CAPÍTULO 5

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Nueva York, Norte América.

-Qué haces aquí? – preguntó a la persona frente a él.

-Joven, la señorita Susana fue llevada al hospital de urgencia. – dijo angustiada la joven empleada de las Marlow.

-Cómo dices? – dijo saliendo presuroso de su apartamento.

-Lo que le dije joven, ya estaba lista para ir al juzgado, pero cayó por las escaleras.

Terry salió rumbo al hospital, no supo cuánto tardó en llegar; pero cuando lo hizo, vio en el fondo del pasillo a la señora Marlow, se veía angustiada, su rostro delataba que había estado llorando, seguramente desde que había pasado el accidente, estaba sentada en una banca con la vista a una puerta esperando a que ésta se abriera y le dieran noticias sobre el estado de su hija.

-Qué pasó? – preguntó preocupado - Cómo fue que cayó de las escaleras?

-Todo pasó muy rápido. – dijo llorando – se puso la prótesis… pero… pero no lo domina… bien.

-Por qué lo hizo? – Cuestionó con preocupación- no fue a ninguna de las terapias para usar la prótesis.

-Fue mi culpa. – dijo llorando a mares, pues ella al ver que su hija se sentía mal por su apariencia, le sugirió usar la prótesis, eso la animaría, tal vez caminar el día de su boda la haría verse normal, eso había convencido a Susana, ya que estaba algo renuente en usarla. Al principio su madre vio que tenía miedo y estaba algo insegura; entonces la animó a seguir, por un momento lo hizo bien, pero al llegar a las escaleras perdió el equilibrio y cayó por éstas, sin que su madre pudiera sostenerla.

-No se culpe, fue algo que pasó; ya verá que se pondrá bien. – trató de consolarla, pues estaba desecha.

-Gracias Terry. – ella lo dijo sinceramente, todo ese tiempo lo había tratado mal, culpándolo por lo sucedido con su hija, y ahora que ella sí era la responsable, él trataba de quitarle culpa, se había equivocado con él.

Dos horas después el doctor salió de la sala donde la habían ingresado para informarles del estado de la rubia.

-Cómo está mi hija, doctor?

-Buenas tardes, la señorita Marlow se rompió un brazo en la caída; pero lo que nos preocupa es que sufrió un golpe muy fuerte en la cabeza, sin mencionar de que casi se rompe el cuello, su condición es crítico, está muy delicada y su estado de salud no nos da muchas esperanzas; - la señora Marlow dejo salir un gemido de angustia, Terry la sostuvo para que no cayera de rodillas - por ahora esperemos a que despierte y saber si tiene algún daño por el golpe en la cabeza, que es lo que más preocupante.

-Puedo verla!

-No es conveniente en este momento.

-Por favor, es su madre y está angustiada por el estado de su hija. – ahí estaba otra vez ayudándola, mostrando que él era una gran persona.

-Si, por favor.

-De acuerdo, pero sólo cinco minutos. – la señora Marlow se dirigió hacia donde el doctor le indicaba dejando solo a Terry, mientras se sentaba para esperar a que la señora Marlow regrese, sintió que alguien se acercaba a él.

-Terry… cómo estás?

-Estoy bien. – dijo viendo a las dos mujeres con rostro preocupado frente a él.

-Qué pasó? Cuando llegamos al juzgado no había nadie así que fuimos a la casa de Susana para saber qué había pasado. – dijo Karen.

-Fue la empleada quien nos dijo que estaban aquí.- completó su madre.

-Cayó por las escaleras. – les contó lo que sabía, omitiendo claro, que fue por insistencia de la señora Marlow el que Susana quiera usar la prótesis.

-Eso, sí que es mala suerte, posponer por segunda vez la boda que tanto esperaba. – fue el comentario de la castaña.

-Y ya les dijeron algo? – cuestionó su madre dirigiéndole una mirada de reproche a su joven amiga.

Terry les informó todo lo que el médico les había dicho, acompañaron al actor hasta que la señora Marlow salió de terapia intensiva, que es donde su hija estaba.

-Terry… - dijo yendo directo a sus brazos con un llanto amargo. –se ve muy mal… no sé qué haré si algo malo le pasa.

-No piense de esa manera, ella saldrá de esto.

-Lamento por lo que está pasando su hija. – fueron las palabras de Eleonor seguido por un abrazo.

