CAPÍTULO 4

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París, Francia.

Estaba agotada, no había dormido en dos días; lo heridos seguían llegando. Los soldados, aquellos quienes tenían un propósito y seguían un ideal, estaban muriendo en los campos de batalla una pequeña parte de estos eran los que llegaban a los hospitales, y muy pocos sobrevivían; los civiles llegaban pidiendo atención, no sólo por enfermedades, sino también porque los alemanes estaban entrando cada vez más a territorio francés atacando a su paso no solamente al ejército, también a los ciudadanos. La realidad que estaba viviendo distaba mucho de lo que los diarios narraban. La guerra era horrible, no había nada bueno detrás de ésta.

-Candy ve a descansar.

-Estoy bien, los heridos siguen llegando.

-Estuviste en guardia por dos días consecutivos. – la regañó André. – de nada servirá si enfermas, piensa que debes estar fuerte y con energía para atender mejor a los pacientes.

-Doctor…

-Candy, ya haces demasiado y eso lo apreciamos en el hospital; pero puedes colapsar y enfermar por tanto trabajo. Así que ve a descansar. – había autoridad en su voz, Candy no pudo replicar; él tenía razón estaba por desmayarse del cansancio. -Cuando se dirigía a su habitación, Marie, su compañera, la alcanzó.

-Candy, te vas a descansar?

-Sí, el doctor Laurent, me lo ordenó. – dijo con una sonrisa sin percibir la molestia de su compañera.

-Creo que se preocupa mucho por ti, cierto?

-Se preocupa por todos los que trabajan en el hospital, es una gran persona.

-Sí, lo sé. – durante un tiempo la enfermera Marie había estado observando el comportamiento del doctor hacia su rubia compañera, dándose cuenta del interés del joven médico; se preguntaba cómo es que Candy no se daba cuenta o tal vez se hacía a las interesantes? Daría todo por estar en su lugar. Ella conocía al doctor desde antes que inicie la guerra, y cuando lo habían trasladado a este hospital, ella lo siguió, pidió ser transferida también; aunque nunca habían hablado, pues hasta ahora no había logrado tener esa cercanía con él, no como el que tenía Candy, a ella siempre la trató de manera profesional nunca más allá de ésta.

-Necesitabas algo? – cuestionó la rubia al ver que su compañera se quedaba callada.

-Oh, bueno sí. Supiste que volverán a mandar enfermeras al frente? Dicen que están seleccionándolas.

-No lo sabía… creo que debe ser muy difícil para las enfermeras y doctores que parten al frente, atender a todos los heridos, deben necesitar mucha ayuda.

-Ojalá no sea seleccionada. Tú qué opinas sobre eso, no te da miedo tener que ir al frente de batalla?

-Creo que a cualquiera le daría miedo; pero ese es nuestro trabajo y debemos ayudar a los que nos necesitan.

-Sí, creo que tienes razón. - la joven enfermera se dio la vuelta para regresar a su trabajo.

Cuando Candy llegó a su dormitorio se tiró a la cama estaba agotada, sin embargo no pudo dormir; así que, como cada noche, escribió en su diario contándole su día a la persona que nunca olvidaría.

París, Junio 14, 1917

Mi querido Terry, tengo miedo… sé que yo tomé la decisión de venir como voluntaria; pero la guerra es tan diferente a como nos informan… Dios! Todos los días llegan decenas de soldados en un estado que a veces nada podemos hacer, entonces pienso en mi querido Stear… acaso él sufrió todo esto? Es por eso que no quiero rendirme, quiero ayudarlos a que se sientan bien, ruego por que lleguen con sus seres queridos.

Sabes? hoy me informaron que escogerán a un nuevo grupo médico para que vaya al frente de batalla; escuché de algunas enfermeras que estar ahí es horrible, que a veces debes ir a las trincheras para dar pronta ayuda a los soldados, que las balas van y vienen, en ocasiones alcanzando a las mismas enfermeras o doctores; aunque tenga miedo, si me designan a ir tendría que hacerlo, lo haría siempre pensando en que les ayudo, así como espero que alguien lo haya hecho con mi querido Stear.

