y que te esforzarás por ayudarla, no te sobre esfuerces con algo que no está en tus manos, volvamos a casa, descansemos un poco y mañana seguiremos con la búsqueda. – ella simplemente asintió con la cabeza sobre su pecho. – Puedes acudir a mí, cada que lo necesites y estaré ahí para escucharte y apoyarte ¿de acuerdo? – ella asintió nuevamente. – sonrió y apretó el abrazo tanto que la hizo reír. – cambia esa cara y volvamos a casa, Anna necesitará muchos ánimos. - ella levantó la mirada lista para agradecerle, pero se topó con la cara del peliverde a milímetros de la suya, la atracción fue inminente y poco a poco juntaron sus labios en un tierno beso que duró sólo un instante pues la ainu se separó en el momento.
- No, lo siento… no puedo. – comenzó a apresurar su paso hacia la pensión, seguida por el inglés.
- Espera, espera Pirika por favor, tenemos qué hablar. – la joven ni siquiera lo miró.
- No, no es momento para eso, debemos enfocarnos en encontrar a Cerbero, no podemos distraernos.
- Al menos escúchame por favor. – aceleró el paso y se colocó frente a ella. – no quise incomodarte, en serio.
- No lo hiciste. – dijo desviando la mirada. - es sólo que…
- Lo sé, lo sé, no es un buen momento y, tampoco quise asustarte, sólo quiero que tengas en cuenta una cosa.
- ¿Qué cosa? – dijo mirándolo a los ojos.
- Mis sentimientos por ti. – eso la descolocó totalmente.
- ¿sentimientos?
- Puede sonar extraño, lo sé y también entiendo que no sea el mejor momento, pero no quiero que creas que ese beso fue por aprovecharme de que estás vulnerable y no porque te quiero.
- ¿me quieres? – eso sí la hizo sorprenderse – apenas nos conocemos… - él sonrió de lado.
- Lo que diré va a sonar muy extraño, pero creo que tú eres la que apenas se conoce a sí misma. Te conozco desde hace casi 7 años, eres tan fuerte, decidida y divertida, a la vez tan noble y maravillosa que no pude evitar, sentirme como me siento… jamás me había enamorado antes, yo… sufrí mucho en mi pasado y me he sentido tan sólo y devastado que me prometí a mí mismo que, no dejaría pasar la oportunidad de acercarme a ti y hacértelo saber. Sé que es difícil de comprender y que probablemente tu no sientas lo mismo por mí y si ese es el caso, yo lo aceptaré y no volveré a repetirte todo esto que tal vez te esté asustando. – soltó una pequeña risa. – pero si hay una pequeña posibilidad de que me aceptaras en tu vida y corazón, me gustaría tomar la oportunidad. – Pirika lucía tan confundida.
- Yo… es que no entiendo, no hemos convivido tanto, me siento extraña cuando estás cerca de mí, no es que me moleste tu presencia, es sólo algo… diferente. Es que, siento que apenas sé de ti. –
- Entonces dame la oportunidad de hacer que me conozcas… a la larga puedo ser divertido. – la joven no pudo evitar reírse. – Sin presiones, lo prometo… como amigos si es lo que quieres y tal vez después quieras estar cerca de mí como algo más que eso. –
- ¿Y si no resulta? – dijo ella con duda
- Entonces seremos buenos amigos y estaré siempre que lo necesites, sólo… no te alejes ¿de acuerdo? Si algo no te gusta o te molesta, házmelo saber y cambiará… pero no te alejes de mí… ¿sí? – dijo tomando sus manos.
- Bien… siento que será extraño. – dijo riéndose y provocando una risa en él. – será divertido ver cómo reaccionará mi hermano de verte cerca de mí. – eso sí desató una carcajada en él.
- No te preocupes por el sobreprotector de mi amigo, no haremos nada malo. – dijo zanjando el tema y dirigiendo su camino de regreso a casa, pasando un brazo por sus hombros mientras sacaba un tema de conversación diferente y ligero que la hacía sonreír y no pensar más en todo lo que vendría más adelante para ellos.
Por su parte en el bosque, Anna no dejaba de buscar a su mascota por todos lados, se sentía molesta consigo misma por no haber notado en el momento en que Cerbero salió de la habitación, estaba comenzando a sentirse segura de nuevo en casa, por eso el ruido que hubiera causado el pequeño no la despertó.