-Gracias.

-No se preocupe, Susana es joven y se pondrá bien. – añadió la Karen.

-Eso espero. Es que se veía tan pálida y frágil.

Se quedaron en la sala de espera hasta que anocheció. La señora Marlow no pensaba alejarse del hospital hasta que su hija despierte y Terry no podía irse dejándola sola.

-Que les parece sí vamos a la cafetería, necesitan comer algo. – sugirió la madre de Terry.

-No tengo hambre, además si me muevo de aquí y viene el doctor para darme noticias de mi hija…

-Yo me quedaré esperando noticias, por favor vaya a comer algo. – fue Terry quien trataba de persuadir a la señora. – podría enfermar y no será bueno que Susana la vea así cuando despierte.

-Yo…

-Vamos, Terry se quedará con Karen y si hay noticias, nos llamaran en seguida.

Sólo así la señora Marlow accedió a ir con Eleonor a la cafetería, estaba realmente destrozada que a penas y probó bocado, Eleonor tuvo que insistir en que coma algo; pero sólo consiguió que comiera la mitad de un emparedado.

-Hay noticias? – cuestionó una vez llegó a donde estaban Terry y Karen.

-No, nadie ha pasado por aquí. – anunció el castaño, que aunque se veía cansado permaneció junto a la madre de Susana toda la noche esperando noticias, Eleonor también se quedó junto a su hijo, estaba preocupada por él, temía que por este incidente se sienta más comprometido con la muchacha.

-Se ve cansada, debería ir a descansar un poco.

-No podría, no hasta saber que mi hija se pondrá bien.

Estuvieron ahí sentados esperando por noticias de la rubia ex actriz.

Al día siguiente, en la mañana, les habían informado que no había ningún cambio en el estado de la paciente. Era pasado medio día y no se habían movido ni un ápice, de pronto vieron al doctor, quien había atendido a Susana, acercarse a ellos, sus corazones comenzaron a latir con tal intensidad que podían escucharlos.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes doctor, por favor dígame como está mi hija, ya despertó? – se apresuró a cuestionar la señora Marlow.

-La señorita Marlow…

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París

-Yo... no tengo nadie esperando por mí, sin embargo hay alguien que ocupa mi corazón.

-Candy…

-Déjame terminar por favor… André, tú eres una buena persona y de verdad te quiero; pero solamente como amigo. Hace años entregué mi corazón a una persona maravillosa, un hombre tan noble que fue capaz de rechazar su felicidad por el bien de una joven que lo necesitaba... – Candy le contó algo de su historia con Terry, le confesó que lo amaba, que los años que pasaron separados no había disminuido en nada el sentimiento que guardaba por él, que estaba segura que lo amaría toda su vida.

-Vaya… tu historia… es realmente triste. Candy, si se amaban tanto, por qué lo dejaron? pudieron haber buscado otra alternativa.

-No la había, pero eso ya pasó; lo que quiero decir es que tú mereces a alguien que te ame sinceramente, que no haya una sombra entre ustedes. Sin terceros que impidan un amor pleno y puro.

-Entiendo lo que sientes; pero también creo que mereces ser feliz. Candy… -tomó su mano – date una oportunidad, no digo que te enamores en este momento, ni que lo olvides, estoy consciente de que él es alguien importante para ti, y que sería muy egoísta de mi parte pedirte que lo borres de tu pasado, cuando él hizo tanto por ti. No crees que él quisiera que tú seas feliz.

–"Prométeme que serás feliz, promételo Candy."- Esas habían sido sus palabras, y ella le había prometido que lo sería - pero como hacerlo si no está conmigo. Fueron los pensamientos de la rubia.

-Dame una oportunidad, por favor Candy, no te cierres a ser feliz, a formar una familia.

-Formar una familia? –Candy lo miró a los ojos - Sólo con Terry tuve ese sueño, formar nuestra familia, no creo hacerlo con nadie más. – había pensado la rubia.

-No me contestes en este momento, piensa lo que te dije, de acuerdo? –se apresuró a decir al ver la renuencia e inseguridad de la rubia.

-De acuerdo.

Pasearon por la ciudad un poco más, y al anochecer André llevó a Candy al hospital.

-Descansa, te veo mañana. – dijo besando el dorso de su mano.

-Sí, tú también descansa. André…

-Dime.