Mi amado malcriado, me arrepiento de haber venido; pero no tanto por el miedo a morir; sino, porque nunca te dije que te amaba, fui cobarde al no luchar por ti; pero… tenía miedo, en tus ojos vi que la escogerías a ella; ya fui rechazada por quienes debían amarme… tenía pánico a que seas tú quien me haga a un lado, por eso tomé la decisión de alejarme, sabía que pondrías tu deber antes que el amor; porque sí, sí sabía que me amabas… me lo demostraste… y tú? Te diste cuenta cuanto te amaba…?

Dejó escapar las lágrimas que siempre le acompañaban cuando le escribía; cerró su diario, por un momento le pasó por la cabeza el escribir una carta a su amigo Albert, pero decidió respetar la petición de su amigo.

Flashback

Candy había enviado sus cartas a sus seres queridos, informándoles que estaba bien y que no debían preocuparse. La respuesta que recibió fue diversa; Annie le reclamó el haberse ido de esa manera, pero al final le decía que la quería y que se cuidara mucho; la señorita Pony y la hermana María le escribieron su preocupación por su partida y que rezarían por que regrese con bien; pero la de Archie y Albert fueron distintas, ellos no aceptaban su partida.

Carta de Archie:

Chicago, Noviembre 12, 1916

Cómo pudiste hacernos esto Candy? Regresa, por favor gatita; a ti no podría perderte.

Sé que tienes un espíritu noble, que siempre quieres ayudar a los que te necesitan; pero Candy, hay cosas que no se pueden cambiar, por favor regresa… prometí que te apoyaría en todo lo que decidas; pero no, si pones en riesgo tu vida… gatita aun no es tarde, vuelve con nosotros, la familia que te quiere mucho.

El primo que te ama, Archie.

Respuesta de Candy:

Querido Archie:

París, Diciembre 09, 1916.

Perdona lo que te hice; pero ya no puedo volver, aquí necesitan ayuda y yo puedo hacerlo. No te preocupes, no pienso morir aquí, volveré con ustedes cuando todo esto termine, sólo espero que hasta que eso suceda me hayan perdonado. Siempre los tengo presente, ustedes me dan fuerza para no rendirme, en lo que ahora es mi misión, por favor cuídense y espero pronto volver a estar junto a ustedes.

La prima que te ama, Candy.

Carta de Albert:

Chicago, Noviembre 11, 1916.

Pequeña, me alegra que hayas llegado con bien, pero debo decir que con tu decisión nos lastimaste a todos; sin embargo no te preocupes, entiendo los motivos que te orillaron a actuar de esta manera; pero por favor recapacita, yo te ayudaré para volver con nosotros, Candy la guerra no es lugar para una persona como tú, moveré todas mis influencias para ayudarte a regresar a América, recuerda que te queremos, por favor cuídate mucho.

Tu amigo y hermano Albert.

Respuesta de Candy:

Querido Albert:

París, Diciembre 09, 1916.

Mi querido Albert, en ti siempre encontré apoyo y comprensión, por favor perdóname por hacerte pasar por todo esto, agradezco tanto el que quieras ayudarme; sin embargo creo que mi lugar es aquí, cada día los soldados llegan y la ayuda es escasa, por favor comprende que mi deber es ayudar a estas personas. Volveré una vez que esta guerra absurda termine, espero que para entonces ya no estés molesto conmigo. Siempre están en mi mente y mi corazón, por favor no se preocupen, yo estaré bien.

Tu amiga y hermana, Candy.

Respuesta de Archie:

Chicago, Enero 10, 1917.

Candice:

Me duele que nunca nos tomes en cuenta en tus decisiones, siempre creí que nosotros éramos importante para ti; pero creo que me equivoque, por lo menos ahora sé que nunca nos quisiste como nosotros te queríamos. Por favor ya no vuelvas a escribirme, creo que será mejor hacerme a la idea de que te perdimos para siempre.

Archivald Cornwell.

Respuesta de Albert:

Chicago, Enero 10, 1917.

Candice:

No puedo entender porque no quieres que te ayude, siempre fuiste así tratando de hacer las cosas sin consideración a la familia que traté de darte, la tía abuela está muy molesta y concuerdo con ella en que me equivoqué contigo, nunca debí adoptarte. Candy, creí que si te ayudaba serías alguien diferente, pero veo que no es así, traté de ayudarte y tú rechazaste mi ayuda, ya no lo haré, olvida que perteneces a esta familia, ya no quiero darle disgustos a la tía abuela, ella es ya mayor y necesita tranquilidad.

William A. Andley.