Frustrada recorría el bosque con desesperación, sin percatarse de que Yoh la llamaba a gritos.
- Anna espera. – decía corriendo tras ella. – por favor detente, recuerda que cerca está el acantilado, podrías lastimarte. – la chica parecía no determinarlo, aceleró el paso, no estaba lejos de la pendiente y ella parecía estar cegada o no recordarlo. - ¡ANNA! – la tomó de la cintura y la jaló unos centímetros antes de la caída.
Ambos miraron hacia abajo con pánico.
- No vuelvas a hacer eso por favor. – la chica fijó su vista en el brazo del shaman y después subió su mirada a los ojos cafés del chico, él al comprender la soltó de inmediato. – lo siento no quise incomodarte, pero te suplico que descanses un momento, sé que estás preocupada en exceso, pero eso te está encegueciendo y puedes hacerte mucho daño y yo… no podría perdonármelo. – eso hizo que ella abriera más sus ojos y se alejara de él.
- Lo que me suceda no es tu culpa Yoh… no tienes que culparte todo el tiempo, a veces las cosas simplemente pasan.
- No, no es así. – dijo el castaño tratando de acercarse de nuevo a ella; entendía la dirección de su comentario, sabía que no tenía que ver precisamente con este evento. – lo que te pasó, es mi culpa, si yo no hubiera sido tan débil, Hao no te hubiera apartado de mi lado y todo sería diferente ahora; estaríamos casados, iniciando una familia; sin embargo, estamos aquí, nuevamente por mi culpa; si no fuera por mis descuidos ese perro jamás habría escapado, si te hubiera cuidado debidamente, si te hubiera puesto una escolta las 24 horas esto jamás… - calló de golpe al sentir la fuerte bofetada que la rubia le había propinado.
La miró anonadado, los ojos de Anna mostraban una mezcla de terror por lo que había hecho y otra de determinación ante lo que iba a decir. Temblaba… eso era más que notorio.
- Escucha… debes dejar de vivir en el pasado; no es tu culpa que Hao me haya hecho tanto daño, y tienes que dejar de pensar en esa boda o en esa familia que no tiene lugar en donde estamos ahora; eso no sucedió antes y no sucederá… lo que ves de mí es lo que queda… es lo que hay, no puedes sacar más de mí… estoy vacía. – las palabras de la itako eran mezcladas con leves suspiros y lágrimas gruesas que corrían por sus mejillas al igual que por las del shaman. – En cuanto a Cerbero… no es tu culpa que haya escapado. – dijo bajando la cabeza. – yo fui quien debió darse cuenta de su ausencia, él era la única compañía que tuve todo ese tiempo para recordarme que en la oscuridad había un poco de luz. Y yo no pude protegerlo jamás. – se limpió las lágrimas con la mano y miró a su ex prometido. – No eres débil Yoh… jamás lo has sido, la única débil he sido yo, que jamás ha podido protegerse a sí misma y a lo que ama. Siempre lo tuve todo, pero jamás merecí amor alguno. Tal vez por eso la abuela no quiere verme. – el joven la miró sorprendido.
- No, no es eso Anna, la abuela si quiere que la visites, pero ahora no es el momento, ella… -
- Estuve secuestrada 3 años en un castillo en ruinas, siendo abusada por uno de sus nietos, creí que el estar viva sería una noticia buena para ella y querría verme en cuanto supiese de mí. Si este no es un buen momento, no entiendo cuál podría serlo.
- No te hagas ideas que no son. – dijo el Asakura con ternura. – es difícil de entender, pero en cuanto ella esté lista vendrá a ti y no habrá quien la detenga.
- Eso ya no importa. – dijo tristemente. – sólo quiero encontrar a mi amigo, no hay nada más que necesite. – el chico suspiró con dolor.
- Lo sé, pero por mucho que te cueste comprender, debemos volver a casa, está anocheciendo, no has comido nada en todo el día; necesitas reponer energía y prometo que mañana volveremos a buscar a primera hora.
- No, no puedo detenerme, no ahora… él no dejaría de buscarme, él puede creer que lo abandoné.
- Por favor Anna, es tarde y no lograrás nada en ese estado. Regresemos a casa. – Con renuencia aceptó lo que el castaño decía y volvieron a la pensión.