-Me divertí hoy, gracias por este día.

-Yo también lo pasé muy bien, eres una gran compañía.

-No digas eso. – dijo bajando la mirada. – voy a pensar en lo que me dijiste.

-Gracias, no te mortifiques ni te angusties en darme una respuesta pronto; yo sabré esperar, no importa cuánto, esperaré por ti.

Candy le dedicó una sonrisa antes de dar vuelta e ingresar al hospital, soñaría con él estaba segura, últimamente lo hacía.

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Nueva York

-La señorita Marlow despertó; pero su condición aún es muy delicada.

-Puedo verla doctor?

-Sólo un momento, ella pidió verla.

-Mi hijita… - murmuró la señora Marlow dejando salir unas lágrimas. – Terry…

-Vaya, no se preocupe la esperaré aquí.

-Gracias, le diré que no te has movido del hospital y que estás aquí.

Terry solo la miró con una mueca que simulaba ser una sonrisa, por dentro gritaba que no le dijera eso, no quería que la chica pensará que el motivo era otro; pero la señora Marlow ya se dirigía al cuarto de su hija.

-Susy… cómo estás hijita? – se acercó a su hija, no pudo contener las lágrimas al verla postrada otra vez en una cama de hospital con un collarín e una férula en el brazo.

-Mamá… - murmuro bajito con una voz ronca.

-Aquí estoy hijita, no te esfuerces… -dijo al ver que su hija intentaba hablar. - el doctor dijo que no debes forzarte mucho.

-Terry…

-Está afuera, no se movió del hospital ni un solo instante, quieres que venga a verte?

Eso quería? Se cuestionaba la rubia, ya no lo sabía, amaba al castaño, no había duda; pero al verse en ese estado se preguntó si debía aún amarrarlo a ella.

-Sí, que… venga.

-De acuerdo, le diré que entre. Ya verás que todo esto pasará y serán felices.

La señora Marlow salió de la habitación y poco después Terry entró en ella.

-Susana, cómo te sientes?

Acaso ni en ese momento iba a decirle Susy? Lo miraba fijamente, y la expresión del castaño era de preocupación; pero no cómo la de un hombre que casi pierde a su prometida, entonces recordó esa noche del estreno del "El Rey Lear" en Chicago, cuan desesperado se veía cuando supo que Candy estaba en esa ciudad, que no volteó a ver a nadie y salió del lugar en busca de esa enfermera. Le daba rabia que en esos meses juntos nada en él había cambiado, seguía distante, ajeno a los sentimientos de ella.

-Bien. –contestó finalmente.

-Ponte bien, tu madre estaba muy preocupada por ti y…

-Y… tú? Tú… estabas preocupado… por mí?

-…Claro. – hubo duda en su respuesta, como si no quisiera que se malinterpretará sus palabras y la rubia se dio cuenta.

-Dile a mamá que entre, por favor.

-De acuerdo – el castaño llamó a la madre de la ex actriz y antes de que dejara el cuarto la rubia habló.

-Terry… espera. – el castaño y su madre la vieron desconcertados. – la boda…

-Deben dejar descansar a la paciente, salgan por favor. – una enfermera la interrumpió obligando a las visitas dejar la habitación.

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París

Candy estaba en su habitación, conocer París fue algo agotador y emocionante, por un momento había olvidado la situación por la que estaba pasando Francia y parte de Europa; sin embargo le contaría su día a su amado castaño, como lo hacía cada que podía en su diario.

París, Junio 22, 1917

Mi querido Terry, hoy salí a conocer París; André me invitó a dar un paseo, fue agradable… pero hubo un momento… él me pidió que sea su novia, lo rechacé. Como podría prometer a alguien más mi corazón si tú eres el dueño, lo dejé contigo aquella noche… aun sabiendo eso me pidió que pensará en su proposición, pero no quiero darle falsas esperanzas, él es una gran persona; me dijo que pensará en mi felicidad, entonces tú volviste a mi mente, deseé que seas tú quien esté junto a mí… bueno en otras condiciones, claro está, no deseo que estés aquí en plena guerra. Oh Terry! No quiero ni pensar que seas un soldado más, no mi amor… por favor que nunca pase por tu cabeza el enlistarte, tú eres un artista, no un soldado; me reconforta saber que tú estás a kilómetros de esta absurda guerra… se feliz Terry, tienes que serlo…yo también intentaré cumplir nuestra promesa.