Después de leer esas repuestas la rubia se sintió desprotegida y abandonada, los había lastimado tanto que ya no querían saber de ella? Estaba triste por lo que les había hecho y tenían razón en enfadarse con ella; pero nunca creyó que la rechazarían. Volvió a escribirles una carta donde les pedía perdón por haberlos decepcionado, y que respetaría su decisión de no volver a saber de ella nunca más. La rubia cumplió con el deseo de sus amigos, esa fue la última carta que les envió. Lo que Candy no sabía era que Elisa se había encargado en hacerles creer todo eso; la pelirroja, había sobornado y amenazado a uno de los sirvientes de los Andley para que interceptaran todas las cartas que llegaran de Candy e hicieran lo mismo con las cartas que los jóvenes Andley le escribieran a la rubia.

Fin de flashback

-En verdad los extraño. No los culpo, fui una malagradecida con ustedes, me dieron una familia y cariño; sin embargo yo sólo pensé en mi misma y en mi dolor, ese que hasta ahora no me deja.

Candy ya no le escribía a nadie en América, Albert y Archie le habían pedido que no lo hiciera; a Annie dejó de hacerlo, porque pensaba que podría meterla en problemas con Archie, su prometido, creía que tal vez ya era su esposo; sabía que la señorita Pony y la hermana María no tenían mucho dinero, como para gastar demás, cuando debían preocuparse en los niños que estaban bajo su cuidado, así que les dijo que no tenía mucho tiempo para escribir y que el correo a veces no llegaba, sólo les pidió que no se preocuparan por ella y que las amaba mucho; sus madres le contestaron que se cuidara y que entendían, le pedían que descansara y que la amaban mucho, que ellas rezarían para que nada le pasara.

Todo eso le había partido el corazón a Candy, se sentía una malagradecida por causarles dolor a tan buenas mujeres, sus madres, las amaba tanto y por ellas no se rendiría, volvería a casa cuando esto termine. Así entre lágrimas se quedó dormida, dándole descanso a su cuerpo, porque a su alma le faltaría mucho para estar en paz, la culpa y la tristeza no la dejarían tan fácilmente.

Esa semana ocho enfermeras y tres médicos fueron enviados al frente, Candy y Marie no estaban entre ellos. Los días seguían avanzando y el trabajo de la rubia se hacía cada vez más pesado, faltaba ayuda médica, algunos heridos llegaban al hospital a morir o lo hacían en el camino, era triste todo ese panorama.

-Candy… estás bien? – cuestionaba André mientras caminaban a uno de los pabellones para revisar la evolución de sus pacientes.

-Sí, por qué lo preguntas?

-Te ves muy pensativa.

-Oh lo siento! Me decías algo? –dijo llevándose las manos a la cara con vergüenza.

-No te preocupes, sólo te pregunte si quisieras salir conmigo este sábado, creo que es el único día en que coincidimos en nuestro día de descanso, además de que sería bueno distraernos un poco del trabajo.

-Yo… - no estaba segura, se había dado cuenta del interés del joven doctor hacia ella.

-Por favor Candy, como amigos. – agregó al ver que iba a negarse.

-Está bien. – dijo con una sonrisa afable.

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Nueva York

Finalmente el día había llegado, estaba frente al espejo con la mirada seria y amargada, el día que se supone debería ser el más feliz de su vida era el más triste, pronto uniría su vida a quien creyó amaría para siempre; sin embargo después de esa tarde en la azotea, lo miraba con otros ojos, ya no como el muchacho misterioso y atractivo de hace años, a quien quería conquistar; ahora lo veía como el hombre que nunca la amaría; pero era demasiado orgullosa para aceptar su derrota, sí ella estaba acabada por haberlo salvado, él también pagaría por no amarla y mucho más por ni siquiera intentarlo.

-Susy, hija estás hermosa.

-No mientas mamá, estoy horrible! Mírame! – dijo señalando su rostro que aun con el maquillaje que usó las manchas aún eran perceptibles - ya no soy hermosa.

-No digas eso, tú nunca perderás tu belleza. No hay mujer más hermosa que tú. – después del comentario de su madre recordó la nota del periódico, donde salía aquella joven; la ex actriz había creído que era una pobre y nada agraciada enfermera; pero cuando vio la nota, no sólo supo que era la heredera de una gran fortuna, sino que también se había convertido en una mujer muy hermosa, aunque quiera negarlo, sus ojos no fueron capaz de engañarla con lo contrario.