Cuando ingresaron, el ambiente era tenso y desolado; la mayoría ya se había bañado y preparaban la mesa para servir la cena. Todos veían a Anna con tristeza al no poder ayudarla en ese momento.
- Hola cariño. – Saludó la señora Asakura a la frágil chica rubia que ingresaba a la casa. A veces era duro recordar a la chica dura, ruda y poderosa que había debajo de esa lastimada jovencita. – vamos arriba, te ayudaré a darte una ducha reparadora y bajaremos a cenar con los demás. – dijo con algo de tristeza; las mejillas de la itako estaban llenas de tierra, salvo los surcos de lágrimas que sobresalían. Ella simplemente asintió y siguió a Keiko escaleras arriba.
El shaman castaño se acercó a sus amigos, todos se veían bastante afligidos.
- ¿Nada? – preguntó-
- Nada. – respondieron al unísono.
- Es extraño. – argumentó Horo. – No había ni una huella, rastro o pelo del cachorro, es como si se hubiera evaporado. Como si hubiera salido volando. – El chino escucho lo último y argumentó.
- Hoto-Hoto tiene razón, tal vez el cachorro no salió sólo, lo sacaron. – eso los dejó pensando a todos.
- ¿Hao? – preguntó Pirika con miedo.
- No creo. – la tranquilizó el peliverde con una mano en su hombro. – como comentó Yoh por la mañana, dudo mucho que vendría sólo por el perro, él atacaría sin dudarlo. Debió ser alguien más… alguien que quiera hacerle daño a Anna.
- O a Yoh por medio de Anna. – añadió Manta.
- Considerando el giro de su empresa, debe haber muchos enemigos cerca. – dijo Jun que se unía a la conversación.
- Iré a darme una ducha rápida para acompañarlos a la cena, por favor, no le comenten esta teoría a Anna, podría preocuparse más de lo que ya está; les agradezco mucho el apoyo… mañana seguiremos con la búsqueda.
- Claro que sí amigo cuenta con ello. – añadió el ainu viendo a su amigo retirarse. - ¡Y TÚ, QUITA LAS MANOS DE MI HERMANA DESCARADO! – la pareja se sobresaltó y el inglés retiró su mano del hombro de la chica.
- Relájate pue' no están haciendo nada malo.
- ¿QUE NO HACEN NADA MALO? RECONOZCO ESA MIRADA DONDE LA VEO. - dijo señalando al ojiverde.
- No pretendía hacer nada malo Horo, puedes tranquilizarte.
- ¿NADA MALO? ¿Por qué presiento que hay algo detrás de esas palabras? – dijo juzgando con la mirada al chico. Esas palabras hicieron sonreía a la pareja que se volteó a ver con complicidad. Sin contestar a las aseveraciones del shaman de hielo, fueron a tomar sus respectivos asientos en la mesa.
Jun también miró a los chicos, pero a diferencia de Horo, ella lo hacía con una sonrisa… notaba un pequeño sonrojo en la pelizul y un brillo jamás notado en los ojos del inglés. Se veían muy lindos juntos.
Se sentaron todos en sus asientos, dejando disponibles 4 que estaban ausentes. En ese momento Tamao apareció lista para cenar, lucía descansada y tranquila.
- Vaya, el ambiente está horrible ¿alguien murió? – mencionó sarcásticamente mientras tomaba asiento.
- No, estamos cansados por la jornada de hoy, estamos buscando al cachorro de Anna. – habló Manta con algo de irritación.
- ¿Tú no tendrías algo que ver con eso? ¿no? – señaló Ren con perspicacia. La chica se puso roja de coraje y contesto altanera.
- ¿Por qué tendría que ver en algo tan estúpido? Tengo mejores cosas que hacer que involucrarme con esa clase de idioteces. – dijo dando por cerrado el tema. - ¿en dónde está Yoh? –
- Fue a darse una ducha. – habló Ryu.
- ¿No me digan que él también estuvo todo el día perdiendo el tiempo? –
- No es perder el tiempo cuando haces algo por la persona que amas. – contestó el castaño que ingresaba al comedor con el cabello húmedo. – si no vas a hacer algo para apoyar, al menos no menosprecies el esfuerzo que estamos haciendo por nuestra familia.
- Familia, sí claro. – susurró con indiferencia.
En ese momento entraron Keiko y Anna, esta última que se veía totalmente destrozada y exhausta. La guio al asiento junto a Yoh y la dejó ahí para susurrarle en el oído a su hijo.
