CAPÍTULO 2

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Chicago

Todo estaba bien; según su amiga Annie, la relación con Archie estaba de maravilla; Albert, su padre adoptivo y mejor amigo estaba al mando de la familia Andley y gracias a los aportes que éste hacía al hogar de Pony, sus madres ya no pasarían penurias; él, a quien no se atrevía a nombrar, estaba cumpliendo su sueño sabía que tendría éxito otra vez, no quería saber sobre su vida sentimental, seguramente ya estaba casado o a punto de hacerlo. Estaba segura de lo que haría, había tomado una decisión, se tardó unas semanas en decidirse, pero sabía que era lo correcto.

-No Candy, no te dejaré hacerlo. –dijo con esa voz calmada, pero dura a la vez.

-Albert… entiende por favor. Tengo un compromiso con la vida, y voy a cumplirlo.

-La vida? Acaso te das cuenta de lo que eso significa!?

-Archie… voy a salvar vidas…

-NO! Vas a suicidarte! Tío, no dirás nada más ante esta locura!?

-Claro que no es suicidio! Y ya tomé una decisión. – miraba a su familia, Archie estaba molesto y Albert ni siquiera la veía. – Albert… Archie entiendan por favor, es mi deber ir a ayudar. Ahí necesitan ayuda; Los soldados no mueren sólo en los campos de batalla, la mayoría lo hace por falta de ayuda médica.

-Candy… sabes que siempre te apoyé en todo, pero ahora no me pidas que lo haga. Me estás pidiendo que te deje ir a tu posible muerte.

-Albert… - dijo con voz temblorosa y afectada al escuchar a su amigo.

-No Candy, no vas a convencernos de aceptar de buena gana el que te vayas al frente, ya perdimos a Stear por esta maldita guerra, y ahora nos pides que te comprendamos? – le hablaba con tal seriedad en la voz que lastimaba.

-Sé que los lastimo con mi decisión… pero… quería ser yo quien los informe y no se enteren por otros.

-No Candy, nos destrozaras si algo te pasa, gatita, por favor… piensa en lo mucho que te queremos. Candy si algo te pasa… no lo soportaré… - Archie se oía desesperado. –acaso no te importamos nada?

-Yo los quiero mucho… por favor no me hagan esto… no duden de lo mucho que significan para mí.

-Archie, déjanos solos. – dio la orden.

-Pero tío, no puedes simplemente dejarme fuera de esto. – protestó por la orden dada.

-Archie, sal. Necesito hablar con Candy, no me hagas repetírtelo de nuevo. – a su pesar el joven dejó el despacho del rubio esperando que pueda hacerla cambiar de opinión.

-Ahora sí Candy, por favor explícame el verdadero motivo de la locura que quieres cometer.

-No es una locura; ya te explique el motivo. Por qué es tan difícil de creer el que quiera ayudar a los soldados? Albert ellos necesitan ayuda, y yo estudie enfermería por qué quería ayudar a los demás. Ahora que puedo hacerlo quieres impedirlo.

-ES QUE PODRÍAS MORIR! – Era la primera vez que le gritaba a Candy, y al ver su cara de susto se arrepintió por hacerlo.

-No voy a morir! Por qué piensan que todos los que van a la guerra mueren? Lastimosamente le pasó a Stear, pero yo no voy al campo de batalla, voy a ayudar.

-No queremos que nada te pase, tú eres muy importante para todos nosotros, imagina como se sentirá Annie cuando se entere; la señorita Pony y la hermana María, acaso ya lo saben? – Candy palideció.

-Se los diré mañana, se los dije primero a ustedes, porque creí que me entenderían.

-Pues nos dijiste primero a nosotros para que te ayudemos con ellas, verdad?

-No… - había sido descubierta, no sabía cómo les daría la noticia a sus madres.

-Candy… pequeña, por favor piénsalo bien, de acuerdo? No tomes una decisión apresurada… - vio que ella quería contradecirlo – pon en una balanza los motivos por los cuales quieres ir y por los que debes permanecer con nosotros.

-De acuerdo. – aceptó finalmente. –voy a analizar otra vez todas las situaciones y motivos antes de tomar una decisión definitiva.