-Mamá! No me gusta cómo me veo, se supone que hoy debería ser la más hermosa, pero no lo seré! – lloraba viéndose al espejo; el vestido estaba algo flojo, había perdido mucho peso, estaba extremadamente delgada, su cabello había perdido brillo; los medicamentos y la falta de nutrientes seguían causando estragos en la apariencia de la joven ex actriz.

-No te preocupes por eso hijita, ya verás que pronto te pondrás bien y volverás a ser la mujer más hermosa de toda Norte América. – dijo limpiando las lágrimas de su hija - Ahora terminemos de prepararte ya casi es hora.

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En algún lugar de la ciudad de Nueva York, en un apartamento pequeño, Terry se preparaba para asistir a lo que sería su condena, hoy acabaría con sus ilusiones de volver a estar con ella.

Vestido elegantemente se dirigía hacia la puerta, pero antes debía dar un último vistazo a aquella foto, esa dónde salía la mujer más noble y hermosa, aquella joven que vio en él, algo que nadie fue capaz. La extrañaba, Dios! cómo la extrañaba.

-Sí hubiera sabido que te extrañaría tanto te hubiera robado otro beso, al menos con eso me bastaría para recordarte con otro sentimiento que no sea de pérdida. – cerró los ojos recordando a la rubia. – a quien trato de engañar, siempre me arrepentiré de no haber ido tras de ti, y sólo un beso no hubiera bastado para saciar este amor que tengo aquí para ti. – dijo señalándose el área donde se encontraba su corazón.

Quien lo viera sentiría pena del joven sentado en su cama observando una imagen recortada de un diario, sus ojos melancólicos ya no eran esos soberbios y llenos de orgullo, ahora eran de pura resignación, sin brillo, había rencor y frustración. Su padre tenía razón ya no era ese joven que una vez fue, entonces pensó en la propuesta de su padre, que más daba si aceptaba.

Flashback

-Terry, en una semana regreso a Inglaterra.

-Tan pronto? Creí que te quedarías más tiempo.

-Eso hubiera querido; pero son ordenes de la casa real, la guerra no da tregua.

-Ya hablaste con mi madre?

-Sí, ya hable con ella y piensa igual que yo con respecto a tu unión con esa chica. Hijo, aún estás a tiempo de arreglar esto, recapacita, no arruines tu vida.

-No me refería a eso, pero ya tomé una decisión, no puedo hacerle eso. Ella salvó mi vida. – se estaba molestando por la insistencia de su padre.

-Ahora entiendo, le pagarás con tu vida. – vio la mirada dura de su hijo, aunque aún no lo había perdonado completamente le permitía ser sincero con él.- ya te dije que si tú quieres, puedes ir a Inglaterra conmigo, ahí podrás retomar tu carrera, yo ayudaré a esa muchacha con todo lo referente a su tratamiento.

-No puedo hacer eso. Ella confió en mí, en mi palabra. No voy a defraudarla. – su padre sabía que no hablaba de la rubia que había salvado su vida, sino de una rubia con rizos y pecas.

Fin de flashback

-No, no puedo hacerlo, nunca me perdonarías si le hago eso, verdad pecosa? – dijo acariciando la imagen. –seré un hombre de palabra, ella sabe muy bien las condiciones en las cuales nos uniremos, hoy voy a prometerle estar junto a ella para siempre; pero a ti amor, a ti te prometo amarte hasta el último día de mi vida. Tú, y sólo tú, serás mi amada, aquella a la que nunca tendré en mis brazos; pero sí en mi corazón, Candice White, amor de mi vida, a partir de hoy sólo estarás en mis recuerdos y en mi corazón.

Después de esta declaración se puso de pie derrotado y se dirigió a la puerta para abrirla, salir y terminar de una vez por todas con ese día.

-Qué haces aquí? – cuestionó a la persona que estaba frente a su puerta.

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París, Francia.

El sábado al fin había llegado y un joven de cabellos negros estaba más que emocionado, sintiéndose como un adolecente en su primera cita, se arreglaba frente al espejo; ya listo salió rumbo al hospital para recoger a una rubia, quien ya lo esperaba en la puerta. Candy vestía un vestido sencillo color celeste con bordado de flores en el borde de la falda, su cabello recogido en una media coleta dejando sus rizos libres en su espalda, se veía hermosa.