- Fue difícil hacerla bajar, lo mejor será que cene algo pronto y vuelva para tratar de dormir un poco. – el Asakura asintió y vio como su madre tomaba asiento junto a la pelirrosa.
La cena comenzó un poco silenciosa, pero poco a poco entre comentarios sarcásticos e intentos de chistes por parte de Choco, el ambiente empezó a mejorar.
La rubia apenas tocó su plato y no escuchaba la plática de los demás, sus pensamientos estaban fuera de ahí, con su cachorro desaparecido.
- Anna… por favor come un poco, sólo un poco más… después podrás ir a dormir y prometo que mañana a primera hora estaremos de nuevo en su búsqueda.
- Debe estar hambriento y asustado, no puedo comer así.
- Inténtalo, debes hacerlo de lo contrario no tendrás fuerzas para seguir.
- ¡Ay por favor! Debes aceptarlo, ese perro no volverá, estaba harto de estar encerrado contigo, cualquiera saldría huyendo… además no conoce los alrededores, a estas horas debe estar muerto. – la cara de la itako se desencajó completamente. Se disculpó y subió corriendo a su habitación.
Todos, incluso Pirika veían con malos ojos a la adivinadora.
- ¿Qué rayos pasa contigo? – cuestionó la Ainu. La pelirosa se sorprendió al recibir esa pregunta de quien creía su amiga.
- Sólo aclaro lo obvios.
- ¿Sabes Tamao? – Habló Jun. – deberías ser más considerada con Anna, gracias a ella es que tú estás aquí… es la única que ha pedido que regreses, de lo contrario, nadie en esta casa pondría un solo dedo para apoyarte. – La joven obtuvo un color casi igualable con el color de su cabello.
- Más te vale que vayas recogiendo todas tus cosas, hablaré con la abuela y no sólo quiero que desaparezcas de esta casa, tampoco te quiero en Izumo; veremos que pueden hacer las ancianas por ti en Aomori. – ese comentario por parte de Yoh drenó todo color de su piel, la estaba echando de su vida. Eso no se quedaría así… haría hasta lo imposible.
Salió del comedor con rumbo al patio trasero, mientras el shaman ingresaba a la habitación de la rubia.
Ingresó en silencio y la vio hecha un ovillo en la cama; se acercó y sentó a su lado.
- Bien… esto será difícil de decir, pero es momento de recuperar a la antigua Anita, debes comenzar a ignorar comentarios hirientes que sufrimos durante toda nuestra infancia. Eso te hizo fuerte y aunque en el bosque me hayas dicho que estás vacía por dentro, yo no lo creo y no estoy de acuerdo con lo que dijiste. Debes ser fuerte, hoy más que nunca por Cerbero, porque no sé cómo ni cuándo, pero te juro por lo más sagrado de mi vida que es el amor que te tengo, que traeré a ese perro de regreso, pero debes poner de tu parte. – miró a Anna nuevamente quien parecía realmente sorprendida y asintió.
- Ok… iré por un futón a mi habitación, sé que será incómodo, pero pienso quedarme y asegurarme de que duermas y de que nadie te haga daño. – dijo omitiendo la parte en la que él y sus amigos sospechaban que alguien había sacado a Cerbero de la pensión. No le dio tiempo a la chica de contestar y este salió fugazmente a prepararse para dormir.
En la oscuridad del patio Tamao libraba una discusión con sus espíritus acompañantes que no sabía como detener la actitud de su ama.
- ¿En dónde dejaron a ese perro? ¿están seguros de que no volverá? ¿qué le hicieron al collar?
- Ya deja de presionarnos niña. – dijo el zorro.
- Hicimos lo que pudimos. – argumentó el tejón.
- Ya dejen de darle vueltas al asunto y contesten.
- Lo dejamos en un monte cerca de las granjas de cultivo… está lejos de las personas, cuando llegue a ellos estará tan cansado y desgastado que no podrá manifestar sus poderes espirituales.
- Así es, con suerte algún trabajador creerá que está dañando la siembra y lo mate a golpes, estará tan débil que no podrá defenderse.
- Muy bien, eso es excelente, ¿y el collar? – exigió la pelirosa.
- Lo arrojamos en el lago de aquel lugar, si llegara a aparecer estaría muy dañado y no habrá manera de que puedan encontrar el lugar de donde viene, sólo les quitará las esperanzas de encontrarlo.