Las semanas seguían pasando, el trabajo de Candy había aumentado, pues cada día llegaban más heridos de los campos de batalla, los hospitales de París estaban repletos; médicos y enfermeras partían al frente de batalla, allá la ayuda era requerida con urgencia, pues era la primera atención que se les daba a los soldados, esa tarde otro grupo partiría al frente, y cuando Candy vio la lista no pudo creer lo que leía.

-Fuiste seleccionado? –dijo con preocupación.

-Sí, iré con el doctor LeBlanc y tres enfermeras, esta vez no irán más para no dejar al hospital sin ayuda médica.

-André… por qué no me lo dijiste?

-No quería preocuparte, nada se puede hacer Candy, debemos cumplir con nuestro deber.

-Pero…

-Escucha, volveré, de acuerdo? – dijo tomando su rostro entre sus manos al verla preocupada.

-Promételo.

-Lo prometo, además me debes una respuesta. – dijo sonriendo.

-Yo… - André le puso un dedo en los labios impidiéndole terminar.

-Ahora no, Candy. Si ahora me dices que sí, pensaré que lo haces sólo porque voy al frente; y si me dices que no, estaré deprimido y debo estar centrado y alerta. Además regresar para saber tu respuesta será mi incentivo para soportar el estar tan cerca de los campos de batalla.

-De acuerdo… cuídate por favor. –dijo abrazándolo.

Candy vio a André subirse a uno de los camiones que llevaría al equipo médico al frente de batalla a ayudar a los heridos. Otra vez había sentido esa sensación de pérdida, se sentía mal por no haberle dado una respuesta antes.

-Ya se fue? – escucho una voz triste detrás de ella.

-Marie… -dijo al reconocerla –sí - Candy se había dado cuenta de los sentimientos que albergaba la joven enfermera hacia André.

-No pude alcanzarlo… nunca sabrá lo que siento por él.

-Él volverá en un par de meses o tal vez menos…

-No seas tonta! Acaso no sabes que varios médicos y enfermeras murieron? – miraba a Candy con rencor – muchos fueron alcanzados por balas perdidas cerca de las trincheras o cuando los alemanes los atacan de sorpresa.

-Pues eso no pasará! – Estaba enojada, cómo podía tener esos pensamientos – debemos ser positivos, todos regresarán, ellos…

-Piensa lo que quieras. – la interrumpió duramente dándose la vuelta para regresar al hospital y continuar con su trabajo dejando a Candy desconcertada, acaso ese era el amor que le tenía a André.

Esa noche Candy escribía en su diario aquellas palabras que tanto quería gritar, tenía miedo, se sentía sola, necesitaba a sus amigos, pero ellos no querían saber nada de ella. Escribió una carta para la señorita Pony y la hermana María y una más para Annie, sin embargo estás no serían enviadas, cumpliría su promesa de dejarlos fuera de esa guerra. Regresó a su diario a otra página dedicada a su mocoso malcriado.

París, Julio 10, 1917.

Mi mocoso malcriado… esta es la única manera que encontré para olvidarme de esta guerra absurda, hablar contigo a través de estas letras, siento que me escuchas y a veces me respondes… mi querido Terry… me arrepiento tanto de no haberte dicho lo que sentía por ti, tú lo haces?... tú debiste hacerlo primero, ya sabes, yo soy la dama, y es el caballero quien debe hacerlo primero… pero eso ya no importa, creo que ambos nos equivocamos, al no ser sinceros con el otro.

Cómo estás Terry? Espero que estés bien… que al fin seas feliz… yo estoy luchando para seguir adelante, sólo tu recuerdo me da fuerzas… seguiré luchando para regresar a casa con… quiero ver que eres feliz.

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Chicago

-Por qué tan feliz, hermanita, buenas noticias? –dijo Neal al ver a Elisa reír mientras leía una carta.

-Por nada en particular. –dijo la pelirroja con una sonrisa en su rostro.

-Sabes que no te creo?

-No me importa si me crees o no. - desde que Neal se había enamorado de Candy Elisa ya no confiaba en él.

-Cómo quieras, la verdad no me importa lo que hagas o dejes de hacer. –dijo dejándola sola en la sala.

-Ay hermanito, si supieras que esa huérfana está en la guerra… jajaja con suerte y ya no regresa.