-Vas a salir?

-Ah, hola Marie. Sí voy a salir.

-Ah… supongo que con el doctor Laurent. -Candy la miró desconcertada, no le había gustado el tono que uso su compañera.

-Sí, André es un buen amigo y me invitó a salir para distraernos un poco.

Marie iba a contestar algo, pero en ese momento llegó André.

-Candy, estás preciosa.

-Hola André, gracias; pero creo que exageras. –dijo sonrojada.

-Claro que no. Nos vamos? –dijo dándole su brazo como todo un caballero.

-Que les vaya bien. – la voz de Marie se hizo escuchar, hasta ese momento el doctor se percató que Candy estaba acompañada por una de las enfermeras.

Por un momento se sintió avergonzado por su falta, pero quien podría culparlo, a su parecer Candy era tan hermosa que opacaba a cualquier mujer. Por Dios! Estaba enamorado y lo peor era que no sabía si Candy podría corresponderlo, pues siempre era amable sin dar señales de algo más que amistad.

-Gracias, enfermera Fiori.

Marie Fiori se quedó ahí parada hasta que la pareja subió al coche del joven doctor y se perdió en la calle, estaba molesta, había sido cruelmente ignorada, y todo por culpa de esa americana. La primera vez que vio y habló con la rubia le pareció simpática y agradable; pero cuando percibió el interés del doctor por la rubia, comenzó a sentir celos. Cómo era posible que en tan poco tiempo se había conseguido la atención del doctor Laurent, cuando ella lo había intentado por más de tres años, no lo entendía, ella también era hermosa, aunque no era tan alta como la rubia, no era tan pequeña, su cabello negro, lacio y brilloso, sus ojos de un café claro, de buena figura y hermosa sonrisa; pero no se dejaría vencer lucharía por el amor del doctor y ganaría, estaba segura de eso.

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André había llevado a Candy a conocer la ciudad, todo era hermoso, la rubia se preguntaba porque nunca se había tomado el tiempo para conocer tan hermosa ciudad, enseguida una vocecita en su cabeza le dio la respuesta, "prefieres trabajar hasta quedar agotada y así no pensar todo el tiempo en él; pero nunca te funciona".

Estaban en una pequeña cafetería, cerca al Sena, después fueron a caminar por un parque que estaba lleno de árboles, llevando a Candy por un momento al día que compartió con cierto inglés, sacudió la cabeza para quitar para no pensar en su castaño y concentrarse en el paseo y la plática.

-Candy… - se detuvieron en un pequeño puente de piedras.

-Eh… Dime. –contestó saliendo de sus recuerdos.

-Sabes… - se oía nervioso. –todos estos meses que estuve cerca de ti me di cuenta la clase de persona que eres; es decir, eres una persona diferente a todas las que alguna vez conocí. Eres bondadosa y dulce; te preocupas por el bienestar de todos los pacientes, sin miramientos si son tuyos o de alguien más. Eres digna de admiración.

-No creo serlo, en realidad soy muy diferente a como me describes.

-Claro que no. Candy, eres todo lo que dije y mucho más, nunca minimices lo que eres y vales.

-André…

-Por favor escucha lo que tengo que decir. – la vio asentir y continuo – quisiera tratarte de otra manera… ya no sólo como amiga, sino como mi novia. -lo había dicho tan de repente que Candy se quedó sin saber que decir, lo consideraba un buen hombre; pero estaba segura que no podría amarlo como él quisiera, debía ser honesta con él, tenía que decirle que había alguien en su corazón, pero no quería lastimarlo, pues lo vio tan ilusionado, y también estaba el hecho de que ella quería sentirse querida y amada por alguien; pero ese alguien era inglés, castaño, malcriado y estaba en América y lo más probable casado.

-Sé que fui muy desconsiderado con mi confesión, tal vez tú tienes a alguien más esperando por ti en América.

-No hay nadie esperando por mí en América. –lo dijo sin darse cuenta, simplemente las palabras salieron.

-Entonces tengo oportunidad de que aceptes ser mi novia?

-André, yo…

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Hola otra vez! espero que hayan disfrutado la lectura.

Qué les parece, creen que Candy acepte al doctor? Se casará Terry? Trataré de subir el próximo capítulo lo más pronto posible.

Gracias por sus comentarios. Se cuidan mucho.🌻