- Perfecto, asegúrense de ello, es su oportunidad de dejar de ser un par de ineptos. – dijo mientras daba la vuelta.
- Mira quién lo dice. – dice Ponchi en susurro.
- La señorita jamás amada. – coopera Conchi mientras ven a Tamao desaparecer dentro de la casa.
- ¿y qué haremos con esta situación? …
Pirika terminó de ordenar la cocina y se dirigía a meter la ropa del patio trasero cuando alcanzó a escuchar unos leves murmullos de parte de los espíritus.
- No hay mucho qué hacer, sólo asegurarnos de que no se acerquen al lugar.
- Mañana podríamos ir y…
- ¿Qué haces? – sintió una mano en su hombro que la hizo brincar y chocar su espalda con el pecho del inglés. – lo siento no quería asustarte ¿estás bien?
- Sí es sólo que, ellos estaban diciendo algo acerca de… - pero a donde ella señalaba no había más nadie. – olvídalo, no es nada.
- ¿Estás segura? – dijo con preocupación.
- Sí. – aseguró con una sonrisa. – iba a meter la ropa.
- Vamos, te ayudo.
- ¡ALTO AHÍ USTEDES DOS! -la pareja voltea a ver a Horo que se acerca muy molesto. - ¿crees que no me he dado cuenta de que algo quieres con mi hermana? – dijo jalándola del brazo.
- ¡Hey! Ten cuidado la lastimas. – dijo al notar el gesto de Pirika.
- No más de lo que lo harás tú si te sigues acercando a ella. – ambos lo miraron con sorpresa.
- ¿De qué hablas Horo-Horo? Amigo, en serio, jamás me atrevería a hacerle daño, ella es muy especial para mí.
- ¿Especial? ¿Cómo de especial? Lo único que escucho son tus fervientes ganas de que te parta la cara.
- Hermano, ya basta. Él no va a hacerme daño, sólo estamos conociéndonos, somos amigos ¿de acuerdo? Eso es todo.
- ¿Crees que no conozco a los tipos como este? ¡Lo único que quieren es meterse en tus pantalones y eso no lo voy a permitir!
- ¡HORO! No haré algo así, estoy enamorado de ella, yo sólo …- no pudo continuar por el puñetazo que el peliazul le asestó un puñetazo directo en la mejilla al inglés.
- Entonces tengo razón, sólo quieres aprovecharte de ella, eso no hacen los amigos, ¡LAS HERMANAS ESTÁN PROHIBIDAS!
- Cálmate Horo, no es lo que piensas, la quiero de verdad y por eso quiero hacer las cosas bien.
- ¡NO HARÁS LAS COSAS DE NINGUNA MANERA!
- Hermano ya basta. – dijo la ainu interponiéndose en la pelea y recibiendo un codazo de su hermano directo en la nariz que la dirigió directo al piso y la hizo sangrar.
Para ese entonces, el alboroto ya había llamado la atención de todos, Choco y Ryu quitaron a Horo de encima del inglés, mientras Ren ayudaba a Pirika a ponerse de pie.
- ¿Estás bien? – cuestionó el chino a lo que ella simplemente asintió. Momentos después llegó Jun con un paño helado con agua para detener la sangre de su nariz. - ¿qué diablos sucede con ustedes?
- TE DIRÉ LO QUE SUCEDE, ESE INGLESITO TRATA DE PASARSE DE LISTO CON MI HERMANA.
- No es así, no me cansaré de decirlo Horo-Horo… eres mi amigo y te aprecio, pero estoy enamorado de ella y no podrás impedir que me acerque a ella tanto como me lo permita. – ese comentario los llenó a todos de sorpresa quienes veían a la ainu con un gran sonrojo.
- ¡Que te lo permita tu madre! – dijo jaloneando a sus amigos para que lo soltaran.
- ¡YA BASTA! – gritó Pirika finalmente. – Basta los dos, ¿ninguno de ustedes se ha detenido a pensar en lo que siento? Sabía que esto sería difícil para ti hermano, pero apenas nos estamos conociendo, no quiere decir que tendremos una relación de la noche a la mañana. Y tú. – dijo hablando hacia el inglés. – dijiste que lo tomaríamos con calma y ya se los has dicho a todo el mundo… apenas estamos conociéndonos y esto es difícil para mí; no llevamos ni un día de acercarnos y ya salí herida. – dijo refiriéndose a su nariz. – lo mejor será, que me dejen sola por un tiempo. – Horo sonrió y asintió con gusto. – también hablo de ti idiota. – dijo mientras caminaba y de paso empujaba a su hermano. – buenas noches a todos. – mencionó desapareciendo por el pasillo.