Elisa estaba leyendo la carta que Candy había mandado a Albert y Archie accediendo a su petición de no volver a escribirles.

-Todo está saliendo como quería, ay pobre huérfana dama de establo, espero que no regreses nunca más, estamos mejor sin ti.

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En la mansión Andley otro era el panorama, la desesperación que se vivía era latente, tanto que la tía abuela ya se estaba dando cuenta de que algo pasaba.

-William, tienes noticias de Candy? –Albert se puso tenso aunque no se notó.

-A qué se refiere tía?

-Hasta ahora no se ha comunicado, creo que será mejor que vaya a ver que está haciendo, una dama no debe andar sin escolta, aunque esté estudiando.

-No se preocupe tía, ya me encargué de ese asunto, le pedí a George que vaya a ver a Candy, ya sabe cómo son esos colegios que no permiten visitas para no distraer a los estudiante.

-Qué obsesión de Candice en seguir estudiando enfermería si no va a practicarla nunca más, no es bien visto que una dama de nuestra posición trabaje.

-No lo hace por trabajo tía, es para ayudar en los centros que usted misma colabora, además no cree que es bien visto que usted permita que una integrante de su familia se capacite para ayudar en sus obras de beneficencia? Eso habla muy bien de nuestra familia, no lo cree? – aunque odiaba lo que estaba diciendo, era mejor hacerlo a que su tía se entere de la verdad.

-Bueno en eso tienes razón, dejemos que Candice estudie, no la distraigamos; pero que George me informe del avance que está teniendo.

-Así lo hará tía.

Albert sabía que el tiempo se le estaba acabando, tenía que hacer algo para traer de regreso a Candy, estaba preocupado por no recibir cartas de la rubia, sin embargo sabía que estaba en el hospital, había usado todas sus influencias para asegurarse de que no la envíen al frente de batalla, y seguiría colaborando con aportaciones si con eso garantizaba la seguridad de su pequeña.

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París

Marie estaba furiosa, hubiera querido que sea Candy quien parta al frente y no André; pero la rubia tenía mucha suerte, incluso Marie había sido seleccionada, pero no fue a una de las zonas de riesgo y volvió un mes después; pero Candy, ella no era nombrada, muchos habían partido, incluso dos veces y otros se quedaban a ayudar en el frente. Creía que Candy tenía un arreglo con el director del hospital, seguramente uso sus encantos para no ser enviada, pensaba la joven; pero ella lo averiguaría y se lo contaría a André, sí éste volvía otra vez.

Ya había pasado un mes desde la partida de André, Marie tenía que encargarse de organizar y enviar archivos de los pacientes que serían trasladados a otros hospitales, cuando que se quedó sola en la oficina de archivos, buscó el del personal y no encontró el archivo de Candy, algo extraño a su parecer, con los archivos en mano fue a la oficina del director para que pueda firmar el traslado.

-Buenas tardes, Doctor. Estos son los pacientes que serán trasladados; pero necesitamos que de la autorización. – dijo dejando los archivos en la mesa frente al hombre.

-Déjelos ahí enfermera, enseguida los firmo, puede usted volver a sus obligaciones.

-Puedo esperar doctor, se me encargo esta tarea.

-Está bien puede regresar en 20 minutos primero tengo que terminar este informe.

-Como ordene doctor. – la enfermera ya se dirigía a la puerta para salir por esta.

Pasado los 20 minutos el director del hospital salía de su oficina indicando a su secretaria que los archivos ya estaban firmados, en ese momento Marie llegó a la oficina a recogerlos y fue ella quien recibió las indicaciones del director que podía tomarlos de su escritorio. Mientras tomaba los archivos vio uno que estaba separado de una pila de folders, curiosa se acercó a éste y levantó la tapa, sus ojos brillaron al ver que ese era el archivo de Candy, presurosa tomó el folder y regreso a la oficina de archivos y leyó con detenimiento una carta adjunta.

-Así que tú tienes trato preferencial? No me parece justo que todos vayan al frente y tú estés aquí protegida por ese tal William.

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Hola, disculpen la demora. Gracias por sus comentarios y seguir la historia, espero me hagan saber que les pareció este capítulo eso me ayuda a darle dirección a la trama, aunque esta ya ésta escrita, una primera parte, siempre le hago algunos arreglitos.

Se cuidan mucho.