Era un avance y Candy hizo lo prometido, poner en una balanza los pros y contras de su partida a Francia en plena guerra.

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-Será la última oportunidad Terry, de verdad me decepcionaste mucho. – el castaño se había decidido por regresar a las tablas, así que se presentó a la compañía que una vez lo recibió y él defraudó.

-Lo lamento Robert, no tendrás quejas de mi trabajo a partir de ahora.

-Eso espero. Terry… entiendo cómo te sientes, pero no dejes que esto te destruya.

-Gracias. No lo haré.

-Habla con ella. Todo este tiempo ha estado esperando pacientemente por ti. – Terry sólo asintió, hubiera querido contestar tantas cosas, pero no lo hizo.

Ahora le tocaba la parte más difícil, hablar con la rubia a quien le había dado su palabra; cumpliría con ella, sabiendo que con eso se condenaría a una vida de miseria.

Estaba frente a la casa de las Marlow, y ya se sentía un prisionero; pero se lo había prometido, lo haría por ella, y aunque le duela tenía que aceptar que nunca más la tendría junto a él. Decidido tocó la puerta esperando y rogando no ser atendido, pero como era habitual en su vida nada le salía como quería, así que la puerta se abrió dejando ver a la madre de la mujer que lo había salvado.

-Qué hace usted aquí? – dijo con una actitud hostil.

-Buenas tardes señora, vengo a hablar con Susana.

-Para qué!? - le gritaba a todo pulmón - para ilusionarla y dejarla de nuevo? Le destrozó el corazón, mi hija está enferma y es su culpa!

Tenía que aguantar toda esa agresión, en cierto modo tenía razón, le había dado su palabra y luego la abandonó, sin importarle nada más que él mismo y su pesar.

-Mamá, quién es? – una silla de ruedas se asomaba llevando en ella a una joven algo demacrada, quien al escuchar los gritos de su madre se dirigió al recibidor – Terry…? - murmuró sin poder creerlo.

En cuanto la joven apareció frente a él una sonrisa apareció en su rostro. Terry la miraba sin poder creer cuan delgada se veía y volvió a sentir culpa, Candy estaría decepcionada de él por hacerle eso a esa pobre mujer que para su desgracia se había enamorado de él.

-Soy yo Susana…

-Terry! – gritó en medio de lágrimas de felicidad.

-Podemos hablar? – no había emoción ni alegría en la voz del castaño, pero eso no le importaba a la chica.

-Volviste! Verdad que volviste por mí? ven pasa, siéntate – acerco su silla de ruedas para poder tomar la mano del joven.

Cuando ingresó a la morada sintió como si un peso se apoderará de su ser, de mala gana la señora Marlow dejó a su hija con el joven.

-Ven siéntate! – al ver que el joven lo hacía comenzó su interrogatorio. - Cómo has estado? Dónde estuviste todo este tiempo? Viniste por mí, verdad? Terry…

-Primero quiero disculparme por mi comportamiento… No, déjame hablar, por favor. – dijo al ver que la rubia iba a interrumpirlo. – hice una promesa y voy a cumplirla. Me casaré contigo, pero debo ser honesto al decir que lo haré por agradecimiento, siempre supiste mis sentimientos y te ofendería si pretendiera estar enamorado de ti, cuando ambos sabemos la realidad de esta decisión. Me quedaré contigo y voy a cuidarte; pero sólo será eso, si aceptas, una vez casados te mudarás conmigo, pero sólo compartiremos la casa y el título de esposos.

-Por qué me haces esto? – dijo con lágrimas en los ojos. – sabes lo que siento por ti, y lo que hice por…

-Por eso mismo lo aclaro, porque mereces que sea honesto contigo, porque te respeto y agradezco lo que hiciste por mí. No pretendo ni quiero olvidarla y lo sabes, siempre fui claro contigo. –sabía que estaba siendo cruel, pero no quería malos entendidos en un futuro, y mucho menos actuar enamorado de quien lo apartó de su gran amor.

-De acuerdo, casémonos. Yo haré que la olvides y me ames sólo a mí. –dijo con determinación, como si fuera un simple reto.