- Pero… ¡HERMANITA! – gritó siguiéndola, pero a lo lejos se escuchó el azotar de la puerta de la peliazul.
Lyserg se quedó justo en su lugar, con expresión triste mientras se sostenía un hombro herido.
- Lo siento amigo. – dijo Manta.
- Dale algo de tiempo. – Mencionó Jun. – estoy segura de que también le gustas, la he notado mirándote. – el chico sonrió tristemente y asintió.
- ¿pero por qué no te defendiste pue'? – cuestionó choco. – hubieras podido quitártelo de encima fácilmente.
- No era mi intención hacerle daño; mucho menos a ella.
- Dale tiempo, verás como se resuelven las cosas; ese cabeza dura va a entender.
Uno a uno se fue despidiendo y se fueron a dormir, excepto Lyeserg que recordó que Pirika quería meter la ropa que se encontraba en el patio. Tomó una cesta y dobló ordenadamente la ropa que descolgó. Tomó una pequeña hoja y escribió en ella "lo siento pequeña". Se acercó a la habitación de la ainu, lo dejó en el piso y tocó levemente antes de seguir a su habitación.
La chica que salió poco después, se sorprendió al ver la pequeña nota y muy a pesar de lo que había pasado esa noche, sonrió.
Los días volaron, hasta formar una semana en la que no encontraba el camino a casa. Un pobre cachorro asustado que no sabía a dónde dirigirse. Se sentía débil como nunca, extrañaba a su ama, pero, sobre todo, moría de hambre.
Días atrás había encontrado unas bayas que comió con gusto pero que después lo hicieron vomitar y sentirse muy mal. Comenzó a llover muy fuerte, haciendo que buscara refugio. Angustiado corrió con lo que le quedaba de energías hasta que a lo lejos vislumbró una pequeña casa con una bóveda amplia, se cubrió debajo de ella y en ese momento su cuerpo cayó sin energías.
El día estaba gris, la lluvia torrencial del día anterior seguía intermitente. Pirika caminaba por la orilla del lago con desgano; con el pasar de los días, las cosas en la pensión se habían vuelto bastante tristes. Anna se negaba a salir de la habitación, Yoh estaba poco tiempo en la casa y tenia a varias cuadrillas buscando por todo funbari al cachorro, la ciudad tapizada con la única foto que contaban de Cerbero (una que Pirika tomó de él paseando por el parque).
Al estar distraída no se dio cuenta de la persona frente a ella y chocó levemente.
- Lo siento. –
- Hola. – dijo el inglés con ternura al verla.
- Hola. ¿Qué haces aquí?
- Salí al parque a pegar nuevos letreros, los anteriores quedaron inservibles por la lluvia. Te vi a lo lejos y te llamé, pero no escuchaste.
- Oh, lo siento.
- No te preocupes.
- Parece… que tus heridas están mejorando. – dijo con algo de pena.
- Sí estoy mucho mejor. – le dedicó una bella sonrosa con esas palabras.
- Lamento lo que pasó.
- No es tu culpa; pero respecto a eso… me gustaría hablar contigo… sé que lo que hice estuvo mal y no sabes como lo lamento enserio; jamás sucederá de nuevo y te daré todo el espacio que necesites, pero… dijiste que no te alejarías de mí. No has querido ni hablarme.
- Lo sé, lo siento, también quería darte tu espacio; mi hermano te golpeó horrible y yo no he sabido como enfrentar eso…- quedó a media frase mirando a la distancia.
- ¿qué pasa?
- Eso de ahí. – dijo señalando a lo lejos algo que brillaba. – creo haberlo visto antes. – corrió tanto como pudo hasta que lo tuvo en sus manos. – Es el collar de Cerbero. – dijo mostrándoselo al inglés.
- Debemos llevarlo a casa y mostrarlo a los chicos.
- ¿por qué está aquí tirado? ¿Crees que cerbero esté?
- no podemos asegurar nada. ¿sabes una cosa? Los llamaré y los citaré en la empresa, no quiero que Anna vea esto y se altere. – ella asintió.
- ¿puedo ir contigo? – preguntó tímidamente.
- Claro. ¡Vamos!
Al paso de una hora, se encontraban todos en la sala de juntas, tenían el collar en medio de la mesa y formaban hipótesis alrededor de este.
Sin tener nada en concreto Horo comenta despectivamente.
- Ya sé que encontraste esto en el lago, pero ¿No podrías haberlo limpiado un poco? Está lleno de porquería. – lo tomó y desprendió la maleza que se enredaba en el collar. Iba a tirarlo en el cesto cuando el inglés le gritó.
- ¡Espera! Esa parece ser ¿una planta de algodón? – se acercó y la tomó entre sus manos.
- ¿Una planta de algodón? No se dan por aquí. – dijo el chino.
- Sólo hay dos posibles que están relativamente cercanos en donde producen algodón en masa para la ciudad, tal vez Cerbero esté por algún lugar de esos. – argumentó el inglés.
- Pero ¿cómo llegó el collar hasta este lugar? – cuestionó Chocolove.
- Pudo ser por la tormenta. – mencionó Manta.
- Aunque cabe la posibilidad de que el collar estuviera de este lado todo el tiempo y sólo se enredara con las hierbas. – aclaró Horo.
- Pero no perdemos nada con ir a buscar ¿cierto? – dijo Pirika algo desesperada.
- Lyserg ¿Qué lugares son los que producen algodón? – cuestionó Yoh.
- El monte Hiei y el monte Tate. – contestó con seguridad.
- No están cerca ni de broma. – se quejó el shaman de hielo.
- No, pero ambos conectan con el lago de Funbari, podría ser que con las tormentas recientes y el pasar de los días el collar haya llegado hasta aquí. – aseveró Ren. – lo que tú decidas Yoh.
- Iremos, ahora mismo saldremos divididos en camionetas. – dijo el castaño.
- ¿Puedo ir Yoh? – la peliazul lo miró con esperanza.
- De ninguna manera, esto puede ser peligroso. – mencionó su hermano.
- Claro que puedes, irás conmigo. – dijo el peliverde, ganándose una mirada asesina del ainu.
- Bien, nos dividiremos por equipos: Manta, Choco se quedarán a esperar noticias de cualquiera de nosotros en caso de necesitar ayuda médica para él y puedas transportarte desde un punto medio Chocolove, serás de ayuda hasta que llegue Fausto. Lo sé, estoy hablando muy positivamente, pero tengo esperanza en esto. Ren, Horo irán a Tate, Pirika, Lyserg y yo iremos a Hiei.
- OYE.
- Ya pelos de puerco espín está bien; ella estará con ambos, deja de sobreprotegerla.
Emprendieron el largo camino con las nubes a punto de soltar un nuevo aguacero, iban llenos de esperanza y con un objetivo en mente.
No volverían sin ese perro.
Se desmayó durante toda la noche y la mitad del día, las nubes seguían derramando agua y el se sentía demasiado hambriento. Bebió un poco de agua de lluvia que se encontraba en un charco. Vio la puerta de la casa abierta y se metió, olfateó hasta que dio con un trozo de pan que estaba en el suelo y lo devoró. Siguió buscando y vio una mesa muy alta para él pero que de seguro tendría cosas deliciosas sobre ella; se paró sobre dos paras para ver si podía conseguir algo de ella, pero entonces escucho detrás de él…
- ¿Así que tú eres el que esta arruinando mi cosecha? – el cachorro volteó y vio a un hombre enorme con mal olor y mal aspecto. El sujeto lo tomó de su pellejo y el perrito lo miró con miedo.
Horo y Ren llamaron por teléfono a sus amigos, habían sido 3 horas de camino en vano, habían cerrado la producción por el temporal de lluvias y todo parecía desierto; buscaron al perro por todas partes, pero era imposible que se encontrara ahí, incluso sus espíritus acompañantes no sintieron nada respecto al animal. Además, debían evacuar rápido pues había amenaza de que la presa se desbordara. Habiendo colgado la llamada, emprendieron su camino a casa.
- Bien… sólo nos queda esta opción, esperemos encontrar algo. – dijo el moreno con preocupación.
- Oh por Dios ¡YOH! – gritó Pirika.