-Susana…

-Quieres quedarte a cenar? –lo interrumpió, pues estaba decidida en conquistarlo.

Terry dudaba llegar a sentir algo más que gratitud por Susana, sabía que no iba a dejar de amar a su pecosa nunca, Candy había sido la primera persona en creer en él, en amarlo por quien era y no por lo que tenía, en aceptarlo tal como era. Se prometió no olvidar ese sentimiento hacia la rubia. Sí, también por ella hacía eso, para no decepcionarla. Lo hacía por su honor de caballero, sabía que se condenaba a sí mismo a la desdicha, pero era su deber y debía cumplirlo.

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En la mansión de los Andley en chicago dos hombres estaban consternado por las palabras de su rubia amiga.

-Qué dice? – cuestiono un afligido Archie.

-Que la entendamos… que era algo que debía hacer.

-Sólo eso?

-Sólo eso, nada más que eso.

-Acaso está loca! Cómo piensa que vamos a entenderla!

-Cálmate, debemos buscar la manera de hacerla volver.

-Tío, usa el poder que tienes para hacerlo, no podemos permitir que algo malo le pase.

-No creo que sea posible una vez que ella partió, pero podemos cuidarla desde aquí y a la primera oportunidad la regresamos.

El rubio no fue capaz de responder, estaba más concentrado en lo que debía hacer para cuidarla, no podía ir a Europa, a menos que sea como voluntario, muchas personas dependían de él, su tía se moriría sí lo intentara; buscaría la manera de hacerla volver, sabía que era algo imposible pero lo intentaría, hasta eso la cuidaría desde ahí. Archie estaba asustado, temía perderla como a su hermano, pero no sabía como conseguir que Candy regrese, pues su tío tenía razón, cuando se van como voluntarios es difícil usar las influencias para que retornen una vez que partieron a su destino.

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Candy estaba a bordo del barco que la llevaba a Francia, estaba triste por no haberse despedido de su familia, pero había hecho lo que le prometió a Albert, pensó en todo lo que acarreaba esa decisión, dejar a su familia preocupada, era lo que pesaba más en su lista de contras, pensar que los lastimaría; pero recordó cuando Annie se acercó a ella para mostrarle el diario, donde informaba el regreso y compromiso de Terry con la ex actriz, anunciando una boda ese mismo año, eso pesó más en su decisión. No quería estar cerca cuando se lleve a cabo la unión. Era tonto, eso lo sabía. Fue ella quien le pidió quedarse con la rubia actriz, pero eso no quitaba el dolor que sentía al saberlo en brazos de otra.

-En un barco te conocí, otro te alejó de mí aquel día de niebla, y ahora… soy yo quien se aleja. Terry… espero que seas feliz, nunca voy a olvidar este amor que tengo para ti, siempre serás tú, mi querido arrogante malcriado, siempre tú… - dijo dejando salir las lágrimas por haberlo perdido.

Los días pasaron y al fin estaba pisando tierra de nuevo, como no estaban de turistas, los médicos y enfermeras voluntarios tuvieron que partir inmediatamente al hospital. Candy fue designada a uno recién inaugurado, el hospital Argentino, en París.

-Bienvenidos, ya se habrán dado cuenta que el hospital está saturado de heridos y su ayuda es indispensable. – con esas palabras el director del hospital saludó al nuevo equipo de enfermeras y doctores voluntarios. – mañana podrán incorporarse a sus labores por hoy pueden instalarse y descansar.

Después de instalarse en su habitación, Candy decidió conocer un poco más su nuevo lugar de trabajo, caminando por los pasillos llegó al jardín del hospital, en ese momento no había nadie en él, así que decidió escribir una carta a su familia, se subió a un árbol que estaba en medio del gran jardín. Después de escribir sus cartas pidiendo que la perdonen por su repentina partida, simplemente se quedó ahí viendo el ocaso, recordó uno parecido que había visto junto al joven rebelde a quien le entregó su corazón allá en esa colina del Real Colegio San Pablo. Sin darse cuenta se quedó dormida y al moverse cayó del árbol, pero su destino no fue trágico gracias a que cayó sobre algo o más bien alguien.

-Ahhh! –dijo mientras caía y se sostenía de una de las ramas, esto alertó al hombre que había decidido ir a sentarse al pie de aquel árbol, no le dio tiempo de observar atentamente que sucedía cuando en una reacción espontánea atrapo algo… o a alguien.

-Oh! está bien? – cuestionó el hombre sujetándola en sus brazos.

-S…Sí – dijo avergonzada por verse en esa situación.

Candy alzó la vista para agradecer a quien la ayudó, sin embargo enmudeció al ver ese azul en los ojos masculinos, le recordaron al de un castaño actor; el caballero por su parte quedó atrapado por la belleza de esa mujer que tenía en brazos, sus ojos tan verdes como las esmeraldas lo habían hechizado; los dos sin quererlo se habían quedado así, sin decir nada, sólo mirándose ensimismados cada uno en sus pensamientos, la primera recordando al amor de su vida, el segundo, preguntándose si los ángeles realmente existían.

-Doctor Laurent! – se acercó una enfermera rompiendo el momento.

-Qué sucede? – saliendo de su ensimismamiento.

-Doctor lo necesitan para una cirugía, llegó un herido de gravedad.

-Está bien vamos, informa a la enfermera Miller que la necesito para que me asista.

-La enfermera Miller está en cirugía asistiendo al doctor LeBlanc.

-Necesito una enfermera instrumentista que me asista en la cirugía – se detuvo de pronto al no saber a quién recurrir, pues las enfermeras instrumentistas no eran muchas y gran parte de ellas estaban en el frente de batalla.

-Yo puedo ayudarlo, soy enfermera instrumentista.

-Es una de las voluntarias que llegó esta mañana?

-Sí, soy de América.

-De acuerdo, sígame.

Candy ayudó al doctor en la cirugía. El paciente venía del campo de batalla, sus heridas eran graves, pero finalmente pudieron salvarle la vida, ahora estaba en terapia intensiva y dependía de su fuerza para sobrevivir.

-Buen trabajo, enfermera…

-Andley, Candice Andley.

-Mucho gusto, soy el doctor André Laurent.

-Mucho gusto doctor. – le dedicó una sonrisa. – no le agradecí por atraparme hoy cuando caí del árbol.

-Es verdad, me intriga saber; qué hacías sobre un árbol?

-Pensar, lo hago mejor sobre una rama.

-Es la primera vez que escucho algo así. – dijo con una risa divertida.

-Bueno es que el viento puede despejar tus dudas, temores o… culpas.

-Es posible. – se quedó mirándola fijamente logrando que Candy se sonrojara.

André Laurent era un hombre joven alto y muy atractivo; tenía los ojos azules, el cabello negro, las facciones de su cara eran definidas y varoniles. Candy no pudo evitar volver compararlo con Terry, especialmente el color de sus ojos eran tan similares, pero los de amado tormento tenía betas verdes y el azul era más profundo. Él la miraba intensamente, Candy era una mujer hermosa; tenía los ojos más hermosos que había visto, su cara tenía unas pequeñas pecas que le daban un toque de inocencia, su figura bien estilizada, realmente parecía un ángel.

Los días pasaron y Candy se había desenvuelto muy bien en su nuevo trabajo, cada día los pacientes llegaban, en ocasiones era tal la gravedad, que ya nada se podía hacer; esto llegó a afectar emocionalmente a la rubia, pero el nuevo amigo que hizo la ayudó a recuperarse y volver a ser quien era. Atendía a sus pacientes con toda la paciencia, comprensión, cariño y dedicación que estos requerían, todo eso más el optimismo de Candy cautivo el corazón de André.

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Hola de nuevo!

Sí, a mí también no me gusta ese sentido de honor que tiene Terry, pero en esa época cuando daban su palabra debían cumplirla o no se le consideraba caballero, y nuestro Terry es un caballero y tiene palabra o no sería digno de nuestra Candy.

Veamos qué pasará con los siguientes capítulos… sigan la historia si quieren saberlo!

Bueno espero que hayan disfrutado la lectura, hasta el siguiente capítulo.

Se cuidan mucho. 🌻