- ¿Qué pasa? –
- Mira al frente. – cerca de ellos se veía a un sujeto enorme con cerbero colgando del cuello en una mano y una pala en la otra. Puso el cachorro sobre un tronco y estuvo a punto de golpearlo cuando escuchó el grito de los tres jóvenes.
- ¡ESPERE!
- ¿Qué hacen aquí? Es propiedad privada. – gruñó el hombre
- Ese cachorro es mío. – aseguró el castaño – estaba extraviado lo he buscado por mucho tiempo. – el perrito al reconocer la voz del moreno movió levemente la colita.
- ¿A sí? Pues este estúpido perro ha estado destruyendo mis cultivos desde hace tiempo, si no tienes como pagarlos, es mejor exterminar esta plaga. – dijo amenazando con golpear al cachorro.
- Pagaré ¿Cuánto es lo que vale su cosecha?
- 80 000 yenes. ¿de verdad un chiquillo como tú podrá tener todo ese dinero? – dijo mirando curiosamente cómo el shaman le expedía un cheque.
- Le sorprendería. Quédese con el cambio. – dijo entregando el papel con la suma de 100 mil yenes. – vamos, tenemos que volver de inmediato, se esencia se siente muy débil y su corazón casi no puedo sentirlo.
De regreso a casa llamaron a Chocolove que llegó montado en Mic con medicina para el cachorro y algo de comida líquida que le administraron por una mamila; le pusieron suero por una de sus venas e igualmente llamaron a Fausto que no se encontraba muy lejos de la pensión en una misión que le encomendó Kino.
Durante el camino a casa, el perrito durmió y mejoró levemente; no se trataba de un perro normal, lo que hacía posible que soportara más que uno cualquiera. Fueron varias horas de trayecto hasta que le quitaron el suero y pudo abrir sus ojitos un poco, cuando lo logró se hizo bolita en las piernas de Pirika y siguió durmiendo. Al entrar a casa, Keiko los recibió con la noticia de que Fausto llegaría en media hora.
- ¿Le dijiste a Anna? – cuestionó el Asakura
- No cariño, esa noticia es toda tuya.
Sonrió y se abrió paso entre todos, en la escalera se topó con Tamao quién no podía creer lo que veía. La esquivó y sin tocar a puerta de la Itako, se dio paso dentro de la habitación, la chica algo asustada por la intromisión volteo a ver de quién se trataba y se quedó sin palabras al ver el pequeño bulto que cargaba el muchacho.
- Te prometí que lo traería de regreso. – la chica se acercó a el y lo tomó entre sus manos.
- ¿Cerbero? – al reconocer la voz y la calidez de sus manos el perrito abrió los ojos y llenó de húmedos besos su rostro. – creí que nunca volvería a verte. – dijo derramando gruesas lágrimas y abrazando a su mascota tanto como podía. - ¿En dónde te metiste tonto? Apestas – dijo mirándolo a detalle. Ese comentario le sacó una risa al castaño quien comentó.
- Fausto viene para acá a revisarlo, no quise llevarlo a una veterinaria porque no es un perro normal y no sé que pueda pasar, pero Chocolove ya lo atendió y parece que está mejorando, ya verás que… - se quedó con las palabras en la boca cuando Anna se acercó a él y pegó su frente al hombro izquierdo del chico. No quería asustarla, así que colocó su mano izquierda detrás de su cabeza para acercarla un poco más a su cuerpo.
- Gracias. – susurró la rubia quedamente.
- No tienes que agradecer, haré lo que sea para verte feliz. – dijo mientras acariciaba su larga cabellera, más sus siguientes palabras jamás las pensó escuchar.
- Me casaré contigo…
Continuará…
Hola! Sigo aquí, sigo viva.
Lo siento de verdad, pero no he tenido mucho tiempo entre trabajo, exámenes, tareas, servicio etc. Cuando al fin me desocupé un poco, me puse a escribir como loca, así que, si tengo faltas de ortografía o errores en la redacción, lo siento mucho pues quería actualizar tan pronto como pudiera.
He visto que últimamente ha habido nuevos fics y eso me emociona, tal vez se deba a la nueva versión del anime que también me tiene al borde de la locura y emoción.
Espero que todos se encuentren muy bien y se den el tiempo de dejarme un comentario para motivarme a continuar.
Les mando muchos besos y nos estamos leyendo!
Hasta pronto.
